Un Medvedev inspirado acabó con la racha de imbatibilidad de Carlos Alcaraz en 2026. No habrá triple corona del murciano en Indian Wells ni final inédita en el desierto californiano frente a Jannik Sinner. El ruso salió convencido de que podía vengarse de las dos finales perdidas en este mismo escenario y lo logró con un tenis rotundo, ahogando mental y físicamente al número uno del mundo en dos sets(6-3 y 7-6).
Salió combativo y agresivo Medvedev, con un alto nivel de confianza con su derecha frente a un Alcaraz fallón que no terminaba de dominar los puntos y que pronto se vio con un 4-1 abajo. Los 34 grados sobre la pista central tampoco ayudaban, un factor que en ocasiones ha pasado factura al de El Palmar, con calambres y bajones de intensidad.
“Irás a más”, le animaba desde la grada su entrenador, Samuel López, mientras su pupilo se refugiaba en su servicio para mantenerse en el set. “Si alguien puede eres tú”. Pero Medvedev parecía imperturbable en su plan. Ya había dicho en la previa que esta podía ser la suya, con dos títulos en las alforjas en 2026 (Brisbane y Dubai) y cerca de su mejor nivel de juego. El objetivo era borrar de la memoria las heridas del pasado, esas dos derrotas en las finales de 2023 y 2024. El ruso sólo ha conseguido vencer a Alcaraz en dos ocasiones, la última hace dos años y medio, en semifinales del US Open.
Confiaba Medvedev en que esta vez le favorecieran las condiciones un poco más. “Siento que la pista es un poco más rápida que las dos veces que me he enfrentado a él”, decía en la previa del encuentro. “Las pelotas son diferentes. Así que siento que es una buena oportunidad para intentar mostrar mi mejor tenis ante él”.
Y así fue. El ruso alcanzó un nivel de golpeo y control excelso con su derecha, dejando sin opciones de un Alcaraz que dejaba chispazos brillantes pero insuficientes para revertir la situación. Medvedev le endosó un 6-3 contundente en la primera magna, anticipando un choque difícil para el número uno mundial.
Alcaraz había hablado de calma a principios de semana para salir de situaciones complejas. La fue encontrando en los primeros compases del segundo set hasta encontrar el hueco por donde romper el estoicismo de su rival. El 3-1 arriba parecía indicar ese cambio de paradigma que andaba buscando, pero su rival le fue cerrando los caminos de la remontada con un ejercicio sobresaliente. Ni siquiera titubeó con su segundo servicio, llevándose la mayoría de los puntos.
Sufría el murciano ante la avalancha de juego del número 11 del mundo. Mantener su servicio suponía un esfuerzo titánico, mermado por el desgaste y el calor. Pero incluso en esa situación extrema estuvo a punto de empatar el encuentro, con dos bola de set con 5-4. La fuerza mental del murciano ya es legendaria.
Esos dos bolas le dieron un oxígeno que parecía agotado. “Hay que seguir, que tú ya estás mejor”, le arengaba López. Se notaba en su lenguaje corporal y en su sonrisa. Se vio saliendo del agujero, aunque en el tie-break se volvió a desplomar.
Queda por ver si habrá sido la última de las 13 presencias de Novak Djokovic en Madrid, el campeón de 2011, 2016 y 2019. El ex número 1 del mundo y ganador de 24 títulos del Grand Slam ve cómo encanece sin remedio su raqueta en el que puede ser el año de su adiós al circuito. A los 37, recién llegado de caer de entrada en Montecarlo, también se despidió sin apenas rechistar en la Caja Mágica, que le tributó el homenaje propio del único superviviente del añorado Big Three.
Djokovic ya había anunciado en su regreso Madrid que no tenía grandes expectativas. A diferencia de otras ocasiones, en las que recibió el trato del taimado oponente de las estrellas locales, ya fuera, en su momento, Rafael Nadal, o Carlos Alcaraz, esta vez la grada supo interpretar que podía estar ante el adiós del mejor jugador de siempre.
Matteo Arnaldi, 44º, 23 años, aprovechó las oportunidades que poco a poco le fue brindando un Nole corto de juego, físico y actitud y se impuso por 6-3 y 6-4, en una hora y 41 minutos. Prueba evidente de lo poco que esperaba de sí el de Belgrado fue la nula beligerancia gestual, las escasas muestras de enfado ante sus errores, como las dos dobles faltas consecutivas con las que entregó el primer parcial.
Lejos de sí mismo
Aún con argumentos para alcanzar las semifinales del Abierto de Australia después de vencer a Alcaraz o de quedarse a una victoria de su título número cien al presentarse en la final de Miami, lo cierto es que Djokovic, ahora número cinco del mundo, es un tenista desfigurado en relación con el que llegó a gobernar la competición como ningún otro.
Le quedan arrebatos del viejo Nole, como el que reclamaba el apoyo del público mediado el segundo set, tras acercarse a una rotura que le pudo situar 4-2 y saque. Resistió Arnaldi en un juego que se revelaba determinante para el desenlace. Honores también para el italiano, cuyo serio y eficaz trabajo merece ser puesto en valor.
Cerrado ya el debate sobre el mejor tenista de siempre, ya con el oro olímpico que se le negó durante tanto tiempo y certificó frente a Alcaraz en el que es hasta ahora su último título, Djokovic parece seguir en activo sólo en busca de ese 25º Grand Slam, con el que pasaría también por delante de Margaret Court, logro que ahora mismo se antoja harto improbable.
Tuvo un arranque de orgullo tras perder su saque en el séptimo juego del segundo parcial, con tres bolas de break para reabrir el partido. Se esfumaron las tres. Y con ellas su fugaz paso por Madrid, que acompañó su marcha con una estremecedora ovación, con el torrente de aplausos discutidos durante tanto tiempo.
JAVIER MARTINEZ
@JavierMartnez5
Actualizado Martes,
29
agosto
2023
-
18:43Ver 1 comentario"Llevaba esperando este partido durante años", dijo tras arrollar a Muller....
En la sala de reuniones de ELMUNDO, donde cada día se interpretan y jerarquizan las noticias, conversan en la sobremesa del viernes el director y la codirectora del Mutua Madrid Open, que abre este lunes su vigesimocuarta edición. Él, Feliciano López (Toledo, 1981), cumple su octavo año como máximo responsable de la competición. Ella, Garbiñe Muguruza (Caracas, 1993), se estrena en un cargo de nuevo cuño. En el camino hacia la redacción del periódico les llega la noticia de la baja de Carlos Alcaraz, que ya se retiró por lesión del Conde del Godó tras ganar su primer partido. Será el segundo año consecutivo sin el mayor reclamo de un torneo que, no obstante, se encuentra plenamente consolidado.
Garbiñe Muguruza. Es una pena que Carlos no pueda acompañarnos en esta ocasión, más aún con la ilusión que nos hacía contar con él tras la ausencia del año pasado. No obstante, como hemos visto en Barcelona, su retirada responde a la necesidad de priorizar su recuperación. Le trasladamos todo nuestro apoyo. Aun así, el torneo sigue adelante y contará con un espectáculo deportivo de primer nivel.
Feliciano López. Los torneos como Madrid somos privilegiados, porque los jugadores tienen la obligación de disputar los Masters 1000. El problema es que hay cosas que nosotros no podemos controlar, como una lesión. Estas cosas pasan y van a seguir pasando.
Pregunta. ¿Hay un cierto vértigo a pocos días del inicio?
F.L. Las dos semanas previas al comienzo son bastante intensas. Hay muchas cosas que hacer. El montaje se empieza un mes antes. Luego, patrocinadores, firmas...
P. ¿Cómo ha sido su aterrizaje, Garbiñe?
G.M. Muy bueno. Es un torneo muy familiar. Conozco al staff de los años que he jugado. Me han recibido muy bien. Es fácil trabajar con Feliciano, nos conocemos desde hace muchos años. Me han dado una buena bienvenida.
P. Siempre hubo sintonía entre ustedes. Coincidieron incluso en alguna pretemporada.
F.L. Sí, cuando entrenabas con Conchi [Conchita Martínez] coincidimos un año en Marbella. Yo tengo 44 años. Aunque no seamos de la misma generación, hemos coincidido durante bastante tiempo en el circuito. Siempre hemos tenido afinidad y cuando surgió la opción de poder contar contigo, no sólo por mi parte sino por la de todo el equipo, tuvimos claro que era lo mejor, que era un lujo: una española, doble campeona del Grand Slam, en un torneo que siempre le ha encantado. Reúnes todos los requisitos. Garbiñe ha sido lo mejor que nos podía pasar.
P. Y también con la experiencia como directora de las WTA Finals...
G.M. Sí, en un torneo muy prestigioso pero de otras características, más pequeñito. Este es mucho más grande, mixto. Ya sabes, Feli, que te pido consejo constantemente, dado que llevas muchos años en el cargo.
P. A pesar de haber tenido algunas finales recientes fantásticas, como las dos protagonizadas por Aryna Sab alenka e Iga Swiatek, tal vez aún le falte impulso al torneo femenino.
G.M. Es posible. Hay buenas jugadoras españolas, como Paula Badosa, que se está recuperando, o Cristina Bucsa, pero esperemos que con el tiempo podamos situar a alguna top ten que alcance las últimas rondas y amplíe el interés de los aficionados.
P. ¿Qué es lo más difícil para los dos de ponerse a trabajar fuera de la pista?
F.L. Cuando estás en activo, supongo que estarás de acuerdo, Garbiñe, sólo piensas en jugar y en entrenar, estás en tu partido, en tu mundo, y no tienes ni idea de lo que hay detrás. Cuando pasas al otro lado, te das cuenta de muchas cosas. A veces los tenistas nos volvemos un poco egoístas sin querer. Ahora nos toca gestionar las expectativas de los jugadores, las peticiones. Ni tú ni yo, Garbiñe, hemos sido muy exigentes en ese sentido. El tenis va cambiando. Antes viajabas solo con tu entrenador y ahora un jugador te viene con seis personas. Todo eso repercute en el torneo. En 15 años ha cambiado todo muchísimo.
P. Tiene algo magnético el tenis. Ambos desarrollan también una labor como comentaristas.
G.M. Es un mundo bonito, aprender a observar y a trabajar en el tenis behind the scene.
F.L. Es el camino natural poder trabajar en la industria que conoces. Hay gente que tira por el coahing. Mi relación era muy buena con Gerard [Tsobanian, presidente y consejero delegado del torneo] y con Ion Tiriac [ex propietario del torneo] cuando aún jugaba. Fue un paso difícil, pero pensé que era el momento de subirme a ese tren porque me iba a ayudar a hacer la transición después del tenis.
P. Hablaba, Feliciano, de coaching. ¿Se ven a medio plazo entrenando?
G.M. A nivel individual, como entrenadora full time no, porque al final lo único que te falta es salir a jugar. La vida es tan absorbente como la que llevábamos antes. Quizás en un futuro, en la Billie Jean King o algo parecido, sí podría verme
F.L. Ha habido algún jugador que me ha tanteado en este tiempo...
P. ¿Quién? ¿Se puede saber?
F.L. No, no [risas]. Algún extranjero, pero ahora mismo mi vida familiar, entre este torneo, lo que hago en la tele, la Copa Davis... no me permite viajar ni involucrarme con un jugador ni siquiera part time. Me encanta la enseñanza, como con la academia que hemos abierto ahora en Madrid, pero me falta tiempo.
Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores del torneo de Madrid.MUNDO
P. ¿Qué se busca con la figura de una codirectora?
F.L. Es importante contar con gente que no sólo conozca bien el tenis sino que tenga cierta cercanía con las jugadoras, como es tu caso, Garbiñe, que te has retirado hace poco. Y ya vienes con experiencia en este tipo de tareas. No buscábamos lanzar un mensaje de igualdad, aunque sea el único torneo codirigido por una mujer y un hombre. Queríamos dar un paso más y ofrecer a los jugadores la mejor experiencia posible. He tenido la suerte durante estos años de haber sido jugador y como director es más fácil empatizar. Se trataba contigo, Garbiñe, de replicar esa figura en el circuito femenino, con alguien que cumple todos los requisitos. Los torneos por un lado y los jugadores por otros, a veces con intereses distintos. Una figura como ella o como yo es positiva y facilita el entendimiento.
P. ¿Qué recuerdos tienen del torneo en su etapa en activo?
F.L. Yo era un crío cuando Manolo Santana [primer director del torneo] me invitó a jugarlo por primera vez y es el torneo que me hizo darme cuenta de que podía competir con los mejores. Fue en 2002, en el Madrid Arena, y llevaba poco tiempo en el circuito. Perdí contra Andre Agassi, que fue el campeón. Aquel partido ante Agassi fue un punto de inflexión en mi carrera, entonces me di cuenta de que podía competir contra los mejores. Estaba la pista llena, nunca había vivido un ambiente así.
G.M. ¡Ay! Este torneo siempre se me resistió. Nunca pude llegar a la final ni a las semifinales. Sufría mucho. Creo que también era la autoexigencia que me ponía por jugar en casa. Con Carla Suárez disputé dos finales de dobles en un estadio donde no había nadie que no nos apoyara. Pensaba: 'tenemos aquí a 8.000 personas que están todas con nosotras'.
F.L. La manera de involucrarse del público de Madrid es especial. Aquella final de Rafa [Nadal] con Ljubicic [2005, victoria del español tras remontar dos sets], fue asombroso cómo le empujó la gente. La semifinal con Novak [Djokovic] en la Caja Mágica [2009, victoria de Nadal en el partido elegido como el mejor de la historia del torneo]. Diría que el público de aquí es más parecido al del sur de España, por mi experiencia allí en eliminatorias de Copa Davis.
G.M. En general el público español entiende de tenis. Sabe leer el momentum del partido, está familiarizado con el juego.
P. ¿Qué es lo más difícil de gestionar, Feliciano?
F.L. Sobre todo, algo que supongo que a ti también te pasará, Garbiñe, cuando existe el riesgo de que colisione la amistad con un jugador con un tenista con el rol de director del torneo. Tienes que saber poner un poco de freno: 'yo soy tu amigo, te aprecio, hemos compartido muchas cosas, pero ahora me tienes que ver con una persona con otra responsabilidad'. El tema de los wild cards es complejo, porque hay mucha gente que los merece. Desgraciadamente, no somos los dueños del torneo. Tú y yo, Garbiñe, somos españoles y nos gustaría que nuestro tenis siempre fuera el más beneficiado, como lo fue durante toda la época de Ion Tiriac. Ahora los dueños son otros y tienen unas obligaciones contractuales con clientes a los que representan. No obstante, tendremos tres españoles invitados en el cuadro masculino y otras tres españolas en el femenino.
P. ¿Qué echan de menos en el tenis en relación con la época en la que comenzaron a competir?
G.M.El circuito ha mejorado mucho en relación a como era antes, en todos los sentidos
F.L. Es mil veces mejor. Hace 20 años ibas a jugar un 250 en determinados sitios y decías: 'a este torneo le falta mucho'. Ahora eso no pasa. Antes había menos dinero y estaba todo menos profesionalizado.
P. Y en el terreno, digamos, sentimental.
F.L. Antes te relaccionaba más. No había plataformas ni redes sociales. Quedábamos los españoles en el lobby del hotel a las nueve de la noche y nos íbamos a cenar juntos. Eso ya no pasa. Son otros tiempos, se vive de otra manera y hay que aceptarlo así. Los jugadores tienen unas cosas que antes nosotros no teníamos, y su forma de ser, de pensar y de vivir es diferente.
P. Supongo que cuando empiece la competición será algo distinto, pero, ¿cómo es, Garbiñe, una jornada cotidiana en su nuevo desempeño?
R. Por la mañana nos reunimos con las novedades y hacemos un guion de cómo afrontar el día. Luego, durante el día se trata de comprobar que todo el estadio está tomando forma, y de que se hagan bien las cosas nuevas que se implementan. Ahora, a esperar que vayan llegando poco a poco más jugadores y cumplir también labores de protocolo, como darles la bienvenida.
P. ¿Ven en el horizonte algún jugador que pueda incorporarse al mano a mano que ahora mantienen Alcaraz y Sinner?
F.L. No. Creo que la distancia se está ampliando cada vez más entre ellos dos y el resto, como demuestran los torneos más recientes. Tenísticamente son buenísimos, al igual que física y mentalmente. Y además, con la voluntad de seguir mejorando. No veo a nadie listo para plantarles cara de verdad. El tenis es imprecedible, quién sabe si en un par de años surgirá alguien.
G.M. Soy de la misma opinión. No veo un competidor capaz ahora mismo de entrometerse en esa rivalidad. Habrá momentos puntuales en los que algún jugador podrá elevar su nivel y ellos no estarán al máximo. En el cuadro femenino, pese al dominio de Sabalenka, el circuito se encuentra más abierto.