El problema no es que el Madrid gane la Champions, el problema es saber que va a ganarla. La inevitabilidad. Vivir el proceso día tras día durante el mes y medio que va desde el milagro de Manchester hasta la final de Wembley, la frustración de que no exista Bayern ni Mbappé que te hagan dudar y ver los partidos con cierta esperanza. Mejor irse al cine.
Todos los antis supimos que el Madrid iba a ganar La Enésima en el mismo momento en que resisti
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Rubén Martín (Madrid, 1982) está pluriempleado… porque quiere. Es desde hace 15 años uno de los narradores bandera de la COPE y ahora asoma también por Dazn para partidos muy señalados, pero eso es casi un hobby porque donde de verdad gana (mucho) dinero es en internet y redes sociales. Es un caso atípico, quizás único, de periodista deportivo consolidado que se convierte en creador de contenido estrella sin abandonar su trabajo convencional.
Dos mundos que nacieron enfrentados y ahora une un que sigue teniendo las ideas y las prioridades muy claras. La semana pasada falleció repentinamente su madre y empieza por lo más importante: "Te voy a hablar de mucha gente a la que admiro, pero permíteme empezar por la persona a la que más admiro en este mundo: mi padre, Antonio, que está en una pelea que va a ganar y es todo lo que un hijo sueña con tener a su lado. Como va a ser la primera persona que lea esta entrevista, me gustaría que le pusieras cara para tus lectores". Dicho queda.
A ver, ¿periodista o creador de contenido digital?
No hay por qué elegir. Hago un programa todas las mañanas de lunes a jueves en streaming para Twitch y YouTube, pero, al final la radio es mi curro. Lo otro ha sido ha sido una curiosidad que se convirtió en divertimento y acabó siendo un trabajo de rebote.
Una curiosidad muy rentable.
Es cierto. Venimos de un mundo en el que siempre nos ha dado palo hablar de dinero, pero noto que a la gente que curra en este sector no le pasa. Entiendo la curiosidad que despierta el tema, pero no recuerdo una entrevista a un periodista en que le pregunten cuánto gana y sin embargo con esto te lo preguntan siempre. Recuerdo que cuando explotó El Rubius se lo preguntaban siempre y me llamó la atención que no les importa una mierda decir que tienen mucha pasta. A mí me sigue dando reparo porque ahora soy un privilegiado, pero desde que empecé en el periodismo ha sido una profesión súper precaria y yo lo he vivido.
Para saber más
No hay nada de qué avergonzarse en que te paguen bien por tu trabajo.
Es cierto, pero es que, además, yo esto no lo siento como mi trabajo. Por ejemplo, no soy el caso de Gerard Romero, que era un periodista de RAC1, al que le empezó a ir muy bien en lo digital y un día dijo: "Vamos a ver, si yo me dedico sólo a crear contenido voy a ganar 50 veces más que en el periodismo tradicional. No me compensa, no me hace feliz, lo dejo y ya está". Yo no dejo la radio porque me encanta, pero la realidad es que mi fuente de ingresos número uno es, de largo, lo digital y podría vivir de maravilla sólo de eso. En la radio se descojonan de mí llamándome "el de Twitch", pero Twitch ya se quedó en una parte pequeña; son también YouTube, los clips de Instagram, TikTok… Todo eso lo vende mi agencia de publicidad a los patrocinadores. Al final lo que cuenta es en cuánta gente impactas y durante cuánto tiempo. Y eso vale un dinero.
¿Cuánto dinero?
Es imposible decirlo, es muy variable, porque el mundo de internet no está muy regulado todavía. El agente de uno de los streamers más grandes del mundo me dijo: "La primera regla que tiene que aprender aquí un representante es que no hay un precio fijo para nada". Lo cierto es que hay gente que está dispuesta a pagar mucho por algo por lo que tú estarías dispuesta a pagar muy poco. Sinceramente, es una locura.
¿Te preocupa perder la perspectiva?
No, porque tengo memoria. Yo empecé en la SER de Toledo cobrando 200 euros. Cuando me fui a cubrir el Villarreal, me pagaban 580 pavos y al segundo mes de estar allí, llamé a Paco González y le dije que estaba feliz, pero me tenía que volver porque me había fundido mis ahorros y no me daba para vivir. Y eso que vivía en un piso compartido en Castellón y cada vez que venía a Madrid volvía con el coche lleno de tupper de mi madre. En la radio no me iban a pagar más y Paco habló con Alfredo Relaño para que me hiciera cargo del Villarreal en As. Me dieron 500 euros más y con esos mil yo era capitán general. Pienso mucho en aquello para tomar perspectiva. Ahora hay veces que rechazo cosas por un dinero que sé que es una barbaridad, pero no se me va nunca de la cabeza que mi hermana no gana ni mil euros por cuidar de personas mayores, que es un trabajo mucho más importante que el mío.
Siendo agente doble, ¿cómo has vivido esa guerra que se ha dado entre los periodistas deportivos y los creadores de contenidos que hablan de deporte?
La cosa se ha suavizado. Yo a esto llego porque estalla la pandemia y de un día para otro se acaban los partidos y se cierra la radio. Estaba metido en casa y me sentía un absoluto inútil, cuando Ibai Llanos decide organizar un torneo benéfico de FIFA y me llama para ver si quiero narrarlo. No tengo nada que hacer, acepto y de repente entro en un mundo en el que los futbolistas del Madrid y del Barça, que a nosotros ya no nos hablaban, se pelean por jugar el torneo de Ibai. Claro, pensé: "¿Qué pasa aquí, que yo no me he enterado?". Y por esa curiosidad en enero de 2021 empecé en Twitch. Con los primeros directos no había ni horarios ni nada. Estaba yo, al poco Siro López y ya, era todo improvisado. De hecho ahora bromeamos diciendo que cuando nosotros llegamos todo eso era campo. Un poco después me dijo el abuelo [Siro]: "Hay un nicho en la mañana, esa es la hora". Hijo puta, cómo lo vio [risas]. Pasé en la mañana y empezó a entrar cada vez más gente hasta que se ha convertido en un trabajo. Al final no te he respondido a lo de la guerra [risas].
Correcto. ¿Por qué se pusieron tan a la defensiva los periodistas? ¿Miedo?
Es una mezcla de varias cosas. Una es el miedo, sin duda. Desde que estaba en la universidad, el periodismo está en crisis de identidad y de negocio y, en esa situación delicada, de repente vienen unos tipos que no conocemos, no sabemos qué van a hacer y sentimos que pueden ser una amenaza. Un ejecutivo de la radio me definió esta sensación muy bien: "Mira, Rubén, todavía no sabemos si sois los que nos ayudáis a entrar en la siguiente generación o los que nos matáis definitivamente". Eso era así hace tres años, pero ahora se ha tranquilizado la cosa porque los medios han visto que no les ha perjudicado. La COPE, y el resto de las radios están igual, ha acabado 2024 con el récord de facturación y audiencia de toda su historia. Esa es la realidad. Entonces, todo el mundo se ha relajado un poco: "Anda, resulta que los chavales que hacen esas cosas raras no nos mataban". Ahora mi siguiente paso es convencerles de que en realidad no sólo no somos enemigos, sino que somos aliados.
¿En qué sentido?
Sin que nadie me lo dijera, yo empiezo mi stream poniendo un rato de 'El Partidazo' que me interesa y me da para debatir. Es una manera de que la gente de internet conozca lo que se hace en la radio por la noche. Al principio, había muchos chavales que me escribían en el chat y me preguntaban: "Oye, ¿dónde puedo ver este podcast?". Y les tenía que explicar que no es un podcast, que es la radio y que ahora también tiene un canal de YouTube. Hay mil maneras de retroalimentarnos, pero la radio tiene que estar convencida de que somos un aliado y no un enemigo. Poco a poco.
¿Sois una burbuja que va a explotar?
¿Qué es lo que más ve tu hijo? ¿Y dónde?
Youtubers de videojuegos en la tablet.
Y seguro que ni enciende la tele salvo que queráis ver una peli en familia. Esa es la reflexión que yo hago. ¿Dónde está consumiendo tu hijo? En la tablet y en YouTube todo el rato. Tu hijo se ha criado viendo eso, ¿va a dejar de hacerlo según crezca? Mi sensación es que no. Ahora bien, y esto lo he notado en los años que llevo en ello, en internet todo cambia muy rápido y no todo el mundo sobrevive a esos cambios. Conozco youtubers con millones de seguidores que no consiguieron convertir su audiencia millonaria a Twitch. Y ahora pasa con las estrellas de TikTok, que es la plataforma más de moda porque es súper viral, pero muchas intentan hacer contenido en directo en Twitch y no les sale porque son capaces de hacer un clip de 15 segundos muy potente, pero no de mantener dos horas de vídeo. Esos cambios pueden ir acabando con gente, pero surge otra. Si esto de internet es una burbuja, es ya una burbuja muy larga.
En ese ejemplo que pones de mi hijo, surge otra preocupación de boomer: ahora quiere ser youtuber y sé que es algo muy habitual. Se ha promovido esa idea de que cualquiera puede montarse su historia y los niños creen que es fácil.
Eso pasa y hay que serles sinceros. Nunca le diría a mi hijo que se dedicara a crear contenido, porque es como decirle que en vez de estudiar sea futbolista. Y creo que con este tema los grandes han sido muy responsables. Ibai siempre que puede les recuerda que él es una excepción, que no es un ejemplo a seguir. Si un niño ve a Ibai y dice que va a ser streamer, es como si ve a Messi y dice que va a ser futbolista. Hay que quitarle de la cabeza que ese sea un camino a seguir como forma de ganarse la vida. En la época dorada de YouTube hubo chavales que hasta se pudieron retirar del dinero que ganaron. Ahora hay generaciones nuevas, como Lola Lolita o Riverss, que no han pasado por YouTube ni Twitch, pero son capaces de vivir de las marcas que les pagan por videos de 15 segundos en TikTok. Pero son excepciones.
¿Cuál fue la clave para que tú sí lo hayas logrado?
Hay un día muy importante. Nosotros ya habíamos empezado con los directos por la mañana, que aquello era un erial, estábamos Siro, Ángel Martín y yo. Fue el primer año que el Madrid parecía que iba a fichar a Mbappé, el de la oferta de los 200 kilos, e hice un directo del cierre de mercado. Empezó a sumarse gente, gente, gente… Me vio el abuelo y se metió, se metieron unos raperos y, de broche, escriben Ibai y DjMaRiiO, que son madridistas, y me piden entrar. Total, que a las 12 de la noche de un 31 de agosto había dos millones de personas en mi canal viendo el cierre de mercado. Eso cambió un poco todo.
¿Cuántos periodistas de los que al principio te miraban raro ahora te piden consejo?
Recuerdo cómo, al principio del todo, iba a los estadios con una maleta con mi portátil para retransmitir y los compañeros me miraban con sospecha. Ahora ya, muchos de esos me preguntan cómo se hace. Lo entiendo. Es que cuando el abuelo y yo empezamos, no se ganaba dinero. Al menos nosotros pensábamos que no se ganaba dinero. Entramos por las risas. Luego nos hemos quedado por las risas y por el dinero, porque sí se gana. Ahora la gente que entra lo sabe y lo que intenta, que me parece muy bien, es hacerse un camino profesional. Hay un montón de gente que hace muy buen curro, periodistas top como Miguel Ángel Román, Iñaki Aguirregabiria o Rodri Fáez. Hay un montón de gente que va encontrando su camino y es guay.
Vuestro éxito pone en duda eso que sostiene Florentino de que a los jóvenes cada vez les gusta menos el fútbol.
Es que no es cierto. Voy a hacer algo absolutamente impopular que es hablar bien de Javier Tebas, pero creo que LaLiga lo ha hecho muy bien con esto. Sabía dónde estaban los chavales y lo atacó rápido. Mi hijo tiene 14 años y el fútbol le tocaba muy de fondo, pero si le llegaba un vídeo viral en TikTok lo veía. Y el fantasy les vuelve locos. Y LaLiga ha entendido esto bien y lo ha atacado. El fútbol interesa mucho a los jóvenes, si se estaban desenganchando no era por el fútbol en sí sino por cómo se lo dábamos. Sólo teníamos que llevarles el fútbol donde ellos estaban, porque al público no le puedes pedir que venga él a ti. Yo esto lo discutía con la radio, que igual que nos peleamos por meter la señal de la radio en Movistar, tenemos que estar en TikTok, en Instagram, en YouTube o en la nueva red social que salga mañana. Ya encontraremos la manera, no hay problema, pero hay que estar. Hay cierta resistencia a eso.
De nuevo, el miedo al cambio.
Sí, eso tiene más que ver con el género humano que con el periodismo. Todos tendemos a no tocar lo que nos va bien, pero la época en la que el monopolio de la comunicación la teníamos los periodistas se acabó. Hay que asumirlo y adaptarse. Si un futbolista no quiere hablar con nosotros, la gente va a seguir sabiendo lo que piensa porque tiene sus redes sociales y las de su club. Antes nos necesitaba, ahora ya no. En vez de entender eso como un problema, revolvernos y frustrarnos, tratemos de convertirlo en una oportunidad y yo soy muy optimista con esto. Creo que ahora hay más gente consumiendo deporte que hace 20 años, lo que tenemos que encontrar es la manera de monetizarlo. No digo que sea fácil, sólo que no hay más remedio.
Rubén Martín posa para la entrevista en su casa de Madrid.SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL
Casi todos los periodistas deportivos presumen de vocación, de que nunca quisieron ser otra cosa, que es un sueño de niños, etc. Tú no.
No, yo no soy vocacional. Quería ser periodista, pero no deportivo. Me encanta el deporte y toda la vida he jugado al baloncesto, pero empecé en información local y siempre pensé que iría por esa línea más social o política. Lo que pasa es que la vida te va llevando. Hice unas prácticas en 'La Tribuna de Toledo' cubriendo política municipal y me ofrecieron quedarme si, aparte de ir al pleno del Ayuntamiento, a las Cortes regionales y a las asociaciones de vecinos, cubría la libranza al de Deportes. Y me fui quedando. Ahora estoy feliz de la vida, pero es cierto que entonces no era lo que me llamaba ni lo que más se llevaba.
En la universidad siempre había ese prejuicio, que es social, de que el periodista deportivo es un gañán.
Sí, es un prejuicio cultural que se ha quedado antiguo. Con el éxito de García y, luego, de De la Morena, la gente dijo "¡Hostia! Muchos oyentes, mucha publi, mucha pasta. A ver si no van a ser gilipollas". Pero aún quedaba cierta sensación de que era algo culturalmente menor, pero luego van llegando periodistas que yo creo que dignifican la profesión porque le suben el nivel a la escritura: Segurola, Juanma Trueba, tú… De golpe, en el periodismo deportivo se escribía muy bien en muchos sitios y eso ha contribuido a quitarnos esa pátina de que somos unos borregos. Una pátina a veces ganada, porque también hemos puesto de nuestra parte. A veces nos ha costado avanzar con los tiempos.
Me dijo Manolo Lama que asume las críticas en ese sentido que recibís en la COPE porque entiende que ahora sois lo que era García cuando ellos llegaron.
Es así, hay que escuchar siempre a Manolo. La popularidad trae muchas cosas buenas y también la crítica mala, pero Lama es sin duda el narrador más importante de la historia del periodismo deportivo en España. Mi tesis doctoral la hice sobre la historia de la radio y es indiscutible. Gaspar Rosety era la hostia, Héctor del Mar también, pero es que Manolo lleva 40 años narrando todo lo más importante y todo mejor que nadie. No existe una figura ni parecida en la radio, quizás sólo Carlos Martínez en la tele, que es el absoluto referente, pero es de pago. Por cierto, me encanta Carlos. Cuando me llamaron para fichar por Dazn, llamé a las dos personas que considero los mejores narradores en tele para pedirles consejo: Carlos Martínez y Miguel Ángel Román, que aparte de un narrador estratosférico es un tío increíble.
Con los tres he hablado en esta serie de los ataques constantes al narrador de fútbol, todo el mundo piensa que vais contra su equipo, ¿cómo llevas tú esa crítica extrema?
No me afecta. El narrador pilla mucho, pero es normal. ¿Cuál es el momento que se recuerda del fútbol? El gol. ¿Quién está gritándote los goles del partidos de tu equipo? Un narrador. Le adoras si marca tu equipo, pero le odias si canta un gol de tu rival. A Carlos Martínez, a Lama, a mí, a todos nos dicen que gritamos más con los goles del rival. Todos los aficionados piensan exactamente lo mismo, lo que demuestra que no es cierto.
Tras tantísimos años narrando al Atleti, ahora se ha puesto de moda en redes decir que eres anti.
Ya, ahora me pasa mucho más porque como narro el Madrid en la tele la visibilidad y la sensibilidad se multiplican, pero yendo el martes al Metropolitano para el partido de Champions, también me pararon atléticos para recordarme la narración viral del triple paradón de Oblak, que fue también contra el Leverkusen. No sé, cuando haces un trabajo nuevo, tú puedes seguir haciendo exactamente la misma persona, pero cambian los ojos del que te ve. Si yo digo del equipo que soy, cosa que nunca haré, seguiré haciendo lo mismo, pero la gente que me escuche ya no me miraría igual. Es un poco cansado, pero parte del juego. No lo llevo mal. Cuando me fui de Twitter no lo hice por la crítica sino porque yo estaba en Twitter para saber lo que pasaba, que es una cosa que aprendí de Carlos Llamas. Él decía que iba a la radio en metro porque ponía la oreja y se enteraba de lo que de verdad habla la gente fuera de nuestro mundo endogámico de periodistas y políticos. Entonces, mi oreja en el metro era Twitter.
Pero dejó de serlo.
Exacto. Hubo un momento en el que Twitter empezó a darme un reflejo equivocado de lo que es la realidad, de lo que la gente habla, y me estaba equivocando dándole una representatividad que no tiene. La tuvo, pero murió. La única razón para seguir era que no ganen los malos, pero estar en un sitio solo por no darles el gusto a gente que no te agrada no es motivo suficiente. Hay más redes sociales con menos hate y, sobre todo y lo definitivo, ya he aprendido que las redes sociales trabajan para mí, yo no trabajo para Twitter. Si Twitter me da dinero o algún rédito profesional, me quedo. Durante mucho tiempo me dio repercusión, pero eso tiene un tope y ya lo alcancé. No me da dinero, no me da repercusión, no me da felicidad… Adiós.
Tras esa fase precaria de Villarreal, vuelves a Madrid, te asientas en la SER y cuando todo va bien estalla el despido de Paco González y el trasvase a la COPE. ¿Cómo se vivió aquello a nivel currito?
Fue un proceso, porque un año antes ya nos pudimos ir y mi perspectiva era que o todos o ninguno, que éramos un equipo al completo: Paco, Manolo y De la Morena. Aunque trabajaba mucho en 'Carrusel', casi era un tío más de 'El Larguero'. El que me trajo de vuelta a Madrid fue José Ramón y siempre le estaré agradecido. Cuando esa primera vez Paco me dice que hay la posibilidad de irse y me cuenta que eso no incluye a De la Morena, le respondí que no lo veía, que me quedaba, eso quedó en nada y ya está. Cuando en 2010 estalló el lío definitivo, yo estaba en Hamburgo para la final del Atleti de Europa League. No lo entendía, no me lo esperaba y mi primera sensación es que se iba a arreglar, seguro. Pero no se solucionó y para mí fue una ruptura emocional porque yo me siento un canterano de la SER, alguien que pasa por las emisoras de Toledo, Móstoles y Villarreal, y fue un golpe personal muy duro.
¿Qué cambió en ese año para que ahora sí te fueras sin De la Morena?
Es lo que me pidió el corazón. Paco es para mí algo más que un jefe, un compañero y un amigo, es familia, y sentía que lo que le habían hecho era una injusticia absoluta. Cuando me dice lo de la COPE y me pregunta si quiero ir, estoy en el Mundial de Sudáfrica, y la SER me hizo una oferta buenísima también, pero escuché el corazón y el corazón me decía: "Le han echado, se han portado mal, hay que irse". Durante el Mundial nació mi hijo y la SER, sin saber si yo me quedaba o me iba, lo hizo todo bien. Cuando volví todos intentaron que me quedara, sobre todo De la Morena, y la oferta económica y profesionalmente era mejor de lo que me podía dar la COPE. En resumen, lo que me ofrecían era ser Manolo Lama, aunque luego descubrí que esa misma oferta se la hicieron a varios más [risas].
¿Nunca te ha tentado eso, alejarte de Lama y ser el narrador estrella de tu radio?
Cuando me lo ofrecen en la SER era el paso natural, porque yo hacía siempre al Atlético y el Madrid cuando no estaba Manolo, pero al final lo decisivo no es ser el uno o el dos, es dónde vas a ser feliz. Hubo un momento en el que tuve una conversación con Paco, le expliqué la oferta que tenía de la SER y me dijo: "Piénsatelo bien, es una oferta para quedarse. Yo quiero que te vengas, pero háblalo con tu familia y decide lo mejor para ti. Si te quieres quedar, quédate y si te quieres venir, vente. Eso sí, si te quedas y luego no te gusta, me llamas". Cuando escuché eso, se acabaron las dudas. Yo quiero estar con esa persona.
¿Y la sombra de Lama?
Es que el Lama es dios, no siento ninguna envidia porque yo no puedo competir con Manolo. Esto es como cuando la gente preguntaba quién iba a sustituir a Pepe Domingo Castaño. ¡Nadie! Es imposible. Con Manolo es lo mismo. Cuando no esté, habrá otro que haga el Madrid o la Selección, pero no será nunca lo mismo. Ni parecido. Lama es quizás el periodista deportivo más conocido de España: la radio, Deportes Cuatro, el FIFA... ¿Cómo me voy a sentir tapado? Al revés, muchas veces pienso que no es que me tape, es que me conocen gracias a él.
Está bien que lo veas así porque no tiene intención alguna de jubilarse.
Lo digo mucho en la radio y me toman a broma, pero Manolo es el que va a pagarnos la jubilación, nos entierra a todos. Te prometo que si me preguntas quién es el que se va a quedar el último ahí, el que cierra el bar, es Lama. Mientras esté él, la radio que tú y yo conocemos existirá. Estoy seguro de que hay gente que sólo escucha la radio por Manolo y espero que siga 20 años más porque tengo un hijo estudiando en Inglaterra y sale caro [risas].
El salto a la tele lo has dado un poco a medias.
La tele al final es una prolongación de la radio, pero dijo una cosa Paquito hablando de cuando le echan de la SER y le ficha Mediaset para el Mundial 2010 que se me quedó. Dijo que si mañana Mediaset le llama para fregar los suelos, allí que va porque, cuando lo necesitaba, ellos estuvieron. Yo siento una cosa parecida con Dazn porque me vinieron a buscar con la idea de que fuera su Carlos Martínez y estuviera con ellos al 100%, pero tuvieron la generosidad de entender que yo no puedo ser lo que ellos querían porque no voy a dejar la COPE nunca, ni por todo el dinero del mundo ni por el mejor trabajo del mundo. Soy Ancelotti cuando dijo el otro día que a él le van a echar del Madrid, pero no se va a ir. Ese soy yo. Dazn lo entendió y ayudó a que encontrásemos una solución buena para todos. Para ellos, porque ficharon a uno mejor que yo, que es Román, y para mí porque me siguen dejando hacer partidos de vez en cuando, que es la hostia.
Y venga a acumular trabajos.
Ya, tío, debería frenar un poco y algo voy logrando. Por ejemplo, estuve a punto de petar en la época de crecer en Twitch porque era muy bestia. Hacía el directo todos los días entre semana, la radio, los viajes de Champions, la tele… No era sano y en un momento dado dije basta. Esto es una idea de Maldini, que es un visionario y hace cuatro o cinco años cuando empezó en YouTube me dijo: "Mi objetivo es que un día yo desaparezca de mi canal y siga funcionando igual". Me quedé la idea y, ahora, si no puedo presentar el directo un día o dos a la semana no pasa nada. Lo hace Roberto Morales y todo sigue igual. Es una cosa que aprendí con Paco González: cuando nos fuimos a la COPE, no se fueron Paco, Manolo y Pepe, se fue un sonido completo con todo el equipo que le deba personalidad. Con mi programa es lo mismo. Si desaparece Rubén, pero siguen José Félix Díaz, Mónica Marchante, Irene Junquera, David Sánchez… para la gente es lo mismo. Está muy bien porque, además, te quita unos kilos de importancia ver que eres absolutamente prescindible hasta en tu propio canal que lleva tu nombre [risas].
Laura Ester (Barcelona, 1990) se sienta en la escalinata del monumento a Alfonso XII y saca del bolso su oro olímpico recién ganado en París. A su alrededor, turistas y chavalería disfrutan del estanque de El Retiro en una soleada tarde madrileña. La medalla y el fotógrafo despiertan cierta curiosidad en un grupo de adolescentes que flirtean, sin visos de avanzar demasiado, mientras comen cheetos. Dos de ellos se aproximan: "¿Quién es?". Respondo que es la portera histórica del waterpolo español, campeona de todo con la selección y con sus clubes, mejor jugadora de Europa hace unos años... A mitad de explicación ya sólo les interesa volver al tonteo. Ella observa la escena con total normalidad: "En realidad, cuando alguien me reconoce, me sorprende. Pienso que se ha equivocado y fijo que me confunde con otra".
Hace justo dos meses todo el país celebraba su último éxito, el mayor y el único que le faltaba, tras ganar a Australia en la final de París. Hoy paseamos media hora por un parque repleto de gente, nos sentamos en una terraza concurrida y nadie la mira. Es la realidad de la mayoría de héroes olímpicos en este país: dos semanas de atención (y presión) y cuatro años de anonimato. Ester sonríe resignada: "Suena mal decirlo, pero te acabas acostumbrando a que nadie te reconozca. Del waterpolo, como de casi todo lo que no es fútbol, se habla en los Juegos, nos exigen la medalla y luego se olvidan de que existimos. Asumimos que es así, lo injusto es que esa única vez que nos recuerdan nos presionan como si les importara este deporte. ¿No habéis estado en cuatro años y ahora, si somos cuartas, somos unas fracasadas? Eso es un poco fuerte. Desde casa se ve todo muy fácil".
La guardameta, presente de principio a fin en la época dorada de la selección, ha completado su palmarés con su tercera medalla olímpica, esta vez sí de oro tras dos platas. Ya era campeona del Mundo y de Europa con España. También de cinco Champions e innumerables títulos nacionales con el Sabadell, club que no le ha dado este verano la salida que merecía. Ahora vuelve al Mediterrani, donde empezó, para la que puede ser su última temporada. "Ahora ya sí soy campeona de todo. Con el oro y esta vuelta a casa, se puede decir que cierro el círculo, pero ya sabes cómo somos los deportistas, luego nos liamos fácil", reflexiona.
"He podido ahorrar algo"
A sus 34 años, la retirada acecha y le toca reinventarse. Lleva años preparándose para ello, es licenciada en Bioquímica y tiene un máster en Dermofarmacia, pero nada de eso ahuyenta al vértigo de quien se dedica desde la adolescencia a un deporte que exige mucho y no da demasiado económicamente. "Una jugadora del máximo nivel gana para vivir día a día como cualquier ciudadano de clase media. Yo he podido ahorrar algo porque, al estar tanto tiempo en la selección, he tenido la beca, pero si me retiro el año que viene más me vale encontrar pronto en qué trabajar porque de los ahorros vivo un año. El día que esto acabe, tienes que espabilarte".
Laura espera aclararse durante esta temporada que le queda (ya veremos si finalmente es sólo una). Se mueve entre dos aguas. Sus estudios le llaman, pero también sabe que la salida más sencilla, esa que acaba seduciendo a tantos atletas, es seguir vinculada al deporte, en su caso en el mundo organizativo y federativo. No esconde el miedo. "Empezar de cero, inevitablemente, asusta. Cualquier deportista que te diga que no tiene miedo a la retirada, al vacío del día después, miente. Puede ser más o menos en función de tu situación, pero siempre está ahí. Es un momento difícil que a muchos deportistas les afecta psicológicamente. Yo me he ido preparando, pero cuando llevas 20 años dedicándote exclusivamente a algo que te apasiona y en lo que eres de las mejores del mundo... De repente, pasas a ser una más y vienen las frustraciones y las dudas. ¿Sabré hacer algo más? Yo creo que sí, pero tengo que volver a demostrarlo todo".
Y añade una denuncia que cualquier ex deportista ratificaría: "Para la sociedad, somos un producto con fecha de caducidad. Por mucho que nos duela, es así. Hoy todo el país te aplaude y en cuanto te retiras, ya no eres nadie. Tienes que ser consciente de ello y prepararte para el golpe de realidad".
"Ganaríamos lo mismo entrenando menos"
Nos sentamos a tomar algo y, aprovechando ese anonimato ya comprobado, Ester bromea con pedirse una cerveza, pero la atleta de élite a punto de volver a la piscina aplasta el conato de rebeldía y acaba bebiendo un agua con gas: "Con la selección entrenamos siete horas diarias. Voy a echar muchas cosas de menos, pero eso te garantizo que no. Ganaríamos lo mismo entrenando menos. Pero los partidos, el vestuario... Eso es la leche".
El vestuario. Como una de las capitanas, corrió a llamar a Paula Leitón, su compañera tanto en la selección como en el Sabadell, cuando fue víctima de una campaña de odio en redes por su físico. "Nosotras tenemos doble hándicap en esta sociedad machista y futbolera: mujeres y en un deporte minoritario, pero hemos ido contra todo y hemos ganado. A veces se hace difícil. Paula es un sol de niña. Todo lo que tiene de grande lo tiene de buena persona y de valiente. Me dijo que estaba bien, que no le afectaba, que era consciente del cuerpo que tiene, se quiere así y al que no le guste, que no me mire. Es una reina, pero esos comentarios a una chica joven le pueden destrozar la vida. Es asqueroso".
Laura Ester, con su oro, junto al estanque.Ángel Navarrete
La conversación nos devuelve al tema inicial, el rápido olvido de los olímpicos, desde un prisma distinto, esa sociedad futbolera de la que habla la waterpolista. Cada cuatro años, España se lleva las manos a la cabeza cuando gana muchas menos medallas de las esperadas (18 en París) y se compara con los países más similares al nuestro: las 39 de Francia, las 33 de Italia... Según el PIB de cada nación, un indicador que falla poco a la hora de aventurar los éxitos, nuestro país debería haber ganado 27. La falta de cultura polideportiva es evidente.
Incluso un boom tan positivo, analizado de modo independiente, como el del fútbol femenino despierta muchas dudas en el resto de disciplinas pues ahonda la brecha. "Se dice que gracias a ellas ahora se habla de deporte femenino y no es cierto: ahora se sigue hablando de fútbol, sólo que aún más. Ellas se lo merecen, pero más que ayudar a visibilizar el deporte femenino quitan aún más espacio a otros deportes que llevamos muchos y muchos años luchando para que se haga un poco de caso a las mujeres. Al final es muy difícil saber si España no tiene cultura polideportiva porque no se habla de ello o no se habla de ello porque no se consume", zanja.
Pedimos la cuenta, nos despedimos y Laura Ester, campeona olímpica hace dos meses, se va dando un paseo hasta el metro. Nadie la mira, pero al menos deberían escucharla: "He logrado todo lo que podía soñar, pero ahora viene la vida de verdad. Con que me salga la mitad de bien, firmo".