Las mil y una experiencias de Arteta: jugar en Escocia, ser compañero, ayudante y rival de Guardiola, casarse con una Miss y hasta apoderar a un novillero

Las mil y una experiencias de Arteta: jugar en Escocia, ser compañero, ayudante y rival de Guardiola, casarse con una Miss y hasta apoderar a un novillero

La frase de que el destino baraja las cartas, pero somos nosotros quienes las jugamos, se atribuye tanto a Shakespeare como al filósofo alemán Schopenhauer. No hace falta leerlos para jugarlas. Es lo que hizo el adolescente Mikel Arteta al dejar la Masía, lugar idílico al que le había invitado ese mismo destino. Con su decisión de irse al PSG, en realidad, lo desafió, como el Holandés errante condenado a surcar los océanos sin tocar jamás puerto. Cuando lo hizo con un regreso a la Real Sociedad para estar en San Sebastián, en casa, y evitar el divorcio de sus padres, nuestro español errante sufrió la maldición de la leyenda. Fracasó y volvió a los mares. Hay cosas que están escritas.

La toma de decisiones de Arteta, alejado de los días de vino y rosas del fútbol español, sin llegar a vestir un solo día la Roja de los mayores, le permitieron una suma de experiencias poco común, sintetizadas, hoy, a sus 44 años, en la figura de un entrenador moderno, intervencionista, iconoclasta y nada esclavo de sistemas o tradiciones, ni por su crianza en el Barça ni por el tiempo compartido en el banco con Pep Guardiola ni por las sensibilidades del Arsenal al que dirige.

El suyo es un equipo camaleónico, que juega en continuidad o en jugadas episódicas y que puede defender como no se defiende en la Premier, como lo hacía el Atlético del primer Simeone. En lucha por una Champions y una Premier que se comprime, Arteta lo controla todo en el Emirates. Es el mánager. Con ruido o sin ruido a alrededor, ahora en aumento, se ha ganado barajar las cartas.

Los golpes de mano

Con mirada de águila y barba de cubierta, Arteta combina bien la visión periférica y la acción, y eso se aprecia en el Arsenal que ha construido, táctico, pero sobre todo eficaz en los golpes de mano. El balón parado es únicamente un ejemplo. En una Premier bajo la colosal influencia de Guardiola, un entrenador español que pasó por la escuela azulgrana, ocupó su misma posición en el campo y fue su segundo en el Manchester City, podría entenderse como una réplica del catalán. No es así. El vasco sabe cómo dominar el juego, pero es más pragmático, más vertical, más metálico.

La relación entre ambos es una historia de encuentros y desencuentros. Cuando Arteta debutó en el Barça lo hizo, de hecho, para sustituir a Guardiola, en un partido europeo ante el Hertha Berlín. Tenía 16 años. Después del encuentro, Guardiola lo sometió a un tercer grado, le preguntó por sus sensaciones y le ofreció algunos consejos. Arteta lo recuerda, ya entonces, como el discurso de un entrenador. La cohabitación en el banquillo del City, 20 años después, fue como un máster. Cuando el vasco decidió irse, la relación se enfrió, dejaron de comunicarse, algo que, en plena disputa por la Premier, han vuelto a hacer. Las relaciones intensas son de ese modo. Con Guardiola no hay otra forma.

Guardiola y Arteta, antes de un partido.EFE

Es influencia no ha sido la única para Arteta, cuyo paso por varias ligas le ofreció una perspectiva muy valiosa. Cuando todavía no era mayor de edad, se encontró en el PSG a Pochettino, un cacique del área que, nada más llegar a París, lo apadrinó. Fue como un padre en el campo. En aquel equipo que dirigía Luis Fernández, todo un carácter, deslumbraba ya Ronaldinho.

Ni Xabi Alonso, ni Cesc

La experiencia en el PSG, al que fue cedido, fue incomparable a la que tuvo en Ibrox Park. Los años en el Glasgow Rangers fueron realmente los que le curtieron, por la adaptación al altísimo rito de juego, con más nivel físico, y los balones aéreos. Cuando llegó al Everton y al Arsenal, ya dominaba todos los códigos de las islas, sin haber perdido los de su origen. No había podido ser Guardiola, tampoco Xabi Alonso, al que se planteó sustituir sin éxito en su año de regreso a la Real Sociedad, ni Cesc Fàbregas, leyenda en Highbury como en el Emirates. Pero había logrado reunir en su diario los secretos de todos ellos.

Parte de esas anotaciones trasladó a los lectores de EL MUNDO durante dos años, mientras jugaba en el Everton, bajo el epígrafe de Corresponsal en la Premier. No era un futbolista en una burbuja, sino alguien con una tremenda curiosidad por todo lo que pasaba a su alrededor. «Siempre he sido un poco guindilla», admite. Jugaba en la Premier y vivía Inglaterra, donde acabó por formar su familia junto a la ex Miss España Lorena Bernal. Escribía, montaba negocios y llegó a apoderar hasta a un joven novillero de Chiclana de la Frontera, Jesús Vela, junto a Gabi Heinze, por petición de Lorenzo Buenaventura, un mago del sur en la preparación física y la fisioterapia. Para muchos, incluido Areta, un oráculo.

Arteta celebra un gol con el Everton.GETTY

Penaltis y comidas

Entonces estaba en uno de los epicentros de la Premier, ya que a Liverpool llegaron Rafa Benítez, Pepe Reina, Xabi Alonso y Fernando Torres para relanzar a su gran rival. De nuevo, los reencuentros. Reina había sido su compañero de litera en la Masía, del que todavía no ha podido olvidar sus ronquidos. Durante el tiempo compartido en Liverpool, se jugaron más de una comida en tandas de penaltis, aunque nunca le lanzó uno en partido oficial.

Con Xabi Alonso había jugado en el Antiguoko, club de San Sebastián en el que también coincidió con Andoni Iraola, que antes de irse al Athletic de Bilbao apura sus últimos días al frente del Bournemmouth, ante el que recientemente Arteta sufrió una derrota clave en el Emirates (1-2) que apretó la lucha por la Premier, después de haber tenido una amplia ventaja.

Primera Premier en 22 años

La caída en el Etihad (2-1) frente al City de Guardiola igualó el pulso, siempre que los citizens ganen su partido aplazado. Antes del duelo con el Atlético, el miércoles, el Arsenal mantuvo sus constantes vitales ante el Newcastle (1-0), lo mismo que hicieron los de Guardiola, seguramente en su último año antes de tomarse un tiempo sabático para dirigir a una selección. Quiere hacerlo con su séptima Premier y Arteta quiere ganar la primera en 22 años para el Arsenal.

Ambos se conocen hasta los huesos, saben sus secretos. Simeone estudia al detalle a Arteta, después de caer por 4-0 ya este año en la liguilla. No parece, hoy, el mismo Arsenal, pero mejor no fiarse de este español errante que puede jugar a toda vela o emboscar a su equipo entre la niebla.

kpd