A la nómina de celebridades neoyorquinas que cada verano escapan del calor sofocante de la Gran Manzana se ha sumado este año un nuevo vecino: Jon Rahm.
Beyoncé, Jennifer López o Steven Spielberg figuran entre los ilustres propietarios de mansiones en los Hamptons. El golfista español y su familia acaban de estrenar una casa en la zona para huir de las altísimas temperaturas de Phoenix durante los meses más duros del verano. Se trata de uno de los extremos de Long Island, un enclave natural donde conviven playas, centros comerciales de lujo y algunos de los campos de golf más exclusivos del mundo.
Entre ellos destaca Shinnecock Hills, probablemente el más famoso. Antes del US Open que empieza este jueves, ya había acogido el torneo en cinco ocasiones (1896, 1986, 1995, 2004 y 2018), pero su leyenda se ha construido sobre todo por otra razón: es considerado el escenario más temible de la rotación del major más duro del calendario.
Junto a Rahm, Ángel Hidalgo, otro de los cuatro españoles que competirán esta semana, ya lo ha sufrido. Rocco Repetto, el debutante malagueño de padre italiano y madre irlandesa, también. David Puig completa la delegación. El ambiente festivo que envuelve los primeros días del torneo va transformándose poco a poco en tensión. Las sonrisas desaparecen, las conversaciones se reducen y los gestos se vuelven más serios. El recorrido, que acaba de cumplir 135 años, se endurece con cada hora que pasa mientras el viento sacude la gigantesca bandera estadounidense que domina la casa club. Cada jugador, a su manera, intenta mentalizarse para el infierno que le espera.
El par, casi imposible
En 1896, James Foulis conquistó aquí el primer US Open con vueltas de 78 y 74 golpes en un campo que apenas alcanzaba las 4.423 yardas, unas 3.000 menos que las que afrontarán los 156 participantes esta semana. La USGA tardó nueve décadas en regresar a Shinnecock Hills. En 1986 venció Raymond Floyd, único jugador capaz de terminar bajo par.
Nueve años después llegó una de las victorias más memorables de la historia del torneo. Corey Pavin, uno de los pegadores más cortos del circuito, conquistó el título con el par total del campo gracias a una exhibición de precisión y resistencia. En 2004, Retief Goosen se impuso a Phil Mickelson y ambos fueron los únicos golfistas capaces de acabar por debajo del par.
Aquella edición dejó algunas de las imágenes más embarazosas que se recuerdan en un major. El domingo, el green del hoyo 7 amaneció tan duro y rápido que los primeros grupos eran incapaces de detener la bola sobre la superficie. Por primera vez en la historia, la USGA tuvo que regar los greenes en plena competición.
AP Photo/George Walker IV
La lección no fue suficiente. En 2018, con Brooks Koepka como campeón con un resultado de +1, volvieron a producirse escenas surrealistas. Mickelson, completamente frustrado, llegó a golpear una bola que aún estaba en movimiento sobre el green. El balance histórico es tan contundente como revelador: en cinco US Open disputados en Shinnecock Hills, únicamente tres campeones lograron derrotar al campo terminando bajo par. Los otros 651 participantes que tomaron la salida no fueron capaces de conseguirlo.
Por si fuera poco, los pronósticos anuncian viento para toda la semana, especialmente intenso durante las dos primeras jornadas. Todo apunta, sin embargo, a que la USGA moderará la tortura para evitar una masacre deportiva.
Rahm, sin hablar español
Rahm llega como número ocho del mundo, su mejor clasificación desde que se incorporó al LIV Golf. En 2018 no superó el corte, pero aterriza en Nueva York con más experiencia, más madurez y justo cuando cumple una década como profesional.
Resulta llamativo que, por primera vez, la USGA no haya incluido al español en las ruedas de prensa oficiales previas al campeonato. La decisión parece responder a una estrategia para mantener el foco en el torneo y evitar preguntas relacionadas con la liga saudí y su incierto futuro. Tampoco comparecerá Bryson DeChambeau.
Quien sí habló ante los medios fue el número uno del mundo, Scottie Scheffler, uno de los grandes favoritos al título. El estadounidense podría completar esta semana el Grand Slam de carrera: una victoria en Shinnecock Hills le permitiría añadir el US Open a una colección que ya incluye los otros tres majors. Aunque su dominio no ha sido tan aplastante como en las dos últimas temporadas, sigue ocupando, junto a Rory McIlroy, los primeros puestos en las apuestas.
El destino, siempre caprichoso, deja además una curiosidad estadística. Los tres últimos campeones del US Open en Shinnecock Hills comenzaron la semana ocupando el noveno puesto del ranking mundial. Si la tradición se mantuviera, Rahm, octavo del mundo, se quedaría a un solo escalón de cumplir el presagio. El elegido sería entonces el vigente campeón, el estadounidense J.J. Spaun.








