Cuartofinalista en el Masters 1000 de Miami, Martín Landaluce (Madrid, 2006) se ha estrenado esta semana en el top 100 y llega al Mutua Madrid Open, donde se enfrentará este miércoles al australiano Adam Walton, como uno de los tenistas que despiertan especiales atenciones. Conversa en la Caja Mágica con ELMUNDO y otro medio español. Muestra la templanza y el discurso de un joven con la cabeza bien amueblada.
Pregunta. Llega este año al torneo mejor que en cualquier otra ocasión, tras un salto cualitativo.
Respuesta. Sí, ahora estoy realmente preparado para jugarlo. Con anterioridad, era algo que se salía de la norma de los torneos por los que me movía. Llego en forma para hacerlo bien, como ya lo he hecho en algún Masters 1000 y en torneos de cierta dimensión. Me estoy metiendo de lleno en el circuito y se puede dar un gran torneo.
P. Aquí jugó su primer partido de un Masters 1000, hace tres años, ante Richard Gasquet. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces?
R. Soy completamente distinto en todos los aspectos. Estoy muy satisfecho de todo el proceso. Tengo mucha mayor determinación y voy a por los partidos, genero mis oportunidades y voy a por ellas sin ningún tipo de miedo. Espero que así sea en el partido que viene y que haya más.
P. Tras ganar el Abierto de Estados Unidos júnior en 2022 tal vez le costó manejar las expectativas.
R. Se le puso mucha presión a un chaval de 16 años que recién empezaba a estar bajo el foco. Los primeros meses no fueron fáciles. Pretendía ir al ritmo que habían ido otros jugadores que eran enormes. Pero aquello me ayudó mucho a entender cómo funciona el mundo del tenis y todo lo que hay alrededor. He tenido bastante tiempo y he sabido forjar un carácter tan fuerte como el que tengo hoy y para que no me afecten para nada todo ese tipo de presiones.
P. En Miami, comentó que había aprendido de los mejores jugadores españoles de otras generaciones que había que ser valiente, pero en ¿qué cree que se diferencia de quienes le precedieron?
R. Mi estilo no es genuinamente español. Voy a por puntos más cortos. Juego más encima de la línea, más directo, más plano, un poco alejado del modelo de tierra. En cuanto al espíritu de lucha, toda la historia de nuestro tenis ha sido así y estoy superagradecido de haberles visto toda la vida, de haber coincidido en algún momento con ellos. Como digo, mi estilo es más incisivo, pero se complementa bastante bien con el carácter español.
P. Ya está entre los cien primeros del ránking, algo que quizás desde fuera a veces puede no valorarse lo suficiente.
R. Es algo muy difícil. Hay jugadores de gran nivel que no logran entrar y que tal vez no vayan a conseguirlo. El tenis es un deporte superexigente que requiere hacer todas las cosas bien para meterse en ese ránking. El trabajo está siendo muy bueno. Espero llegar más arriba y darle valor, porque al final, cuando estás en esta posición quieres más, pero es importante ponderar lo conseguido hasta ahora. Llevo muchos años persiguiendo seguir la pista de los jugadores buenos, poder competir con ellos y ganarles.
P. ¿Dónde se ve dentro de tres años?
R. Me veo jugando los mismos torneos y apuntando a ganarlos. Si hago cuartos o semifinales estaré contento, pero creo que para entonces puedo subir bastante en el ránking y hacerlo bien en los Grand Slam.
P. ¿Qué ha marcado la diferencia en su juego para dar este salto de calidad?
R. Lo que más he cambiado es la forma de afrontar los momentos difíciles y de ir a por el partido. Asumo que habrá épocas o torneos en las que precisamente por esa actitud, pierda o peque por exceso, pero creo que es la manera adecuada de proceder.
P. Es un joven de su tiempo. ¿Cómo gestiona las redes sociales y cuanto implican?
R. Estamos conectados casi sin quererlo, pero intento mantenerme al margen lo más posible. Más allá de mantener informada a la gente y de subir fotos a redes sociales, trato de pasar mucho tiempo con la familia, disfrutar de otras cosas y tener aficiones que me mantengan fresco para el tenis y con la cabeza en su sitio.
P. ¿Hubo algún momento desalentador hasta llegar a este punto de su carrera?
R. Trabajo con psicólogo desde los 13 o 14 años, en principio más para la pura gestión de mi propia vida. Obviamente, luego más centrado en el tenis. En ningún momento me he sentido deprimido ni forzado ni he dejado de disfrutar de este deporte. Creo que eso es lo más importante y espero que siga siendo así.
P. ¿El fenómeno Alcaraz ha ejercido como motivación o ha producido el efecto contrario?
R. Cuando me empezaron a comparar con él y con Nadal, entí que se me metía mucha prisa, pero le veo como un referente y un estímulo. Agradezco que esté donde está.
En la sala de reuniones de ELMUNDO, donde cada día se interpretan y jerarquizan las noticias, conversan en la sobremesa del viernes el director y la codirectora del Mutua Madrid Open, que abre este lunes su vigesimocuarta edición. Él, Feliciano López (Toledo, 1981), cumple su octavo año como máximo responsable de la competición. Ella, Garbiñe Muguruza (Caracas, 1993), se estrena en un cargo de nuevo cuño. En el camino hacia la redacción del periódico les llega la noticia de la baja de Carlos Alcaraz, que ya se retiró por lesión del Conde del Godó tras ganar su primer partido. Será el segundo año consecutivo sin el mayor reclamo de un torneo que, no obstante, se encuentra plenamente consolidado.
Garbiñe Muguruza. Es una pena que Carlos no pueda acompañarnos en esta ocasión, más aún con la ilusión que nos hacía contar con él tras la ausencia del año pasado. No obstante, como hemos visto en Barcelona, su retirada responde a la necesidad de priorizar su recuperación. Le trasladamos todo nuestro apoyo. Aun así, el torneo sigue adelante y contará con un espectáculo deportivo de primer nivel.
Feliciano López. Los torneos como Madrid somos privilegiados, porque los jugadores tienen la obligación de disputar los Masters 1000. El problema es que hay cosas que nosotros no podemos controlar, como una lesión. Estas cosas pasan y van a seguir pasando.
Pregunta. ¿Hay un cierto vértigo a pocos días del inicio?
F.L. Las dos semanas previas al comienzo son bastante intensas. Hay muchas cosas que hacer. El montaje se empieza un mes antes. Luego, patrocinadores, firmas...
P. ¿Cómo ha sido su aterrizaje, Garbiñe?
G.M. Muy bueno. Es un torneo muy familiar. Conozco al staff de los años que he jugado. Me han recibido muy bien. Es fácil trabajar con Feliciano, nos conocemos desde hace muchos años. Me han dado una buena bienvenida.
P. Siempre hubo sintonía entre ustedes. Coincidieron incluso en alguna pretemporada.
F.L. Sí, cuando entrenabas con Conchi [Conchita Martínez] coincidimos un año en Marbella. Yo tengo 44 años. Aunque no seamos de la misma generación, hemos coincidido durante bastante tiempo en el circuito. Siempre hemos tenido afinidad y cuando surgió la opción de poder contar contigo, no sólo por mi parte sino por la de todo el equipo, tuvimos claro que era lo mejor, que era un lujo: una española, doble campeona del Grand Slam, en un torneo que siempre le ha encantado. Reúnes todos los requisitos. Garbiñe ha sido lo mejor que nos podía pasar.
P. Y también con la experiencia como directora de las WTA Finals...
G.M. Sí, en un torneo muy prestigioso pero de otras características, más pequeñito. Este es mucho más grande, mixto. Ya sabes, Feli, que te pido consejo constantemente, dado que llevas muchos años en el cargo.
P. A pesar de haber tenido algunas finales recientes fantásticas, como las dos protagonizadas por Aryna Sab alenka e Iga Swiatek, tal vez aún le falte impulso al torneo femenino.
G.M. Es posible. Hay buenas jugadoras españolas, como Paula Badosa, que se está recuperando, o Cristina Bucsa, pero esperemos que con el tiempo podamos situar a alguna top ten que alcance las últimas rondas y amplíe el interés de los aficionados.
P. ¿Qué es lo más difícil para los dos de ponerse a trabajar fuera de la pista?
F.L. Cuando estás en activo, supongo que estarás de acuerdo, Garbiñe, sólo piensas en jugar y en entrenar, estás en tu partido, en tu mundo, y no tienes ni idea de lo que hay detrás. Cuando pasas al otro lado, te das cuenta de muchas cosas. A veces los tenistas nos volvemos un poco egoístas sin querer. Ahora nos toca gestionar las expectativas de los jugadores, las peticiones. Ni tú ni yo, Garbiñe, hemos sido muy exigentes en ese sentido. El tenis va cambiando. Antes viajabas solo con tu entrenador y ahora un jugador te viene con seis personas. Todo eso repercute en el torneo. En 15 años ha cambiado todo muchísimo.
P. Tiene algo magnético el tenis. Ambos desarrollan también una labor como comentaristas.
G.M. Es un mundo bonito, aprender a observar y a trabajar en el tenis behind the scene.
F.L. Es el camino natural poder trabajar en la industria que conoces. Hay gente que tira por el coahing. Mi relación era muy buena con Gerard [Tsobanian, presidente y consejero delegado del torneo] y con Ion Tiriac [ex propietario del torneo] cuando aún jugaba. Fue un paso difícil, pero pensé que era el momento de subirme a ese tren porque me iba a ayudar a hacer la transición después del tenis.
P. Hablaba, Feliciano, de coaching. ¿Se ven a medio plazo entrenando?
G.M. A nivel individual, como entrenadora full time no, porque al final lo único que te falta es salir a jugar. La vida es tan absorbente como la que llevábamos antes. Quizás en un futuro, en la Billie Jean King o algo parecido, sí podría verme
F.L. Ha habido algún jugador que me ha tanteado en este tiempo...
P. ¿Quién? ¿Se puede saber?
F.L. No, no [risas]. Algún extranjero, pero ahora mismo mi vida familiar, entre este torneo, lo que hago en la tele, la Copa Davis... no me permite viajar ni involucrarme con un jugador ni siquiera part time. Me encanta la enseñanza, como con la academia que hemos abierto ahora en Madrid, pero me falta tiempo.
Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores del torneo de Madrid.MUNDO
P. ¿Qué se busca con la figura de una codirectora?
F.L. Es importante contar con gente que no sólo conozca bien el tenis sino que tenga cierta cercanía con las jugadoras, como es tu caso, Garbiñe, que te has retirado hace poco. Y ya vienes con experiencia en este tipo de tareas. No buscábamos lanzar un mensaje de igualdad, aunque sea el único torneo codirigido por una mujer y un hombre. Queríamos dar un paso más y ofrecer a los jugadores la mejor experiencia posible. He tenido la suerte durante estos años de haber sido jugador y como director es más fácil empatizar. Se trataba contigo, Garbiñe, de replicar esa figura en el circuito femenino, con alguien que cumple todos los requisitos. Los torneos por un lado y los jugadores por otros, a veces con intereses distintos. Una figura como ella o como yo es positiva y facilita el entendimiento.
P. ¿Qué recuerdos tienen del torneo en su etapa en activo?
F.L. Yo era un crío cuando Manolo Santana [primer director del torneo] me invitó a jugarlo por primera vez y es el torneo que me hizo darme cuenta de que podía competir con los mejores. Fue en 2002, en el Madrid Arena, y llevaba poco tiempo en el circuito. Perdí contra Andre Agassi, que fue el campeón. Aquel partido ante Agassi fue un punto de inflexión en mi carrera, entonces me di cuenta de que podía competir contra los mejores. Estaba la pista llena, nunca había vivido un ambiente así.
G.M. ¡Ay! Este torneo siempre se me resistió. Nunca pude llegar a la final ni a las semifinales. Sufría mucho. Creo que también era la autoexigencia que me ponía por jugar en casa. Con Carla Suárez disputé dos finales de dobles en un estadio donde no había nadie que no nos apoyara. Pensaba: 'tenemos aquí a 8.000 personas que están todas con nosotras'.
F.L. La manera de involucrarse del público de Madrid es especial. Aquella final de Rafa [Nadal] con Ljubicic [2005, victoria del español tras remontar dos sets], fue asombroso cómo le empujó la gente. La semifinal con Novak [Djokovic] en la Caja Mágica [2009, victoria de Nadal en el partido elegido como el mejor de la historia del torneo]. Diría que el público de aquí es más parecido al del sur de España, por mi experiencia allí en eliminatorias de Copa Davis.
G.M. En general el público español entiende de tenis. Sabe leer el momentum del partido, está familiarizado con el juego.
P. ¿Qué es lo más difícil de gestionar, Feliciano?
F.L. Sobre todo, algo que supongo que a ti también te pasará, Garbiñe, cuando existe el riesgo de que colisione la amistad con un jugador con un tenista con el rol de director del torneo. Tienes que saber poner un poco de freno: 'yo soy tu amigo, te aprecio, hemos compartido muchas cosas, pero ahora me tienes que ver con una persona con otra responsabilidad'. El tema de los wild cards es complejo, porque hay mucha gente que los merece. Desgraciadamente, no somos los dueños del torneo. Tú y yo, Garbiñe, somos españoles y nos gustaría que nuestro tenis siempre fuera el más beneficiado, como lo fue durante toda la época de Ion Tiriac. Ahora los dueños son otros y tienen unas obligaciones contractuales con clientes a los que representan. No obstante, tendremos tres españoles invitados en el cuadro masculino y otras tres españolas en el femenino.
P. ¿Qué echan de menos en el tenis en relación con la época en la que comenzaron a competir?
G.M.El circuito ha mejorado mucho en relación a como era antes, en todos los sentidos
F.L. Es mil veces mejor. Hace 20 años ibas a jugar un 250 en determinados sitios y decías: 'a este torneo le falta mucho'. Ahora eso no pasa. Antes había menos dinero y estaba todo menos profesionalizado.
P. Y en el terreno, digamos, sentimental.
F.L. Antes te relaccionaba más. No había plataformas ni redes sociales. Quedábamos los españoles en el lobby del hotel a las nueve de la noche y nos íbamos a cenar juntos. Eso ya no pasa. Son otros tiempos, se vive de otra manera y hay que aceptarlo así. Los jugadores tienen unas cosas que antes nosotros no teníamos, y su forma de ser, de pensar y de vivir es diferente.
P. Supongo que cuando empiece la competición será algo distinto, pero, ¿cómo es, Garbiñe, una jornada cotidiana en su nuevo desempeño?
R. Por la mañana nos reunimos con las novedades y hacemos un guion de cómo afrontar el día. Luego, durante el día se trata de comprobar que todo el estadio está tomando forma, y de que se hagan bien las cosas nuevas que se implementan. Ahora, a esperar que vayan llegando poco a poco más jugadores y cumplir también labores de protocolo, como darles la bienvenida.
P. ¿Ven en el horizonte algún jugador que pueda incorporarse al mano a mano que ahora mantienen Alcaraz y Sinner?
F.L. No. Creo que la distancia se está ampliando cada vez más entre ellos dos y el resto, como demuestran los torneos más recientes. Tenísticamente son buenísimos, al igual que física y mentalmente. Y además, con la voluntad de seguir mejorando. No veo a nadie listo para plantarles cara de verdad. El tenis es imprecedible, quién sabe si en un par de años surgirá alguien.
G.M. Soy de la misma opinión. No veo un competidor capaz ahora mismo de entrometerse en esa rivalidad. Habrá momentos puntuales en los que algún jugador podrá elevar su nivel y ellos no estarán al máximo. En el cuadro femenino, pese al dominio de Sabalenka, el circuito se encuentra más abierto.
No estará Alcaraz, pero sí Jannik Sinner, que competirá por primera vez en Madrid como número 1 del mundo, rango recuperado gracias a su victoria ante el español en Montecarlo, donde logró su título más importante hasta la fecha sobre tierra batida. Será la cuarta participación del italiano en un torneo donde su techo está en los cuartos de final de 2024, cuando no pudo disputar por lesión la antepenúltima ronda ante Felix Auger-Aliassime.
Sinner presenta una secuencia intimidatoria en torneos Masters 1000. Desde que el pasado 5 de octubre, víctima de severos calambres, se retiró ante Tallon Griekspoor en la tercera ronda de Shanghai, suma 22 victorias consecutivas, las que corresponden a los títulos de Paris-Bercy, en 2025, y de Indian Wells, Miami y Montecarlo en la presente temporada. Desde 2015 nadie había ganado los tres primeros Masters 1000 de la temporada.
Tras descansar la pasada semana, en la cuidada administración de energías para llegar con todo a Roland Garros, donde en 2025 dispuso ante Alcaraz de tres pelotas para hacerse con el torneo, Sinner buscará corroborar su potencial en la superficie, en unas circunstancias muy distintas a las del Principado.
Su presencia será el mayor atractivo de un torneo que cuenta con sobrados reclamos para el público madrileño. Rafael Jódar aparece como brillante semifinalista del Conde de Godó después de conquistar su primer título en el ATP 250 de Marrakech. Martín Landaluce lo hace como cuartofinalista del Masters 1000 de Miami.
La baja de Djokovic era previsible. En el que parece claro que será su último curso en activo, el ganador de 24 títulos del Grand Slam pasará de puntillas por la tierra batida, en busca de apurar sus remotas opciones de añadir un major a sus incomparables registros en Wimbledon o el Abierto de Estados Unidos. Su derrota de entrada ante Matteo Arnaldi en la pasada edición quedará como la despedida de un torneo que ganó en tres ocasiones: 2011, 2016 y 2019. Hoy se presenta el torneo y se sortean los cuadros, con la presencia de los dos defensores del título: Casper Ruud y Coco Gauff, además de José Luis Martínez- Almeida, alcalde de Madrid, y de Feliciano López y Garbiñe Muguruza, codirectores de la competición.
Si hay una pista de tenis, ahí, al lado, está Ángel Ruiz-Cotorro. Un jugador hace un mal gesto como le ocurrió Carlos Alcaraz el pasado lunes y él lo observa atento; en las siguientes horas deberá atenderlo. Desde hace más de tres décadas es el médico del tenis, ya sea cuidando del equipo español de Copa Davis, de Rafa Nadal o de un junior. Como director de la Clínica Tenis Teknos, del Grupo Quirónsalud, estos días dirige el servicio médico oficial del Conde de Godó, en cuyas instalaciones atiende a EL MUNDO. «Hay mucho que hacer; también nos encargamos de la salud de los espectadores de todas las pistas», apunta, tan sereno como siempre.
¿Hay más lesiones hoy en el tenis o hablamos más de ellas?
El tenis ha cambiado en los últimos 20 años. Antes no se jugaba tan físico, el nivel medio ha subido mucho y los nuevos materiales han hecho que la pelota vaya mucho más deprisa. Todo eso ha aumentado la intensidad y ha generado nuevas lesiones. No ha salido gratis. Tenemos lesiones musculares que antes no teníamos porque ahora los apoyos no son completos: hay que salir de inmediato. Por eso sufren más los aductores y las caderas. Recuerdo que los primeros problemas de cadera nos parecían una anomalía, como el de Guga Kuerten en el 2000, y ahora son muy recurrentes. Por la velocidad de la bola también hay más patologías en los codos y en las muñecas, como hemos podido ver en este Godó.
¿Hemos llegado al límite de la salud de los jugadores?
Estamos en ese límite, sin lugar a dudas. El tenis le está ganando la batalla a la salud. Es un tema que deben plantearse todos los organizadores y, en realidad, todos los implicados en el deporte. El jugador puede hacer un acto de conciencia y descansar más, pero el sistema de puntos le exige jugar una cantidad brutal de partidos. No está en su mano. No puedo establecer un número máximo de torneos, pero deberían tomarse medidas para que el número de lesiones disminuya y esté controlado. No estamos en ese punto ahora.
Rafa Nadal, paciente suyo, fue durante años la muestra más clara de ese difícil equilibrio entre éxito y salud en el tenis. ¿Cómo le definiría?
Rafa era un portento físico desde el punto de vista genético. Tenía potencia, resistencia, aceleración... todo en uno. Y luego había que sumarle sus cualidades técnicas y, por supuesto, sus cualidades mentales. Pero yo creo que si no hubiese tenido el problema de pie desde pequeño -el síndrome de Müller-Weiss- todo lo que vino después hubiera sido infinitamente menor. El cuerpo del tenista empieza desde abajo, y esa lesión condicionó el bienestar de toda la cadena cinética hacia arriba: rodilla, cadera, espalda... Piensa que no le dejábamos correr para cuidar el pie.
¿Cómo?
Un tenista tiene que correr, evidentemente, pero él fuera de la pista no podía hacerlo. No es que no pudiera: es que no consideramos que fuera lo más oportuno. Si corría, lo hacía en máquinas como el Alter-G, con gravedad reducida para no tener el impacto del apoyo. Eso limitó toda su preparación física durante su carrera. Tuvo que adaptarse a unas circunstancias con un condicionante que no le permitía entrenar como él quería. Y aun así mira sus resultados.
¿Ve similitudes físicas entre Nadal y Carlos Alcaraz?
Son jugadores distintos, eso está claro, pero Carlos tiene muchas cosas de Rafa. Como decía antes: la potencia, la resistencia, la aceleración... todo eso lo tiene Carlos. En el tenis español ha habido todo tipo de perfiles, pero los jugadores son siempre atletas, con muy buenas condiciones físicas y muy buenas preparaciones. Eso es así desde Sergi Bruguera. Cuando ganó Roland Garros en el 93 ya tenía unas cualidades físicas espectaculares, por encima de la media.
No puede hablar de las molestias actuales en la muñeca derecha, pero... ¿Le preocupa el historial de pequeñas lesiones de Alcaraz?
Es muy joven y ha tenido sus cosas, pero como todos los tenistas. En el tenis actual hay movimientos muy violentos, de cambios de dirección y de ritmo, y es normal que se acumulen estos problemas. Las sobrecargas en la zona de los aductores que ha sufrido posiblemente indican que la cadera está muy exigida. Es normal al ritmo que juegan. Pese a su baja aquí, Carlos no ha sufrido ninguna lesión grave y es un chico muy bien preparado físicamente; no me preocupa.
Carlos Alcaraz no disputará el partido de octavos de final de Conde de Godó contra el checo Tomas Machac. Así lo ha anunciado el murciano este miércoles en comparecencia ante los medios después de no completar su entrenamiento del día a causa de las molestias en su muñeca derecha -"después de un resto"- que ya le impidieron rendir al 100% en su debut en el Barcelona Open Banc Sabadell.
El abandono no permitirá al español conquistar un torneo en el que el año pasado disputó la final, por lo que perderá 280 puntos en el ránking ATP.
La siguiente cita de Alcaraz debería situarle en Madrid, en el Mutua Madrid Open, a partir del 22 de abril. Un torneo en el que Jannick Sinner llegará sí o sí como número uno del mundo.
"Es una situación que creía que había sentido previamente y que no iba a ir a más. Que eran molestias de exigencia de toda la semana. Pero vistas las pruebas de hoy, es una lesión un poquito mas seria de lo que nos esperábamos", aclaró el murciano en el comunicado que leyó a los medios. "Tengo que escuchar a mi cuerpo, que no me repercuta para el futuro. Por eso de borrarme del torneo", concluyó, pensando en la gran cita de Roland Garros.
La primavera despertó de forma violenta para Carlos Alcaraz. Más allá de su reciente derrota ante Jannik Sinner en la final del Masters 1000 de Montecarlo, encadena malas sensaciones, acusa el cansancio acumulado y, este martes, sumó un nuevo contratiempo: un dolor, una molestia, ¿una lesión? Llegaba al Trofeo Conde de Godó para disfrutar del tenis en casa, en España, arropado por su público y alejado de la exigencia que le impone el italiano, pero su debut fue de todo menos placentero.
Venció al finlandés Otto Virtanen por 6-4 y 6-2 en una hora y 25 minutos, aunque todo lo demás resultó adverso. El cambio de condiciones en menos de 48 horas le impidió encontrar su tenis, acumuló numerosos errores no forzados y, lo que es más preocupante, acabó lastimado.
A mediados del primer set, sin señales previas, pidió al juez de silla la asistencia del fisioterapeuta del torneo y le explicó que le dolía la muñeca derecha. Según relató, en uno de los primeros juegos había notado un tirón al sacar y desde entonces jugó con malestar. Recibió un masaje, le aplicaron crema y le hicieron un vendaje, pero no volvió a verse cómodo en toda la jornada. «Puedo jugar bien», aseguró, aunque su cuerpo decía otra cosa. Cuando quería invertir el revés, lo evitaba. Y al golpear de derecha armaba todo el brazo como hace dos años, cuando se lesionó en el antebrazo. En cualquier caso, esquivaba el gesto final con esa muñeca derecha.
Muchos fallos de inicio
«Al tener poco tiempo de descanso entre un torneo y otro siempre salen pequeños detalles, pequeñas molestias. Mañana [este miércoles] veré con mi fisio cómo está y esperemos que no sea nada», aseguró Alcaraz, que pese a todo se marchó al vestuario firmando autógrafos y entregándose a las fotos con sus aficionados.
El escaso descanso entre Montecarlo y Barcelona, unido a las molestias sufridas, convierte su victoria en algo difícil de catalogar. Virtanen, número 130 del mundo y conocido por llevar a Finlandia a las semifinales de la Copa Davis en 2023, ofreció su saque como principal argumento. Poco más. Con muchísimos errores —23 no forzados solo en el primer set— Alcaraz supo sobreponerse, consiguió los breaks en los momentos clave y mejoró en los instantes finales. «Sigue, sigue, y luego ya vemos», le indicaba desde el banquillo su entrenador, Samu López. Ganó de forma extraña Alcaraz, pero lo importante es si podrá jugar los octavos de final este jueves por la noche ante Tomas Machac.
Caía la noche en Montecarlo cuando Carlos Alcaraz llegaba a su hotel para una recuperación exprés. Horas después de su derrota en la final ante Jannik Sinner, este lunes, ya le tocaba ir al aeropuerto para volar hacia Barcelona y este martes debutará en el Trofeo Conde de Godó ante el finlandés Otto Virtanen. Su máxima concesión será saltarse el entrenamiento previo y plantarse directamente en competición.
El calendario ATP no ofrece un respiro, mucho menos unos días para llorar un título perdido, aunque sea un Masters 1000, aunque sea ante su rival histórico. «El objetivo sigue siendo jugar toda la temporada de tierra batida. Ya veremos cómo va. También quise hacerlo el año pasado y no pude por lesión. Así que cruzo los dedos y rezo para que no pase nada. Ahora escucho a mi cuerpo mucho mejor que el año pasado, eso seguro, y si tengo que perderme un torneo, lo haré», comentó mientras su rival, Sinner, anunciaba que no cogería una raqueta hasta el miércoles -no tiene torneo esta semana- y que después decidirá si va al Mutua Madrid Open.
Después de la derrota, Alcaraz podría recuperar el número uno si levanta el título del Godó -el año pasado perdió en la final-, pero eso no es lo primordial. Todo pasa ahora por reconstruir su tenis, por rehacer su confianza, por rearmarse de camino a Roland Garros. En solo seis semanas empieza el segundo Grand Slam de la temporada y, al contrario de lo que ocurrió en el Open de Australia, el español llegará por detrás de Sinner.
«No me sorprende en absoluto lo que ha hecho estos días en Montecarlo. Ya había visto el nivel de Jannik en tierra batida el año pasado, y creo que ha mejorado muchísimo. Está alcanzando un nivel en esta superficie que es realmente peligroso. Ahora entiende muy bien el juego en esta tierra», analizaba Alcaraz que, después del partido, en el típico intercambio en la red, quiso felicitar a su rival histórico por su evolución sobre arcilla. «Pista dura, hierba y tierra batida. Todas las superficies», le dijo, y Sinner le contestó, educado, que «siempre es un placer» enfrentarse a él.
"No jugué bien"
«En los momentos cruciales, en los puntos decisivos, no jugué bien. Tuve muchas oportunidades de break durante el partido y no las aproveché. Fallé en el tiebreak del primer set, cuando él jugó un tenis increíble. Esa fue la clave del partido de hoy. Las condiciones fueron difíciles. Me gusta jugar con viento, creo que me beneficia, y esta vez me pareció molesto porque no soplaba en una misma dirección. Pero el tenis de Jannik fue mejor», reconoció.
EFE
Por su parte, Sinner celebró el título con los recogepelotas y se marchó a su casa, pues vive en el Principado, en el barrio de La Condamine, donde asegura que puede hacer vida normal. Su emoción por la victoria pasaba por ahí, pues por primera vez en mucho tiempo su familia al completo estaba en las gradas. El italiano reconoció estar «sorprendido en el mejor sentido» por su rendimiento a lo largo de la semana.
«Creo que todavía necesito un poco de tiempo para darme cuenta de lo que ha pasado», admitió, antes de explicar que la clave había sido adaptar su juego a cada rival: «No he jugado el mismo tipo de tenis contra todos. Fuimos cambiando pequeñas cosas». De cara a lo que viene, el italiano no se confía: Roland Garros serán duro, pero llega a todos ellos con una certeza nueva bajo el brazo. Nunca había ganado un torneo importante en tierra batida, y ya lo ha hecho. El reto para Alcaraz será mayúsculo.
De niño, Jannik Sinner nunca se soñó a sí mismo en París besando una copa enorme. En el refugio de sus padres en los Alpes, allí arriba, muy arriba, solo podía jugar sobre sintético y bajo techo y, por eso, cuando fantaseaba, se imaginaba como un tenista triunfante en Nueva York, si acaso en Melbourne. Pero ninguna leyenda se construye de un único material.
Hace un par de años, en su violento ascenso en el ranking ATP, comprendió que la grandeza pasaba por brillar también en hierba y en tierra batida, y ahora ya domina ambas superficies. Wimbledon cayó el verano pasado. Roland Garros, donde perdió la final ante Carlos Alcaraz, quedó como una deuda pendiente. Esta primavera ha venido a saldarla.
Este domingo, en la final del Masters 1000 de Montecarlo, Sinner venció por 7-6(5) y 6-3 al español, levantó su primer trofeo grande en tierra batida y recuperó el número uno del mundo. Con ese resultado en el bolsillo, París ya no es una quimera: es el siguiente paso lógico. Para Alcaraz, en cambio, las próximas semanas serán de examen. Antes del Grand Slam parisino debe rearmarse, adaptarse y mejorar. Este Sinner es otro, con otro juego, con otro físico, incluso con otra mentalidad. Ahora le toca evolucionar a él.
VALERY HACHEAFP
"Vine aquí para encontrar el feeling sobre tierra batida para los torneos que vendrán y me he sentido muy bien durante toda la semana. En la final las condiciones eran duras: bajó la temperatura, había viento, pero el resultado ha sido magnífico. Estoy muy contento de haber ganado un gran trofeo en esta superficie", resumía al acabar Sinner. En 2022 ya había ganado el ATP 250 de Umag ante el mismo rival, pero aquello era un torneo menor y la deuda con la arcilla seguía viva. Ya no lo está. Solo le queda la conquista de París.
Alcaraz, que en la derrota encontró palabras generosas, le tendió la mano con un dato: "Es increíble que hayas encadenado los títulos en Indian Wells, Miami y Montecarlo. Eres el segundo tenista que lo consigue [el primero fue Novak Djokovic]. Sé lo difícil que eso puede llegar a ser. Enhorabuena". Una frase que dice tanto del campeón como del derrotado.
El viento y el revés
La final, en realidad, no fue un partido excelente para ninguno de los dos. Después de toda una semana de sol, Montecarlo se despertó con nubes y viento, y eso ensució el duelo. El espectador esperaba vértigo y precisión, y hubo de todo; a ratos se encadenaron los fallos. Tanto uno como otro acabaron con el doble de errores no forzados que de golpes ganadores. Tanto Sinner -un 51 %- como Alcaraz -un 58 %- sufrieron para acertar con el primer servicio e incluso se enredaron en dobles faltas. Un desacierto raro en ellos; la culpa era del día.
Si Alcaraz celebraba un break de inicio, Sinner se lo devolvía, y ambos caminaban todo el rato sobre el abismo. En el intercambio de fondo, empate. El español dominaba con la derecha; el italiano, con el revés cruzado. Pero en los momentos clave ya se observaba quién acabaría celebrando. Como le había pasado en otros partidos durante la semana, a Alcaraz le faltó alegría, incluso se le notó irritado, y Sinner se mostró más agresivo.
EFE
El tie-break que decidió el primer set -y el encuentro- fue perfecto para enseñárselo a los críos que quieran dedicarse al tenis. Tanto Sinner como Alcaraz se transformaron de repente para sacar de manera excelente, pero ambos se equivocaron por culpa de los nervios. El italiano estrelló una volea contra la red y, a cambio, Alcaraz le cedió el set con una doble falta. Se suele decir que estos títulos se deciden por los detalles: ahí hubo dos.
El éxito se ponía cuesta arriba para el español, que igualmente intentó escalar. En los primeros juegos del segundo set exhibió su mejor versión y firmó su mejor punto: un pasante de contralejada para conseguir una rotura. Pero justo después reaparecieron sus males y, con ellos, la derrota. Sinner insistió en su dominio de revés y Alcaraz no arriesgó en el resto, siempre demasiado lejos. En cuanto recuperó el break, el italiano se abalanzó a por todos los honores y ya no hubo más discusión.
Queda Roland Garros. Si quiere mantener su reinado en París, Alcaraz necesita sanar algunas heridas de su tenis -el revés, sobre todo- y encontrar de nuevo esa alegría desbordante que le hace diferente. Sinner, mientras tanto, llega a la Philippe Chatrier como lo que ya es: el mejor jugador del mundo en cualquier superficie. Un niño de los Alpes que aprendió a soñar también en ganar sobre tierra batida.
Hay derrotas que duelen y derrotas que transforman. En el pasado US Open, Jannik Sinner salió de la final ante Carlos Alcaraz sin el título, sin el número uno del mundo y con solo una certeza: había sido demasiado predecible. Su tenis había quedado en evidencia, o así lo entendió. «No hice ni un saque-volea, no usé las dejadas, me quedé siempre en el fondo y, ante Carlos, no puedo hacer eso, tengo que salir de mi zona de confort», admitió en rueda de prensa, donde hizo una promesa: «Voy a perder algunos partidos, pero haré cambios en mi juego. Si quiero ser mejor tenista tengo que ser menos predecible». Aquel objetivo tuvo, en efecto, un coste.
En el último Open de Australia, el italiano perdió en semifinales ante Novak Djokovic y poco después cayó en cuartos del ATP 500 de Doha frente a Jakub Mensik. Pero la inversión ya rinde dividendos. Después de conquistar el llamado Sunshine Double en Indian Wells y Miami, el italiano llegó lanzado al Masters 1000 de Montecarlo y, ayer, en las semifinales ante Alexander Zverev -ganó por 6-1 y 6-4- corroboró que el proceso ha culminado. Este domingo (a partir de las 15.00 horas, Movistar) el nuevo Sinner se medirá en la final a Alcaraz, que derrotó a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4. La rivalidad de la década vivirá su primer episodio de 2026 como un desafío para el español.
Los cambios de Sinner
Porque Sinner ha conseguido mejorar en hasta tres frentes. El primero, el saque. «Voy a cambiar un par de cosas, son pequeños detalles, pero pueden marcar una gran diferencia», avanzó tiempo atrás, y el trabajo ha dado sus frutos. «Ha mejorado mucho su servicio en los últimos meses», admitió esta semana el mismísimo Alcaraz.
EFE
El segundo frente es la variedad táctica. Estos días, su entrenador, Simone Vagnozzi, reconoció que Sinner «antes era más rígido, ahora es mucho más camaleónico», y ciertamente el italiano alterna posiciones y golpes para ser todavía más incómodo para su rival. Y el tercero, y más llamativo, es la red. A lo largo de su carrera apenas subía a volear en el 13% de los puntos y en las últimas semanas ha elevado esa cifra hasta alcanzar el 25% en algunos partidos.
Alcaraz llega a la final en Mónaco como campeón defensor, como número uno y como el jugador que mejor conoce al nuevo Sinner, porque fue él quien lo obligó a reinventarse. Este sábado, ante Vacherot, demostró que la falta de confianza que arrastraba desde su derrota en Miami ya es cosa del pasado. Si en las primeras rondas en Montecarlo se enredó con su mente y su revés, en las semifinales fue el tenista sólido que es, seguro de sus capacidades. Pero ante Sinner todo será distinto.
Una guerra mental
La teoría indica que el español tendrá que impedir que su adversario se instale en el intercambio largo desde el fondo -su terreno más cómodo-, usando las mismas herramientas que forzaron su metamorfosis: dejadas, variaciones de velocidad y subidas propias a la red. Quizá esta vez la clave sea otra. En realidad, el duelo será un espejo: dos jugadores que se han transformado mutuamente, que se piensan constantemente, que se conocen tan bien que la diferencia estará en unos pocos puntos.
Porque en la final estará en juego mucho más que un trofeo. Alcaraz encabeza el ranking con 13.590 puntos, pero esta semana defiende los 1.000 obtenidos como campeón el año pasado sin poder sumar más, solo restar. Sinner parte de 12.400 y no tenía puntos que defender: si gana el encuentro, recuperará el número uno. Los dos han ocupado durante 66 semanas cada uno el primer puesto del ranking, y Montecarlo servirá para romper ese empate histórico. Pero hay algo más trascendente incluso.
Este 2026 todavía no se han medido ni una sola vez -«espero que podamos enfrentarnos aquí, ni siquiera hemos jugado una vez esta temporada», reconoció el propio Alcaraz a media semana- y por ello el duelo llega cargado de una dimensión psicológica distinta. Con los cambios propuestos por Sinner en su juego, quien gane arrastrará esa victoria hasta que empiece Roland Garros el próximo 24 de mayo. Y eso, en una batalla tan cerrada, tan única, tan mental, puede valer oro si se reencuentran en París.
De aquellas dudas ya solo queda el recuerdo. Si hace unos días Carlos Alcaraz parecía otro, envuelto en un halo de inseguridad, ahora ya es él. Está preparado. Este domingo (a las 15.00 horas, Movistar) se medirá por primera vez este año a su rival generacional, Jannik Sinner, en la final del Masters 1000 de Montecarlo después de derrotar en las semifinales a Valentin Vacherot por 6-4 y 6-4.
Pese a la peculiaridad de su rival, un desconocido hace medio año antes de que ganara en el Masters 1000 de Shanghái, no era un partido fácil para el español y lo resolvió en una hora y 24 minutos de juego. La serenidad, recobrada. La confianza, reencontrada. Su fiabilidad en el servicio en el primer set y la capacidad de sufrir en el segundo confirmaron que su mejor nivel está de vuelta. Sinner ha cambiado su juego para poder desafiarle; otro duelo entre ambos que será interesantísimo.
«Es un escenario de ensueño. Yo lucharé por mi segundo título aquí en Montecarlo y Jannik por el primero. Además el número uno del ranking está en juego y eso hace que la final sea aún más especial. Tengo muchas ganas de enfrentarme a Jannik por primera vez este 2026», aseguró Alcaraz tras la victoria ante Vacherot que le dejó varias buenas noticias.
Un enredo en el segundo set
La primera es su recuperación en el servicio. En partidos anteriores había estado incluso por debajo del 50% de primeros y este sábado rondó el 70% en el primer periodo, es decir, regresó a los números del Open de Australia. Sobre tierra batida el servicio no es tan decisivo, pero la mejoría permitió que Alcaraz tomara el control del partido. No tenía que enfrentar bolas de rotura; solo debía mover a su adversario.
THIBAUD MORITZAFP
Vacherot se presentaba en el encuentro con la confianza por las nubes, en casa -es uno de los escasos 10.000 monegascos- y sin presión alguna. Con su altura -1,93 metros- y su servicio obligaba al español a mantener la concentración, un despiste podría tener un alto precio, pero Alcaraz estuvo firme. Si vaciló, fue únicamente en el segundo set, y para entonces ya tenía margen. Con una rotura a su favor, se enredó con un par de errores y una doble falta, permitió que su adversario le devolviera el 'break' y tuvo que sufrir.
Su reacción en los puntos decisivos, especialmente la devolución a la línea de un 'smash' de Vacherot, fue el reflejo de su regreso. «Estoy muy contento por la victoria. Valentin venía con mucha confianza, jugaba en casa y sabía que iba a ser un partido duro. Creo que he estado muy sólido y me voy satisfecho», concluyó Alcaraz antes de su primer enfrentamiento con Sinner de este año. En juego, revalidar el título. En juego, mantener el número uno del ranking ATP. Otro duelo entre ambos que será interesantísimo.