La Federación Española de Fútbol ha decidido en la tarde de este lunes apartar cautelarmente al árbitro de Segunda División que está siendo investigado por, supuestamente, agredir a una prostituta haciéndose pasar por un policía.
El colegiado, asturiano y de entre 30 y 40 años según la información publicada por La Nueva España, fue detenido hace unos días en Gijón acusado de estos hechos. “En base a la normativa interna, y a efectos de aclarar los hechos publicados, se ha procedido a la apertura de un expediente de investigación y, como medida cautelar, el árbitro en cuestión ha sido suspendido de toda actividad con carácter inmediato hasta la resolución del proceso”, explica la Federación en su comunicado.
Los hechos han sido desvelados por el periódico asturiano este lunes. Siempre según este relato, el colegiado habría sido detenido en Gijón hace unos días y puesto en libertad el pasado 29 de enero tras tomarle declaración, con una orden de alejamiento de 300 metros de la denunciante y una investigación abierta por un delito de agresión sexual.
Según el relato de la mujer, el hombre estaba en posesión de diferentes distintivos policiales y con ellos la coaccionó para que accediera a sus peticiones, amenazándola con que, si no colaboraba, tendría problemas con su situación irregular en el país.
La Policía, en el marco de las diligencias de investigación, procedió también al registro de la vivienda del árbitro, que finalmente fue puesto en libertad, aunque las pesquisas continúan. De hecho, el colegiado volvió a pitar un partido de Segunda División a partir de esa fecha.
Cuando entra a la Philippe Chatrier, una pista monumental, quizá la más monumental de todas las pistas de tenis, Ayoub Ghadfa va murmurando. ¿Qué dirá? Parece sobrecogido Alrededor 15.000 personas mirándole a él, sólo a él, delante un ring azul eléctrico y detrás su entrenador, Rafa Lozano, que le azuza, más que tranquilizarle. Está en la final de unos Juegos Olímpicos y debe disfrutarlo con todo. En los entrenamientos todos los deportistas se imaginan en una situación así, pero nadie imagina lo que viene luego.
Ghadfa, prácticamente un novato, un boxeador por instinto, desde hace apenas cuatro años, se encuentra en el cuadrilátero al uzbeko Bakhodir Jalolov, que no sólo fue campeón en los Juegos de Tokio 2020, que también lo será ante él en París. Todo el mundo se lo ha dicho así de claro al español. Durante casi dos décadas, los rivales de Rafa Nadal debieron de sentir algo parecido aquí, pero Nadal no te podía noquear con un derechazo. "Este Jalolov es una bestia", han advertido a Ghadfa. "Es invencible", ha leído en redes sociales. "El oro es imposible", ha escuchado por ahí. Y todas esas voces tenían motivos.
Jalolov, un tipo de más de dos metros, serio de principio a fin, se presenta en Roland Garros sin perder un combate amateur a tres asaltos desde 2017 y ya como profesional acumula un balance de 14 victorias en 14 combates, todas, absolutamente todas por KO. Mirar a las apuestas asustaba antes -la victoria de Jalolov se paga a 1.08-, pero ya en el cuadrilátero mirarle a la cara asusta todavía más. Hay que ser muy duro para hacerlo y eso hace Ghadfa. Con toda la ilusión y esa cara de buen tío tan suya, el español intenta conectar con su derecha en el primer round, pero quien lo hace es su rival con dos rectos con su zurda: se nota la experiencia. La desigualdad queda clara de inicio, los jueces plantan un 5-0, aunque no todavía no se acaba.
Más igualdad, más intercambio
Decían las estadísticas que Jalolov no había perdido un round en todos los Juegos, pero también decían que el rival de Ghadfa en semifinales, el francés Djamili-Dini Aboudou-Moindze, era favorito y muchas otras cosas. Como que un chaval marbellí, hijo de inmigrantes marroquíes, no iba a ser aplaudido en el barrio más pijo de París, el distrito XVI, hogar de ministros, cantantes y arquitectos. Pero casi de medianoche lo es. Y en el segundo round el español lo intenta, lo intenta más que nunca, se expone y golpea a Jalolov.
Hay más igualdad, más intercambio, pero los jueces no lo ven así. Otro 5-0. En el tercer round, un 4-1 como consuelo, ya no habrá nadie en juego. Al final, plata de Ghadfa en los superpesados, un resultado excelente. La decimoséptima medalla de España en estos Juegos Olímpicos y la segunda alegría para la nueva cuadrilla del boxeo español, una cuadrilla de muchos kilos en todos los sentidos.
Jalolov festeja su triunfo en la final.AFP
Hasta estos Juegos, España era un país de pequeños pegadores, como lo fueron Enrique Rodríguez Cal, Faustino Reyes o el propio Rafael Lozano, hoy entrenador. Ahora ya no. En los pesos más grandes, de donde salieron leyendas como Muhammad Ali, Joe Frazier, George Foreman, Wladimir Klitschko o Anthony Joshua, el país tiene a unos amigos capaces de todo. Con Ghadfa, Enmanuel Reyes Pla, bronce hace unos días en los pesados, y Gazi Khalidov, diploma en los Juegos de Tokio.
Los tres comparten vida en Madrid, aficiones, religión -incluso Reyes Pla se ha convertido al islam- y un futuro esplendoroso en el boxeo. Ghadfa, el niño que recibía bullying en el colegio en Marbella, que se apuntó a kickboxing para defenderse, que fue descubierto para el boxeo cuando se mudó a Madrid a estudiar INEF, ya es subcampeón olímpico. Vendrán más cosas.
Primero contra quinto durante la parte programada de la temporada, y doble victoria del primero durante esa fase: en la Final Four, el Real Madrid-Olympiacos de esta semana, segunda semifinal, parece sobre el papel muy favorable a los actuales campeones. Pero no se juega sobre el papel, sino sobre la cancha, y las cosas están menos claras, sin necesidad de recordar que el año pasado este mismo enfrentamiento, en la final, lo resolvieron los blanc
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JAVIER SÁNCHEZ
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