El calor del Amazonas es un pálido recuerdo que entristece: el último gol de Italia en un Mundial se remonta al 15 de junio de 2014. Lo marcó Balotelli contra Inglaterra en Manaos, ilusionándonos con la idea de que el viaje a Brasil nos daría alguna satisfacción. En cambio, la Italia de Cesare Prandelli perdió los siguientes partidos de la fase de grupos, contra Costa Rica y Uruguay, y se fue rápidamente de vacaciones. Desde ese momento en adelante, la FIFA perdió nuestro rastro. 12 años de desastre.
A decir verdad, la crisis había comenzado cuatro años antes en Sudáfrica, cuando Lippi encalló en los escollos neozelandeses y eslovacos. Pero subestimábamos el problema, que era mucho más profundo y que excluiría por tiempo indefinido a la selección del torneo más bonito. En 2030 habrá jóvenes padres de familia que nunca habrán visto a Italia superar una primera ronda y, sobre todo, chicos recién sacados el carné, mayores de edad, que desconocen la sensación de vivir un verano mundialista. Las redes sociales, despiadadas, muestran las imágenes de Jannik Sinner de niño esquiando en los días en que la Italia de fútbol se divertía imaginando remontadas que la llevaran a enfrentarse a Brasil o Argentina.
Paradójicamente, Italia ha sabido mejorar su estatus a nivel europeo, no solo con la magnífica hazaña de Wembley en la Eurocopa 2021, sino también con la final de 2012 con Prandelli y la discreta Eurocopa con Antonio Conte como seleccionador en 2016. Pero el Mundial se ha convertido en una novela por entregas, de la que esperamos ansiosamente cada nuevo capítulo para luego quedarnos puntualmente consternados.
A veces, quizá sea mejor ni siquiera conocer el final de la historia. En Bosnia se intuía tras la imprudente entrada de Bastoni que privó a Gattuso de su defensa central y dejó al equipo con diez. Pero perder una eliminatoria en los penaltis, a domicilio y con un arbitraje no precisamente favorable, puede pasar.
En cambio, no pueden ser casualidades la sucesión de acontecimientos y el colapso del estatus: entre las veinte primeras selecciones del ranking de la FIFA, solo falta Italia en el Mundial de 2026. Por lo tanto, no es del todo cierto que la ampliación del formato de Infantino, aunque valorice a realidades casi amateur como Curazao, haya penalizado a Italia. En todo caso, le ha obligado a enfrentarse a sus límites sin resolver.
El fracaso de 2017
En 2017 se culpaba del fracaso al entonces seleccionador, Ventura, quien, en la práctica, nunca volvió a enderezar el rumbo de su carrera tras la doble eliminatoria contra Suecia. Piensen en cómo cambian las percepciones: Italia quedó entonces segunda en el grupo, por detrás de España, que no era precisamente un rival cualquiera, y fue eliminada por unos centímetros de mala suerte, entre un autogol de De Rossi y un poste de Darmian. Y, sin embargo, ya en aquel caso, comprensiblemente, se invocó la revolución federativa.
En cambio, siguiendo las costumbres habituales, el presidente, Carlo Tavecchio, no tiró la toalla, aunque dimitiría por otras razones un año y medio después. De hecho, volvió a la carga llamando a Roberto Mancini para que dirigiera el renacimiento. Una operación técnica que luego heredaría su sucesor, Gabriele Gravina. Todos recordamos cómo fue: lloramos de alegría por el abrazo entre el seleccionador y Gianluca Vialli en Londres, celebrando una obra maestra en la Eurocopa que no lográbamos desde 1968, y luego de vergüenza en Palermo cuando Italia fue derrotada por Macedonia del Norte en el partido decisivo para el Mundial.
Por absurdo que parezca, el título de Wembley nos hizo creer durante unos meses que habíamos vuelto a ser grandes, posponiendo el enfrentamiento con la verdad: el colapso estructural viene de lejos y encontró confirmaciones evidentes en el fracaso de la selección de Spalletti en la Eurocopa 2024. Que Suiza nos diera una paliza parecía técnicamente lógico, al igual que parecía inevitable encajar un 7-1 ante Noruega y encontrarnos de nuevo enzarzados en la repesca en esta clasificación. Los demás mejoran y ganan, nosotros nos quedamos mirando a ellos y a América.
Los Mossos d'Esquadra han abierto una investigación sobre los cánticos islamófobos y xenófobos que se produjeron el martes en un sector del estadio RCDE Stadium en Cornellà de Llobregat (Barcelona), donde se disputó el partido amistoso de fútbol entre las selecciones de España y Egipto.
En concreto, se han abierto diligencias de investigación siguiendo los protocolos contra delitos de odio y discriminación previstos en estos casos. Fuentes policiales explican que hay dos vías abiertas, la penal y la administrativa. De la primera se encarga la Comisaría General de Información del Cuerpo en coordinación con la Fiscalía, que deberá determinar si hubo un presunto delito de odio y discriminación.
De la segunda, la administrativa -que incluye multas económicas- se encarga la Direcció General d'Administració de Seguretat, dependiente del Departamento de Interior de la Generalitat, que investigará si cabe interponer sanciones en base a la Ley 19/2007, de 11 de julio, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte.
Los investigadores analizarán imágenes y vídeos sobre lo ocurrido anoche para tratar de indagar acerca de su origen o saber quien estuvo detrás, según han informado este miércoles, horas después del partido. También se rastrearán las redes sociales.
El encuentro de preparación para el Mundial 2026 se enturbió cuando desde las gradas se entonó en dos ocasiones y de forma mayoritaria, "musulmán en el que no bote". En el estadio se dieron cita hasta 37.000 aficionados. Luego y tras los avisos emitidos durante el descanso, se volvieron a escuchar algunos gritos desde partes concretas del estadio, aunque estos no fueron mayoritarios.
Precisamente, el conseller de Deportes de la Generalitat, Berni Álvarez, ha criticado el comportamiento de una parte de la grada durante el partido y ha explicado que él mismo pidió aplicar el protocolo para este tipo de casos en el descanso : "Hemos pedido a los responsables que se activasen los protocolos y continuaremos trabajando para que el deporte sea un espacio de inclusión, sin odio ni racismo". "Somos un país de acogida, respeto y convivencia", ha avisado en un mensaje en redes tras asegurar, eso sí, que el encuentro se debería haber detenido por lo sucedido.
La polémica está adquiriendo ya una fuerte connotación política y social hasta el punto de que el propio Puigdemont ha responsabilizado al PSC y a su supuesta "agenda españolizadora" de lo sucedido. "La agenda españolizadora del PSC comporta esto". "Para cancelar el catalanismo avivan el nacionalismo español. Saben que históricamente el españolismo ha sido un nacionalismo de negación del otro, imperialista", ha sostenido en una publicación en redes sociales.
De hecho, el líder de Junts fugado en Waterloo, ha dicho que el "nacionalismo español", a su juicio, "ha practicado la sustitución cultural mucho antes de que el concepto fuera adoptado por la extrema derecha mundial".
Por su parte, el responsable de Deportes de la Generalitat ha ido un paso más allá y ha acusado a la "extrema derecha" de estar detrás, sin concretar más allá. "Vinieron al partido para desplegar ese discurso de odio. Había gente con la que la sensación que tenías es que todo estaba muy dirigido (...) "No tengo la certeza, pero es la sensación; por eso era muy peligroso no haberlo detenido antes. Dudo que muchos de los que cantaban tuvieran relación con el mundo del deporte", ha asegurado en una entrevista en la Cadena Ser.
Mientras, el delegado del Gobierno en Cataluña, Carlos Prieto, también se ha sumado al rechazo de estos hechos y ha asegurado que se comunicó a los organizadores activar los protocolos correspondientes y así se produjo: "El racismo no tiene cabida en ningún sitio. Ante esto, solo hay una respuesta posible: firmeza, rechazo y defensa clara de los valores de respeto y dignidad que definen a Cataluña".
12 años de ausencia parecían ya demasiados, pero serán al menos 16. El infierno del Bilino Polje de Zenica alargará la racha de Italia como mínimo cuatro años más. La selección transalpina, que se adelantó en el marcador en la final de la repesca ante Bosnia, terminó cayendo en penaltis ante el cuadro balcánico, fallando dos penaltis y confirmando su tercera ausencia consecutiva en una Copa del Mundo. Junto a Bosnia, caminaron hacia el Mundial Turquía, que ganó en Kosovo, Suecia, que venció a Polonia, y República Checa, que superó a Dinamarca en la otra tanda de una noche de máxima tensión y vergüenza italiana.
La repesca del Mundial tuvo de todo. Italia viajó a Bosnia, a un estadio de 9.000 espectadores con un césped cercano al fútbol no profesional. En las gradas, cientos de italianos que quisieron cruzar el Adriático para empujar a los suyos. La Federación bosnia no quiso jugar en Sarajevo, la ciudad más importante del país, y envió el partido a Zenica para tratar de minar los ánimos transalpinos. El detalle, que inspiró las quejas de los periodistas italianos en la previa porque el campo ni siquiera tenía tecnología de gol, se quedó en nada con la imagen del inicio, el edificio pegado a uno de los fondos incendiado por las bengalas que salían de cada una de sus ventanas.
Moise Kean, que marcó también en la semifinal ante Irlanda del Norte, adelantó a los transalpinos, pero la expulsión de Bastoni condenó a Italia. Le obligó a disputar una hora con un futbolista menos y terminó sentenciando al equipo de Gattuso, acompañado en la banda por otros dos históricos como Buffon y Bonucci. Ni siquiera eso sirvió.
En el 41, Bastoni, central del Inter de Milán, no tuvo más remedio que derribar a Memic cuando éste se dirigía hacia Donnarumma. Roja directa según el colegiado francés Clement Turpin. Con uno más en el marcador, Bosnia se inclinó sobre la portería italiana y pudo empatar en varias ocasiones claras del joven Kerim Alajbegovic, que con 18 años fue el más peligroso de su país.
En el 79, los balcánicos encontraron premio a sus intenciones con el empate de Tabakovic, provocando el drama nacional en Italia. Donnarumma salvó el triunfo bosnio antes de la prórroga y Esposito pudo anotar para los transalpinos en el tiempo extra, pero se encontró con Vasilj.
La segunda prórroga en cinco días no importó a Bosnia, que manteniendo la superioridad numérica tuvo la posesión y las ocasiones finales. Italia protestó una amarilla a Muharemovic cuando Palestra se dirigía al área rival, pero Turpin no lo castigó con roja.
Una tanda terrible
Desde los 11 metros pesaron los 12 años de ausencia en los Mundiales. Tahirovic, Tabakovic, Alajbegovic y Bajraktarevic no dieron opción a Donnarumma, mientras que Esposito, un niño de 23 años, falló el primer penalti de Italia. Tonali marcó el segundo, pero Cristante envió el tercero al larguero para entregar el billete a la Copa del Mundo a Bosnia. Italia, campeona en 2006, enlazará dos eliminaciones en fase de grupos y tres ausencias en los Mundiales.
El resto de la repesca
En Kosovo, Akturkoglu anotó el único tanto del encuentro para poner fin al sueño del país balcánico, mientras que en un gol de Gyokeres en el 88 dio el pase a Suecia ante la Polonia de Lewandowski. En Praga, Dinamarca falló tres penaltis para acelerar el regreso de República Checa a una Copa del Mundo que no pisaba desde 2006.
Próxima parada, el 11 de junio en el Azteca de México.
Luis de la Fuente está en su papel de defender noches como la de ayer en el campo del Espanyol. Hay que ver jugadores, claro que sí, y más cuando quedan dos meses para un Mundial. Hay que ver quién está en disposición de ir si uno de los fijos falla, baja la forma, se lesiona o no le dan el visado, que con Trump, cualquier cosa. Tiene todo el derecho el seleccionador a poner a los aspirantes juntos, sólo faltaba, pero claro, si eso deviene en un tostón como el perpetrado contra Egipto durante la primera parte, pues el sabor de boca es el que es. [Narración y estadísticas].
La sensación es que esta selección, la número uno del mundo, la gran favorita, pide a gritos que comience el Mundial. Luego terminará como termine, pero este equipo está para jugar por la Copa del Mundo, no para pelearse en amistosos de poca monta. España terminó empatando para desilusión del personal, que acudió al partido más para gritar que Barcelona también es España que para disfrutar realmente del fútbol. Bien está si no fuera porque la exaltación, cualquiera, mal entendida, provoca momentos sonrojantes como los cánticos contra los musulmanes.
Porque, conviene subrayarlo, el ambiente estuvo en la grada, cuya mal compresión, conviene subrayarlo también, de la exaltación nacionalista española provocó algún momento inadmisible. Gente que no entiende nada la hay en todos los sitios, también entre quienes defienden a España en Cataluña. Pero, al margen de todo eso, el único ruido salió de los asientos, nunca del campo, donde los 10 cambios respecto al otro día, a excepción de Lamine Yamal, formaron una macedonia difícil de digerir.
Los laterales lo intentaron, y los centrocampistas lo intentaron, y los delanteros lo intentaron, pero ninguno lo consiguió. A quien más se vio fue a los centrales, pues Egipto, un equipo que estará en el Mundial, decidió apretarse bien y dejar que fueran Mosquera y Huijsen los que subieran el balón. El resultado, un atasco.
COSA EXTRAÑA
Porque España no era España. Era una cosa rarísima. Por no haber no hubo siquiera ocasiones de gol. Algún barullo, algún remate sin interés ninguno y para usted de contar. De hecho, la mejor ocasión fue para Egipto, que por medio de Marmoush envió un tiro al palo. El delantero del City es un jugadorazo, y se nota en cada movimiento. Cuando la pelota aparecía por sus pies, España tenía cosas reales que temer. Del resto, pocas noticias. Y así, entre el desinterés y la desidia, se llegó al descanso.
Tan soso estaba todo que hasta Luis de la Fuente quiso cambiarlo. Puso patas arriba el centro del campo y entraron los titulares. Rodri, Pedri y Fermín. También Víctor Muñoz dejó sentado a Lamine para que el Barça no se enfadara más de la cuenta. Y la cosa empezó a fluir, no era difícil esperarlo. Cuando Pedri está en el campo pasan muchas cosas. Y, últimamente, cuando le acompaña Fermín, pasan muchas más.
El jugador andaluz del Barça es un tormento para el rival, que no sabe detectarle, en parte porque no para de moverse. Fueron 45 minutos corriendo de acá para allá, ahora por un lado, ahora por el otro, ahora por arriba, ahora por abajo, ahora vengo a recibir, ahora tiro un desmarque... Cansa sólo escribirlo y sin embargo él podría hacer todo eso fumando.
Fermín, el polvorilla, y el resto, pues, animaron la noche. Llegaron las ocasiones en el primer cuarto de hora, en el que Egipto no pudo pasar el centro del campo. Un equipo más dinámico, más reconocible, merodeaba el gol sin complejos. En esas andaba el partido cuando De la Fuente resolvió la gran incógnita de esta concentración y puso a jugar a Joan García. El portero del Barça provocó una verbena en el estadio, donde la mitad le pitaba y la otra mitad le aplaudía. Entre eso y que Fermín se lió a empujones con un rival por una falta tonta, los decibelios se dispararon y el ruido se apoderó de la sesión, ya disparatada.
Cuando el balón quiso volver a reclamar protagonismo ya era demasiado tarde. La zapatiesta que habían generado Fermín y compañía se disolvió en un nuevo síntoma de que esta España no está para amistosos. Esta España está para el Mundial. Y no es un desprecio, por si alguien no lo había pillado. Es, al revés, un elogio.
Significa que los titulares de este equipo, en el momento en el que están, en las circunstancias actuales, están para ponerse a pelear por ser campeones del mundo. Ni más ni menos. El amistoso de ayer contra Egipto lo olvidará el personal hoy mismo, pues no merece más. El Mundial está ahí mismo. Y es hora de ir a por él.
Tras quedarnos sin acudir a México 1970, la Federación, presidida por José Luis Pérezpayá (ex futbolista de cierto fuste conocido como Pérez Payá, que una vez en el cargo decidió unir sus apellidos), contrató como seleccionador a Ladislao Kubala, leyenda de nuestro fútbol en los cincuenta. Húngaro, fugado del comunismo, emblema del régimen y del Barça, jugador legendario y ahora entrenador entusiasta y locuaz («chicos bien, moral óptima», era su latiguillo favorito). Entró en 1969, con la eliminación para México 1970 ya consumada, y se estrenó con un España-Finlandia patriótico, en La Línea de la Concepción, con el Peñón al fondo. Tuvo excelentes resultados al principio, sobre todo una gran victoria ante Alemania en Sevilla y otra sobre Italia en Cagliari. Pero pinchó en el intento de asalto a la Eurocopa 1972: nos eliminó la URSS, ganándonos en Moscú y empatando en Sevilla con un sensacional partido de su meta Rudakov.
Ahora tocaba el asalto a Alemania 1974, que reuniría a 16 selecciones. El sorteo nos colocó en el grupo VII de la zona europea, con Grecia y Yugoslavia como rivales. Grecia no era gran cosa. Aunque el Panathinaikos había llegado, con Ferenc Puskás como entrenador, a la final de la Copa de Europa de 1971 (cayó ante el Ajax de Johan Cruyff), su selección ocupaba el puesto 23 en Europa, según el ránking del respetado periódico L'Équipe. Otra cosa era Yugoslavia, país hoy desmenuzado en Eslovenia, Croacia, Serbia, BosniaHerzegovina, Montenegro, Kosovo y Macedonia del Norte. En aquel tiempo era una potencia deportiva en muchas especialidades, entre ellas el fútbol, y tenía a uno de los mejores jugadores del continente en ese momento, el extremo izquierdo Dragan Daji. Desde el inicio estaba claro: eran ellos o nosotros.
Empezamos mal: un 2-2 el 19 de octubre de 1972 en el Estadio Insular de Las Palmas. Se buscó en Canarias un clima supuestamente incómodo para los yugoslavos, pero a Kubala se le ocurrió la «genialidad» de colocar como delantero centro a Marcial, un exquisito centrocampista, para nada adaptable a esa posición. Yugoslavia nos ganaba 1-2 en el minuto 90, había estrellado un tiro en el palo... pero en el descuento un gol salvador de Asensi palió el desastre. La visita de Grecia a Yugoslavia, el 18 de noviembre, se saldó con victoria yugoslava, 10, sin mucha más historia.
El 17 de enero de 1973 España visita a Grecia sin margen de error. Kubala dispone partidos en los campos del San Andrés y el Sabadell, de tamaño similar al Nikolaidis de Atenas, y ordena que no se riegue el césped, en previsión de lo que encontraríamos allí. El partido se juega a las dos de la tarde y lo ganamos 2-3 gracias a una tarde gloriosa del extremo valencianista Óscar Rubén Valdez, que marca dos goles y tres cuartas partes del otro. Grecia nos devuelve visita el 21 de febrero, en La Rosaleda malagueña. Ganamos 3-1 sin problemas.
La visita a Zagreb
Pero arrastramos el empate inicial y ahora hay que visitar a Yugoslavia. Se juega el 21 de octubre en el Maksimir de Zagreb, estadio del Dinamo, a reventar, y con un despliegue de bengalas y carracas desconocido aquí. En las repletas gradas se perciben pequeños grupúsculos de españoles. España hace su mejor partido del grupo, tiene varias ocasiones y hasta un tiro al poste. Termina 0-0, con lo que compensamos el ya lejano 2-2 del Insular.
Sólo queda la visita de Yugoslavia a Grecia y las cuentas son claras: si Yugoslavia pierde, empata o gana por un gol de diferencia, España irá al Mundial. Si gana por tres o más, se habrá clasificado. Si gana por dos, habrá que jugar un Yugoslavia-España de desempate, en fecha y lugar a concertar.
Sospechas en Atenas
El Grecia-Yugoslavia se juega el 19 de diciembre de 1973 en el Karaiskakis de Atenas. Las vísperas son asfixiantes, llenas de rumores y sospechas contra los griegos en general y su portero en particular, Kalassidis, de los que se insiste en que están vendidos. Las revistas Barrabás y Fútbol In publican que el presidente y el secretario de la Federación, PérezPayá y Andrés Ramírez, viajan con un maletín de 30.000 dólares, equivalentes a 1.500.000 pesetas, para contrarrestar la supuesta oferta de los yugoslavos al portero y a su figura, Domazos. A saber. También viaja Kubala, que lo presenciará junto a Puskas. El partido es a las dos menos cuarto de la tarde, de nuevo la hora de la comida, y nos sentamos a verlo con la impotencia del que ha puesto su vida en manos de otros, o del azar, que nunca se sabe lo que es peor.
El desánimo ha cundido tanto en Grecia que el aspecto del campo es desolador: de los 45.000 asientos sólo están cubiertos 6.000, un tercio de ellos por yugoslavos. Al cuarto de hora Yugoslavia gana 0-2. El meta local, Kalassidis, parece transparente. En España muchos apagan la tele, en la seguridad de que estaba vendido y se iba a llevar un carro. Pero Yugoslavia amaina su avalancha inicial, Grecia reacciona, marca el 1-2 sorprendiendo a Mari, cegado por el sol; luego es expulsado el delantero centro yugoslavo Duan Bajevi por una agresión, y Yugoslavia encaja otro gol al borde del descanso. Así que 2-2 y Yugoslavia con diez para todo el segundo tiempo. Ya está. Los desertores vuelven a encender el televisor. Quizá mejor que no lo hubieran hecho.
Yugoslavia se crece: en el minuto 62, un jugadón de Aimovi acaba tras varios rebotes en gol de Surjak. Luego aprieta. Los minutos van pasando a nuestro favor con exasperante lentitud: 83, 84, 85, 86, 87, 88, 89... Y en el último suspiro, a 15 segundos del pitido final, una volea de Karasi bota en el suelo y se cuela: 2-4. Habrá desempate.
El seleccionador griego, Alketas Panagoulias, se indignó: «Es una vergüenza. Yo envié al campo a once futbolistas distintos de los que he visto después», y dimitió, anunciando que no quería saber nada más del fútbol griego. El país quedó abochornado por la sospecha de venalidad en todos o algunos de sus futbolistas; el Gobierno abrió una investigación, los jugadores fueron multados con 800 dólares por cabeza y se anunció que la mayoría de ellos no volvería a la selección nacional.
El desempate, en Frankfurt
Pero había que desempatar, en suma. Era lo que había. Yugoslavia quería hacerlo enseguida y en Grecia; Kubala se negó por no preparar el equipo a toda prisa. España propuso enero, pero Yugoslavia hacía pausa invernal... Al final decidió la FIFA: 13 de febrero de 1974, en Frankfurt, la misma ciudad en que cuatro meses exactos después tenía que albergar el partido inaugural, que enfrentaría a Brasil, campeón vigente, contra, precisamente, el ganador de ese partido. Las agencias de viajes publicitan sus ofertas: «Tres días, del 12 al 14 de febrero, vuelo regular de Iberia, habitación con baño, traslados. Entrada al campo en tribuna cubierta». Todo pagadero en plazos mensuales de 1.290 pesetas.
El 31 de enero Kubala da una lista de 22 futbolistas: Iribar, Reina y Deusto; Sol, Gallego, Benito, Jesús Martínez, Capón y Uría; Costas, Juan Carlos, Claramunt, Pirri, Asensi y Marcial; Amancio, Rexach, Gárate, Quini, Galán, Valdez y Rojo. Se concentran el 4 de febrero en Eurovillas, una urbanización cerca de Madrid, a la que los periodistas acudimos en tropel. El día 6 hay un amistoso contra el Torrejón, en el que juegan los «posibles» (una hora sin descanso y resultado de 7-0), y el 8 otro contra el Atlético de Madrid, en el Manzanares, a las 18.30 horas, para coincidir con la luz del atardecer en Frankfurt a las 19.30. Para darle un carácter de «ensayo general con todo», el Atlético vistió de azul noche y pantalón blanco, como la selección yugoslava lo haría días más tarde.
Kubala pretendió disputarlo a puerta cerrada, pero se acumuló tal multitud que hubo que permitir la entrada por miedo a un motín. En el primer tiempo jugaron los «probables», exactamente los mismos once que lo harían cinco días después en Frankfurt (Iribar; Sol, Benito, Jesús Martínez, Uría; Juan Carlos, Claramunt, Asensi; Amancio, Gárate y Valdez). Ganó la selección 3-1, los tres de Amancio. En la segunda mitad salieron los «posibles», todos los demás, incluidos los dos porteros, que se alternaron. Hubo empate a dos, goles de Pirri y Galán para la selección. Aquel era un buen Atlético: el de Reina, Ovejero, Panadero, Ufarte, Luis, Salcedo, Irureta, Alberto, Becerra... Sin Gárate ni Capón, claro, seleccionados con España.
Kubala hace seis descartes: Reina, Gallego, Pirri, Galán y Chechu Rojo. Sorprenden especialmente los de Pirri («necesito hombres que marquen al contrario», argumenta) y Chechu Rojo, en mejor forma que Valdez. El equipo viaja el lunes 11, a las 15.30, previo entrenamiento matinal en el Bernabéu. Hay un segundo vuelo el 12, una romería. Van todos los federativos, muchos directivos de club, varios presidentes, una nubecilla de técnicos y figuras como Santana y Julio Iglesias, gente de lo más variopinto.
Kubala decide entretener la tarde de la víspera con una sesión de cine y escogen Papillón, las peripecias de un convicto francés escapado de una prisión caribeña, basada en la novelarelato de Henri Charrière, un best seller. La tarde se agrió por una angina de pecho del masajista Ángel Mur padre (su hijo le sucedió). Parece un golpe de mal fario. Sus tareas habría de hacerlas el masajista de la selección alemana, Eich Denser. No era lo mismo, claro. Mur padre se repuso y vivió hasta los 93 años posteriormente.
El partido se juega a las 19.30 horas. En el Waldstadion hay 15.000 españoles, en su mayoría emigrantes que han roto la hucha para ver a España clasificarse. Pero son el doble de yugoslavos, porque Frankfurt y su entorno tenían una gran inmigración yugoslava. El resto, hasta 62.000, es público local, dispuesto a disfrutar de este aperitivo mundialista. Los españoles cantan el «Que viva España», cómo no, de Manolo Escobar. Aquí, todos ante la tele. Se podría haber pasado lista y comprobar que no faltaba nadie.
La ilusión duró 13 minutos, los que tardó Josip Katalinski en marcar. Una falta desde la derecha lanzada al segundo palo, Katalinski cabecea, Iribar rechaza como puede y el balón le cae al propio Katalinski, que en un escorzo incómodo lo caza en el aire y marca.
Y después, la nada. Kubala sólo reacciona en el 73', metiendo a Marcial y Quini por Juan Carlos y Amancio, sin que se note la menor reacción. Todo es soso, aburrido, decepcionante, absurdo. Suena el pitido final y apagamos la tele con un ánimo lúgubre.
"Se perdió otra guerra"
«Ridículo en Frankfurt», «Desastre», «El peor partido en la era Kubala», «Se perdió otra guerra» son algunos de los titulares. Ya se decía que Kubala ganaba batallas, los amistosos, pero perdía guerras. Él acusaba a la prensa del «pecado latino»: presentar al equipo antes del partido como un «monstruo con dos cabezas y siete colas» y tirarlo a la basura cuando perdía.
Katalinski, nacido en Sarajevo (BosniaHerzegovina) en 1948, era jugador del eljezniar. La resonancia de su gol le valió el traspaso al Niza, donde a los cuatro años le retiró una lesión de rodilla con 30. Fue un líbero con buen físico (1,81 y 80 kilos), limpia técnica y gran salto. Para Yugoslavia jugó 43 partidos con 10 goles; en el eljezniar, 240 y 32, y en el Niza, 103 y 28. Retirado, fue directivo del eljezniar e invirtió con acierto en hoteles en Cabo Antibes y Fréjus. Falleció en Sarajevo en el año 2011, con 63 años, víctima de un cáncer. Su nombre quedó grabado en piedra en la memoria de los aficionados españoles de la época.
El 12 de diciembre de 2022, Luis de la Fuente tenía 61 años. Hoy se encamina hacia los 65 (21 de junio), y en estos tres años y medio, su figura ha cambiado de tal manera que asistimos, según expertos en el sector, «a una de las transformaciones más grandes de una figura pública española en las últimas décadas». Porque el día que se presentó como seleccionador, las miradas fueron de recelo, cuando no de desprecio. Un señor mayor, con la única experiencia de las categorías inferiores y opuesto por completo a Luis Enrique, un tipo aparentemente sin carisma, ni vibra, ni aura. Hoy, en cambio, ese mismo seleccionador es campeón de Europa, de la Liga de Naciones y dirige, sin objeciones, a un puñado de chavales que conforman el núcleo de la gran favorita para ganar el Mundial: es España la mejor selección del mundo ateniéndose a la única clasificación posible en este tinglado, que es el ranking FIFA.
Ese cambio, obvio, no ha pasado desapercibido para las empresas y las marcas comerciales, que se disputan hoy la presencia de Luis en sus charlas para ejecutivos o en los anuncios de sus productos. En la génesis de esta explosión está lo deportivo, cómo no, pero también la decisión de fichar por Youfirst, una agencia de representación con la que ya hizo su renovación en el cargo en 2025, llevándole a los 3,5 millones de salario bruto. La compañía, por cierto, fue comprada poco antes por Gersh, un gigante estadounidense de la representación, así que se puede decir, por qué no, que De la Fuente (y Alexia Putellas, por ejemplo) comparten agencia con nombres como Meg Ryan, Sofia Coppola o Jean-Claude Van Damme. En fin, que esto da un poco igual.
El caso es que el entrenador riojano es, hoy, una de las piezas más codiciadas por empresas y marcas, que si quieren contratarle, han de preparar, en el caso de una acción con directivos, una cantidad superior a los 5.000 euros. «Luis transmite la imagen de normalidad, un tipo normal que ha llegado a lo más alto. Podría ser tu vecino, y es uno de los mejores entrenadores del mundo», explican desde su agencia, que acumula peticiones (alrededor de 40 mensuales) para que Luis haga alguna «acción», como se dice en ese mundo. Entrando todavía más en detalles, su forma de ser le hace apetecible para ámbitos muy diversos. «Es un líder sin dar voces. Las grandes empresas le quieren porque él les puede explicar cómo tratar a los jóvenes, pues él ha conseguido que gente como Lamine o Nico le sigan. Esa gestión de la juventud es muy atractiva. Y lo hace a través del convencimiento, no de la imposición. Transmitir cómo hacer eso es muy valioso», insiste uno de sus colaboradores.
Buenas personas
Toda la prensa que sigue a la selección tiene una cosa clara desde que él llegó al cargo. A Las Rozas llegan los buenos, sí, pero los buenos que saben convivir en grupo, que facilitan la convivencia. Ha habido algún jugador que, tras una presencia, no ha vuelto, y no porque su nivel futbolístico no sea suficiente, sino porque entendía el entrenador que le podía desestabilizar el grupo. «Él ejerce un liderazgo muy concreto, un liderazgo que nace del respeto. El que él tiene con los que dirige y el que exige a esos jugadores entre ellos. No es una pose. Siempre suele decir: 'pudiendo elegir, elijo a las buenas personas'», cuentan desde su entorno, que ahora se ha hecho más grande, pero que en la Federación sigue siendo el mismo. Su grupo de trabajo, su staff, como dice él, y un reducido número de trabajadores, entre ellos la responsable de comunicación que él ha pedido expresamente tener cerca y que se encarga de acompañarle a casi todos los actos que tiene. Seguramente será una de las pocas personas que ya ha leído "La vida se entrena cada día", la autobiografía que él mismo firma y que saldrá a la venta el 7 de mayo.
Otro aspecto define su imagen. «Es la marca España», resumen en Youfirst, y compañías de relojes, de ropa, de transporte, quieren esa imagen. «Él viene de una generación, los nacidos en los 60, a los que les dijeron que todos eran mejores que los españoles. Los italianos, los ingleses, los alemanes... Y él defiende que no, que aquí somos tan buenos como el que más, y que no hay que tener ningún complejo de ser español y presumir de nuestras tradiciones, de nuestra forma de hacer las cosas», cuentan. En ese contexto cabe su defensa, desacomplejada, de los toros y de la fe, de lo español, cosas de moda precisamente, así lo dicen las encuestas, entre los jóvenes, el público con el que él trabaja y al que ha llevado a la cima del fútbol.
Un último dato explica la relevancia de su figura. No tiene redes sociales porque rechazó que alguien las gestionara por él, un servicio que suelen ofrecer las agencias de representación. Y, sin redes sociales, fue nombrado el año pasado Influencer del año por la revista especializada del sector. «¿Por qué? Porque llega a todo el mundo y la idea de liderazgo, experiencia, la gestión de grupos desde el respeto y la 'marca España' se refleja perfectamente en él», concluyen desde Youfirst mientras él, sin hacer ruido, mira al Mundial con ambición. Y sin complejos. Ya se los quitó.
Luis de la Fuente está en Barcelona a los mandos de una selección, la española, que afronta el último partido amistoso antes de conocer la lista de los que irán al Mundial. Una lista, por cierto, que ya está formada en un porcentaje altísimo. "Tenemos 20 o 22 que sí nos gustaría que estuviesen", avanzó el técnico, una cosa bastante obvia pero que llama la atención cuando la verbaliza el responsable de hacer esa lista.
Antes espera, este martes, Egipto. Y el foco está puesto en quiénes jugarán y en quiénes no por aquello de que no se lesione nadie. "Vamos a refrescar el equipo. Es una decisión que teníamos tomada desde que terminó el anterior. Vamos a sacar un equipo competitivo porque queremos seguir ganando. La gente ahora está en la selección, que también demanda máximo rendimiento", contó el entrenador, que volvió sobre esa idea en varias ocasiones.
"Yo sólo pienso en la selección. Los clubes, hoy y aquí, no me interesan nada. Igual que yo no opino de los clubes cuando están en la temporada. Estamos en la ventana de la selección y nosotros ya hemos empezado a jugar el Mundial. El lunes empezamos a trabajar para el Mundial. Igual que yo respeto a los clubes, exijo que ahora respeten también a la selección", dijo.
¿Y la portería? "Tenemos la decisión tomada de quién va a jugar de inicio, pero no de lo que transcurra durante el partido. En otras demarcaciones lo tenemos muy claro. El portero que juegue mañana de inicio, pues lo sabréis, y lo sabrán, mañana. No es un partido de los mal llamados amistosos, nos estamos jugando el primer puesto en el ranking mundial, por lo que tenemos que sacar un equipo competitivo. Los que salgan van a ser muy buenos, todos aquí lo son, y en la portería veremos".
También confirmó que está muy pendiente de los lesionados. Muy pendiente de Mikel Merino, de Nico, de Fabián... Porque ellos también son parte de esos fijos que anunció que tenía, y que están en la mente de todos.
España enfila el camino del Mundial como favorita con un estilo reconocible, innegociable y, sobre todo, ganador. Luis de la Fuente ha conseguido que la idea esté por encima de los futbolistas y que siempre funcione. A 77 ha citado en las 14 convocatorias que ha hecho desde aquella primera en marzo de 2023. 70 jugadores han tenido minutos. Da igual quién juegue, España siempre gana. Al pie de esa frase solo hay que acotar el clamoroso descalabro, por inesperado, en Escocia (2-0) y una derrota en el amistoso ante Colombia (0-1) de hace un año. La final de la Nations League ante Portugal se escapó en la tanda de penaltis y no cuenta como derrota, aunque impidiera ganar el tercer título continental consecutivo.
El seleccionador ha construido su bloque sobre pilares fijos que, salvo lesión, siempre están en sus planes. Unai Simón, Laporte, Le Normand, Rodrigo, Pedri, Oyarzabal o Merino han sido algunos de ellos. Al grupo se suman Zubimendi, Dani Olmo, Fabián Ruiz o Ferran, además de Lamine Yamal y Nico Williams. Otros, intocables también, han ido saliendo, como Morata o Carvajal, y se han sumado a los hombres del seleccionador Fermín, Álex Baena, Cubarsí, Huijsen, Barrios o el regreso de Pedro Porro y Marcos Llorente.
Para todos los contratiempos, De la Fuente ha encontrado solución efectiva, mientras buscaba el billete para Estados Unidos. Como goleador se destapa Oyarzabal. Zubimendi ha hecho que no tenga que llorar a Rodri. Porro y Llorente han relevado a Carvajal. España se clasificó sin haber podido contar con Lamine y Nico Williams, que solo aparecieron en la primera ventana de septiembre. Entre Baena, Fermín, Ferran y ahora Víctor Muñoz, con gol en el debut, han hecho llevaderas sus ausencias.
Porque si hay algo a lo que el seleccionador no renuncia es, por un lado, a volver a abrirle las puertas a sus indiscutibles cuando caen por lesión y regresan a su nivel. Lo hizo con Pedri, con Rodrigo y lo hará con Nico Williams, Merino o Fabián, si se recuperan a tiempo. Está por ver si en ese grupo está también Dani Carvajal. Pero, por otro lado, De la Fuente pesca en cada momento a los jugadores que, encajando en su estilo, rozan el nivel de excelencia. Por eso la lista de sus 14 convocatorias es de 77 jugadores. Solo cuatro no tuvieron minutos (Azpilicueta, Gila, Pepelu y Abel Ruiz) y hay tres, Joan Garcia, Barrenetxea y Carlos Soler, que aún pueden escaparse de esa estadística si el martes juegan en Cornellá. El resto, todos han participado e irrumpen nombres de apariciones fugaces en estos años, como Kepa, Fran García, Pedraza, Paredes, Canales, Ceballos o Sancet. En el ataque aparecen más movimientos, con De Frutos, Jesús Rodríguez, Abel Ruiz, Riquelme, Sarabia, Ayoze o hasta Sergio Gómez.
Tampoco ha dudado el seleccionador en echar mano de internacionales que llevaban tiempo sin vestir la camiseta, como Rodrigo Moreno, Iago Aspas o Nacho. El estado de forma al que llegaban los jugadores en cada ventana ha sido determinante. Por eso desaparecieron Pau Torres, Balde, Mingueza. David García, Gerard Moreno y Joselu para dejar paso a quienes emergían en cualquier campeonato. Morata, el capitán, es el mejor ejemplo.
De la Fuente tiene a sus pretorianos, pero no negocia estados de forma, salvo que el regreso sea enfilando ya la línea ascendente tras una lesión. Así han vuelto Rodri y Pedri. Gavi y Carvajal siguen en la lista de espera. Del seleccionador riojano se puede dibujar un once tipo en un partido oficial y casi acertar, pero maneja con solvencia un amplio abanico de futbolistas que sabe insertar en un engranaje casi perfecto que le hace ser la gran selección europea que menos partidos ha perdido desde 2023: dos, frente a las cinco de Inglaterra y Francia o las siete de Alemania. Argentina cayó cuatro veces desde que es campeona del Mundo.
TODOS LOS CONVOCADOS POR LUIS DE LA FUENTE
PORTEROS
Unai Simón; David Raya; Álex Remiro; Robert Sánchez; Kepa Arrizabalaga; Joan Garcia (sin jugar).
DEFENSAS Dani Carvajal; Pedro Porro; Jesús Navas; Marcos Llorente; César Azpilicueta (sin jugar); Robin Le Normand; Aymeric Laporte; Pau Torres; Dani Vivian; Nacho; Raúl Asencio; Pau Cubarsí; Dean Huijsen; Alejandro Balde; Marc Cucurella; Alejandro Grimaldo; Óscar Mingueza; Iñigo Martínez; David García; Jordi Alba; Fran García; Pedraza; Paredes; Mario Gila (sin jugar); Cristhian Mosquera.
CENTROCAMPISTAS
Rodrigo Hernández; Martín Zubimendi; Mikel Merino; Fabián Ruiz; Pedri; Gavi; Isco; Pablo Barrios; Aleix García; Álex Baena; Fabián Ruiz; Dani Olmo; Fermín López; Pablo Fornals; Marc Casadó; Pepelu (sin jugar); Carlos Soler (sin jugar); Ceballos; Oihan Sancet; Sergio Canales.
DELANTEROS
Álvaro Morata; Joselu Mato; Borja Iglesias; Mikel Oyarzabal; Ferran Torres; Dani Olmo; Nico Williams; Lamine Yamal; Yeremy Pino; Bryan Zaragoza; Bryan Gil; Gerard Moreno; Marco Asensio; Samu Omorodion; Jorge de Frutos; Abel Ruiz (sin jugar); Ansu Fati, Ander Barrenetxea (sin jugar); Jesús Rodríguez; Víctor Muñoz; Iago Aspas; Rodrigo Moreno; Rodrigo Riquelme; Pablo Sarabia; Ayoze; Sergio Gómez.
A Luis de la Fuente se le puede decir misa. Que si los jugadores están en mitad de lo mollar de la temporada, que si es conveniente probar cosas nuevas, que si tal, que si cual o que si Pascual. Luis de la Fuente escucha, asiente y luego hace lo que le da la gana, que es, siempre, poner a los buenos a jugar, a los que él considera buenos, a los titulares, en el primer partido de las concentraciones. Y veremos lo que ocurre en Cornellá contra Egipto el martes, pero es posible que haga pocos cambios respecto a los que puso ayer, un equipo, el que salió de inicio, que podría ser el mismo (habrá que ver la evolución de los lesionados) que inicie el Mundial el próximo día 15 de junio en Atlanta contra Cabo Verde. España está camino de su objetivo y sonríe [Narración y estadísticas].
Antes, por la mañana, había descartado el seleccionador a Joan García, el portero del Barça, que está aquí en parte por merecimientos, pero en parte también para calmar un debate que no existe en la cabeza del cuerpo técnico. Unai Simón es el portero titular de España, del mismo modo que el resto de los que iniciaron contra Serbia. Quitando a Fermín (en el lugar de Fabián o Merino) y Baena (en el lugar de Nico), el resto son los buenos, los titulares. Así que eso de las pruebas para el martes. O no.
Fue un monólogo de España, para qué cambiar una inercia que mantiene a este equipo invicto en partido oficial desde hace tres años y dos si contamos los amistosos. Baena ya avisó nada más comenzar, pero apenas tardó el equipo un cuarto de hora en ponerse por delante. El primer gol, de hecho, fue similar al segundo. Fueron, ambos, un resumen del juego de la selección, basado en la hipnosis. Consiste el plan en descolocar al rival sin que se entere. Para ello, todo el mundo comienza a revolotear por ahí, y siempre, o casi siempre, hay un momento en que alguien, algún jugador español, se queda solo.
Ese alguien, en los dos primeros goles de ayer, fue Oyarzabal. En el primero después de una jugada estupenda entre Lamine, Fermín, Baena, que dejó pasar el balón entre sus piernas, y el delantero de la Real. El segundo le halló más solito que la una en la frontal del área. Se quedó quieto, miró al portero y la puso en la escuadra así, sin carrerilla, sin avisar.
MODUS OPERANDI
El modus operandi del equipo de Luis de la Fuente es muy difícil de sostener para el rival, que en algún momento de la hora y media que duran los partidos se despista, se descose, se equivoca en un seguimiento, en un cambio, en un desmarque. Y, encima, los equipos inferiores, como lo fue ayer Serbia, corren tanto que luego les cuesta devolver golpes. Unai Simón estuvo, pero podría no haber estado y nadie le hubiera echado de menos. Podría haber sido algún gol más, pero en fin, un 2-0 daba al descanso una placidez bien ganada.
Luego, ya sí, empezó el carrusel. Pedri y Fermín fuera y Fornals y Olmo dentro. Y luego fueron pasando el resto. Víctor Muñoz, que debutaba, Ferran Torres, que anda algo apagado, etc... Entre los dos fabricaron el tercero, dos balas a la carrera contra una Serbia ya cansada de perseguir trileros. Olmo puso a correr a su compañero en el Barça, que hizo lo mismo que Guti en Riazor con Benzemá, dejó un taconazo maravilloso que el chaval de Osasuna completó con un remate de mucho nivel, con el exterior al palo largo. Un registro más, el de salir a toda pastilla, que gasta esta selección tan completa.
Más allá del gol, la noche devino en una cosa bastante aburrida, con la particularidad de que el público, silencioso, permitía oír los gritos de los jugadores como si fuese un entrenamiento. No pasó gran cosa, y dio la sesión para fijarse en los detalles. Por ejemplo en Rodri, recuperado para el mediocentro, donde habrá debate, cómo no, con Zubimendi, a la espera de ver si los dos son una opción para el seleccionador. Por ejemplo también, hubo tiempo para reparar en Laporte, el dueño de esa defensa que espera compañero definitivo para él, siendo los dos laterales ya claros salvo recuperación milagrosa de Carvajal en el Real Madrid.
Entre esas disquisiciones se fue la noche, la penúltima antes de la lista del Mundial, que ya está en la mente de todos y que vendrá marcado, su éxito o no, por este juego de hipnosis, de trileros, que gasta la selección española.
Fermín López (El Campillo, Huelva, 22 años) va echándole un vistazo a su teléfono móvil mientras el fotógrafo le indica dónde y cómo ponerse. Viene, como casi todos los futbolistas, con un neceser, digamos, no pequeño. Bueno, bastante grande. Y pesa. El centrocampista del Barça y de la selección es un chaval que de pequeño pasaba bastante del fútbol, pero era tan bueno que le fichó el Recreativo, luego el Betis y luego el Barça, al que su padre dijo que no en un primer intento. Iba para estrella, pero cuando estaba cerca de conseguirlo tuvo que salir cedido al Linares, fútbol fuera de los focos, para, ya sí, volver y que Xavi lo pusiera a jugar. Un chaval de pueblo que mira al Mundial.
PREGUNTA. Si le pido que me diga algo que le haya hecho reírse o sacarle una sonrisa en las últimas 24 horas, ¿qué sería? Puede ser un mensaje, un vídeo, lo que sea.
RESPUESTA. Mi perro.
P. ¿Cómo se llama?
R. Se llama Orus. Es un Samoyedo grandecito, con mucho pelo blanco.
P. ¿Y por qué le sacó la sonrisa?
R. Porque cuando le sacamos siempre le da por hacer alguna trastada, y mi novia me manda los vídeos.
P. Nació en El Campillo, un pueblo pequeñito de Huelva rodeado de minas. ¿Tenía su familia alguna relación con la mina?
R. Sí, mi abuelo trabajó muchos años allí. La mina está muy cerca de mi casa y siempre he crecido con eso. La profesión de minero es durísima. Mi abuelo me contaba cosas que hacían ahí dentro y son tremendas.
P. ¿A qué se dedican sus padres?
R. Mis padres ya no trabajan, gracias a Dios.
P.¿A Dios o a usted?
R. Bueno, sí, por suerte he podido conseguir que mis padres dejen de trabajar. Mi madre trabajaba en una empresa de frutas y mi padre era cartero. Es el sueño de cualquier persona: que sus padres, gracias a él o a lo que está consiguiendo, puedan dejar de trabajar. Para mí es un sueño que hayan podido dejarlo y que todo el sacrificio que hicieron por mí ahora yo se lo pueda devolver, y ellos disfruten de lo que estamos viviendo.
P. ¿Tiene hermanos?
R. Sí, uno. Más pequeño. Estudia Derecho. Es un crack. Dice que quiere ser abogado o juez, todavía no lo tiene claro.
P. ¿Qué recuerda de su infancia? ¿Qué imagen le viene a la cabeza?
R. Que era un niño muy feliz. A partir de los seis o siete años, siempre estaba jugando al fútbol: en casa de mi abuela, en la plaza del pueblo, con mi hermano, con mis amigos. Siempre había un balón por medio. La etapa que viví en mi pueblo la recuerdo con mucha felicidad.
P. En algún sitio leí que al principio no le gustaba mucho el fútbol.
R. Es cierto. Mis padres me llevaban porque iban mis amigos, lo típico. Y el campo era de arena, de albero. Con cinco años, en vez de entrenar, me dedicaba a hacer montones de arena. No me interesaba mucho el fútbol. Pero un año o dos después, con seis o siete, ya me encantaba.
P. ¿De qué equipo era usted de pequeño?
R. Del Barça.
P. ¿Seguro?
R. Seguro, 100%.
P. ¿Por qué?
R. Por mi tío Juan Antonio, que es muy culé. Él me inculcó al Barça: camisetas, partidos... Desde que tengo memoria soy del Barça.
P. ¿Es verdad que el Barça fue a buscarle dos veces?
R. Sí. Mi padre me lo contó tiempo después porque de pequeño no quería que supiera esas cosas. La primera vez creía que era muy pronto para que me fuera solo a Barcelona. Al año siguiente, cuando tenía doce para trece, volvieron a buscarme, ya me lo dijo y decidimos entre todos que sí.
P. Su primera noche en la Masía fue la más dura de su vida.
R. Sí, la más dura, sin duda. Vinimos en coche mi abuela, mi hermano y mis padres. Al bajarme para entrar, mi abuela llorando, mis padres llorando, yo llorando, mi hermano igual. Entré ya tocado. Y por la noche me sentía muy solo. Era una etapa nueva: vivir lejos, sin mis padres, sin mis amigos.
P. ¿Dormía solo o con más chicos?
R. Con tres compañeros. Dos nuevos y uno que ya llevaba tiempo.
P. ¿Los conocía?
R. Los conocía de haberme cruzado con ellos en torneos, pero poco más. Fue un día muy triste, aunque también feliz porque empezaba un sueño.
P. ¿Vuelve mucho a su pueblo?
R. Ahora es muy complicado.
P. Claro. Se ha convertido en un futbolista de primer nivel y eso tiene una parte incómoda: le paran por la calle, tiene que cuidar lo que dice, lo que hace... ¿no?
R. Sí, es incómodo porque tienes que privarte de muchas cosas: lo que subes a redes, lo que dices, dónde vas. Pero que te paren para una foto o que un niño te pida una camiseta es un orgullo. A veces es incómodo, pero también es bonito ser un referente para muchos.
P. En algunos momentos ha necesitado ayuda psicológica. ¿Tiene que ver con asimilar esta nueva situación de jugar en el Barça, venir a la selección, la presión...?
R. Sí. Aunque también la necesité de pequeño. En la Masía lo pasé mal y no jugaba mucho. Para un niño es difícil llevar esa frustración. Ahí fue cuando primero necesité ayuda. Luego, al subir al primer equipo y venir a la selección, entras en otra dimensión. La ayuda psicológica es fundamental. Siempre he necesitado ayuda psicológica, lo hago de forma regular.
Fermín LópezJAVIER BARBANCHO
P. ¿Qué le gusta hacer cuando desconecta del fútbol?
R. Soy un chico sencillo. Cuando estoy en casa, estoy con mi novia y con mi perro. Me gusta salir a pasear, merendar, estar con mi familia y mis amigos. Es importante porque muchas veces es fútbol las 24 horas y acabo saturado.
P. ¿Es cierto que apaga el móvil a ratos?
R. Apagarlo no, pero lo dejo por ahí, lo silencio. Si salgo a pasear, a veces lo dejo en casa. Y si lo llevo, intento no mirarlo: es un rato para mí o para desconectar con mi pareja.
P. ¿Qué valora hoy de su vida fuera del fútbol que antes no tenía? Más allá de lo evidente, como poder comprarse una casa siendo tan joven. O cambiando la pregunta, ¿qué es lo que más echa de menos?
R. La privacidad. A veces me gustaría ser como uno de mis amigos: que nadie me conozca, que nadie me pare por la calle.
P. Le juro que tenía apuntado preguntarle si alguna vez le gustaría ser invisible.
R. Cien por cien. Me encantaría ser invisible.
P. Molaría, ¿eh?
R. Sí. No siempre, pero una semana... me gustaría hacer cosas normales sin pensar en nada.
P. ¿Le importa caer bien o caer mal?
R. No, no me importa caer mal. Creo que a la mayoría le caigo bien. Soy sencillo y humilde, y la gente lo percibe. Y si a alguien le caigo mal, no es algo que me quite el sueño.
P. Si uno es del Barça, ¿tiene que caerle mal el Madrid?
R. Sí. Es la rivalidad. Si eres del Barça, el Madrid no te puede caer bien. Y al revés, claro. No puedes ser del Barça y del Madrid. Eso es imposible para los que somos futboleros. Y para ellos es igual.
P. ¿Qué le dejó la cesión al Linares más allá de lo futbolístico?
R. Maduré muchísimo. Fue volver al fútbol real: menos recursos, vivir solo, buscarme la vida. Después de tantos años en la Masía, con todo hecho, fue una vuelta a la realidad. Me llevé madurez y paciencia.
P. Si pudiera hablarle al Fermín de 13 años, ¿qué le diría?
R. Que tenga paciencia. De pequeño lo quería todo inmediatamente: jugar, ser como los demás físicamente... Le diría que espere su momento, que siga su camino y que trabaje como lo hace.
P. ¿Qué le piden Hansi Flick y Luis de la Fuente? ¿Son cosas parecidas?
R. Cada entrenador tiene sus matices, pero en mi posición me piden cosas similares: jugar entre líneas, romper al espacio, llegar al área, no perder balones y chutar desde fuera. Más o menos lo mismo.
P. Y la última: ¿podemos decir que somos favoritos a ganar el Mundial? Somos número uno del ranking, campeones de Europa...
R. Sabemos que somos una selección muy fuerte, pero eso de "favoritos" no me gusta. Si te lo crees demasiado, te relajas. Pero creo que tenemos una selección increíble y que podemos ganar el Mundial, claro.