El gol de Mbappé, como siempre, le salvó el cuello, como es habitual, al mediocre Xabi Alonso. Además, con la ayuda clara de Vinicius, que provocó dos expulsiones en el Getafe. Aún así, miren si tácticamente Alonso es un peligro que el Getafe, con dos menos, pudo empatar el partido si no es por Courtois.
Es tan malo el Madrid de Alonso, dada la calidad de sus jugadores, que jugando más de 10 minutos con dos más no creó ni una situación de gol. Jugaba andando y con la soga del ahorcado siempre por terror a lo azul. No sé, pero el Madrid huele mal.
De inicio, otra alineación increíblemente desequilibrada, un despropósito de Alonso, que en la actualidad, desde la goleada en el Metropolitano, esta con más dudas que nunca. Conozco ya a bastantes que no creen en el técnico blanco y que será casi un milagro que el Madrid gane un raquítico título.
Para empezar, qué hacía Alaba en el equipo. Es un ex-.jugador, lento, parsimonioso, absolutamente vulnerable. Por hacer un equipo suplente muy bueno, lanza a Camavinga al desastre, porque no es ni centrocampista ni es nada, inutilizado además tácticamente por un Bellingham que ya no debe jugar en el Madrid. Añádase que Carreras se ha convertido en una indigestión por la banda.
Por si fuera poco, gracias a la presión de José Angel Sánchez y de su amigo, el “que cae bien Solari“, se empeñan en Mastantuono, un petardo de jugador, que se cae, no hace más que perder balones y es mediocre. Además, está cojo, la pierna derecha es de adorno. Que lo cedan o que lo vendan. Es un crimen que, mientras tanto, esté Brahim de suplente.
Por si fuera poco, a Rodrygo no le salió absolutamente nada y la conexión con Mbappé fue insignificante. Cómo puede cometer Alonso el pecado mortal de dejar fuera a Arda Güler, que es el que hace que Mbappé sea un goleador superlativo.
Son muchos pecados mortales del técnico blanco con un Getafe que, simplemente, no te deja jugar, que tiene un terreno de juego pequeño y que de todo lo que propuso el donostiarra, no le salió nada.
Toda una historia histriónica, al borde de la desesperación, porque los nuevos concursantes del donostiarra son la Juve y el Barcelona. En estos dos partidos, sabremos si Alonso se come el pavo de la Navidad.
El Real Madrid empató en Villarreal, algo que está lejos de ser preocupante para el conjunto blanco ahora mismo, pero encajó cuatro goles, su máximo de la temporada, golpeado una y otra vez por el noruego Sorloth, superior a Militao y autor de un póker extraordinario ante Lunin. Arda Güler siguió protagonizando el final de la temporada madridista y anotó dos goles, dos diamantes, para pulir su diamante, uno que comienza a brillar con luz propia.
Si Ancelotti quería utilizar este partido solventar alguna duda sobre la alineación de cara a la final de la Champions, los tantos de Sorloth, todos sobre la defensa de Militao, pueden haber decidido el once madridista ante el Dortmund. La actuación de Lunin, otras veces notable y esta tarde terrenal, tampoco le ayudan en su pelea por el puesto con Courtois. El belga, que será titular en el último duelo liguero ante el Betis, tiene todos los billetes para ser el guardameta en Londres.
Después de salir con su once favorito el martes ante el Alavés, Ancelotti volvió a darle la vuelta a la tortilla de su alineación fuera de casa para otorgar minutos a gran parte de su unidad B. Lunin, Lucas, Militao, Fran García, Ceballos, Modric, Brahim, Güler, Joselu... De todos ellos, los focos fueron para el joven turco, iluminado por el destino. Güler ha tirado seis veces a portería en esta Liga... Y las seis han sido gol. A sus 19 años, el final de la Liga madridista es suyo.
En el minuto 13, y después de un primer intento de Sorloth que Lunin rechazó al palo, Güler puso el primero para el Madrid. Brahim vio su desmarque hacia el área y el turco no tembló a la hora de controlar y cruzar la pelota ante Jorgensen. Fácil. Sin pensar.
En el 30, Joselu aprovechó un buen centro de Lucas para poner el 0-2 ante un Villarreal que se jugaba seguir peleando por el puesto que da acceso a la Conference League. A los de Marcelino les costó entrar en el partido, buscando las contras ante un Madrid lento pero sólido en la primera media hora. El submarino sólo encontró resquicios cuando los blancos cometieron errores.
Así llegó el 1-2. En el 38, Ceballos falló en su propia área, perdió el balón ante Mosquera y éste puso un centro que Sorloth cabeceó por encima de Militao, haciendo inútil la estirada de Lunin.
El tanto no cambió el plan del Madrid, que se notó cómodo con el balón a pesar de la poca necesidad del partido. Como en Granada, los blancos crecieron a partir de Modric, Brahim y Güler, y de sus botas salió el 1-3 apenas un minuto después del tanto del Villarreal. Modric encontró a Brahim, éste dejó un taconazo a Lucas y el lateral, con un desmarque de derecha a izquierda, cruzó el balón con la zurda para batir a Jorgensen.
No se quedaría ahí el olfato madridista en la primera parte. Rozando el descanso, Güler volvió a tocar la red rival. Recibió dentro del área, algo escorado, se perfiló y superó al guardameta rival con una buena definición de zurda. 6 goles en 6 disparos a puerta.
El descanso relajó del todo al Madrid, que se confió ante un equipo que ofreció mucho más que el Granada. La derrota del Betis ante la Real Sociedad ofrecía al Villarreal la posibilidad de acercarse a la Conference si ganaba, y los castellonenses pelearon por su suerte. En el 47, Sorloth volvió a ganarle un salto a Militao y cabeceó perfecto un centro de Gerard Moreno. Lunin volvió a volar, pero sin los brazos suficientes como para detener la pelota.
Sería el inicio de la locura noruega. El delantero anotó tres goles en nueve minutos. Uno en el 47, otro en el 51 y otro en el 56. Los tres ante Militao. Su tercer tanto, el 3-4, resultó tras un buen corte del central brasileño a un disparo del noruego, pero el balón le quedó franco de nuevo al delantero para batir a Lunin en el mano a mano.
El último, el cuarto, sí que llegó tras una pequeña debilidad de Militao. Guedes asistió al hueco a Sorloth y Militao no estuvo lo suficientemente rápido como para cortar o evitar el remate de su rival, que de primeras y con la zurda batió a Lunin con un disparo cruzado.
Los cuatro goles elevan a Sorloth en la carrera por elPichichi. El noruego lidera ahora la clasificación con 23 tantos, dos más que Dovbyk y cuatro por encima de Bellingham.
El 4-4 llegó con media hora por delante, así que Ancelotti decidió asentar su defensa. Entró Nacho y se retiró Militao, esperando que las dos semanas que quedan hasta Londres cambien un poco sus sensaciones. Ancelotti introdujo a Rodrygo para activar un poco su ataque, pero el partido murió en la pausa general.
Arda Güler fue de lo poco presentable, si es que lo hubo, en el impresentable Madrid del Metropolitano. Fue el actor principal en el espejismo blanco, con una asistencia y un gol, y en el baño de realidad, al cometer un penalti sin saber muy bien lo que hacía. El derbi puso en cuestión buena parte de los argumentos de la reconstrucción de Xabi Alonso, especialmente la solidez defensiva. Pero no la apuesta por un jugador especial, aunque ante el Atlético el turco no estuviera en el lugar donde nada escapa a la percepción de su mirada perdida. De vuelta a los medios, en el partido de curarse las heridas ante una cenicienta de la Champions, Güler fue como el Betadine.
Una vez bajó el ímpetu del Kairat Almaty y el Madrid movió la pelota, quedó claro cuál es el futbolista que le ofrece la mejor dirección en las transiciones ofensivas. Cuanto más centrado, más amplía su prisma. Güler recibe, se gira y pasan cosas, cosas distintas. Mbappé, que ha marcado cinco de los siete goles del Madrid en los dos partidos de Champions, es el que mejor lo ha entendido en este inicio de curso, con movimientos intencionados en cuanto recibe el jugador turco, lo que ha propiciado ya una interesante conexión para el Madrid. Mbappé habla el mismo idioma que Tchouaméni, pero cuando la pelota llega al mediocentro francés, no pasan cosas distintas.
Es posible que Güler no tenga todas las condiciones que se exije a un pivote, rol que, ayer, realizaron Thouaméni y Ceballos, pero, con semejante visión de juego, cuanto más campo tenga en el periscopio, mejor. No son comparables, porque no lo es, por ahora, el rango de los jugadores, pero es la misma razón por la que Hansi Flick coloca a Pedri en la base del juego, en lugar de adelantarlo a la zona de los interiores, donde suele jugar con la selección. En las dos posiciones es sobresaliente. En la segunda, está más cerca del gol, pero en la primera impone su personalidad al juego.
La de Güler, de 20 años, está por formarse en el terreno de juego, después de un tiempo extraño, de adaptación, desencuentros con Ancelotti e inseguridades. Todo indica que Xabi Alonso se ha puesto a la tarea, en el intento de construir un Madrid más coral, y esa es la razón por la que pierde pie Valverde, el rey de las conducciones. Xabi quiere combinación, velocidad y presión. Las necesita, porque no en todas partes, como en los apeaderos de la Liga o la Champions, basta con el solista Mbappé.
El Madrid es el líder de la Liga y Xabi Alonso ha llegado para ser el líder del Madrid, el líder del juego, se entiende, no el líder máximo. La primera crisis del equipo blanco, porque de ese modo se califica en el Bernabéu a una serie de dos partidos sin ganar, no es tanto la del líder que todavía manda en la tabla como la del líder que pretende ser su entrenador. La atonía del Madrid en Anfield y en Vallecas apuntan a una acelerada descompresión del conjunto que propuso con fuerza el sorpasso en el fútbol español tras dominar el clásico ante el Barça.
La reacción de Xabi Alonso, más allá de sus comprimidas palabras y llamadas a la «mesura», no ha sido suficiente, como si no tuviera un plan B, como si la parálisis hubiera afectado, asimismo, al banquillo. Liverpool y Rayo no recibían al Madrid en su mejor momento. Irregulares los primeros en la Premier, los rayistas acababan de celebrar una remontada ante el Lech Poznan, pero su último resultado en Liga había sido un 0-4 frente al Villarreal en el mismo escenario.
Cualquiera de los dos resultados, derrota y empate, por separado habría tenido coartada, fuera el nivel del rival en el caso de los ingleses, o los antecedentes del Madrid en Vallecas, donde esta temporada también ha empatado el Barça. Los dos resultados encadenados crean, en cambio, una tendencia, mala para Xabi Alonso.
lesiones y cambios
Obligado a realizar cambios por la lesión de Tchouaméni, convertido en la boya del juego posicional que el tolosarra desea, Xabi Alonso retrasó a Güler en Vallecas. El futbolista con mejor visión para el último pase estaba demasiado lejos de la portería contraria, hecho que, además, rompió la excepcional conexión del turco con Mbappé.
El delantero francés estuvo ausente, tanto que únicamente tocó 11 veces la pelota en el primer periodo ante el Rayo. En su caso, no hubo diferencias con el partido que realizó en Anfield, donde estuvo desaparecido. No es casual que en esos dos encuentros el Madrid no consiguiera ni un solo gol, ya que Mbappé ha marcado el 52% de los tantos de los blancos esta temporada, 13 de 26 en Liga, la mitad exacta, y seis de ocho en Champions. En la posición de 9, hablamos de un finalizador que se resiente del mal juego de los suyos, por supuesto, pero al que en los dos últimos partidos se le ha observado desconectado, sin la rebeldía necesaria para generar ocasiones de la nada, como se espera de un futbolista de su jerarquía. Con sus luces y sombras, lo que hace Vinicius.
El brasileño y el entrenador dieron por cerrado el episodio del clásico, aunque con las dudas que generó su comunicado, sin mencionar explícitamente al técnico. Un caldo de cultivo peligroso si la duda acerca de su trabajo germina en el vestuario. Vini, su entorno y buena parte del club no han entendido alguna de sus suplencias y cambios. En definitiva, la pérdida de la condición de titularísimo. Lo mismo siente Valverde, anclado de momento al lateral, con Carvajal lesionado y Trent en el banquillo.
Xabi Alonso, el domingo, en el estadio de Vallecas.EFE
Pese a observar a un Madrid sin gol y con un Mbappé ofuscado, Xabi Alonso no utilizó a Gonzalo, su gran hallazgo en el Mundial de clubes, donde demostró valentía ante las jerarquías, pese a la lesión del francés. Endrick, por su parte, parece olvidado, a la espera de una cesión. En ataque, además, el técnico todavía no ha definido con claridad la banda derecha, en la que su preferencia es Mastantuono, lesionado. En Vallecas apareció Brahim y después Rodrygo. Ninguno funcionó. No es únicamente una definición de hombres, también de sistema.
Bajada de Huijsen
La inclusión de Camavinga en el centro del campo, para pasar de un 4-3-3 a un 4-4-2, funcionó ante el Barça, pero no en Anfield. En Vallecas, el francés sustituyó a su compatriota Tchouaméni, pero Xabi Alonso acabó por llamar a Ceballos, y es que la crecida del Rayo podría haber supuesto algo peor. Lo mismo ocurrió con Militao, que empezó en el banquillo para dar minutos a Asencio y tuvo que entrar debido a la tarjeta amarilla e inseguridad de Huijsen. El central ha bajado en su rendimiento con respecto a su autoritario inicio.
Orden, meritocracia e intensidad en la presión fueron constantes que el Madrid apuntó en el Mundial de Clubes, pese a caer con un PSG mucho mejor, y empezó a consolidar en el arranque del curso. Todo progresaba adecuadamente en busca de un equipo dominante, que presione en campo del rival y tenga el control del juego a través de la posición, con sus centrales avanzados, como quiere Xabi Alonso. Un nuevo Madrid, en definitiva. Sin embargo, la abrupta desconexión en el Metropolitano y en Anfield y Vallecas, con el paréntesis del clásico, abre dudas que escalan hasta la cúpula del club, aunque con mesura, como pide Xabi Alonso, al que esperan dos largas semanas, por el parón, y tres visitas a domicilio: Elche, Girona y Olimpyakos. Después será el turno del revitalizado City de Guardiola en el Bernabéu. Otro grande. Otra prueba.