En los últimos minutos de la prórroga, Davide Ancelotti comenzó a escribir en una «papelito», como lo llama su padre. Ahí pondría los nombres de Mbappé, Bellingham, Valverde, Lucas y Rüdiger, que serían los lanzadores del Real Madrid en la tanda de penaltis contra el Atlético. El ayudante e hijo de Ancelotti ya tuvo ese deber el año pasado en el Etihad, en la última agonía madridista desde los once metros, y volvió a acertar en sus elecciones. El Madrid está vivo, y eso que pareció muerto.
Gallagher se quedó a 17 segundos de Makaay, que hace 18 años sentenció al Madrid con un gol a los 10 segundos de la vuelta entre el Bayern y los españoles. Era la última vez, en 2007, en la que le remontaban una eliminatoria a los blancos tras haber ganado la ida.
27 segundos tardó Gallagher en marcar y parecía que el Madrid aterrizaba en una pesadilla rojiblanca, pero aguantó a pesar de una primera parte de desidia. La «motivación», «compromiso» y «actitud» que ha repetido Ancelotti a lo largo de la temporada brillaron por su ausencia. Ni siquiera con Mbappé, que llegó a tiempo al partido después de sus molestias en la previa. Lejos de su nivel.
En el banquillo, Ancelotti mantenía cierta tranquilidad mientras Francesco Mauri, principal ayudante junto a Davide, se desesperaba a gritos en cada córner, reflejando las pobres sensaciones anímicas del vestuario.
Fue un derbi de tensión, iniciado con la actuación de la Policía contra varios cientos de Ultras Sur que se presentaron en las puertas del Metropolitano sin entrada y se enfrentaron a miembros de la Grada Fans, el actual sector de animación del Bernabéu. Hubo insultos, pero los cuerpos de seguridad terminaron echando a los radicales.
Ya en el campo, abucheos a Courtois, a Vinicius y a Asencio, siendo los dos primeros los más buscados por la grada. El belga salvó al Madrid en varias ocasiones y el brasileño fue de nuevo protagonista de un derbi: llevó el protagonismo de gran parte del ataque del Madrid, se picó con Giuliano, Marciniak le sacó amarilla, se cruzó con la grada y terminó enviando a las nubes rojiblancas el penalti decisivo. El cuarto penalti fallado en la historia del Madrid en las eliminatorias de Champions tras dos de Figo y uno de Di María. Aunque en la memoria recordó a aquel de Ramos contra el Bayern en una tanda decisiva.
El error hundió a Vinicius, al límite físico durante el tramo final del partido y fallón en los controles y en los regates. Su partido fue de suspenso mientras el duelo llega a la prórroga, la primera para el Madrid desde la del City del año pasado y la cuarta en los últimos años tras las del City y Chelsea en la edición de 2021-2022.
Otro tiempo extra en los derbis, el cuarto consecutivo en las últimas cuatro oportunidades. El Madrid se había llevado la de la Copa de hace dos años y la de la Supercopa de España en Arabia en 2024, mientras que el Atlético venció en el último torneo del K.O. y llegó a la de la Champions con ganas de comerse un derbi.
Llegaron entonces los penaltis y el papelito de Davide. Su padre Carlo se fue acercando uno a uno a los lanzadores y éstos fueron asintiendo. Mbappé, lastrado físicamente en los últimos días, le comentó algo pero le terminó diciendo que sí. También Bellingham y Lucas, que habían lanzado en Manchester el año pasado. Y también Fede, al límite muscular, que en el Etihad dijo que no pero en el Metropolitano se atrevió. Y cómo no, Rüdiger, que marcó el decisivo ante el City y volvió a ser el héroe del Madrid.