Vinicius nunca debe dejar de correr. Ni siquiera para tirar un penalti. Paradinhas absurdas como la de la ida, censurables en cualquier ser humano, en él son una marcianada contra natura que sólo conduce al desastre. Esa pausa infernal nos rondó a todos la cabeza en la semana. Volvió con la primera pifia de Valverde. Con el primer pase atrás de Doku. Con las primeras manos de Courtois. Con su propio trallazo al palo y el rebote en el culo de Donnaruma que no quiso ir para dentro. Se hizo carne cuando le enfocó la cámara recitando a saber qué antes de ejecutar. Fue un alivio enorme la carrera directa hacia el balón, sin esa especie de anuncio de Youtube que es la maldita paradinha cuando se cuela en el ritual. Gol y todo parecía ya muerto y enterrado. Pudieron ser unos cuantos después. El propio Vinicius parecía empeñado en no querer marcarlos por si un exceso en la celebración le dejaba sin jugar la siguiente eliminatoria contra el Bayern.
Con diez el Manchester City, y 0-4 abajo, la imagen de Guardiola embutido en una sobrecamisa de cuadros ridiculizaba nuestro propio miedo anterior. Grave error. Don Fútbol se encargó de recordarnos que por ahí seguía Doku y sobre todo seguía Trent, que regaló un duelo, un córner y el gol del empate. El oasis del descanso se rompió de golpe con la imagen macabra de Courtois lesionado y Mbappé calentando. Parecía que el equipo quería rendir homenaje al acojone general de la afición e intoxicar de emoción la eliminatoria. Lo contrario que Guardiola, que quitó a Haaland con mucha prisa. A él y a otros les secó a paradones Lunin, acostumbrado a demostrar en el silencioso Etihad que es un gran portero.
Durante 20 minutos la emoción radicó ya en ver qué tal estaba Kylian, que no pareció cojitranco y echó buenas carreras. El balón de oro Rodri vio desde el banquillo como el balón de plata Vinicius marcaba su gol 34 en la Champions League. Guardiola, que sabe que el Madrid no gana una Champions sin drama mediante, supo estarse quietecito. A ver los alemanes.
Marruecos recibió de manera sorprendente el título de la Copa Africana de Naciones el martes, otorgado por jueces de apelación que revocaron la victoria de Senegal en una final caótica en enero.
La Confederación Africana de Fútbol informó que su junta de apelaciones determinó que Senegal queda "declarado como que perdió por incomparecencia la Final" y que su triunfo 1-0 en tiempo extra pasa a ser una victoria por defecto 3-0 para la nación anfitriona, Marruecos.
En la final del 18 de enero en Rabat, Senegal abandonó el campo en señal de protesta durante 15 minutos en el tiempo de descuento, y los aficionados intentaron irrumpir en el terreno de juego cuando se le concedió un penal a Marruecos.
Cuando se reanudó el juego, el penal del delantero marroquí Brahim Díaz fue atajado y Senegal anotó el único gol en el tiempo extra.
En una audiencia disciplinaria inicial, la CAF impuso multas por más de 1 millón de dólares y sanciones a jugadores y dirigentes de Senegal y Marruecos, pero dejó intacto el resultado.
El caso podría ser objeto de una nueva apelación ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo.
Cuando Juan Musso (San Nicolás de los Arroyos, Argentina, 1994) dudó acerca de si dejar el fútbol en Racing de Avellaneda y se planteó dedicarse a estudiar Economía o una ingeniería con 15 años, un cambio de aires le sirvió para decidirse por seguir con su carrera deportiva. En 2017, la lesión de Orión, portero titular de Racing, le brindó la oportunidad de debutar en su club ante San Lorenzo para luego asentarse como portero titular. Posteriormente, su debut en la selección Argentina vino tras las lesiones de Dibu Martínez y Armani. Esta noche jugará en Londres por unos problemas en el costado de Oblak. Es Musso un futbolista de aprovechar las oportunidades que le brindan los infortunios pero, como siempre dice: "Hay que estar preparado".
El argentino ha mostrado tal nivel como rojiblanco que no son pocas las voces que dicen que está para mucho más que ser el suplente de Oblak. Musso ha dejado su portería a cero en 11 de las 17 ocasiones que ha defendido la camiseta del Atlético, incluido los dos duelos ligueros que ha jugado esta temporada, curiosamente ambos ante el Getafe. "Cuando me toca poder ayudar me voy feliz, sobre todo cuando se gana", dijo tras el encuentro. Para ponerlo en perspectiva histórica lleva una portería a cero más que el mítico Molina, dos más que su compañero Jan Oblak y tres más que Courtois, podio en esta estadística.
"Es un desafío difícil, importante y soñado que toda mi carrera busqué y que toda mi vida soñé", expresó el argentino en su presentación en verano de 2024 para luego recordar a la portería de quién llegaba: "Vengo acá sabiendo que compito con uno de los mejores arqueros del mundo". Seis zamoras, un hito único en la historia de LaLiga, lo atestiguan. Pero bien es cierto que las actuaciones de ambos este año están dando motivos para buscar una alternancia mayor que la de las lesiones o la de torneos menos prestigiosos, pero que atesoran la mayor posibilidad de título esta temporada, como la Copa del Rey.
Precisamente, Simeone no tuvo dudas con el argentino a la hora de ponerlo en las semifinales ante el FC Barcelona, donde sostuvo al equipo, especialmente en el duelo de vuelta. "Es un futbolista y una persona que ha entrado muy bien en el grupo y en el equipo y ojalá mantenga el nivel porque lo necesitamos de esta manera", concedió el técnico sobre la profesionalidad de un guardameta que sólo lleva 17 duelos en las dos temporadas que viste de rojiblanco.
La importancia de un guardameta como Musso la puso precisamente de manifiesto Antonin Kinsky en el partido de ida frente al Tottenham. Los 17 desastrosos minutos que estuvo el portero checo en el campo, prácticamente costaron la eliminatoria a los londinenses, que terminaron encajando cinco tantos en el Metropolitano. Pesaron mucho los dos únicos partidos que el suplente de Vicario había jugado este año previo a su debut de Champions.
Pero la situación del argentino es muy diferente. En el vestuario admiten que ha dotado a la portería de una seguridad que no existía en otras temporadas. "Antes, si se lesionaba Jan para cinco partidos había nervios, hoy el club está más tranquilo", cuentan fuentes rojiblancas. Así lo ha demostrado en los encuentros en los que ha jugado, aunque aún no haya podido debutar en Champions League con el Atlético.
Chico de vestuario
Los compañeros, especialmente los argentinos y Giménez, estarán apoyándole tanto en el terreno de juego como fuera de él ya que son una piña. El guardameta es muy querido en el vestuario por su carácter alegre y extrovertido y por su altavoz, con el que suele someter a los oídos de sus compañeros a una buena dosis de cumbias diarias. Así, se las devolvieron ellos en plena zona mixta de la Copa del Rey, justo después de culminar la eliminación del Barça, altavoz a todo volumen en ristre.
Más allá de este duelo de Champions, en esta fase de la temporada, muchos de los objetivos de los jugadores están en la cita mundialista de este verano. Pese a los pocos minutos del argentino, y el poco bagaje que lleva en la selección, con sólo 113 minutos en dos partidos, Musso confía poder estar en Estados Unidos y, de momento, según ha podido saber EL MUNDO, entra en los planes de Scaloni para ello.
Vinicius Júnior se la tenía guardada al Etihad Stadium. "Stop Crying your heart out (Deja de llorar tanto)" rezaba la pancarta gigante que ocupó uno de los fondos del estadio del Manchester City en la eliminatoria de año pasado. Con ese lema y una foto de Rodri besando el Balón de Oro, la grada británica le recordaba al brasileño lo sucedido en la entrega del premio, ausente el delantero y la expedición del Madrid en París al no recibir el galardón. Así que este martes, cuando Vinicius anotó el penalti que sentenció el cruce a favor del conjunto blanco, tenía claro el gesto que iba a hacer: mandó callar a la afición llevándose el dedo índice a la boca y después se acercó los puños a los ojos haciendo una mueca de lloro, refiriéndose a la pancarta del curso pasado.
Fue el gol que lo decidió todo y que llegó tras el asedio inicial del City, con hasta tres paradas, a cada cual más increíble, de Thibaut Courtois, el otro protagonista del duelo. El belga realizó cuatro vuelos increíbles en la primera parte antes de irse lesionado en el descanso por una sobrecarga en el abductor derecho. Cherki, Rodri y Haaland se encontraron con él, desesperados, unos minutos antes de la revisión que cambió la noche.
La sala VAR del Etihad estuvo cinco minutos analizando la jugada que provocó el penalti y la expulsión de Bernardo Silva. Primero un posible fuera de juego de Vinicius en el inicio de la acción y después el codo del portugués, abierto para evitar el tanto del brasileño en el rechace. Turpin esperó sobre el césped y después acudió a la pantalla en la banda, mientras recibía cientos de improperios de la grada local. El resultado, calamitoso para el City: penalti y roja.
Vinicius, lejos de esconderse tras la pena máxima fallada en la ida, volvió a asumir la responsabilidad. Al principio Güler cogió el balón, pero después se lo cedió al brasileño, que repitió lado y evitó hacer el salto innecesario con el que erró hace una semana. Fue su venganza por la pancarta, lo que unido a su gol en el descuento le hacen sumar nueve en 15 partidos desde la llegada de Arbeloa. Antes, en 33 bajo las órdenes de Xabi Alonso, había marcado siete. Un dato que explica el giro que ha sufrido Vinicius desde el cambio de entrenador. El delantero lleva ya 34 goles en la Copa de Europa, a solo uno de Puskas. Palabras mayores. "Siempre hay otra oportunidad y aquí está hemos ganado y vamos a cuartos, con la afición y nuestro cuerpo técnico que hace todo por nosotros", dijo sobre el gesto.
En el intermedio, al que se llegó con tensión entre Donnarumma y Rüdiger, Courtois se quedó en los vestuarios. El belga se fue al túnel hablando con Luis Llopis y de inmediato Lunin salió a calentar. En una de sus estiradas, el belga se hizo daño. Le tocó el turno al ucraniano, héroe hace dos años en los penaltis de los cuartos de final.
En el minuto 68, Mbappé volvió a jugar tras cinco partidos ausente, casi un mes, y fue parte del 4-1 del Madrid al City en las eliminatorias disputadas entre ellos en los últimos cinco años. El clásico del fútbol moderno es blanco.
El PSG coge carrerilla en la Champions y no pone el freno de mano. Al Chelsea lo ha eliminado con un aplastante 2-8 en la eliminatoria. Porque, como no contempla nunca especular, les endosó a los ingleses otra derrota y tres goles en Londres. [Narración y estadísticas: 0-3]
La ventaja con la que se plantó en Stanford Bridge era amplia, definitiva para cualquier equipo mortal, pero en dos zarpazos el voraz equipo de Luis Enrique la convirtió en imposible de remontar. Si el Chelsea pensaba en marcar primero para tratar de avivar la eliminatoria, se equivocó. Tanto como su central Sarr, blando, cuando Safonov envió un saque de puerta directo al pie de Kvaratskhelia. Se sacudió el georgiano al joven francés con un movimiento de su cuerpo y batió a Robert Sánchez.
Antes de que los ingleses pudieran reaccionar, llegó el segundo. Vitinha y Zaïre-Emery mordieron en la presión y armaron una transición que acabó en centro de Hakimi al balcón del área donde esperaba Barcola. Cada llegada del PSG había sido un gol. El castigo llegó antes de que pudiera la grada lamentar las ausencias por lesión de dos hombres clave para Liam Rosenior: James y Malo. Iban a tener que activarse más las armas de ataque, no ya para intentar pasar la eliminatoria, lo que requería de un auténtico milagro, pero sí estaba a su alcance que el adiós a la Champions League ante su público fuera con una derrota honrosa.
Un remate forzado de Joao Pedro, a centro de Palmer, ante la dudosa salida de Safonov fue la primera ocasión clara. Antes, Enzo Fernández lo había intentado con un disparo que estrelló a la espalda de su compañero Andrey Santos. A trompicones trataban de acercarse a la portería de Safonov. Pero el PSG no quería ceder ni la victoria parcial y amenazaba tanto como podía. A punto estuvo de aprovechar otro error defensivo, esta vez de Chalobah, con un remate que Barcola cruzó en exceso. Antes del descanso, Palmer obligó al meta ruso a salvar el que hubiera sido primer gol de los ingleses, pero Robert Sánchez también tuvo que atajar otro disparo peligroso de Barcola.
La segunda parte hubiera sobrado. La eliminatoria estaba resuelta, el fútbol perdió efervescencia y el entrenador del Chelsea entregó el partido cuando, en el minuto 58, sacó del campo a todos los jugadores con colmillo: Palmer, Enzo y Joao Pedro. Más comedido fue Luis Enrique, que dejó a Joao Neves en el vestuario para darle minutos a Mayulu y después dio entrada a Doué por Barcola.
Como no bajó el pistón, aún engordó el marcador Mayulu, asistido por Kvaratskhelia. Con un 2-8, que el Chelsea se acercara solo suponía que, con velocidad, podía hacerles más daño. No se distrajeron los franceses pensando en si su rival en cuartos será el Liverpool o el Galatasaray. Podrían haberlo hecho porque todo estaba decidido.
Remontada del Sporting de Lisboa
La remontada de la jornada la protagonizó el Sporting de Lisboa, que en el José Alvalade igualó una eliminatoria en la que el Bodo Glimt llegaba al partido de vuelta con un 0-3 a favor. Los portugueses forzaron la prórroga con tantos de Gonçalo Inácio, Pedro Gonçalves y Suárez, de penalti, para acabar marcando dos goles más, de Araújo y Rafael Nel (5-0), que les mete en cuartos de final, donde se encontrarán con el Arsenal. El equipo de Arteta partía con un 1-1 ante el Leverkusen, pero los tantos de Eze y Declan Rice les dieron una cómoda clasificación.
Tras el infarto copero, con la clasificación pendiendo de un hilo pese a la gran ventaja inicial, se presenta el Atlético de Madrid en Londres en los octavos de la Champions League con una renta un tanto inferior, pero contra un club en una situación muy diferente a la del FC Barcelona. "Intentaremos seguir jugando el partido que hicimos el Metropolitano", ha explicado Diego Simeone en la rueda de prensa previa.
Si los culés pelean por ganar la liga, el Tottenham Hotspur lo hace por evitar el descenso, pese a que su engañosa clasificación en la fase de grupos, como cuarto clasificado, le dé un estatus que quizás no le corresponda con su nivel de juego actual. "Necesitamos jugar el partido en el lugar donde está. Llevamos tres goles y obviamente sería bueno marcar otro para que estén más incomodos", ha añadido .
Los rojiblancos repetirán alineación de la ida, pero con una gran novedad. La dolencia costal de Oblak y Juan Musso estará en la portería rojiblanca. No hay dudas ni nerviosismo con el portero argentino. Ha mostrado su nivel en todo tipo de envites. "Con Juan suelo hablar siempre. Es un futbolista y una persona que ha entrado muy bien en el grupo y en el equipo y ojalá mantenga el nivel porque lo necesitamos de esta manera", ha alabado el técnico a su pupilo, aunque ha mantenido que el nivel de los segundos porteros del Atlético siempre ha sido muy alto.
Respecto al desempeño en área contraria, en la que el Atlético de Madrid destaca especialmente este curso, es segundo por detrás del PSG, Simeone quiso ampliar que la "contundencia" es importante en ambas áreas. "La realidad la tenemos en nuestra mente y nosotros somos nuestros artífices de nuestra realidad", ha expresado respecto a la estabilidad que planea sobre el equipo este curso, con un pie y medio en cuartos de la Champions y clasificados para la final de Copa del Rey.
El Atlético de Madrid está aprovechando su fondo de armario. Los suplentes funcionan y es el primer curso en el que no pierde nivel salga quien salga. De hecho, uno de los jugadores que ha comenzado a funcionar en el once del Cholo ha sido Johnny Cardoso, ausente en la primera mitad del curso por diferentes lesiones.
El brasileño, que ha acompañado a su entrenador en rueda de prensa, se siente "contento" por su desempeño actual en el equipo y mantiene la importancia de aprender de los "errores cometidos con el FC Barcelona. "Podemos llevar muchos aprendizajes con ese partido", ha declarado el futbolista, que mañana estará junto a Marcos Llorente en el centro del campo rojiblanco.
El madrileño se ha llevado los halagos de su técnico por su crecimiento desde que llegó al club y tuvo la "paciencia" necesaria para crecer desde el banquillo y convertirse ahora en un hombre clave en la plantilla.
La Federación de Fútbol de Irán (Ffiri) lleva a cabo negociaciones para que su selección nacional juegue sus partidos correspondientes al grupo G del Mundial de Fútbol 2026 en México, según informó este lunes la embajada iraní en territorio mexicano.
En su página web (mexico.mfa.gov.ir), la legación diplomática aseguró que "en referencia a la falta de cooperación del gobierno estadounidense en la emisión de visas y la prestación de apoyo logístico a la selección nacional de fútbol de Irán en la preparación para la Copa Mundial de 2026, Abolfazl Psedniddeh (embajador iraní en México) sugirió a la FIFA que los partidos de Irán en dicho evento se trasladen de Estados Unidos a México".
"Reiteramos que Estados Unidos no coopera con nosotros en el tema de las visas. Estamos interesados en asistir al Mundial, pero el gobierno estadounidense no proporciona el apoyo logístico ni administrativo necesario", subrayó Psedniddeh en declaraciones a la agencia estatal IRNA citadas por la web de la embajada.
"La FIFA puede intervenir de manera que la selección nacional iraní pueda participar en la Copa del Mundo, pero en México. El Ministerio de Deportes y Juventud de Irán será quien tome la decisión final al respecto", añadió Psedniddeh, quien afirmó que "queremos mucho al pueblo mexicano y, para nosotros, la mejor opción es que nuestros juegos se celebren en México".
Por su parte, la cuenta en X de la representación del país persa (@IraninMexico) cita una declaración del presidente de la Ffiri, Mehdi Taj, en las que asegura que "ya que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado explícitamente que no puede garantizar la seguridad de la selección nacional iraní, ciertamente no viajaremos a Estados Unidos. Actualmente estamos negociando con la FIFA para que los partidos de Irán en la Copa del Mundo se celebren en México".
Advertencia de Trump a la selección iraní
El jueves pasado, Trump aseguró que la selección de fútbol de Irán es "bienvenida" en el Mundial en Estados Unidos, pero le recomendó no participar por "su propia seguridad". "La selección nacional de fútbol de Irán es bienvenida al Mundial, pero realmente no creo que sea apropiado que estén allí, por su propia seguridad", escribió en la red Truth Social.
El mensaje del líder estadounidense se produjo un día después de que el ministro de Deportes iraní, Ahman Donyamali, asegurara que "no hay condiciones" para que su país participe en el Mundial después de que el líder supremo, Alí Jameneí, fuera asesinado en la ofensiva israelí y estadounidense iniciada el pasado 28 de febrero.
"Después de que el gobierno corrupto mató a nuestro líder, no hay condiciones que nos permitan participar en el Mundial", dijo el ministro, que destacó también: "Nos han impuesto dos guerras en ocho o nueve meses, y miles de nuestros ciudadanos han muerto. Por lo tanto, definitivamente no tenemos posibilidad de tal participación", agregó Donyamali.
Irán está encuadrada en el grupo G del certamen junto a las selecciones de Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.
El combinado dirigido por Amir Ghalenoei tiene previsto debutar contra Nueva Zelanda el 15 de junio en Inglewood, con un segundo partido contra Bélgica el día 21 en la misma ciudad californiana.
El último encuentro de los iraníes en primera fase será contra Egipto el 26 de junio en Seattle.
El esquiador británico Gabriel Gledhill protagonizó una de las historias más insólitas de la Copa del Mundo de esquí de fondo en Oslo tras completar la exigente prueba de 50 kilómetros completamente borracho. El deportista, de 23 años, terminó en la posición 67 después de haber aceptado bebidas alcohólicas que le ofrecían los aficionados a lo largo del recorrido.
Lejos de ocultarlo, el propio Gledhill reconoció con naturalidad lo ocurrido al finalizar la carrera. Según explicó, durante la prueba consumió entre diez y doce cervezas y alrededor de cinco chupitos de Jägermeister. "Me ofrecieron bastante alcohol durante el recorrido y acabé bastante borracho, pero fue muy divertido", admitió ante los medios, incluso reconociendo que todavía notaba los efectos al cruzar la meta.
En uno de los puntos del circuito, alguien le dio lo que parecía una bebida, pero que resultó ser enjuague bucal. El error le provocó vómitos durante buena parte de la competición. Aun así, continuó hasta completar la carrera, en la que también recibió ofertas de snus, un tipo de tabaco húmedo muy común en los países nórdicos.
Gledhill, que lleva cinco años residiendo en Noruega y entrenando en Lillehammer, ha visto rechazada su solicitud de residencia permanente por no cumplir con los requisitos económicos. Si no logra resolver su situación antes de finales de marzo, podría verse obligado a abandonar el país, lo que pondría en riesgo su continuidad en el esquí de fondo. Él mismo reconoce que su salida supondría, probablemente, el final de su carrera deportiva, ya que todo su entorno de entrenamiento se encuentra allí.
Su comportamiento durante la prueba también generó críticas dentro del circuito. Algunos señalaron que su actitud no era apropiada para una competición de este nivel, especialmente después de ser adelantado por participantes de la prueba femenina. Sin embargo, el británico defendió que no perjudicó a otros competidores ni alteró el desarrollo de la carrera.
Pese a la polémica, la organización de la Copa del Mundo reaccionó con un tono más distendido en redes sociales, donde compartió un vídeo del esquiador con una cerveza y destacó su personalidad y el impacto mediático que ha tenido en este deporte. La escena, entre lo festivo y lo controvertido, deja una de las imágenes más llamativas de la temporada.
Cuando Xavi Pascual, una década después, volvió al Palau Blaugrana allá por noviembre, fue como abrir una puerta al optimismo. Acababa la gris era de Joan Peñarroya y, como un aluvión, regresó al Barça la esperanza. Y, sobre todo, las victorias, con los mismos mimbres. Hasta al Real Madrid, con el que sumaban nueve tropiezos de carrerilla, lograron tumbar en el Palacio. Fueron 19 en sus 22 primeros partidos (incluidas las tres con el interino Óscar Orellana) y ni parecía importar la falta de apuesta económica del club, la política cero de fichajes que la directiva dejó bien claro al de Gavà durante la negociación para su retorno.
Pero aquel éxtasis se topó de lleno con la realidad. Las lesiones fueron palos en las ruedas de la inercia de Pascual. A la Copa del Rey se plantó bajo mínimos y apenas la recuperación milagrosa de Kevin Punter le rescató de no caer a las primeras de cambio contra UCAM Murcia. Tampoco duró demasiado la alegría, fue el Baskonia en semifinales quien le eliminó. Sigue sin ganar un título y ya han transcurrido casi tres años.
La semana pasada se confirmaba otra baja capital. Nico Laprovittola seguramente no volverá a jugar esta temporada. «Si queremos ganar, todo el mundo tiene que querer ganar», deslizó Pascual tras el inconveniente, mirando hacia arriba en un club en pleno proceso electoral. Pero si el técnico que ya ganara la Euroliga de 2010 en su anterior etapa (entre otros muchos títulos), pensaba que con el renovado mandato de Joan Laporta le iban a llegar refuerzos (aunque ya no podrían ser inscritos en Europa) con los que escapar del pozo, pronto ha visto sus ilusiones por los suelos. «El baloncesto, evidentemente, se tendrá que reforzar de cara el año que viene. Ya está todo previsto. También confío en que este año, el equipo remontará y luchará por los títulos que quedan», pronunció ayer mismo Joan Cubells, directivo de las canastas, en Jijantes. Quizá una ligera inyección económica para un equipo que con el paso de los años ha ido viendo como su presupuesto decaía. Y también la salida por fin de contrato de varios jugadores con un salario elevado (Satoransky, Laprovittola, Myles Cale, Miles Norris, Willy Hernangómez, Vesely y Fall).Entre los refuerzos ya suenan con fuerza nombres como el pívot Moses Wright (del Zalgiris) o el baskonista Luwawu-Cabarrot (máximo anotador de la ACB).
Porque, efectivamente, la crisis ha llegado con tanta fuerza al Barça como pareció su resurrección. Y todos los males de un equipo mal confeccionado, corto de efectivos y con demasiados años en la espalda de sus jugadores referentes, han vuelto al primer plano en el peor momento del curso.
El domingo, el Asisa Joventut -con hasta cuatro de su ex jugadores brillando: Ricky Rubio, Ante Tomic, Adam Hanga y el recién llegado Jabari Parker- le derrotó en Liga Endesa sin demasiados problemas (84-72). El Barça sigue tercero en la competición doméstica, pero empatado hasta con el séptimo y cada vez más lejos de Real Madrid y Valencia Basket. El propio Xavi Pascual dejó después del partido en el Olímpic una frase que resume su momento: «Estamos muy frágiles, está muy claro. Nos hemos venido abajo mental y emocionalmente. Nos está costando mucho salir de esta situación y hoy tampoco lo hemos hecho». Aunque, sin duda, donde las alarmas están a punto de saltar es en Europa.
Ahí, hasta clasificarse para el play in está en riesgo. Los azulgrana han perdido seis de sus últimos siete partidos y son décimos (17-14), con el Dubai Basketball y el Emporio Armani Milan pisándole los talones. Poco queda de esa defensa que asombró en el amanecer de Pascual. El resurgir de jugadores que parecían desahuciados, especialmente los pívots («es un problema que tenemos desde que volví al Barça», se sinceró el técnico tras encajar 54 puntos en la pintura ante la Penya). Y el tiempo apremia. Esta misma semana visita en Euroliga al Valencia, justo antes de una doble jornada clave con la visita al Palau de Anadolu Efes y Estrella Roja. Aunque, entre medias, el domingo, nada menos que otro clásico, esta vez liguero.
El 6 de mayo de 2002, Luiz Felipe Scolari desgrana solemnemente en la sede de la CBF la relación de convocados para el inminente Mundial en Corea del Sur y Japón. Brasil está en suspenso ante una lista que en cualquier circunstancia despierta allí más emoción que, pongamos por caso, la de un nuevo consejo de ministros, pero esta vez más, porque hay una pregunta que flota en el aire: ¿estará Ronaldo? En las vísperas Scolari ha revelado que tenía 22 segurísimos y que le quedaba la duda para un último puesto. Y nadie duda de que esa duda se llama Ronaldo.
Scolari va dando nombres con dramática solemnidad. Cuando quedan sólo dos, anuncia a Luizão, delantero centro. Ya sólo queda uno, que o es Romario o es Ronaldo. El silencio en la sala de la CBF es tal que se hubiera oído un alfiler cayendo al suelo. Cuando cierra la relación con un "...y Ronaldo, del Inter de Milán", hay una sensación de alivio colectivo. Romario tenía sus partidarios, pero la mayoría deseaba a Ronaldo por todo lo que le había pasado en los últimos cuatro años.
Ronaldo Luís Nazario de Lima apareció como un nuevo planeta en el sistema solar. Marcó 59 goles en 56 partidos con la sub-17, llegó al Cruzeiro con 16 años para marcar 44 goles en 47 partidos y, ganado el Campeonato Mineiro y la Copa de Brasil, fue traspasado a Europa, al PSV, de donde tras 54 goles en 57 partidos (máximo goleador y campeón de Copa) saltó al Barça por una cantidad récord mundial (2.500 millones de pesetas). Su Barcelona ganó la Supercopa, la Copa y la Recopa, y se le escapó la Liga por los partidos en que faltó Ronaldo por ser llamado a la selección. Dejó 47 goles en 49 partidos cuando pasó al Inter, por 4.000 millones de pesetas.
Al final de su primera temporada italiana (34 goles en 47 partidos) llegó el Mundial Francia-1998. Cuatro años antes, con 17, ya había acudido a Estados Unidos-1994, antes de saltar a Europa. Ganó Brasil, él no jugó ni un minuto, pero no le importó: "Para mí fue como graduarme en la universidad". Eso sí, a partir de entonces se fijó el objetivo de ganar el quinto para Brasil. Alegre, con una sonrisa contagiosa desde sus dientes de conejo, irradiaba positividad. En la 'verdeamarela' hacía una prodigiosa dupla de ataque con Romario, su faro. Juntos ganaron la Copa América y la Confederaciones. Brillaban, divertían, goleaban. Eran la gran baza de Brasil para Francia-1998.
Pero una lesión dejó a Romario fuera y toda la responsabilidad cargó sobre Ronaldo, que había hecho un buen campeonato en el Inter (25 goles en 32 partidos) pero acusaba dolor en la rodilla derecha a causa de los exigentes entrenamientos usuales del calcio. La resistencia de una cadena es su eslabón más débil, y la tremenda musculatura de las piernas de Ronaldo sometía a un castigo excesivo al tendón rotuliano, que ya le había sido operado antes cuando militaba en el Cruzeiro.
Brasil fue progresando sin brillo, rodeado de críticas exigentes y de dudas en torno a Mario Zagallo. Ronaldo cumplía, sin más. El equipo llegó a la final con cuatro goles suyos en seis partidos, siempre muy observado y cargado de exigencia, como mascarón de proa que era de la selección favorita. Un estudio reveló que el 43% de las informaciones relativas al campeonato a través de todo el mundo le mencionaban.
Ronaldo, con el peinado de aquel torneo.EFE
El día de la final sufrió durante la siesta unas convulsiones que espantaron a su compañero de habitación, Roberto Carlos, que salió corriendo a avisar al médico. Ronaldo, cuyo último recuerdo era estarse afeitando la cabeza, se despertó rodeado de gente. No sabía qué había pasado, sólo que se sentía "como si me hubiera pasado por encima un camión". Le llevaron a un hospital a hacer pruebas mientras el resto salía hacia el estadio Saint-Denis sin él. Una vez allí se dio la alineación, con Edmundo como delantero centro, lo que provocó gran revuelo. No se había filtrado nada de su crisis.
Los análisis no revelaron ninguna anomalía, así que fue llevado al estadio. Llegó 50 minutos antes del partido, exigió salir de titular y Zagallo se plegó. Jugó mal. Todo Brasil jugó mal y Francia ganó 3-0.
¿Qué había pasado? ¿Por qué había jugado? Sobre lo primero corrieron bulos diversos: una inyección mal puesta, un envenenamiento, un soborno, una bronca con la novia, una borrachera, un trato con el gobierno francés a cambio de aviones Mirage, un exceso de analgésicos por sus dolores o una pura sacudida nerviosa por su descomunal estrés.
Sobre por qué jugó se acusaba a Zagallo de debilidad senil, y a Nike, patrocinador de la selección, de exigirlo por su conveniencia publicitaria. Ronaldo tuvo que comparecer ante una comisión del Congreso, donde declaró que en su contrato con Nike había una cláusula de confidencialidad, por lo que no podía responder determinadas preguntas, y lo mismo hizo el presidente de la CBF, Ricardo Teixeira.
El sueño de la quinta Copa del Mundo terminó en pesadilla y las cosas iban a empeorar. La temporada 1998-99 fue floja para el Inter, y al principio de la 1999-2000 llegó el desastre: jugando contra el Lecce sufrió un dolor agudo en el tendón rotuliano: rotura parcial. Operado, pasó medio año de recuperación, se casó, tuvo un hijo... Sólo habían pasado seis días del nacimiento de este cuando reapareció en el partido de ida de la final de Copa ante el Lazio.
Era el 12 de abril de 2000, todo parecía sonreírle de nuevo, pero en un recorte el ligamento se rompió por completo con un ruido muy audible y desplazamiento de la rótula a la parte baja del muslo. La imagen es terrible. El doctor que le había intervenido, Gérard Saillant, confesó que había sido un error reparar sólo la parte rota, y no el resto. Pese a ello, se operó de nuevo con él. Pelé le visitó en la clínica, le habló de su lesión en Inglaterra-1966 y de cómo después ganó México-1970. Pero Ronaldo sólo podía doblar la rodilla 95 grados, cuando el ideal era entre 130 y 140. Aconsejado por Saillant fue a un centro de rehabilitación en Capbreton, donde se sometió a cuatro meses de tortura y salió con una flexibilidad de 135 grados.
Ronaldo, con Lucio durante un entrenamiento.EFE
Pasó la 2000-2001 en blanco y cuando se vio para jugar, empezada la 2001-2002, al Inter lo entrenaba Héctor Cúper, que no tenía el menor interés en él. Le parecía tácticamente errático, indisciplinado y ni siquiera confiaba en su curación. Le hizo poco o ningún caso, salvo para obligarle a correr cuatro kilómetros antes de entrenar, lo que le producía dolores.
Pidió permiso para recuperarse en el centro de entrenamiento de la CBF en Brasil, y se lo dieron. Para Cúper, cuanto más lejos, mejor, así la prensa no le preguntaría por él. Muchos insinuaron que lo que quería era pasar allí el Carnaval, pero trabajó a fondo, se recuperó de verdad y el 27 de marzo ya jugó, y bien, un tiempo en un amistoso Brasil-Yugoslavia. Se sintió futbolista y regresó al Inter en busca de partidos que le rodaran para el Mundial.
Pero Cúper no le ponía y él se desesperaba. Sin jugar, no iría al Mundial. Por fin, tras un tropiezo del Inter, el técnico se ve obligado a tirar de él cuando quedan 10 partidos, en los que marca siete goles. El título se esfuma con una inesperada derrota ante el Lazio el último día, pero al menos ha jugado, la rodilla ha respondido. Ahora le toca cruzar los dedos y esperar la lista de Scolari. Cuando oye su nombre siente que tanto sufrimiento ha sido compensado.
Llegó con aprensión. ¿Cómo le iba a responder la rodilla? Aparte del lejano ensayo ante Yugoslavia, sólo había jugado diez partidos, nueve incompletos, tras casi dos años parado. En los entrenamientos racanea, teme que el exceso de trabajo le haga daño, discute una y otra vez con Scolari, sin perder la sonrisa.
En el primer partido, ante Turquía, marca en postura forzada y se carga de confianza. Repite en el segundo, ante China. En el tercero hace dos frente a Costa Rica. Brasil pasa brillantemente a octavos con tres victorias y cuatro goles suyos. En octavos, 2-0 sobre Bélgica y su quinto gol.
En cuartos toca Inglaterra. Es el 21 de junio, quinto partido desde el día 3. La rodilla viene resistiendo bien, pero empieza a molestarle el aductor del muslo izquierdo, sobre todo en la postura de golpear con el interior del pie derecho. Juega preocupado, no marca, es sustituido en el minuto 70 y se le coloca hielo en la zona dolorida. No puede entrenar con el resto, se aplica onda corta. Los periodistas acuden en tropel al doctor José Luiz Runco, que no puede ser optimista sobre su presencia en la semifinal ante Turquía.
Él quiere jugar, se niega a ser noticia por su lesión y hace un regate sensacional a la opinión pública: se pela dejándose un extravagante flequillo inspirado en Cascão, personaje de la serie infantil 'Los amigos de Mónica'. Cuando bajó con los compañeros se armó un revuelo, le hicieron chanzas, Scolari se indignó. Todos los niños japoneses y brasileños, y la mitad de los del resto del mundo, pidieron a su madre cortarse el pelo así, y muchos lo consiguieron. Fue una fiebre súbita y, para los propósitos de Ronaldo, mano de santo. Nadie más preguntó por su lesión.
Jugó la semifinal, siempre evitando un mal esfuerzo que le creara un desgarro. En el minuto 49 vino la genialidad: cogió un balón escorado a la izquierda, entró rápido en el área y, para protegerse de la lesión, lo golpeó de puntera, cruzado, imparable. Un gol sorprendente con un golpeo desacreditado que preservaba su aductor. Ese solitario gol decidió el partido.
Seguidores japoneses en Saitama (Japón) arropando a Ronaldo.EFE
La final es el 30 de junio ante Alemania, que lleva tres Mundiales ganados por los cuatro de Brasil. El no va más. Ronaldo pasa las vísperas de buen humor, pero tras la comida le asalta el recuerdo de sus convulsiones en París y tiene miedo a irse a dormir. Recorre los pasillos en busca de alguna puerta abierta para charlar... mientras le aguantan. Vaga hasta la hora de subirse al autobús. Scolari le exigía que cada balón perdido intentara recuperarlo en los cinco primeros segundos, cosa que nunca hacía, pero esta vez...
El partido es parejo, disputado, no se define hasta que en el minuto 67 pierde un balón, decide de pronto obedecer la insistente orden de Scolari, se revuelve, lo recupera, se lo entrega a Rivaldo, que dispara; a Oliver Kahn se le escapa y él acude veloz para remachar el gol. Doce minutos después sentencia con un gran tiro desde el borde del área. Es su octavo gol en siete partidos.
Brasil ya es pentacampeón. Scolari le retira al borde del descuento, que sigue de pie, y su mente revive la película de los últimos cuatro años. Se abraza a Rodrigo Paiva, consejero de prensa y amigo inseparable durante ese largo vía crucis, llora y le dice:
—Dios ha sido bueno conmigo, ¿verdad?
Luego festeja con todos, exultante, exhibiendo al mundo su sonrisa de conejo y su provocador flequillo.
Su madre había acudido al encuentro, pero no se vieron hasta el vuelo de vuelta, y lo primero que le dijo fue:
—Ronnie, ¿a qué viene ese pelo?
—¡Mamá! ¿Vamos a hablar de que he ganado la Copa o de mi peinado?