24 horas antes del examen final a Xabi Alonso en Yeda, Jude Bellingham actuó como portavoz del vestuario del Real Madrid en la rueda de prensa previa a las semifinales contra el Atlético de Madrid. Cuestionado sobre si dentro de la plantilla sienten la presión de tener en sus manos el futuro del técnico vasco, el centrocampista inglés insistió en que esas no eran preguntas para él. "Yo no tomo decisiones. Mi opinión es que estamos todos unidos en el vestuario. A veces hay estos altibajos. Debemos ver dónde estamos ahora, en una semifinal, a cuatro puntos del líder, en el top-8 de la Champions... No es ningún desastre. A veces en el Madrid los malos momentos se exageran. Las decisiones se toman muy por encima de nosotros", sentenció el británico, aunque no se quedó ahí.
"Hemos hablado de los problemas, pero sabemos qué pasa en el vestuario. Estamos con el entrenador, no hay debate. Está siendo positivo y estamos trabajando para mejorar. Me llevo muy bien con todos. Si las cosas no van bien, pues se sienta y se habla. Estamos a muerte con el entrenador", insistió.
El 5-2 del Metropolitano tuvo su eco en la sala de prensa de la ciudad deportiva King Abdullah, donde se le preguntó por ello a Alonso. "Queremos hacer un partido diferente, sabemos las cosas que nos faltaron en aquel partido e insistiremos para no cometer de nuevo los mismos errores. Mañana será otra historia, estoy convencido", valoró el de Tolosa.
La principal ausencia será la de Kylian Mbappé, que después de jugar ante Alavés, Talavera y Sevilla ha decidido parar para superar las molestias en su rodilla, en la que sufre un esguince. ¿Forzó demasiado? "Se toman decisiones y ahora estamos aquí. Hemos apurado pero ha sido demasiado pronto para Kylian. Ahora en nuestra cabeza está la semifinal y poder jugar el domingo la final", deslizó Alonso, evitando valorar si había permitido forzar demasiado a su futbolista.
El siguiente nombre clave fue Vinicius Júnior, abucheado por la grada en los últimos partidos, algo a lo que respondió Bellingham: "Hay mucha presión sobre él, pero hace mucho bien al equipo. Quizás también haya un bloqueo ante la portería, pero veo un jugador eléctrico y creativo, crea desde la nada. Los goles no cuentan toda la verdad. Hay que verle como un compañero muy útil. Queremos que vuelva a ser el mejor Vini, cuando está a tope es muy peligroso. Tenemos que apoyarle. Volverá a ser el de antes", reflexionó el inglés, que también dejó un pensamiento sobre sus números goleadores, más bajos que en la temporada de su estreno en el Madrid.
"Ha sido un cambio fácil. En mi primera temporada no había un delantero natural y vivía muy cerca del área. Pero ahora con Mbappé tenemos un delantero de 50 goles por temporada, no debo estar tan adelantado. Tengo que cubrir otras áreas del campo y cada temporada aportare mis goles, tengo esa llegada. No le doy mucha importancia y estoy disfrutando de este nuevo rol. El año pasado hice 15, no está nada mal. Este curso llevo algunos. Estoy jugando un poco mas atrás e influyo más en la jugada. Tengo que cubrir distintas áreas del campo y los goles nunca han sido lo mas importante. Tengo esa llegada, pero puedo hacer de todo donde juego ahora", explicó.
Previa del derbi madrileño en el King Abdullah Sports City Stadium de Yeda, donde este jueves se disputan las semifinales de la Supercopa de España entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, una segunda parte del contundente triunfo rojiblanco en el Metropolitano en Liga. Aquel encuentro, asegura Diego Pablo Simeone, es "diferente" al que se celebrará en Arabia Saudí esta semana.
"Cada partido es diferente. El partido de Liga no va a estar relacionado con el partido de mañana", admitió el técnico argentino, acompañado en la comparecencia de prensa por Koke, capitán del vestuario. "Creo que lo del Metropolitano no influye", reconoció el futbolista. "Nos conocemos y en Liga hicimos un grandísimo partido, pero cada partido es diferente, puede haber expulsiones, lesiones, cambios... Vamos a tener una idea de juego seguro y dar el 200%. Es la única forma que tenemos para ganar el partido".
El nombre propio en el entorno colchonero estos días es el de Julián Álvarez, que atraviesa un mal momento a nivel deportivo, con solo un gol en los últimos siete encuentros que ha jugado. "Julián ha demostrado el futbolista que es, esperemos que mañana tenga un gran partido", declaró Simeone, que tampoco incidió mucho en la necesidad de hablar en privado con su delantero.
"A veces no hace falta hablar, otras hace falta acercarse, otras hablar de la vida, pero no de fútbol... Nos manejamos con naturalidad. Más allá de un futbolista hay una persona", reflexionó Simeone.
Koke, por su parte, aseguró que "no solo hay que exigirle a Julián, nos tenemos que exigir todos". "Seguro que los grandes jugadores como Julián aparecen cuando más se les necesita", añadió.
La baja de Mbappé podría condicionar el planteamiento de Simeone, pero Koke prefiere esperar a después del partido para analizarlo. "Sabemos el nivel de Mbappé y todo lo que supone, es uno de los mejores del mundo. Mañana te lo diré después del partido si influye", explicó, e incidió que "la más sencilla no, pero es lo más cerca que estamos de un título ahora mismo".
Simeone, para acabar, contestó a algunas preguntas de los periodistas saudíes, incluida una sobre la posibilidad de fichar por la liga de Arabia en un futuro. "Nosotros no cerramos puertas nunca. Yo desde mi lugar no cierro ninguna puerta", sentenció.
El piloto valenciano Tosha Schareina firmó una jornada redonda en el Rally Dakar 2026 al conquistar la exigente etapa maratón de motos con final en Al Ula y consolidarse como uno de los grandes protagonistas de la carrera.
El piloto valenciano de Honda se impuso en los 417 kilómetros cronometrados con un tiempo de 4h31:56, logrando su segunda victoria consecutiva y asumiendo el liderato de la clasificación general, aunque empatado a tiempo con su compañero de equipo Ricky Brabec.
La etapa, marcada por la navegación y la dureza del terreno, volvió a poner a prueba la resistencia de los pilotos y las monturas, sin asistencia mecánica al término de la jornada.
Schareina supo gestionar la presión y mantener un ritmo sólido hasta la meta, donde aventajó por apenas seis segundos a Brabec y por diez a Skyler Howes, completando Monster Energy Honda HRC su primer triplete del Dakar 2026.
Ross Branch, con la Hero, fue cuarto a 16 segundos, mientras que Daniel Sanders cerró el Top 5 a 2:37.
Con este resultado, Schareina pasa a ser el tercer piloto que lidera la general en esta edición, tras Edgar Canet -vencedor del prólogo y la primera etapa- y Daniel Sanders, que había dominado la segunda y la tercera.
El valenciano encabeza la clasificación con un acumulado de 16h45:40, idéntico al de Brabec.
Por detrás, Sanders mantiene la tercera posición a 1:24 y lidera el grupo de KTM, en el que también figuran Edgar Canet, cuarto a 11:22", y Luciano Benavides, quinto a 13:09.
La lucha por el Dakar de motos se mantiene muy abierta, con diferencias ajustadas y un duelo creciente entre Honda y KTM, mientras el desierto saudí sigue dictando sentencia jornada tras jornada.
Jornada aciaga para los Ford
El piloto sudafricano Henk Lategan se impuso en la cuarta etapa del Rally Dakar en la categoría Ultimate, la de coches, tras dominar de principio a fin los 452 kilómetros disputados en Al Ula con un tiempo de 4:47:08.
El piloto de Toyota Gazoo Racing W2RC logró así el liderato de la general al aventajar al catarí Nasser Al Attiyah, segundo a 7:03. con el Dacia oficial, y al polaco Marek Goczal, tercero a 14:15 y mejor piloto privado.
Sébastien Loeb fue cuarto, mientras que Toby Price finalizó séptimo. La jornada confirmó el sólido momento de Lategan y el pulso abierto en la categoría reina por ganar la carrera.
En la clasificación general, Lategan y su copiloto Brett Cummings aventajan a Al-Attiyah en 3 min 55 seg y al Ford de Mattias Ekstrom en 13 minutos.
A las puertas del podio siguen el veterano español Carlos Sainz (Ford, 4º a 15:53) y el francés Mathieu Serradori (Century, 5º a 16:53). Loeb se mantiene al acecho, 8º a 19 min 57 seg de Lategan.
El gran perdedor de la jornada fue el vigente campeón, el saudí Yazeed Al Rahji, que tuvo que abandonar a mitad de recorrido, traicionado por la mecánica de su Toyota Hilux.
Real Madrid y Barcelona, que se encuentran en Arabia Saudía para disputar la Supercopa, ya tienen rival para los octavos de la Copa de Rey. Los madrileños jugarán contra el Albacete y los catalanes contra el Racing de Santander. Por su parte, el Atlético de Madrid jugará contra El Deportivo de la Coruña.
También jugarán el Athletic contra la Cultural Leonesa, el Burgos contra el Valencia, el Betis contra el Elche, la Real Sociedad contra el Osasuna y el Alavés contra el Rayo.
Esta ronda sigue siendo a partido único, en campo del equipo de menor categoría, cuando se da el caso, y en ella los equipos arbitrales tendrán ya la ayuda del VAR, que no había en las anteriores.
Los partidos de estos octavos de final se disputarán la próxima semana, entre el martes 13 y el jueves 15 de enero.
Los ingleses inventaron el fútbol (1863) y lo extendieron por el mundo al tiempo que sus ferrocarriles, pero cuando en 1904 se creó la FIFA no quisieron tratos con advenedizos. Cambiaron de idea en 1906 porque en 1908 se iban a celebrar en Londres los Juegos Olímpicos, querían el fútbol en el programa oficial y llamaron a la puerta de la FIFA, que aceptó tan entusiasmada la incorporación de los inventores que nombró como nuevo presidente a un inglés, Daniel Woolfall. En 1920 se salieron porque se rechazó su exigencia de expulsar a los países derrotados en la I Guerra Mundial. Regresaron en 1924, pero se volvieron a salir en 1928 porque no se aceptó letra por letra su definición de amateurismo, tema muy en boga entonces por el conflicto entre el profesionalizado fútbol y el movimiento olímpico, que predicaba la pureza amateur.
Así que faltaron a Uruguay 1930, Italia 1934 y Francia 1938. Como el Mundial, entonces llamado Copa Jules Rimet en homenaje a su impulsor, iba cuajando sin ellos, en 1946 decidieron regresar a la FIFA otra vez, esta la definitiva, para acudir al primer Mundial de la posguerra, Brasil 1950. Ya estaba bien de que posaran como campeonas del mundo selecciones a las que consideraban inferiores.
Para saber más
El recelo en ese sentido se hizo evidente en 1934. Italia ganó ese año el Mundial jugado en terreno propio, y aceptó el desafío de visitar a Inglaterra en Wembley. Había mucho en juego: el campeón del mundo sometía su título al examen de los inventores. Se disputó el 14 de noviembre de 1934 y pasó a la historia como La Batalla de Highbury. A los 10 minutos ya ganaba Inglaterra 3-0, y con un penalti fallado. Un planchazo de Ted Drake rompió el pie de Doble Ancho Monti, el duro oficial de Italia. Ocupaba la posición clave de mediocentro; por pundonor trató de mantenerse sobre el campo y sólo consiguió ser la causa del derrumbe. El entrenador, Vittorio Pozzo, le retiró, recolocó el equipo, y entre que Inglaterra aflojó al verlo todo tan fácil y que Italia, rebrincada por la lesión a Monti, se puso a sacudir, el partido se equilibró. La ferocidad italiana fue a más hasta dar lugar a una carnicería que desbordó al árbitro sueco, Olsson. Hapgood salió con una nariz rota; Bowden, con fractura de clavícula; Barker, con una mano rota; y el pirata Ted Drake, con una amplia herida abierta en una pierna. En la segunda mitad hubo dos goles seguidos de Meazza, que exaltaron la vibrante narración de Carosio, el locutor favorito de Mussolini. Italia perdió 3-2, pero regresó satisfecha, con sus jugadores entrando en el santoral del fútbol transalpino como I Leoni di Highbury.
Entrenador, no seleccionador
Inglaterra quedó tan aturdida que la Football Association decidió en su reunión del día siguiente no jugar nunca más contra equipos no británicos, en la idea de que el fútbol de por ahí fuera no era tal, sino un sucedáneo brutal y peligroso. Por fortuna, se volvería atrás de esa decisión al cabo de un año y siguieron concertando partidos internacionales, que en general ganaban. Todas las selecciones se medían en la preguerra por lo que eran capaces de hacer ante Inglaterra.
En 1946, decía, regresaron a la FIFA, que esta vez sí apartó a las dos grandes agresoras, Alemania y Japón. Italia se salvó por su reputadísimo presidente de la Federcalcio, Ottorino Barassi, que salvó la Copa Jules Rimet escondiéndola de los nazis, y porque en 1943 abandonó el Eje para pasarse a los Aliados, ratificando aquella malicia de Napoleón según la cual «los italianos nunca terminan la guerra en el bando en que la empezaron, salvo que cambien de lado dos veces».
Una vez reafiliada a la FIFA, Inglaterra ganó plaza en el Mundial de Brasil 1950 como campeona en 1949 del British Home Championship, que desde 1884 hasta 1984 enfrentó anualmente a las cuatro selecciones británicas. Para esta nueva época se designó por primera vez un entrenador «a tiempo completo», tarea que recayó en un singular y brillante personaje, Walter Winterbottom, maestro de formación, ex jugador del Manchester United, luego titulado y más adelante profesor de Entrenamiento Físico en la Universidad de Carnegie. Durante la guerra fue instructor físico en la RAF. Tenía un aire docto y profesoral, sin pedanterías. Era entrenador, pero no seleccionador. Eso correspondía a un comité técnico; él sólo se encargaba de la preparación física y las instrucciones tácticas. Eso era común en todas partes en la época, en selecciones y en clubes, donde la directiva decidía el equipo y el entrenador los preparaba y dirigía. Winterbottom luchó durante su larga permanencia en el cargo (de 1946 a 1962) por unir las dos funciones en su persona, pero eso no llegaría hasta su sucesor, Alf Ramsey.
Un momento del partido entre Inglaterra y Estados Unidos.US SOCCER
Inglaterra tenía el que se llamó su Equipo de Oro, con un ataque que aún repiten muchos de memoria en Inglaterra: Matthews, Mortensen, Lawton, Mannion y Finney. Cosecharon estupendos resultados en amistosos, entre ellos un 0-4 en Turín sobre Italia, así que fueron al Mundial confiados. Tanto que Matthews, que a sus 35 años seguía siendo una estrella, fue enviado junto a otros jugadores a una gira-embajada por Canadá, con la idea de que se incorporara al Mundial sobre la marcha. También faltó en el grupo el traidor Neil Franklin, que se había fugado del Stoke City para fichar por el Unión de Santa Fe en la liga pirata de Colombia, la misma del Millonarios de Di Stéfano. Franklin era el jefe de la defensa.
El viaje de los Three Lions fue arduo, 36 horas con escalas en París, Lisboa, Dakar y Recife hasta llegar a Río de Janeiro. Se hospedaron en el hotel Luxor, frente a la playa, donde se les miraba y trataba con fervor cuasi religioso, como si estuvieran nimbados por un aura mágica. Pero como la cocina brasileña y la inglesa son irreconciliables, no se sintieron bien. El sorteo les colocó en el Grupo 2, con Chile, Estados Unidos y España, víctimas propiciatorias según el juicio general.
Debutaron ante Chile el 25 de junio, en Maracaná, estrenado la víspera con el inaugural Brasil-México. Aunque llovió mucho, asistieron 80.000 personas. Ganó Inglaterra 2-0, pero fue un triunfo discreto, sin brillo, que dejó a los asistentes sin nada especial que contar al regreso a casa.
un haitiano colado de matute
Cuatro días después afrontaron a Estados Unidos en el estadio Independencia de Belo Horizonte. Ya había regresado Matthews tras un viaje de 28 horas, pero como se había ganado, se le dejó descansar por decisión de Arthur Drewry, voz del comité seleccionador en la gira. Roto ya el embrujo de lo desconocido tras el soso partido ante Chile, sólo acudieron 10.000 espectadores. El equipo estadounidense, que la primera jornada perdió con España 3-1, no tenía el menor tirón, ni siquiera en su país. Sólo les acompañó un periodista, Dent McSkimming, a costa de sus vacaciones en el St. Louis Post-Dispatch y pagándose el viaje.
Pero llegó la bomba: Estados Unidos ganó 0-1, resultado tan increíble que más de un periódico interpretó que había un error en el cable de Reuters y lo transformó en 10-1. Salieron jugando a Inglaterra de tú a tú, marcaron en el 38', se encerraron, y el juego repetitivo y sin fantasía de los ingleses fracasó ante su defensa. El meta Borghi estuvo enorme. Jugaba en el St. Louis Simpkins-Ford Club, base de la selección, y había viajado al Mundial tras una bronca con su madre porque desatendía el negocio familiar, una funeraria. Pero ese día, cuando llegaron las noticias, pudo sentirse orgullosa de él. Hasta un penalti paró.
El gol lo marcó Joe Gaetjens, un haitiano colado de matute, porque no tenía la nacionalidad estadounidense. De familia adinerada, fue a la Universidad de Columbia a estudiar Económicas y para sus gastos trabajó de lavaplatos en el restaurante Rudy's, cuyo propietario, un empresario gallego, también tenía un club de fútbol llamado Brookhattan. Gaetjens se enroló en el equipo a 25 dólares por partido y llegó a la final de la US Open Cup, donde perdió ante el St. Louis de Borghi. Llamó la atención y fue seleccionado.
Williams y Gaetjens, durante el partido disputado en Belo Horizonte.FIFA
Marcó el gol al rematar un rechace corto del meta Williams. Aquello le dio nombradía internacional y fichó por el Racing de París, donde fracasó. Regresó a Haití convertido en una celebridad, siguió jugando al fútbol, montó una lavandería, formó una familia... Pero terminó trágicamente. Estaba emparentado con Louis Déjoie, rival político del temible François Duvalier, que en 1964 se proclamó presidente vitalicio y decidió ajustar cuentas. Avisados por un policía amigo, dos hermanos de Gaetjens salieron del país, pero él no lo hizo. No se había metido en política como ellos y era un héroe nacional, así que pensó que no irían por él. Pero el mismo día que sus hermanos dejaron el país, los Tonton Macoute (apodo de la siniestra policía de Duvalier) le internaron en la prisión de Fort Dimanche y no se supo más de él.
Tras el batacazo, Inglaterra tenía que enfrentarse a España, que a su vez había ganado también a Chile, de manera que llevaba dos victorias. Los ingleses quedarían eliminados perdiendo o empatando. Y si nos ganaban, habría que jugar un desempate. Del ánimo con que afrontaron el partido dan fe las declaraciones de la víspera de Wright, capitán en sustitución de Franklin: «Daremos nuestra verdadera medida en los dos partidos con España», dijo, dando el primero por ganado de antemano.
Por su parte, nuestro entrenador nacional, Benito Díaz, replegó prudentemente a la selección desde la primera línea de playa en Copacabana, donde estaban hospedados, hasta un hotel en Corcovado, para evitar tentaciones de la carne que empezaban a hacerse patentes. La cita fue en Maracaná el 2 de julio, ante 75.000 espectadores, a las 15:00 hora local, las 19:00 en España, que siguió con fervor el partido por Radio Nacional, en la voz de Matías Prats. Ganamos, entre júbilo nacional, 1-0, con gol de Zarra. Esta vez sí se alineó Matthews, los ingleses jugaron por fin bien, pero España hizo un partido tan redondo que Antonio Valencia, de Marca, el cronista más acreditado de aquel tiempo, resumió: «Ha sido el momento de la vida futbolística española, en el que lució el oro viejo del buen fútbol como ninguno».
Con tres victorias en tres partidos, España pasaba a la liguilla final junto a Brasil, Suecia y Uruguay. Con una victoria y dos derrotas, Inglaterra se volvía precipitadamente a casa. Para colmo, Estados Unidos perdió su partido ante Chile por 5-2, terminando de dejar mal a Inglaterra. El Daily Herald publicó una esquela con este texto: «Nuestro afectuoso recuerdo al fútbol inglés, que falleció en Río de Janeiro el 2 de julio de 1950. Un numeroso círculo de amigos lamenta su dolorosa pérdida. R.I.P. Nota: El cadáver será incinerado y sus cenizas trasladadas a España». «Los viejos maestros deben volver a la escuela», declaró humildemente Winterbottom, admitiendo que el aislamiento había cosificado su fútbol. Inglaterra se abrió al mundo y recogió el fruto en 1966.
La derrota contra el Barça en el Palacio dejó resaca, dolor de cabeza y dudas. Espesura general en Francia y una llamada a la energía sin respuesta. No fue drama porque, otra vez (y van ya unas cuantas esta temporada), el Real Madrid despertó a tiempo, ya avanzado el acto final, cuando Usman Garuba tocó a rebato desde la defensa y Trey Lyles desplegó su repertorio mortal. Ahí se quedaron la rebelión del ASVEL Villeurbanne y el susto blanco, bordeando la que hubiera sido la octava derrota a domicilio en Euroliga. El triunfo, un respiro, aunque no sea para presumir. [69-80: Narración y estadística]
Porque fue media hora de mal juego, de demasiados errores, de llegar tarde a casi todo y de ir a remolque de un rival inferior. La mejora en defensa (por primera vez en muchos partidos el rival se quedó en menos de 70), el cerrojazo en el acto final (8-20 de parcial), taparon lo anterior, incluida la noche gris de Hezonja.
La memoria de la derrota en el clásico, tan reciente, tan dolorosa, no fue acicate. Al menos de inicio, se volvió a comprobar a un Real Madrid apático, desganado, como si la energía les hubiera abandonado. Otro partido en poco más de 48 horas, así es el calendario, así lo quieren los propios clubes. Descansaron Llull, Deck y Almansa (y Procida no participó) y aunque el amanecer trató de ser otra cosa, al menos en defensa, pronto se comprobó de nuevo a un mal Madrid.
Un equipo fallón y blando, que encajó, sin venir mucho a cuento y sin Tavares en pista, un parcial de 25-10 y se vio a remolque una noche más. Hería el rebote y desequilibraban las individualidades, el eléctrico Glynn Watson, el talentoso y veterano Thomas Heurtel, tenía que ser él. Uno de los colistas de la Euroliga -una competición que abandonará rumbo a la Champions League de la FIBA- que acaba de perder a su gran líder, De Colo (fichado por Fenerbahçe).
Maledon
Ante tal oposición, el ASVEL, con su propietario Tony Parker en el palco, se vino arriba. Mientras Hezonja continuaba errando triples, los galos despegaban con contras rematadas por pases por la espalda de Heurtel o triples liberados tras estupendas combinaciones. La remontada se hacía esperar, incluso cuando Usman Garuba pisó por primera vez el LDLC Arena, casi al final del tercer cuarto.
Fue un poco después, sin brillantez, con los puntos al fin de Maledon -homenajeado en la previa en el que fue su equipo- y el esfuerzo del pívot canterano (63-65). La chispa adecuada. De la que se aprovechó después Lyles, talento desatado y un Madrid, como un sprinter, lanzado hacia una victoria que un rato antes no vio nada clara. 12 puntos del pívot y fundido a negro del ASVEL. El jueves, sin público en el Palacio ante el Maccabi, siguiente round.
Un acto tan sencillo como intentar que tu hijo pase menos tiempo con las pantallas puede tener unas consecuencias inimaginables. A Faustino Oro lo querían alejar del balón, porque jugar bajo techo en pandemia era peligroso para el mobiliario. Lo apuntaron a Chess.com y el resto es historia: el pibe aspira a convertirse en el gran maestro más joven de la historia. El indio Sarwagya Singh Kushwaha, con solo tres años, recibió una terapia parecida, en su caso para evitar una adicción demasiado extendida. El ajedrez no lo cura todo, pero ayuda en multitud de campos y siempre ha sido una cantera inagotable de niños prodigio.
En los últimos años, con el desarrollo de internet y de la inteligencia artificial, las estrellas son cada vez más enanas. En el Campeonato del Mundo de Ajedrez Rápido y Relámpago que acaba de celebrarse en Doha, Fausti, que ahora tiene 12 años, tuvo una actuación sensacional, luchando de tú a tú contra los grandes maestros de élite y callando bocas a sus detractores. El turco Yagiz Kaan Erdogmus, de 14, es otro portento al que no cuesta imaginar jugando una final contra el argentino en la próxima década.
Lo más asombroso del fenómeno es que ninguno puede descuidarse, porque no paran de surgir renacuajos de debajo de las piedras. El caso de Sarwagya pone a prueba los límites del ser humano. Después de solo seis meses jugando, apareció en diciembre con un Elo de ajedrez rápido de 1.574 puntos, a la tierna edad de tres años.
En España tenemos a Marc Barceló, el mejor de nueve años del mundo. Jugador del Club d'Escacs Tarragona, el mes pasado ganó en Turquía la medalla de oro en ajedrez relámpago (las partidas duran menos de 10 minutos) y de plata en rápidas (una media hora).
Yagiz Erdogmus, en su duelo ante Carlsen.FIDE
El catalán es el mejor del planeta entre los nacidos en 2016, con 2.143 puntos Elo. Lo entrenan el venezolano David Sequera y el español Miguel Illescas, que le augura un gran futuro. Pero Barceló es casi un viejo al lado del indio Sarwagya y de su compatriota Anish Sarkar, otro chico de tres años que aprendió por su cuenta, viendo vídeos en YouTube. Anish fue el jugador más joven en conseguir entrar en la clasificación internacional de la FIDE, con 1.555 puntos, aunque ahora ha sido superado por Sarwagya, que se estrenó con 19 puntos más y un mes menos, cantidad de tiempo que a su edad no es despreciable.
Según detallan en ChessBase India, el chico debutó en un torneo de partidas rápidas en septiembre, donde derrotó a un jugador con 1.542 puntos. Su presa mayor tenía 1.696, el nivel de un aficionado experto.
Entrar tan joven en la clasificación internacional requiere talento, pero también trabajo. El padre de Sarwagya cuenta en The Indian Express que el niño practica entre cuatro y cinco horas diarias, parte del tiempo en un club local y el resto viendo vídeos o jugando por internet. «Lo empujamos al ajedrez el año pasado para reducir el tiempo que pasaba con las pantallas. Nos dimos cuenta de que su mente era una esponja y captaba las cosas muy rápido», declaraba Siddharth, su orgulloso padre.
Maestros preadolescentes
El sueño de todos es que se convierta en el gran maestro más joven de la historia. En la actualidad, el récord es del estadounidense Abhimanyu Mishra, que lo consiguió con 12 años, cuatro meses y 25 días. Faustino Oro está a tiempo de superar esta plusmarca, que tampoco durará mucho, porque el número de maestros preadolescentes crece cada año.
El propio Fausti hizo tablas con Vincent Keymer, número 4 del mundo, y ganó a un par de jugadores del top 20 mundial, Leinier Domínguez y Levon Aronian. No hizo más puntos porque en algunas partidas contra la élite arriesgó demasiado, en busca de victorias frente a rivales contra los que cualquiera soñaría con un empate. Como destacaban varios comentaristas, lo más increíble es que hemos normalizado que un niño no solo participe en Campeonatos Mundiales de adultos, sino que gane a los mejores. Oro causó una escabechina entre los jugadores de habla hispana, sobre todo. En las partidas relámpago, su especialidad, derrotó a Domínguez (15 del mundo), Eduardo Iturrizaga (tres veces campeón de España), Jaime Santos, José Carlos Ibarra y Alan Pichot (número uno argentino, hasta que se vino a España).
Más joven aún es el ruso Shogdzhiev Roman, de 10 años, que se vuelve de Catar con las muescas de cinco grandes maestros derrotados en la modalidad relámpago. Yagiz Erdogmus, el niño turco de 15 años, es número dos sub'20 del mundo y el 56 en la lista global. Nadie duda de que en menos de tres años estará entre los mejores del planeta. En Doha acabó en el puesto 15 en el Mundial de Rápidas, pese a que perdió las dos últimas partidas, contra Magnus Carlsen y Leinier Domínguez. Una muestra de su ambición son las lágrimas cuando perdió con el número 1. El iraní Sina Mohaved y el ruso Ivan Zemlyanskii, ambos de 15 años, también se cobraron a un buen número de ilustres víctimas, aunque a partir de esa edad cualquier ajedrecista sabe que todos han probado la sangre y quieren repetir.
Yeda, punto de inicio del peregrinaje hacia La Meca, acoge esta semana una nueva edición de la Supercopa de España, la sexta disputada en Arabia Saudí y la séptima lejos de las fronteras españolas tras la de 2018-2019, celebrada en Tánger (Marruecos).
Será un torneo especial por muchas cosas: el derbi madrileño de semifinales con Xabi Alonso pendiente de asentar su futuro, el Barça-Athletic Club al otro lado, un posible clásico en la final, y la doble negociación a la que, según pudo saber este periódico, tiene que hacer frente la Federación Española de Fútbol durante los próximos días y semanas: negociar el nuevo contrato de la Supercopa, que termina en 2030 y por el que pelean Arabia y Qatar, y resolver el parón saudí del año que viene, una vez que en Las Rozas han recibido la información de que la próxima Supercopa no se podrá disputar en el país árabe por la celebración de la Copa Asia de fútbol entre el 7 de enero y el 5 de febrero.
Riad y Yeda, las ciudades que hasta ahora han acogido la Supercopa, han sido dos de las tres sedes elegidas por el gobierno saudí para la celebración de los partidos del torneo continental asiático. La otra es Al Khobar, en la orilla del Golfo Pérsico y pegada a Dammam, otra gran urbe. Son ahora mismo las tres principales metrópolis del país junto a la Meca y Medina, las dos ciudades sagradas del Islam, y dejan sin opciones al torneo español.
La RFEF trabaja ahora en encontrar una sede para 2027. Qatar, experta en este tipo de eventos y que ha celebrado, entre otros las últimas Copas Intercontinentales, es la gran favorita a ser sede en 2027, en concreto Doha. Como el contrato con Arabia terminaba en 2029, se ha ampliado automáticamente un año, a 2030, al no poder disputarse en 2027 en suelo de Arabia.
Resolver la situación de 2027 es primordial para la Federación, que rechaza la idea de devolver el torneo a suelo español ante la «extrema», dicen, diferencia entre los beneficios obtenidos al disputar la Supercopa en Arabia y en España. «El futbol modesto vive del dinero de Arabia», explican fuentes consultadas en Las Rozas.
51 millones por año
Y es que Rafael Louzán y su cúpula directiva estarán acompañados esta semana en Yeda por una comitiva de presidentes de equipos más humildes del fútbol profesional y no profesional español. Una idea que se instauró el año pasado y que sirvió para tender puentes entre clubes y Federación y para ampliar las relaciones con el fútbol saudí, cada vez más interesado en entrenadores, preparadores, directivos y jugadores españoles.
El dinero de Arabia se considera ahora mismo «clave» para la buena salud de muchos clubes y nadie lo quiere perder.
La RFEF gana 51 millones por cada año del acuerdo con los saudíes, de los cuales 12 van siempre para Real Madrid y Barcelona (seis y seis), con un plus de un millón por llegar a la final y otro por ganar el trofeo.
Pero el reparto no queda ahí. Los otros dos equipos participantes se llevan varios millones dependiendo de su nivel y la empresa 'Kosmos', administrada por el ex futbolista Gerard Piqué, gana cuatro por haber actuado como intermediaria del acuerdo, firmado en la época de Rubiales, y la Federación recibe los 20 millones restantes, insistiendo desde Las Rozas en que ese montante «va íntegro» a los clubes más modestos a través de un Departamento de Ayudas creado tras la firma del acuerdo con Arabia.
Según informó la propia RFEF en su última Asamblea, la Supercopa genera cada año con su actual formato 27 millones de euros en concepto de patrocinio, 11 millones en derechos audiovisuales, 10 en servicios y tres por ayudas a desplazamientos u hoteles.
La intención de Arabia
La Federación quiere llevar la Supercopa en 2027 a un país con esa capacidad económica. O similar. El gobierno saudí, además, trabaja con la RFEF en la búsqueda de la sede para 2027, intentando mantener como suyo un torneo que quiere celebrar más allá de 2030. Ahí reside la segunda negociación a la que aspiran Louzán y su directiva estos días en Yeda: cerrar la sede de la Supercopa a partir de ese año. Un nuevo contrato que el Ministerio de Deportes de Arabia Saudí no quiere perder, pero por el que pelea también Qatar, que pondría una cifra similar a los 51 millones anuales que ahora mismo gana la Federación. La ampliación sería por cinco años más.
Las fechas no son casualidad. El dinero recibido por Arabia se inyecta en los clubes profesionales y no profesionales españoles, muchos de los cuales actuarán como sede o subsede del Mundial 2030, bien como estadio para encuentros oficiales o bien como centro de entrenamiento de las selecciones participantes en la Copa del Mundo. Y los clubes no quieren perder ese dinero.
Por otra parte, Arabia quiere estirar hasta 2034, como mínimo, su inversión en promover su imagen a través del deporte. El país será sede del Mundial ese año y recibir cada enero, salvo sorpresa, a Real Madrid, Barcelona, y dos clubes más del fútbol español le pone en el foco mediático futbolístico durante al menos unos días.
Además, Arabia también tiene la Supercopa de Italia hasta 2029, celebrándose ésta un par de semanas antes que la española y también entre Yeda y Riad. La idea es la misma, aunque en el caso español el torneo le salga algo más caro. 51 en el caso de la RFEF y 25 si hablamos del acuerdo con la LEGA italiana.
La opción de Qatar
En el caso de Qatar, quiere los Juegos Olímpicos de 2036 e invertirá lo necesario en seguir siendo referente en la celebración de eventos deportivos.
El modelo, considerado un éxito económico en la Federación, no está exento de polémica entre los futbolistas, especialmente aquellos que no van a Arabia todos los años. El último en elevar la voz ha sido Iñaki Williams, capitán del Athletic Club. «Jugar en Arabia es una mierda, hablando mal. Llevar una competición que es nacional a otro país no es fácil para los aficionados y no facilita ese desplazamiento. Al final, nosotros, por masa social, parece que jugamos fuera de casa y si fuera aquí, sabemos todos los aficionados que nos acompañarían», lamentó en una rueda de prensa celebrada hace unos días.
Su crítica le valió la respuesta de su propio entrenador, Ernesto Valverde, más cauto en su reflexión. «Independientemente de que nos guste más o menos el formato, no sé si estuvo muy acertado en la expresión que utilizó. Iñaki está con el nacimiento de su hijo y marchar fuera le puede trastocar un poco más, pero debemos ser cuidadosos con las expresiones. Ir a Arabia supone prestigio porque vamos a jugarnos un título y nuestro club recibe dinero por ir allí. A todos nos gustaría que estuvieran los aficionados, pero tenemos que ser respetuosos».
No será la última polémica de la semana, porque un enero más la Supercopa española aterriza en suelo saudí con un intenso debate futbolístico, institucional y económico a la vista.
El Dakar exige cautela a quienes corren, sí, pero también a quienes lo siguen. Quizá ya no sea un rally tan imprevisible, tan aventurero, tan salvaje como fue, pero igualmente en cualquier duna todo puede cambiar. Cualquiera entre los 10 primeros tiene opciones de victoria final y en ese grupo, ahora mismo, transcurridas las tres primeras etapas, está Cristina Gutiérrez.
A sus 34 años, ya no solo es pionera, es algo más. Después de participar en nueve ediciones, su objetivo ha dejado de ser acabar y vencer en la más bien simbólica clasificación femenina. Ahora quiere asaltar la general, llevárselo todo y, visto lo visto, puede hacerlo. Este martes acabó quinta en la especial de 422 kilómetros con salida y meta en Al Ula y apenas se distancia en seis minutos del líder de la prueba, el estadounidense Mitch Guthrie. Los dos españoles que tiene por delante, Carlos Sainz, cuarto, y Nani Roma, quinto, no están muy lejos. ¿Puede realmente ganar la carrera?
"Estoy teniendo muy buena vibración en este Dakar, somos muy constantes y eso que hemos tenido cada día un pinchazo", comentaba Gutiérrez eufórica en la llegada, donde felicitaba a su copiloto, Pablo Moreno, por su labor en la navegación: "Está haciendo un trabajazo brutal". El jefe de su marca, Dacia, Bruno Famin, se acercó a darle personalmente la enhorabuena y declaró que, pese a que los dos líderes, Nasser Al-Attiyah y Sebastian Loeb, van detrás suyo, no se plantea hacerle parar: "Nuestros cuatro coches van a competir hasta que alguno quede eliminado, sea quien sea".
Una década de aprendizaje
Hasta esta edición, la mejor clasificación final de Gutiérrez fue el puesto 16 que obtuvo en 2024, pero su currículo merece respeto. Durante un lustro disfrutó en categorías como la T3 o la Challenger, con varias victorias de etapas y un triunfo final, y su salto con los mayores llegó el pasado año.
El camino, eso sí, no fue inmediato. Odontóloga de profesión, aficionada a los rallys por herencia de su padre, Gutiérrez llegó al Dakar casi por intuición y tuvo que aprender a toda velocidad. Debutó en 2017, sin estructura oficial ni grandes expectativas, y pese a los errores y el cansancio ya alcanzó la meta. El resto de pilotos siempre la analizan desde la misma perspectiva: sabe correr el Dakar. No confunde una etapa con la carrera, ni un buen parcial con una obligación de ataque. Gestiona el ritmo, cuida el coche y toma decisiones pensando en el día siguiente.
Mientras otros alternan fogonazos con problemas, Gutiérrez suma kilómetros y confianza, que es la moneda más cara en Arabia Saudí. El contexto también juega a su favor. El fichaje por Dacia supuso un empujón definitivo para su carrera, más aún por cómo se hizo: no fue un gesto de marketing, fue un proyecto deportivo a su alrededor. Mismo coche y misma mecánica que sus compañeros, también misma presión y mismas órdenes.
Si Gutiérrez lograra culminar este Dakar en lo más alto de la general, entraría en la historia del deporte. Solo Jutta Kleinschmidt, en 2001, ha sido capaz de ganar el Dakar absoluto en coches. Desde entonces, ninguna mujer ha vuelto a pelear de verdad por ese objetivo. Que casi un cuarto de siglo después una española esté en disposición real de hacerlo no es una cuestión de género, sino de rendimiento. No sería una victoria simbólica. Sería una victoria total. ¿Puede Cristina Gutiérrez ganar el Dakar? Hoy, al menos, la pregunta ya no suena ingenua. Suena razonable. Y en el Dakar, eso ya es decir mucho.
Las porterías del Barça y el Athletic van a centrar muchas miradas en la semifinal de la Supercopa de España que ambos conjuntos van a disputar en Yeda este miércoles. En la del conjunto bilbaíno estará Unai Simón, arquero titular indiscutible de la Roja en los últimos años. En la azulgrana Joan García, ahora mismo, para muchos, quien debería defender el marco de la selección en el Mundial que se disputará este mismo verano, pese a que, todavía, ni siquiera se ha estrenado con la selección absoluta.
En 2024, de hecho, en el combinado olímpico que se hizo con el oro en París, no llegó a jugar ningún partido. Fue el suplente habitual de Arnau Tenas a lo largo del torneo aunque, frente a Egipto, duelo que saldó con derrota por 1-2, quien estuvo bajo los palos fue Alejandro Iturbe, de la cantera del Atlético de Madrid. Su progresión ha sido tremenda en los dos últimos cursos. Y, además, dar el salto a un grande no ha minado su rendimiento. En absoluto.
Hansi Flick lo ha dejado muy claro una y otra vez: el de Sallent es su número uno. Solo una lesión de menisco le obligó a cambiar momentáneamente sus planes. Una vez con el alta médica, recuperó el puesto a la primera de cambio. Sus números, sin duda, le dan la razón al germano. En la Liga ha encajado nueve goles en 13 partidos y ha sido capaz de dejar la portería a cero en siete ocasiones. En esos 13 duelos, ha dejado acciones absolutamente salvadoras, capaces de ganar puntos. Solo hace falta echarle un vistazo al partido frente al Rayo o al derbi ante el Espanyol del pasado sábado en Cornellà-El Prat. Su media de tantos en contra, redondeando un poco las cifras, sería de 0,54 goles por partido.
Unai Simón, por su parte, ha dejado algunos titubeos. Tal vez por eso sus estadísticas de goles encajados en la Liga son bastante peores, con 25 tantos en contra en 19 partidos, lo que da una media aproximada de 1,32 goles por encuentro. A nivel de paradas, en cambio, el guardameta del Athletic suma unas 2,68 por partido (51 en 19 partidos de Liga) mientras que el barcelonista acumula unas 2,54 (33 en 13 partidos de Liga). Tal vez, le llegan menos, pero sin duda sabe estar siempre metido en el partido.
Unai Simón, a la llegada del Athletic a Yeda.Ángel MartinezEFE
El último mano a mano entre ambos, nunca mejor dicho, por otro lado, se decantó claramente del lado del azulgrana. En el tan esperado regreso del Barça al Camp Nou, el equipo de Hansi Flick se impuso por un contundente 4-0 a un Athletic obligado a jugar muchos minutos con uno menos por la expulsión de Sancet. Robert Lewandowski, Ferran Torres, en dos ocasiones, y Fermín López fueron los encargados de batir al arquero vitoriano. Joan García, mientras, pese a no tener mucho trabajo, dejó alguna que otra intervención destacada. Por ahora, con todo, el meta azulgrana no quiere ni oír hablar del gran evento futbolístico del próximo verano. «Ahora mismo, no lo pondría como objetivo. Lo que quiero es seguir trabajando y mejorando en cada partido con el Barça, pero a todo jugador le gusta ir con la selección. Si en un futuro llega, será maravilloso», apuntó el de Sallent, quien prefiere no ponerse tampoco ningún techo. «Soy un portero joven y tengo que mejorar. Siempre intento hacerlo lo mejor posible y el sábado fue especial, tuve una buena actuación, pero sé que aún puedo ir a más», sentenció.