El 19 de abril de 2021, Real Madrid, Barcelona, Atlético, Milan, Arsenal, Chelsea, Inter, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United y Tottenham anunciaron la creación de una nueva competición de clubes en Europa: la Superliga. Una alternativa a la Liga de Campeones liderada por el conjunto blanco y en la que su máximo mandatario, Florentino Pérez, aparecía como primer presidente. Casi cinco años después (58 meses), ese proyecto que empezó con 12 clubes se ha diluido hasta la soledad del Madrid, abandonado mediáticamente por los ingleses en las primeras horas de la guerra con UEFA, por la Juventus más adelante y por el Barcelona esta misma semana. En su batalla judicial contra el organismo de Alexander Ceferin, Florentino y el Madrid encontraron este miércoles una paz que, en plena vorágine bélica, suena en parte a rendición.
Una bandera blanca judicial y mediática conseguida tras ir perdiendo aliados y tras nueve meses de conversaciones, presiones y amenazas, en la que los blancos han decidido poner en pausa su reclamación de 4.000 millones de euros por daños y prejuicios y que está condicionada a que «se implemente un acuerdo definitivo», según el comunicado a tres bandas emitido ayer por el Madrid, la UEFA y la Asociación de Clubes (EFC). Un texto, unos últimos meses y un futuro acuerdo que hay que analizar al detalle.
En la comida de Navidad con los medios de comunicación, celebrada el pasado diciembre en Valdebebas, Florentino aseguraba que «no vamos a renunciar a los cuantiosos daños y prejuicios que nos debe la UEFA por la Superliga. Vamos a reclamar». ¿Qué ha cambiado?
Mesa de negociación
En el momento de ese discurso, en el que seguía manteniendo las armas en alto, el presidente del Madrid ya se sentaba en una negociación a tres bandas con Ceferin y Al-Khelaifi para tratar de llegar a un punto de encuentro en este lustro de trincheras. Incluso el Madrid felicitó al PSG y a su presidente por la Copa Intercontinental conquistada por los franceses a final de año. Mensajes que ahora cobran especial sentido.
Esa mesa de negociación, en la que no ha estado presente Joan Laporta ni ningún representante del Barcelona, ha sido el punto de inflexión para lograr una paz que hace tres meses parecía imposible. Y es que durante todo 2025, representantes del Madrid, de la Superliga y de la UEFA se reunieron sin éxito en ocho ocasiones en mitad de las sentencias judiciales. Anas Laghrari, hombre de confianza de Florentino, y José Ángel Sánchez, director general del club, fueron las voces del Madrid, mientras que Teodoro Teodoridis, secretario general de la UEFA, representó al ente de Ceferin y Bernd Reichard, como CEO, a A22. No hubo acuerdo.
Mientras, los juzgados daban la razón a los intereses del Madrid, aunque el club seguía mediáticamente solo en esa batalla. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y la Audiencia Provincial de Madrid publicaron sentencias que confirmaban el «abuso de posición dominante» de la UEFA al no permitir la creación de nuevas competiciones. Dos sentencias que abrían la posibilidad a una demanda multimillonaria. Ya no se hablaba de la Superliga, sino de dinero.
Así que el 21 de noviembre, A22 inició los trámites para las demandas por daños y prejuicios, que podrían alcanzar los 4.000 millones de euros. En mitad de dicha mediación, los representantes en la mesa de negociación cambiaron. Ya no eran segundos espadas y sí los máximos responsables: Florentino, Ceferin y Al-Khelaifi. A la UEFA no le compensaba ni una posible multa ni una guerra constante contra el Madrid, y los blancos, asumido ya que su nueva competición no se iba a crear, no podían estar constantemente aislados y en pelea con la mayoría de las instituciones.
“Un acuerdo de principios”
Así se ha llegado a ese «acuerdo de principios», como se dice en el comunicado, una extraña definición usada y anunciada para que el Madrid ponga en pausa la reclamación millonaria y detenga las trincheras mientras sigue la mesa de negociación. «Hasta que lleguemos a ese acuerdo, no se renuncia a nada. Todo está condicionado a ese futuro acuerdo», admiten en el Bernabéu, aunque de puertas para fuera la imagen es otra.
Fuentes consultadas por este periódico en la UEFA, en el conjunto blanco y en A22 admiten que ahora se abre «una nueva ventana de diálogo». Una nueva mesa de negociación, pero dentro de la burbuja de la UEFA y no en la trinchera. Ahí, y ya sin la pretensión de crear una competición pero con la multa en el horizonte, desde Chamartín quieren que UEFA sea «mucho más dura» en el Fair Play Financiero, que «mejore» el actual formato y que la competición se emita a través de una plataforma de streaming accesible para todo el mundo, gratuita o a bajo precio, como la usada en el Mundial de clubes. Lo mismo que han querido estos meses cuando la Superliga, todavía herida, seguía viva.
Pero todos estos cambios, se realicen o no en un futuro, ya serán parte de la Champions, no de la Superliga. «Sin la presión del Madrid la Champions no hubiera cambiado», insisten en Valdebebas, pero la toalla de la Superliga está en el suelo.








