Mauricio Pochettino es el nuevo entrenador de Chelsea. Así lo ha confirmado el club inglés a través de un comunicado publicado en sus redes sociales. El argentino firma contrato hasta 2025, con opción a una temporada más. Con esta incorporación, el equipo pretende comenzar un nuevo proyecto tras el fracaso de esta campaña, en la que el equipo se ha quedado fuera de los puestos europeos y por la que han pasado cuatro técnicos: Thomas Tuchel, Graham Potter, Bruno Saltor y Frank Lampard .
En el escrito, el Chelsea le ha dado la bienvenida al nuevo entrenador y ha asegurado que lo que ha hecho que se fijen en él es “la experiencia, los estándares de excelencia, las cualidades de liderazgo y el carácter”. El también ha afirmado que el argentino es “un entrenador ganador, que ha trabajado en los niveles más altos, en múltiples ligas e idiomas. Su espíritu, enfoque táctico y compromiso con el desarrollo lo convirtieron en el candidato excepcional”.
Experiencia como técnico
A sus 51 años, Pochettino ya ha estado al frente de varios clubes en diferentes ligas. En la Premier ha entrenado al Southampton y al Tottenham; en LaLiga Santander ha liderado al Espanyol; y en la Ligue 1 ha ocupado el banquillo del Paris Sanit-Germain.
Volvía Jesús Rodríguez (Alcalá de Guadaira, 2005) de una pérdida absurda medio enfadado en el partidillo con el que el Betis terminaba su entrenamiento cuando Fernando, ex futbolista bético y segundo de Manuel Pellegrini, le decía: "Encara, encara". El siguiente balón que tocó fue una preciosa pared con Ricardo Rodríguez que, por centímetros, no terminó en gol. En los siguientes diez minutos de miniencuentro, el niño al que no le gustaba el fútbol se fue tres veces de su marcador y metió un gol tras una maravillosa asistencia de Isco.
"Lo que no me salía era jugar a fútbol en el campo, pero sí me gustaba hacerlo en la plazoleta con mis amigos", admite la futura estrella bética con media sonrisa en conversación con EL MUNDO. Hasta que un día, le pidió a su padre camino del médico que le llevara al campo de fútbol y en Alcalá de Guadaira comenzó a formarse una estrella que no supo ver el Sevilla, club en el que estuvo en su cantera, pero sí reconoció el Betis y dio vuelo Pellegrini un día en Copa del Rey ante el Gévora. "Me dijo que jugara como en el filial, que encarase y que cuando llegase al final tomase buenas decisiones, pero si te digo la verdad si me dijo algo más mis oídos no escuchaban, estaba deseando salir y jugar", recuerda el joven delantero.
En apenas 28 minutos, el chaval dio una asistencia y dejó tal imagen a Pellegrini que, tras la lesión de Lo Celso y aún sin Antony en el plantel, le comenzó a dar la alternativa también en Liga. "En la vida me imaginaba la temporada que he tenido", apunta un jugador que admite comenzar a volver a su nivel tras un pequeño bajón. "Los futbolistas tienen momentos, sí que es verdad que un momento estás arriba, otro día estás menos animado, pero yo trabajo día a día para recuperar mi mejor nivel".
Ese momento preocupó a su padre, gran valedor y apoyo del gran proyecto de futbolista. "Es mi gran motivación, cuando tengo libre, en el campo que tengo yo al lado de mi casa, pues nos vamos a entrenar, es como mi entrenador cuando no tengo que entrenar", valora el joven. El otro, apoyo, es la religión. Jesús siempre reza antes de cada partido y se acuerda de su familia al hacerlo.
¿Qué le aporta la religión?
Fe. Al fin y al cabo es muy importante creer en tus cualidades, en tu potencial, aunque vengan momentos malos y menos buenos, nunca dejar de creer en ti y seguir siempre el camino firme.
El futbolista en un momento de la charla.Araba Press
El camino de Jesús le ha llevado a sus 19 años y tras sólo una temporada en el primer equipo a la final de la Conference League donde se enfrentarán al todopoderoso Chelsea por el primer título europeo en los 118 años de historia del Real Betis. "Los veteranos imagino que estarán más tranquilos, yo la verdad que un poco nervioso sí que estoy porque nunca he jugado una final europea", revela el joven. Quien no ha jugado una sino varias y de Champions es otro 'joven' que llegó al Betis el año pasado. "Yo siempre le tiro desmarques a Isco porque sé que me puede encontrar, es increíble entrenar con él, aprendes un montón".
Yamal como inspiración
Dentro del nivel que tiene ya un jugador que ha sido convocado con la sub-21 y lleva 42 partidos con el Betis, Jesús sigue siendo un chico de 19 años, que disfruta con la Play, yéndose a la playa o a una casa con piscina con sus amigos de Alcalá de Guadaira y, aunque parezca mentira en los tiempos que corren, no tan pendiente de redes sociales como otros de su generación. "Cuando debuté en Primera me dijeron que tenía que hacer más publicaciones, pero soy más de mirar que de subir cosas mías", explica y niega con cierto rubor el ponerse a bailar en TikTok como hace, por ejemplo, Lamine Yamal, a quien admira muchísimo. "Es increíblemente bueno, hace cosas que son inhumanas para su edad, bueno, y para cualquier edad. Yo me pongo muchos vídeos de él, porque es admirable, con la edad que tiene y lo que hace, yo también lo intento y aprendo de él", apunta.
"Es increíblemente bueno, hace cosas que son inhumanas para su edad, bueno, y para cualquier edad"
Rodríguez sobre Lamine Yamal
Quizás el nombre de Jesús no resuene tanto como el de Yamal, pero hay compañeros suyos, que comparten su posición, que ya saben cómo se las gasta. Él a ellos les pide las camisetas, como hizo con el txuri- urdin, Take Kubo, y ellos le regalan halagos como el que le dijo el japonés: "Si sigues así, vas a llegar muy lejos". Contento y confiado en su trabajo sólo le pide salud a la vida y justicia al fútbol. El resto corre de su cuenta. "Por el trabajo que le pongo, solo pido al fútbol que sea justo conmigo", concluye el bético que está a las puertas de la historia junto a su Betis.
Borja Bastón (Madrid, 1992) compartió generación con Carvajal, Isco, Morata o Deulofeu. Ganaron el Europeo sub'19 de 2011 y a partir de ahí el destino del fútbol les fue colocando en diferentes lugares. Ahora, en 2024, el balón enfrenta a Bastón, canterano del Atlético y delantero del Pachuca, con el Real Madrid en la final de la Copa Intercontinental tras 12 equipos y tres años intentando ascender a Primera con el Oviedo.
Después de tres temporadas en el Oviedo, ¿cómo le llega la oportunidad del Pachuca?
Pues el dueño del Pachuca es el mismo que el del Oviedo. Tras mi primer año en el Oviedo (marcó 22 goles), tenía varias ofertas, el Grupo Pachuca compró el club y me hicieron un contrato largo con base en Pachuca y con una cesión en el Oviedo para intentar ascender. Pasaron dos años, no se consiguió el ascenso y me fui a México.
¿Qué tal el cambio?
Bien, aunque al principio las condiciones fueron complicadas. Acabé la temporada con el Oviedo el 24 de junio y el 28 tenía que estar con Pachuca para la pretemporada. No tuve ni dos días de descanso después de un año que mentalmente había sido muy duro por el desgaste. La liga empezaba al momento, no conocía a los compañeros y me tuve que adaptar muy rápido. Es un fútbol diferente, unas costumbres diferentes y no ha sido fácil. No estoy jugando todo lo que yo quisiera, pero todo tiene un proceso. El campeonato que hemos hecho no ha sido bueno, pero tengo ganas.
Y les llega el premio de la Intercontinental.
Teníamos muchas ganas de este torneo. Ganar al campeón de la Libertadores, ganar al campeón de África y ahora enfrentarte al ganador de la Champions, y que encima sea el Madrid, uno de los mejores de la historia... Algunos nos hemos podido enfrentar a ellos alguna vez, pero para muchos es un sueño medirse al Madrid.
En Europa a la Intercontinental no se le da demasiado bombo. En América es diferente, ¿no?
Para ellos es la final del mundo. El torneo más grande a nivel de clubes. En Europa no se le da tanta importancia, también porque el ganador de la Champions va directo a la final y eso le quita todo lo que hemos vivido estos días, los partidos que hemos ganado, las alegrías...
¿Es muy diferente la presión en España que en América?
Creo que depende. Hay clubes en México con mucha masa social y con una presión enorme. Pachuca es un club grande, ganador, aunque a lo mejor no tiene esa masa social como otros en el que el día a día es más duro.
Se miden al Madrid. Usted coincidió con Carvajal en las inferiores de la selección, con Nacho, con Courtois en el Atlético...
Dani y yo somos de la misma generación y nos hemos enfrentado desde pequeños en la cantera, en los derbis, hemos compartido selección madrileña, española... Nos tenemos cariño, aunque no tenemos una relación de hablar todos los días. Con Courtois estuve dos pretemporadas, él era súper joven, casi no hablaba español al inicio, y luego en Inglaterra, cuando él jugaba en el Chelsea y yo en el Swansea, nos enfrentamos, pero también sin contacto día a día.
¿Ser canterano del Atlético le da un impulso más al partido de esta noche?
Bueno, el partido en sí ya es especial, pero claro, yo desde pequeñito he sido del Atlético y esa rivalidad la llevas dentro.
Cuando se da un cambio de equipo como el de Courtois, ¿los futbolistas que son de ese club lo viven tanto como el aficionado o no?
Depende un poco. Cuando 'Tibu' vino al Atlético era un cedido del Chelsea. Hizo dos temporadas espectaculares, pero no tenía ese arraigo que se tiene desde la cantera. Es diferente. Lo hizo lo mejor posible en el Atlético, volvió a su club y luego le surgió la oportunidad del Madrid, donde está demostrando la clase de portero que es.
¿Cómo ha llevado usted tanto movimiento en su carrera? Suma trece equipos.
Bueno, cuando perteneces a un club grande como el Atlético tienes a grandes delanteros delante. Yo sufrí una lesión, no tenía continuidad y me tocó salir cedido. Cada año iba a un destino intentando hacer bien las cosas para quedarme en el Atlético y al final, el año del Eibar, no me pude quedar y salí vendido al Swansea. Y allí lo mismo, me fui a una liga diferente, no tuve la continuidad que esperaba y volví a España. He ido enlazando situaciones en las que he tenido que buscar equipo. En Oviedo he encontrado una estabilidad de tres años que era lo que buscaba, y ahora a ver lo que depara el futuro.
«Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien». El madridismo que ama a José Mourinho, y que empieza por su presidente, lo hace por lo que dejó escrito Fernando Pessoa: ama lo que Mou significó en una etapa crítica. Un tiempo que fue de los aplausos en el Bernabéu a Ronaldinho por parte de un señor con bigote a ver el propio estadio arrasado por el paso de un Atila con zapatillas de ballet. Era Pep Guardiola. Mourinho también lo padeció, pero acabó por llevar a la implosión a su antónimo hasta derrotarlo, hecho que inflamó el orgullo de buena parte del madridismo, aunque fuera a costa de minar el campo con la irreverencia y la ira. El portugués se marchó, desgastado por su propia cruzada, pero la ira se quedó entre nosotros. La nostalgia no siempre es por amor.
La saudade, la nostalgia, es un sentimiento muy portugués. Está presente en los personajes de Pessoa como en los de Eça de Queiros u otros grandes escritores lusos, aunque Mourinho tenga poco que ver con el introspectivo Bernardo Soares, protagonista del Libro del desasosiego. Mou es The Special One, el mejor actor del fútbol, aunque ya sólo un gran entrenador en su invierno.
La nostalgia por el pasado de blanco es mayor por parte de una legión de fieles madridistas que por el propio técnico, cuya saudade es únicamente de sus tiempos de gloria. La realidad es que no los vivió en el Bernabéu, y no sólo por los títulos. También por el feeling. Mou se sintió en su salsa en la Premier, porque en Inglaterra era el personaje de una comedia. Aquí lo convertimos en el personaje de una tragedia, algo muy español. El error fue nuestro.
La superioridad moral del Barça
La era de Mourinho en el Madrid no fue únicamente la de los insultos o el juego extremo y duro. También la de la rebelión frente a un Barça que, además de dominar en el campo, se había situado en una posición moral de superioridad. Era el marketing de los valors. El caso Negreira y los audios de Piqué con Rubiales para repartir el oro de Arabia demostrarían que quienes predican desde atalayas morales suelen tener los pies en las cloacas.
El reencuentro del Madrid con Mou, el miércoles en Lisboa, evoca, pues, esa nostalgia en un tiempo que se asemeja en algunos aspectos al momento en el que llegó el portugués al banquillo del Bernabéu. La crisis deportiva y el dominio del Barcelona durante la temporada pasada invocan la necesidad de invertir la tendencia, aunque para ello haya que «poner una bomba». Es lo que dijo Mou en privado ante la superioridad, entonces, de los azulgrana. La puso. Los resultados fueron evidentes, al destruir al rival, aunque sin conseguir todos los objetivos esperados. Los efectos colaterales, con deterioro de la imagen del club y división, también.
El Madrid ha escogido para salir de su crisis actual a un mourinhito, después de destituir a otro de los entrenadores que, como futbolista, más conexión tuvo con el portugués. Sin embargo, como dijo Arbeloa en la más atinada de sus declaraciones, si intentara imitar a Mou, fracasaría. En lo suyo es único, el «puto amo».
Mourinho, durante un partido del Benfica.ALESSANDRO DI MARCOEFE
Veremos a ese Mourinho antes, durante y después del partido de Champions, porque el personaje necesita más que nunca de sus artes, dado el desequilibrio que existe, hoy, entre el Benfica y el Madrid, por irregular que esté el conjunto blanco. La primera indirecta la dejó al expresar su sorpresa por el hecho de que entrenadores sin experiencia accedieran al banquillo de grandes clubes. Arbeloa no respondió. Acertó.
Asesor en la distancia
«No cuenten conmigo para telenovelas», manifestó el portugués cuando le preguntaron si estaba entre las soluciones para el Madrid, después de la destitución de Xabi Alonso. La realidad es que no ha estado en el debate de las alternativas, aunque jamás haya dejado de ser como un sueño húmedo para Florentino Pérez, en especial en noches de tormenta. El contacto entre ambos ha permanecido, en ocasiones hasta como un asesor en la distancia.
Florentino encontró el éxito después de Mou. De hecho, el mayor de su era, con las tres Champions de Ancelotti, en dos etapas, y las tres de Zidane, dos apuestas suyas y dos personajes de su cabecera. Pero ni el francés ni el italiano hicieron seguidismo de su línea argumental en las guerras del presidente y el club. Tampoco en el maniqueísmo y la división. La que aparecía entre madridistas y «pseudomadridistas» fue acuñada por Mou.
Al portugués le ha ido peor desde que dejó el Madrid. Lo mejor de su carrera, las Champions con Oporto e Inter, fueron anteriores. Volvió a ganar la Premier con el Chelsea, un club con una afición a fuego, donde su estilo encajaba a la perfección, pero no alcanzó la gloria en uno de sus destinos más esperados, Old Trafford, y tampoco encontró el momento para ocupar el banquillo de Portugal. La Eurocopa conquistada en 2016 habría sido uno de sus grandes hits. En cambio, la conquistó alguien que no se parece en nada a Mou. Fernando Santos se había escapado, realmente, de un libro de Pessoa.
Arbeloa, entrenador del Madrid.J.J.GuillénEFE
El Benfica es su último destino, por el momento, pero no un destino más, porque Mou es benfiquista de corazón. Se trata del club de sus orígenes, en el que se formó. El entrenador, que hoy cumple 63 años, fue la baza electoral del actual presidente del Benfica, el ex jugador Rui Costa. Una gran figura para el banquillo del club que más estado de opinión crea en el país. Los resultados no han llegado, lejos del Oporto, líder. Las lesiones han minado a un Benfica en el que Mou hizo voto de prudencia al llegar, pero nadie puede ir contra su naturaleza.
Eso es lo que dijo Arbeloa con respecto a sus futbolistas tras la victoria en La Cerámica, un test de calidad que salvó el técnico. La declaración tiene una parte de sensatez y otra de capitulación para un entrenador que quiera desarrollar su obra. Como si el Madrid fuera El libro de la selva, aunque Vinicius no se parezca en nada a Mowgli ni en esa selva resuene, hoy, un grito como el de Mou, para lo bueno y para lo malo.