La peor noticia no es que el Madrid perdiera la final. El drama es que el club tendrá que seguir con Xabi Alonso. No hay excusa para echarlo. Y siempre se podrá decir que fue cuestión de mala suerte perder la final.
Pero uno cree que Alonso no es entrenador para el equipo de Florentino Pérez. Todos felicitan al vasco por su enjambre defensivo que equivocó a los futbolistas del Barça, que cayeron como moscas en él. Pero el gran Real Madrid no puede jugar como un equipo pobre, miedoso ante un rival que indiscutiblemente tiene peor plantilla. Pero juega con Flick como entrenador.
En el minuto 65 vi al Barcelona fiambre. Ni De Jong ni Pedri podían con las botas. Raphinha, cansado y Lamine Yamal, tan ineficaz como casi siempre, inútil para hacer un gol en su vida.
Ese minuto era decisivo, porque hasta Rodrygo y Vinicius pudieron poner al Madrid por delante en el marcador, pero erraron. En ese momento, sacas a Mbappé, ya que ha jugado al gato y al ratón dantescamente y le metes un susto al Barça y le das lo del cachetero en los toros.
El precario Xabi, que había planteado un partido como ya le hizo al Bayern, cuando era entrenador del Leverkusen, no sacó Mbappé y dio la suerte que una jugada de Raphinha de churro, media manga y mangotero, propició que el Barcelona, con la misma suerte de siempre, se pusiera por delante. Sí, digo la suerte, porque se ha cambiado de bando, el Madrid ya no la tiene. Ya es un poco cenizo.
Sacar a Mbappé a los 78 minutos. ¿Para qué? Sólo propició que al despótico De Jong le expulsaran. Desde hace 20 años, el árbitro pita algo en contra del Barça y los azulgrana se comen al juez. No le tienen miedo. Viven en la impunidad desde hace tantos años.
Curiosamente, tengo apuntadas más jugadas de gol para el Madrid que para el Barcelona. Las dos primeras en el primer tiempo de Vini y Gonzalo, aunque luego el brasileño hiciera una obra maestra.
En el segundo tiempo, de Rodrygo, pero le pegó muy flojo y mientras que al final, el Madrid se tiraba de los pelos y se oía el crujir de dientes, Carreras falló el gol del empate y, más tarde, Asencio, con la cabeza tenía también el 3-3. Un gol a las nubes y se acabó.
Hay misterios todavía por descubrir que acaba de suceder en el Madrid. Primero, el de Mbappé, con ese viaje fantasma o esa disponibilidad. Siempre se pone malo en los grades partidos.
El otro misterio fue el de Arda Güler, que estaba previsto que jugara de inicio y alguien dijo que jugara Gonzalo, no el turco. No hace falta tener mucha imaginación para saber de quién era el dedo del destino. Ya dije que el Madrid tiene una crisis más profunda de lo que se creen la Casa Blanca. Y Xabi Alonso no manda nada.








