Quizás Rino Matarazzo se había imaginado, en su paseo de 3 horas por San Sebastián, que su equipo levantaría el trofeo en la Cartuja dos días después. Quizás Oyarzabal proyectara, tras ver su gol en la última Copa del Rey, que volvería a tener suerte en una cita tan importante para su equipo y haría llorar a los casi 25.000 realtzales que les acompañaron a la capital hispalense. A veces los sueños se hacen realidad si se lucha mucho y, si al despertarse, uno los persigue para que no se desvanezcan. Quisieron los blanquiazules emular a la Real del 87 y fue Marrero el que, en esta ocasión, se vistió de Arconada y Marín, de héroe.
Pero la final la comenzó ganando Barrene que decidió introducir al Atlético en una nueva dimensión. Desconocida, deshabituado. Le dio el control del partido tras marcar un golazo a centro de Guedes en el primer minuto. Los rojiblancos debían olvidar la serie ante el Barça en la que explotaban la carrera y se aprovechaban del monopolio azulgrana del balón y la línea adelantada. Es la Real Sociedad un equipo valiente, pero no suicida. Aún así, Koke explotó en numerosas ocasiones la espalda de Aramburu con la velocidad de Lookman.
EFE
El británico estaba en ebullición. Las quería todas y al venezolano le estaba dando la noche. Tardó algo más de cuarto de hora en encontrar el premio a su constancia. No fue en velocidad o buscando la espalda sino en una preciosa jugada de tiralíneas que llegó a las botas de Griezmann para habilitar al extremo rojiblanco. Disparo cruzado y empate. Volver a empezar. El plan, con alguna curva, volvía a estar en marcha.
La primera parte se convirtió en un duelo de espejos. Como los entrenadores, ambos americanos y de riguroso negro. Y sus equipos se buscaban por el flanco izquierdo como si hubiera cristales rotos en la otra banda en un precioso duelo de pistoleros: Lookman-Guedes. La Real cedía el balón a los rojiblancos, pero no renunciaba a salir en tres pases usando a su capitán de pivote o buscando la espalda de Molina.
La Real, antes del descanso
El duelo estaba en un detalle y fue Musso el que fue sacudido por el aleteo de una mariposa. El portero, que seguía dando muestras de inseguridad en sus salidas, buscó de puños un centro de Soler. Su mano no encontró balón, si no la cabeza de Guedes. Alberola no dudó y Oyarzábal no falló, como en el 2021, para volver a ilusionar a media Cartuja y toda Guipúzcoa. En el minuto 45, además, ese tiempo donde los golpes duelen más, aunque no tumben.
Tenía el Cholo trabajo en el descanso. Esa palabra que le gusta tanto, la contundencia, estaba toda del lado donostiarra. Salieron con otra marcha los rojiblancos de los vestuarios y pronto avisaron con dos ocasiones de Griezmann y Lookman. Llorente aparecía por la banda derecha y equilibraba el peligro del equipo del Cholo. El siguiente movimiento de ajedrez fue sacar al británico, el mejor del equipo, y Ruggeri por Sorloth y Nico. Los caminos del Cholo son inescrutables. Respondió Matarazzo con Marín y Gorrotxa por Turrientes y Barrene, cemento al medio y a mantener la ventaja.
Tampoco quiso Simeone que Griezmann terminara el encuentro y el francés se llevó una ovación de ambas aficiones. Deportividad que continuaba tras un día de fraternidad en Sevilla. Pero el foco lo devolvió Julián al campo poco después. Tras una jugada de banda a banda del Atlético, terminó el balón en las botas de Julián, que con una gran maniobra empató el encuentro y silenció la Cartuja: una banda por asombro y la otra por miedo. La emoción cambiaba de bando y la Real debía afrontar los últimos 10 minutos sin su capitán y sin Barrene. Pero los rojiblancos, pese al empuje y las ocasiones de Baena y Sorloth, se quedaron sin tiempo y lo dejaron todo para la prórroga.
La alegría txuri-urdin
El tiempo extra siempre suele favorecer al que viene de atrás, aunque la Real intentó por medio de Kubo morder a un Atlético mandón. De hecho, se salvó en una ocasión cuádruple con un milagro de Cardoso. Poco después fue Oskarsson el que la tuvo por dos veces. Musso reaccionó mal al primer disparo y detuvo bien el segundo. Respondió Julián con un zambombazo a la cruceta. La final estaba para cualquiera, la Real, con corazón, había conseguido igualar el poderío rojiblanco.
EFE
Entonces llegó la suerte de los penaltis y el aroma del 87. Marrero, con el azul de Arconada, detuvo a Sorloth el primero y a Julián, el segundo. El fallo de Oskarrson dio un respiro al Atlético después del gol de Soler. Pero a partir de ahí nadie falló y el título, poco a poco, se fue tiñendo de blanquiazul hasta que Marín lo devolvió a donostia. Cinco años después y casi 30 desde el mito de la portería txuri-urdin.












