España sigue derribando muros en el deporte. Esta vez ha sido Iris Tió quien se ha proclamado este martes campeona del mundo de solo libre de natación artística en el Mundial de Singapur 2025. Es la primera vez en la Historia que una española obtiene ese metal.
Tió se impuso finalmente a la china Huyan Xu y a la bielorrusa Vasilina Khandoshka, que compite bajo bandera neutral, para dar a España su primer oro en estos campeonatos.
El equipo chino había sido hasta este martes el gran dominador de las pruebas de natación artística de los Mundiales de Singapur 2025, como viene siendo habitual en este deporte.
“Estoy super contenta, casi que no me lo creo, en una nube de emociones, llorando, como en shock. Es la primera vez que España ha ganado una medalla de oro en Solo en un Mundial, o sea que estoy que no me lo creo”, señaló a la Real Federación Española de Natación.
Iris Tió durante una prueba del Mundial.FAZRY ISMAILEFE
Cuando ha salido la puntuación de China me he quedado flipada, porque la china es muy buena y la bielorrusa tenía mucha dificultad. Feliz, orgullosa por esta medalla histórica para España“, manifestó. La barcelonesa añadió: “Quiero agradecer a mis entrenadoras porque sin ellas esto no hubiera sido posible. Somos el mejor equipo del mundo, estamos defendiendo a muerte nuestro trabajo aquí y nos llega el apoyo, gracias por seguirnos”.
La nadadora catalana, de 22 años, sumó una nota de 245.1913, con una puntuación de 112.9000 en la impresión artística y 132.2913 en la ejecución, por 110.0000 y 131.0025, respectivamente, de la atleta china que se vio superada por Iris, pues solo alcanzó 241.0025.
Por su parte, la medallista de bronce sumó 105.2500 en la primera nota y 134.2937 en la segunda con una puntuación total de 239.5437 para quedar a 5.6476 de la campeona española.
En la cuarta plaza se clasificó la nadadora Vasiliki Alexandri, con 238.997 puntos, una posición 6.1937, por delante la alemana Klara Bleyer, ya a 7.6313 puntos de la española.
Uno de los grandes engaños del sistema es, en cuanto nos va decentemente, hacernos creer que somos ricos. Luego, conoces a un rico de verdad. Te ves en esa terraza más grande que tu casa, subes a ese coche que convierte a tu SUV japonés en un pigmeo o descubres que lo que tú llamas menú degustación, él lo llama menú del día y la ilusión se desvanece. Ricos son cuatro, el resto sobrevivimos. El Atleti lo descubrió en Londres.
Andrea Berta, director deportivo de los rojiblancos hasta el curso pasado, se encarga ahora de fichar para el Arsenal y ha pasado de comprar en el súper del barrio a hacerlo en el gourmet de El Corte Inglés. Del fuet (delicia infravalorada si se come a mordiscos, he de decir) al lomo ibérico. De inicio, Arteta puso sobre el campo tres novedades de este verano a 70 millones la pieza (Zubimendi, Eze y Gyokeres). Eso es gastar y no lo que el sistema nacional (madridista) se pasó todo agosto intentando vender: que el Atleti estaba gastando como Richard Pryor en El gran despilfarro (repasen los clásicos, amigos).
De los magnificados fichajes del Atleti, el más caro, Baena, costó 40 kilos y el segundo, Hancko (26), demostró en cada desencaje de cadera que le provocó Saka que por ese precio, en el fútbol actual, compras futbolistas competentes, no diferenciales. Bajo ningún concepto es un club humilde, pero está lejos de ser el millonario que se ha querido vender. Estas cosas hay que explicarlas a la hora de analizar lo que pasa sobre el campo.
Y lo que pasó en el Emirates, pese a la debacle final, fue que los de Simeone, guiados por su futbolista, este sí, diferencial (un Julián Álvarez fantástico), hicieron una hora de partido estupenda, pero el Arsenal fue en todo un poquito mejor. Lo suficiente. Lo que sólo pueden pagar unos pocos. Lo que define los partidos a este nivel.
Un poquito más fuerte, más profundo, más rápido, más hábil, más variado, más intenso, más influyente para que el árbitro pitase la falta inexistente del 1-0 y desmontó al Atleti... Y un poquito en todo y todo el rato, es mucho. Tanto como para atropellar a un rival fuerte que planta cara. Esa es la diferencia actual entre la Liga y la Premier y no hay partido trucho en Miami que lo solvente.
El Arsenal es un candidato a ganar la Champions. El Atleti es un animador. Jugando ambos bien, goleó el primero. El fútbol es mucho más lógico de lo que creemos.
"No tengo miedo a nada ni a nadie. Sólo a Dios". No olvidará Ayoub Ghadfa esta noche de agosto en París, 10.000 gargantas rugiéndole en contra en la Philippe Chatrier y un bravo francés intentando hacerle añicos. Un chico, Ayoub, que hace no tanto jamás había boxeado. Y ya tiene una medalla olímpica de los pesos superpesados (+92 kilos) colgada al cuello. Será plata u oro tras un fantástico combate de semifinales en el que se impuso de principio a fin.
Djamili-Dini Aboudou era un rival incómodo y no sólo porque le impulsara el aliento de las tribunas, el "Djamili, Djamili" de enfervorecido público de Roland Garros (tan extremadamente lejos de las tradiciones tenísticas, claro), el "Allez les Bleus", la Marsellesa a capela o los abucheos continuos. Ayoub ya le había derrotado en mayo de 2022, en Yerevan, pero el francés de Dunkerque es fornido y veloz, con 10 centímetros menos, y cazarle no le resultaba sencillo.
Aun así, manteniendo las distancias y no entrando al trapo del rival, Ayoub se llevó los dos primeros rounds por unanimidad. No había juez capaz de negar la evidencia. Y ni en el tercero, en el que Aboudou se fue con todo y logró derribar por un momento al gigante español (que se levantó de un acrobático salto), hubo dudas del ganador.
Agilidad para esquivar
Porque el marbellí luce un físico imponente. Antes de cada combate extiende sus piernas en el aire en dos saltos poderosos. Antes de empezar con el boxeo en el gimnasio Argüelles de José Valenciano, hacía calistenia y kickboxing. De ahí esa agilidad que ahora es una virtud preciosa cuando se trata de esquivar cañonazos que van directos a su rostro.
A principios de abril, cuando contaba a este periódico su historia de abusos en la infancia, de racismo e insultos por su físico, ni siquiera tenía aún billete para París. Venía de perder en un Preolímpico con el italiano Diego Lenzi y se le agotaban las oportunidades. Unas semanas después, en Belgrado, noqueó con un directo de derechas brutal al serbio Dusan Veletic y se proclamó campeón de Europa.
Ayoub Ghadfa festeja su pase a la final.AP
La progresión de Ayuob asusta y en París avanzó con solvencia de veterano. Sorprendió en octavos al kazajo Kamshybek Kunkabaev (bronce en Tokio) y arrasó en cuartos al gigante armenio Davit Chaloyan. Para asegurar la segunda medalla del boxeo español en estos Juegos de la resurrección, para unirla al bronce de su compinche Reyes Pla, con el que intercambia entrenamientos, fe y peripecias.
En la final, el próximo sábado (22:51 h.), en busca del primer oro del boxeo olímpico español, en el mismo escenario, se enfrentará al temible Bakhodir Jalolov, campeón olímpico en Tokio, un púgil, el uzbeco, que ha ganado sus 14 combates profesionales, la mayoría por KO. Y que al alemán Nelvie Tiafack le recetó lo mismo que a sus dos anteriores rivales en París: lo pasó por encima.
Y, de repente, un silencio. La pista central de Wimbledon, totalmente vacía. El público seguía de pie frente a sus asientos, pero sobre la hierba ya no quedaba nadie, ni un tenista. Minutos antes se estaba viendo un partido extraordinario, quizá el mejor en lo que va de Grand Slam, y se acabó sin más, con el vacío como desenlace. Grigor Dimitrov pasó de dominar al número uno del mundo, Jannik Sinner, de ganarle los dos primeros sets, de desplegar un tenis vintage precioso, a romperse nuevamente y verse obligado a abandonar. A mediados del tercer set, con 6-3, 7-5 y 2-2 a su favor, sintió un pinchazo en el pectoral derecho después de un saque y ya no hubo manera de que pudiera volver a mover el brazo.
El médico y el fisioterapeuta del torneo le atendieron durante unos segundos, pero viendo la gravedad de la lesión no quedó más remedio que invitarle a abandonar. Después de tener que retirarse de las últimas ediciones del US Open, el Open de Australia y Roland Garros, Dimitrov completó de forma consecutiva el Grand Slam más triste de la historia.
«No sé qué decir. Grigor es un tenista increíble, todos lo hemos visto hoy, y es un buen amigo. La verdad es que merecía ganar y estar en la siguiente ronda. No considero esto una victoria, ha tenido muy mala suerte. En los últimos Grand Slam ha sufrido mucho por las lesiones. Lo que ha pasado es muy triste, demos un aplauso a él y a su equipo», comentó el italiano que primero acompañó a Dimitrov a los vestuarios -le tuvo que llevar el raquetero- y después reapareció con el papelón de tener que hablar ante los espectadores. Su cara era un poema: transitaba entre la pena por la desgracia de su adversario y la confusión por todo lo que había pasado en las dos horas previas.
continuas variaciones
Porque hacía mucho tiempo que no se veía a Sinner tan superado, ni tan siquiera experimentó esa sensación en la final del último Roland Garros. Antes de romperse, el búlgaro de 34 años le había sometido con su saque liftado, con su resto de revés a una mano y con su variedad de golpes. En vez del pum, pum, pum al que Sinner está habituado, Dimitrov le propuso un intercambio con continuas variaciones, de alturas, de lados, de efectos, que acabó confundiéndole.
Punto a punto, la derrota del actual número uno parecía irremediable, más con lo ocurrido en el segundo set. Después de una caída y un consecuente golpe en el codo por el que también tuvieron que atenderle, Sinner fue capaz de de conseguir su primer break, de celebrar por primera vez -con más vehemencia de la normal-, de venirse arriba, pero acto seguido Dimitrov volvió a romperle el servicio. Todo parecía a favor del bulgaro, inspirado, tranquilo, imparable. Todo menos su propio físico.
Sinner acompaña a Dimitrov tras la retirada del búlgaro.AP
Su lesión fue más cruel que las anteriores por el lugar, por el rival que tenía sometido y por la sonrisa que lucía. En la previa de su encuentro ante Sinner, Dimitrov explicó que llevaba unas semanas sin dolores y que estaba volviendo a disfrutar del tenis. Como tantos otros tenistas había alquilado una casa en los alrededores de Wimbledon y se había instalado allí con su familia, haciendo barbacoas con sus hijos, dando paseos por el parque. «Ni tan siquiera almuerzo en el club, simplemente bajo un rato a jugar a tenis y vuelvo con los míos. Estoy disfrutando mucho de este torneo», comentaba en la previa quien destacaba la «ausencia de miedo» en los ojos de Sinner o Alcaraz.
Tercero del ranking mundial en 2017, semifinalista aquí en 2014, el anteriormente llamado Baby Federer reflexionaba sobre la final de Roland Garros entre ambos y sobre cómo enfocaban su juego. «Estuve viendo el partido y, desde mi perspectiva, era interesante notar que ninguno de los dos había perdido nunca. Se podía ver, se podía palpar. Carlos y Jannik todavía no conocen la parte mala del tenis y por eso jugaron así la final, sin miedo. No lo digo como algo negativo. Sólo digo que con la edad se descubren otras cosas y hay que aprender a manejarlas», aseguraba Dimitrov horas antes de volver a brillar como antaño, de dominar a Sinner y de estrellarse de nuevo contra «la parte mala del tenis».