Nico Paz celebra su gol al Napolés.OSCAR DEL POZOAFP
El gol de Nico Paz en la pírrica victoria del Real Madrid ante un desordenado y obtuso Nápoles, salvó los desprecios de Ancelotti. El caduco técnico italiano sólo cuando se ve con la soga del ahorcado utiliza a una cantera blanca que está repleta de
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Es un deporte cruel el fútbol y a veces se ceba con quien hace del juego ofensivo una sinfonía casi perfecta. El PSG remató 28 veces y botó 14 saques de esquina frente al Liverpool antes de caer fulminado por un disparo de Harvey Elliott. Resultaría superfluo juzgar la justicia o los merecimientos. Aún más absurdo reducir una actuación memorable a la demoledora lógica del gol. Pero el acierto, al fin y al cabo, es lo que único que cuenta. [Narración y estadísticas (0-1)]
Al Liverpool le bastó un balón colgado hacia la cabeza de Darwin Núñez y un zurdazo de Elliott en el minuto 87 para consolidar su fama de superviviente. También para destrozar los sueños del PSG, que no pudo acumular más méritos para acudir a Anfield en ventaja. Grande o pequeña. Como su fútbol o como su puntería.
Poco más se puede reprochar a Luis Enrique, con un 4-3-3 con tres fabulosos mosqueteros: Khvicha Kvaratskhelia, Bradley Barcola y Ousmane Dembélé. Desde el arranque, el ex barcelonista iba a mostrarse imparable. Desde el perfil derecho o acelerando por el centro. Pasado el cuarto de hora ya forzó un saque de esquina, que él mismo botaría para gestar un golazo de Kvaratskhelia. Claro que merecía el 1-0 el PSG, pero desde el VAR descubrieron un pie adelantado del georgiano.
Precisión, velocidad, fantasía
Con semejante torrente, bastante hacía el Liverpool con sujetarse los machos en torno a Alisson Becker. Y en depositar su fe en Davide Massa, el árbitro italiano que hizo oídos sordos a las reclamaciones por un penalti sobre Kvaratskhelia y por un empujón de Ibrahima Konaté sobre Barcola que bien pudo juzgarse como tarjeta roja. Cuando se cumplía la media hora, llegó otra triple ocasión local, resuelta entre Alisson, decisivo ante Dembélé y dos malas decisiones de Barcola.
Si algún osado quisiera incluir el fútbol entre las bellas artes, bien podría tomar nota de ese primer tiempo del PSG. Un festival de precisión, velocidad, ambición y fantasía. No fue fútbol moderno, sino fútbol eterno. Empujaban los hombres de Luis Enrique en busca de su sexta victoria consecutiva en la Champions, un hito inalcanzable para ellos desde 1995. Pero si sus cinco triunfos previos se saldaron con 21 goles, el Liverpool alcanzó el descanso con el 0-0. Las dos últimas ocasiones de Kvaratskhelia las taponó Alisson gracias a su soberana categoría.
Los reds no sabían por dónde empezar para contener sus vías de agua. Su inferioridad en el centro del campo se acentuaba por culpa de Achraf Akimi, que abandonaba el lateral para escoltar a Vitinha y Fabián Ruiz. El portugués dictaba el tempo y el español sacaba la zurda como el solista su violín. En caso de pérdida, que alguna había, la línea de presión, perfectamente sincronizada, actuaba de inmediato para borrar al adversario.
Alisson busca el contragolpe con un saque rápido en París.AFP
No hubo rastro de Mo Salah, el delantero directamente implicado en 52 goles tras 39 partidos. Nuno Mendes no le dio opción. Luis Díaz y Diogo Jota correteaban hacia atrás, presas del pánico. Arne Slot, comandante de un barco a la deriva, sólo podía confiar en un último recurso: el cansancio del rival. Y la segunda parte le dio toda la razón.
Claro que el PSG siguió disparando con peligro, gracias a Kvaratskhelia y a un intento de córner olímpico de Dembélé salvado bajo palos por Dominik Szoboszlai. Sin embargo, la orquesta parisina ya dejaba alguna nota fuera del compás. No empujaba con la misma energía, ni se protegía con tanto orden.
Luis Enrique, más consciente que nadie, retiró a Barcola para dar paso a Désiré Doué, un chico de 19 años que obligó a Alisson a otro esfuerzo descomunal. Corría el minuto 83 y Dembélé aún probó al guardameta brasileño con su intento postrero, a mitad de camino entre el centro y el remate. No había medias tintas que valiesen. Bien lo sabían Núñez y Elliott.
Vinicius salió del estadio Da Luz en silencio después de vivir otro episodio racista que acabó eclipsando la belleza de su gol al Benfica que pone franca la continuidad en la Champions para el Real Madrid. "Nada de lo ocurrido hoy es nuevo en mi vida y la de mi familia", confesaba el brasileño en redes sociales. Son más de una decena las denuncias acumuladas por llamarle "mono" en un estadio, pero siempre desde la grada, nunca otro compañero en el césped, como el brasileño -y Mbappé- denunciaron que había hecho Prestianni.
En este caso, no hay imágenes ni sonido, no hay carga de prueba que permita certificar sin dudas que hubo insulto racista grave y, aunque el colegiado francés Letexier le creyó y aplicó el protocolo, será la UEFA la que determine si hay o no sanción al jugador argentino. En LaLiga hay precedentes de denuncias similares que nunca tuvieron castigo.
En la memoria queda aquella noche del 21 de mayo de 2023 en Mestalla, cuando señaló a tres aficionados en la grada por insultos y gestos, paró el partido y amagó con irse del campo. No lo llegó a hacer el Madrid, pero aquel gesto dio la vuelta al mundo, adquiriendo una magnitud que sobrepasó a la real. LaLiga denunció a los tres seguidores, expulsados de por vida por el Valencia del estadio, y fueron condenados a ocho meses de cárcel de prisión por insultos racistas.
Mbappé sale en defensa de Vinicius por los insultos racistas: "Le ha llamado mono 5 veces"
Aquella fue la gota que colmó un vaso que iba llenándose desde octubre de 2021. En el Camp Nou, otro seguidor, a quien no se pudo identificar, le llamó "mono", y la Fiscalía acabó archivando. Lo mismo que ocurrió en mayo de 2022 en Son Moix. En diciembre, en Valladolid y bajo la presidencia de Ronaldo, le gritaron "negro de mierda" cinco aficionados, que fueron juzgados y condenados a un año de prisión por un delito de odio.
Apenas un mes después, en la previa del derbi contra el Atlético de enero de 2023, apareció colgado un muñeco que simulaba al internacional. Sus autores fueron identificados y condenados entre siete y 15 meses de prisión por delito de odio, y otros siete más por amenazas. En febrero fue en Son Moix, con otra denuncia y una nueva declaración judicial del futbolista, y en marzo en Pamplona y en el campo del Betis.
Pese al revuelo de Mestalla, poco cambió. En octubre volvieron a hacerle gestos de mono en el Sánchez Pizjuán y en marzo, antes del amistoso entre España y Brasil, Vinicius se rompió ante la prensa por el peso que ser foco de la ira racista. Ha aprendido a convivir con eso, pero en Lisboa volvió a estallar.
El futbolista señaló a Prestianni, sin querer generalizar a una grada que le pitó durante el resto del partido, incluso lo mandó "al carajo" con sus cánticos y protagonizó lanzamiento de objetos. Sin embargo, este episodio racista lo consideran, desde el entorno del Real Madrid, fruto de un "jugador maleducado, nada comparable a cánticos de un estadio". Por eso el club, y Vinicius, lo dejan todo en manos de la UEFA.
Principio de satisfacción
Qué pasará con el jugador argentino es algo que tendrá que determinar el máximo organismo del fútbol europeo. No hay imágenes, no hay audios, Letexier no escuchó y solo activó el protocolo antirracismo porque Vinicius se lo pidió. Ni siquiera el Real Madrid se fue del campo. "A Vini le pregunté si quería seguir. Estamos a su lado, siempre. No se puede tolerar. El árbitro me dijo que no había oído nada. Habríamos hecho lo que dijera Vini", aseguró Arbeloa. Mbappé, que dice que sí oyó el insulto, no supo explicar por qué no se fueron del campo, pero pidió contundencia.
¿Puedes escapar el argentino a una sanción? Si la jugada hubiera ocurrido en LaLiga, hay un precedente que indica que sí. El 4 de abril de 2021, el Valencia se retiró durante unos minutos del estadio del Cádiz porque el central Mouctar Diakhaby denunció que Juan Cala le había llamado "negro de mierda". El francés no pudo seguir en el campo y su equipo tuvo que volver a competir bajo la amenaza de que le dieran el partido por perdido.
La competición no encontró pruebas, ninguna imagen, que permitiera corroborar lo ocurrido y no hubo sanción. No se creyó a Diakhaby, lo que llevó al central a apartarse de toda la campaña de tolerancia cero que organizó LaLiga tras el episodio de Vinicius en Mestalla.
¿Puede la UEFA hacer lo mismo? Puede, pero tiene un arma más: el principio de satisfacción razonable, que permite que el Comité de Control, Ética y Disciplina pueda considerar un hecho como probado cuando está razonablemente convencido de que ocurrió, basándose incluso en testimonios, y se ha aplicado en casos de cánticos racistas, uso de bengalas o disturbios. Ahora, como recordó Mbappé, "la UEFA, que hace mucho contra el racismo, ahora tiene un caso grave".
Nápoles - Real Madrid (2-3)
ABRAHAM P. ROMERO
Enviado especial
@AbrahamRomero_
Nápoles
Actualizado Martes,
3
octubre
2023
-
23:06Ver 10 comentariosUn error de Kepa provocó...