Scariolo, de los pitos a su primera final de Euroliga: "Para esto he venido"

Scariolo, de los pitos a su primera final de Euroliga: “Para esto he venido”

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«Para eso he venido. Cuando el Real Madrid me propuso esta oportunidad, dentro de mí sentí que era lo que buscaba a estas alturas. Algo que podía estimularme y motivarme. Porque estaba muy cómodo en la selección. Hacer algo que no había hecho antes y tener por fin un equipo para ganar la Euroliga». La ambición de un entrenador como Sergio Scariolo no se sacia con puñados de medallas. A su dimensión histórica le faltaba el remate de una Euroliga. Esta noche en el OAKA (20.00 h., Movistar), por primera vez desde que hace ya 37 años iniciara su camino en los banquillos en Pésaro, se encontrará bajo los focos de toda una final continental.

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A Scariolo, 65 años, le costó 279 partidos alcanzar semejante cota, más que nadie de los (no tantos) que llegaron. Y no hay rastro de lamento en su discurso antes de la final, pese a que razones no le faltan ante los 24 días de fatalidad del Real Madrid (las graves y consecutivas lesiones de Tavares, Alex Len y Garuba, la última, el mismo viernes), que afrontará el duelo contra el más temido de los oponentes sin sus tres pívots. «Podrían aplastarnos físicamente», deslizó el mismo viernes, aún con el frenesí de lo ocurrido ante el Valencia Basket. Ayer habló de «rebelarse contra la mala suerte, de no rendirse». De utilizar las bajas como gasolina, pese a que para enfrentar a pívots de la talla y la calidad de Nikola Milutinov, Tyrique Jones, Donta Hall o incluso el versátil Sasha Vezenkov (MVP de la competición), apenas contará con Trey Lyles, que se desempeñó toda la temporada de cuatro, el jovencísimo y casi inédito Izan Almansa y todo lo que puede inventar, como Chuma Okeke. «Estoy seguro de que Sergio va a preparar algo diferente, probablemente una zona, como en el pasado hizo. No esperamos un partido fácil. No esperéis escucharme decir que somos favoritos», pronunció un Georgios Bartzokas que ya sabe de lo que es capaz su rival blanco cuando nadie apuesta por él, sin ir demasiado lejos, ahí está la final de Kaunas.

Nunca pisó una final de Euroliga Scariolo (las dos anteriores Final Four, cayó en semifinales: con Scavolini en 1991 y con Unicaja en 2007), pero le sobran en otros escenarios en su carrera. Durante estos días, el italiano se ha afanado en reivindicar su labor a nivel de selecciones. «No hay diferencias», repitió ayer, por si alguien tiene la tentación de restar valor a un palmarés que incluye una final olímpica, dos mundiales y cuatro continentales. De ese puñado, ganó seis oros y sólo perdió la de los Juegos de 2012 contra el USA Team. También ganó y perdió finales a nivel de clubes, desde aquellas iniciáticas en 1990 con el Pésaro (ganó la Lega, perdió la Korac) a, sin ir tampoco muy lejos, la última de Copa en el Roig Arena, cedida ante el Baskonia. Por el camino, Ligas y Copas con el Madrid, el Baskonia, el Unicaja, la Virtus o el Olímpia Milán. Incluso unas Finales de la NBA ganadas como asistente con los Raptors. «Después de muchas ocasiones, crees que te sientes cómodo en estas situaciones. No hay muchas diferencias grandes en otras experiencias, en partidos a vida o muerte, que ya he tenido», repitió.

Scariolo, durante la semifinal contra el Valencia en el OAKA.

Scariolo, durante la semifinal contra el Valencia en el OAKA.EFE

La maestría de veterano desborda su cuenco y sus variantes tácticas, pese a la inferioridad sobre el papel contra Olympiacos (el mejor equipo también de la temporada regular, aunque nadie consiguió ganar el título desde ahí), desvelan a cualquiera, incluso al «peor de los grandes rivales posibles». Es consciente Scariolo de que nunca tuvo en sus manos semejante plantilla a nivel de clubes y de que disputar la final es un logro («hay otros 18 equipos mirándonos y pensando que les gustaría estar aquí») ya en un curso en el que tuvo que esquivar muchas balas. Ni a él ni a nadie se le olvida que, hace no demasiado, se le silbó en el Palacio cuando la megafonía anunciaba su nombre. «Dejar el ruido a un lado», admitió como clave del año.

Porque ni se inmutó, pese a que fueron repetidas las ocasiones en las le pitaron. No ganó la Supercopa, dudó demasiado en Europa, especialmente fuera de casa, y tropezó en la Copa. Ahí, en el Roig Arena, en febrero, vivió su Madrid su situación más delicada. La derrota en la final contra el Baskonia escoció y amenazó con hacer saltar por los aires un vestuario que, pese a todo, siempre lució unidad. Si algo se rompió, pronto sanó. El tramo final de la Euroliga y especialmente el playoff contra Hapoel, ya sin Tavares, así lo demostró. Llegados ahora a la final mira la oportunidad consciente de la dificultad pero sin lamentos, con «confianza y tranquilidad»: «La competitividad la doy por hecha, conozco mis jugadores».

Golpe al Real Madrid en el momento clave: Tavares y Alex Len se pierden la Final Four y el resto de la temporada

Golpe al Real Madrid en el momento clave: Tavares y Alex Len se pierden la Final Four y el resto de la temporada

Había transcurrido la temporada (infinita, 77 partidos a estas alturas) del Real Madrid con una impecable gestión de minutos y esfuerzos. Cruzando los dedos también, pero con la salud de la plantilla para presumir, comparándola, sin ir demasiado lejos, con la del equipo de fútbol. "No recuerdo una temporada con tan pocos problemas musculares. Estamos donde queríamos", presumió Sergio Scariolo hace unas semanas, sacando pecho de su equipo biomédico y de su famoso (y a veces criticado) 'excel'. Pero, llegada la hora de la verdad, con la Final Four a menos de 10 días, el golpe. Durísimo. En el OAKA de Atenas se presentará sin Edy Tavares (se lesionó la rodilla en el primer partido de la serie ante el Hapoel Tel Aviv) y sin Alex Len, que sufrió una lesión en la fascia de su pie izquierdo el domingo ante el Rio Breogán.

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Posiblemente ambos se pierdan también el resto de temporada, los playoffs de la Liga Endesa que arrancarán en breve y que el Madrid encarará desde el primer puesto. Más posibilidades tiene de llegar el ucraniano, casi ninguna el de Cabo Verde, un tipo cuya carrera ha permanecido practicamente inmune a los problemas físicos, el jugador más determinante del Real Madrid. Los dos gigantes de Scariolo fuera. Y el siguiente, Usman Garuba, con su mano derecha tocada tras el fuerte golpe que sufrió en Bulgaria en el tercer partido de cuartos.

El Madrid tendrá que recurrir a soluciones de urgencia, más allá de la importancia que pueda adquirir Izan Almansa, quien apenas ha contado en la primera plantilla. Trey Lyles se ha desempeñado en momentos puntuales al cinco e incluso Chuma Okeke podría ayudar en la pintura. Mario Hezonja y Gaby Deck también se desempeñarán más al cuatro ante el movimiento de posiciones.

Pero nada, ni la energía e influencia defensiva de Garuba, especialmente brillante en la serie contra el Hapoel, podrían sustituir los centímetros de intimidación, defensa y rebote que aportaban Len y, sobre todo, Tavares. Y la opción de fichar, que se podría valorar de cara al título ACB, ya está cerrada desde hace tiempo para Europa.

La queja del expulsado Itoudis y la respuesta de Scariolo: "Hasta que el partido se ha embarrado"

La queja del expulsado Itoudis y la respuesta de Scariolo: “Hasta que el partido se ha embarrado”

Dimitrios Itoudis tiene 55 años, hizo un master como asistente junto a Zeljko Obradovic en el Panathinaikos y sabe lo que es ganar dos Euroligas como primer entrenador con el CSKA de Moscú. Sabe lo que cuesta el respeto en Europa y hasta donde se puede llevar el histrionismo en los banquillos. Tampoco está mal rodeado en este nuevo rico que es el Hapoel de Tel Aviv: su millonario presidente, Ofer Yannay, se presentó en el Palacio con una bufanda en la que se veía el escudo del Valencia Basket (¿?).

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Itoudis se pasó todo el primer partido de la serie de cuartos de final fuera de sí. Algo habitual en él, por otra parte. Pero esta vez consiguió, puro empeño, que le expulsaran por dos técnicas al comienzo del último cuarto con ya (casi) todo perdido para su equipo ante el avasallador Real Madrid. Consciente de que la primera batalla estaba entregada, estaba preparando la segunda. También en sala de prensa.

Bien estudiado el mensaje, el técnico de Hapoel se ciñó (supuestamente) al dato estadísticos. "En tres partidos esta temporada contra el Madrid, ellos han lanzado 64 tiros libres y nosotros 34", dijo y lo repitió varias veces. "Esto es un hecho, no quiero ser sancionado", avisó. Tirando la piedra y escondiendo la mano. No especificó que en la derrota de un rato antes el Madrid lanzó 20 y su equipo 14. Es decir, casi todo venía desde atrás, de los partidos de temporada regular que también cayeron del lado blanco.

Scariolo, tras la victoria ante el Hapoel.

Scariolo, tras la victoria ante el Hapoel.EFE

Scariolo compareció a continuación. Traía cara de agotamiento y de felicidad no plena. La victoria fue estupenda, aunque el final de partido se enredara. Pero, lo que más le preocupaba sin mencionarlo mucho al técnico italiano era la lesión de Tavares. "Sin Edy nuestro equipo es diferente. Todo cambia con o sin él", admitió, para después elogiar la labor de sus sustitutos, Usman Garuba y Alex Len. Y la ayuda que tuvieron en el rebote de otros como Lyles y Okeke. A pesar de todo, Dan Oturu, poderosísimo, firmó 17 capturas en el Palacio.

Al ex seleccionador no le gustaron demasiado los últimos cuatro minutos, aunque la victoria no peligrara. "Estamos contentos por haber empezado la serie con triunfo y por cómo hemos jugado la gran mayoría del partido. Hasta que se ha embarrado con una serie de episodios en la cancha que lo han llevado a un terreno diferente y también por culpa nuestra, por lo que hemos perdido algo de tranquilidad y concentración", admitió. Sin señalar directamente al que, indirectamente, había 'embarrado' el duelo. Eso sí, Scariolo fue tajante en la respuesta al asunto de los tiros libres. Lo hizo con tanta elegancia como contundencia: "Toda la temporada, independientemente del rival, vamos mucho al tiro libre. Tenemos jugadores con peso que atacan el poste bajo y son capaces de penetrar, y es una parte importante de nuestro plan de partido".

"El siguiente partido no va a ser igual a este. Hapoel jugará a su nivel", añadió, consciente de que la batalla del viernes (20.45 h., Movistar) nada tendrá que ver y que Atenas está a la vez tan cerca y tan lejos. Tanto tendrá que decir la enfermería. La blanca con Tavares y la roja del Hapoel con Elijah Bryant, su referente, visiblemente mermado toda la noche en el Palacio: fue la primera vez en toda la temporada que se quedó a cero en anotación.

Hezonja y Procida dominan en Burgos y mantienen el ritmo demoledor del Real Madrid en la ACB

Hezonja y Procida dominan en Burgos y mantienen el ritmo demoledor del Real Madrid en la ACB

La resaca de la semana europea, doble, clave y a domicilio esta vez para el Real Madrid, siempre trae marejada en la competición doméstica. La Liga Endesa tiene sus propios laberintos, equipos que se juegan la vida y que dedican toda una semana a la batalla. Merito tiene el equipo de Sergio Scariolo en mantener semejante ritmo demoledor, incontestable en la ACB, ganando con más o menos agobios cada fin de semana. Burgos no fue menos para los blancos. [78-94: Narración y estadísticas]

Plaza brava el Coliseum, afición que aprieta y rival con colmillo y con urgencias. Y sin Tavares, Deck ni Andrés Feliz -pero con "buena moral" tras la victoria en Estambul-, el Madrid amaneció parapetado en los puntos fáciles de Hezonja, como si el triple final al Fenerbahçe le hubiera liberado. El croata (20 puntos en 20 minutos) y después Gabriele Procida iban a ser los nombres propios de una victoria sin sudores.

Las ventajas iniciales fueron cómodas (9-18 con dos triples también de Okeke), aunque pronto, en el juego de defensas zonales, devinieron en una tarde algo más áspera para el Madrid. Fueron los mejores momentos del San Pablo Burgos.

Porque los de Porfi Fisac (quien, mediada la temporada sustituyó al brasileño Bruno Savignani, entrenador del retorno a la ACB), intentan escapar de la feroz pelea por el puesto de descenso que queda por resolver -el Covirán Granada hace tiempo que parece condenado-, y cada oportunidad de sumar es oro. Volvieron al duelo con un parcial de 13-2 y eso que su referente, ese argentino Corbalán de apellido ilustre (pero sin ningún parentesco con el mítico base blanco), no apareció.

Con la igualdad recobrada, a la vuelta de vestuarios se repitió el guion del amanecer. Hezonja anotando y Okeke metiendo triples. El duelo entre Happ y Len en la pintura era como un combate de pesos pesados. A los castellanos les costaba seguir el ritmo, pese al ímpetu de Meindl y los errores de Garuba. Y cuando Procida emergió para seguir reivindicándose -no desaprovecha un minuto el italiano-, pareció demasiado: fueron tres triples consecutivos del ex del Alba de Berlín y una distancia que se disparó (62-82).

No le dio para competir al Recoletas Salud San Pablo Burgos, lastrado por sus pobres porcentajes desde el perímetro y el tiro libre. Y el Real Madrid, en el que todos anotaron y que no pierde desde Navidad en ACB, sumó su 12º triunfo de carrerilla para seguir firme y destacado en cabeza.

Las heridas que deja la Copa al Madrid de Scariolo: "decepción", más dudas y un trabajo que no se "tira por la borda"

Las heridas que deja la Copa al Madrid de Scariolo: “decepción”, más dudas y un trabajo que no se “tira por la borda”

Perder una Copa, un torneo propicio a lo inesperado -aunque hubo un tiempo, hace no tanto, de abrumador dominio de Barça y Madrid-, donde se disputan tres finales consecutivas, no se puede considerar un fracaso. Ni un motivo para dinamitar todo lo construido. Pero, después del éxtasis del Kosner Baskonia en el Roig Arena, la sensación en el Real Madrid era de decepción. De que el proyecto Scariolo, que afrontaba su primer gran examen, sigue sin conseguir levantar definitivamente el vuelo. Y de que se escapó una gran oportunidad de reconquistar el trofeo y alzar el título.

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Reposado el trayecto blanco en Valencia, cuesta extraer conclusiones. El equipo no fue un desastre. Ni siquiera hay jugadores claramente señalados. Durante los tres partidos, rindió a un nivel medio-alto casi siempre, con algún momento de gran competitividad, como el jueves ante Unicaja y otros de puro frenesí, como la milagrosa resolución de la batalla en la semifinal contra el Valencia. Pero, también, tuvo un par de agujeros preocupantes. El primero fue el amanecer precisamente contra los locales, un acto inicial impropio, que pudo costar demasiado caro (32-16). Y el segundo, mortal, el desenlace contra el Baskonia, donde el Madrid se desempeñó como si Hezonja fuera a aparecer de nuevo para hacer magia. Sin determinación, con errores de bulto, incapaz de frenar en defensa las heroicidades de Forrest, Luwawu-Cabarrot y Omoruyi, sin acierto y hasta sin contundencia: Diakite, que ni siquiera es un cinco, intimidó a un Tavares siempre incómodo.

"No tengo mucho que reprochar al esfuerzo de los jugadores. Evidentemente, hemos tenido problemas para proteger nuestra pintura. No hay ninguna duda de que hemos concedido demasiadas terminaciones cerca del aro. Hemos fallado en el uno contra uno y en las ayudas", reconoció sin tapujos después Scariolo.

Los jugadores del Madrid, tras perder la final.

Los jugadores del Madrid, tras perder la final.ACB Photo

Ese fue el análisis en caliente de lo sucedido deportivamente. Una final que los blancos dominaron como parecía lógico ante un rival con una rotación de apenas ocho hombres y que tuvieron en varias ocasiones a tiro de sentenciar (40-30, 72-64...). Pero en la que acabaron enredados y derrotados. Como lo pudieron estar un día antes contra el Valencia Basket: sólo se salvaron por uno de esos milagros que suceden de vez en cuando en el Madrid (perdían de cinco a falta de 18 segundos). En dos partidos, sin prórrogas, encajaron 206 puntos...

Más allá de la Supercopa perdida en pretemporada, el Madrid, que había avanzado con vaivenes todo el curso -contundente en ACB, más dubitativo en la feroz Euroliga-, pierde una bala. Scariolo no ocultó la "decepción", pero quiso poner el valor "la progresión del trabajo", que "no se tira por la borda". Y habló de lo que todo el mundo tiene en mente: ¿será capaz su Madrid de pelear tanto por la Euroliga como de rematar su trabajo en la ACB?

El Madrid no ha sufrido percances físicos de consideración en toda la temporada y su rotación, con 15 piezas, parece estabilizada. Presume de plantilla, de varias opciones por puesto que cualquiera envidiaría, de experiencia (Llull, Campazzo,...), de talento ofensivo diferencial (Hezonja, Maledon, Lyles...), de centímetros (Tavares, Len...), de versatilidad (Deck, Okeke, Feliz...). Es decir, no tiene excusa. Parece más cuestión de mentalidad -"no será fácil volver a levantar la cabeza y competir pero es lo que tenemos que hacer"- y, sobre todo, de que funcione en la cancha.

Para afrontar retos extremos y despejar el runrún de decepción que empieza a circular en alguna parte de la afición. Primero, en una Euroliga donde compiten contra algunos colectivos más potentes objetivamente (Fenerbahçe, Panathinaikos, Olympiacos...). Pese a las 11 derrotas, siguen en buena disposición para conseguir algo que les pondría menos complicado alcanzar la Final Four (el gran objetivo): ser cabezas de serie. La tarea debe comenzar este mismo jueves, cuando recibe al Bayern. El calendario, que no es del todo feroz, tiene una trampa casi al final, con visitas consecutivas a Baskonia, Olympiacos y Fenerbahçe, antes de cerrar la primera fase en casa contra Estrella Roja.

Después llegará el turno de la ACB, donde también tendrán presión, a pesar de que tienen bastante propicio lograr acabar primeros y asegurar el factor cancha en los playoffs. Ahí, tampoco serán sencillos los rivales, tanto el Barça como, sobre todo, un Valencia Basket del que ya avisó su dueño que buscará la revancha en el torneo doméstico.

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

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Como un sueño del que no despertar, una gesta que recordará el baloncesto y nunca olvidará Baskonia, la Copa de Paolo Galbiati, la Copa contra todo pronóstico. El equipo vitoriano, en una oda a la resistencia, desplumó al Real Madrid en la final como al Barça en semifinales: aguantando golpes como el mejor de los fajadores. El carácter Baskonia está tan de vuelta que ni resquicio al milagro le dejó al equipo de Scariolo, arruinado por la genialidad de pistoleros como Trent Forrest o Luwawu-Cabarrot. [89-100: Narración y estadísticas]

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La séptima del Baskonia, 17 años después. Un título insospechado, porque hubo momentos en el comienzo de temporada en los que ni sencillo parecía estar de vuelta al torneo. Un mazazo para el Madrid, que se relamía tras la gesta en semifinales. Jugó con fuego una vez y se quemó a la segunda, incapaz de despegarse en todo el partido de un rival con menos piezas, con menos centímetros pero con el corazón más grande.

La 30ª Copa del Real Madrid tendrá que esperar, el despegue que no llega de la era Scariolo. Asomarse al precipicio y no caer ante el Valencia no fue para los blancos la lección necesaria. Y eso que fue el suyo un inicio eléctrico, justo lo contrario que 24 horas antes: un 13-2 en menos de tres minutos que mandó al rincón a los de Galbiati. Aunque de ese traspié se iban a levantar como un resorte. Y eso, no sucumbir, iba a ser la clave de todo lo demás.

Como si se sacudiera el polvo de los hombros, con Cabarrot a los mandos, el Baskonia remontó (parcial de 4-17). En ese tramo, el primer sustituido de Scariolo fue Hezonja, que se fue cabreado, sin saludar al técnico, en esa jugosa relación de amor-odio que mantienen. No iba a ser su noche.

La segunda unidad blanca iba a protagonizar el siguiente mazazo. Andrés Feliz, brillo silencioso, y Alex Len en la pintura (mucho mejor esta vez el ucraniano, que ni jugó en semifinales, que Garuba). Fue un parcial de 14-0 (40-30), ante un rival que buscaba soluciones y que logró mantenerse con vida al descanso pese a sus problemas defensivos y al desafío que le suponía Edy Tavares. Al Baskonia, que lleva toda la temporada buscando un pívot desde que se le marchara Samanic, se le lesionó hace unos días el único puro que tienen, Khalifa Diop.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.Kai FörsterlingEFE

La Copa en Valencia para ellos ha sido una prueba de superación, pero también un fin de semana en las nubes de antaño. No es que hubieran pasado 17 años desde la última final (el título de 2009 en el Palacio, contra Unicaja), es que incluso se había descabalgado varias veces de un torneo que está en su ADN. En el de su afición, sin la que nada se entiende. En la final no se iban a conformar, puro coraje de una entidad revitalizada.

A la vuelta de vestuarios siguió la resistencia vitoriana, haciendo gala de carácter pero también de talento. Cabarrot era una pesadilla y a cada golpe blanco se rebelaba el Baskonia. Uno tras otro. Con la energía de Garuba, pareció el enésimo demarraje (72-64), pero ahí la respuesta, los triples de Omoruyi, el temporero (tiene contrato de unos meses por la lesión de Sedekerskis) como héroe, para estar con mucha vida ya avanzado el acto final (79-81), como 24 horas antes contra el Barça. La fe del que no tiene nada que perder.

Los nervios blancos aparecieron en la recta de meta y eso que Cabarrot se marchó con cinco faltas. La primera canasta de Howard, las acciones increíbles de Forrest (¡rozó el triple doble!), los errores de Feliz y, sobre todo, los inolvidables tapones de Mamadi Diakite. Un campeón indestructible. Heroico.

El primer gran examen del Real Madrid de Scariolo: "Se acerca lo que siempre me ha gustado"

El primer gran examen del Real Madrid de Scariolo: “Se acerca lo que siempre me ha gustado”

Pasaron 12 años de la última vez de Sergio Scariolo en la Copa, de una derrota en cuartos con el Baskonia en 2014 (contra el Valencia), del torneo «pintoresco» que luce doble en su (enorme) vitrina particular. En 1999 lo levantó precisamente con el equipo vitoriano y seis años después, en 2005, con el Unicaja que ahora le desafía en su retorno. «Se acerca lo que siempre me ha gustado. Con la selección, los cuartos... El momento de la verdad. Donde tienes que tener preparado al equipo mental, física y tácticamente. Que la temperatura no baje o suba demasiado. Lo que estoy acostumbrado a hacer toda la vida, pero, por supuesto, en un marco que tiene atmósfera», admitía ayer en Valdebebas antes de partir hacia el Roig Arena, escenario del que será el primer gran examen a su Real Madrid.

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Con los blancos también, memoria lejana, sabe el italiano lo que es perder una final. En Málaga 2001 un extraterrestre vestido de azulgrana se les apareció en la final. «Sólo recuerdo a Pau ganando el partido casi solo. Su segunda parte fue el Pau que luego todo el mundo ha aprendido a conocer. Eran sus primeros partidos trascendentes. Fue sobresaliente», rememoraba de ese episodio inolvidable del baloncesto nacional. Leyendas de la Copa, torneo único, pasional, propicio para las gestas y últimamente también a las sorpresas. Pero también mortal si se vuelve con el fracaso.

Hasta ahora en el Madrid de Scariolo hubo luces y sombras, una final perdida (Supercopa), un liderato sólido (ACB) y un vaivén constante (Euroliga, donde ahora es cuarto). 36 victorias, 14 derrotas (11 de ellas en Europa). Un balance digno, no excelente. «Los datos demuestran que hemos trabajado bien en la temporada. Y cada vez mejor. Pero no tienen influencia en el partido de cuartos. La historia de la Copa es la de los cambios de ranking, de las sorpresas. Los ocho equipos que participan, es difícil que cualquier resultado sea sorpresa total», analizaba ayer Scariolo sin querer mirar más allá: sólo le preocupa el Unicaja, el campeón actual, con el que se las ve esta noche en cuartos (21.00 h., DAZN). Aunque hayan cambiado tanto, los malagueños «vienen como campeón y no a verlas venir. Grandísimo respeto».

El equipo de Ibon Navarro al que el Madrid remontó este mismo domingo en el Carpena, con el que llegó a perder de 18 puntos en la primera parte. Un aperitivo complicado aunque repleto de dudas (tocados Alberto Díaz, Tyson Pérez, Tillie...) para un lado del cuadro que es un campo de minas. En semifinales, si la lógica se cumple, aguardará el Valencia de Pedro Martínez, anfitrión y poderoso, tan favorito esta vez como el que más.

Scariolo e Ibon Navarro, el pasado domingo, en el Carpena.

Scariolo e Ibon Navarro, el pasado domingo, en el Carpena.acB pHOTO

El Real Madrid ha atravesado momentos dispares en lo que va de curso. La derrota contra el Barça en el Palacio, en ACB, la primera después de nueve clásicos, escoció aquel 4 de enero. Los azulgrana abusaron de un Madrid sin solidez defensiva, habituado en ese tramo a encajar más de 90 puntos por norma. Los blancos espabilaron desde entonces, una resurrección de principio de año, seis victorias seguidas en Euroliga incluyendo la revancha ante los de Xavi Pascual (otro que regresa a la Copa después de unos años), un claro paso adelante en esfuerzo y solidez. Que se vio interrumpido últimamente. Europa marca la pauta, porque en Liga Endesa la contundencia es para elogiar. París, Atenas y Dubai fueron una vuelta a las andadas.

La Copa, pues, para el Madrid, es búsqueda de reconquista y de un dominio perdido: de las últimas cinco sólo ha levantado una, la de 2024 en Málaga. La hora de tipos con el foco encima, como Mario Hezonja, quizá en el mejor momento de su carrera y al que Scariolo parece empeñado en elevar aún más («Es el jugador, con diferencia, que el que más duro he sido, pero porque creo que su techo no ha llegado todavía», decía hace unas semanas). «El equipo está hecho de personas. Hay algunos acostumbrados a este tipo de citas y otros que no lo están. Y son muchos», valoraba ayer el italiano, que mantiene a toda su plantilla sana (recuperado ya Maledon) y tendrá que jugar con los descartes, uno seguro entre los tres extracomunitarios (todo apunta a Chuma Okeke antes que la experiencia de Gaby Deck o el talento desequilibrante de Trey Lyles). Aunque si de experiencia se trata, nadie como Sergio Llull. El capitán blanco volverá a ser el jugador con mejor palmarés de entre todos los participantes de la Copa, pues ya ganó siete, como en su día Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y Rudy. Todos a tres del récord que comparten, con 10, Epi y Clifford Luyk.

El Real Madrid se condena con demasiados descuidos en París

El Real Madrid se condena con demasiados descuidos en París

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La racha de seis victorias del Real Madrid en la Euroliga se truncó el miércoles en París, donde el equipo de Sergio Scariolo pagó muy caros sus continuos errores de concentración, traducidos en 17 pérdidas y 19 rebotes concedidos bajo su canasta. De nada sirvió el acierto de Trey Lyles (21 puntos) y Andrés Feliz (18) porque los blancos cayeron en la primera de las cuatro visitas consecutivas que le aguardan en el torneo. [Narración y estadísticas (98-92)]

Tampoco bastaron las broncas de Scariolo desde el banquillo, porque su defensa rara vez pudo contener el caudal ofensivo local. Nadir Hifi castigó una y otra vez el aro con su zurda (21 puntos), acompañado del siempre prolífico Jared Rhoden (15 puntos en 18 minutos).

Para entender las desatenciones del Madrid con el rebote defensivo baste recordar que sólo en la primera parte, el Paris Basketball hizo 41 lanzamientos a canasta, 12 más que su adversario. El frenético tempo impuesto por el equipo de Francesco Tabellini, atacando con mucho acierto en los siete primeros segundos de su ataque, desquició una y otra vez al vigente campeón de la ACB.

Tapones de Faye

Ocho puntos de Mario Hezonja, más entonado tras el descanso, mantuvieron al Madrid en la pugna. Incluso tras los problemas de Eddy Tavares ante Mouhamed Faye, autor de seis puntos, siete rebotes y cuatro tapones. El ida y vuelta ayudó a resaltar las virtudes del impetuoso Feliz, 68-64 (min.28). Sebastián Herrera, inédito hasta entonces, irrumpió con cinco puntos y el París retomó su ventaja a falta del último cuarto (75-66).

Los de Scariolo aceleraron para intentar la remontada con más piernas que cabeza atrás y con Lyles como principal arma ofensiva (79-73, min.34). Sin embargo, dos triples de Campazzo y Feliz pusieron a los blancos a sólo cuatro (86-82, min.36). Otro triple de Feliz puso al Madrid por delante (89-90), algo que no ocurría desde el primer cuarto, pero los locales resucitaron gracias a un inmediato 2+1 de Hifi, que desató los gritos de "MVP, MVP".

Dos malas penetraciones visitantes dejaron en 94-90 con 31 segundos en el reloj. Hezonja puso a los suyos a dos, pero Rhodeb no falló desde la personal y llevó el delirio a una afición que enlazaba tres derrotas seguidas.

Garuba y Trey Lyles espabilan a tiempo a un apático Real Madrid

Garuba y Trey Lyles espabilan a tiempo a un apático Real Madrid

La derrota contra el Barça en el Palacio dejó resaca, dolor de cabeza y dudas. Espesura general en Francia y una llamada a la energía sin respuesta. No fue drama porque, otra vez (y van ya unas cuantas esta temporada), el Real Madrid despertó a tiempo, ya avanzado el acto final, cuando Usman Garuba tocó a rebato desde la defensa y Trey Lyles desplegó su repertorio mortal. Ahí se quedaron la rebelión del ASVEL Villeurbanne y el susto blanco, bordeando la que hubiera sido la octava derrota a domicilio en Euroliga. El triunfo, un respiro, aunque no sea para presumir. [69-80: Narración y estadística]

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Porque fue media hora de mal juego, de demasiados errores, de llegar tarde a casi todo y de ir a remolque de un rival inferior. La mejora en defensa (por primera vez en muchos partidos el rival se quedó en menos de 70), el cerrojazo en el acto final (8-20 de parcial), taparon lo anterior, incluida la noche gris de Hezonja.

La memoria de la derrota en el clásico, tan reciente, tan dolorosa, no fue acicate. Al menos de inicio, se volvió a comprobar a un Real Madrid apático, desganado, como si la energía les hubiera abandonado. Otro partido en poco más de 48 horas, así es el calendario, así lo quieren los propios clubes. Descansaron Llull, Deck y Almansa (y Procida no participó) y aunque el amanecer trató de ser otra cosa, al menos en defensa, pronto se comprobó de nuevo a un mal Madrid.

Un equipo fallón y blando, que encajó, sin venir mucho a cuento y sin Tavares en pista, un parcial de 25-10 y se vio a remolque una noche más. Hería el rebote y desequilibraban las individualidades, el eléctrico Glynn Watson, el talentoso y veterano Thomas Heurtel, tenía que ser él. Uno de los colistas de la Euroliga -una competición que abandonará rumbo a la Champions League de la FIBA- que acaba de perder a su gran líder, De Colo (fichado por Fenerbahçe).

Maledon

Ante tal oposición, el ASVEL, con su propietario Tony Parker en el palco, se vino arriba. Mientras Hezonja continuaba errando triples, los galos despegaban con contras rematadas por pases por la espalda de Heurtel o triples liberados tras estupendas combinaciones. La remontada se hacía esperar, incluso cuando Usman Garuba pisó por primera vez el LDLC Arena, casi al final del tercer cuarto.

Fue un poco después, sin brillantez, con los puntos al fin de Maledon -homenajeado en la previa en el que fue su equipo- y el esfuerzo del pívot canterano (63-65). La chispa adecuada. De la que se aprovechó después Lyles, talento desatado y un Madrid, como un sprinter, lanzado hacia una victoria que un rato antes no vio nada clara. 12 puntos del pívot y fundido a negro del ASVEL. El jueves, sin público en el Palacio ante el Maccabi, siguiente round.

La sangría defensiva que rompe al Madrid y "preocupa" a Scariolo: falta de energía, poco trabajo táctico y el "esfuerzo" individual

La sangría defensiva que rompe al Madrid y “preocupa” a Scariolo: falta de energía, poco trabajo táctico y el “esfuerzo” individual

Desde abril de 2024 el Real Madrid no perdía un clásico, nueve victorias de carrerilla que se quebraron un extraño domingo por la mañana, Palacio repleto y un Barcelona tan poderoso como no se recordaba. Desde marzo de 2024 ningún rival ganaba en Liga Endesa en semejante escenario (entonces, el Manresa), 37 seguidas iban. Las rachas, sí, están para romperse y más en este baloncesto moderno de calendarios insufribles. Pero el triunfo azulgrana, tan merecido que ni un pero hubo, dolió más en el vestuario blanco por el cómo. No hay perdón cuando se encajan 105 puntos, especialmente cuando eso, lo de que el rival se ponga las botas, es tendencia.

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En Euroliga, donde más se disparan los titubeos de este Real Madrid de Sergio Scariolo que no termina de despegar, a los blancos les anotan casi 87 puntos por noche. Es la cifra es la más alta desde que la competición se empezó a disputar (2016) en formato de todos contra todos. Especialmente grave en un equipo del italiano, siempre con tanto celo en la zaga. Con un especialista táctico del que presumir, Luis Guil. En ACB, donde el liderato peligra (si el Valencia gana en su partido aplazado ante el Zaragoza...), son más de 82 por duelo. Cifras que no se pueden esconder. Y que alarman, dentro y fuera.

Tras la derrota, la undécima en los 35 partidos oficiales que van de temporada, el propio Scariolo reflexionó sobre el hecho. Sobre la incapacidad, por ejemplo, de frenar ayer en el uno contra uno a Kevin Punter (en la primera mitad) y a Nico Laprovittola en el momento de la verdad (17 puntos del argentino en la segunda mitad). Sobre la pérdida del rebote (23 a 37, completamente clave) ante un Barça inferior físicamente y lastrado, además, por las lesiones (sin Jan Vesely, Will Clyburn...). «No puedo decir que no me preocupe. Hay que reconocer que juegas siempre con rivales de altísima calidad y talento. Pero no hay duda que es un punto en el que tenemos que mejorar», reconoció el ex seleccionador en sala de prensa. Quien, a continuación, expuso algún atenuante. «La defensa, cuando tienes tan poco tiempo para prepararla tácticamente, es energía, esfuerzo, continuidad. A veces, con tan poco tiempo de recuperación, puede no producirse. Antiguamente, había una norma que debía haber al menos 48 horas entre un partido y otro. Esto vale para todos, para el Barça y para nosotros. Pero no ayuda a los jugadores», razonó una queja, la del calendario (no descansa, esta semana otra doble de Euroliga, con visita al Asvel y el Maccabi en el Palacio) que no es nueva. Un argumento en el que ahondó el capitán Sergio Llull: «No han sido 48 horas porque jugamos el viernes a las nueve. No sé si le parecerá normal al que hace el calendario, a mí no me lo parece. Ni para un equipo ni para otro, porque ellos (el Barça) también jugaron el viernes. No es una excusa por esta derrota, es un llamamiento al sentido común».

Willy Hernangómez celebra una de las canastas clave del Barça en el Palacio.

Willy Hernangómez celebra una de las canastas clave del Barça en el Palacio.ACB Photo

En los últimos cuatro partidos de Euroliga, el Madrid ha encajado 89 (Milán), 90 (París), 100 (Mónaco) y 93 (58 al descanso, Dubai). Una tendencia. Siete de sus ocho derrotas en Europa llegaron en duelos en los que el rival hizo 87 o más puntos. Como las dos de ACB, idéntico resultado ante Baskonia y Barça (105-100). El clásico de ayer y sus 205 puntos anotados en conjunto, fue el segundo más ofensivo de la historia en Liga Endesa. El top, 212, fue en febrero de 1996 (102-110, también para el Barça). 205 se habían sumado también, tras una prórroga, en abril de 2022 (108-97, para los azulgrana).

De las heridas blancas a la euforia de un Barça que está protagonizando una asombrosa y exprés resurrección desde que fuera despedido Joan Peñarroya. La del domingo, con Xavi Pascual, era el noveno triunfo seguido en ACB. «Uno es entrenador para momentos como este. Suelo sentirme muy cómodo, porque los disfruto muchísimo», se congratuló el de Gavà.