Después de la clasificación de Real Madrid, Barcelona y Atlético para los cuartos de la Champions, también hubo pleno entre los aspirantes españoles a la Europa League y la Conference, Celta y Betis, y Rayo, respectivamente.
El Celta lo consiguió después de vencer por 0-2 al Olympique de Lyón en su estadio. El conjunto gallego y los franceses habían empatado (1-1) en Vigo, por lo que los gallegos necesitaban vencer a domicilio. Si bien en la ida el Celta pudo cerrar el duelo con un empate pese a jugar en inferioridad, en esta vuelta se invirtió la situación, al ser expulsado Niakhate por una entrada a Javi Rueda, a los 19 minutos. En el tiempo añadido, también vio la roja Tagliafico, aunque ya de forma intrascendente. Rueda, a los 61 minutos, y Jutglà (m. 92) decidieron un partido excelentemente planteado por Claudio Giráldez.
El Betis, por su parte, consumó la remontada que necesitaba y arrolló al Panathinaikos (4-0) para estar en los cuartos del mismo torneo. Rubial abrió muy pronto el marcador, a los ocho minutos, y a su gol le siguieron los de Amrabat, Cucho y Antony. Los de Pellegrini cumplen, pues, un hito histórico.
También pasó el Rayo en la Conference, aunque con más suspense, ya que perdió en Vallecas (0-1), pero hizo valer la ventaja (1-3) conseguida en la ida en Turquía ante el Samsuspor.
El Real Madrid suma dos derrotas seguidas en la Liga española, está a cuatro puntos del Barcelona y puede acumular hasta 11 bajas en su duelo de esta noche en Vigo, clave en la pelea por el torneo doméstico antes de enfrentarse al Manchester City en los octavos de la Champions. Una crisis deportiva y médica que ha llenado de sospechas y desconfianza la ciudad deportiva de Valdebebas. Una desconfianza futbolística por las dudas que ofrece el equipo a estas alturas de la temporada y una desconfianza física, tema matriz de este curso, que sigue latente. Según ha podido saber EL MUNDO, la dirección del conjunto blanco ha pedido a Niko Mihic, jefe de los servicios médicos, y a Antonio Pintus, jefe de la preparación física, los dos hombres de máxima confianza de Florentino Pérez en esas parcelas, revisar los planes de entrenamiento que tienen los jugadores en la ciudad deportiva y con sus respectivos entrenadores personales en casa.
Esa relación entre los preparadores de Valdebebas y los individuales es totalmente normal en un equipo de este nivel y en un mundo del fútbol en el que los jugadores ya han asumido la necesidad de entrenar varias veces al día, pero el mensaje desde el Madrid es de evidente preocupación y quieren analizar si algo se está haciendo mal en el día a día. Son siete roturas de cruzado desde agosto de 2023 y demasiadas molestias musculares en los últimos meses, una circunstancia que ha lastrado al equipo en momentos clave del curso. Y para el club, el apartado físico lleva meses siendo un dolor de cabeza.
Cuando Xabi Alonso todavía estaba al mando del primer equipo, en las oficinas de Valdebebas ya se pensaba que la decisión de apartar a Pintus del mando de la preparación había sido una mala idea. Alonso llegó con sus hombres de confianza, y a la mínima que los resultados no acompañaron, las dudas sobre el físico de la plantilla salieron a flote.
Dudas con las decisiones
Dos meses después del cambio de entrenador, vuelven a aparecer los mismos nubarrones y la misma desconfianza, aunque en esta ocasión las sombras van en diferentes direcciones. Fuentes cercanas al vestuario madridista aseguran a este periódico que varios futbolistas han dudado de las decisiones que se toman desde el área médica, tanto en los diagnósticos como en los plazos de recuperación.
Le sucedió a Arda Güler en sus inicios en el Madrid, sufriendo distintos problemas en el menisco y buscando fuera de Madrid opiniones diferentes a las que encontraba en Valdebebas. Y les pasa ahora a Jude Bellingham y a Kylian Mbappé, que están ahora mismo en Londres y París buscando segundas opiniones sobre sus lesiones y sus procesos de recuperación. Situaciones que en el Madrid describen como «normales» y que, según el club, están supervisadas y son ideadas por Mihic, que ha acompañado a Bellingham.
En el vestuario, sin embargo, hay voces que aseguran que la primera idea nació de los futbolistas, preocupados por no llegar en forma al tramo final de curso y al Mundial.
El caso Mbappé
El caso de Mbappé es el más llamativo y donde ha surgido mayor debate. El galo tiene molestias desde principios de diciembre, cuando se lesionó ante el Celta y no pudo estar en el duelo vital de la liguilla contra el Manchester City. Después de eso, disputó los 90 minutos contra el Talavera, el Alavés y el Sevilla. Un detalle que se entendía por su interés en igualar el récord de Cristiano Ronaldo y en la necesidad que vivía en ese momento el equipo con Xabi Alonso.
Pero llegó el año nuevo y Mbappé paró ante el Betis tras resentirse en el entrenamiento del 30 de diciembre, abierto al público, donde se tocó la rodilla en varias ocasiones. No viajó a Arabia para la semifinal y sí lo hizo, en un viaje exprés, para jugar un rato en la final.
En Valdebebas hay voces que no entienden que no parara por completo y el francés, con el tiempo, parece arrepentirse de ello. Ha ido ausentándose según sus sensaciones. Ahora el Madrid ha anunciado un tratamiento «conservador» para lo que llaman «un esguince de rodilla», pero el jugador, que no termina de encontrarse bien, sigue sin estar convencido.
«Nunca pensé que llegaría al fútbol francés». Sincero y directo. Así se presentó Luis Enrique en París en julio de 2023. Si alguien torció el gesto al escucharlo, hoy pensará por qué el PSG no le llamó antes. El asturiano ha conquistado París y ha hecho creer al club, a sus aficionados y a sus propios jugadores que, ahora sí, pueden ganar la primera Champions esta noche en Múnich ante el Inter.
«Desde el primer día la intención era hacer historia y estamos en condición de lograrlo», explicaba hace unos días el técnico, que sí sabe lo que es ganarla porque lo hizo con el Barça de Messi, Suárez y Neymar en 2015 ante la Juventus. Sin embargo, este proyecto es diferente a aquel en Barcelona y al que han impulsado durante una década los dueños del PSG, Qatar Sport Investiment (QSI), con Nasser Al-Khelaifi a la cabeza. Hoy, han aprendido que no se trata de acumular estrellas, sino de construir un equipo.
«Hemos tenido que ir gestionando perfiles de jugadores, que construir. Tenemos futbolistas de mucha calidad, de alto nivel, pero con mentalidad de equipo», confiesa el entrenador, que no duda en lanzar órdagos propios de su arrolladora personalidad, que puede generar tanta afinidad como rechazo: «Estamos preparados para todo».
Casi dos años después de encerrarse durante los primeros meses en la Poissy y sin saber ni una palabra de francés, el PSG refleja lo que buscaba Luis Enrique. «Tenía un plan clarísimo», cuentan quienes le rodean. Ha amoldado un entorno con muchas posibilidades económicas a su idea. Ha conseguido desde lo más sencillo, una grúa elevadora desde donde controlar los entrenamientos desde las alturas sin necesidad de andamio, al fichaje de futbolistas que, sin ser ya megaestrellas, apuntan a ello. Pero al ex seleccionador nacional no le vale sólo ganar, quiere sembrar. «Que se sientan atraídos por cómo jugamos no sólo los aficionados del PSG, sino cualquiera», advierte.
Sin el peso de Mbappé
En ese reconstrucción, el aparejador que se ha convertido en pieza clave es el director deportivo con el que llegó de la mano: Luis Campos. Cogieron las riendas no sólo para llevar al equipo a ganar dos ligas y la Copa de Francia, sino para reestructurar un vestuario que andaba descompensado. El peso de Mbappé lastraba, como reconoció sin tapujos en un documental el propio Luis Enrique: «El hecho de tener un jugador que se movía por dónde él quería, implica que hay situaciones del juego que no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Todas, sin excepción», aseguraba sin medir sus palabras.
La salida del delantero al Real Madrid ha permitido la transición de un grupo en el que ha integrado el fichaje de jugadores convertidos en esenciales en su once y que han arrastrado a los demás a la fe de Lucho. «Nos dijo que sin Kylian meteríamos más goles y creo que no se ha equivocado», reconocía Zaïre-Emery. Han sido 138 en todas las competiciones frente a los 120 de la pasada campaña, cuando Mbappé marcó 44. La estrella goleadora ha sido Dembélé, con 33 goles, despertado en el arranque de 2025, justo cuando lo hizo todo el grupo, porque el inicio de campaña no fue fácil.
El asturiano observa a sus jugadores en el Allianz.L. BRUNOAP
El equipo se bloqueó en efectividad y marcó uno de los peores datos de Europa, lejos de lo que se esperaba una plantilla como la del PSG. Derrotas en Champions que dolieron como ante el Atlético y el Liverpool, y un trabajo que consistió en «recuperar la confianza generando hábitos de juego».
A eso se sumó el factor generosidad de un grupo que se destapó como solidario. Luis Enrique había buscado en el mercado el talento en jugadores de menos de 25 años con tanta calidad como hambre. El portugués Joao Neves, la perla francesa Douré o el ecuatoriano William Pacho, por el que se arqueó la ceja en las gradas cuando se pagaron 40 millones por su llegada. Sin protagonismos excesivos, ensamblaron, y a ellos se sumó en enero la guinda: el georgiano Kvaratskhelia. En total una inversión de 220 millones pero con mucho crecimiento. «He visto esta temporada todo lo que quería mejorar. Me he maravillado», confesaba Luis Enrique hace unos días, con la mirada ya puesta en la final de esta noche.
La bandera de Xana
Quizá por eso a mitad de enero el asturiano se atrevió a verbalizar un sueño que va incluso un poco más allá de hacer historia en el fútbol francés. «Recuerdo una foto que tengo increíble con mi hija en la final de la Champions en Berlín, después de ganar, clavando una bandera del FC Barcelona al campo. Tengo el deseo de poder hacer lo mismo con el PSG. No estará mi hija, no estará físicamente, pero estará espiritualmente, y eso para mí es muy importante», contó el entrenador sobre Xana, de donde nace parte de su fuerza.
Contará con la ayuda de estos jugadores jóvenes a los que Luis Enrique ha inoculado o estimulado el gen ganador. Estarán sobre el césped cuando arranque el partido en el Allianz Arena y muchos lo harán por primera vez en sus carreras. En una final de Champions sólo tienen experiencia Lucas Hernández y Marquinhos. Los dos en la misma: en Lisboa en 2020. El francés la ganó con el Bayern y el brasileño, único superviviente que sigue en el PSG, la perdió abriendo una herida que no cicatrizado. Han sido semifinales en las que se ha tropezado una temporada tras otra pese a la inversión de más 2.000 millones en fichajes. La Champions es la desea y si Luis Enrique la consigue, conquistará París.
España arrancó con buen pie el Europeo 2026. En un partido en el que la brillantez del primer tiempo contrastó con una segunda parte en la que tocó apretar los dientes para evitar la reacción de Serbia, los Hispanos se impusieron por un ajustado 29-27 que deja buenas sensaciones, aunque también algunos deberes pendientes.
La eficacia ofensiva de Ian Tarrafeta, las oportunas apariciones de Álex Dujshebaev tras el descanso y cuatro intervenciones decisivas bajo los palos de Sergey Hernández en los momentos más delicados resultaron determinantes para superar a un combinado serbio que supo sobrevivir inicialmente desde los siete metros y que, por momentos, amenazó con amargar la noche a una selección española que había mostrado una notable contundencia en la primera mitad.
La gran efectividad en ataque de los Hispanos durante ese primer acto hizo presagiar un partido cómodo. España llegó a alcanzar una renta máxima de cinco goles ante una Serbia que encontró oxígeno en la reiterada frecuencia con la que se le permitió acudir a la línea de siete metros. Así, los balcánicos lograron mantenerse a flote y recortar distancias hasta situarse a solo dos tantos, después de que los de Jordi Ribera amenazaran pronto con romper el partido.
Nacho Biosca apareció desde el banquillo para detener el primer lanzamiento, aunque vio cómo el segundo se marchaba fuera. Quien sí tuvo una entrada en pista especialmente destacada fue otro debutante en un gran torneo, Marcos Fis, que con apenas 18 años exhibió desparpajo y acierto para sumar tres goles y cerrar un primer tiempo que concluyó con España mandando por 19-15.
El papel de los árbitros
El inicio de la segunda mitad reforzó el optimismo español, con Casado ampliando de nuevo la ventaja y un Biosca que comenzó erigiéndose en un muro desde los siete metros. Serbia, sin embargo, supo capear el temporal y volvió una y otra vez a colocarse a dos goles, pese al crecimiento ofensivo de Ian Tarrafeta y a los tantos de jerarquía de Álex Dujshebaev, llamados a frenar la combatividad balcánica.
A ello se sumó el desconcierto provocado por el criterio desigual de la pareja arbitral islandesa, que pareció medir con distinto rasero las acciones en uno y otro lado de la pista. Con todo, España volvió a exhibir carácter defensivo cuando los serbios apostaron por el ataque con siete jugadores, vaciando su portería en busca de la remontada.
El empuje balcánico terminó encontrando recompensa al estrechar el marcador hasta el 29-27 a poco menos de dos minutos para el final. Ahí, una vez más, los Hispanos supieron sufrir, cerrarse en defensa y encontrar una última intervención decisiva de Sergey Hernández, hasta entonces irregular, para sofocar cualquier conato de rebelión serbia y asegurar un triunfo tan valioso como trabajado.
Este sábado, a las 18.00 horas y frente a Austria, España buscará reencontrarse con la versión del primer tiempo y cobrarse la revancha por la eliminación en la fase inicial de hace dos años.