Iker Muniain ha anunciado a través de un vídeo en la cuenta oficial del Athletic, que abandonará el club bilbaíno al finalizar la temporada. “Llegué a Bilbao con 12 años, siendo un niño y casi dos décadas después vengo a anunciaros mi marcha a final de temporada, después de 15 años en el primer equipo”, ha declarado dirigiéndose a los aficionados.
El capitán también ha señalado en el vídeo que se va “feliz” después de levantar la vigesimoquinta Copa del Rey y haber sacado la gabarra cuarenta años después. Además, el canterano ha relatado en euskera unos versos de una canción del club en la que confiesa que ha sido “lo mejor de su vida”.
El Athletic y el Getafe se repartieron los puntos en un partido con marcado protagonismo de dos debutantes: Álex Padilla, bajo los palos del conjunto bilbaíno, y Christantus Uche, en el equipo azulón. El nigeriano, precisamente, fue el encargado de materializar el tanto del definitivo 1-1 después de que Oihan Sancet, en la primera mitad del encuentro, abriera el marcador con tremendo zapatazo desde la frontal del área ante el que nada pudo hacer un David Soria que, en la recta final del duelo, fue vital para que los de Bordalás amarraran el empate.
Ernesto Valverde apostó por dejar inicialmente en el banquillo a un Nico Williams por quien el Barça se resiste a arrojar la toalla, por mucho que sus esperanzas sean cada vez más tenues. Más aún tras escuchar la algarabía con la que le recibió la grada cuando, ya en el segundo tiempo, saltó a la banda para calentar y acabó por ingresar en el terreno de juego para tratar de romper la igualada en el marcador, después de que Sancet mandara el partido al descanso con 1-0 para los locales. Y eso que fue el Getafe, con su fútbol directo, el que llegó inicialmente con más peligro a la portería de un Álex Padilla que, pese a su juventud, no se dejó impresionar ni por el hecho de debutar en Primera ni por hacerlo en un escenario con un aura tan especial como San Mamés.
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El tanto de Sancet, inapelable, unido a la lesión de Arambarri, le pasó factura a un Getafe que a punto estuvo de marcharse al descanso con un nuevo jarro de agua fría sobre sus hombros. El disparo de Iñaki Williams, en el añadido, no obstante, acabó por perderse por la línea de fondo. Muy cerca, eso sí, del marco visitante. Pese a todo, el equipo azulón saltó al césped en la reanudación más que dispuesto a poner la igualada en el marcador. Peter Federico avisó con un disparo al larguero, finalmente invalidado por fuera de juego. Y Carles Aleñá, por su parte, vio cómo Padilla firmaba una intervención providencial con su pie izquierdo para negarle un gol que el ex azulgrana casi daba por cantado.
Nada pudo hacer, en cambio, para evitar que otro debutante en Primera, el nigeriano Christantus Uche, anotara el tan buscado tanto del empate con un colocado remate de cabeza tras saque de esquina los visitantes antes de que se cumplieran los primeros 20 minutos de la segunda parte. El revulsivo que buscó Valverde con la entrada en el terreno de juego de Nico Williams a punto estuvo de surtir buen efecto pronto, con un disparo envenenado desde la frontal del menor de los Williams perfectamente desviado por David Soria. La insistencia por encontrar el tanto del triunfo de los locales subió cada vez más enteros cuando el duelo se acercaba inexorablemente a su final, pero nada pudieron hacer a la postre para romper un 1-1 que, a la postre, fue definitivo.
El primer partido oficial del Barça en el Spotify Camp Nou, por mucho que el estadio esté aún lejos de ver el final de las obras y que uno de los goles, por ahora, permanezca cerrado al público, cómo no, despertó una expectación enorme. A pesar de que el precio de las entradas, 199 euros la más barata, provocó todo un aluvión de críticas entre los seguidores barcelonistas, ávidos de volver a pisar el recinto. Dos horas antes de que empezara el partido ante el Athletic, los alrededores eran ya todo un hervidero de gente.
Muchos aficionados optaron por esperar pacientemente, sentados en el suelo. Como en los grandes conciertos. Solo que, esta vez, pernoctó a la intemperie para asegurarse el mejor sitio. Entre ellos, por supuesto, muchos turistas. Visitantes de paso a los que no les importó tener que rascarse el bolsillo más de lo que muchos considerarían prudente para asistir a un evento único. Por eso, quizás, el camino hacia los accesos parecía un poco como pasear por las Ramblas. Incluso, con algunos lateros que buscaban hacer su agosto particular mientras repetían la cantinela etílica que ha acabado hasta por formar parte de la letra de una canción de Las Ruinas.
Dentro del estadio, es fácil observar cómo la tercera gradería, la parte de nueva creación tras verse el club obligado a mantener la estructura original, va tomando cada vez más forma. A principios de noviembre, unos testimoniales bloques de cemento marcaban dónde estará situada. Un par de semanas después, se les han sumando unos cuantos más. Allí es donde se inscribirá una de las frases que caracterizaba al antiguo estadio y que forma parte de la idiosincrasia azulgrana: Més que un club. La falta de cubierta, algo que se prolongará aún en el tiempo, hizo que más de uno cruzara los dedos para que las nubes que vestían tímidamente el cielo no aguaran un poco la fiesta. Los hados, esta vez, sonrieron a la grada. Otras veces, tal vez, no habrá tanta suerte.
Abuelos, padres e hijos
El ambiente festivo con el que se iba a vivir el partido entre el Barça y el Athletic se acentuó en los prolegómenos. Algunos aficionados estrenaron el campo representados por tres generaciones de su familia: abuelos, padres e hijos. Con un aforo máximo actual de 45.401 espectadores, el aspecto de las zonas que pueden albergar público, con el gol norte pendiente de recibir el visto bueno correspondiente, pese a no ser un lleno total, no desmereció el momento. La fiesta, además, debía completarse con un par de actuaciones musicales, a cargo de Figa Flawas tras el calentamiento y de The Tyets en el descanso. El himno fue también un momento emotivo: los encargados de interpretarlo, los miembros del Cor Jove del Orfeó Català, estuvieron acompañados por una pirotecnia que habría sido mucho más vistosa sin luz solar de por medio.
Los exteriores del Camp Nou.JOSEP LAGOAFP
El saque de honor, guardado en secreto con celo extremo por el club, estuvo pensado para tocar la fibra sensible de los más de 140.000 socios que forman la masa social del club, a todas luces sus auténticos propietarios. En lugar de optar por algún artista de fama internacional o por ex futbolistas de paso estelar por el conjunto azulgrana, como se había especulado en los últimos días, se optó por dos de los socios con mayor antigüedad en el club, Juan Canela Salamero y Jordi Penas Iberri, quienes estuvieron también presentes en la inauguración del Spotify Camp Nou original, el 24 de septiembre de 1957. Hace ya 68 años.