Xavi es la punta del iceberg de una crisis profunda y estructural que afecta a las cuatro patas sobre las que se sostiene el Barcelona: economía, reputación, liderazgo y juego. En semejante escenario es posible alcanzar objetivos coyunturales, puntua
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Quien no ha tenido una pareja o un amante que siempre llega tarde, que te desespera en la espera. Cien veces decides irte y cien veces decides quedarte, porque crees que el final de la noche será único. Cuando no acude, lo maldices, pero sabes que volverás al mismo lugar, con la misma excitación, en la siguiente cita. Esa pareja o amante es el Madrid. Lo saben todos los que formaron la larga procesión secular al Bernabéu, esperanzados en una remontada que esta vez no se produjo, porque la cita exigía pasión, claro, pero a las mejores pasiones las acompañan las caricias, y nadie del Madrid se las ofreció a la pelota. El Arsenal lo hizo lo justo, suficiente no sólo para pasar a semifinales de la Champions, también para ganar en el Bernabéu. El Jueves Santo no va a impedir las maldiciones, aunque el fútbol tenga querencia por las estaciones de la Semana Santa: martirio y resurrección. El creyente Ancelotti tiene difícil la segunda. Ha empezado su via crucis. [Narración y estadísticas (1-2)]
El entrenador había hablado, entre medias sonrisas, de la cabeza, el corazón y los cojones. La máxima de las cuatro C la acuñó Seve Ballesteros. Ancelotti se olvidó de citar la primera: la calidad. El Madrid no la encontró en ningún momento, como si esta vuelta de cuartos fuera la metáfora y la hipérbole, ambas a la vez, de la temporada. La sobreexcitación no ayudó. De hecho, el Madrid empezó el partido por el final. Necesitaba tres goles para igualar la eliminatoria, tres goles en 90 minutos, y escogió la montonera. Está bien algo de descontrol, pero si es para descontrolar al contrario en la salida de toriles, en un arranque a fuego. Pasado ese tiempo, es necesario el juego.
El problema no es que el Madrid no lo encontrara en el Bernabéu, es que prácticamente no lo ha hecho en toda la temporada. El choque fue el collage de todos sus problemas estructurales a los que Ancelotti no ha encontrado solución desde la marcha de Kroos. La entrada de Modric, tardía, no sirve de nada porque no es el mismo Modric, y porque el croata no siente ya la jerarquía de antaño. Ceballos pasa por el centro del campo como unos padres por la habitación de un adolescente. Pone las cosas en su sitio, nada más.
Demasiados centros
Esta eliminación, esta derrota y esta impotencia va a pesar sobre la figura del italiano, cuando al via crucis le quedan dos paradas decisivas: la final de Copa y el clásico en Montjuïc, ambas ante el Barcelona, con ventaja en la Liga. Después de haber perdido ya dos este curso ante los azulgrana, el mayor aliado del Madrid es la estadística, porque es difícil perder cuatro. Ese Barça necesitaba un estímulo nuevo en el vestuario la temporada pasada y lo encontró. A Florentino Pérez le corresponde reflexionar acerca de si lo necesita el Madrid, con todo el respeto por el entrenador que más títulos ha ganado en la institución. Difícil análisis.
Ancelotti optó por lo esperado, con Valverde en el centro del campo, aunque ello supusiera dar el lateral a Lucas Vázquez. Pese a sus lagunas defensivas, fue de los más activos en su despliegue ofensivo, aunque una vez en los tres cuartos, el Madrid abusó de los centros, frontales muchos de ellos y fáciles de defender para el Arsenal. Ni un balón comprometido tuvo que sacar Raya de la portería del Arsenal en todo el primer tiempo. Courtois, en cambio, detuvo un 'penaltito' cometido por Asencio, cantado como un gol en el coliseo blanco, a Saka, un Panenka confundido, y otro disparo cruzado de Martinelli tras una contra.
Poco más hicieron los de Arteta, a la espera de que pasaran los minutos frente a la frustración blanca. Es el equipo de la Premier menos goleado, el que mejor defiende. Se siente cómodo en esa situación. La impresión es que mostró menos de lo que tiene, porque no lo necesitó, en el aspecto ofensivo. En una de sus triangulaciones se encontraron Odegaard, Mikel Merino y Saka para elevar sobre Courtois y redimirse del penalti. El efecto psicológico, pasada la hora, lo emborronó el propio Arsenal, con un error de Saliba que ofreció el gol a Vini.
Los futbolistas del Arsenal festejan el 1-2 en el Bernabéu.EFE
Nada cambió, en realidad, porque no había ideas con que cambiarlo, mientras el Arsenal, inteligente, intentaba jugar más tiempo en campo del Madrid, alejarlo de su área y refugiarse en largas posesiones. El control que pretendía Ancelotti, sin conseguirlo pese a dar entrada a Ceballos o Modric, lo tuvo siempre Arteta, un entrenador español de nueva generación que se presenta a lo grande en el mejor escenario posible. Martinelli culminó, a la contra, lo que el juego decía. Sólo se trataba de esperar el momento.
A Arteta le aguarda el PSG de Luis Enrique. El PSG en el que ya no juega Mbappé, que llegaba después de una patada de impotencia ante el Alavés. La impotencia continuó. El francés vino para ganar Champions después de ganar todo el dinero posible. Tendrá que esperar. Se movió por todas partes, pero sin la precisión adecuada, y dejó el campo lesionado. Tampoco acometió escaladas individuales, como intentó Vinicius desde el inicio, pero siempre perdedor frente a Timber, Saliba o Declan Rice, goleador en la ida y pletórico en la vuelta. La cruz que porta Ancelotti es también su cruz.
Las siglas ADN corresponden al ácido desoxirribonucleico, el contenedor de la carga genética que se transmite en el desarrollo de los seres vivos. El elemento fundamental de este ácido son los nucleótidos, las moléculas del interior de las células. En el caso del ADN se trata de la adenina, la guanina, la timina y la citosina. La ciencia no considera a un equipo como a un ser vivo, pero la realidad es que pueden establecerse paralelismos en su de
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Las cortes reales han sido un caladero de conspiraciones e intrigas con dos objetivos: el reparto del poder y la sucesión. El Versalles de Luis XIV o Luis XV, un grand palais de las vanidades, suele ponerse como ejemplo, pero España no ha sido precisamente ajena. Isabel la Católica vivió las conspiraciones contra su hermanastro Enrique IV antes de acceder al trono, se hubo de casar en secreto con Fernando y, desde la tumba, no sólo escuchó los gritos de su hija Juana la Loca, sino que fue testigo post mortem de las tensiones entre su viudo y su yerno Felipe el Hermoso. El Bernabéu no es una corte real. Es una corte del fútbol, rica y en plenitud de su reinado, pero que afronta decisiones capitales para consolidarlo en el futuro, una vez terminado el gran palacio-estadio, como son la viabilidad de la Superliga, dentro o fuera de la UEFA; la definición de la nueva naturaleza jurídica de la entidad, con socios-accionistas, y la sucesión, a largo plazo, de Florentino Pérez. Algunas generan debates; otras, susurros.
La Superliga, el proyecto con el que Florentino desafía al establishment, afronta un momento crucial, con la UEFA reforzada en su alianza con la EFC, nueva organización de los clubes europeos, antigua ECA, donde se dan palmadas todos los enemigos del faraón blanco, desde Aleksander Ceferin a Nasser Al-Khelaifi, con Javier Tebas y Miguel Ángel Gil en un segundo plano. Al decorado se unió la pasada semana Joan Laporta, el único aliado de Florentino en la Superliga, pero con un mensaje claro: «Queremos un acuerdo con UEFA».
Laporta, Ceferin y Al-Khelaifi, en Montjuïc.Emilio MorenattiAP
Encuentros con UEFA
En la corte del Bernabéu no ha sobresaltado su presencia en Roma, atribuida a su necesidad de estar cerca de la UEFA por el alto riesgo de su situación económica e institucional. El Barça se añade, pues, al decorado anti Superliga pero no sale oficialmente de la Superliga. Laporta cuenta más, y es que los primeros pasos para el acuerdo ya se han dado. Se trata de reuniones entre la empresa de la Superliga, A22 Sports Management, y representantes de la UEFA, junto a enviados de Barça y Madrid. Es cierto.
Eso no significa que el acuerdo esté próximo, pero en el entorno de los clubes creen que es inevitable: «O eso o muere la Superliga y queda un peligro para la UEFA». El peligro es la validez jurídica que todos los tribunales han dado al proyecto, especialmente en Europa, a la espera de una sentencia más pendiente en la Audiencia Provincial de Madrid, y que es una amenaza permanente de escisión para el organismo de Ceferin. Mañana podría ser otro Florentino.
Quienes han estado próximos a las reuniones sugieren que el acuerdo podría llegar con un win-win que dejara la gobernanza en manos de la UEFA, como hasta ahora, a cambio de que el organismo aceptara un cambio en el modelo del torneo y, especialmente, de su explotación comercial. Es decir, que asumiera el business plan de A22, con sus inversores y la plataforma por la que se emitiría el torneo en abierto con publicidad y sin ella en el formato premium, de pago. Un YouTube del fútbol. El hecho de que la UEFA y la antigua ECA anunciaran en Roma su estrategia de comercialización para 2027-2033, no implica que el pacto no pueda llegar, como tampoco que Florentino repita en todas partes que la Superliga sigue en marcha al margen de la UEFA.
Anas Laghrari, cerebro en la sombra
Detrás de Florentino aparece la figura de Anas Laghrari, financiero francés, hijo de un constructor marroquí que ya tuvo relaciones con el presidente del Madrid. Laghrari fue clave en operaciones para ACS, en especial la reestructuración de la deuda tras el intento fallido por controlar Iberdrola, y eso le hizo ganarse la confianza de Florentino, que le abrió las puertas del Madrid. Los acuerdos con Providence o Sixth Street tienen su marca. El financiero francés, que pasó de Société Générale a Key Capital, una boutique financiera, no es, hoy, únicamente el ideólogo del proyecto inversor de la Superliga, sino que se ha convertido en una llave para las decisiones estratégicas en el Madrid, con implicación, asimismo, en la búsqueda de capital para los sobrecostes del nuevo Bernabéu.
La operación más importante, por encima de la Superliga, es la transformación de la naturaleza del club para convertir una parte en sociedad mercantil. El socio sería también accionista y, de ese modo, la operatividad de la entidad permitiría una capitalización mayor. La operación es compleja, pues la intención es no perder el control y no exponer al Madrid a OPAS.
Un coste superior a 20.000 euros
Las consultas realizadas a algunos bufetes de referencia, entre ellos uno de los mayores del mundo a nivel global, no acaban de encajar la fórmula. Se han buscado ejemplos, como el de algunos clubes de golf, donde los socios son accionistas, pero aparecen problemas, porque no es lo mismo comprar una acción que convertir el patrimonio en una acción. Por eso se paga. Al repartir una parte del capital social entre los socios-accionistas, éstos tendrían que pagar impuestos por la adquisición, sin intención de vender la acción. En función de los cálculos, el coste fiscal podría superar los 20.000 euros.
Florentino Pérez junto a Martínez-Almeida, alcalde de Madrid.JUANJO MARTINMUNDO
El cambio de naturaleza jurídica es uno de los proyectos clave de Florentino, observado con silenciosa atención por Joan Laporta, más necesitado que el propio Madrid de una transformación similar. De producirse, el arrastre sería imparable. Hasta en sus palancas ha pedido ayuda, Laghrari mediante. Una vez levantado el estadio, la transformación y la Superliga culminarían la obra de Florentino.
A sus 78 años, el dirigente gobierna con mano de hierro el Madrid, sin abrir el debate de su sucesión en el largo plazo, al contrario que en ACS, con Juan Santamaría posicionado, pero de la sucesión se habla en la corte. El único intento que hizo en su primera etapa, con Fernando Martín, fue un desastre. Apoyado en su eficaz primer ejecutivo, José Ángel Sánchez, la figura de Laghrari crece, aunque ninguno parece con la querencia y las condiciones para ser sucesor. La incógnita es qué puede representar más poder en el futuro, si ser presidente institucional o presidente de un futuro consejo de administración. Interrogantes que, hoy, nadie abre públicamente, aunque bajo el temor de que a Florentino le pueda ocurrir como a Luis XV: après moi, le déluge. Después de mí, el diluvio.