El Mallorca se enfrentará a la Real Sociedad en las semifinales de la Copa del Rey, mientras que el Atlético de Madrid se medirá al Athletic de Bilbao, según ha deparado el sorteo celebrado en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.
Los encuentros de ida se disputarán en Palma de Mallorca y Madrid en la semana del 7 de febrero, mientras que los de vuelta se jugarán en San Sebastián y Bilbao la semana del 28 del mismo mes.
La final tendrá lugar el sábado 6 de abril en el estadio de La Cartuja, en Sevilla.
Para alcanzar las semifinales, la Real Sociedad superó al Celta en Vigo (1-2) en cuartos; el Mallorca fulminó al Girona (3-2); el Athletic tumbó al Barça de Xavi en un vibrante duelo de gigantes coperos (4-2); y el Atlético de Madrid se impuso al Sevilla (1-0).
Al Valencia la temporada le pesa ya demasiado, tanto que Mestalla no fue una fiesta ante el Athletic, y no solo por la derrota que le endosó Berenguer con un gol por la escuadra imposible para Mamardashvili. Liberado de la tensión, el desgaste dejó al equipo de Corberán sin ideas y sin reservas para intentar el milagro de verse en la pelea de Europa. Cerrará el año ante el Betis para agarrarse a la mitad de la tabla, una posición para la que fue concebido. El resto fue una pesadilla y un sueño. [Narración y estadísticas: 0-1]
No es fácil jugar un sinfín de partidos a la vez y los valencianistas no supieron hacerlo. Necesitaban una carambola para seguir a la cola de Europa y empezó por mostrarse incapaz de cumplir con la premisa inicial: vencer al Athletic.
Ninguno anduvo relajado, pero tampoco la bajo tensión de deparara un duelo vibrante que activara a la grada. Los leones ya tienen la Champions en el bolsillo y ni siquiera miraban de reojo lo que hacía el Villarreal en Montjuïc. Lo único que les queda en juego es la honra agarrar la cuarta plaza que han tenido casi todo el año . Eso sí, Valverde no alineó a Iñaki Williams de inicio pero sí recuperó el colmillo de Sancet para que arrancara inquietando a Mamardashivili, coreado y emocionado en su último partido como valencianista antes de marcharse a Liverpool.
La respuesta fue un tiro cruzado de Rioja que salvó Unai Simón y, de ese saque de esquina en jugada ensayada, casi saca oro Tárrega. El Valencia intentaba manejar el juego, con tantas imprecisiones que permitía al Athletic dejar que se asentara con comodidad. No había quien quebrara la igualdad porque los duelos estaban equilibrado. Gayà frenaba a Berenguer y le obligaba a vigilancias y Barrenechea, vigilado desde la grada por Unai Emery, recuperaba con un ojo en Sancet y otro en la pelea con Beñat Prados.
A partir de los 20 minutos, los leones empezaron a enseñar las garras. Lo hizo Guruceta con un taconazo a un centro de Lekue que a punto estuvo de sorprender al meta georgiano. Lo mismo le ocurrió a Unai Simón, esforzado en frenar a un Diego López endiablado a la contra. Dos ocasiones creó el Athletic antes del descanso, un remate alto de Sancet, muy forzado, un falta desde la frontal que estrelló en la barrera. Sin embargo, la parada de la tarde fue la de Unai en una mano al testarazo a bocajarro de Diakhaby a remate de córner.
El descanso no cambió el partido. Las escaramuzas seguían apareciendo... y los errores. Si entre Rioja y Sadiq forzaron a Yuri a evitar que el nigeriano fusilara a Simón, Mamardashvili salvó un derechazo de Guruceta, cómodo, desde la frontal.
Berenguer celebra el gol marcado a Mamardashvili.EFE
No había chispa en el duelo y los técnicos miraron a los banquillos. Aunque Sadiq andaba muy impreciso, Corberán prefirió sacar del campo a Diego López buscando el control de Iván Jaime. Valverde buscó su revolución con Unai Gómez e Iñaki Williams. Parecía que nada iba a cambiar cuando apareció Berenguer, cambiado de banda y, desde la izquierda fue perfilándose hasta llegar a la frontal para soltar un derechazo a la escuadra imposible de Mamardashvili. El Athletic ya había encontrado premio para enfado de Mestalla. Por momentos se olvidó el estadio de lo mucho que se había sufrido y reclamó algo más a sus jugadores. Y es que Unai Gómez obligó de nuevo al portero valencianista en un remate a centro de Iñaki.
El final del partido lo que desató fue la nostalgia. El golpe de realidad de que el Valencia perderá a su mejor portero en los últimos años, un guardameta que ha sumado muchos puntos, y también a uno de sus capitanes. Jaume Domenech acaba su etapa en el Valencia con el recuerdo de su figura subido al larguero de la portería del Villamarín tras ganar la Copa del Rey en 2019. La plantilla le manteó y Mestalla le ovacionó.
El primer partido oficial del Barça en el Spotify Camp Nou, por mucho que el estadio esté aún lejos de ver el final de las obras y que uno de los goles, por ahora, permanezca cerrado al público, cómo no, despertó una expectación enorme. A pesar de que el precio de las entradas, 199 euros la más barata, provocó todo un aluvión de críticas entre los seguidores barcelonistas, ávidos de volver a pisar el recinto. Dos horas antes de que empezara el partido ante el Athletic, los alrededores eran ya todo un hervidero de gente.
Muchos aficionados optaron por esperar pacientemente, sentados en el suelo. Como en los grandes conciertos. Solo que, esta vez, pernoctó a la intemperie para asegurarse el mejor sitio. Entre ellos, por supuesto, muchos turistas. Visitantes de paso a los que no les importó tener que rascarse el bolsillo más de lo que muchos considerarían prudente para asistir a un evento único. Por eso, quizás, el camino hacia los accesos parecía un poco como pasear por las Ramblas. Incluso, con algunos lateros que buscaban hacer su agosto particular mientras repetían la cantinela etílica que ha acabado hasta por formar parte de la letra de una canción de Las Ruinas.
Dentro del estadio, es fácil observar cómo la tercera gradería, la parte de nueva creación tras verse el club obligado a mantener la estructura original, va tomando cada vez más forma. A principios de noviembre, unos testimoniales bloques de cemento marcaban dónde estará situada. Un par de semanas después, se les han sumando unos cuantos más. Allí es donde se inscribirá una de las frases que caracterizaba al antiguo estadio y que forma parte de la idiosincrasia azulgrana: Més que un club. La falta de cubierta, algo que se prolongará aún en el tiempo, hizo que más de uno cruzara los dedos para que las nubes que vestían tímidamente el cielo no aguaran un poco la fiesta. Los hados, esta vez, sonrieron a la grada. Otras veces, tal vez, no habrá tanta suerte.
Abuelos, padres e hijos
El ambiente festivo con el que se iba a vivir el partido entre el Barça y el Athletic se acentuó en los prolegómenos. Algunos aficionados estrenaron el campo representados por tres generaciones de su familia: abuelos, padres e hijos. Con un aforo máximo actual de 45.401 espectadores, el aspecto de las zonas que pueden albergar público, con el gol norte pendiente de recibir el visto bueno correspondiente, pese a no ser un lleno total, no desmereció el momento. La fiesta, además, debía completarse con un par de actuaciones musicales, a cargo de Figa Flawas tras el calentamiento y de The Tyets en el descanso. El himno fue también un momento emotivo: los encargados de interpretarlo, los miembros del Cor Jove del Orfeó Català, estuvieron acompañados por una pirotecnia que habría sido mucho más vistosa sin luz solar de por medio.
Los exteriores del Camp Nou.JOSEP LAGOAFP
El saque de honor, guardado en secreto con celo extremo por el club, estuvo pensado para tocar la fibra sensible de los más de 140.000 socios que forman la masa social del club, a todas luces sus auténticos propietarios. En lugar de optar por algún artista de fama internacional o por ex futbolistas de paso estelar por el conjunto azulgrana, como se había especulado en los últimos días, se optó por dos de los socios con mayor antigüedad en el club, Juan Canela Salamero y Jordi Penas Iberri, quienes estuvieron también presentes en la inauguración del Spotify Camp Nou original, el 24 de septiembre de 1957. Hace ya 68 años.