Xabi Alonso ante el síndrome de Rafa Benítez

Xabi Alonso ante el síndrome de Rafa Benítez

El rey del caos siente, cíclicamente, la necesidad de llamar al orden, como si el Bernabéu fuera una clase alborotada. Nada, sin embargo, le ha ido tan bien al Madrid como al alboroto, el desorden que, por el precio de ser vulnerable, acaba por desordenar, mortalmente, al contrario. Pero como si no pudiera resistirse a la Ley del Péndulo, que es la ley de la gravedad de la civilización, llega un momento en que procede llamar a un entrenador más táctico y disciplinado para poner orden en un lugar donde manda uno y mandan todos, como en una compañía de mosqueteros: uno para todos y todos para uno.

Xabi Alonso fue mosquetero junto a los mejores, Casillas, Sergio Ramos y Modric, los Athos, Porthos y Aramis de una era, además del D'Artagnan Cristiano, y ahora quiere ser un entrenador de autor, por lo que se trataba de un personaje ideal para encajar necesidad e idiosincrasia. Todavía en el inicio del camino, se encuentra ya en el disparadero por los mismos males que sufrieron algunos de los que llegaron con la misma misión: falta de conexión con algunos futbolistas y dificultad para hacer llegar su mensaje. Es el síndrome de Rafa Benítez, arquetipo de entrenador preparado, meticuloso y táctico. Curiosamente, el técnico con el que Xabi Alonso empezó su gran carrera como jugador, en el Liverpool, aunque su relación no acabó como empezó.

Rafa Benítez era, asimismo, un hombre con pasado madridista, aunque sin el brillo de gran estrella de Xabi Alonso. No puede decirse, pues, que no conociera la casa. En el vestuario algunos de los ilustres ponían cara de póker cuando les decía cómo debían perfilarse para optimizar mejor sus disparos. Ahora otros sin ese rango, como es el caso de Bellingham, tampoco aceptan demasiado bien que se le pida correr menos y posicionarse mejor. Con Vinicius o Valverde los desencuentros han sido más evidentes. Entre esos críticos no está Mbappé.

También de la casa era Camacho, que tiró un pulso por elevación y lo perdió, y otras experiencias más exóticas tampoco dieron resultado, como la de Carlos Queiroz, sustituto de Vicente del Bosque, o el 'cuadrado mágico' de Vanderlei Luxemburgo.

José Mourinho fue una excepción, aunque a costa de un desgaste importante en la imagen del club, y no lo fue únicamente por su valía como entrenador y líder, incuestionable, sino por el apoyo incondicional de Florentino Pérez. El portugués es posiblemente el único técnico con el que el presidente ha conectado de verdad. Eso cala en el vestuario como la lluvia fina. Ahí está la clave para saber hasta dónde llegará o no el ciclo de Xabi Alonso, un excelente entrenador, como ha contrastado el mercado, pero el Madrid no responde a las variables del mercado. En su construcción profesional, su futuro parece estar hoy, en manos del mayor creador de equipos de autor que existe, Pep Guardiola. Nadie ha padecido y ha combatido tanto el caos del Madrid.

El eje Mbappé-Courtois impulsa al Real Madrid en San Mamés

El eje Mbappé-Courtois impulsa al Real Madrid en San Mamés

El eje norte-sur sostiene al Madrid. El norte es Mbappé; el sur es Courtois. El primero marca los goles y el segundo valida el valor de esos goles, al impedir que el contrario los iguale. El la periferia del eje crecen algunos jugadores y decrecen otros. Crece Trent, convertido en lo más parecido a un kicker del fútbol americano, un pateador que siempre encuentra el norte, pero un norte en movimiento. La lesión que se produjo el inglés es un contratiempo en el peor momento, para sí mismo y para el equipo. Veremos. Decrece Güler, suplente en San Mamés en una situación extraña, como extraño fue su cambio en Girona. La diferencia es el resultado, un marcador contundente en un lugar difícil, menos hoy que en otras ocasiones, seamos claros. La victoria es una prueba de vida para Xabi Alonso, escondida todavía en el norte y el sur del Madrid. [Narración y estadísticas (0-3)]

Nada hay que reprochar al técnico, después de un ejercicio de dominio de los suyos, de los que mandan, porque el Madrid fue lo más jerárquico posible. Estaba Valverde, y estaba donde le gusta jugar, salvo por las necesidades del desenlace. Estaba Vinicius y estaba Bellingham, un paso adelante por la inclusión de Camavinga junto a Tchouaméni, y estaba Rüdiger, que ha regresado de su larga lesión sin contar los minutos. Camavinga desplazaba a Güler, uno de los pocos futbolistas que alumbran los espacios frente a defensas en formación, pero el tanto del francés carga el argumentario del técnico. No hay debate que se resista a los goles, aunque la lesión del francés, otra, devolverá protagonismo al turco.

Es posible que Xabi Alonso quisiera más físico frente aún rival que siempre propone duelos a cuerpo, pero la realidad es que esté Athletic no está para proponer muchas cosas, lejos de las mejores versiones que ha ofrecido con Ernesto Valverde. La impresión es que la exigente Champions lo ha desgastado y descolocado, y eso se paga siempre en la Liga.

opacado por el depredador

La debilidad defensiva, con muchas dudas, fue una prueba y quedó de manifiesto en los dos primeros goles del Madrid, con independencia de los méritos de Mbappé, que sorteó rivales como se sortean puertas de esquí para batir a Unai Simón. Trent lo habilitó en el espacio justo, por lo que algunos madridistas se fueron a felicitar al inglés, pero a partir de ahí los movimientos de Mbappé fueron inaccesibles, como si se evaporara, para culminar uno de los mejores tantos desde que está en el Madrid, aunque no el gol en el que haya tenido mayor oposición.

La defensa del Athletic estuvo contemplativa, tibia, y su portero no hizo un imposible. Antes y después, en cambio, evitó Unai Simón que los males fueran mayores, ante el propio Mbappé o en un mano a mano ganado a Vinicius, activo en el arranque, pero irremediablemente cada vez más opacado por el depredador que tiene a su lado. Es inevitable. El día que toma la iniciativa, como sucedió en Atenas, Mbappé logró cuatro goles. Continúa.

El segundo gol de los blancos, obra de Camavinga, con dos cabezazos en el área ganados por los visitantes, y el tercero, en el que Mbappé tuvo tiempo para mirar, medir y disparar, sin que Vivian pusiera la cabeza donde debía ponerla, ahondaron en la debilidad local.

El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.

El cabezazo de Camavinga que valió el 0-2 en San Mamés.EFE

En ataque, asimismo, le faltaron al Athletic tramos de alto ritmo de juego, aunque cazó acciones aisladas, gracias a segundas jugadas, en las que Courtois resultó fundamental, frente a Guruzeta, Berenguer o Jauregizar, en momentos importantes, sin que el marcador tuviera todavía la claridad del desenlace. Nico Williams tampoco consiguió poner en valor su explosión y ganar duelos individuales.

Zurcidos tras las lesiones

Ernesto Valverde intentó poner más agresividad tras el descanso con el recurso de Unai Gómez, pero no le sirvió para cambiar el escenario. Militao, Tchouaméni, Carreras o Camavinga eran ganadores de los duelos individuales, una especialidad habitual del Athletic debido a la intensidad que suele imponer en San Mamés. Ahora no está para eso.

El segundo gol de Mbappé, tercero del Madrid, tranquilizó a Xabi Alonso, que hasta entonces había tenido que zurcir al equipo por las lesiones. Primero al colocar a Asencio en el lateral derecho, por Trent, y a Güler por Camavinga. A partir de ahí, llegó el momento de pensar en lo que viene, el Celta y, especialmente, el City de Pep Guardiola, en el Bernabéu. Entre los que se fueron estaban Vinicius, Mbappé y Militao, jugadores indispensables.

En el caso del brasileño, además, quizás para evitar males mayores, ya que Vini hizo un feo gesto a la grada, al mostrar tres dedos en señal de la goleada. Se retiró de San Mamés al grito de «¡Tonto, tonto!». Tan feo como lo que había hecho. El Madrid lo necesita en su mejor versión, porque lo de San Mamés es sólo una prueba de vida. Si tiene dudas, que pregunte a Mbappé.

El Madrid empata ante el Girona, pierde el liderato y aumenta la presión sobre Xabi Alonso

El Madrid empata ante el Girona, pierde el liderato y aumenta la presión sobre Xabi Alonso

Problemas para Xabi Alonso, problemas de verdad. Tres partidos sin ganar donde se gana la Liga, Vallecas, Elche y Girona, crean ya una tendencia negativa. El liderato se esfuma en beneficio del Barça, el mismo Barça que se diluyó en el Bernabéu, en el que su entrenador se deprime en el banquillo y que ha crecido menos de lo que le ha hecho crecer el Madrid. Atenas, en la Champions, fue como el paso por un balneario, pero la vuelta a la Liga ha sido como la vuelta a Esparta, donde no se necesitan únicamente buenos generales, también guerreros entregados desde el primer minuto, determinados. Los finales del Madrid no son suficientes para este Madrid. Los problemas están repartidos, pero las cuentas se le piden a uno solo. [Narración y estadísticas (1-1)]

Si en Atenas era ganar o ganar, como dijo Xabi Alonso, en Girona no había otro remedio, porque la secuencia negativa prevalecía en la Liga. Ese mensaje cargó el técnico con una alineación titularísima, salvo por la lesión de Huijsen. La única salvedad era Carreras. Fran García apareció en la izquierda con la voluntad de ser profundos, tanto como lo puede ser Trent en la derecha. Dos laterales muy ofensivos, carrileros, en una palabra, para crear superioridades en campo contrario y provocar situaciones de dos contra uno en bandas.

En cambio, si de algo careció un Madrid dominador en la mayoría de los tramos fue de profundidad, la que conceden los desmarques al espacio, pero también las acciones individuales, las conducciones, los desbordes. Hay condiciones del juego de las que debe responder el entrenador, claro, pero de otras hay que preguntar a los jugadores. Todos tienen que contestar. Vinicius, errático en el arranque, lo hizo en el el campo en la segunda mitad, desatado, con una entrada en el área en la que fue objeto de penalti. Lo justo para un empatito, nada más.

El plan de Míchel

Míchel sabe lo que todos saben, y es que al Madrid no se le puede regalar un error ni un metro. Por eso se enfureció con fallos en la salida de balón o entregas al contrario, especialmente una de Tsygankov, y ordenó un repliegue marcial cuando los de Xabi Alonso recuperaban el balón. Pocas oportunidades tuvo el Madrid de hacer lo que le gusta, de correr, con la igualada en el marcador. A Vinicius le faltó claridad y Mbappé se emborrachó de balón.

Obligado a un ataque posicional, el Madrid se mostró activo y dinámico, pero en exceso horizontal, como un parabrisas, sin encontrar la ruptura o el desmarque, con un sentido de la posición que puede conducir al estatismo si se lleva al extremo. Güler es quien mejor los ve, pero el turco no tenía el periscopio levantado como otras veces, y eso le costó ser el primer cambio en busca de un cambio, después del descanso, ya por detrás en el marcador. Xabi Alonso eligió entonces a Camavinga, eligió el dinamismo, un ritmo de juego más alto, el físico. No le alcanzó para ganar.

Tampoco habían sido una alternativa hasta entonces las cabalgadas de Valverde, capaz de avanzar como lo hace un quitanieves, o el desenfreno de Bellingham. Mbappé intentaba hacer su pequeña revolución en su espacio, pero es un espacio reducido. El francés necesita que otros la hagan para situarlo al pie de la Bastilla.

Güler, ante Witsel, el domingo en Montilivi.

Güler, ante Witsel, el domingo en Montilivi.AFP

La falta de soluciones ofensivas llevó una y otra vez a Militao al área de Gazzaniga, fuera para rematar o para no saber qué hacer. Junto al reaparecido Rüdiger, fueron los mejores del Madrid, además de Courtois, con una mano baja ante Vanat que fue como una prueba de vida. La última solución fue la solución Gonzalo. Cuando eso sucede es que muchas cosas han fallado, lo que es particularmente grave si recordamos que el Girona es el equipo que más goles había recibido en lo que va de temporada.

Ha mejorado el equipo de Míchel, es evidente, pero lejos del Girona que tuteaba y ganaba a los grandes. Lo que está claro es que a su entrenador le funcionó su plan de partido más que a Xabi Alonso, hecho que le llevó a elevar la intensidad y entrar en un carrusel de cambios de nombres y posiciones. Ya le pasó al tolosarra frente a Íñigo Pérez o Eder Sarabia, entrenadores de su quinta, y eso está en su debe.

Ounahi, una aparición

Ounahi es la nueva perla en manos del City Group, hoy en el Girona, un futbolista diferencial, que todo lo que toca tiene sentido, siempre el pase preciso y a un compañero desmarcado. Lo que tocó el marroquí frente a Courtois le hizo convertir la pelota en un tesoro, después del pase, no menos valioso, de Tsygankov. Plata y oro.

El marroquí acabó reventado, como todo su equipo frente al asedio que siguió al penalti hecho a Vinicius, hiperactivo y hablador en el desenlace, y transformado por Mbappé. Otro pudo pitar De Burgos Bengoetxea sobre Rodrygo, pero el colegiado y el VAR interpretaron insuficiente el contacto. Polémico, cierto. La que no es polémica es la secuencia de estos tres partidos de Liga sin ganar ante modestos que apea al Madrid del liderato. Eso tiene otro calificativo. Es preocupante.

El Madrid encuentra su catarsis ante Olympiacos gracias a Vinicius y Mbappé

El Madrid encuentra su catarsis ante Olympiacos gracias a Vinicius y Mbappé

En tierra de catarsis buscó el Madrid el verdadero significado de esta palabra griega: purificación. La encontró a medias, porque la victoria frente al corajudo Olympiacos de Mendilibar cambia la tendencia, pero no cambian las sensaciones, con dos caras distintas, la de la sociedad de la catarsis, Mbappé y Vinicius, y la de la calamidad en defensa, pese a las bajas, con preocupantes desconexiones del equipo que pusieron en riesgo el triunfo. [Narración y estadísticas (3-4)]

Xabi Alonso tiene el mejor y el peor trabajo del mundo. Ya lo sabía, dice, pero ahora lo sabe de otro modo. La condena no la intuyen del mismo modo el reo y su abogado. Líder de la Liga y en el Top 8 de la Champions, reforzada su posición por este triunfo, el técnico no la temía, no por ahora, pero necesitaba cambiar la tendencia en Atenas, después de tres partidos sin ganar, too much en el Madrid.

Esta media catarsis tapa una fuga de agua pero no detiene la lluvia. Deja certezas y dudas que el entrenador no puede obviar. Que el gol es cosa de Mbappé lo tiene claro. Que la determinación es cosa de Vinicius es conveniente que lo asuma, porque habrá más catarsis, y no precisamente a la griega, sino más difíciles. Las dudas nacen de la pérdida de control, con dos remontes de Olympiacos y dos remates en una isla desierta que exigen trabajo, más allá de las ausencias, y ese sí es trabajo de entrenador.

La boya del centro del campo

La determinación de Vinicius fue colosal desde el salto al campo, aunque un salto inicial en el que no tuvo el acompañamiento de los suyos, erráticos, incómodos por la presión alta del rival. Es una seña de identidad de Mendilibar, de pierna dura y duelos a fuego. Le dio resultado en el arranque y en el desenlace, aunque en el ecuador dejó un páramo atrás cuando sus jugadores erraban y no llegaban a tiempo en el repliegue, lo que en ocasiones obligaba a Tzolakis, su portero, a adelantarse al centro del campo. En ese contexto, Vini era como un guepardo en el Serengueti.

Xabi Alonso recuperó a una pieza clave para lo que desea en el Madrid. Se trata de Tchouaméni, la boya de su centro del campo. Las bajas en defensa, a las que unió la de Courtois, podían llevar al Madrid al centro de la defensa, como había ocurrido en el pasado con Ancelotti, pero el técnico tolosarra prefirió mantener a su mediocentro y mover a Carreras hacia el centro y colocar a Mendy como titular. Las maniobras implicaban riesgos, acrecentados por las debilidades defensivas de Trent en la derecha. De momento, sabemos de su buen pie como asistente. Hace falta más para hacerse con la banda derecha del Bernabéu. Mucho más.

En las dudas iniciales que generaban las mutaciones y los antecedentes, supo pescar Olympiacos, simple pero eficaz. Primero con lanzamientos largos de su portero para buscar la presión arriba y tener opciones sin necesidad de elaborar, dado que su calidad es muy inferior a la del Madrid. Al final, con centros que no encontraron oposición en una defensa de blandiblue.

Vinicius pugna por un balón con Retsos.

Vinicius pugna por un balón con Retsos.AFP

El gol local nació de esa presión, pero, en cambio, maduró en una acción combinativa de gran precisión, coronada con el disparo de Chinquinho, seco, sin dar tiempo a los reflejos de Lunin. Ese tanto en un día difícil no destempló al ucraniano, firme frente a otro disparo del mismo jugador en un momento crítico.

A la belleza de la jugada le había acompañado la candidez de los defensores del Madrid, poco intensos, contemplativos. Ese Madrid era el Madrid de los últimos partidos y de los peores presagios. Vinicius, sin embargo, había decidido ser el Vinicius que se espera, no el que se reprocha. Ya lo hizo en el disparate de Elche cuando saltó al terreno de juego desde el banco, pero sin tiempo ni compañía. En Atenas las tenía.

'Hat-trick' exprés

El brasileño corrió, se desmarcó y pasó, todos menos marcar en un día en el que lo marcó todo Mbappé. No le pesó, al contrario. Para empezar, aprovechó una recuperación, con todo Olympiacos volcado, para lanzar en el espacio a Mbappé, como gusta al francés. Al primer disparo, gol. Hasta cuatro veces, tantas como goles marcó el Madrid, respondió con la misma frialdad y eficacia. No hay otro goleador igual en el mano a mano. En siete minutos había marcado tres goles, un hat-trick exprés, el más rápido de su carrera. En el segundo tiempo añadió el cuarto tanto, asistido también por Vini.

La catarsis parecía completa, y eso creyó también Xabi Alonso, que llevó a Tchouaméni a la defensa, retiró a Asencio e introdujo a Bellingham, suplente por unas presuntas molestias. El equipo, que ya había vuelto a las dudas para permitir a Taremi apretar una vez el marcador, se cayó del todo. El Kaabi volvió a marcar de cabeza para hacer peligrar el esfuerzo de la sociedad de la catarsis.

El Madrid empata ante un Elche mejor en un día de experimentos de Xabi Alonso y sujeta el liderato con apuros

El Madrid empata ante un Elche mejor en un día de experimentos de Xabi Alonso y sujeta el liderato con apuros

Cuando Aleix Febas, un mediocentro criado en Valdebebas, marcaba un gol para premiar su excelso partido, Vinicius saltó de su asiento en el banquillo para ponerse la camiseta con la rapidez que se viste un bombero. No lo había hecho desde el principio por decisión de Xabi Alonso en un día de cambios, de sistema, con tres centrales, y de nombres. La entrada de Vini contribuyó a la agitación, pero no le llegó para la victoria frente a un Elche mejor, sostenido por el tanto de otro ex canterano blanco, Álvaro Rodríguez, que fue Vinicius y Mbappé en la jugada de su vida. Huijsen y Bellingham pusieron las tablas en la melé del área, pero no ponen paz en un Madrid que suma su tercer partido consecutivo sin ganar, segundo en la Liga, y sujeta el liderato por un punto. Mal asunto para Xabi Alonso.

Era partido de entrenadores, estaba claro. Dos entrenadores jóvenes que quieren ser protagonistas, con un intervencionismo marcado, pero que vieron cómo el frenesí final les superaba, roto y abierto el choque, como le gusta al Madrid, pero sin el desenlace que pretendía. De principio a fin, fue peor que su rival.

Xabi Alonso ha llegado al Madrid para doctorarse después del excepcional trabajo en Leverkusen. Esto no va a ser fácil. Lo sabe en un día que sólo puede mirar a la clasificación, no al campo. Eder Sarabia quiere que el Eche sea su pequeño Leverkusen, romperse en la Liga o romperse en el campo. Ha empezado bien y donde no llega su equipo, lo hacen sus camisetas. Dar que jugar y dar que hablar. Las dos cosas las hace este Elche, un modesto que escoge el riesgo de los grandes y al que le va muy bien en este regreso a Primera.

Dos entrenadores que dispusieron tres centrales en el Martínez Valero, una formación que carga el mensaje de querer la pelota y ser protagonistas. En Sarabia es habitual. En Xabi Alonso es vocacional, pero hasta ahora apenas la había utilizado en el Madrid, al contrario de lo hecho en un Bayer Leverkusen de récord. Quizás después de la derrota en Liverpool y el empate en Vallecas era el momento, debió pensar. Se equivocó. Sin embargo, la decisión de más enjundia del tolosarra no tenía que ver con el sistema, sino con las elecciones. Vinicius se quedaba en el banco en favor de Rodrygo.

Febas e Iñaki Peña

Con Huijsen, Asencio y Carreras como central asimilado, dejó las bandas para el vuelo de Trent y Fran García, ambos laterales largos, ofensivos, aunque con menos dinámica defensiva, en especial el inglés, un jugador con dos caras. El Elche lo aprovechó en sus aproximaciones, que encontraron a Courtois desplegado, como un 'Courtois patas largas'. Primero ante Rafa Mir, después frente a André Silva. No fueron las únicas llegadas con peligro de los locales, malogradas otras por las malas decisiones ante la definición, hasta el primer gol, un prodigio de precisión entre Germán Valera y Febas, el mejor de su equipo, junto con André Silva, Iñaki Peña y los minutos de Álvaro Rodríguez.

La segunda coincidencia era la presión alta de ambos equipos sobre la salida de balón del contrario. En el Elche, con Iñaki Peña muy adelantado, como un jugador de campo más para crear superioridades. En el Madrid, con emparejamientos individuales. Las dos elecciones con altísimo riesgo, lo que provocó transiciones innecesarias, llevadas al absurdo en el área local y errores en la visitante, como el de Carreras que trajo la primera ocasión del Elche, de Rafa Mir. El Madrid salió peor parado, y pudo serlo mucho más de no ser por Asencio, firme hasta el baile sufrido ante Álvaro Rodríguez.

Mbappé tardó muchísimo en concetar en un Madrid inicialmente sin profundidad. Cuando lo hizo, encontró a Iñaki Peña en versión Courtois. El gol de Febas, tras taconazo de Varela en el área, invocó el zafarrancho, como si Xabi Alonso tirara el manual a la papelera y llamara a Vini, Gonzalo, Brahim, a todos. La carga del área trajo los goles de Huijsen, primero, y Bellingham, después, con un polémico choque entre Vinicius e Iñaki Peña, pero sin la belleza y la calidad del de Álvaro. Lo justo para sostenerse al liderato, nada más.

Esperando la fórmula mágica de Florentino para el futuro económico y patrimonial del Madrid: conversión o 'palancas'

Esperando la fórmula mágica de Florentino para el futuro económico y patrimonial del Madrid: conversión o ‘palancas’

En la última Asamblea, Florentino Pérez anunció a los socios un cambio para que el Real Madrid fuera más suyo de lo que ya es. Es decir, convertirlos en socios-accionistas, aunque la realidad es que la iniciativa partía de las posibilidades de crecimiento económico que podía deparar la conversión de una parte del club, siempre una parte, en una sociedad mercantil. El presidente no habló específicamente del modelo y sólo manifestó que se trataba de un cambio necesario para la sostenibilidad e independencia del Madrid. Y añadió que pronto llevaría ante los compromisarios la propuesta.

Los problemas en la búsqueda de la fórmula, legales y fiscales, han demorado el proceso y planteado alternativas. Un año después, Florentino volverá a referirse, hoy, a ese cambio en su discurso inicial ante los socios compromisarios. Habrá que ver con cuánto detalle, pero el hecho de que no exista un punto específico en el orden del día, indica que la enjundia del proceso precisa de más tiempo y, quizás, de una Asamblea Extraordinaria.

Las consultas del Madrid a alguno de los bufetes más reputados no acabó por cerrar la idea inicial, que era la de dividir el club en dos partes: depositar la mayoritaria en la Fundación y repartir la otra, en forma de acciones, entre los socios. Un diseño a lo Bayern que encuentra dificultades de encaje en España y que, además, implica un inconveniente de naturaleza fiscal, y es que, al recibir las acciones, los socios deberían pagar a Hacienda.

El estadio, 1.347 millones

El debate interno en el club, donde existen posiciones distintas y enfrentamientos de poder, ha sido constante en torno a una decisión capital para el futuro, en un escenario competitivo cada vez más complejo y dados los sobrecostes de la remodelación del Bernabéu, cifrados por el propio Madrid en 1.347 millones de euros hasta hoy, a la espera de las partidas finales, más del doble de los 575 millones presupuestados en 2018.

La alternativa a la conversión en sociedad anónima deportiva, aunque sea de una parte, es la de recurrir a las palancas. El Madrid ya creó en 2021 Real Madrid Estadio SL, dedicada a la gestión de diversas cuestiones relacionadas con el nuevo Bernabéu y los parkings, paralizados, por el momento, debido a las acciones judiciales. El club puede crear otras sociedades mercantiles para la explotación comercial, sin necesidad de una conversión total, siempre que los beneficios reviertan en el proyecto deportivo y no se produzca un reparto de beneficios, según estable la Ley del Deporte.

De esta forma no cambia la naturaleza jurídica del Madrid, que seguiría siendo un club deportivo, sino que se traspasa una parte de su negocio a una sociedad en la que puede darse entrada a inversores. Algunas fuentes del entorno blanco han deslizado que podría hacerse por el equivalente del 10% del valor del club. Si Florentino tasa el Madrid en 10.000 millones de euros, por encima de las estimaciones de otras agencias, esa inyección podría alcanzar los 1.000 millones.

Aumento del presupuesto

Sin embargo, para esta última fórmula el Madrid no necesitaría una Asamblea Extraordinaria, por lo que, en caso de convocarse por parte del presidente en su informe inicial, podría tener que ver con un cambio más profundo, de mayor calado. El mutismo sobre lo que puede anunciar es mayor que en otras ocasiones. De hecho, Florentino no ha realizado encuentros previos con compromisarios, como era su costumbre otras veces, pero desde el club se ha deslizado el mensaje de lo importante que es la asistencia.

Lo que votarán, hoy, los compromisarios tendrá que ver con las cuentas de la temporada pasada y el presupuesto de la actual, que asciende a 1.248 millones, impulsado, fundamentalmente, por el crecimiento de la explotación del estadio, cifrado en 402 millones. Se trata de un incremento de 63 millones respecto al de 2024/25, que se cerró con 24 millones de beneficios.

El Mundial, sueño y trampa para España

El Mundial, sueño y trampa para España

España llega al Mundial en su día más gris y descomprimido, después de levantar la Eurocopa, como hizo en 2010, y con más solvencia en el campo que entonces, aunque decirlo con la perspectiva posterior, el título conquistado en Johannesburgo y la segunda Eurocopa, parezca un sacrilegio. Ahora lo hace con el mismo entrenador, Luis de la Fuente, y después de perder la Liga de Naciones en los penaltis, mientras un año antes de aquel Mundial, la España que acababa de heredar Vicente del Bosque cayó con claridad en las semifinales de la Copa Confederaciones ante Estados Unidos. Esta fase de clasificación, cerrada con 21 goles a favor y dos en contra, refuerza su posición en el primer puesto del ranking FIFA. El sueño de un segundo Mundial es realizable, pero el camino hasta entonces y una vez en el torneo, está lleno de trampas. La primera es que cualquier relajación, como la sufrida ante Turquía, hace a España vulnerable.

Pero antes de llegar hay más trampas. Una tiene que ver con la administración de los jugadores, inmersos en un calendario de locos. Lamine Yamal y Nico Williams, los dos futbolistas más diferenciales en la Eurocopa conquistada, dependen de una cuidadosa recuperación de sus pubalgias que han de realizar en paralelo a su participación con sus clubes, que piensan en sus objetivos, no en el Mundial. Los jugadores han de tener, pues, un gran sentido de la responsabilidad, en su exposición y recuperación, y la Federación debe estar cerca de ellos, misión que corresponde a Aitor Karanka, no a De la Fuente, por el desgaste que supone la primera línea. Es lo que hizo Fernando Hierro con Iniesta. El último episodio del caso Lamine demuestra que estamos lejos de esa dinámica.

El sorteo, el 5 de diciembre en Washington, definirá el camino, todavía bajo las ocurrencias de Donald Trump, que quiere cambiar algunas sedes gobernadas por demócratas con la excusa de la seguridad, como es el caso de Seattle, a cuya alcaldesa calificó de "comunista". En un Mundial de semejantes proporciones, con temperaturas y usos horarios distintos, es clave la elección del lugar de concentración. El de Curitiba, en Brasil 2014, fue un desastre, una ciudad fría para ir a debutar al calor de Salvador de Bahía. El desenlace, mejor no recordarlo.

De España se destaca su juego, la calidad de sus futbolistas y la variedad de recursos, aunque continúa pendiente fijar el rol del 9, con Oyarzabal ya como principal candidato. Sin embargo, el mejor dato para encarar el torneo es el de haber encajado solo dos goles en esta fase de clasificación, los que logró Turquía en La Cartuja. Son los mismos que le marcaron a la campeona de 2010 en todo el torneo en Sudáfrica. Incluso la selección del tiki-taka tuvo que ser pragmática, con victorias por 1-0 salvo el 2-1 frente a Chile, en el fútbol más pragmático y sembrado de trampas, donde se necesita el talento, por supuesto, pero también el temple, la suerte y al portería a cero.

Gil y Gil en la isla del tesoro: de la apropiación indebida y prescrita del patriarca a la gestión que multiplica por 200 el valor del Atlético

Gil y Gil en la isla del tesoro: de la apropiación indebida y prescrita del patriarca a la gestión que multiplica por 200 el valor del Atlético

La Isla del tesoro, escrita por Robert Stevenson, empezó como una obra coral. La ideó su autor como un juego, un pasatiempo durante el lluvioso verano de 1881 en Escocia. Cada miembro de la familia debía escribir una parte, en bloques de 15 minutos. Cuando llegó el turno a su hijastro Lloyd Osbourne, que era aficionado a la pintura, dibujó un barco hundido y continuó con el mapa del tesoro. El padre de Stevenson, por su parte, escribió el contenido del cofre, que su hijo trasladó, palabra por palabra, a la obra, publicada por capítulos, uno por semana, en la revista Young Folks. El éxito, sin embargo, llegaría mucho después. El tesoro del Atlético de Madrid, comprado en gran parte por un fondo de inversión estadounidense, es también el fruto de una controvertida obra familiar, la de los Gil. Una obra contaminada en su origen, ya que la apropiación del club comandada por Jesús Gil fue una «apropiación indebida», aunque el delito estuviera prescrito, como dejó claro el Tribunal Supremo. A continuación, sin embargo, fue desarrollada con eficacia por su hijo Miguel Ángel Gil, al que lateralmente afectaban las sentencias, además de la discreción necesaria de quien debía ponerse a cubierto de su apellido. Como el hijastro de Stevenson, se encontró con la isla, pero dibujó e interpretó con acierto el mapa del tesoro.

Para lo demás estaba Enrique Cerezo, la cara amable de la corte madrileña, el «conseguidor» perfecto en un tiempo en el que había que llegar a acuerdos importantes con las instituciones, a pesar de ser señalado también en los primeros fallos judiciales como mano derecha del patriarca. El imponente Metropolitano es obra de su saber estar donde se debe estar, del mismo modo que la futura Ciudad del Deporte, para la que puso la primera piedra junto a José Luis Martínez-Almeida, un alcalde atlético, incluso demasiado atlético. El círculo lo cierra Diego Simeone, un personaje irreverente, hecho a la medida del ecosistema rojiblanco y convertido en el mesías a través del que todo puede perdonarse.

Jesús Gil.

Jesús Gil.

El resultado es un tesoro inmensamente mayor del que adquirió Jesús Gil con un puñado de monedas falsas, hoy en el fondo del cofre. Justo es reconocerlo como justa es la reclamación de los socios que entienden que se les arrebató lo que les pertenecía. Agotadas las vías para revertir aquella oscura operación, con una parte de responsabilidad de la administración en los tiempos de la chapucera conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas, la única reparación posible para los fieles aficionados rojiblancos es el crecimiento y el cuidado del Atlético, y eso todavía está en manos de un Gil, porque la realidad es que el capital únicamente cuida del capital.

El desarrollo de la Ciudad del Deporte

Un fondo de inversión busca la rentabilidad, que no siempre depende de la dialéctica compra-venta. La rentabilidad pasa por el crecimiento y el crecimiento necesita inversión, algo muy positivo para el Atlético. El riesgo es entrar en una deriva de cambios de propiedad, aunque esa no parece ser la estrategia de Apollo, un gigante de la inversión interesado en todo el negocio circundante que crecerá con el desarrollo de la Ciudad del Deporte, a partir de 2026, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento durante 75 años. Golf, escalada, tirolina y hasta una playa artificial para hacer surf serán algunos de los servicios. «El Atlético pasará a ser una empresa de entretenimiento con un club de fútbol», dice un especialista que ha asesorado a fondos en el sector deportivo. Quizás si el club hubiera esperado a su desarrollo, la valoración habría sido aún mayor, pero el Atlético necesita de Apollo para su financiación.

Miguel Ángel Gil, Enrique Cerezo y Robert Givone, socio de Apollo.

Miguel Ángel Gil, Enrique Cerezo y Robert Givone, socio de Apollo.ATM / EFE

La operación es diferente a la que realiza un inversor, un propietario que quiere desarrollar un proyecto, algo que no implica necesariamente el éxito, y la prueba son las desastrosas adquisiciones del Valencia por parte de Peter Lim o del Málaga por el jeque qatarí Al-Thani. La permanencia de MAG y Cerezo en sus puestos debería ser, pues, una garantía de continuidad en la gestión a corto plazo. De una participación accionarial por encima del 50% a quedarse con el 10%, según el acuerdo, MAG pasa de ser dueño y CEO a CEO y accionista. Cerezo pasa del 15% al 3%. Apollo adquiere el 57% de un club valorado en 2.500 millones de euros, lo que supone una inversión de 1.425 millones por parte del fondo.

Un 'adviser' para Apollo

La mayoría accionarial le permitirá plena autonomía en la toma de decisiones y es ahí donde el tiempo demostrará cuál es el grado de influencia de MAG, principalmente, y Cerezo en la dirección futura del club. Algunas personas cercanas a Apollo sugieren que Miguel Ángel Gil podría no ser únicamente el CEO del Atlético, sino una pieza clave para las inversiones en deporte que el fondo norteamericano planea realizar en el futuro en el sector del deporte. Apollo Global Management, creado en 1990 y que en la actualidad gestiona más de 800.000 millones de dólares en activos, creó la vertical Apollo Sports Capital hace menos de dos meses. El Atlético es su primera gran operación, pero espera realizar otras en el futuro próximo, y para eso el excelentemente relacionado MAG, de 62 años, puede ser un buen adviser.

Desde la discreción que evita el desgaste de la primera línea, el CEO del Atlético es capaz de estar en buenas relaciones con personajes enfrentados, como Javier Tebas, presidente de LaLiga, y Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG y de la European Football Clubes (EFC), antigua ECA. De LaLiga es vicepresidente y en la EFC forma parte del bureau. Durante la reunión fundacional del nuevo organismo, en Roma, estaba a la derecha del qatarí. Después de bajarse de la Superliga junto a los equipos ingleses, es, hoy, uno de sus más firmes opositores, lo que le sitúa, asimismo, en buena sintonía con Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA.

La gran parte de las acciones vendidas a la vertical deportiva de Apollo proceden de Holdco, el holding en el que se integraba el paquete de Miguel Ángel Gil y Cerezo. Si de los 2.500 millones en los que ha sido valorado el Atlético, se descuentan los 500, aproximadamente, de deuda, para MAG la venta de sus acciones, un 40% del valor del club, al retener el 10%, podría reportarle en torno a los 800 millones, con independencia de los plazos y formas de pago. Cuando Jesús Gil se apropió del club, hace 33 años, su valor era de 12,5 millones de euros. El mapa de su hijo lo ha multiplicado por 200.

España, la autoridad del juego y el gol, con Lamine o sin Lamine

España, la autoridad del juego y el gol, con Lamine o sin Lamine

Con Lamine o sin Lamine, España llega virtualmente al Mundial con pasos de gigante, goleada tras goleada. Lo hacen otras ilustres, claro, pero ninguna con semejante solvencia y variedad de recursos. Sin la estrella azulgrana ni Nico Williams, pero tampoco Rodri, quien levantó el Balón de Oro que la Eurocopa merecía, pasó por Georgia como lo haría una centuria romana, con el orden y la espada, para desesperación del bárbaro Kvaratskhelia o el firme Mamardashvili, dos top en tierra extraña.

La autoridad en el juego y el gol, no sólo la que le confiere el primer lugar del ranking FIFA, no es la misma que España tiene frente a sus estrellas, como ha puesto de manifiesto el caso Lamine. Los jugadores son propiedad de los clubes y eso implica que la Federación deba manejar las convocatorias con sensibilidad, pero también con la exigencia de respeto.

Nadie piensa en un Mundial sin Lamine, ni el jugador ni De la Fuente ni Laporta, que sabe bien dónde y cuándo se revalorizan los activos, pero los resultados demuestran que esta España tampoco depende de Lamine. A todos les conviene, pues, respetarse, porque eso significa respetar a los que juegan, golean y callan.

El azulgrana es, como Nico Williams, un especialista de la banda, pero con un juego hacia adentro mortal. Si están, la dirección del juego es unívoca. Si no, España encuentra otros caminos, dada la versatilidad de los recursos de que dispone De la Fuente. En el centro del campo tiene futbolistas para dos selecciones. La crecida de Zubimendi, la consolidación de Alex Baena o la llegada de Barrios, todos con minutos y brillantez ante Georgia, en un día sin Rodri ni Pedri, son el ejemplo.

Oyarzábal, de nuevo con dos goles, es ya algo más que una alternativa a Morata. Borja, que dispuso de ocasiones, estuvo entre los cambios escogidos por De la Fuente cuando el partido ya estaba definido. Eran sustituciones en un once sin muchos de los titularísimos, y la realidad es que, pese a los intentos de una orgullosa Georgia, España mantuvo el tono en Tiblisi para sumar 30 partidos sin perder, un récord, 19-0 goles en esta fase de clasificación y dejar el pase al Mundial pendiente sólo del sello, un formalismo.

Un hombre lanza huevos contra Luis Rubiales durante la presentación de su libro en Madrid

Un hombre lanza huevos contra Luis Rubiales durante la presentación de su libro en Madrid

Sentado junto al responsable de la editorial Última Línea, Luis Rubiales contestaba a las preguntas durante la presentación de su libro cuando observó cómo un huevo impactaba en el escenario. De inmediato, se levantó de su taburete y se giró para evitar otro impacto. No pudo evitarlo, el huevo lo hizo en su espalda. Hubo un tercer lanzamiento, mientras quien estaba a su lado intentaba protegerle, y entonces el ex presidente de la Federación Española de Fútbol se lanzó a por el agresor, un hombre con capucha y cascos. Fue su primer impulso, pero los responsables de seguridad del salón de actos, en el centro de Madrid, ya habían conseguido reducir al agresor. Rubiales pudo proseguir entonces con la esperada première de Matar a Rubiales. Alguien lo intentó con huevos.

"La suerte es que me han parado. No sé si tenía un arma o algo. He visto a una mujer embarazada con dos niños pequeños. He pensado en los niños. Si llego a cogerlo, estaríamos ahora en otra situación. Me he asustado mucho. Son amigos míos. Todos nos hemos criado juntos y me he asustado mucho. Que me tiren huevos me da igual", dijo a continuación Rubiales, acompañado por familiares, amigos y algunos de sus antiguos colaboradores, mientras el agresor era retenido a la salida de la sala por agentes de policía.

"Pongamos a Rubiales delante de la opinión pública, que mientras se habla del 'besito' no se discute sobre la amnistía. Los de Sumar añadieron: y además le quitamos la bandera de la Igualdad a Montero", explica Rubiales en el libro. El ataque al Gobierno y a la clase política, a la que considera responsable de haberle utilizado y vendido, es uno de los ejes de su largo testimonio, plasmado en más de 500 páginas.

La coartada de Pedro Sánchez

"Tanto el tacticismo de Pedro Sánchez, necesitado de los votos independentistas para su investidura, como el oportunismo de la felona Yolanda Díaz, hacen que les venga de perlas el caso del 'besito'", prosigue Rubiales, que recuerda la división en el propio PSOE e, incluso, se refiere a las palabras del presidente del Gobierno a las campeonas del mundo en la Moncloa, en el que volvió a decir que no concedería la amnistía.

En libro, Rubiales se refiere siempre al 'besito', con la intención de descargar la acción por la que fue condenado por agresión sexual, después de besar en el palco de forma no consentida, según la sentencia recurrida ante el Tribunal Supremo, a Jenni Hermoso en la entrega de premios del Mundial 2023, en Sidney. Mantiene lo que ha defendido, y es que el beso fue consentido. Según su relato, la jugadora fue presionada por sus compañeras, con las que el propio Rubiales había mantenido un pulso, al negarse a entregarles la cabeza de Jorge Vilda.

«Y Jenni tuvo dos opciones: mantener lo que ella creía (...) o plegarse a lo 'revelado' por su compañera, que no era cualquier compañera, sino la que tuvo que tragarse un sapo enorme al pedirme la destitución de Vilda», explica, para añadir: «Hermoso optó por asumir lo indicado por sus colegas y el tsunami mediático», mostrando de ese modo una "cierta volubilidad de carácter». Rubiales señala a Irene Paredes y Alexia Putellas como las compañeras que presionaron a Jenni, molestas con él, siempre según lo relatado, por el pulso que los sostuvo cuando el envío de los correos electrónicos para comunicar el plante de las 15.

Louzán, un "pelotas"

Javier Tebas, presidente de LaLiga, es otro de los personajes a los que observa detrás de las conspiraciones contra su persona, al que pone en conexión con Miguel Cardenal, ex secretario de Estado para el deporte. "Lo que incomodaba a Tebas era tener constancia de que yo no iba a ser un pele en sus manos ni en las de ningún otro dirigente (...) Tebas batallaría permanentemente para eliminarme del escenario futbolístico español", explica el ex presidente federativo.

Es crítico, asimismo, con el que ostenta hoy su puesto, Rafael Louzán, del que dice que "su federación (gallega) ocupó el dudoso honor del primer puesto en el ránking de deudas. Lo califica de "pelotas" y lo reta a publicar sus mensajes, porque "así se verá el tipo de persona que es".

Inmerso todavía en el caso Supercopa, en el que está investigado, al igual que Gerard Piqué, Rubiales dice que todo lo que ha ganado ha sido fruto de su trabajo, "al 100%".