Flora van Limbeek sufrió un infarto en su vivienda el jueves por la tarde
Victor Steeman, antes de una carreraEuropa Press
Una tragedia en el mundo del motociclismo seguida por un drama familiar. Flora van Limbeek murió el pasado jueves en su vivienda de Lathum (Países Bajos) de un paro cardiaco, según ha avanzado el medio de ese país Racesport.
La mujer de 59 años era la madre del piloto neerlandés Victor Steeman, que sufrió el sábado pasado un grave accidente en la curva 14 del circuito del Algarve durante el GP de Portugal de Supersport. Fue trasladado al hospital de Faro (Portugal) con un traumatismo craneoencefálico y falleció el martes.
“Nuestro Víctor no pudo ganar esta última carrera. A pesar de la pérdida y el dolor insoportables, estamos muy orgullosos de compartir que nuestro héroe pudo salvar a otras 5 personas mediante la donación de sus órganos. Nos gustaría agradecer a todos por la forma en que han convivido con nosotros durante los últimos días. Extrañaremos enormemente a Victor”, escribió entonces el padre del piloto del equipo Kawasaki.
Steeman estaba disfrutando de una excelente campaña en el Campeonato FIM Supersport 300 y llegó a Portugal con una posibilidad matemática de hacerse con el Campeonato Mundial. Había conquistado cuatro victorias, cinco podios y tres poles en esta temporada, que ha terminado de forma trágica para él y para toda su familia.
Cuentan que el domingo, justo después de vencer en cinco sets a Lorenzo Musetti en tercera ronda de Roland Garros, Novak Djokovic salió de las instalaciones del bosque de Boulogne poco antes de las seis de la mañana y llegó a su hotel cuando ya había amanecido en París. El caos organizativo del Grand Slam parisino le había llevado a jugar de madrugada y, sin descanso, entre partidos de tanta exigencia, le había expuesto al riesgo. Este lunes, 'crac'.
En octavos de final ante el argentino Francisco Cerundolo, el serbio sólo aguantó sano un set, se rompió al empezar el segundo y tuvo que sobrevivir cojeando para vencer otra vez en cinco tiempos por 6-1, 5-7, 3-6, 7-5 y 6-3.
BERTRAND GUAYAFP
Durante más de tres horas, Djokovic ofreció muestras de dolor en la parte anterior de la rodilla derecha, pidió ayudó a los fisioterapeutas en repetidas ocasiones, renunció a devolver varias dejadas, pero finalmente venció. Con uñas y dientes salvó su trono como vigente campeón y, a la vez, el número uno del ranking ATP. Todavía sostiene ese honor ante el empuje de Jannik Sinner.
A veces, veloz; a veces, roto
Los gestos de Djokovic en la pista central, a ratos inmóvil, fueron la mayor denuncia hacia la dirección del torneo, aunque él se extendió en protestas hacia el juez de silla por motivos diversos. "Me habéis fastidiado la rodilla. La tierra no está bien. Estoy resbalando todo el rato. Te digo que tenéis que limpiar los fondos más a menudo", reclamó el serbio a la árbitra, Aurelie Tourte, que le replicó que la arcilla no se podía barrer más. Era el inicio del segundo set.
Hasta entonces Djokovic parecía lanzado hacia una victoria plácida, una jornada tranquila. A partir de entonces, fue un ejercicio de resistencia muy propio, tantas veces visto. Durante mucho rato, parecía una alma en pena. Al final del encuentro volaba por la pista. "Las luces están muy fuertes y todavía es de día", se quejaba también Djokovic a Tourte, que ya no sabía qué contestar.
Djokovic reclama a la juez de silla, este lunes.EMMANUEL DUNANDAFP
A mediados del cuarto set, con un break en contra, Djokovic pasó su peor momento, dominado, derrotado. Cerúndolo llegó a las puertas de la mayor victoria de su carrera, de alcanzar por primera vez los cuartos de final de un Grand Slam, pero entonces dudó. Un par de fallos dieron vida a Djokovic y ya no hubo perdón. El serbio se volvió a convertir en un tenista salvaje, en el mito que es, y se llevó el encuentro sin dudarlo.
Cuando acabó el encuentro, en la habitual ronda de preguntas sobre la pista, Djokovic no quiso hablar de su dolencia, agradeció su ayuda al público de la Philippe Chatrier y se marchó con su enfado. Si los tenistas normalmente permiten tres o cuatro preguntas, él se fue tras la primera. No quería extenderse en su denuncia. Cojeando, con dolores, había sobrevivido a otra odisea de cinco sets y, esta vez sí, esta vez a una hora lógica, podía marcharse a descansar.
LUIS NÚÑEZ-VILLAVEIRÁN
@LNvillaveiran
Actualizado Viernes,
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