Javier Aguirre sabe mejor que nadie lo que significa jugar un Mundial de local. Fue el puntal en el centro del campo de la selección mexicana que dirigió en 1986 Bora Milutinovic y que cayó en penaltis ante Alemania en cuartos de final. Después de aquello, nunca el Tri ha vuelto a pasar el primer cruce de octavos y en Qatar cayó en la fase de grupos. Ahora, vuelve al estadio Azteca a jugarse la posibilidad de sacarse esa espina. Arranca con Sudáfrica y luego le esperan Corea del Sur y Chequia, un grupo en el que caben sorpresas y que obligó al Vasco a aclarar su expresión de que, con ese sorteo, a México se la había puesto “de pechito” para avanzar. El país vive volcado en el Campeonato del Mundo no solo en sus sedes de Ciudad de México y Guadalajara, pero sin demasiadas esperanzas depositadas en sus jugadores.
Ni siquiera las tenía el seleccionador hace unos meses. Es su tercer paso por el banquillo nacional, acumuladas las experiencias con Japón y Egipto sin llegar nunca a un Mundial, y supone el regreso a su país tras las últimas experiencias en LaLiga. De hecho, la intención es dejar el Tri en manos del ex barcelonista Rafa Márquez tras el Mundial, pase lo que pase. Antes tendrá que armar un bloque con una base de jugadores que están en la Liga Mexicana trugado de algunos europeos, como el central de Genoa Johan Vásquez y jóvenes como el delantero del Milan Santiago Giménez y el atlético Obed Vargas, que están por despuntar. Para 14 de los 26, será su primer Mundial. Por eso hasta la capitanía está en duda: son los veteranos el portero Guillermo Ochoa y Edson Álvarez quienes deberían llevar el brazalete, pero ambos apuntan a suplentes y el ramillete de jugadores se abre. Será decisión de Aguirre, que ha decidido cargar sobre sus espaldas toda la presión.
Nadie se atreve a pronosticar hasta dónde llegará un equipo sin estrellas, por eso el seleccionador ha optado por armar un bloque que, como curiosidad, el de más estatura de la historia y que tratado de amalgamar y estimular en una concentración de más de 36 días. Fue lo que hizo Milutinovic en el 86, y funcionó, aunque ahora no haya un Hugo Sánchez. Para eso tuvo que enfrentarse a los 17 propietarios de los clubes mexicanos: quería tener ventaja sobre el resto de equipos que, con un calendario más apretado, llegaría con menos preparación. Ahora bien, eso suponía que los jugadores seleccionados se perderían la liguilla que decide la Liga MX y las finales de la Copa de la Concacaf. Para equipos comoChivas, con cinco jugadores convocados, fue un golpe. Pero el Vasco se mantuvo: “No es un capricho, es un proyecto para buscar hacer un gran Mundial”, advirtió.
En el césped, Aguirre ha trabajado con ellos lo táctico, a su estilo, arropado y lo más vertical posible, pero también lo anímico. Por la concentración han pasado ex jugadores y hasta el campeón de boxeo Julio César Chávez, La Leyenda, para animar a los jugadores que tendrán su primer examen ante todo el mundo en el partido inaugural frente a Sudáfrica. El once lo ha ido perfilando y lo tiene claro, será el mismo que goleó a Serbia en el último amistoso con la duda de quién estará en el lateral derecho.
Con este duelo ya se dio inicio al campeonato en Sudáfrica en 2010. Entonces acabó con un empate, con los Bafana Bafana eliminados en la fase de grupos y México, con Aguirre en el banquillo y Rafa Márquez en el campo, derrotada por Argentina en octavos. Aquel Mundial siempre será recordado por ser el primero que ganó España con gol de Andrés Iniesta.






