La Ertzaintza ha identificado en las últimas horas a medio centenar de “seguidores de riesgo” de la Real Sociedad y a más de un centenar de ultras del Paris Saint Germain con diversos objetos destinados a agredirse mutuamente en varias ‘quedadas’ detectadas por los agentes en las horas previas al partido de la Champions que enfrentará a ambos equipos este martes en San Sebastián.
El Departamento vasco de Seguridad ha indicado que, dentro del dispositivo especial de seguridad establecido para el encuentro, entre la tarde del lunes y esta madrugada ha identificado a medio centenar de ultras del equipo donostiarra y ha registrado una veintena de vehículos.
Como resultado de esta operación se han incautado a los hinchas radicales de la Real Sociedad al menos 15 bastones de golf, una barra metálica, tres piolets, dos pares de nudillos metálicos, un cuchillo, dos navajas, un bastón extensible, varios destornilladores, un martillo, una bengala, cuatro protectores bucales, dos raíles de cajón, tres bisagras metálicas, varios pasamontañas y guantes.
Al mismo tiempo, “gracias a la colaboración policial internacional”, la Ertzaintza está identificando desde el lunes a varios grupos con más de un centenar de seguidores del PSG.
En la mañana del martes, la policía vasca ha retenido en la frontera de Behobia a un autobús de seguidores del equipo parisino y ha hallado en su interior “objetos peligrosos de uso prohibido”, que no ha detallado.
El Departamento de Seguridad ha indicado que esta madrugada la Ertzaintza ha detectado ‘quedadas’ entre aficionados radicales de ambos equipos para agredirse, por lo que ha desarrollado un dispositivo de control de grupos y vehículos sospechosos en la zona con el fin de evitar las peleas.
No lanzaba un penalti desde un partido de Copa del Rey ante el Fuenlabrada, allá por octubre de 2017, durante su segunda temporada en el Real Madrid. Tampoco marcaba en Champions desde los cuartos de 2023, en su última campaña de blanco. Contra toda lógica había iniciado como suplente ante el Brujas, pero Marco Asensio tomó ayer el balón en el minuto 88 para certificar desde los 11 metros el triunfo del Aston Villa, con pie y medio ya en los cuartos de final, donde el mallorquín podría cruzarse con el PSG, el club al que pertenece.
La mera presencia en esta eliminatoria, primera desde 1991, suponía ya un hito en el Jan Breydel. El Brujas, que venía apuntando maneras en la liguilla, ridiculizó al Atalanta en la repesca, así que no iba a dejarse atemorizar por las dificultades propias de un rival que este curso ha gastado más de 214 millones de euros en fichajes. Tampoco por el rápido 0-1 de Leon Bailey, con un certero zurdazo tras un saque de esquina cabeceado por Tyrone Mings.
En 10 minutos iba a empatar Maxim De Cuyper, que formaba de lateral zurdo, pero que se sumó al ataque para cruzar a la red una dejada de Christos Tzolis. Bonito modo de festejar su centésimo partido con Las Gacelas. Era un hecho que los jugadores de Nicky Hayen hacían justicia a su apelativo. No sólo Tzolis, sino fundamentalmente Chemsdine Talbi, un zurdo de 19 años que ya maravilló en Bérgamo.
Martínez, providencial
Durante ese tramo inicial, el Aston Villa no titubeó ante el intercambio de golpes, porque cuenta con futbolistas tan prometedores como Morgan Rogers. En cada carrera del canterano del Manchester City se intuía algo, como en cada acción de Marcus Rashford. Sin embargo, a partir de la media hora, Unai Emery quiso bajar las pulsaciones, cediendo el balón, silbando hacia otro lado. El Brujas quiso creérselo y Emiliano Martínez salvó abajo el remate de Talbi que parecía el 2-1.
Emery manoteaba en la zona técnica, nervioso ante los avances de Tzolis, pero el partido empezaba a estabilizarse justo donde más le convenía. Sin ritmo en la circulación, el mero dominio belga ni siquiera hacía cosquillas por los dominios de Martínez. Y cuando suturó todo lo que pareciese una herida, el técnico guipuzcoano se lanzó a degüello, con un cuádruple cambio en el minuto 64: Asensio, Matty Cash, Boubacar Kamara y Jacob Ramsey por John McGinn, Rashford, Bailey y Axel Disasi.
50 partidos como suplente
La recompensa de un cruce de cuartos ante Liverpool o PSG resultaba demasiado goloso para dejar escapar la ocasión. El Brujas había cedido en su entusiasmo y Asensio sólo se demoró cuatro minutos en exigir el máximo a Simon Mignolet. Se trataba del partido 50 del mallorquín como suplente en la Champions, donde apenas ha disputado 20 como titular. Era el momento del Villa.
En otra incorporación de Rogers, esta vez como extremo diestro, su centro raso fue desviado por Brandon Mechele, ese central ataviado con una máscara. Aun sin tiempo para reponerse, Tzolis cometió una imprudencia ante Cash, imputable a su falta de práctica en ciertas funciones. Asensio asumió la responsabilidad, impávido, resuelto, definitivo.
Hay jerarquías en la Champions aún inaccesibles para este Athletic, goleado ayer en Dortmund, víctima de su endeblez competitiva. Hay estadios como el Signal Iduna Park que penalizan a un equipo tan falto de rigor defensivo, tan descuidado en las áreas. Otra derrota más que obliga a una reflexión seria a Ernesto Valverde. No sólo para seguir con opciones de disputar los octavos, sino a largo plazo. El Athletic no puede ofrecer tantas facilidades. [Narración y estadísticas (4-1)]
Tras un empate como todo balance en los últimos cinco partidos, Valverde precisaba de asideros. El más llamativo fue la inclusión de Alejandro Rego en la medular. Un chico de 22 años con sólo 41 minutos repartidos en cinco partidos, que no tardó en sentirse desbordado en un escenario tan solemne. No terminaba de ajustarse a la hora de saltar a la presión y de ello se aprovechaba Carney Chukwuemeka.
Cerrar esa vía de agua ya suponía un desafío para un Athletic con siete bajas. Aun sin jugar bien, al menos debía competir, chocar, ofrecer motivos de orgullo para su afición, que había paseado la zamarra rojiblanca por las calles de Dortmund. Dejando en el banco a Oihan Sancet, con su facilidad para acercarse al gol, el faro ofensivo debía encenderlo Sannadi.
De lateral a lateral
El ariete de origen marroquí se vio obligado a medirse ante un veterano como Niklas Süle, con un corpachón a prueba de tanques, repescado a última hora pese a sus molestias físicas para cubrir la ausencia de Nico Schlotterbeck. De esa baja sí debía aprovecharse el Athletic. No sólo por lo que el central representa sobre la pradera, sino por todo lo que su ausencia significa a nivel emocional para su afición. En las últimas horas, el internacional alemán viene mostrando reticencias para su renovación, alimentando los rumores que le acercan al odiado Bayern.
Se presentía ese clima de tensión en el Signal Iduna Park, aunque nada hicieron los Leones para sacar rédito. Más bien al contrario. En cuanto Julian Ryerson y Daniel Svensson pudieron alzar el vuelo, Iñigo Lekue y Andoni Gorosabel se vieron perdidos. Al generar superioridad con sus carrileros, el Dortmund se acercó al área. Y con la creatividad de Karim Adeyemi, su delantero más incisivo, generó el gol. Una cabalgada por la derecha, el centro raso de Adeyemi que atraviesa el área de punta a punta para el remate Svensson, el carrilero zurdo.
Sin noticias de Robert Navarro en la izquierda, ni de las largas conducciones de Unai Gómez como recurso para acercarse al área, el Athletic no ofreció nada reseñable en la primera parte. Ni un solo disparo a palos. Ni un par de largas posesiones con las que hacer pensar al Borussia. Un triste bagaje que obligaba a Valverde a replantearse la situación. Tras el descanso, aparecieron Gorka Guruzeta, Aymeric Laporte y Ruiz de Galarreta.
Iñaki Williams, tras el 1-0 en el Signal Iduna Park.AFP
En cinco minutos, ese triple cambio se diluyó como una mera declaración de buenas intenciones. En una oleada amarilla, iniciada de nuevo desde la derecha y culminada otra vez por el otro perfil, cortesía de Chukwuemeka. El canterano del Aston Villa, internacional inglés sub-21, contó también con la involuntaria colaboración de Gorosabel y Unai Simón. Demasiado blando el Athletic para un torneo como la Champions League.
Seguía alentando, pese a todo, la hinchada bilbaína, que vislumbró una salida con el primer remate de Sannadi, repelido abajo por Gregor Kobel. No había mucho aún donde rascar, aunque para prender la llama bastó con convocar a los centrales del Dortmund. Fue cómico el malentendido entre Süle y Waldemar Anton, regalando un balón en los pies de Guruzeta. Se intuía un hálito de vida debajo de ese 2-1, empujado por una nueva inercia.
Festejaron el empate, con una picadita de Robert Navarro, antes de que el juez de línea alzase el banderín por fuera de juego. Desperdició otra muy clara el canterano del Barça, buscando la escuadra, cuando la situación reclamaba algo más prosaico. Aún dispuso de otra más clara el Athletic, barrida en el área chica por Anton en las barbas mismas de Guruzeta. Se erguía el Athletic como en las noches grandes, aun exponiéndose a los riesgos de rigor. Unai Simón tapó una muy clara de Maximilian Beier, aunque ya nada opuso al inevitable arreón final, coronado con los goles de Serhou Guirassy y Julian Brandt.