«Lleno absoluto en Las Américas. 4.500 almas apoyarán la noche del miércoles a la Escuela. ¡Qué orgullo de la ciudad! Gracias Parla, por vuestro apoyo». Así proclamaba su felicidad la junta directiva de un grupo humilde dispuesto a firmar un hecho histórico en su corta trayectoria. El Parla Escuela Fair Play por primera vez se enfrentará a un equipo de Primera División. Una fiesta generada por las tempraneras eliminatorias de la Copa del Rey que atesoran increíbles sorpresas, bendicen a los más modestos y alivian angustiosos presupuestos.
El Parla Escuela, que recibirá este miércoles (21.00 horas) al Valencia, el colista de Primera, alcanzará una notoriedad insospechada para los seguidores de un club fundado en 1.989 con la finalidad de desarrollar una labor social y contribuir a la formación humana y deportiva de la infancia y juventud de esa localidad madrileña.
En los últimos años, la entidad ha experimentado un gran crecimiento en el número de deportistas inscritos y en la lista de socios. Uno de los momentos más importantes de su historia fue la fusión, en 2021, con el CD Fair Play Parla, convirtiéndose en el quinto club de fútbol de la Comunidad de Madrid con más jugadores, cerca de 1.000, distribuidos en más de 50 equipos. El primero es entrenado por Adrián Sotelo, Popler, que intentará sorprender a un equipo de Rubén Baraja que acumula decepciones en Primera y que el pasado domingo empató (1-1) con el Getafe.
El Parla Escuela se ha especializado en la formación de jugadores, por sus filas han pasado varios que han llegado al profesionalismo, como José Ignacio Zahínos (Atlético, Elche, Recreativo), Javier Camuñas (Osasuna, Villarreal) y Tomás Pina (Mallorca, Villarreal, Alavés). Habitualmente, ojeadores del Real Madrid, Atlético, Rayo, Getafe y Leganés visitan las instalaciones del Campo de las Américas.
Formar y crecer con valores, es filosofía de este club. «Intentamos luchar contra toda clase de discriminación, conseguir la integración en la sociedad de las personas y colectivos más desfavorecidos y colaborar en la formación, no sólo física, sino también cultural y educativa», afirman los fundadores de un club que está presidido por Ismael Martínez, que trabaja como ayudante de José Ramón Sandoval.
Esta eliminatoria de la Copa Rey será inolvidable para este equipo sin ánimo de lucro, como también para otros grupos de pequeñas poblaciones que se asoman a los horarios estelares de programas y a páginas estelares de diarios. El Villamuriel, ubicado en un pueblo de Palencia de 6.460 habitantes, se enfrentó ayer al Rayo Vallecano. Este equipo fue fundado en 1976 y en la actualidad juega en el Grupo A de Primera División Regional. La Unión Deportiva San Pedro de Alcántara (Málaga), nacida en 1974 y que milita en el Grupo 2 de División de Honor Andaluza, se mide este miércoles al Celta (21.00 horas).
Camareros, gestores de seguros o estudiantes integran la plantilla del CD Gévora (Badajoz), que milita en Primera Regional, se mide mañana al Betis, que cuentan con miles de seguidores en Extremadura. Todos ellos, futbolistas amateurs, hacen ejercicios malabares para combinar sus empleos con los entrenamientos semanales.
El fútbol también es una pasión sin apenas ingresos para los jugadores del San Tirso, un equipo del municipio coruñés de Mabegondo (1.000 habitantes), que el jueves recibe al Espanyol. Juega en Preferente y como su campo, O Monte, no cumple con las medidas exigidas por la RFEF jugará en Riazor.
Se cumple más de un lustro del último paseo triunfal por los Campos Elíseos y una década de sequía en el podio. Añoranza de los tiempos de Alberto Contador y Alejandro Valverde en el Tour de Francia. Ahora, los españoles acuden a la ronda gala con un rol secundario. El relevo no llega. Sólo un equipo y 10 corredores (cinco menos que en la edición anterior) estarán en la Grande Boucle, que arranca el sábado en Lille. Sin Juan Ayuso (la dirección de UAE prefiere que no comparta carreras con Tadej Pogacar) y el accidentado Mikel Landa, los únicos que optan al top ten son Enric Mas (Movistar) y Carlos Rodríguez (Ineos). El podio se antoja una utopía.
«Ahora, los españoles nos damos cuenta lo que realmente cuesta ganar el Tour de Francia y valoramos lo que lograron Delgado, Indurain, Contador, Sastre o Pereiro. España hace mucho tiempo que no conquista esa carrera, pero lo mismo sucede con Italia y Francia», apunta el ex seleccionador Pascual Momparler.
El técnico valenciano considera que no debería pasar mucho tiempo para volver a sonreír en el Tour: «Creo que Carlos Rodríguez está llamado a hacer cosas importantes. Ya ganó un etapón.El Tour le quiere. La dureza de las jornadas y el calor le vienen bien, lo que pasa es que se ha topado con un nuevo Caníbal [Pogacar] y con la aparición de Vingegaard».
Carlos Rodríguez (séptimo en 2024) es uno de los pocos ganadores de etapa: venció en la 14ª de la edición de 2023. Ese mismo año, Ion Izagirre se anotó la 12ª y Pello Bilbao, la 10ª. Los españoles, que antaño asumían la capitanía de los equipos, ahora se marchan lejos para ejercer de gregarios, como Marc Soler (UAE) o Raúl García Pierna y Christian Rodríguez (Arkea), o para cazar etapas, como Izagirre y Álex Aranburu, en Cofidis
Cosechar triunfos parciales es el objetivo de un ciclismo que antes era insaciable. Ahora se cumplen 16 años de la última victoria de Alberto Contador. Desde 2009 ningún español ha llegado de amarillo a los Campos Elíseos. Samuel Sánchez fue segundo en 2010, Purito Rodríguez, tercero en 2013 y Valverde, tercero en 2015. Diez años de sequía en el podio.
Mompaler advierte de que hacer pronósticos sobre el papel de los españoles en el Tour tiene una validez relativa: «El Tour es imprevisible. Ahora recuerdo la primera vez que ganó Contador, nadie le esperaba y el gran favorito era Christophe Moreau, que venía de arrasar en Dauphiné. Javier Mínguez definía muy bien al Tour cuando decía que era como "un victorino, que cada día cornea al alguien, da igual que vaya de amarillo, blanco o verde».
Cuestión de ciclos
Eleuterio Anguita, seleccionador español de categoría júnior, recalca que el ciclismo siempre se mueve por épocas y que debemos ser pacientes con la progresión de los españoles: «Venimos marcados por un pasado glorioso y ahora nos cuesta más ganar, estamos ahí, en el casi. En este momento nos hemos encontrado con dos campeones, Pogacar y Vingegaard, que dejan al resto en un segundo escalón. Esto es cuestión de ciclos. España, por tradición y genética, siempre ha tenido grandes corredores, volveremos a ganar. Yo trabajo con chavales y veo la gran calidad que tienen, pero es complicado vaticinar hasta dónde llegarán. Ahora, los equipos fichan a chicos con 16 años, como ha hecho el Ineos con Bejamín Noval, para ponerlos pronto en las grandes carreras. El ciclismo ha cambiado, ya no es el de antes».
Momparler también tiene confianza en el presente y augura buenos réditos para Ivan Romeo, el nuevo estandarte del Movistar en el Tour, campeón de España en ruta, y el más joven del Tour'25: «Ivan presenta un perfil muy parecido al Luis León Sánchez , tiene mucha seguridad en sí mismo. Ahora debuta y estoy convencido de que tiene estudiado muy bien en qué etapa puede atacar». En el Movistar también confían en la osadía de Pablo Castrillo y el ímpetu de Iván García Cortina.
Javier Guillén, director de la Vuelta a España, comparte el argumento de la carga del brillante pasado. «Indurain, Contador o Sastre nos acostumbraron mal. Ganar es muy difícil, hace varios que no lo conseguimos, pero eso no significa que los corredores que tenemos no sean buenos. Al contrario, contamos con una gran generación, que ya está consiguiendo objetivos y que van a sumar muchos más», apuntaba en el homenaje por las 90 ediciones de la Vuelta. El directivo de Unipublic sueña con un duelo Pogacar-Vingegaard para la prueba que comenzará el próximo agosto. Dos fenómenos que frenan el relevo español.
El mejor fisio del mundo moldeó sus manos lavando vasos en el restaurante de su padre. «Yo ayudaba a mi familia en lo que podía. Pasé muchas horas entre platos y mesas». Más de 40 años después, el asador donde creció Marcelino Torrrontegui (Albandi, 1964) sigue ofreciendo fabulosos chuletones txogitxu, cordero a la estaca y entrecot de vaca vieja. Una clientela fiel que acude allí tras disfrutar de las playas del concejo asturiano de Carreño en las que Torron también trabajó de socorrista. «Antes de ser auxiliar de ciclismo me buscaba la vida mientras hacía un módulo de Deportes», afirma el masajista más experto del próximo Tour de Francia, que arranca el sábado en Lille. Será la undécima edición de la Grande Boucle que afronta el asturiano, ahora en el Movistar. También es colaborador del Comité Olímpico Español (COE), la Federación de Fútbol (RFEF) y profesor en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Málaga (UMA).
Este fisio de sonrisa permanente trabajó en el Málaga CF durante 21 temporadas, acudió a ocho Juegos Olímpicos (cinco con la Federación de Ciclismo y tres con el COE), 26 Mundiales de ciclismo, cuatro Juegos del Mediterráneo, 13 Vueltas, 10 Tour y cinco Giros de Italia. Por sus manos han pasado futbolistas, atletas, nadadores, ciclistas, balonmanistas, karatecas, piragüistas, golfistas, esquiadores. La relación de ilustres es extensa: Craviotto, Llaneras, Hierro, Chema Olazábal, Van Nistelrooy, Valverde, Contador, Rominger, Freire, Delgado, Olano, Isco, Joaquín, Frankie Fredericks, Chema Martínez, Cubarsí, Francescoli, Juan Ayuso, Viran Morros, Aguinagalde, Darío Silva, Zulle, Virenque, Rafa Lozano, Garralda, Barrufet, Entrerríos, Hugo González, Jessica Vals, Carmen Weiler...
Tras disfrutar de varios días de descanso, este martes hará las maletas para marcharse a Lille con el Movistar para preparar la salida del Tour.
Torrontegui comenzó en el ciclismo en la Vuelta a España de 1988, en el Clas de José Manuel Fuente. «Recuerdo que la salida fue en Tenerife y que saltamos a Las Palmas. Me incorporé al equipo de El Tarangu gracias a la ayuda de Carlos Muñiz, ciclista y amigo mío de Candás. Aquella Vuelta la ganó Sean Kelly y el primer neoprofesional clasificado fue, precisamente, Muñiz. Yo tenía 23 años y ya me apasionaba el deporte. Esa pasión proviene de mi entorno de juventud, en Candás. Esta localidad está declarada por el COE Villa de Olímpicos, porque es el pueblo de España con más olímpicos por habitante. Allí nacieron, entre otros, Herminio Menéndez, Julio Alberto, López Carril, Enrique Rodríguez Cal o Carlos Prendes», dice mientras pasea por Candás, antes de la sesión de fotos en las instalaciones de Mareo del Sporting de Gijón que ilustra este reportaje.
Torron debutó en el Tour de Francia en 1991, el primero ganado por Miguel Indurain. Desde entonces, el carismático fisioterapeuta y el campeón navarro mantienen una relación cercana. «Somos de la quinta del 64 y hemos coincidido muchas veces, aunque nunca compartimos equipo. Él estaba en el Banesto y yo en el Clas, con Tony Rominger. En la selección español estuvimos juntos, pero nunca le traté. Él tenía su propio masajista, Vicente Iza. Sí traté a Perico Delgado, Óscar Freire o Alberto Contador, pero nunca a Miguel. Estuve con Indurain en los Juegos de Atlanta, cuando ganó el oro en la contrarreloj, y Abraham Olano, la plata. Mi primer Mundial fue el de Stuttgart de 1991, cuando Indurain fue bronce. También estuve en el histórico Mundial de Duitama de 1995, donde logró el oro en la contrarreloj y la plata en la ruta, con Olano primero. En la actualidad, cuando Miguel pasa por Asturias nos vemos. Últimamente bromeamos sobre que ya va siendo hora de que toque sus músculos», explica el técnico, de 61 años.
Federer y Nadal
Torron fue el hombre de confianza del suizo Rominger, conquistador de tres Vueltas y adversario de Indurain en la carretera y en la pugna por el récord de la hora. «Tony y Miguel fueron rivales y ahora son amigos. Son como Federer y Nadal. Se respetan, tienen una buena relación».
Las manos mágicas del asturiano cuidaron a grandes corredores del Clas, como Olano, Escartín, Mauleón, Ruiz Cabestany, Rominger, Suárez Cueva..., con los que mantiene amistad. «Ellos tienen la costumbre de juntarse todos los años para cenar durante una etapa de la Vuelta. Desde 1988 organizamos partidos de fútbol-playa a los que viene gente como Luis Enrique. Lucho es un gran entrenador y una persona majísima, pata negra, un friki del ciclismo».
Con su paisano Samuel Sánchez comparte complicidades. Las abuelas de ambos eran primas. «A Samu le conozco desde chaval, cuando venía a veranear a Albandi. Yo le vaticiné que sería campeón olímpico. En 2007, un año antes de la carrera en ruta de los Juegos de Pekín, fuimos a ver el recorrido y le dije que el trazado le venía a huevo para ganar. Aquel equipo, con Sastre, Freire, Valverde, Contador y Samu fue fabuloso», recuerda.
JORGE PETEIRO
Las manos prodigiosas de Marcelino han cuidado a miles de deportistas. El que más le impactó, por su elasticidad y fortaleza, fue el canadiense Mark McKoy, campeón olímpico de 110 vallas en Barcelona'92. Entre los ciclistas destaca el motor de clasicómanos como Bortolami, Baffi o Museeuw. Los músculos de Freire también le sorprendieron, como las piernas de los futbolistas Salomón Rondón y Julio Baptista. Dice que quien mejor supo sacar provecho a su físico fue Fernando Escartín.
Asegura que el ciclismo actual atraviesa por un momento espléndido y que Tadej Pogacar es un fenómeno: «Le vi el pasado año en el Tour y me sorprendió. El ciclismo de ahora no da tregua. Las etapas son más cortas y todos van a toda hostia, no frena nadie. Los técnicos y auxiliares no tenemos tiempo para tomar un bocadillo. La tecnología ha mejorado mucho el rendimiento de los corredores».
Pocos en el deporte español empatizan tanto como este extrovertido asturiano. «Me dicen que soy el mejor masajista del mundo, pero yo respondo que tengo la suerte de trabajar con gente muy buena. Yo, por mi manera de ser, siempre genero buen rollo y caigo bien a la gente, y eso influye».
La depción del Málaga
Durante sus 37 años en el alto nivel han abundado los éxitos. Las decepciones fueron mínimas, pero dolorosas. Las heridas provocadas por el despido del Málaga ya cicatrizaron, aunque quedaron marcas: «En el Málaga me dejé media vida, medio corazón. Me tuve que marchar por unas diferencias económicas mínimas. Me di cuenta de que no me querían en un sitio donde trabajé más de 20 años. Salí noqueado. Estuve muerto, pero reviví. Después de irme se me abrieron muchas puertas».
En plena pandemia, Torron dice que se reinventó. Estudió podología, se doctoró en Fisioterapia y se incorporó a la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Málaga: «Llegué para cubrir una baja, y ahí sigo, impartiendo clases. La docencia es una carrera de fondo. Me gusta, pero al principio me costó, porque yo hablaba con las manos, luego me he ido soltando. Ahora, hasta doy ponencias en el Master de Fisioterapia de la Escuela Universitaria UAX Rafa Nadal o el Máster de Fisioterapia del Real Madrid. Soy como una hormiguita. Cumplo mis sueños. Trabajo con chavales, eso me mantiene joven».
«Tengo la suerte de que la UMA apuesta por la transferencia del conocimiento de sus profesionales, lo que posibilita que pueda colaborar de forma activa con Movistar, con el que tengo un contrato Otri, y al mismo tiempo cumplir con mis obligaciones docentes e investigadoras en la Facultad de Ciencias de la Salud», añade.
JORGE PETEIRO
A sus 61 años, Torron quiere ser agradecido: «Cuando te vas haciendo mayor te acuerdas de la gente que te ayudó. Yo estoy muy complacido con Eusebio Unzúe. Un día necesité salir de casa y él estaba allí. Siempre tuve la fortuna de contar con la comprensión del Málaga, que me permitía ir a los Mundiales y a los Juegos Olímpicos. También estoy muy agradecido a Alejandro Blanco por la oportunidad de trabajar en el COE. Él me rescató de la crisis que tenía, lo pasé mal. Yo sé bien lo que supone estar en primera línea y de ponto el teléfono deje de sonar».
Hijo futbolista e hija nadadora
La genética y el entorno profesional indicaron, inevitablemente, el camino a seguir. La actividad deportiva domina el entorno familiar de Torrontegui. Los hijos del fisio asturiano se han criado entre balones, raquetas y bicis, por eso no extraña que Samuel y Carlota se hayan decantado por el deporte. Los tres, siempre mimados por Susana, la filóloga inglesa, la madre, la compañera, la que sostiene todo el edificio.
Samuel, que tiene 20 años, sobresale en las categorías inferiores del Sporting de Gijón, en el equipo C. El fútbol le atrapó desde niño. Comenzó en el Málaga y allí estuvo durante nueve temporadas, en las que coincidió con Dean Huijsen, el nuevo central de la selección española y del Real Madrid. «Estuvieron juntos en alevines, cadetes e infantiles. Son buenos amigos. Yo mantengo contacto con los padres de Huijsen, unos holandeses muy majos que abrieron negocio en Málaga», dice Marcelino, un padre encantado con los goles y el desempeño de su hijo: «Samuel juega de delantero, es bueno, pero a mí lo que gusta es su madurez. Entrena, juega, se cuida y estudia segundo de Ingeniería Mecánica. No es raro verle a las 12 de la noche con libros o estirando», recalca el fisio del Comité Olímpico Español.
El Almería quiso ficharle, pero él prefirió seguir en el Sporting. En su trayectoria ha mostrado sus excelentes dotes de goleador, con buen manejo de ambas piernas y juego de espalda. «Tiene futuro, pero es un poco pupas, siempre le pasa algo», dice el progenitor.
Carlota apostó por la natación, triunfando en los campeonatos autonómicos y nacionales. Se formó en el Club Natación Inacua de Málaga y en 2021 fichó por el CN Santa Olaya de Oviedo. En 2021, con 18 años, se proclamó campeona de España de 200 mariposa, lo que le sirvió para obtener plaza para el Europeo de Budapest, torneo en el que logró colarse en las semifinales, terminando en el puesto 14 del top-16.
Torrontegui destaca que Carlota, de 22 años y estudiante de Derecho, tiene mucha fuerza de voluntad: «Durante muchos años se levantaba a las cinco y media de la mañana para entrenar en el CETD de Málaga. Creo que venirnos a Asturias frenó su progresión. Uno de mis sueños era compartir unos Juegos Olímpicos con ella».
Tributo al pionero y a la nueva joya del ciclismo luso. Siempre hay que ser agradecido con el anfitrión. Tras el banderazo de salida, la Vuelta tomó dirección a Torres Vedras, localidad natal de Joaquim Agostinho, el primer portugués en subir al podio de una gran ronda: tercero en el Tour de Francia en 1978 y 1979, y segundo en la Vuelta 1974. Ganó cuatro etapas en la Grande Boucle y tres en España. Esa localidad acoge un museo de ciclismo que lleva su nombre y alberga un busto de Rui Costa, único campeón del mundo portugués. A pocos kilómetros de allí, la caravana atravesó Caldas da Rainha (km 111), el pueblo de Joao Almeida, que aspira con convertirse en el primer lusitano que conquista la ronda española.
Visitas emotivas en la primera etapa en línea ganada por el australiano Kaden Groves, el velocista más acreditado de la ronda. El sprinter del Alpecin se impuso en la meta de Ourém a Wout Van Aert. El belga volvió a tirar al palo, como sucedió en la crono inaugural, con su tercer puesto. Ayer se quedó a un palmo de la victoria, pero fue premiado con el liderato de la general. Por las bonificaciones desplaza al estadounidense Brandon McNulty de la primera plaza del podio, que ahora queda a tres segundos del polivalente corredor del Visma. El maillot rojo de Van Aert (bronce en los Juegos Olímpicos de París) supone un gran espaldarazo publicitario para esta Vuelta necesitada de héroes.
Kaden Groves, que siempre estuvo muy atento en la cabeza del pelotón, se anotó su quinta etapa en la Vuelta. En 2023 sumó tres y en 2022, una. También cosechó un triunfo en el Giro de 2023. La de ayer también fue una jornada fructífera para Pau Miquel, el prometedor velocista del Kern Pharma, que terminó cuarto. El catalán sólo tiene 23 años y carece de victorias en el ámbito profesional.
Para saber más
Groves fue el más rápido de un día en el que Luis Ángel Maté volvió a acaparar notoriedad. El más veterano de la Vuelta (40 años), que fue el primero que tomó la salida en la contrarreloj de Lisboa, provocó la primera fuga de la carrera, nacida poco después de la marcha neutralizada de Cascais. El andaluz del Euskaltel se fugó en compañía de Ibon Ruiz (Kern Pharma). Ambos llegaron a tener una renta superior a los tres minutos. El fin la de la aventura llegó a 52 km de la meta, momento en el que Van Baarle abandonó por una caída. El belga es una sensible baja para la formación de Sepp Kuss y Van Aert.
Van Aert acaparó focos en una Vuelta sin dueño. Nadie quiere controlar la carrera porque aún no merece la pena desgastarse en beneficio de jefes de filas indecisos. Sin un equipo con un sprinter referencial, las etapas llanas o con ligeros repechos como la de este domingo, se antojan monótonas, con algunas intentonas de aventureros que buscan el triunfo desde la larga distancia (en cualquier momento, un espabilado puede encontrar la llave de la Vuelta, como sucedió en la anterior edición, con la escapada que impulsó a Sepp Kuss hasta lo más alto del podio). Este domingo, el grupo llegó a Ourém, en las cercanías del Santuario de Fátima, con una hora de retraso. Los nervios en el tramo final provocaron una caída en la que los principales damnificados fueron Joshua Tarling y Jhonatan Narváez.
Este lunes, la carrera presenta la última etapa en Portugal. Una jornada nerviosa de 191 kilómetros con salida en Lousa y final en Castelo Branco, que incluye el ascenso a un puerto de segunda y a otro de cuarta. El tramo final transcurre por un perfil descendente y sin apenas dificultades orográficas. Un día para esos aventureros a los que les gusta la soledad de la ruta, como El lince Maté, que este domingo lo intentó sin provecho.