Un juzgado de Barcelona investiga al presidente del Barça, Joan Laporta, a raíz de la querella presentada por una familia que lo acusa de haberles estafado un total de 4,7 millones, tras invertir en una sociedad vinculada con él una parte del dinero que ganaron en la lotería.
En una providencia fechada el pasado mes de noviembre, a la que ha tenido acceso Efe, el titular del juzgado de instrucción número 6 de Barcelona cita a declarar como investigado a Laporta para el próximo lunes, así como a otros dos profesionales que intervinieron en las inversiones a través de la empresa CSSB Limited.
Según relatan en su querella los denunciantes -un matrimonio y su hija-, la supuesta estafa se remite al año 2014, cuando ganaron un premio de lotería primitiva de 34 millones y, al ir a comprarse un coche de alta gama, el comercial del concesionario, también investigado, les propuso invertir en sociedades vinculadas con Laporta.
La familia, que asegura que en el proceso de inversión contó con el asesoramiento de Laporta, invirtió en CSSB Limited un total de 2,4 millones de euros por un período de dos años al 6 % de interés anual, añade la querella.
Los querellantes agregan que, dada su falta de conocimientos financieros, confiaron en Joan Laporta, que además era una persona pública y en más de una ocasión los invitó al palco del Camp Nou.
Transcurrido el plazo previsto, añaden los querellantes, no percibieron la cantidad acordada en los términos del contrato, por lo que la reclamaron, sin obtener respuesta alguna.
La familia supuestamente estafada adjunta documentación que acreditaría que, entre agosto de 2016 y agosto de 2018, los querellados habrían obtenido 4,7 millones de euros con las inversiones efectuadas a través de CSSB.
Fuentes jurídicas han precisado que ya son cuatro las querellas presentadas en los juzgados de Barcelona por supuesta estafa en inversiones en CSSB Limited, empresa con sede en Hong Kong, aunque este es el primer caso que motiva la declaración de Laporta como investigado.
En la penúltima partenza del Giro 2025, en la coqueta Verrès, en el corazón del Valle de Aosta, contrasta la actitud de los dos tipos que un rato después, entre el Colle delle Finestre y Sestriere, van a perder lastimosamente la carrera. La calma casi insultante de Isaac del Toro, el chico con «un par de pelotas» al que Josean Fernández Matxin descubrió hace unos años corriendo en el barro del ciclocross belga, un mexicano, una rareza. Los nervios de depredador de Richard Carapaz, que abandona el último el autobús del Education First, pero se detiene para hacerse una foto con unos aficionados ecuatorianos, que le reclaman como a una estrella de rock. Nadie repara en Simon Yates, como casi nadie lo ha hecho durante las más de tres semanas de esta Corsa Rosa que partió desde Albania. Pero el británico, agazapado, tenía una cita con la historia.
En el mismo lugar en el que hace siete años él mismo perdió el Giro. Esa subida infinita, mitad asfalto, mitad grava. La conoce porque ha aparecido en sus pesadillas, su desfallecimiento en 2018 cuando acudió de rosa y se dejó 40 minutos ante la hazaña de Chris Froome. Por eso no se altera cuando Carapaz dinamita todo casi en la primera rampa, cuando Del Toro le sigue sin inmutarse. Él aguarda, tarda unos metros en atraparlos, pero cuando llega a ellos sabe lo que tiene que hacer. Atacar. Juguetear con sus dudas. Completó los 18 kilómetros de subida en 59:20, superando por 1:25 el récord que estaba en posesión del joven español Pablo Torre.
El británico va a cumplir 33 años y ya pocos contaban con él para las grandes cuando hace unos meses el Visma Lease a Bike, tan de capa caída, le reclutó. El viernes se dejó unos segundos en Champoluc y su candidatura parecía difuminada ante los dos latinos. Por eso sus lágrimas de incredulidad a más de 2.000 metros de altitud. «No tengo palabras. Tenía en mente intentar hacer algo y lo hice. Aunque esta mañana ni siquiera estaba seguro de si quería probar algo, tenía dudas», confiesa, emocionado. Su compañero Wout Van Aert, que le aguardó desde la escapada y le impulsó en el descenso hasta una ventaja que superó los cinco minutos, sonríe cuando entra a meta. Con el orgullo del trabajo en equipo. Una lección táctica del Visma, a la altura de la que protagonizaron hace tres años en el Tour de Francia, camino del Granon, nada menos que ante Tadej Pogacar.
Simon Yates, con la maglia rosa, en Sestriere.LUCA ZENNAROEFE
En la estación de esquí de la Via Lattea también llaman la atención los contrastes. Del Toro, que nunca supo muy bien lo que hacer, que sólo se dedicó a marcar a Carapaz, acelera en la nada para entrar con unos estúpidos metros de ventaja. Es el perdedor, pero él no deja de sonreír, se abraza con otro joven, Pelizzari. «Chapeau para ellos. Han jugado bien sus bazas. Y yo no he tenido nada que hacer. Richard me dejó la responsabilidad. Estoy decepcionado, pero nadie habría imaginado que yo estuviera aquí. Me he demostrado mucho a mí mismo», pronuncia y aclara:«No voy a llorar. No me arrepiento de nada». «Es un ragazzo. Algún día ganará el Giro. Y el Tour», le defiende su compañero Majka, el veterano que no pudo estar junto a su líder, demasiado tarde todo el UAE Team Emirates.
Para el que no hay consuelo es para Carapaz. Él sí es consciente de lo sucedido. Se ha dejado todo por ganar este Giro al que llegó reinventado. Su director, Juanma Gárate, explicaba estos días que el nuevo Richard ya no tiene mentalidad «sudamericana», ahora es «más alemán». Cambió la alimentación, los pequeños detalles. Ya no se pierde en la burocracia de los emails en inglés del equipo a los que no atendía desde sus entrenamientos en Carchi, a 3.000 metros de altitud. El ecuatoriano lo probó casi en la primera rampa del Colle delle Finestre y no dejó de intentarlo. Una y otra vez. No claudicó Del Toro y, claro, le dejó la responsabilidad. Una condena para ambos. «Éramos los más fuertes. Ha ganado el más inteligente», protesta. «Del Toro perdió el Giro. No ha sabido correr bien», critica. Y le apartan de los micrófonos, por miedo a más.
Por tercera vez en los últimos cuatro años (2022 Jai Hindley, 2023 Roglic y 2025 Yates), la maglia rosa es conquistada en el penúltimo día. Son dos perdedores y es un ganador en el Giro más impredecible, el que vio por el camino las desgracias de los favoritos (Primoz Roglic, Juan Ayuso, antes Mikel Landa), el amanecer de la perla Del Toro y el resurgir de Carapaz. Y, sin embargo, en Roma este domingo será coronado el redimido Yates, al que bendecirá el Papa León XIV cuando atraviesen la Ciudad del Vaticano.
Algo se quebró en Novak Djokovic el pasado enero en Melbourne. Ante Jannik Sinner, en semifinales del Open de Australia, cayó desprovisto de su tenis y su carácter, indolente y dócil y no encontró explicación a lo ocurrido. Cómo sería el golpe que el día después renunció al ATP 500 de Dubai para recuperarse. Pero no funcionó. Por lo visto estos días en el Masters 1000 de Indian Wells todavía no lo ha conseguido. El número uno del ranking mundial volvió a sufrir una decepción y en la rueda de prensa posterior aceptó el debate: ¿Está en crisis? La derrota en tercera ronda por 4-6, 6-3 y 3-6 fue lo de menos pese a que su rival, el italiano Luca Nardi, es el número 123 del mundo. Lo peor fueron las sensaciones.
"Estoy sorprendido por mi nivel de juego actual, es realmente malo. Debo analizar bien qué ha ocurrido en el partido. He cometido algunos errores no forzados terribles y he jugado muy defensivo. No tengo excusas, debería haberlo hecho mucho mejor y ya está. Ha sido un partido muy pobre por mi parte", reconoció el serbio, que no se había inscrito al siguiente torneo, el Masters 1000 de Miami, pero que posiblemente se apuntará a última hora para cambiar la dinámica.
Pese a que la temporada acaba de empezar, un dato demuestra el mal momento de Djokovic: a estas alturas siempre había levantado un título excepto en los años 2006, 2018 y 2022. En 2006 era un adolescente, en 2018 venía de una lesión de codo y en 2022 apenas podía jugar por no haberse vacunado contra el covid. El resto de cursos o ya había vencido en el Open de Australia -10 veces- o había celebrado en el ATP 250 de Doha, el ATP 500 de Dubai o el propio torneo de Indian Wells.
"No estoy acostumbrado a esta situación porque en la mayoría de temporadas de mi carrera he ganado un título pronto, pero es parte del deporte. Sólo queda aceptarlo y seguir adelante. Supongo que el próximo trofeo que obtenga será grandioso porque querrá decir que he recuperado mi nivel", comentaba Djokovic que, eso sí, mantendrá el número uno pase lo que pase. El año pasado no jugó en Estados Unidos así que no defendía puntos en esta gira y llegará a la tierra batida en lo más alto de la lista. Si no mejora, eso sí, antes de Roland Garros podría perder la corona ante el empuje de Carlos Alcaraz y, sobre todo, de Jannik Sinner.