El futbolista de la UD Las Palmas Kirian Rodríguez ha anunciado este jueves que ha superado el linfoma de Hodgkin que le fue diagnosticado hace cinco meses, y ya cuenta con el alta médica para hacer “vida normal”, por lo que recuperará su ficha profesional con el dorsal 20 del equipo isleño.
El jugador tinerfeño ha comparecido ante los medios informativos 163 días después de comunicar que padecía la citada enfermedad, frente a la que ha mantenido una actitud positiva, para exponer que los médicos ya le han dado el alta y el club le devolverá la licencia profesional como uno más de la plantilla.
En un breve acto en el que han estado presentes sus compañeros, así como el cuerpo técnico y el presidente de la entidad, Miguel Ángel Rodríguez, el jugador ha dicho que “sobran las palabras de agradecimiento a los servicios médicos, a todos mis compañeros, que no me abandonaron en ningún momento, y a mi familia” por el trato que le han dispensado desde el pasado mes de agosto.
Proceso de adaptación
“Los médicos me han dicho que puedo volver a hacer vida normal, laboral y social, a ver si me dejan salir un poquito de casa -ha bromeado-, y estoy muy contento por ello. Espero llevar un proceso de adaptación para ponerme en forma, porque esta gente va en moto -refiriéndose a sus compañeros-, y espero estar lo antes posible para poder aportar tanto dentro del campo como fuera”, ha indicado el jugador en su emotivo comunicado, sin atender a preguntas.
Kirian, de 26 años, dio el primer paso el pasado 29 de diciembre al reincorporarse al trabajo de grupo, con tareas parciales, en el regreso a los entrenamientos del equipo amarillo tras el parón navideño, y justo dos semanas después el jugador ha anunciado la noticia más esperada.
El entrenador de la UD Las Palmas, Xavi García Pimienta, ha dicho en la rueda de prensa previa al partido del próximo sábado en Ibiza que no van a meter “ningún tipo de presión” a Kirian, y que su “día a día” indicará cuándo podrá reaparecer sobre el césped: “No nos vamos a marcar ninguna fecha, meterle presión sería equivocarnos, y ojalá esté pronto“.
El Giro de Italia 2025 tuvo una de las resoluciones más inverosímiles y emocionantes de la historia del ciclismo. Mientras Isaac del Toro y Richard Carapaz se controlaban, Simon Yates (Bury, Inglaterra, 1992), fuera de todas las quinielas, les sorprendió con una hazaña en las rutas sin asfaltar del Colle delle Finestre para ganar la segunda grande de su carrera tras la Vuelta a España de 2018. Todavía asombrado de lo conseguido, el británico del Visma atiende a ELMUNDO en el Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone de Roma, minutos antes de desvelarse el recorrido de la 109 edición, en la que todavía no sabe si volverá para defender su maglia rosa.
¿Qué supuso para su carrera la victoria en el pasado Giro?
Creo que, sin duda, es el momento cumbre de mi carrera. No me imagino logrando algo más que esto. Creo que tengo que ser realista, ya sabes, si quisiera aspirar al Tour de Francia, no sería posible ganar allí con superestrellas tan grandes. Así que sí, ganar el Giro es algo con lo que... soñaba. Sí, no creo que sea algo superable.
Fue algo así como una revancha para usted, tras perderlo en 2018 con Chris Froome, también en Le Finestre.
Vine por primera vez en ese 2018, estuve muy cerca y fallé en el paso final. Los años después estuve lejos. Pero algo en mi mente me llevaba a volver a intentarlo.
La ascensión a Le Finestre ya quedará para siempre asociada a su nombre.
Creo que sí. Pudiste ver que tenía todas las emociones desatadas cuando crucé la línea de meta. Normalmente no soy una persona muy emocional, pero lograrlo y hacer eso fue, sí, increíble.
¿Siente que nadie contaba con Simon Yates antes de empezar esa etapa, que sólo se hablaba del duelo entre Del Toro y Carapaz?
Por supuesto. Pero yo también tenía un plan ese día y el equipo tenía el planteamiento de intentar algo. Y también dije: «Nadie me está vigilando, así que quizá si, hay un momento de duda, puedo aprovecharlo». Y así fue.
¿Ha podido ver la etapa repetida en televisión? ¿Cómo explica lo del Del Toro y Carapaz?
Claro. Nunca se sabe qué pasa por la mente del ciclista en ese momento, pero creo que cuando vi a Carapaz, ya ganador de un Giro antes, se notaba que estaba dispuesto a arriesgarlo todo. Y luego, Isaac, un corredor obviamente joven, pero que también buscaba ganar. Esa batalla táctica por detrás fue lo que pude aprovechar. Increíble.
¿Cuál son sus objetivos para el próximo año? ¿Volverá al Giro?
Todavía no lo sé. Tuvimos reuniones la semana pasada con el equipo y todavía estamos discutiendo los detalles, no solo para mí, sino también para las compañeros, Jonas (Vingegaard) y los demás. Lo sabremos pronto.
¿Por qué diría que el Giro es especial, diferente?
Lo es. Es una carrera mucho más agradable para mí. Me refiero al ambiente. Es un poco más relajado, un poco más, digamos, apasionado. A veces siento que el Tour de Francia puede ser más como un negocio. En el Giro, ya sabes, mantiene la pasión de la afición y... Creo que todos los corredores lo sentimos.
¿Cómo fue su infancia y cómo recuerda su formación en el velódromo?
Tengo muy buenos recuerdos. A veces pienso en volver e intentar correr en la pista, pero ahora creo que quizá van demasiado rápido para mí. Ahora están muy especializados allí, y sería difícil.
¿Cómo era la relación con su hermano gemelo Adam? ¿Competían mucho?
No. Teníamos peleas fraternales, pero siempre nos hemos llevado muy bien, y hoy en día seguimos hablando casi a diario. Así que somos muy cercanos.
¿Y quién era su ídolo cuando era un niño?
En realidad, nunca tuvo ningún ídolo de verdad durante mi infancia.
Para quien no le conozca más allá de la bicicleta, ¿cómo es Simon Yates?
Soy una persona muy tranquila. Siendo sincero, fuera del ciclismo, es difícil hacer mucho más si eres profesional. Es difícil encontrar tiempo, pero fuera de temporada me gusta viajar por el mundo. Me encanta ver cosas diferentes y explorar lugares que nunca había visto, así que siempre lo espero con ilusión a final de año.
Más deporte
LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN
@LNvillaveiran
Actualizado Viernes,
8
diciembre
2023
-
23:48Ken Stornes supera los 34,25 del francés Côme Girardøt en un deporte...
P-E-S-E-T-E-R-O. En letras mayúsculas, el calificativo encabezaba un billete de mil pesetas tuneado, con el rostro de Luis Figo. El póster había sido editado por el periódico Sport, entonces el mejor tensiómetro del barcelonismo, ante el regreso del portugués al Camp Nou después de una marcha de telenovela, con llanto, despecho, dinero y mentiras, al Real Madrid de un ecléctico Florentino Pérez. Poco se sabía entonces de aquel candidato con aspecto de registrador de la propiedad que iba a cambiar el fútbol. Muchos socios se llevaron el póster a su asiento y lo levantaron cuando saltó el equipo blanco al césped, en mitad de un napalm acústico con la contribución del speaker azulgrana y su deliberada paradinha al llegar al nombre del delantero mientras recitaba la alienación madridista. Otros hinchas lanzaron copias reducidas del póster y billetes caseros fotocopiados. Fue lo más inocuo que escuchó y cayó sobre Figo en una noche que, 25 años después, no ha concluido, como quedó claro la semana pasada en Montjuïc, una coral del rencor: «¡Ese portugués...!»
Este mes de octubre se cumple un cuarto de siglo del clásico de la ira y la vergüenza, inmortalizadas, dos años después, en otro partido con Figo en la diana, por la cabeza de cochinillo, boca arriba sobre el césped del Camp Nou. El clásico disputado el 28 de octubre de 2000 fue resuelto con victoria por el Barcelona (2-0), con un primer gol de Luis Enrique, conectado a Figo en el voltaje amor-odio. Eran como el chile y la pimienta en la misma olla: el Camp Nou. El euro sustituyó a la peseta al año siguiente, pero el rencor permanece como moneda de cambio en las transacciones emocionales entre el Barcelona y el portugués. Es mutuo. Incluso quienes ya no usaron la peseta, nacieron después de aquel 21 de octubre de 2000 o jamás han probado un buen cochinillo, tienen la convicción entre la gent blaugrana de que Figo fue un pesetero, convertido ya en el icono de la traición que todo relato necesita, desde la Biblia al Barça.
Ni Schuster ni Laudrup
Milla, Schuster, Laudrup... Ha habido más casos de grandes jugadores que cambiaron el Camp Nou por el Bernabéu en la era moderna, sin necesidad de remontarse a Zamora, y ninguno fue ajeno a las controversias. Todos, sin embargo, han vuelto a Barcelona sin ira con el paso del tiempo, incluso reconocidos por los aficionados por su contribución al club azulgrana. «¡Tú, no!», espetó Hristo Stoichkov a Figo en un programa de Univisión, en el que le preguntó si le insultaban en la ciudad. El portugués dijo: «A lo mejor me insultas tú».
«Figo estaba encantado con su vida en Barcelona, él y su familia, y ahora prácticamente no puede volver sin que le escupan. Laudrup explicó en una rueda de prensa por qué se marchaba. No aguantaba más a Cruyff. Schuster había tenido muchos problemas con Núñez. Figo, en cambio, no ha sabido explicar en todo este tiempo cuáles fueron las razones que le llevaron a irse al Madrid, con sinceridad, sin mentiras. Al contrario, se ha comportado siempre de forma soberbia, y el tema se ha enquistado», explica Josep Maria Casanovas, fundador y editor del Sport durante la era dorada del rotativo, y uno de los creadores de opinión que mejor pulsaban la sensibilidad barcelonista.
Figo, en su regreso al Camp Nou, en octubre de 2000.MARCA
"Es alguien de sangre caliente"
«Ha quedado como el traidor de nuestra historia, mientras que a Laudrup y Schuster les piden autógrafos en la ciudad», continúa Casanovas, pionero del marketing y las promociones ligadas a un club de fútbol. Sport recibió críticas de muchos sectores por aquel póster de Figo, que todavía puede comprarse, como un fetiche para muchos barcelonistas. «Éramos un periódico valiente, que creaba mucha opinión, y cuando eres valiente siempre estás expuesto a las críticas. Las asumimos», contesta su antiguo editor, hoy «semiretirado».
Casanovas cree que «si Figo no hubiera venido con la UEFA a Montjuïc [con motivo del partido de Champions Barcelona-PSG], habría tenido algún altercado, y eso es un problema, porque hablamos de alguien de sangre caliente».
El portugués ha dado sobradas pruebas de ello. Se agarró los genitales y se encaró con un aficionado que le llamó «traidor», cuando se disponía a acudir a la cena de gala previa a la final de la Champions femenina, el pasado mayo en Lisboa. Semanas antes, había mantenido un escabroso careo con Toni Freixa, ex directivo azulgrana, en las redes sociales. Ante el duelo en semifinales de la Champions masculina con el Inter, el portugués dijo que era fan del club italiano, en el que jugó tras dejar el Madrid y con el que también regresó al Camp Nou. Freixa reaccionó con un «de cerdo y de señor se ha de venir por naturaleza». Figo no bajó el listón en la réplica: «Saliste de la tumba con la boca llena de mierda. Hueles mal».
Billete lanzado al Camp Nou.
Disputas con Florentino y Pedro Sánchez
La frontalidad, incluso desafiante, es un rasgo de su personalidad que Figo no sólo ha mostrado en las disputas con el Barça. También en sus irónicas opiniones políticas, muy crítico y vitriólico en general con la izquierda española, pese a ser ciudadano portugués. En concreto, con Pedro Sánchez, sea por la pandemia, la exhumación de los restos de Franco o la Ley de Amnistía, por ejemplo.
Las discrepancias han llegado también con el hombre que lo llevó al Madrid. «Yo me caso con nadie», suele decir, aunque ha reconocido que «por hablar de política tengo más enemigos, aunque no me dan de comer. Dedicado a los negocios, con inversiones hoteleras, y a labores de representatividad en el fútbol, como sucede con la UEFA, Figo, a sus 52 años, tiene más visibilidad que muchos futbolistas de su generación.
¿Una provocación de Ceferin?
La presencia de Figo en la delegación de la UEFA liderada por Aleksander Ceferin no fue muy comprendida por pesos pesados del entorno azulgrana. «Tuvo un punto provocador», señala un ex directivo. El portugués es miembro del Board del organismo, uno de sus embajadores, pero eso no implica que su presencia sea siempre necesaria. A Joan Laporta no le quedó más remedio que reprimir su perfil de hincha para dar la bienvenida a Figo al estadio, mientras Joan Gaspart, el ex presidente que sufrió su marcha y, en su opinión, el «engaño» y la «traición», podía permitirse el desahogo.
Gaspart, como muchos barcelonistas, no ha olvidado los cánticos de Figo, en el balcón de la Generalitat, en 1998: "¡¡Blancos, llorones, felicita a los campeones"!! El cántico le convirtió en un icono en Barcelona. Dos años después, recibía el Balón de Oro en el Bernabéu básicamente por los méritos contraídos en su último año como azulgrana, además de con la selección lusa.
Figo, junto a Aitana Bonmatí, en Montjuïc.Siu WuEFE
Con el caso Negreira pendiente en Nyón y la multa rebajada por las palancas que la UEFA no ve como LaLiga, Laporta necesita engrasar la relación con un Ceferin al que le gusta marcar territorio. Quizás con una salida del Barça de la Superliga.
"Si vendes a tu mujer pagamos bien"
Sentado junto una tensa pero diplomática Aitana Bonmatí, Figo escuchó en Montjuïc el insulto de catálogo inmortalizado con Cristiano. Una minucia si se compara con todo lo dedicado a él y a su esposa, Helen Svedin, hace 25 años. "Si vendes a tu mujer pagamos bien". "¿Harías lo mismo con tu hija?". Fueron algunas de las pancartas que el club retiró preceptivamente, pero después de dejar que se desplegaran lo justo para ser captadas por las televisiones, Figo y el resto de los jugadores del Madrid, cuyo autocar atravesó el estrecho túnel que daba acceso al Camp Nou como un carro de combate en Mogadiscio. Una piedra impactó en los cristales cerca de donde se sentaba Vicente del Bosque, impertérrito.
Cosas difíciles de olvidar, en definitiva, en un partido para el olvido. Decía Josep Pla que "el cultivo de la capacidad del olvido es algo excelente para saber vivir", y pocos sabían tanto de su gente y de lo peligrosa que es la palabra traición. Quizás también conviene que Figo lo incluya entre sus lecturas.