Libero Football Finance AG y el grupo inversor NIPA Capital BV pagarán esta cantidad por un 29.5% de Barça Vision que estaba en manos de Orpheus y Socios.com y el club podrá inscribir a Gündogan y Oriol Romeu
Gündogan en un partido de pretemporada con el Barcelona.PAU BARRENAAFP
A dos días del debut en la Liga frente al Getafe, el Barça ha anunciado todo un golpe de efecto económico: una nueva palanca que permitirá inscribir para el estreno de la competición tanto a dos de sus fichajes, Ilkay Gündogan y Oriol Romeu, como a gran parte de los futbolistas que ampliaron su contrato con el club la temporada pasada, como, por ejemplo, Ronald Araujo, Sergi Roberto, Alejandro Balde, Marcos Alonso o Iñaki Peña.
Según ha explicado el club por medio de un comunicado, Libero Football Finance AG, de origen alemán, y el grupo inversor NIPA Capital BV, de origen neerlandés, pagarán 120 millones de eurospor un 29,5% de la propiedad de Barça Vision que estaba en manos de Orpheus y Socios.com. Es decir, el doble de la cantidad que se manejaba inicialmente en el entorno barcelonista.
Además, el club azulgrana también ha comunicado un nuevo movimiento económico del que espera extraer un alto rendimiento económico en el futuro: un acuerdo con Mountain & Co. I Acquisition Corp, firma especialista en inversiones en compañías tecnológicas y sectores emergentes. El acuerdo se centra en conseguir que Barça Vision y Barça Media puedan acceder a financiación específica en los mercados de capital norteamericanos que aceleren las iniciativas del Barça en el sector digital y, además, poder difundir los contenidos de Barça Media a nuevas audiencias en mercados que la entidad considera estratégicos a lo largo y ancho del globo.
En total, el club que preside Joan Laporta podría obtener por estos conceptos unos ingresos que podrían alcanzar los 1.000 millones de dólares (unos 910 millones de euros de acuerdo con el cambio actual). La operación, eso sí, debe ser aprobada tanto por los accionistas de Mountain & Co. I Acquisition Corp como por los compromisarios de la entidad azulgrana.
«Hemos llevado a cabo un progreso considerable en los entornos digitales que hacen que nuestros activos se conviertan en un hub creativo que impulsa la marca FC Barcelona hasta unos niveles únicos en el mundo», ha señalado el propio Laporta a través del comunicado difundido por el club.
«La estrategia de contenido que estamos llevando a cabo ha demostrado ser un éxito y nos supone nuevas formas de conectar con nuestros seguidores a nivel global, además de generar nuevas vías de ingresos para la entidad. Este paso que hemos dado ahora es un movimiento estratégico que nos aporta nuevos recursos de cara a que nuestras plataformas sigan creciendo en un momento en el que la demanda de contenido digital deportivo está en clara expansión y refuerza la vía de transformación digital iniciada en 2022», ha reiterado el máximo dirigente barcelonista.
El Coviran Granada presentó la documentación necesaria para su inscripción y podrá disputar la próxima edición de la Liga Endesa, según ha confirmado la ACB. El club nazarí se beneficia del incumplimiento del Baloncesto Sevilla, antiguo Betis, de los pertinentes requerimientos económicos y administrativos. De este modo, el equipo rojinegro mantiene la categoría y jugará al máximo nivel por cuarta temporada consecutiva.
El veredicto de la ACB supone la salvación del Granada, que el pasado curso acabó penúltimo de la Liga Endesa, con nueve victorias en 34 jornadas, sólo por delante del Leyma Coruña. Todo un espaldarazo para el nuevo proyecto, liderado desde el banquillo por Ramón Díaz, sustituto del histórico Pablo Pin.
El pasado jueves, la Asamblea General de la ACB también aprobó la admisión del San Pablo Burgos, primer clasificado de la Liga Regular en la Primera FEB, y que retornará a la Liga Endesa tras su etapa entre 2017 y 2022.
Asimismo, la Asamblea rechazó la afiliación del Baloncesto Sevilla tras escuchar los argumentos del presidente verdiblanco, Pedro Fernández, y valorar el informe sobre su solicitud de afiliación. Este escrito concluía que el club sevillano no cumple los requisitos imprescindibles, tal y como sostenía el informe del auditor externo, ni acredita el pago en plazo del valor de participación.
Preparados, listos, inmersión. En una esquina del Centro Europeo de Astronautas de Colonia, un aspirante a astronauta se sumerge en la piscina y desciende, desciende y desciende hasta tocar fondo a 10 metros bajo el agua para empezar su entrenamiento. Allí estará cinco, seis, siete y hasta ocho horas haciendo maniobras con múltiples herramientas dentro de un traje espacial que pesa 150 kilos, que es rígido como una mala cosa y que exige máxima concentración.
«Es lo más duro de nuestra preparación para ir a la Estación Espacial Internacional (EEI). Solo hacemos una sesión de piscina a la semana porque acabamos reventados», comenta Pablo Álvarez, el español que espera una misión para salir al espacio, sobre el trabajo en el tanque de inmersión de la Agencia Espacial Europea (ESA).
«Así simulamos las actividades extravehiculares que haremos en la Estación Espacial. Cuando haya que hacer alguna reparación en el exterior debemos estar familiarizados con el traje, que tiene siete capas de distintos materiales y que, además, está presurizado. Está súper duro. Es como apretar una pelota de tenis todo el rato. Cuesta cualquier movimiento y las manos sufren bastante», expone el astronauta.
No superhéroes, solo personas sanas
La vida en la Estación Espacial Internacional, que este 2025 ha cumplido 25 años de ocupación continua, no es exigente, pero requiere cierta preparación física antes, durante y después de las misiones. No se trata de que quienes vayan al espacio sean superhéroes, pero sí que dominen ejercicios específicos para que no haya contratiempos.
Hay una máxima: «Que no haya lesiones». Y todo lo demás es salud... y fuerza en las manos.
«Queremos que los astronautas estén bien físicamente sin buscar máximos. Desde que entran en el programa hasta que regresan de la EEI les entrenamos para que tengan buena salud. Necesitan la fuerza y resistencia suficiente para estar seis meses en el espacio, ni más ni menos», resume Laura Weyrowitz, entrenadora de la ESA y ex saltadora de pértiga. Alemana de nacimiento, hace años fue campeona de Cataluña porque estudió en Barcelona.
«Para entendernos, tienen que poder correr o hacer bici durante una hora, pero no necesitan completar un maratón o un Ironman. En lo único que deben sobresalir es en la fuerza de agarre de las manos. Eso sí lo trabajamos de forma específica, porque es esencial para utilizar el traje espacial. Si hay algún aficionado a la escalada sabemos que tenemos mucho ganado», añade quien diseña los planes de aquellos astronautas que están en la Tierra, como Álvarez, y de los que están más allá de los cielos.
La clavícula rota que casi le cuesta su sueño
«El programa de la ESA empieza con cinco días de pruebas, pero pruebas médicas, no pruebas físicas. Lo más parecido puede ser un test de esfuerzo que te suelen hacer sobre una bicicleta estática para conocer tu frecuencia cardíaca y tu VO2 máximo. Pero todo lo demás son resonancias magnéticas, TACs, pruebas oculares... Quieren que estés sano, no que seas un atleta», apunta Álvarez con una historia muy propia sobre sus primeros días como astronauta hace ya tres años.
Ingeniero aeroespacial y aficionado al tenis de mesa —fue campeón de España por equipos—, durante el proceso de selección se entregó a la bicicleta y justo antes de ser elegido se rompió la clavícula por culpa de una caída bajando La Camperona, en su León natal. Su sueño, destrozado. Su carrera, contra el asfalto.
«Me tuvieron que poner una prótesis y pensé que me descartarían. Pero pude seguir en el programa. En la ESA analizan cada problema físico que tengas, hacen una matriz de riesgos de cara a la misión y deciden en consecuencia», desvela el español, que mide 1,87 metros, hecho que también puso en riesgo su participación. Para viajar a la EEI, por motivos logísticos, se establece una altura mínima de 1,50 metros y una altura máxima de 1,90 metros, y él rozaba ese límite.
Tres módulos en el espacio
Desde entonces su puesto no ha corrido peligro. Sin más lesiones ni sustos, en el Centro Europeo de Astronautas de Colonia cumple con su programa de entrenamientos mientras espera el momento de salir de la atmósfera. Cada semana tocan tres días de resistencia, carrera a pie o bicicleta, y tres días de fuerza, con especial atención en la técnica. Porque eso sí marcará la diferencia en el espacio.
En la Estación Espacial Internacional hay tres módulos especiales para hacer deporte: una bicicleta estática —que en realidad es un ergómetro a pedales—, una cinta de correr y una multiestación de fuerza. Las tres tienen su complejidad de uso, pero la multiestación de fuerza, que funciona gracias a un sistema de pistones, es la que entraña más riesgo de lesión.
«Se pueden hacer un montón de ejercicios clásicos de gimnasio, como sentadillas, peso muerto o press de banca, pero deben salir de la Tierra con la técnica muy bien aprendida. El típico dolor de lumbares, por ejemplo, puede poner en peligro la misión», analiza la preparadora Laura Weyrowitz, que asegura que los astronautas están obligados a realizar una hora de ejercicio diario allí arriba.
Por la ingravidez y todo lo que conlleva, en una misión de seis meses se puede llegar a perder un 25% de musculatura y hay que evitarlo.
Ejercicio en microgravedad
Hay que hacer pesas, hay que correr y hay que pedalear. Aunque cueste pillarle el truco.
«Para utilizar la bicicleta tienen que ponerse un cinturón que va sujeto a la pared. No hay sillín, están flotando. Parece difícil, pero normalmente no tardan en adaptarse. Quizá sea un poco más complicado disfrutar de la cinta de correr porque se tienen que colocar un arnés que les sujeta al suelo. Al principio de la misión no es tan importante, pero al final es esencial que corran y caminen para trabajar la locomoción», comenta Weyrowitz.
La entrenadora reconoce que en la Estación Espacial hay poco ejercicio por diversión. Ha habido algún rato de fútbol o baloncesto en microgravedad para celebrar el inicio de un Mundial o unos Juegos Olímpicos, pero nada periódico, mucho menos organizado por la ESA. Solo faltaba que hubiera algún encontronazo y alguien acabara herido.
Lo más cercano al ocio fue el maratón en el espacio que completó el astronauta británico Tim Peake en 2016 al mismo tiempo que se disputaba el maratón de Londres. «Se ha hecho algún experimento con realidad virtual, pero el entretenimiento no es el objetivo», acepta la preparadora, cuyo trabajo no acaba cuando los astronautas vuelven a la Tierra. Más bien al contrario.
El peligroso regreso
El regreso es el momento más peliagudo de todas las misiones por varias razones. Una, por ejemplo, es el riesgo de sufrir una hernia: los astronautas se estiran entre cinco y siete centímetros sin gravedad y al volver las vértebras sufren en exceso. Aunque el mayor peligro seguramente es cardiovascular.
«Con la microgravedad todos los fluidos corporales, especialmente la sangre, se desplazan hacia la cabeza y al volver los astronautas duermen con los médicos al lado por si sufren un trombo. Es un efecto que tiene equipos de estudio enteros», subraya Pablo Álvarez.
Desde hace más de una década la Agencia Espacial Europea (ESA) lleva a cabo experimentos para estudiar el movimiento de la sangre en los astronautas y prevenir posibles sustos. Uno de esos estudios consistió en escoger a un grupo de voluntarios, estirarlos en una cama con la cabeza inclinada seis grados hacia abajo y no dejar que se levantaran durante 60 días. ¡60 días! Cobraron un buen dinero, 15.000 euros, pero menuda tortura.
«Los astronautas no tenemos que pasar por eso, pero somos sujetos de decenas de estudios. Por ejemplo, en la Estación Espacial se te deforman los ojos y eso también se analiza al detalle. Al final lejos de la Tierra se puede conocer mucho del ser humano», finaliza Álvarez, el próximo español que visitará el espacio y se ejercitará en él.
10 personas en la Estación Espacial
Ahora mismo en la Estación Espacial Internacional (EEI) hay 10 personas de varias agencias espaciales, combinando estadounidenses, rusos y un japonés, formando parte de la Expedición 73. La tripulación incluye a Anne McClain (NASA, EEUU), Nichole Ayers (NASA, EEUU) y Jonny Kim (NASA, EEUU), quienes llegaron en abril de 2025 y han pasado más de ocho meses en microgravedad realizando investigaciones científicas. Junto a ellos está Takuya Onishi (JAXA, Japón), experto en operaciones de microgravedad y con experiencia previa en la ISS.
Por parte de Roscosmos (Rusia) están Sergey Ryzhikov y Alexey Zubritsky, también desde abril, y Kirill Peskov, todos apoyando sistemas rusos y experimentos en la estación. Recientemente, el 27 de noviembre de 2025 se unieron tres nuevos miembros desde el Cosmodromo de Baikonur a bordo de la Soyuz MS-28: el astronauta Chris Williams (NASA, EEUU) y los cosmonautas Sergey Kud-Sverchkov y Sergei Mikaev (ambos de Roscosmos), quienes elevaron la presencia a 10 personas y continuarán la misión hasta mediados de 2026. Estos astronautas trabajan en decenas de experimentos que abarcan biomedicina, física de fluidos y estudios en microgravedad, cada uno con periodos típicos de permanencia de seis a ocho meses.