Las mujeres de dos futbolistas del Mallorca denuncian “acoso” en Yeda tras el partido ante el Madrid: “Algunos saudíes les tocaron el culo e intentaron abrazarlas”
Algunos familiares y aficionados del RCD Mallorca vivieron en el Estadio King Abdullah de Yeda una noche “de pesadilla“, como relatan en diferentes testimonios a este periódico. El conjunto balear cayó derrotado ante el Real Madrid en las semifinales de la Supercopa de España, pero eso, según ellos, “fue un alivio“, porque denuncian que al salir del campo sufrieron “acoso” por parte de los aficionados saudíes.
“Ya dentro del campo fue muy desagradable, porque los saudíes no pararon de increparnos, incluso a gente mayor y a niños, nos tocaban todo el rato“, explica Pere, aficionado mallorquín, a EL MUNDO.
La situación se volvió más comprometida cuando abandonaron el estadio para coger el autobús que les llevara al hotel donde se alojaban en la ciudad. “Hicieron un pasillo y nos zarandearon, nos pegaron collejas, nos intentaron robar bufandas y banderas, tocaban a las mujeres, intentaban abrazarlas… Hubo momentos de mucha tensión”, relata Pere. “Lo que tendría que haber sido un viaje de ensueño se convirtió en pesadilla, la derrota fue un alivio”, admite.
Juanmi Sánchez, periodista de ‘Marca’ que sigue la actualidad del Mallorca, estaba al lado de los familiares: “Se burlaron de ellos y tocaron el culo a dos parejas de los jugadores, a la de Greif y Dani Rodríguez”, explica.
“Los chicos de este país se han puesto a hacernos fotos de cerca y nos han estado acosando”, aseguró Cristina Palavra, mujer de Rodríguez, en la televisión autonómica IB3. Natalia Kaluzova, pareja del portero, dijo que “un grupo vino hacia nosotros, nos empujaron, nos insultaron, nos grabaron y hubo agresiones”. El padre de Sergi Darder, Kike, también denuncia en ‘Marca’ “manoseos” a las mujeres.
“Una situación bastante delicada que no puede ocurrir en un estadio, sea donde sea. La afición tiene que estar protegida. Tiene que haber un control para que no ocurra nada. Alguna mujer de algún jugador fue acosada y no se puede producir”, explicó Alfonso Díaz, CEO del conjunto balear. “De madrugada estuve hablando con la Federación sobre esto, con el presidente, y nos han dicho que tomarán las medidas oportunas”, continuó.
Respecto a estos hechos, fuentes del club balear informan de que todos los vídeos e imágenes de lo sucedido publicados por los medios y los aficionados en redes sociales en la salida por la puerta 1 serán de utilidad para la seguridad del estadio y la Real Federación Española de Fútbol en la identificación de los agresores.
El Real Madrid se regaló un respiro en Montilivi, plaza teóricamente difícil en la pelea por la Liga, y sumó tres puntos que le hacen quedarse a dos, con un partido menos, del Barcelona. El conjunto blanco pasó por encima del Girona a hombros de Jude Bellingham, goleador y asistente antes de retirarse con molestias a tres días del duelo contra el Atalanta. Mbappé, que sigue buscando sensaciones, sentenció el duelo con el tercer tanto del partido.
Después de los «palos», como así los definió Ancelotti en la previa, tras la derrota en San Mamés, el técnico italiano continuó ajustando a su Madrid en Montilivi camino del trascendental duelo de Bérgamo, con la supervivencia continental en juego. Y viendo la alineación, todavía sin Vini, el ajuste más importante tiene a Bellingham como protagonista.
Ancelotti, que durante algunos momentos del primer tramo de la temporada había acorralado al inglés en la banda, parece decidido a convertir al británico en eje central de su juego. No suena a una decisión contraproducente, sino lógica viendo los defectos de este Madrid. El conjunto blanco sufre en salida de balón y sufre al presionar. ¿Quién puede solucionar eso? Bellingham, capaz de recibir de espaldas entre líneas y con oxígeno para no desfallecer en la presión, fue el líder madridista ante el Girona.
La noche no fue sencilla para el Madrid en el inicio. Nadie imaginaba lo contrario. Los de Míchel son valientes e inteligentes con balón, a veces incluso demasiado osados, y durante la primera media hora fueron superiores a su rival. Un Madrid con el motor gripado, incapaz de conectar en estático y de robar alto para generar peligro.
Asprilla y Bryan Gil fueron un tormento para Mendy y Lucas, especialmente el segundo, compartiendo carril zurdo con Miguel Gutiérrez y logrando las mejores ocasiones del Girona. Un pase atrás al que no llegó nadie, un disparo desde lejos que rozó el palo... Asprilla, por su parte, se inventó un pase sin mirar a Van de Beek que el holandés, ya dentro del área, envió alto. Era el minuto 28 y el susto despertó al Madrid.
Los blancos dieron un paso adelante en la presión, confiaron en su físico, que debe ser una de sus mayores virtudes, y sondearon la meta de Gazzaniga hasta que Bellingham vio puerta en el 35. La presión madridista provocó la pérdida local en campo propio, Bellingham cedió a Brahim, éste se internó en el área por el carril izquierdo, intentó un pase atrás que despejó mal Miguel y Bellingham, en el rechace, marcó el 0-1 para calmar ánimos.
El inglés lleva cinco jornadas seguidas marcando, justo desde que Ancelotti centró su posición y le hizo pisar más área que antes. Desde ahí llega más al remate, es el primero en presionar la salida de balón rival y sirve de hilo conector entre los dos centrocampistas y los tres delanteros. El sistema está creado para él y ni siquiera la vuelta de Vinicius, chispa constante del Madrid, debería moverle de sitio.
Tras el descanso, el Girona bajó pulsaciones y el Madrid fue capaz de respirar con balón durante largas posesiones, creciendo en confianza en mitad del temporal de sensaciones que ha vivido en las últimas semanas. Modric y Bellingham hicieron suyo el partido en estático, movieron a su rival y empezaron a encontrar situaciones favorables.
Tchouaméni, central en lugar de Asencio, se encontró con Gazzaniga al cabecear una falta lanzada por el croata. Y de los pies del capitán del Madrid salió el 0-2. Todo en apenas tres toques. Luka, en campo propio, conectó con Bellingham en la medular, el inglés controló, se giró y vio con rapidez el desmarque del turco entre los centrales rivales. Güler avanzó y cruzó el balón a la esquina izquierda de Gazzaniga.
Después de la alegría del gol, llegó el susto. En el 58, Bellingham se fue al suelo tras enviar un balón largo, dolido en la zona del isquio izquierdo. Pidió el cambio y se quedó en el banquillo, pero el miedo de cara al encuentro contra el Atalanta (el martes a las nueve de la noche) se apoderó del conjunto blanco.
La ausencia del inglés no dinamitó al Madrid, superior a un Girona hundido física y mentalmente. Y de nuevo, apareció Modric. En el 61, el croata indicó y esperó el desmarque de Mbappé, el galo pisó área y batió a Gazzaniga con un buen disparo. El tanto sentenció la cita y completó una segunda parte sobresaliente del Madrid, que se queda a dos puntos del Barça y prepara la visita a Bérgamo con más confianza.
En la sala principal del Marriot Hotel de Yeda todo eran dudas. Ni los directivos de la Federación Española de Fútbol ni los medios de comunicación tenían la respuesta a la pregunta que llevaba reenviándose durante todo el día entre los móviles de los responsables: «¿Llegará Florentino Pérez? ¿Si no viene, asistirá Laporta?». La respuesta llegó a las 19:45 de la tarde saudí y fue el inicio, dicen sus protagonistas, de una pequeña tregua institucional. Veremos durante cuánto tiempo.
El jardín del Marriot, situado a escasos 20 minutos del aeropuerto de Yeda, fue el escenario de la recepción oficial ofrecida por Rafael Louzán, presidente de la RFEF, antes de la final de la Supercopa de España. Un acto que gracias al buen hacer de Madrid y Barça en el torneo se lleva repitiendo durante varios años en Arabia Saudí y provoca momentos de máxima morbo para la actualidad futbolística española.
El año pasado, la Embajada de España en Riad se convirtió en el escenario de la paz entre Florentino y Laporta después de 10 meses de críticas y plantones a raíz del Caso Negreira. Y ayer, doce meses después, el Marriot de Yeda, con la presencia del cónsul honorario de España en la embajada en Riad, Sheikh Abdulaziz Kaki como mediador, acogió el reencuentro entre Laporta y Louzán después de los insultos del azulgrana en el palco de la semifinal contra el Athletic, justo después de saber que el CSD le había dado la cautelar en el Caso Olmo y le permitía inscribir al futbolista, al contrario de lo decidido por LaLiga y la RFEF.
Un 'perdón' al estilo Laporta
Laporta no había tenido ningún acto público ni se había dejado ver desde la semifinal, e incluso se había deslizado que si no acudía Florentino, él tampoco lo haría. Hasta en eso parecían ir de la mano. Pero a las 19:45 apareció en la recepción. Se saludó de manera cordial con Louzán, le enseñó el himno del Barça al hijo del cónsul, bromeó con Villar, elogió el 'Beach Club' en el que había comido, saludó a Medina Cantalejo (jefe de los árbitros) y en su discurso, totalmente improvisado, dejó un recado a la Federación y se justificó, a su manera, por los insultos del palco.
El presidente dijo ante los representantes saudíes y los directivos de la Federación que se podía haber evitado la polémica «que ha envuelto esta Supercopa» si «se hubiera aplicado la normativa correctamente, según nuestra opinión». Eso sí, se mostró «satisfecho» porque todo ha terminado saliendo «bien».
Además, reflexionó, sin mencionarlos, sobre sus gestos e insultos en la semifinal asegurando que «el fútbol es pasión, te lleva hasta el límite...». Un 'perdón' al estilo Laporta después de los cortes de manga y los «hijos de puta» en el palco.
En la Federación esperaban una disculpa más contundente, pero el discurso y su presencia han levantado la bandera blanca. La próxima batalla del Barça será cuando se termine la cautelar, y si entre medias puede evitar tener a la Federación en contra, mejor para ellos.
Mientras se firma la tregua entre el Barça y la RFEF, el Madrid se mantiene al margen. El silencio del conjunto blanco después de la concesión de la cautelar al Barça por parte del CSD, también en las ruedas de prensa de Ancelotti y jugadores esta semana, ha sido muy comentado por los clubes de LaLiga y criticado por el presidente de la competición, Javier Tebas. «¿Dónde está Real Madrid TV?», escribió en sus redes sociales.
El Madrid, al margen
Florentino no acudió al Marriot, asegurando el club que todavía no había aterrizado en la ciudad, y en su lugar la directiva del Madrid mostró cordialidad con Laporta y Louzán. José Ángel Sánchez, director general del club, charló durante un minuto con el directivo azulgrana en muy buena sintonía y Butragueño sustituyó a Pérez en el escenario de forma amistosa. Reinó la calma y la comitiva madridista abandonó el lugar a la media hora. Tan amable como rápida.
De Negreira a la Superliga
La relación entre Madrid y Barcelona no deja de sorprender. Amigos en tantas cosas, enemigos en tantas otras. Los blancos se personaron en el juicio del Caso Negreira al sentirse perjudicados, pero están unidos a su rival en el proyecto de la Superliga, en la trinchera contra Tebas y la UEFA y en sus quejas, entre otras, por el acuerdo con el Fondo CVC. «El Barça y el Madrid se tienen que ayudar, lo digo con sinceridad. Es un club que está entre los más grandes del mundo. ¿Por qué nos íbamos a enfadar?», dijo el propio Florentino en la última Asamblea madridista.
Tebas es ahora vicepresidente de la RFEF, una decisión que no ha gustado a Florentino y a Laporta a pesar de que Louzán ha mostrado su «total disponibilidad» para tener, y así lo volvió a recalcar ayer, «una paz duradera».
En algún punto de la fina línea que separa el amor y el odio entre ambos clubes está el momento actual de su relación, con el Madrid manteniendo la calma aunque parte de su afición le exija criticar a su gran rival. Un 'Juego de Tronos' en el que esta noche volverán a ser enemigos en el campo, pero en el palco Laporta y Florentino se reencontrarán para medir las sensaciones de su relación.
María Isabel y José Luis todavía no se lo creen. Ella está «algo nerviosa» porque no le gustan mucho las entrevistas, ni siquiera el fútbol. Él mira al césped del Coliseum, gigante e imponente desde la grada, y analiza las opciones de su hijo Cristian contra su hijo Borja en el clásico de la familia Mayoral. «Es que el físico es muy diferente. A ver cómo aguantan». Este martes, el Inter de Valdemoro, undécimo en la Primera Autonómica de Madrid, sexta división del fútbol español, se medirá al Getafe, décimo en la Liga, en el Coliseum del municipio madrileño, regalo de los azulones al equipo pequeño para que recauden más. En una plantilla está Cristian Mayoral, mediocentro de 32 años. En la otra Borja Mayoral, su hermano pequeño, delantero de 27. Los dos hermanos y los dos padres se sientan con EL MUNDO en una sala del Coliseum, donde recuerdan los esfuerzos de unos y las trastadas de los otros camino de una carrera futbolística que les ha regalado un duelo copero, familiar y único.
«Nos lo debía un poco la vida, sí», responde María Isabel. «Ha sido mucho esfuerzo, y no le mires a él, eh (a José Luis), mírame a mí porque el esfuerzo es mío. Porque él estaba trabajando en la carnicería, no podía llevarles y me tocaba a mí ir con uno y luego con el otro hasta que él (Cristian) se sacó el carnet», recuerda.
«Va a ser una fiesta, vienen amigos, primos, tíos... Todos», dice José Luis. «Hay que pedir a la alcaldesa que sea festivo en Parla», bromea Borja. «Nosotros siempre hemos sido una familia humilde y trabajadora y en eso seguimos. El éxito de Borja pues te llena de orgullo, pero no somos ese tipo de personas a las que se le sube a la cabeza, ni ellos dos tampoco», reflexiona el padre.
José Luis era carnicero y ahora está retirado, María Isabel era ama de casa y Cristian ahora trabaja como ojeador en la agencia de representación que lleva la carrera de Borja. El hermano mayor jugó en el Parla hasta que entró en la cantera del Atlético de Madrid, pero tuvo mala suerte con las lesiones y terminó haciendo carrera en divisiones más bajas mientras Borja, canterano del Madrid, llegaba a la elite.
«Mucha gente decía que el mayor era mejor que el pequeño», admite Borja. «Lo que está claro es que el gol lo tiene él», responde Cristian. «No sé qué hizo mi padre, pero en vez de repartirlo, se lo quedó todo él», bromea el hermano mayor, que admite las dificultades de llegar al fútbol profesional. «¿Cuántos chicos hay que no llegan? Es muy difícil y el embudo se va haciendo cada vez más pequeño. Siempre he intentado ser un ejemplo para Borja, en qué errores no cometer, qué cosas hacer y no hacer... Si le han servido lo tendrá que decir él», sonríe Cristian, mirando a Borja.
«Él era un hermano muy protector», explica el delantero del Getafe. «Es ese entorno que te va cuidando y te va llevando. Que te dice las cosas por tu bien, que no esté hasta tarde fuera de casa, en la calle con gente que no debo... Cuando vas cumpliendo años lo valoras más», asegura Borja, que cuando fichó por el Wolfsburgo se fue a Alemania con su hermano Cristian. El pequeño trató de abrirse paso en la Bundesliga y el mayor en ligas menores, acompañándole. Y en un futuro quieren jugar y entrenar juntos al mismo equipo. «Hablamos mucho de fútbol, de táctica, de partidos... Tenemos una visión muy parecida», explica Borja. «Yo sería el segundo», replica Cristian. «No, no, yo el segundo», responde Borja.
Las grabaciones de María Isabel
El vídeo del clásico de los Mayoral tendrá un sitio de honor en el baúl de los padres, una caja de recuerdos que han construido a través de la cámara de María Isabel, que grababa todos los partidos de sus hijos para que José Luis los pudiera ver después. «¡Dice que no le gusta el fútbol y se ha visto todos los de Borja!», clama Cristian, entre risas, hacia su madre. «Otra cosa es que prestara atención. No sé ni lo que es un fuera de juego», bromea. «Borja jugaba los sábados por la mañana y yo los grababa para que él (José Luis) los viera. Pero vamos, le decía a los otros padres que era porque mi marido no podía, que sino ni me hubieran conocido porque no me gusta», insiste ella. «¡Los he visto todos!», responde él.
Pero antes del césped estaba el pasillo de casa, donde «se jugaban finales de Champions», según José Luis: «Unas voces a las nueve de la noche... Una vez hasta se rompieron un diente». «Pero eso no fue por el fútbol, fue por la Game Boy», avisa Cristian. «Patadas, todas las que quieras. En el colegio eran un calvario», insiste José Luis. «Y algún cuadro han roto», añade María Isabel. «Borja siempre estaba pegado a mí. Cristian era más trasto», añade. «Yo era un poco chivato porque cuando mi hermano empezaba a salir con amigos y yo tenía rabia porque no me había llevado con él se lo contaba», admite Borja.
Del pasillo a las canteras de Madrid y Atlético. «No es lo normal, pero nunca se les subió a la cabeza», admiten los padres. Y esta noche, el clásico de los Mayoral en Getafe. ¿Un resultado? La familia aprovecha que Borja ha dejado la charla por un compromiso del club y tiran hacia Valdemoro... «Yo un empate, o incluso que gane Cristian», se atreve María Isabel. «Si fuera en un campo de hierba artificial, más pequeño, en tu casa... Pero es que encima es en Getafe. Hay que ser realista», reconoce José Luis. «Bueno, ya ves que mi padre va con el Getafe», se ríe Cristian.
«Creo que hasta Borja, por dentro, se alegraría por su hermano. Es algo histórico y ellos viven esas cosas todos los días. Creo que diría 'si me tiene que ganar alguien, que me gane mi hermano. A lo mejor este es nuestro Euromillón», comenta el hermano mayor.