Las suecas se fueron al descanso con 1-3, pero la selección reaccionó mostrando su mejor fútbol en la segunda parte (5-3)
Fiamma Benítez celebra el cuarto gol de España.JORGE GUERREROAFP
A España le gusta sentir que tiene que salvarse. Detectar el enemigo común y unirse revitaliza su juego. No importa el caos, es capaz de reinar en él bajo el liderazgo de Salma Paralluelo, Olga Carmona o Aitana Bonmatí. Siempre hay rescate. Se agigantó desde la adversidad en el Mundial y se hizo fuerte en la tormenta que vino después. Ganó en Göteborg y fue apabullando rivales hasta caerse ante Italia en un partido que dejó un rastro de polémica. Fue un arañazo pero, por momentos, pareció una herida en la Suecia hurgó. Se retorció la selección en ese dolor desde el que creció para dar una lección de fútbol, remontar y entrar con pie firme en las semifinales de la Nations League.
No quería España más errores y cometió el primero a los 39 segundos, sin arrancar a sudar. Forzaron las suecas un saque de esquina que peinó Sembrant en el primer palo para que cabecera sola Zigotti Olme al segundo. Se enrabietó el equipo español y Olga Carmona estrelló un zurdazo cruzado en el travesaño, pero la sevillana se resarció con un centro tenso que cabeceó Salma Paralluelo para marcar el empate. Lejos de calmarse a los once minutos, el partido enloqueció.
Suecia volvió a correr, se plantó en la frontal donde Blackstenius se deshizo de Laia Aleixandri y entregó el gol a Asllani. El once de España, sin apenas rotaciones, ni tenía pelota ni tampoco orden que evitara los latigazos de las escandinavas. Aún así, se revolvía con más corazón que ideas. Estuvo a punto de aprovechar un error de la portera Falk y Jenni Hermoso tuvo dos claros remates para voltear el marcador.
El asedio no era efectivo y, en la locura, ganaban las suecas, que rompieron el partido en media hora. El tercer gol fue de Blackstenius y hasta Misa tuvo que salvar un misil de Angeldal. Sólo las carreras en banda y los centros de Olga Carmona junto a Salma Paralluelo buscando espacios y obligando a Falk abrían camino a la esperanza, que estaba más en la grada que sobre el césped.
La cabeza la alzaron al regreso del vestuario, justo cuando se ajustaron y empezaron a dominar la pelota. No tardó Athenea en acercar el marcador tras cazar en el punto de penalti un centro raso de Olga. Tomé ya había mirado al banquillo echado mano de Aitana y Fiamma. A ambas se les escapó el empate, pero el vendaval se había desatado. Las suecas ya no rondaban a Misa y su miedo fue un estímulo. Comenzó a aparecer Mariona, que logró la igualada, y a brillar con más sentido Salma, que no marcó pero tocó cada balón que acabó en el fondo de la red. La valencianista Fiamma le dio la vuelta al resultado con el cuarto tanto en el minuto 81 antes de que, otra vez Aitana, se estrellara en el palo. Con Suecia lamentándose, aún llegó el quinto en una contra que nació de Salma y acabó Mariona. Hasta Ona Batlle se pudo sumar a la fiesta si Falk no hubiera desviado su disparo al larguero.
España había vuelto a hacer lo más difícil, sacudirse la mochila de sus errores y disfrutar con el fútbol de sus talentosas jugadoras. Es el plan desde que son campeonas del Mundo y lo ejecutaron en este partido de despedida. Ahora esperan rival en semifinales, el último escollo para volver a hacer historia y estar en los Juegos. No se perderán ese partido pese a que están apercibidas Abelleria, Jenni e Ivana. Al enemigo lo conocerán el próximo lunes tras el sorteo pero será Alemania, Francia o Inglaterra. No hay temor.
Un minuto le bastó al Oviedo para desnudar a un Valencia obtuso, que solo jugó a ráfagas, sin acierto, ni de penalti, y con falta de mucha calle. Como si fuera el recién ascendido. Se le escaparon entre los dedos tres puntos por errores groseros defendiendo un balón parado, del que se aprovechó Ilic, y permitiendo la carrera a la espalda de la defensa del veterano Salomón Rondón. Dos zarpazos que provocaron los pitos de una afición desesperada. [Narración y estadísticas: 1-2]
Se relamió Mestalla cuando, en solo cuatro minutos, su equipo tomó ventaja con un picotazo de muchos quilates. Danjuma, de media bolea, cazó un centro que el diablillo Luis Rioja se sacó dentro la línea de fondo bregando con la defensa carbayona. Apenas había pasado el balón por las botas valencianistas, pero el brillo de su estrella auguraba una noche plácida, despejada como el cielo tras la tormenta. En la grada se frotaron las manos cuando otra vez el neerlandés, esta vez asistido por Gayà al primer palo, forzó a Aarón a mantener con vida al Oviedo. Sin embargo, las expectativas murieron muy rápido. El Valencia ya no volvió a tener una ocasión clara antes del descanso.
Si bien es cierto que el Oviedo no encontró balón en los primeros 15 minutos, condenado a perseguir sombras, también lo es que poco a poco se acercó al área de Agirrezabala y, sobre todo, fue capaz en su pelea hombre a hombre, de ganar todos los duelos a un Valencia que parecía desbravado tras el gol. No se encontraban los de Corberán, dubitativos e incapaces de dar un paso al frente que les devolviera el control.
Así, entre los remates de Federico Viñas y hasta del lateral Lucas, comenzó en runrún en Mestalla, que poco tardaron en convertirse en pitos. Demasiada debilidad estaba mostrando el Valencia, que solo se estiró una vez más con una carrera por la orilla izquierda de Danjuma para sentar a Hassan y a Lucas sin que su centro encontrara rematador. Tanto creció el Oviedo que fue Paunovic quien se echó las manos a la cabeza cuando Colombatto forzó a Agirrezabala en la mejor ocasión para los asturianos al filo del descanso.
Como si no hubieran pasado por vestuarios, el partido regresó con el mismo guion. El Oviedo se volcaba buscando el empate y encontrando la manera de provocar que todo el estadio se desesperara con los errores que iban acumulando sus jugadores. El banquillo lo detectó y rompió esa dinámica reforzándose. En el centro del campo con Pepelu y en la banda con Diego López, además de Lucas Beltrán para apretar en ataque. El Valencia volvió a dominar a su antojo, sin prisas... y con poca claridad. Al Oviedo le quedó un centro-chut cruzado en exceso de Brekalo. Justo lo mismo que hizo Danjuma cuando Diego López lo dejó mano a mano con Aarón.
Errores groseros
Que no iba a ser una noche cómoda para los valencianistas quedó claro cuando hasta Danjuma falló desde el punto de penalti. El VAR avisó a De Burgos de un codazo en el cuello a Diakhaby y el neerlandés le pidió a Pepelu, con el balón agarrado, ser él quien se plantase ante Aarón, que le adivinó el lanzamiento en el minuto 74. El Valencia solo tenía que agarrarse y defender su marcador ante un equipo que había marcado dos goles en siete partidos, pero no lo hizo. Lo peor acababa de empezar. En un minuto, el Oviedo se metió los tres puntos en el bolsillo.
Fue primero Ilic en el que, tras un saque de esquina que Rondón cabeceó para meterlo en el área pequeña, cazó de rebote el mal despeje de Santamaría para empatar el duelo. Al marcador le dieron la vuelta los asturianos robándole la pelota a Gayà -desde entonces pitado- por intentar un mano a mano en el lateral de su área sin que De Burgos viera falta. La pérdida provoca que el Oviedo lance una contra perfecta para que su veterano delantero venezolano se fajara con Tàrrega y tumbara al Valencia.
Hay una luz que el valencianismo ve al final del túnel con más intensidad que hace sólo siete días. La era post Peter Lim se empieza a vislumbrar después de tres movimientos estratégicos que confirman que el empresario, ahora sí, está en disposición de atender a ofertas que puedan serle ventajosas para salir del avispero de Mestalla que él mismo se ha dedicado a agitar desde 2019.
Aunque la atención esté focalizada en tirar del equipo de Rubén Baraja para que salga de la delicada situación deportiva en la que lleva inmerso desde el inicio de la temporada, al fondo de la tabla con seis puntos y sólo una victoria, el origen de los males se sigue viendo en el abandono del máximo accionista y su marcha se sigue coreando en Mestalla a voz en grito en cada partido, con la bandera amarilla de 'Lim Go Home' que ha llegado hasta las puertas de la mismísima casa del magnate en Singapur.
Pero Lim no iba a dejar al Valencia sin exprimir el rendimiento que da el lujo de ser propietario de un club histórico de LaLiga, con la vitrina cuajada de títulos y una masa social que lleva al estadio a 40.000 personas en cada partido, aun con el equipo sufriendo por la permanencia.
En los últimos siete días se han dado los pasos que esperaba para endulzar el valor del club y hacerlo más atractivo a nuevos inversiones. No significa esto que Peter Lim se lance a una venta inmediata, pero sí que le va a ganar dinero.
Para eso era imprescindible el trabajo en busca de la sostenibilidad financiera que llevan persiguiendo sus ejecutivos desde 2021. El máximo accionista empezó por hacer los deberes que estaban en su mano. Tomó las riendas del Valencia en 2014 comprando por 100 millones la deuda de la Fundación, propietaria entonces del 80% del capital social, y renegociando con Bankia, aún no convertida en Caixabank, la deuda con una quita de 60 millones de euros si mantenía el 51% de la propiedad al menos hasta 2026. Además, ha ido prestando asistencia financiera a través de Meriton por un valor que suma alrededor de otros 100 millones.
Han sido préstamos que ha capitalizado para aumentar su control del capital social al 91,55% y de los que el Valencia sólo va a tener que devolver los últimos 35 millones. De hecho, empezará a tener que hacerlo el próximo 15 de diciembre. El 70% lo afrontará en pagos hasta 2028 y el 30% lo tendrá que liquidar el 30 de julio de 2029. No parece que se vayan a agotar esos plazos.
El club ha ido ajustando su gasto y empequeñeciendo su plantilla hasta reducirla a los ingresos por televisión, de manera que incluso en el ejercicio 2023 va a dar beneficios. Y es que las ventas de futbolistas que se han realizado en los últimos dos años no se han reinvertido en jugadores sino que se han destinado a reducir una deuda que supera los 320 millones de euros. O al menos a no engordarla más.
La conocida pancarta de 'Lim go home' en una de las protestas de la afición.EFE
Una deuda contenida y unos gastos operativos equilibrados es lo que Lim exigía para hacer el club más atractivo y, de paso, dejar de prestarle dinero a fondo perdido. Eso ya lo ha conseguido. Además, tiene una plantilla joven, con valores en crecimiento, barata y con contratos cortos.
Nuevo Mestalla
Otros escollos no estaban en su mano. El primero, el embrollo urbanístico del cambio de estadio. Lim compró el Valencia sabiendo que estaba comprometido a cambiar Mestalla por el campo de la Avenida de las Cortes cuyas obras estaban paradas. Sin embargo, nunca le interesó retomarlas hasta que las instituciones le forzaron.
La Generalitat decretó la nulidad por incumplimiento de la Actuación Territorial Estratégica (ATE) que garantizaba al Valencia un mayor, y mejor, aprovechamiento urbanístico del suelo del actual Mestalla y, con ello, un aumento de su valor. También de una parcela anexa al nuevo campo que se puede explotar comercialmente.
Pese a que el Valencia tensó sus relaciones con el Ayuntamiento e incluso llevó a la Generalitat a los juzgados, finalmente alcanzó un acuerdo para mantener esos privilegios y lograr las licencias urbanísticas a cambio de activar las obras de nuevo campo antes del 15 de enero de 2025 y tenerlas finalizadas en el verano de 2027. Ese proyecto de estadio, el enésimo desde 2005, se presentó el pasado 11 de octubre al Ayuntamiento para ser sometido a la valoración de los técnicos y a una auditoría de costes que ya ha encargado el consistorio.
Se trata de un estadio de 70.044 localidades, con cubierta de cables tensados y membrana textil y una fachada ondulada simulando las balconadas del actual Mestalla. Todo con un coste total de 241millones de euros, de los cuales 63 ya estaban invertidos en la estructura actual de hormigón y a los que habría que sumar los 35 del coste del suelo. En total, una obra por encima de los 300 millones.
El Valencia sólo contaba con la financiación de 80 millones de CVC y la venta del terciario y algún inmueble más por valor de 35 para hacer frente a esta inversión. Necesitaba financiación por eso se lanzó a los mercados internaciones y lo hizo con el desbloqueo municipal bajo el brazo.
Los contactos se establecieron hace un año con Goldman Sachs para tantear las posibilidades de financiación y se han acelerado después del verano, con la hoja de ruta urbanística aclarada desde el pasado mes de julio. El Valencia busca los casi 100 millones para hacer frente a las obras y, además, otros 120 para refinanciar su deuda de corto a largo plazo. Esto le permitiría saldar la deuda con Caixabank, principal accionista y ponerse en manos de la firma norteamericana. Quedaría por saber si en esa negociación se incluiría la quita de 60 millones con que penalizarían a Lim si vende su mayoría. De hacerlo, tendría las manos libres.
El acuerdo entre el Valencia y Goldman Sach, con el nuevo estadio como principal garantía, está muy cercano y podría anunciarse en la próxima junta de accionistas, lo que supone dar una patada al balón hacia adelante. Con las finanzas a corto plazo ordenadas y el nuevo estadio desbloqueado, el valor del club en el mercado permite a Lim vender con beneficio.
El cuaderno de venta está ya en manos de las principales consultoras europeas, según desveló el diario AS, y el precio podría rondar entre los 350 y los 400 millones de euros. Es la cifra que también conoce LaLiga. Javier Tebas se ha esforzado en los últimos tiempos en ofrecerse para ayudar al magnate a buscar un comprador.
En ese precio influirá también el tiempo, porque en el momento en que Lim se decida será importante la situación deportiva del equipo. No vale lo mismo un club salvado que en riesgo de descenso o en Segunda.
¿Es la salida de Lim la salvación del Valencia? Depende de quién sea el comprador y de los planes que tenga. Si el interés es deportivo, su inversión tendrá que ser progresiva por las normas de fairplay de LaLiga pero el margen es muy amplio. Si es inmobiliario, todo será mucho más complicado, pero este interés es imprescindible tanto por el compromiso, ahora sí con penalizaciones, de acabar el estadio como por la necesidad de rentabilizar el viejo Mestalla.
Esta vez, a diferencia de en 2014, ni siquiera existirá una figura que pretenda velar por los intereses del valencianismo, aunque entonces se olvidaran de ejercer esa labor. Ahora será Lim y sólo Lim, o sus bancos, quienes decidan.