Álvaro Arbeloa ha dedicado más de la mitad de la rueda de prensa previa al partido de este sábado contra Osasuna (18.30 h, DAZN) a hablar, cómo no, sobre el incidente racista en el que se vio envuelto Vinicius, que acusa al jugador del Benfica Prestianni de llamarle “mono” en varias ocasiones. Con un discurso firme y bien articulado, el técnico del Madrid incidió una y otra vez en dos ideas: que lo ocurrido en Lisboa no puede volver a pasar y que el jugador argentino debe ser sancionado.
“Vinicius ha estado triste, como todos. No podemos permitir este tipo de actos, no sólo en el fútbol, sino en la sociedad. Tenemos una opotunidad única de erradicarlos”, comenzó sus explicaciones el entrenador. “Lo importante es luchar contra este tipo de actos. No lo vamos a tolerar, que quede claro. Nos van a tener enfrente”.
Arbeloa ha ido cogiendo poso en sus comparecencias ante los periodistas. Y en este caso, cuando la razón le asiste, se encontró especialmente cómodo. “Si Vinicius hubiese decidido no seguir jugando, todos nos hubiésemos ido detrás de él. No tengáis ninguna duda. Se lo he dicho a los jugadores: no vamos a ganar ningún título que me haga sentir más orgulloso de lo que me sentí el martes cuando vi a todos los compañeros arropar a uno que lo estaba pasando mal”.
Donde no quiso ser tan explícito fue a la hora de reprochar a Jose Mourinho su justificación de lo que pasó, escudándose en la celebración del fubolista del Real Madrid. Aprovechó para decir, eso sí, y mirando ya a lo deportivo, que ojalá Bellingham se recupere pronto, aunque el equipo haya comenzado a funcionar sin él.
El peor baño que sufrió el Madrid en Lisboa no fue de agua ni de fútbol. Fue de realidad. Después de los brotes verdes ante Mónaco y Villarreal, el equipo regresó a Albacete, aunque con una lectura peor. Si en la Copa pudo sufrir falta de motivación, en la Champions el problema fue más grave, al tratarse de falta de recursos, individuales y colectivos. Courtois y Mbappé no bastan, y de Vinicius nunca se sabe si va a coger el teléfono. El belga y el francés son el sur y norte del Madrid, hoy el único modo de orientarse con seguridad para los aficionados y hasta para el entrenador. Entre ambos, un Madrid hipotenso, pero también lejos, muy lejos, de la calidad de sus mejores tiempos.
El Benfica no es mejor que este Madrid, pero su nivel de agresividad, no juego sucio, concentración y ambición desbordaron a un equipo con los nombres de siempre en el terreno de juego, aunque sin plan ni alternativa. La situación no puede achacarse a Arbeloa, que acaba de llegar al banquillo, y coloca a los mismos jugadores, aunque un enfoque distinto al de Xabi Alonso. El resultado, sin embargo, es el mismo. No. Peor. El tolosarra fue destituido, de "mutuo acuerdo", con el Madrid en la Copa y el Top 8 de la Champions, y, hoy, está fuera de la competición doméstica y de la 'first class' europea. La realidad no para ponerse susceptible, como le ocurrió a Arbeloa.
Sin embargo, hay que profundizar en el calado de las causas, en el diseño de una plantilla con carencias estructurales. En concreto, en la creación de juego, además de en posiciones sin el nivel de tiempos pasados, como la defensa, más allá de las lesiones. De eso hay que pedir responsabilidades en otra ventanilla, en el piso de arriba.
Mourinho las detectó bien y mandó a sus jugadores a castigar las zonas más débiles del Madrid, con continuas cargas del área. Lejos de la etiqueta defensiva del portugués, su Benfica fue tremendamente ofensivo, no sólo por las necesidades de su equipo, también por las carencias ajenas. Una de las virtudes de Mou es hacer peor al contrario. Al Madrid lo llevó a una de sus peores versiones europeas en mucho tiempo.
Observar la mediocridad del Madrid y la intensidad de un Benfica pletórico ha vuelto a activar la nostalgia que una buena parte del madridismo siente por el portugués. El tiempo blanco de Mou es pasado, como él mismo ha dicho. Un tiempo controvertido y polémico, en lucha contra el mejor Barça de la historia, pero con un Madrid cuya calidad no tenía nada que ver con la del actual, con Casillas o no, Sergio Ramos, Pepe, Marcelo, Xabi Alonso, Modric, Benzema, Cristiano o Di María, los futuros campeones de muchas Champions. El Madrid del presente es el peor Madrid desde entonces, con permiso de Courtois y Mbappé.
Mourinho, reventado por su propia autodestrucción, no sobrevivió para vivir en el banquillo blanco el cabezazo de Sergio Ramos en Da Luz, llave de la Décima. Al menos, en el mismo lugar celebró el de Trubin para seguir en esta Champions. Sin una plantilla como la que tuvo en su etapa, el Madrid necesita un mensaje parecido al que recibió el Benfica antes del partido. Eso no quiere decir que necesite a Mou ni a un Mou de marca blanca.
Álvaro Arbeloa selecciona cuidadosamente los momentos y los elogios. Y este sábado por la mañana, en la rueda de prensa previa al derbi contra el Atlético de Madrid, después de la polémica por su entrada a Diego Rico y su explicación sobre ella en Manchester, el técnico del Real Madrid le lanzó un cumplido a Antonio Rüdiger. "Me pondría una estatua de Rüdiger en el jardín, es un espejo para todos los jóvenes", dijo, preguntado sobre el alemán y su contrato, que termina en junio de este año.
"No me gusta meterme en estos temas porque respeto mucho a club y jugador, las dos partes que se tienen que entender", aseguró sobre las conversaciones por la renovación del central. "Desde el primer día se ha puesto a disposición del cuerpo técnico. Me dijo que en marzo, cuando llegue lo duro, estaría disponible y aquí está. Su tratamiento en Londres, con Niko, ha sido una suerte. Y el madridismo debe ser consciente de la suerte que tenemos de tener a Don Antonio Rüdiger".
Otro de esos futbolistas que terminan contrato es Dani Carvajal, ausente en la lista de Luis de la Fuente para los amistosos de España en este parón internacional. "Yo tengo que pensar en el Real Madrid y eso es lo que hago, también cuando pongo a Carvajal, como contra el Elche o el Manchester City. Su figura es muy importante, más allá de lo que pase en el campo. Ayuda mucho a sus compañeros. Es lo que necesitamos, un líder. Porque o se es líder en todas partes o no se es líder".
Más allá de contratos, los dos nombres clave en la actualidad del conjunto blanco son Kylian Mbappé y Jude Bellingham, lesionados durante las últimas semanas y recuperados para la causa en estos días. El francés volvió a jugar en Manchester y el inglés entrará en la lista para el derbi. Ambos, además, han sido convocados por sus selecciones. "Me parece fenomenal que vayan. Mbappé está a disposición y mañana va a jugar seguro. No veo ningún inconveniente en que vaya con Francia. Sobre Jude, digo lo mismo. Está disponible. Es normal que vayan, es muy inteligente y sabe lo que hace", declaró.
Ese regreso condicionará el centro del campo del Madrid, asentado en Tchouaméni, Valverde, Pitarch y Güler durante las últimas semanas, las mejores del equipo en estos meses. "Aquí atacamos todos y defendemos todos. Ya buscaremos el mejor rol para Bellingham, ese es mi trabajo. Cuando no tenemos balón, no queda otra que trabajar los once y tener mentalidad colectiva. No veo ningún problema en tener grandísimos jugadores. Y si sucede, bendito problema".
Hubo que esperar a la séptima jornada para disfrutar del primer gol de Vinicius en la presente Champions. Sus dos asistencias frente al Mónaco le allanaron el camino para el MVP de una noche donde redondeó sus números en el gran torneo continental: 30 goles y 30 asistencias en 72 partidos. Tras el caluroso abrazo con Álvaro Arbeloa, la amplia sonrisa frente a los micrófonos, donde admitió haber pasado "unos días muy complicados por los pitos".
"No quiero que me abucheen en mi casa, donde me siento muy cómodo. En los últimos partidos no me sentí cómodo porque cada vez que hacía algo mal me abucheaban", reveló Vinicius ante las cámaras de Movistar. "No siempre estaré en mi mejor nivel técnico, pero siempre lo he dado todo. Si a otros les falta gol, intento asistir; si tengo que defender, intento defender", agregó, en referencia tanto a sus pases a Kylian Mbappé y Franco Mastantuono para el 2-0 y el 3-0 como a sus cinco recuperaciones.
No obstante, para calibrar la influencia del brasileño resulta siempre más pertinente revisar otra estadística. La que Arbeloa ya había mencionado en la previa. Y esta vez fueron cinco regates, cuatro de ellos resueltos con éxito. "Siempre estoy en el centro de todo y no quiero estarlo por cosas fuera del campo. Quiero estarlo por lo que he hecho por este club", zanjó el '7' blanco.
"a todo el madridismo"
"Cuando está feliz es el más desequilibrante", reiteró, por su parte, Arbeloa, desbordante de felicidad en la sala de prensa. "Ese abrazo que me ha dado, no era tanto al entrenador, sino a todo el madridismo", refrendó el ex técnico del Castilla. Cuando le mencionaron que hace ahora una década, Zinedine Zidane tomó las riendas para terminar alzando tres Champions consecutivas, extremó la prudencia. Primero recordando el complicado compromiso del sábado en Villarreal y después la visita de la última jornada a Da Luz, donde debería cerrarse el pase al top-8.
Tras el ridículo en Copa del Rey ante el Albacete y la mala primera parte contra el Levante, el Madrid recuperó algunas de esas señas de identidad que tanto había buscado Xabi Alonso. De hecho, Mbappé cautivó al Bernabéu con una carrera de 60 metros hacia atrás que evitó el gol del rival. Aunque ni siquiera así Arbeloa parece dispuesto a cambiar sus prioridades. Ninguna tan decisiva como tener felices a sus estrellas. "Kylian y Vini están haciendo un gran esfuerzo, aunque tampoco te voy a engañar. Quiero que hagan un buen trabajo, ver un equipo que corra junto, pero que luego puedan estar frescos para marcar las diferencias", subrayó.
Esa capacidad para el desequilibrio resulta aterradora en el caso de Mbappé, quien con sus 11 goles en seis partidos igualó un récord de Cristiano Ronaldo. El portugués ya había anotado esa cifra en la primera fase de la temporada 2015-16. Su sucesor aún puede desbancarle el próximo miércoles si marca al Benfica de José Mourinho. De momento, el Mónaco se ha confirmado como una de sus víctimas favoritas, ya que acumula 16 intervenciones de gol ante su ex equipo, sólo por detrás de sus datos contra el Lille (17) y el Montpellier (21).
La celebración de Bellingham, tras el 6-1.AP
En cualquier caso, el Madrid aún cuenta con mucho margen para confirmar su mejoría. De hecho, en una noche tan plácida recibió 20 disparos y Thibaut Courtois tuvo que realizar seis paradas, las mismas que hace un par de meses frente al Manchester City. Por no mencionar que los locales, pese a su mayor intensidad, cubrieron menos campo: 111,2 km frente a 113,5 del equipo dirigido por Sébastien Pocognoli.
Quien no suele economizar esfuerzos es Jude Bellingham, protagonista por su extraña celebración del 6-1. "Mucha gente dice muchas cosas. Puedes llorar o disfrutarlo. Les devolví la broma a los aficionados. Yo sé la verdad", explicó el internacional inglés, a propósito de su gesto, a modo de brindis. Apenas 72 horas después de ser obsequiado con varias broncas, el ex centrocampista del Dortmund pudo redimirse con el Bernabéu. "Siempre he dicho que los aficionados trabajan toda la semana, pagan para venir aquí y tienen derecho a hacer lo que quieran", finalizó.