El Raulismo aparece en la campaña. El Raulismo frente al Florentinismo. De Enrique Riquelme sabe pocas cosas el socio, porque ni un maratón mediático de dos semanas da para tanto. De quien lo sabe todo, en cambio, es de Raúl González, un futbolista que era la representación en carne y hueso de las características que definen, o quizás definían, al Madrid: ambición, victoria y discreción.
Raúl cohabitó con Florentino Pérez, pero jamás conectó. La falta de sintonía era recíproca, escenificada en dos salidas casi de incógnito, como jugador y recientemente como entrenador del Castilla, donde estuvo seis años a la espera de una puerta que nunca se abrió. Para FP, Raúl no era ZZ. Para Riquelme es un joker.
Si el aspirante gana las elecciones, el próximo domingo, Raúl será el director deportivo del Madrid, no el entrenador. Cuando se despidió de los socios, al dejar el banquillo del filial, dijo que quería proseguir fuera del club su carrera como técnico para, posiblemente, regresar en el futuro. La realidad es que no lo hizo, pese a tener algunos ofrecimientos. Entre ellos, el del Schalke, donde jugó tras marcharse del Bernabéu, que estaba en la segunda división alemana. Ese salto de riesgo le ha impedido un contraste necesario para el mercado de los grandes banquillos, no sólo en el club de su vida. En el día después, fue conservador.
Ahora, a sus 48 años, lo da al comprometerse con Riquelme, que acaba de aparecer en el panorama madridista. El hecho escenifica por primera vez el distanciamiento que siempre tuvo con Florentino. El movimiento tiene algo de venganza, de causa pendiente.
El Castilla, la baza que no funcionó
Los seis años al frente del Castilla, récord para un entrenador del filial, únicamente se justificaban por tratarse de la puerta trasera del primer equipo. Florentino se la abrió a Zinedine Zidane o a Santiago Solari, pero nunca pensó en hacerlo con Raúl. El deterioro final del equipo en los últimos días de Carlo Ancelotti y la elección de Xabi Alonso precipitaron su decisión de abandonar el cargo, después de haber ganado una Youth League, la Champions de los jóvenes, pero no haber conseguido el ascenso a Segunda en dos promociones. La caída ante el Eldense fue la mayor decepción.
Riquelme acierta cuando dice que Raúl tiene el club en la cabeza. La dirección deportiva no es, pues, una función para la que no se encuentre capacitado. Defensor de la cantera, su llegada supondría una reactivación de una parte del club que parece desconectada del primer equipo, pese a las incorporaciones realizadas en esta última etapa por Álvaro Arbeloa, especialmente Thiago Pitarch. Antes, Xabi Alonso dio protagonismo a Gonzalo, un jugador construido por Raúl en el Castilla, al que ayudó a modificar su juego para pasar de la banda al área.
Al trabajo de Raúl no le acompañó el objetivo del ascenso, como tampoco a otros anteriores como Zidane, pero los jugadores que estuvieron a su cargo y tuvieron que dejar el club blanco hablaban bien del que había sido su entrenador.
Raúl González en un partido con el Real Madrid Castilla en Valdebebas
La cantera del Madrid tiene los medios, con una ciudad deportiva, en Valdebebas, sin comparación en España y prácticamente en Europa, pero no tiene la mirada necesaria desde la cúpula del club. En la actualidad la dirige Manu Fernández, hijo de un histórico gerente del club. Con Raúl es seguro que esa mirada sería diferente. Pero una dirección deportiva implica más cosas, como el conocimiento del mercado internacional y la capacidad de estructurar un equipo de trabajo.
A la espera de los fichajes que pueda anunciar Riquelme en los siguientes días de campaña, el de Raúl es importante por el vínculo emocional con los socios que no se ha roto a pesar de su salida, y porque apunta a un vació en la gestión de Florentino, con direcciones deportivas de escasa trascendencia, prácticamente testimoniales.
«Los 740 partidos, las 16 temporadas en el Madrid o los más de 300 goles» a los que se ha referido Riquelme para glosar su fichaje, no son lo que más importa a los socios. Es cómo hizo todo eso. Es el Raulismo frente al Florentinismo.










