La selección de Suecia goleó este domingo por 5-1 a la de Túnez tras someterla desde los primeros minutos, y el triunfo le permite ponerse al frente del Grupo F, en el que Países Bajos y Japón empataron a dos goles.
Yasin Ayari, dos veces; Alexander Isak, Viktor Gyokeres y Mattias Svanberg marcaron para los suecos, mientras que para los africanos descontó Omar Rekik.
Los europeos comenzaron con dominio en mitad de cancha y en el minuto 7 tomaron ventaja con un remate de pierna derecha de Ayari, después de dos despejes del guardameta Moulhib Chamakh a los de Isak y Gyokeres.
Túnez reaccionó, empezó a crear peligro y así llegó un remate de Anis Slimane, despejado por el portero Kristoffer Nordfeldt, pero cuando mejor se veía, recibió un segundo golpe.
Gyokeres le sirvió un balón a Isak, quien apareció por la banda izquierda, se libró de la marca de Montassar Talbi para lograr el 2-0, con la complicidad de Chamakh.
Los suecos bajaron el ritmo al duelo; los tunecinos fueron pacientes y en el 43 descontaron con un gol de cabeza de Rekik, con asistencia de Hannibal Mejbri.
Un error garrafal de Ellyes Skhiri echó a perder un buen momento de las Águilas de Cártago en el partido. En el 60 perdió un balón, recuperado por Isak, quien se lo puso a su cómplice Gyokeres, anotador del 3-1 con un remate de derecha.
El gol le bajó el ánimo a los tunecinos, que en el 84 recibieron un cuarto gol. A los pocos segundos de entrar en la cancha, Svensson anotó a pase de Isak. Y el quinto llegó con un disparo de Ayari desde fuera del área con el tiempo ya cumplido.
La volea de Satriano fue una volea a la Liga. Tan brutal como inesperada, pero en mitad de un acto que era la radiografía del devenir del Madrid en la competición, errático frente a defensas cerradas y desquiciado en el desenlace. Pocas como la del Getafe, que hace de su muralla un lienzo. Un Madrid ya a cuatro puntos del Barça lanzado por Lamine Yamal, y un Madrid sin Mbappé, quebrado, y en el que no bastan ni la magia ni la ira de Vinicius. Hay Liga, dice la clasificación, aunque la pregunta que muchos se hacen en un Bernabéu entre la incomprensión y los pitos es si hay más tormento. [Narración y estadísticas (0-1)]
El desentendimiento entre Duarte y Boselli fue la única grieta que dejó el Getafe en el Bernabéu. Un error sacrílego para un tipo como Bordalás, al que critican y critican quienes no saben derrotarlo. No es el caso de Arbeloa. Desde luego, la forma no es la pelota al pie, porque siempre tiene un centurión de frente. Es la pelota al espacio, a los blancos que no existen en la defensa del Geta y que sólo los elegidos encuentran. Ese espacio lo regaló una vez el equipo de Bordalás, una sola vez, para que Vinicius, inyectado, cabalgara. El gol se cantaba en el Bernabéu, pero el único que cantó fue Soria, y no en el sentido peyorativo. Lo suyo fue el solo de un gran solista de la portería.
En todo el primer tiempo no volvió a encontrar Vini pradera. Tenía que correr en un bosque. Juan Iglesias, eficaz, lo llevó al límite, siempre con las ayudas que en el Getafe son puro catecismo. Arambarri o hasta Luis Milla las ofrecían, dos tipos con mucho oficio y fútbol de forja.
abundancia de centrocampistas
Vinicius lo intentó como el líder que se ha redescubierto en esta ausencia de Mbappé convertida en un misterio. Nadie sabe hasta cuándo ni dónde regresará. El francés hace cuentas, como otros, porque el Mundial se acerca y nadie se lo quiere perder. Vienen tiempos de jugar y administrarse, y no sólo para Mbappé. Al tiempo.
El brasileño tenía en el ataque la compañía de Gonzalo, pero el canterano no entendió muy bien cómo moverse entre los defensas del Getafe. La falta de balón le hacía retrasarse para conectar, cuando lo que el partido pedía para el Madrid era tirar desmarques para varear la defensa de Bordalás y provocar que aparecieran los espacios. La abundancia de centrocampistas restó profundidad por la derecha, donde Trent progresó menos de lo que el Madrid necesitaba. Arbeloa rectificó para dar entrada a Rodrygo en la segunda mitad.
Con una línea de cinco hombres y otra de cuatro, el Getafe se sintió cómodo en el Bernabéu, pese a la posesión casi permanente del Madrid. Eso complicaba su salida, es cierto, pero no le importaba. Cuando era capaz de conectar en el despliegue, llegaba con gente al área del Madrid. Sucedió en el gol, con Arambarri como ganador de un duelo aéreo con Tchouaméni y la siguiente volea de Satriano. Tremenda. Nada se le puede pedir a Courtois, el portero de los imposibles, ante el remate, durísimo, con el exterior, lo que le hizo, además, tomar un efecto mortal, como si la bota del uruguayo hubiera rociado la pelota con arsénico.
Vinicius protesta una acción.Manu FernandezAP
El gol fue mortificante para un Madrid que no encontraba los caminos, con poca movilidad de sus futbolistas y no siempre ganadores de los duelos, una de las especialidades del Getafe. Al margen de la ocasión de Vinicius, nacida del único fallo de su rival, únicamente había encontrado otra con la aparición de la magia de Güler. El turco realizó una 'ruleta' en el área y a su salida disparó para provocar la segunda buena parada de Soria.
El Madrid necesitaba acelerar y necesitaba otras cosas. De eso debió hablarles Arbeloa a los suyos en el vestuario y a eso se empleó también con los cambios. Carvajal, Huijsen y Rodrygo debían darle visión, empuje y conducciones. A continuación, se sumaría Mastantuono por la desesperación, finalmente expulsado, y Brahim. Huijsen acabó por ver una amarilla que le impedirá jugar en Vigo, otra vez con la defensa bajo mínimos. Mal asunto.
Uno de los sacrificados en los cambios fue Thiago Pitarch, el canterano que había sido titular por primera vez. Estuvo correcto sin más en un día espeso de los suyos, la continuidad de la derrota en Pamplona. Dos seguidas en la Liga. Demasiado.
El aumento de la intensidad y movilidad en el Madrid no le llevó a atacar mejor, sino a hacerlo desesperadamente, con ocasiones de Rüdiger y Rodrygo que tampoco replicaron Huijsen y Carvajal, mientras los pitos volvían a un estadio que no quiere más tormento.
Después de la contundente derrota contra el Barcelona en la final de la Supercopa de España, el Real Madrid de Carlo Ancelotti se enfrenta este jueves a otra final: los octavos de final de la Copa del Rey contra el Celta de Vigo. Otro fracaso provocaría la pérdida de dos títulos en apenas una semana, una situación casi límite para el conjunto blanco y su cuerpo técnico. A 24 horas del duelo, el italiano, en una rueda de prensa con cierta tensión, defendió su legado y el de la actual plantilla, que ha ganado Liga, Champions, Supercopa y Mundial en los últimos meses, y sacó su perfil más serio para surfear las preguntas de los medios.
"Es una plantilla con juventud, valentía y compromiso, aunque no siempre sea capaz de mostrarlo, pero sigo confiando en esta plantilla. Hace seis meses que hemos ganado la Champions. Y ha salido un mal partido y hemos perdido una final, pero hemos ganado muchas finales. A veces tienes que pagar la cuenta de todo lo bueno que has hecho y en este caso ha sido una cuenta cara, pero ha sido un partido", recalcó e insistió Ancelotti ante los medios.
El italiano recordó que "estamos dentro de todas las competiciones y lucharemos como siempre". "Todo el mundo puede opinar, pero total confianza en mis jugadores, sobre todo en los que ahora no están sacando su mejor versión", advirtió.
En el entrenamiento de este miércoles formaron parte del grupo Bellingham, Valverde y Mbappé, que ayer se habían ejercitado dentro de las instalaciones, y Camavinga, que sufrió un proceso gripal. Todos parecen listos para el duelo copero en el que se espera alguna rotación en el once madridista además de la portería, donde jugará Lunin. "Todos han recuperado bien, puede que haga algún cambio, pero sacaremos el mejor equipo posible", dijo, y analizó que el duelo de Copa es "una oportunidad importante de salir de un partido que nos ha dolido mucho. Es un rival que juega bien y esperemos que el equipo pueda tener una reacción fuerte tras el partido del otro día".
Cuestionado sobre las horas posteriores a la derrota del Barça, el análisis de la final y de los errores a nivel interno, Ancelotti aseguró que "esto es una rueda de prensa, no un debate", preguntado sobre si la derrota había sido cuestión "de fútbol o de actitud". "El debate lo hemos tenido con el cuerpo técnico, no aquí", declaró. "Es una falta de compromiso colectivo, no individual. Hemos hecho un mal partido a nivel defensivo en todas las líneas, no solo la delantera", continuó.
Sobre Tchouaméni, señalado tras el partido contra los azulgrana, el técnico admitió que la de central "no es su posición ideal". "Estoy convencido que lo ha hecho bien, lo dicen los datos, pero es pivote defensivo. En el momento en el que no tengamos la emergencia, volverá a su sitio como pivote".
Fue una rueda de prensa con tensión, en la que Ancelotti evitó contestar a preguntar sobre el mercado. "No te respondo", llegó a decir a un compañero que le preguntó sobre la necesidad de fichajes. "No me molesta nada", contestó a otro. "No hemos cambiado la idea del mercado, son charlas que hacemos con el club para tener el Madrid máximo competitivo. Hablar aquí de lo que yo hablo con el club no me parece correcto", insistió.
Para acabar, reconoció que no hace caso a las críticas. "No sigo la onda de la crítica, porque un día eres el mejor y otro el más tonto. Tengo equilibrio, si sigues la onda no sabes quién eres, ¿eres el mejor o el más tonto? No pienso que sea el mejor, pero tampoco el más tonto".
El Barça de Hansi Flick no baja el ritmo. El conjunto azulgrana, con dos tantos de Lamine Yamal, uno de Dani Olmo y otro de Pedri, se impuso a un Girona que le pasó por encima tanto en Montilivi como en casa la pasada temporada y que sólo pudo recortar distancias, por medio de Stuani, cuando el 0-4 ya se había encaramado al luminoso. [Narración y Estadísticas, 1-4]
La expulsión de Ferran Torres en el ocaso, una circunstancia que antaño podría haber puesto algo de suspense, no tuvo en esta ocasión influencia en un marcador que, con el 1-4 final, da algo más de lustre al grandísimo arranque de Liga barcelonista. Todo, en puertas de un primer partido en la Champions en la que los visitantes se medirán al Mónaco y los locales, al siempre temible PSG.
La presión asfixiante, uno de los sellos marca de la casa de Hansi Flick, le permitió a su Barça acosar muy seriamente la salida de balón de un Girona que trata siempre de salir jugando desde atrás. Pase lo que pase. Una apuesta arriesgada que, al final, le permitió a Lamine Yamal abrir el marcador cuando el duelo llegaba a la media hora de juego.
El joven crack azulgrana acosó a un David López que salía desde su propia área con el esférico en los pies tras saque de puerta de Gazzaniga, acabó por arrebatárselo y se plantó completamente solo ante el guardameta rival para abrir el marcador con el 0-1. Siete minutos después, sería el mismo Lamine Yamal quien metería más tierra de por medio. En esta ocasión, tras recoger una pelota rechazada por la defensa tras saque de falta de Raphinha y enviarla al fondo de la red tras superar como tal cosa todo un bosque de piernas.
Los azulgrana, además de mostrarse implacables en vanguardia, estuvieron también muy atentos en la zaga para cortar los intentos de los locales por buscarles la espalda. Tanto Pau Cubarsí como Íñigo Martínez se multiplicaron para cortar los intentos de sorprenderlos por parte de un Girona que pudo marcharse al descanso recortando en parte las distancias.
La primera opción para lograrlo fue un remate de Bryan Gil, completamente solo, que acabó por estrellarse en el cuerpo de Ter Stegen. La segunda, una acción que, en primera instancia, Muñiz Ruiz, muy criticado por los seguidores desde la grada, entendió como penalti por mano de Íñigo Martínez, pero que acabó siendo invalidada a instancias del VAR, dado que el esférico había sido impulsado justo antes por un intento de despeje de cabeza de Balde. Uno de los supuestos en que, de acuerdo con las directrices del Comité Técnico de Árbitros hechas públicas el pasado mes de agosto, el impacto en la mano no se considera infracción.
Si el Girona podía albergar alguna tímida esperanza de meterse en el partido tras el descanso, Dani Olmo se encargó de borrarla prácticamente de un plumazo muy pronto. El gran fichaje de los azulgrana con vistas a esta temporada le sacó un partido tremendo a un pase de Koundé a la espalda de la zaga local para, tras acercarse a la portería rival quizás un tanto escorado, culminar la jugada con un tremendo derechazo ante el que nada pudo hacer Gazzaniga.
Un gol que, además de llevar el 0-3 al marcador, prolongó el arranque dulce que está viviendo el jugador en su tan deseado estreno con el primer equipo barcelonista. Unas molestias físicas, no obstante, acabaron por provocar que dejara el terreno cumplido el primer cuarto de hora de la segunda parte, aunque sus comentarios con Flick invitan a pensar que prefirió tirar de precaución para evitar males mayores.
Pedri remata el trabajo
Con el de Terrassa ya en el banquillo, fue Pedri quien adelantó su posición para situarse como media punta mientras Marc Casadó y Eric actuaban como pivotes. Y será precisamente un pase diagonal del primero, buscando otra vez la espalda de la defensa contraria, la jugada que le permitiría al canario poner una distancia ya prácticamente insalvable. Con tranquilidad , aguantó la salida de Gazzaniga y envió irremisiblemente el balón al fondo de la portería gerundense a poco más de 26 minutos para el final del tiempo reglamentario.
Con el 0-4, el Girona, lejos de tirar la toalla, redobló sus esfuerzos para reducir distancias. Y acabó por lograrlo, con un remate de Stuani que, tras centro de un Portu que se deshizo como si tal cosa del intento de Ter Stegen por arrebatarle el esférico, supuso el 1-4. Un gol que, unido a la expulsión de Ferran con roja directa por una entrada peligrosa sobre Asprilla, contribuyó a darle algo de suspense a un final de partido en el que, a la postre, el marcador no ya volvería a moverse.