El mismo club que contrata al jugador más caro del mundo, al nuevo icono, no tenía ningún futbolista en la selección olímpica que conquistó el oro en París. Un síntoma de las dos realidades que enfrenta esta Liga: la riqueza del Madrid, personificada en Mbappé, y la crisis del Barça y los demás, una oportunidad siempre para los futbolistas de cantera. El verano los ha colocado en el lugar que parecía destinado al astro francés, fuera en la Euroco
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Sentado junto al responsable de la editorial Última Línea, Luis Rubiales contestaba a las preguntas durante la presentación de su libro cuando observó cómo un huevo impactaba en el escenario. De inmediato, se levantó de su taburete y se giró para evitar otro impacto. No pudo evitarlo, el huevo lo hizo en su espalda. Hubo un tercer lanzamiento, mientras quien estaba a su lado intentaba protegerle, y entonces el ex presidente de la Federación Española de Fútbol se lanzó a por el agresor, un hombre con capucha y cascos. Fue su primer impulso, pero los responsables de seguridad del salón de actos, en el centro de Madrid, ya habían conseguido reducir al agresor. Rubiales pudo proseguir entonces con la esperada première de Matar a Rubiales. Alguien lo intentó con huevos.
"La suerte es que me han parado. No sé si tenía un arma o algo. He visto a una mujer embarazada con dos niños pequeños. He pensado en los niños. Si llego a cogerlo, estaríamos ahora en otra situación. Me he asustado mucho. Son amigos míos. Todos nos hemos criado juntos y me he asustado mucho. Que me tiren huevos me da igual", dijo a continuación Rubiales, acompañado por familiares, amigos y algunos de sus antiguos colaboradores, mientras el agresor era retenido a la salida de la sala por agentes de policía.
"Pongamos a Rubiales delante de la opinión pública, que mientras se habla del 'besito' no se discute sobre la amnistía. Los de Sumar añadieron: y además le quitamos la bandera de la Igualdad a Montero", explica Rubiales en el libro. El ataque al Gobierno y a la clase política, a la que considera responsable de haberle utilizado y vendido, es uno de los ejes de su largo testimonio, plasmado en más de 500 páginas.
La coartada de Pedro Sánchez
"Tanto el tacticismo de Pedro Sánchez, necesitado de los votos independentistas para su investidura, como el oportunismo de la felona Yolanda Díaz, hacen que les venga de perlas el caso del 'besito'", prosigue Rubiales, que recuerda la división en el propio PSOE e, incluso, se refiere a las palabras del presidente del Gobierno a las campeonas del mundo en la Moncloa, en el que volvió a decir que no concedería la amnistía.
En libro, Rubiales se refiere siempre al 'besito', con la intención de descargar la acción por la que fue condenado por agresión sexual, después de besar en el palco de forma no consentida, según la sentencia recurrida ante el Tribunal Supremo, a Jenni Hermoso en la entrega de premios del Mundial 2023, en Sidney. Mantiene lo que ha defendido, y es que el beso fue consentido. Según su relato, la jugadora fue presionada por sus compañeras, con las que el propio Rubiales había mantenido un pulso, al negarse a entregarles la cabeza de Jorge Vilda.
«Y Jenni tuvo dos opciones: mantener lo que ella creía (...) o plegarse a lo 'revelado' por su compañera, que no era cualquier compañera, sino la que tuvo que tragarse un sapo enorme al pedirme la destitución de Vilda», explica, para añadir: «Hermoso optó por asumir lo indicado por sus colegas y el tsunami mediático», mostrando de ese modo una "cierta volubilidad de carácter». Rubiales señala a Irene Paredes y Alexia Putellas como las compañeras que presionaron a Jenni, molestas con él, siempre según lo relatado, por el pulso que los sostuvo cuando el envío de los correos electrónicos para comunicar el plante de las 15.
Louzán, un "pelotas"
Javier Tebas, presidente de LaLiga, es otro de los personajes a los que observa detrás de las conspiraciones contra su persona, al que pone en conexión con Miguel Cardenal, ex secretario de Estado para el deporte. "Lo que incomodaba a Tebas era tener constancia de que yo no iba a ser un pele en sus manos ni en las de ningún otro dirigente (...) Tebas batallaría permanentemente para eliminarme del escenario futbolístico español", explica el ex presidente federativo.
Es crítico, asimismo, con el que ostenta hoy su puesto, Rafael Louzán, del que dice que "su federación (gallega) ocupó el dudoso honor del primer puesto en el ránking de deudas. Lo califica de "pelotas" y lo reta a publicar sus mensajes, porque "así se verá el tipo de persona que es".
Inmerso todavía en el caso Supercopa, en el que está investigado, al igual que Gerard Piqué, Rubiales dice que todo lo que ha ganado ha sido fruto de su trabajo, "al 100%".
Después de lidiar con la herencia de dos Mundiales envenenados, Rusia 2018 y Qatar 2022, era el momento de observar la verdadera obra de Gianni Infantino en la FIFA. Empezaba, ya en 2018, con la concesión de un Mundial a Estados Unidos, con México y Canadá como acompañantes, y posteriormente con la creación de un Mundial de clubes que se disputaría, un año antes, en el mismo territorio, hoy territorio Trump. Una apuesta sugerente en lo logístico y económico, pero arriesgada, dadas las múltiples aristas del presidente de Estados Unidos.
El primer envite, en el concluido 2025, lo saldó Infantino con buena nota, dado que el Mundial de clubes ha sido un éxito que apunta a la consolidación del evento, pese a estrecheces del calendario y las quejas de los sindicatos de futbolistas y los entrenadores por las altas temperaturas. Pero el dirigente de la FIFA sabe que el plato gordo es el próximo año, por lo que, además de haber puesto el pie en la tierra de Donald Trump, ha utilizado todas sus dotes para engrasar en lo posible la relación con el actual inquilino de la Casa Blanca.
La mejor prueba es la concesión al presidente estadounidense del Premio de la Paz de la FIFA. Creado justo en 2025, parecía hecho ad hoc para el personaje, que lo recibió de manos del suizo en la gala que acompañó al sorteo del Mundial del próximo verano, el pasado mes de noviembre en Washington. Fue justo unos días antes de que Carolina Machado, la opositora venezolana, recibiera el Nobel de la Paz, por el que suspiraba el propio Trump. Para el estadounidense fue como recibir un Nobel de la Paz de chocolate.
Inmigración y aranceles
Desde que a principios de 2025, Infantino presentará al dirigente republicano el Mundial de clubes en el salón oval de la Casa Blanca, el presidente de la FIFA no ha perdido oportunidad de agasajar al hombre más poderoso del mundo, al que necesita de su lado para que el próximo Mundial sea un éxito. Compartido con México y Canadá, dos países con los que Estados Unidos continúa en tensión a raíz de la guerra arancelaria, es clave lograr una tregua en las tensiones de cara al movimiento de aficionados en las fronteras durante el verano.
La controvertida política de Trump, en particular en asuntos de inmigración, es compleja para las grandes organizaciones deportivas como la FIFA, en cuyos estatutos se es tajantes en cuanto a la no discriminación. La labor diplomática resulta, pues, clave. Es la especialidad del dúctil Infantino, de 55 años. El suizo, hijo de inmigrantes italianos, ya enfrentó críticas mayores antes y durante el Mundial de Qatar 2022, por la vulneración de los derechos humanos en el país del Golfo.
El políglota Infantino se mueve, asimismo, con una equidistante habilidad entre los poderes del fútbol, no únicamente en la arena de la política internacional. Un ejemplo es, en el centenario del Mundial, la concesión de tres partidos en Argentina, Uruguay y Paraguay.
La relación con Florentino
Con un pasado como 'aparatchik' de la UEFA, en la que fue secretario general, conoce perfectamente a los personajes y sabe dónde están los límites. Lanzar el Mundial de clubes en paralelo a la construcción de la Superliga parecía un desafío destinado al naufragio, pero el hecho de que Florentino Pérez se quedara prácticamente solo en el pulso contra la UEFA y el nuevo ECC, antigua ECA, permitió a Infantino tener al Madrid como a un aliado indirecto y un ferviente impulsor de su competición. Nadie fue tan elocuente de los beneficios del Mundial de clubes desde Estados Unidos como Florentino.
Infantino, el pasado 6 de diciembre en Washington.AFP
Al dirigente madridista había tenido de su lado, asimismo, justo antes de iniciarse 2025, al entregar a Vinicius el premio 'The Best', réplica del Balón de Oro. Lo hizo a la vez que daba el Mundial 2034 a Arabia de forma personalísima.
El Madrid, en pleno desembarque de Xabi Alonso, se quedó en semifinales del Mundial de clubes, masacrado por el PSG de Luis Enrique, pero dio empaque al torneo, ganado finalmente por el Chelsea, un triunfador inesperado. Eso bastaba para Infantino, que ahora puede retocar el modelo para que no se registren ausencias inesperadas, como la del Barcelona de Lamine Yamal.
El torneo, con 32 equipos, tuvo 2,4 millones de asistentes a los estadios (con llenos de hasta 80.000 espectadores), hecho que supuso un test muy positivo de cara al Mundial que debe celebrarse este año. La competición no se jugará obligatoriamente todos los años en el país o países donde vaya a disputarse después el Mundial absoluto, como sí ocurría con la Copa Confederaciones. Sería lo ideal desde la logística, pero la prioridad de la FIFA es su crecimiento como competición independiente.