Ganar, marcar los máximos goles posibles y esperar. Eso es lo que tiene que hacer el Barça para meterse entre los ocho primeros clasificados en la fase liga de la Champions que termina este miércoles con horario unificado. Conseguirlo significaría ahorrarse una eliminatoria previa a los octavos de final que, en una competición como esta, puede ser de resultado más que incierto. Hansi Flick, el técnico azulgrana, lo sabe muy bien. Pero lo único que pueden hacer, en opinión del alemán, es cumplir con su trabajo, sin mirar más allá.
«Solo estaremos pendientes de lo que esté en nuestras manos, pienso que es bueno afrontarlo de esta manera. Debemos jugar a nuestro máximo nivel, será un partido duro, no hay excusas y tengo muchas ganas de que empiece el partido. Confío en nuestro estilo y eso es lo que quiero ver en el campo», recalcó el técnico barcelonista en la rueda de prensa previa al encuentro.
Un duelo que deberá afrontar, en este caso, sin las dos piezas que hasta ahora ha considerado más básicas para su centro del campo: Pedri y Frenkie de Jong. «Habrá que gestionarlo, pero ya hemos demostrado que podemos hacerlo. Tenemos un buen equipo. Empezaremos con 11 jugadores y acabaremos con cinco futbolistas distintos de esos sobre el campo. Lo más importante es que jugamos como un equipo», recalcó un Flick que asume de esta manera los mismos postulados que un Mikel Arteta que está ahora en lo más alto de la máxima competición continental con el Arsenal.
«Estoy de acuerdo. En un día de partido, tienes 11 jugadores que empiezan y luego tienes cinco opciones más a tu alcance. Lo importante es que todos demuestren que pueden jugar al mismo nivel. Eso es lo que quiero ver en cada uno de ellos. Siempre somos un solo equipo», insistió el entrenador azulgrana, quien desveló que Ferran Torres ya se ha recuperado de su última lesión y podría así volver a la convocatoria.
«Hizo las últimas pruebas el lunes, este martes ha podido entrenarse con nosotros y pinta muy bien. Estoy encantado de que haya avanzado tan rápido», señaló el alemán, quien se mostró también encantado por el hecho de que el club ya esté avanzando con la renovación de Fermín. «El club hará un buen trabajo, estoy seguro. Tiene una mentalidad y una actitud muy buenas, aprecio mucho que esté aquí. Para mí, es fantástico poder contar con estos jugadores que salen de La Masía y llegan al primer equipo», aseveró el germano, cuya devoción por la cantera azulgrana es pública y notoria. Él mismo se ha encargado de recalcarlo en múltiples ocasiones.
Entre ellos, cómo no, un Lamine Yamal de quien elogió no solo su calidad, sino también su entrega incansable en el campo. «La relación con él es muy buena, como con los otros jugadores de la plantilla. Si no hubiésemos marcado el primer gol, el tercero no hubiera llegado. Valoro mucho esa presión que ejerce en ataque. Todo el mundo quiere ver más imágenes de ese gol tan fantástico, pero, como entrenador, para mí es más importante la presión que forzó la llegada del primero», sentenció el entrenador azulgrana, que se mostró encantado por el hecho de poder contar con Roony Bardghji como relevo del de Rocafonda. «No es fácil luchar con Lamine, pero es muy profesional y está centrado en mejorar día a día. Acertamos al decidir que nos lo quedábamos, es muy bueno en la finalización de las jugadas», apostilló.
Antes de la llegada de Cristiano Ronaldo y Leo Messi al altar del fútbol mundial, la elite del balón se dividía honores cada año como quien reparte caramelos. Nadie reclamaba el trono de forma contundente. El Balón de Oro tuvo diez ganadores diferentes entre 1998 y 2008, primer año dorado del portugués. Había ídolos e iconos, pero no veíamos una dictadura tan fuerte como la que impusieron el luso y el argentino. Sin ellos, el fútbol camina ahora en la duda de si alguien asumirá ese desafío o volveremos a poner la espada del balón de vuelta a la roca. Kylian Mbappé y Erling Haaland están llamados y obligados, por talento y contexto, a intentarlo. Hoy se enfrentan por primera vez en el clásico moderno del fútbol mundial, con varias similitudes, algunas diferentes y mucho en juego.
Mbappé, de 26 años, y Haaland, de 24, son por números los herederos de Cristiano y Messi. Nadie acumula tantos goles, ha roto tantos récords de precocidad y ha amenazado las estadísticas de las dos leyendas como ellos. 354 goles y 139 asistencias en 488 suma el francés, a una acción de valor de gol por encuentro. Y 288 tantos y 53 pases de gol en 351 duelos lleva el noruego, a 0,97 acciones valor gol por cita. Prácticamente empatados.
El Balón de Oro, eso sí, sigue esperando. En 2022, Erling fue décimo y Kylian sexto. En 2023, segundo y tercero, y este último año, quinto y sexto. Vencidos por Benzema, Messi y Rodri, como si les faltara algo para asomar y merecer el trono. Quizás por eso, ambos han tomado en estos meses dos decisiones clave para ello.
Dos movimientos clave
En verano, Mbappé fichó por el Madrid. Paso natural para un futbolista encajonado en la liga francesa, campeón del Mundial tan pronto que asustaba, y estancado, quizás, en esta última etapa en París, lejos de tocar trofeo en Europa. La llegada al Bernabéu debería elevarle todavía más en las conversaciones sobre el trono del balón y él está obligado a responder a ello. De momento, lleva 23 goles, 16 de ellos en Liga, a cinco de Kane y Salah y a tres de Lewandowski y Haaland.
El noruego, superado por Messi en el galardón dorado de 2023, cuando ganó el triplete con el City y aspiraba a ser el mejor del mundo, renovó en invierno su contrato con el conjunto de Manchester por diez temporadas más. Casi nada. Un anuncio que asienta su posición en el Etihad y le refuerza como gran estrella del equipo y de la Premier League.
Estas dos decisiones convierten a Mbappé y a Haaland en los dos ejes sobre los que girarán las dos ligas más importantes del mundo, chocando cada temporada en Champions en este constante Madrid-City, el mayor partido del mundo esta década, que vivirá ahora su cuarto enfrentamiento consecutivo y el quinto en los últimos seis cursos.
Reunión en la primavera de 2022
Enemigos ahora, ambos partían con sus nombres marcados en rojo en la lista de deseos del Real Madrid hace tan solo tres o cuatro años. Ambos, como ahora, vistos como herederos de Cristiano Ronaldo en Chamartín y como opción ideal para formar la delantera. Entonces apareció Vinicius, Benzema alargó un par de años más su leyenda, con un curso 2021-2022 de Balón de Oro, y Haaland eligió el City.
En la primavera de 2022, el noruego, deseando salir de Dortmund, se había reunido con los representantes del Madrid, que en ese momento tenían el «sí» de Mbappé, pero terminó decidiéndose por los de Guardiola al entender que a Benzema todavía le quedaba algo más.
Es la delantera que no fue y que ahora sólo es posible en los anuncios de Nike, última trinchera de este Mbappé-Haaland. No comparten equipo de fútbol pero, a diferencia de Messi y Cristiano, que vestían Adidas y Nike, el francés y el noruego sí tienen el mismo patrocinador principal, aunque el pique existe. Así son las estrellas.
Presionar en la negociación
Liderados en los despachos por dos mujeres claves en sus vidas, Fayza Lamari, madre de Kylian, y Rafaela Pimenta, representante de Erling, su lucha por el foco comercial es casi tan interesante como la deportiva. Hace poco más de un año, Haaland estuvo durante semanas llevando botas Puma y Adidas para presionar a Nike en su negociación para la renovación. Pimenta le prometió convertirle en el futbolista mejor pagado por la marca y lo terminó consiguiendo: 25 millones por año, más que Cristiano Ronaldo y Mbappé.
El galo, mientras, firmó en 2019 por 14 al año, pero el acuerdo de Haaland ha obligado a su entorno a levantar la vista y su llegada al Madrid ha supuesto un impulso comercial que no está dispuesto a perder. Para la marca, además, su fichaje por el club de Chamartín supone un golpe a Adidas, patrocinadora del equipo y de Bellingham, que ve cómo la delantera que componen Mbappé y Vinicius viste la marca estadounidense. Esa fuerza quiere hacer Kylian, que podría forzar una renegociación o iniciar una línea propia dentro de la compañía.
De momento, esta noche Kylian y Erling se medirán por primera vez de azul y blanco.
Mikel Arteta ha cambiado la realidad del Arsenal. El conjunto gunner no gana la Premier League desde 2004, pero con el técnico donostiarra en el banquillo ha conseguido volver a pelear por ella: segundo en 2023 y 2024 y segundo este año, a 11 puntos de un Liverpool casi inalcanzable. El Emirates disfruta también de la Champions y busca este curso superar la barrera de los cuartos de final por primera vez desde 2009. Enfrente está el Real Madrid, pero en el norte de Londres se confía más que nunca en el liderazgo de Arteta, en sus «juegos mentales», a cada cual más loco que el anterior, en su influencia de la NFL, en lo aprendido con Pep Guardiola y en cómo ha convertido a su equipo en el mejor a balón parado en Europa.
A los 15 años, Arteta dejó el Antiguoko de San Sebastián, donde jugaba con Xabi Alonso, para fichar por el Barcelona. Llegó al filial, coincidiendo con Puyol, Xavi o Iniesta, pero su carrera cogió un camino diferente al de los héroes de Sudáfrica: PSG, Rangers, Everton y Arsenal. Siempre en el filo de las convocatorias de la selección y siempre en suelo británico. Era el raro de su generación y la puerta a la gloria se le cerró constantemente. En los banquillos la tarea no era más fácil: aceptó el reto del Arsenal y si antes tenía a Xavi, Iniesta, Alonso o Fábregas por delante, ahora el destino le ponía al City de Guardiola y al Liverpool de Klopp como dominadores de la Premier.
Quizás por lo aprendido en su carrera como jugador y en las puertas que se le cerraron en su momento, lo que define ahora al Arteta entrenador es la «exigencia». «Es muy exigente en todo lo que hace, con el cuerpo técnico, con el club y consigo mismo. Es la persona que más horas trabaja en la ciudad deportiva, su pasión es constante y te la transmite», admite a EL MUNDO el español Miguel Molina, uno de sus asistentes en el cuerpo técnico del Arsenal, donde ha mezclado al núcleo local con varios españoles que actúan como su mano derecha en el club: el propio Molina, Carlos Cuesta, otro de sus asistentes principales, e Iñaki Caña, entrenador de porteros. Los dos primeros, con pasado en las categorías inferiores del Atlético.
El no a Pochettino
En 2016, justo después de retirarse, esa exigencia le llevó a tomar una decisión clave en su carrera como entrenador. Había colgado las botas como uno de los capitanes del Arsenal, así que el club londinense le ofreció un puesto como uno de los jefes de la cantera, pero lo rechazó. También dijo «no» a Mauricio Pochettino, su «hermano mayor» en sus dos años de cesión en el PSG a comienzos de los 2000. El argentino le quería como parte de su staff en el Tottenham, enemigo íntimo del Arsenal, pero Arteta lo rechazó, convencido del tipo de máster que quería.
El entrenador español se convirtió en asistente de Guardiola en el Manchester City. Máxima exigencia y un curso acelerado en la elite para su gran objetivo: ser uno de los mejores entrenadores del mundo. Estuvo varios años a la sombra del catalán y en cuanto surgió la oportunidad del Arsenal no lo dudó. Los gunners despidieron a Unai Emery en diciembre de 2019 y Arteta lo tenía todo claro. Casi diez años después de esa decisión entre Pochettino, el Arsenal y Guardiola, Arteta está ante su sexta temporada como técnico de un club donde ha conseguido tres títulos (una FA Cup y dos Community Shield), pero lo más importante: compite de tú a tú con City y Liverpool.
De Guardiola mascó la obsesión por la perfección y la innovación táctica, pero lo que ha convertido a Arteta en un entrenador diferente son los «juegos mentales». «Es muy creativo, muy innovador, y te hace estar alerta, mejorando y creciendo constantemente. Entiende muy bien el proceso de los entrenamientos, el análisis de datos... Está capacitado a todos los niveles. Y con el trato con el jugador es muy empático y cercano, sabe gestionar muy bien el vestuario y la relación con los jugadores», asegura Molina.
Arteta y Saka, el sábado, durante el partido ante el Everton.EFE
Esa parte creativa en la gestión del vestuario tiene que ver con poner a sus futbolistas ante el Pictionary (un juego de mesa en el que hay adivinar una palabra haciendo un dibujo), con contratar carteristas para robar a sus jugadores en plena cena «para que estuvieran atentos a los detalles», con realizar presentaciones utilizando colores o dibujos concretos para que los jugadores aprendieran bien la lección (un carril liberado en la defensa rival era un Fórmula 1), con dibujar frases en las paredes de la ciudad deportiva, con pedir a sus jugadores que expriman la mayor cantidad de jugo de limón que puedan en un bote común, con contratar a un freestyler profesional para que hiciera de camarero y les humillara cuando intentaran dar toques al balón durante una cena...
«Todo eso pasa muy a menudo. Cada reunión de Mikel con el vestuario es especial. Está en un nivel similar a Pep y veremos si algún día le pasa. Te das cuenta de la cantidad de cosas que hace más allá de los focos. Siempre nos repite que tenemos que hacer todo a tope. El fútbol, la fiesta e incluso en la habitación con nuestras mujeres», explicaba en su momento Oleksandr Zinchenko, jugador del Arsenal y ex del City. La prensa inglesa los denomina «juegos mentales».
La parte psicológica es clave para Arteta, que no deja de usar símbolos para tratar de mantener a su vestuario alerta. Uno de sus momentos más famosos es un discurso a la plantilla comparándoles con la luz, bombilla en mano y mencionando a Thomas Edison, para que fueran capaces de «compartir la energía y conectar». Incluso contrató a un artista para que creara la canción North London Forever, que el donostiarra quiere que se convierta en el nuevo himno del club.
El mejor equipo a balón parado
La obsesión de Arteta es ganar un gran título y no deja nada al azar para conseguirlo, tratando de extrapolar las virtudes de otros deportes al fútbol. Por ejemplo, de la NFL ha sacado la idea de tener diferentes entrenadores tácticos para diferentes situaciones, como la presión alta o la transición defensiva, pero sin duda algo diferencial y que tiene mucho que ver con el rugby y el fútbol americano y la revolución que ha logrado a través del balón parado.
Uno de sus grandes fichajes es Nicolas Jover, el gurú del balón parado gunner. El asistente francés trabajaba para Guardiola, pero Arteta coincidió con él unos meses en el Etihad y se lo llevó a Londres. Con 10 goles este curso, es el equipo que más tantos anota a balón parado en las cinco grandes ligas europeas.
Es su gran fuerte y aunque no puede contar con Gabriel, uno de sus centrales titulares junto a Saliba, el poderío aéreo del Arsenal es de lo que más preocupa a Carlo Ancelotti. El Madrid, débil en ese aspecto, ha encajado cinco goles a balón parado este curso, el segundo peor dato de la Liga tras el Leganés. El Emirates le espera esta misma noche.
«Sólo los tontos olvidan la 'R'», escribió Jude Bellingham en una publicación de Rodrygo Goes en sus redes sociales allá por el mes de septiembre. A la hora de definir a este nuevo ataque del Real Madrid tras la llegada de Kylian Mbappé, los medios de comunicación y los aficionados habían utilizado las siglas 'BMV': Bellingham, Mbappé y Vinicius, dejando fuera al ex del Santos. En la noche del miércoles continental, Rodrygo se reivindicó con un doblete en la competición que ha hecho grande su figura en Chamartín.
El delantero anotó los dos primeros goles del Madrid y encarriló un triunfo tan cómodo como necesario para asentar su situación de cara al playoff y, por qué no, para soñar todavía con entrar entre los ocho primeros. Los blancos terminan la jornada en 16ª posición, pero a un punto del octavo, el Bayer Leverkusen. Lejos en puestos, pero a un paso en cuanto a puntos. La diferencia de goles será clave y ese 5-1 ha despegado las opciones de los madrileños antes de Brest.
Con ese doblete, Rodrygo suma ya once goles entre todas las competiciones: seis en Liga, dos en Champions, dos en la Supercopa de España y uno en la Intercontinental. Además, ha dado seis asistencias, cinco en el torneo doméstico y una en Europa. Todo en 27 partidos y 1.726. Es decir, produce un gol o una asistencia casi cada encuentro, cada 100 minutos.
Números que mejoran el curso pasado, la que debía de haber sido su temporada de confirmación, en la que acumuló 3.707 minutos, 17 goles y nueve asistencias. Una participación en tantos cada 142 minutos. Esas estadísticas han lastrado un poco su popularidad entre las aficionados y parecía uno de los grandes sacrificados con la llegada de Mbappé, pero las lesiones en la defensa y en el centro del campo han dado menos opciones a Ancelotti, que le adora.
El brasileño lo celebró agitando la mano delante de la cara, en una celebración que recordó a la estrella de la WWE John Cena. «Es por él, es un ídolo mío de la infancia, siempre me gustó mucho. Tenía que crear una celebración, muchos me decían eso y acabé eligiendo a John Cena», explicó en zona mixta, donde dejó claro que «aquí no hay egos». «En primer lugar está el Real Madrid. Todos somos conscientes de eso, nadie es más importante que el club, no se juega con este escudo y lo respetamos mucho», explicó.
A pesar de las dudas defensivas, Ancelotti no ha temblado en incluirle en el ataque junto a Bellingham, Vinicius y Mbappé, y aunque necesita esforzarse más atrás, de momento lo compensa en ataque. «El trabajo defensivo es la clave. Es sólo un problema de concentración y de compromiso», aseguró Ancelotti, insistente en la necesidad de mejorar atrás. «Cada uno tiene su papel a nivel defensivo. No es el mismo papel el de Mbappé que el de Rüdiger, pero cada uno tiene el suyo. Tenemos que mejorar», continuó. el técnico.
Ante el Salzburgo, el conjunto blanco empezó con dudas, pero pronto su cuarteto se encargó de solventarlas. Los dos de Rodrygo y Vinicius, aceleraron un triunfo plácido. «No vamos a tener problema en marcar goles», dijo Carletto. Fue una noche de celebración y de respiro en la que el Madrid cerró por fin su clasificación para el playoff, a la espera de si los resultados de la última jornada le meten entre los ocho primeros. Una tranquilidad necesaria después de un inicio de 2025 complicado para los de Ancelotti.
Vinicius, tras sus goles, levantó el dedo índice de la mano derecha y el puño de la izquierda para conmemorar sus 100 tantos con el Real Madrid. El brasileño, sancionado en Liga, disputó los 90 minutos mientras la columna vertebral del equipo descansaba.
Una hora después del partido, Ancelotti, «enfadado» por la tardanza en salir a rueda de prensa, aseguraba que prefiere que el City quede fuera. «Es uno de los favoritos».