A Luis de la Fuente se le está poniendo cara de impuntual. De la última docena de ruedas de prensa jugando en otro país, no se recuerda ninguna a la que haya llegado a tiempo. Tiene que ver esto con las rutinas del equipo, que ya nunca entrena en el escenario de los partidos. Lo hace por la mañana en Las Rozas, come tranquilamente y viaja por las tardes. Y claro, siempre que hay que coger un avión...
La rueda de prensa de este miércoles en Stuttgart estaba prevista para las 20.00 horas, y comenzó pasadas las 20.45. "Perdón por el retraso", anunció el responsable de UEFA. El seleccionador y Pedri se dispusieron entonces a contestar a las preguntas. Y muchas de ellas giraron alrededor del Balón de Oro, una de esas cosas que se pone de moda cuando hay pocos partidos.
¿A quién se lo daría Luis de la Fuente? "Si me pones el nombre de Lamine para ganar el Balón de Oro, voto a Lamine. También a Fabián. También a Pedri. Mi voto será para el español que esté nominado", avanzó el técnico, que amplió sus elogios hacia Lamine Yamal, el tipo que acapara todas las miradas en Stuttgart, también buena parte de las preguntas que horas antes recibieron Deschamps y Konaté.
Seguía el seleccionador nacional. "Lamine tiene un futuro impresionante, pero nuestra responsabilidad pasa por cuidar todos esos detalles que son más importantes que la calidad futbolística por lo joven que es. Si sigue así, va a ser una leyenda del fútbol. De los cuatro o cinco grandes que hablamos siempre. Lo tiene todo. Inteligencia, calidad, personalidad... Salvo que tenga una lesión, será una leyenda".
Dijo que los 26 que tiene están perfectos para jugar, pero claro, no adelantó la alineación. E insistió en esa idea que derrama en cada comparecencia de que este torneo es la leche. "Este es un torneo que lo juegan los mejores 16 de Europa, y para ganarlo hay que jugar 10 partidos. Decir que quien no le dé importancia se equivoca es constatar una realidad".
El regreso a Alemania es motivo de alegría en el grupo, pues aquí conquistaron, hace menos de un año, la Eurocopa. Y concretamente en este estadio, el Stuttgart Arena, eliminaron a Alemania en una prórroga agónica. "Estar aquí nos trae recuerdos fantásticos. Los 45 días aquí fueron maravillosos. Sentimos el respeto del aficionado alemán. Estamos encantados", dijo.
Por su parte, Pedri se limitó a elogiar a Mbappé y a decir que el calendario es una "locura".
'Euskadi, Basque Country' (Euskadi, País Vasco) rezan las camisetas de la selección española de Cesta Punta en el I Liga de las Naciones. Hasta el eslogan publicitario en las camisolas de las cuatro cestapuntistas y de sus cuatro compañeros abonan el objetivo político de reconocimiento internacional de la selección vasca. En apenas unas horas, España se enfrentará en un torneo oficial a Euskadi aunque los pelotaris del combinado nacional lo harán sin ningún respaldo institucional. El Gobierno de Pedro Sánchez cedió al PNV el reconocimiento internacional de las selecciones vascas y ha decidido que ni la delegada del Gobierno Marisol Garmendia ni el presidente del CSD José Manuel Rodríguez acudan a apoyar a combinado español.
La cestapuntistas españolas Erika Mugartegi, Arai Lejardi, Lur Lejardi y Gisela Uclés tendrán que enfrentarse a la pareja del combinado vasca y a la presión de una grada que, como quedó demostrado durante la inauguración del torneo, ha convertido la competición en un evento identitario. Tres de las jugadoras de España son vascas, euskaldunes y la pareja Mugartegi y Lejardi se han proclamado campeonas del mundo de cesta punta en frontones de 54 y 36 metros. Pelotaris de excelente nivel que mañana a partir de las 19.00 horas no tendrán el respaldo de ningún representante del Gobierno de España ni tampoco de miembros de la Federación Española de Pelota vasca. A su lado, sin embargo, estará el director deportivo Óscar Insausti, una auténtica leyenda de la pala que ganó la medalla de oro en las Olimpiadas de Barcelona (las únicas en las que la pelota vasca fue olímpica) y que ganó tres mundiales.
"Yo les transmito serenidad, van a competir bien pero tampoco nos jugamos la vida, hay que disfrutar con nervios. Es un momento bonito y nuestros pelotaris han venido con mucha ilusión a darlo todo", confiesa a pie de pista Insausti que asume con naturalidad la polémica política que rodea el evento. Ni Insausti ni las cestapuntistas que mañana se enfrentarán a las pelotaris de la Euskal Selekzioa quieren posicionarse sobre la utilización política del torneo por las instituciones vascas con el visto bueno del Gobierno de Pedro Sánchez. "Nosotros solo venimos a jugar los partidos y todo lo demás nos da igual", señalaba Erika Mugartegi tras derrotar con solvencia a la pareja mexicana en el debut de España en el torneo de Gernika. "Hemos venido a jugar, eso hemos hecho", subrayaba su compañera Arai Lejardi.
El combinado español aguantó sin un mal gesto el acto de inauguración montado por la Federación Internacional de Pelota para el lucimiento de la selección de Euskadi. Orillados en un lateral del frontón, los pelotaris con la camiseta española y con publicidad del País Vasco observaron el júbilo del público mientras configuraba un tifo con la ikurriña. Representantes institucionales nacionalistas como la vicelehendakari Ibone Bengoetxea y dirigentes de PNV y de EH Bildu lideraron la reivindicación de las selecciones nacionales vascas más allá de la pelota. Ni los consejeros socialistas ni miembros del PSOE vasco acudieron a Gernika pese a la trascendencia que sus socios de gobierno otorgan al torneo.
De hecho, el secretario general del PSE-EE Eneko Andueza se ha negado a posicionarse sobre qué selección quiere que gane este singular torneo. El líder de los socialistas vascos que tiene a gala no callarse en los temas más polémicos se ha quedado mudo. "Me gusta disfrutar del deporte juegue quien juegue, me va a permitir no pronunciarme", ha respondido Andueza después de una comparecencia conjunta con el presidente del PNV Aitor Esteban en el Parlamento Vasco.
Una posición compartida por el CSD que, tres días después de que se iniciara la competición, sigue afirmando que no la considera "oficial". Un 'dejar hacer' del ente presidido por José Manuel Rodríguez que agrada a los nacionalistas y al presidente de la Federación Internacional Xavier Cazeubon. El mandatario del ente que controla la pelota vasca en el mundo agradeció expresamente al CSD su colaboración en este torneo "oficial" creado como clasificatorio para el Mundial que se celebrarán en 2026 en Argentina. Una extraña clasificación porque en cesta punta masculina solo compiten seis equipos y cuatro en la categoría femenina.
Además, desde el CSD se asegura desconocer quién ha ordenado colocar su logo en la contracancha del frontón junto a los de la Federación Internacional de Pelota y de la Federación vasca. Otro 'detalle' sobre el respaldo implícito del Gobierno de Sánchez al combinado vasco mientras desdeña al equipo que jugará mañana frente a Euskadi con la camiseta de España.
El pasado sábado, en el entrenamiento a puerta abierta de la selección en Las Rozas, con miles de personas en la grada aguantando el chaparrón de calor, Luis de la Fuente fue un jugador más. Lo fue en el sentido de que la chiquillería quería tanto una foto con Lamine o con Morata como con él. Se hizo selfies, firmó cientos de camisetas, bromeó con el personal y se marchó a la residencia con una sonrisa enorme.
Es la segunda convocatoria desde que reformó su staff tras la marcha de Pablo Amo, el que era su segundo, a Qatar. Juanjo González, antes auxiliar, es ahora su mano derecha, y su hijo, Alberto (el hijo de Luis de la Fuente) ha entrado a formar parte del grupo de trabajo. Cambios mínimos para darle continuidad a una labor resuelta en dos títulos (la Nations League de 2023 y la Eurocopa de 2024). Cambios mínimos, también, porque el bloque de jugadores sigue siendo el mismo.
Y eso, la continuidad, es lo que permite intuir, en un porcentaje altísimo, la alineación que mañana se va a medir a Francia. Parecen claros Unai Simón, Pedro Porro, Le Normand, Huijsen, Cucurella, Zubimendi, Fabián, Pedri, Nico y Lamine. ¿Dónde está la duda, entonces? Pues en el puesto de delantero centro. Y ahí hay dos opciones. La tradicional, Álvaro Morata, el capitán, y la menos habitual, Oyarzabal, el autor del gol en la final de la Eurocopa contra Inglaterra del verano pasado.
Felicidad evidente
Hace un par de meses, la cosa parecía clara en favor del jugador de la Real Sociedad. De hecho, en el partido de vuelta de los cuartos de final ante Países Bajos en Mestalla jugó él. Sin embargo, Morata marcó cinco goles en los últimos cinco partidos de la Liga turca, y ha llegado a Las Rozas (lo hizo a finales de la semana pasada, antes de lo que tocaba) en un estado de felicidad bastante evidente a juicio de los que conviven con él. Los más cercanos a De la Fuente, sin afirmarlo con rotundidad, apuestan por Oyarzabal para medirse a Francia, pero no está claro. Igual que el resto del once parece que sí, eso parece que no.
Huijsen, Zubimendi y Morata, en un entrenamiento.EFE
Y luego, además, hay que tener en cuenta otra serie de factores. Por ejemplo, el estado en el que llegó Fabián. Mientras sus compañeros llevan concentrados desde el sábado, el futbolista del PSG viene con la resaca (emocional) de haber ganado la Champions y haberlo celebrado como merece durante un par de días. Muy mal tiene que venir para no estar en el once, pues es una de las piezas intocables para De la Fuente, pero si no está en condiciones, se abren más opciones. La primera y principal sería para Dani Olmo, que a pesar de ser una de las debilidades del técnico, se ha quedado sin sitio en parte por la tremenda temporada de Pedri, su compañero (y muy amigo) en el Barça.
Ya en la Eurocopa, donde Morata sí fue titular siempre, se vio que sólo había un sitio en el campo para ellos. Con Zubimendi a los mandos y Fabián incuestionable, ese tercer lugar en el centro del campo está reñido. Sólo un contratiempo en alguno de los extremos podría cambiar eso y entonces empezar a jugar con opciones como Álex Baena o Yeremi Pino.
Que Luis Enrique es un sensacional entrenador lo sabía cualquiera que quisiera saberlo, no le hacía falta una Champions (otra), ni ganar sin Mbappé, ni moldear a Doué ni convertir al Inter de Milán en el Inter de Moratalaz. No le hacía falta nada de eso pero la avalancha de pruebas ha provocado un triste efecto donette: le han salido amigos por todas partes. Ha dado vergüenza ajena. No tanta como la utilización forzada y amarillista en cada noticia, columna o tuit del nombre de su hija fallecida para ver si así se arañaban así unos clics, pero casi.
Luis Enrique es un técnico sensacional y un borde con los periodistas. No confía en la mayoría, considera que sentamos cátedra sabiendo la décima parte de fútbol que él (esto es cierto tanto en la crítica como en el elogio) y nunca lo ha ocultado. A mí me hace mucha gracia y me parece refrescante en un mundillo con tanto trepa que, a cambio de que hablen bien de él en las tertulias, vive peloteando a las grandes firmas mientras desprecia al redactor que va a cubrir sus entrenamientos. Sin embargo, a muchos compañeros el gijonés les parece un maleducado que no respeta su trabajo y es desagradable de manera gratuita. No es tampoco una visión descabellada.
Hasta aquí todo sería normal. Lo que no fue ni medio razonable fue la cacería a la que muchos del segundo grupo sometieron a Luis Enrique cuando fue seleccionador. Fue orquestado, fue venganza, fue odio con micrófono y teclado. Cualquiera que analice sin rencor la España que cogió y la que dejó, sabe que su trabajo fue el origen del esplendor actual, que el final contra Marruecos fue feo... y accidental. Las cuentas que se le pasaron cuando Luis de la Fuente, este sí entrevistado amable, levantó la Eurocopa o el Dortmund eliminó al PSG el año pasado no tuvieron nada que ver con el fútbol porque el fútbol no las respaldaba. Era personal. Siempre lo ha sido con él.
Por eso resulta triste ver tanto converso ahora. Lo que no les gustaba de Luis Enrique y era legítimo no ha cambiado, pero ya no se habla de ello. Dirán que es objetividad, que son adalides de la verdad, que han visto la luz, pero no les crean. En cuanto pierda, y perderá porque hasta los mejores entrenadores acaban cayendo, le estarán esperando con piedras y antorchas. Es el nuevo ciclo de la vida de cierto periodismo deportivo. Periodismo... o lo que sea.
El caballo cartujano debe su nombre a los monjes cartujos que, a finales del siglo XV, criaron la yeguada original de la estirpe en los alrededores de Jerez de la Frontera. Apreciados en todo el mundo por su belleza, la sangre cartujana es, además, codiciada por quienes buscan el cruce ideal para los ejemplares de doma clásica, en la que caballos de hasta 500 kilos dan pasos de ballet. La preparación física, con ejercicios monitorizados, con y sin montura, y una alimentación ad hoc, que incluye suplementos especiales, hacen posible, junto a la docilidad de la raza, que puedan soportar los entrenamientos necesarios, pero esos pasos están en la sangre. Lo mismo le ocurría a Isco Alarcón, dueño de los pasos del duende sobre la hierba, aunque, menos dócil y disciplinado que un caballo cartujano, estuviera desconectado del fútbol de élite desde su errático final en el Madrid, a la espera de encontrar montura en el tiovivo del fútbol.
Isco necesitaba entrenamiento, comprensión y hábitat. Lo primero exigía un cambio en su cabeza, no sólo en su cuerpo. Para lo segundo necesitaba a quien mejor lo ha entendido en un campo de fútbol, que ha sido Manuel Pellegrini. Lo tercero no tiene explicación, era duende por duende. El Betis es una forma muy particular de entender Sevilla, la gran Sevilla de los supervivientes que rompe su geografía, de los artistas y los antihéroes, y en la que el relato importa más que la victoria, al contrario que su, hoy, maltrecho vecino. Isco no se encontró en el Sevilla porque necesitaba a Pellegrini y necesitaba el relato verdiblanco, contado al oído por Joaquín. El tiovivo que jamás se detiene lo devuelve a la selección, y no como un caballo de cartón piedra.
RAÚL ARIAS
Cuando el Madrid ganó la Champions en París, en 2022, la UEFA no inscribió a Isco entre los campeones. La razón es que no había jugado un solo minuto en toda la competición. Había pasado prácticamente un decenio de blanco, de más a menos, siempre irregular. En su primera temporada, que era también la primerísima de Carlo Ancelotti, acabó por ganar la Décima con un importante protagonismo en la crecida del Madrid en la segunda parte de la final de Lisboa, además de la Copa. La comparación entre esas dos Champions blancas era, pues, insoportable, después de años de grandes apariciones y largos desencuentros en un equipo en el que siempre se encontraba a contraestilo, como si fuera el último mohicano de la era de la posesión en la tierra del vértigo y la verticalidad. El carácter, a menudo indolente, tampoco le conectaba con la idiosincrasia racial del Bernabéu. Si quedaba algún refugio, era la selección, pero se acabó de desmoronar con el partido que llevó la posesión al absurdo, en el Mundial de Rusia ante los locales. Isco fue titular.
A los 30 años, se imponía, pues, un cambio, pero debía ser en dos direcciones, hacia afuera y hacia dentro. Un equipo nuevo, pero también un Isco nuevo, más sacrificado consigo mismo. Convencido, el jugador contactó con Rodrigo Carretero. Diseñaron un programa específico, con dobles sesiones, y un plan de alimentación a la medida, con la suplementación necesaria. «Nos encontramos a un futbolista que había perdido la dinámica y la motivación en el Madrid. Cuando llegó al Sevilla, estaba ya al 100%, en mi opinión, pero meses después, cuando fichó por el Betis, su estado de forma era del 110%», explica Carretero. El torso era distinto al de sus peores épocas en el Madrid.
El Sevilla fue su elección, nada más dejar el Bernabéu, pero en diciembre rompió su contrato. No era lo que buscaba. Surgió la oferta del Unión Berlín, pero antes de aceptarla, Isco pidió a Pedro Bravo, su agente, que llamara al Betis. La razón era que allí se encontraba Pellegrini, el entrenador que mejor partido había sacado del de Arroyo de la Miel. Había sido precisamente en su tierra, en un Málaga que llegó a soñar con la Champions, detenido en cuartos por el emergente Borussia Dortmund de Jürgen Klopp, y donde también había coincidido con Joaquín, que le explicó todo lo que se podía saber sobre su Betis, al que había regresado para decir adiós.
El buen criterio de Ramon Planes
El whatsapp de Pedro Bravo sorprendió a Ramón Planes, entonces director deportivo verdiblanco, cuando el Betis se encontraba en la pretemporada, en Inglaterra. Sorprendido, Planes llamó al representante y le dijo: «Déjame que hable con Manuel [Pellegrini] y, si lo ve, hablaré con el jugador». El entrenador dio luz verde a la prospección. «Hablamos con Isco ambos por separado, Manuel y yo, y los dos coincidimos en probarlo. Charlamos sobre fútbol, sobre sus propósitos y su ilusión. En el consejo de administración había dudas, pero aceptaron nuestro criterio y el fichaje se cerró en menos de dos días, creo que es el más rápido que he visto», añade Planes, en la actualidad a los mandos de la dirección deportiva del Al-Ittihad de Benzema.
Cucurella e Isco, en Las Rozas.RFEF/Ángel MartínezEFE
«De su técnica no teníamos dudas, porque era un futbolista contrastado, pero lo que nos sorprendió mucho fue su capacidad de liderazgo, algo que no esperábamos», concluye Planes. En su segunda temporada en el Betis, ya sin Joaquín, Isco ha ejercido con madurez y con el brazalete de capitán, algo que, según ha confesado, le ha hecho sentir responsabilidades desconocidas, del mismo modo que la consolidada estabilidad familiar, casado finalmente con la actriz Sara Sálamo, junto a la que tiene dos hijos, más uno de una relación anterior.
«Sólo había sido capitán por ausencia de otros en el Madrid o en la selección», confiesa Isco, a sus 33 años. A esa selección regresó, ayer, tras caer en la final de la Conference contra el Chelsea de Cucurella, que le recibió en Las Rozas con un abrazo y una frase: «Ahora me toca disfrutarte». A todos.
Era tal escándalo verle exhibirse partido tras partido que Luis de la Fuente, reticente aunque disimule, no pudo evitar durante más tiempo convocar a Isco. Por talento puro y nivel mostrado estas dos últimas temporadas, el único debate es si debe entrar en el once. Probablemente, no. Pedri y Fabián son indiscutibles como interiores, renunciar a los extremos sería dejar de respirar y Olmo le lleva ventaja si vuelve el falso nueve. Pero el mero hecho de estar especulando con esta posibilidad en 2025 es un milagro. O lo parece. En realidad, sólo lo parece.
El error recurrente más grave que cometen los futbolistas es no pensar ni informarse sobre el contexto antes de decidir qué pasos dar en su carrera. Cuando negocian un traspaso, la mayoría hace sólo dos preguntas a sus agentes: ¿qué equipo es? (cuantas más camisetas venda, mejor) y ¿cuánto me van a pagar? Con eso deciden. Y ahí mueren infinidad de carreras.
Muy pocos se plantean las cuestiones realmente importantes: ¿quién es el entrenador?, ¿dónde sirvo en su sistema?, ¿me gusta su estilo?, ¿con quién compito por el puesto?, ¿qué se espera de mí? y ¿puedo darlo? En definitiva, ¿encajo allí? Cojan cualquier gran fichaje fallido reciente y verán cómo, tras someterlo a ese test, concluyen que la decepción era previsible.
El PC Fútbol hizo mucho daño. Fichabas un delantero centro de 90 del Flamengo, lo ponías de delantero centro en tu Atleti y te daba el mismo rendimiento de 90. Punto. Así de sencillo. Las comunidades tuiteras de todos los equipos de Europa son ahora mismo un hervidero de aficionados arreglando sus equipos con cinco fichajes que, aparte de ser en su mayoría inviables, funcionarían en un porcentaje bastante bajo.
Muy pocos futbolistas son a prueba de balas y entornos. Mbappé, Lamine, tal vez Haaland. Hemos visto a Raphinha con Flick y con Xavi, Rodri y Pedri sufrirían en equipos que no quisieran mandar todo el rato, Vinicius necesita un vestuario muy fuerte alrededor... Y estamos hablando de los mejores. Permítanme esperar unos meses antes de felicitar al Arsenal si ficha a Gyökeres.
Isco es un genio y lo ha sido siempre. También cuando se desvaneció en el Madrid y cuando parecía finiquitado en el Sevilla. La decisión de ir al Betis es la mejor de su vida profesional. ¿Por qué? Porque vio el bosque y no sólo los árboles. Un técnico, Pellegrini, que le conoce a la perfección y es especialista en recuperar jugadores (es escandaloso lo que ha logrado con Antony), un estilo y un sistema a su medida, un calendario manejable a su edad, una confianza total en él... No es un milagro, es fútbol. Y el fútbol es mucho más que talento.
El próximo 4 de junio a partir de las 19.00 horas y en el frontón Gernika, la selección vasca de Pelota se enfrentará por primera vez a la selección española de la misma modalidad. Un partido entre dos selecciones 'nacionales' avalado por la Federación Internacional de Pelota Vasca y por el Consejo Superior de Deportes (CSD). El visto bueno del órgano dirigido por José Manuel Rodríguez Uribes ha sido el último avala recibido por Euskadi para hacer realidad su primera selección 'nacional' pero una veintena de federaciones vascas ya tramitan su reconocimiento internacional.
Luz verde definitiva para que, por primera vez en la historia, una selección deportiva vasca se pueda enfrentar a España en una competición internacional. El Gobierno vasco junto a la Federación vasca de Pelota ha logrado que a partir del próximo 1 de junio arranque la Liga de Naciones de cesta punta en el frontón de Gernika. "Para nosotros es el sumun", ha reconocido el presidente de la vasca y organizador del torneo José María Mitxelena. La Federación vasca logró en diciembre de 2024 su reconocimiento por la Federación Internacional con el objetivo de poder debutar como selección propia en este torneo de cesta punta en el que se enfrentarán seis 'países'. Además, de Euskadi y de España también está prevista la participación de Francia, Estados Unidos, México y Filipinas.
La selección española estará representanda por 6 jugadores vascos, un navarro y un catalán, según ha comunicado el presidente de la vasca Mitxelena. En principio, todos los jugadores de pelota de cualquier modalidad podrá elegir con qué selección jugar a partir de ahora.
"Nos quieren llevar hacia los escritorios pero estamos en la cancha y vamos a hablar de deporte", ha señalado durante la presentación oficial del torneo el presidente de la Internacional Xabier Cazaubon. "Nuestra prioridad es sumar y el deporte", ha insistido Cazaubon que fue uno de los artifices de que Euskadi fuera reconocida como federación 'nacional' por la Internacional abriendo la puerta a que se enfrente a España en una competición oficial. La Federación española de Pelota impugnó la decisión ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) por las trabas impuestas a representantes federativos para participar en la asamblea que avaló la petición de Euskadi. Aunque el TAS aún no ha pronunciado, las instituciones vascas dan por hecho que no habrá "vuelta atrás" en el reconocimiento internacional de la pelota.
Una seguridad jurídica que emana, según el Gobierno vasco, de la modificación de la Ley del Deporte pactada por el Gobierno de Pedro Sánchez con el PNV. La norma establece la posibilidad de constituir federaciones 'nacionales' en deportes con "arraigo" con una referencia expresa a la pelota vasca y al surf. La vicelehendakari Ibone Bengoetxea y la diputada general de Bizkaia Elizabeth Etxanobe se han felicitado por este "día histórico" para Euskadi. "Vamos a seguir trabajando por la oficialidad de las selecciones vascas", ha recalcado Bengoetxea, la 'número dos' del Gobierno de Imanol Pradales.
Han pasado seis años desde que Francisco Alarcón, Isco, vistiera por última vez la camiseta de la selección española. Fue en junio de 2019 con Robert Moreno a la cabeza cuando el hoy futbolista del Betis participó en los partidos de clasificación para la Eurocopa de 2020 ante Islas Feroe y Suecia. Pues bien, después de rozar la convocatoria en marzo, el malagueño ha regresado a una lista de la mano de Luis de la Fuente, que le ha reclutado para la defensa del título de la Liga de Naciones. El jueves 5 España juega en Stuttgart contra Francia la semifinal. Un día antes, Alemania y Portugal jugarán la otra.
Isco, que este miércoles afronta con el Betis la final de la Conference League, es la gran novedad en una convocatoria donde finalmente no ha entrado Rodri ni Laporte, dos fijos para el técnico. El primero porque, pese a acabar de volver a jugar tras su gravísima lesión de rodilla, no tiene el ritmo necesario. El segundo, porque no ha jugado nada en el último mes y medio. La otra gran novedad se encuentra también en el centro del campo, donde regresa Gavi, que no era llamado desde noviembre de 2023, cuando se lesionó en un partido contra Georgia.
Por lo demás, Luis de la Fuente mantiene el bloque en el que viene confiando y que sólo se ve alterado por las lesiones o por picos de rendimiento puntuales precisamente como el de Isco. En defensa recupera a Le Normand, básico para él, y sigue la apuesta por Huijsen, el nuevo jugador del Madrid, y Cubarsí. En la portería no hay cambios, y en el centro del campo Zubimendi, Fabián y Merino vuelven a ser fijos, igual que Pedri y Dani Olmo, que presumiblemente pelearán por un puesto (eso si juega con un delantero clásico, pues está la opción de que Olmo sea falso nueve).
También Morata, que con cinco goles en los últimos cinco partidos de la Liga turca parece haber recuperado su lugar. Y por supuesto las estrellas de la pasada Eurocopa, Nico Williams y Lamine Yamal. El equipo se concentrará este sábado 31 de mayo. Todos menos Fabián, que ese día juega la final de la Champions con el PSG.
Ahora que se cumplen 15 años del título en Sudáfrica, la Federación ha querido tener un guiño con aquel equipo y la lista la han ofrecido Casillas (los porteros), Capdevila (los defensas), Iniesta (los centrocampistas) y Fernando Torres (los delanteros)
LISTA DE LA SELECCIÓN
Porteros. Unai Simón, David Raya, Álex Remiro.
Defensas. Pedro Porro, Mingueza, Le Normand, Cubarsí, Vivian, Huijsen, Grimaldo y Cucurella.
Toda historia tiene un final y el de Pepe Reina es un final feliz. Pero también una historia feliz, campeón del Mundo y doble campeón de Europa con la selección española, ha vivido una envidiable carrera futbolística que este lunes ha llegado a su fin. El guardameta ha anunciado que se retira del fútbol profesional a los 42 años, tras 26 temporadas como profesional,, informa Efe. "Ha llegado el momento de cerrarlo aquí para emprender una carrera como entrenador", ha expresado.
En una entrevista de Movistar+, 'Pepe Reina tiene algo que contar', el madrileño dijo: "Se acaba una carrera muy bonita, una vida muy completa, me siento muy afortunado de lo que he vivido, han sido muchos años... no me lo esperaba, pero creo que ha llegado el momento y me apetece cerrarlo aquí"."
El portero seguirá ligado al fútbol como entrenador en el Villarreal, que ofreció a su exfutbolista tomar las riendas del Juvenil A, donde comenzará su andadura como técnico la próxima temporada.
"Decidí dejarlo en enero pasado. Hablé con mi mujer, y lo decidimos juntos", confesó el guardameta, que podría jugar el viernes su último choque ante el Inter en la última jornada de la Serie A.
El portero jugaba actualmente en el Como 1907, un equipo recién ascendido a la Serie A italiana y que a las órdenes de su compatriota Cesc Fábregas ha logrado salvar la categoría, en la que a falta de una jornada es décimo con 49 puntos.
Gerard Pique, Pepe Reina, Fernando Llorente e Iker Casillas con la Eurocopa de 2012.FRANCK FIFEAFP
"La satisfacción es que ahora quiero que termine. El verano pasado hubo un momento en el que lo pasé mal, porque no encontraba un proyecto que me ilusionara y tenía esa espinita. Tenía más que ofrecer y este año ha sido el que me ha hecho ver que ahora sí estoy vacío, en el sentido de que al fútbol desde esta posición ya no puedo ofrecer más", confesó Reina.
Sobre sus vivencias en el mundo del fútbol, añadió: "Soy afortunadísimo. Ha sido un privilegio. Ahora no lo valoras tanto, pero cuando eche la mirada atrás vamos a seguir siendo uno de los equipos referentes en la historia, he tenido mucha suerte. He compartido vestuario con gente diez".
Reina debutó en el año 2000 en el Barcelona, y desde entonces militó, además de en el club azulgrana, en Villarreal, Liverpool, Nápoles, Bayern de Múnich, Milan, Aston Villa, Lazio, Villarreal de nuevo y Como 1907.
Con la selección española debutó en agosto de 2005 y jugó 36 partidos. Participó en cuatro Mundiales, dos Eurocopas y dos Copas Confederaciones, en las que, a pesar de no ser el primer portero, fue pieza clave en el vestuario y cada convocatoria nacional.
Pepe Reina conquistó a lo largo de su carrera 9 títulos: Mundial 2010, Eurocopa 2008 y 2012, Bundesliga 2015 (Bayern), Copa de Italia 2014 (Nápoles), Copa de la Liga de Inglaterra 2012 (Liverpool), FA Cup de Inglaterra 2006 (Liverpool), Supercopa de Inglaterra 2007 (Liverpool) y Supercopa de Europa 2006 (Liverpool).
Además, fue elegido durante tres temporadas consecutivas (2005-2006 a 2007-2008) el mejor portero de la Premier League, cuando militó en el Liverpool a las órdenes del español Rafa Benítez y compartiendo vestuario con su compatriota Fernando Torres.
Su asignatura pendiente fue la Liga de Campeones, con la final perdida en 2007 ante el Milan de Carlo Ancelotti.
Un portero que será recordado tanto por sus grandes paradas como por su carisma y su buen ambiente en el vestuario, como figura clave de los éxitos de España en su época más gloriosa.
«Yo, bombo... Yo, bombo...» Era lo único que Manolo acertaba a decirle a una joven policía sudafricana, que lo miraba con incredulidad y nos miraba al resto en busca de respuestas. Lo único que encontraba eran risas. Manolo no estaba dispuesto a dejar el bombo para entrar en el estadio Ellis Park, donde España debía enfrentarse a Honduras, como le exigía la responsable de seguridad. Los nervios le impedían enlazar las cuatro palabras de su rudimentario inglés. Alguien le dijo a la policía que Manolo era «nuestro Nelson Mandela», a lo que el aludido contestó: «¿Que soy el qué?». La agente se contagió de las risas y, con alguna explicación más, accedió a dejarle pasar. «Yo, bombo... Yo, bombo...», repetía mientras se adentraba en las tripas del estadio. Esas dos palabras sintetizaban, en realidad, su vida, la de un personaje que llevaba la alegría a las gradas, aunque su vida se desmoronara como la de un juguete roto.
España ganó a Honduras (2-0) en el Ellis Park de Johannesburgo y comenzó el camino hacia el título después de caer contra Suiza. La recuperación de la selección de Vicente del Bosque fue, en cambio, en paralelo a la recaída de Manolo, aquejado de una fuerte ciática. Alojado con los periodistas, pedía continuamente ibuprofeno hasta que ya no pudo más y, entre lágrimas, dijo: «Me tengo que ir a casa». El debut de España había desatado críticas y dudas, por lo que Manolo regresó apenado, pero sin la sensación de perderse algo histórico. España ganó a Portugal, en octavos, y a Paraguay, en cuartos, para alcanzar las semifinales. La selección había encontrado el juego, pero le faltaba el bombo.
"El bombo o yo"
El siguiente problema era un problema que perseguía a Manolo: el dinero. Una separación con cuatro hijos que estuvieron tiempo sin hablarle, una segunda relación de la que salió más endeudado y negocios ruinosos relacionados con la hostelería, las copas y hasta el alterne, con un local en la carretera de Sariñena, lo habían dejado seco. Su primera mujer, una «belleza», según repetía, le dijo: «El bombo o yo». Al volver, se encontró el piso vacío. Apenas conservaba su bar-museo, junto a Mestalla, que también acabó por cerrar.
Si estaba en Sudáfrica, como en todos los Mundiales anteriores desde España'82, había sido por las ayudas de la Federación en los tiempos en los que viajar con la selección era una frustración constante. En los chárter con los jugadores y los periodistas apenas lo hacían Manolo y Revilla, un prestamista con americana de prestamista, siempre la misma.
Había que ayudar a Manolo a volver a Sudáfrica, insistir a la Federación y a los patrocinadores. Para eso, Ángel Villar era fácil, un sentimental. Lo hizo en uno de los chárters que desplazaban a familiares. Cuando se subió al autocar para ir al estadio de Durban, escenario de la semifinal ante Alemania, a Manolo se le habían quitado todos los dolores. Vio marcar a Puyol en directo, como a Iniesta en la final. «Ya me puedo morir», dijo entonces. Le quedaban partidos y le quedaba tiempo, pero un tiempo que le deparó decepciones y le llevó a rayar la depresión.
Bocadillos para los niños
La Federación cambió, con la llegada de Luis Rubiales, y el cariño, también. Acudió todavía al Mundial de Rusia, que estaba comprometido, pero ya nadie le llamó para ir a Qatar. Manolo sintió que no era correspondido. Había dejado su vida por la selección, pero el fútbol no le respondía, todo lo contrario que los aficionados. Era reclamado para autógrafos y fotografías más que cualquier jugador. En el primer viaje de la selección a Albania tras la caída del régimen comunista, la tripulación sólo estaba interesada en fotografiarse con dos personas, Manolo y José María García. En Tirana, pidió a todos los bocadillos de la prensa para repartirlos entre los niños harapientos.
Manolo, en un partido de España.Kai FörsterlingEFE
Había nacido en La Mancha, hijo de un albañil, pero creció en Huesca, vivió en Zaragoza y, finalmente, en Valencia, donde puso el bar-museo al que había que ir a por el bocadillo antes del partido. Acudió a un encuentro entre Zaragoza y Valencia, «los dos equipos de mi vida», recién operado de menisco, y la Cruz Roja le dio una vuelta al ruedo en La Romareda.
La gran aparición de Manolo se produjo en el Mundial de España, en 1982, en el que se desplazaba de una ciudad a otra en auto-stop. Fingió vomitar para bajarse, después de que un conductor alemán se le insinuara, e hizo otro de los tramos en un coche fúnebre, con el bombo apoyado sobre el ataúd. Ponía nombres a los tambores, como si tuvieran vida, como si fueran los hijos de los que se había alejado. Al primero le llamó Clarete, hecho en Calanda. Después llegó Pingüino y, finalmente, 'Escachuflau', por los desperfectos tras un accidente.
Nunca se separaba de su instrumento y se enfadaba si le obligaban a facturarlo en los aviones. Al llegar a Zenica, en Bosnia, para jugar un partido en la era de Luis Aragonés, alguien apareció a la carrera y se llevó el bombo. El conductor del autobús lo atrapó. No era la primera vez. Dada la suciedad de las habitaciones, durmió en la recepción, abrazado al bombo como se abraza a una pareja.
«¿Voy a llamar a Movistar para ponerlo en el bombo?», dijo en una última comida. Habían pasado ya los tiempos de los bolos con las selecciones de Costa Rica o Venezuela. «Tendré que venderlo», se resignó después. Ese día había muerto en vida.