Una reunión en el avión desde Arabia, el "no" a Pintus y un vestuario "en shock": las horas que terminaron en el 'adiós' de Xabi Alonso

Una reunión en el avión desde Arabia, el “no” a Pintus y un vestuario “en shock”: las horas que terminaron en el ‘adiós’ de Xabi Alonso

Cuando el lunes 8 de diciembre, después de la derrota contra el Celta en el Bernabéu, este periódico informó en exclusiva sobre la reunión que se había producido de madrugada en el estadio entre Florentino Pérez y su cúpula directiva para valorar el futuro de Xabi Alonso, el técnico del Madrid ya estaba sentenciado. Era una muerte anunciada y sólo un milagro le hubiera hecho terminar la temporada. Un mes después de eso y tras caer en la final de la Supercopa, el de Tolosa dejó ayer de ser entrenador del conjunto blanco. Lo hizo «de mutuo acuerdo» con el club y con Arbeloa, su amigo y entrenador del Castilla, como sustituto. Y lo hizo por varias razones.

«Nadie se quiere ir nunca del Madrid», admiten desde Valdebebas, negando su dimisión. Pero la realidad de Alonso es que su presente en Chamartín se ha ido deteriorando hasta que él mismo ha llegado a aceptar el final de su etapa. No ha dimitido, pero ha mostrado signos de impotencia y agotamiento ante una situación en la que no veía solución ante la negativa del club a fichar en invierno.

Se lo admitió así a José Ángel Sánchez, director general del club, en las conversaciones que mantuvieron al regresar ayer de Arabia. La primera charla en el mismo avión, analizando lo sucedido, el plan contra el Barça, la preparación física, las necesidades y posibilidades de la plantilla y las soluciones a todo. Ahí, el directivo, su gran valedor, y el técnico no llegaron a suficientes puntos en común para un futuro juntos.

La siguiente charla, unas horas más tarde, fue la definitiva, ya con Florentino asumiendo la responsabilidad de la decisión. El presidente estuvo tentado de despedirle en la noche de la derrota contra el Celta, pero aguantó esperando una reacción del equipo, más en sensaciones que en resultados. El Madrid lo ganó todo a partir del City y hasta el Barça, pero las formas nunca volvieron a convencer a la zona noble del Bernabéu, con aquel «que mee con la suya» de Guardiola, cercano al de Tolosa, que tan mal sentó en la Castellana.

Alonso recuperó para la causa a un vestuario que había perdido, pero la acumulación de circunstancias durante estos meses han pesado enormemente en su contra y en su ánimo, bajo mínimos en las últimas semanas por el desgaste de los rumores y la tensión constante.

Desde el Mundial de clubes

Como contó este periódico, las grietas empezaron en el Mundial de clubes. Xabi prefería asumir el cargo en julio, con la nueva temporada, y no arrastrando el curso por Estados Unidos. Aterrizó en Miami con sus ideas y chocó con algunas estrellas, como Vinicius, que iba a ser suplente en la semifinal ante el PSG y sólo fue titular por la lesión de Alexander-Arnold.

Esa grieta con el brasileño se hizo cada vez más grande hasta el famoso enfado del clásico. Y si hay un jugador al que Florentino tiene un cariño especial ese es Vinicius. La directiva nunca entendió el trato de Alonso con el brasileño y defendió al futbolista, que no volvió a rotar a partir de la también famosa charla en Atenas entre técnico y equipo.

Esos encontronazos con Vinicius se contagiaron a otras taquillas del vestuario por el tipo de entrenamientos y los métodos de Xabi y su cuerpo técnico, en el que el club no terminó de confiar del todo. Los vídeos, la mecánica del día a día y el análisis científico de todo fueron menguando el ánimo del grupo de los jugadores, a los que según el club se les restaba creatividad.

El vestuario, "en shock"

Pero aún así, el vestuario recuperó el esfuerzo para Arabia, especialmente para el clásico. Compitió hasta el final y aunque perdió, se volvió a la capital con la idea de que Xabi sería su entrenador. Por eso el comunicado oficial del Madrid dejó «en shock» a la plantilla, que se enteró por las redes sociales.

Algunos se habían hecho a la idea de que en caso de una salida de Xabi Alonso, el elegido sería Zidane antes de irse con Francia, pero finalmente es Arbeloa, al que conocen un poco del día a día de Valdebebas y que llegará al campo 1 de la ciudad deportiva de la mano de Antonio Pintus, que hoy mismo bajará al césped. Su nombre ha sido la gota que ha colmado el vaso de la dirección del Madrid. Florentino, que le fichó en 2021 como estrella antes incluso de anunciar a Ancelotti, nunca vio bien que dejara el primer equipo con la llegada de Alonso y siempre le había recomendado recuperarle, ante el «no» constante del vasco a sus ideas.

En las últimas semanas, Xabi había hecho publica la «colaboración» con el italiano, pero seguía sin estar cerca del banquillo mientras la plaga de lesiones y la baja forma de muchos jugadores enfadaba a la zona noble. «Hay tiempo para reactivar a los futbolistas física y mentalmente», aseguran fuentes desde Valdebebas. Veremos.

Álvaro Arbeloa, el niño bueno que cambió con Mou y que sustituye a su amigo Xabi Alonso

Álvaro Arbeloa, el niño bueno que cambió con Mou y que sustituye a su amigo Xabi Alonso

"Álvaro en un futuro podrá ser entrenador del Real Madrid". Estas palabras premonitorias de Xabi Alonso se cumplen antes, seguro, de lo que el tolosarra hubiera deseado. Las pronunció hace un mes en la previa del duelo ante el Alavés, donde la figura del técnico del primer equipo se tambaleaba, y Álvaro Arbeloa devolvió el elogio con: "Xabi es un gran amigo mío y por eso habla muy bien de mí". Hoy, ambos cruzan sus caminos en el banquillo del primer equipo blanco. Un puesto para el que Arbeloa ha ido quemando todas las etapas de La Fábrica.

El salmantino se retiró en 2017 tras un breve paso por el West Ham. Desde entonces, hasta el 2020 se centró en formarse como técnico hasta que aterrizó en el Infantil A en Valdebebas. Cada año fue ascendiendo de categoría hasta pasar al Cadete A en la 2021 y al Juvenil A en la 2022. Es en esa categoría donde se destapa la entidad del ex lateral del Real Madrid como técnico. En la temporada 2022/23, su equipo consigue el triplete (Liga, Copa del Rey y Copa de Campeones) y lo logra con sólo dos derrotas.

Este curso aterrizó en el Castilla para implementar un estilo vistoso que priorizase la posesión, el buen juego y la presión tras pérdida; tres pilares indispensables para el salmantino. De momento, el rendimiento del filial blanco tampoco estaba siendo óptimo ya que de los 19 encuentros de liga disputados, había obtenido 10 victorias, un empate y ocho derrotas situándose en el cuarto puesto de la tabla. Pero se dice que la relación entre el técnico y el presidente es muy fluida.

Así, la oportunidad de manejar el primer equipo blanco le llega tras la destitución de su compañero y amigo con el que compartió equipo durante nueve años. El salmantino llegó al spanish Liverpool en el mercado invernal de 2006 fruto de una necesidad imperiosa del Depor de arreglar su maltrecha economía. El equipo gallego le vendió sólo seis meses después de haberlo adquirido cuando el lateral acababa de firmar la señal de una casa en Coruña ya que su contrato con la entidad gallega era de cinco años.

Entonces, Rafa Benítez le trae al equipo británico para ejercer de lateral y Mascherano y Pepe Reina le hacen de anfitriones del vestuario red. "Con Xabi hay que madurar y pelear mucho la relación. Te mira y remira como pensando: '¿Este por dónde va?'", contó de sus inicios con su predecesor. Hasta que poco a poco ambos se hacen inseparables y hasta llegan juntos a la entidad de Chamartín en 2009.

Cuentan de Arbeloa que el canterano blanco era una persona muy cercana y extrovertida. Muy dada a compartir comidas y confidencias con los periodistas españoles que se desplazaban a informar de aquel Liverpool, pero que su llegada a Madrid y especialmente el fichaje de Mourinho cambió su actitud radicalmente y le hizo más receloso hasta el punto de cortar esas relaciones previas con compañeros de la prensa. "De José me gustaba la verticalidad que tenía", comentó Arbeloa.

Llegó la época de los bandos en el vestuario blanco y Xabi Alonso y Arbeloa se tornaron en pretorianos de Mou y el entrenador les agradecía su confianza con minutos. Sólo Cristiano Ronaldo jugó más que ellos en la temporada 2012/13. Así, ambos adquirieron también las maneras de manejar un vestuario del portugués, aunque luego Xabi Alonso abandonara el Real Madrid para aprender de Guardiola en el Bayern.

Grandes influencias

Arbeloa aguantó en el Real Madrid hasta esos meses en los que quiso tener un last dance en el West Ham, pero la cosa no resultó y su decidió colgar las botas para emprender esta carrera fulgurante que, en poco tiempo y sin ninguna experiencia en la élite, le ha llevado al banquillo del Madrid.

En una entrevista en The Coaches Voice, Arbeloa asegura que ha aprendido de todos los entrenadores que ha tenido, pero destaca el concepto táctico de Benítez, la movilidad de Pellegrini, el liderazgo de Mou y la organización defensiva de Ancelotti. Ahora llega a un Real Madrid con urgencias y que necesita que todo eso se traduzca en resultados inmediatos.

La cruz del presidente

La cruz del presidente

La principal explicación a la marcha de Xabi Alonso después de una Supercopa en la que el Madrid cayó ante un Barça superior, pero evitó ser arrasado, es que ya tuviera puesta la cruz, y en el Bernabéu sólo hay una persona con capacidad de hacerla. Es el presidente.

Todo lo demás es reconducible, negociable, si existe realmente voluntad de continuidad. De lo contrario, a la primera discrepancia, todo se rompe. Del comunicado del Madrid, que habla de una ruptura de "mutuo acuerdo", podría deducirse que esas discrepancias hubieran aflorado en las últimas horas. Por ejemplo, respecto a las medidas a tomar para enderezar la marcha del equipo, con un intervencionismo del club sobre la parcela técnica que podía suponer, entre otras medidas, la vuelta de Antonio Pintus como preparador físico. Determinadas propuestas son como abrir la puerta de salida.

Los sorprendentes tiempos de la destitución, después de un día en el que los mensajes en ON de la plantilla y el entrenador iban en la dirección de tomar lo positivo de la final para encarar el futuro, y en el mismo sentido llegaban los mensajes en OFF del club, sugieren ciertamente que podría haberse producido un repentino detonante, pero la realidad es que la bomba ya estaba cebada.

Xabi Alonso aceptó dirigir al Madrid en el Mundial de Clubes, una vez destituido Ancelotti, en contra de su deseo de llegar después, y vio cómo el club era tolerante con Vinicius pese al desplante que le hizo en el clásico del Bernabéu. Si ante una supuesta medida invasiva sobre su espacio de trabajo ha decidido no transigir es sólo una hipótesis, algo que únicamente pueden aclarar los implicados.

La decisión es traumática, porque la apuesta por Xabi Alonso era de calado y largo recorrido. Un gran ex jugador del Madrid, un entrenador de nueva generación contrastado por el mercado tras su exitoso trabajo en el Bayer Leverkusen, y un tipo de carácter. Ese mismo carácter ha echado de menos públicamente la atmósfera del Madrid, que no es lo mismo que el club. El único momento en el que lo utilizó fue para recriminar a Simeone. En todo lo demás, con sus jugadores, fue demasiado 'polite'.

En el ecuador de la temporada, el proyecto ha estallado, con síntomas evidentes de que el entrenador no había conseguido su objetivo. El Madrid de Xabi que empezó por presionar y jugar en campo contrario, con Güler como faro, acabó acuartelado en su área en la Supercopa. No es el primer técnico que sucumbe ante el desafío de transformar futbolísticamente a un equipo que tiene el norte en el palco y el sur en el vestuario, y donde el técnico no está siempre en el ecuador. Depende. Los resultados son lo primero, pero también la química con Florentino Pérez. Xabi Alonso fue una apuesta de la cúpula, pero no personalísima del presidente, como Zidane o Mourinho.

El ejercicio de pragmatismo ante el Barça en la Supercopa dejó sensaciones encontradas. Por una parte, llevó equilibrio a un duelo a priori desequilibrado, pero con la callada conclusión de que el Madrid no podía jugar de ese modo y la duda de si con Xabi Alonso sería posible hacerlo de otro modo o el técnico ya había renunciado a sus principios y se había instalado en modo supervivencia. Cuando creyó encontrarla, ya estaba en la cruz.

Xabi Alonso deja de ser entrenador del Real Madrid y el club elige a Arbeloa

Xabi Alonso deja de ser entrenador del Real Madrid y el club elige a Arbeloa

Después de la derrota en la final de la Supercopa de España contra el Barcelona, el Real Madrid ha anunciado por sorpresa, en la tarde de este lunes lo siguiente: "De mutuo acuerdo entre el club y Xabi Alonso se ha decidido poner fin a su etapa como entrenador del primer equipo". Álvaro Arbeloa, entrenador del Castilla, sustituirá al tolosarra al frente del primer equipo.

La situación del técnico vasco se había complicado desde la derrota contra el Celta en el Bernabéu a principios del mes de diciembre y durante las últimas semanas su puesto ha estado en entredicho, con la dirección general del club peinando el mercado en busca de sustitutos.

Parecía que tras las victorias de final de año y de enero ante el Betis y el Atlético de Madrid y de competir la final de la Supercopa, el de Tolosa tenía margen para seguir mejorando la situación, pero el regreso a Madrid desde Arabia ha acelerado todo en apenas unas horas.

"Xabi Alonso siempre tendrá el cariño y la admiración de todo el madridismo porque es una leyenda del Real Madrid y ha representado en todo momento los valores de nuestro club. El Real Madrid siempre será su casa", ha manifestado el Madrid en el comunicado en su web.

"Nuestro club agradece a Xabi Alonso y a todo su equipo técnico el trabajo y la dedicación en todo este tiempo, y les desea mucha suerte en esta nueva etapa de sus vidas", ha añadido.

Se trata de un movimiento completamente inesperado, pues todo lo que salía desde dentro del club en las horas posteriores a la final de la Supercopa parecía encaminado a mantener la calma en el banquillo. El equipo está segundo en Liga, a cuatro puntos del Barça, y con pie y medio entre los ocho primeros de la fase de grupos de la Champions, donde le queda recibir al Mónaco en el Bernabéu (martes 20 de enero) y visitar al Benfica (miércoles 28).

Alonso ha cumplido, pues, apenas medio año como entrenador del primer equipo. El hombre que vino a regañadientes para el Mundial de clubes (él no quería pero el club no le dio opción) cayó en semifinales de aquel torneo contra el PSG de manera estrepitosa, pero ahí no se le juzgó, aunque ya hubo algún detalle que hizo mirar con desconfianza su figura desde el palco.

Después llegaría la temporada, con un inicio arrollador, ganando todos los partidos hasta estrellarse en el Metropolitano contra el Atlético. Esa fue su primera gran mancha. Después, la falta de una idea futbolística y los tropiezos inesperados (sobre todo el del Celta) han terminado con una carrera muy corta. Se marcha con 34 partidos dirigidos, con 24 victorias, 4 empates y 6 derrotas.

Y Xabi Alonso... seguirá

Y Xabi Alonso… seguirá

Actualizado

La peor noticia no es que el Madrid perdiera la final. El drama es que el club tendrá que seguir con Xabi Alonso. No hay excusa para echarlo. Y siempre se podrá decir que fue cuestión de mala suerte perder la final.

Pero uno cree que Alonso no es entrenador para el equipo de Florentino Pérez. Todos felicitan al vasco por su enjambre defensivo que equivocó a los futbolistas del Barça, que cayeron como moscas en él. Pero el gran Real Madrid no puede jugar como un equipo pobre, miedoso ante un rival que indiscutiblemente tiene peor plantilla. Pero juega con Flick como entrenador.

En el minuto 65 vi al Barcelona fiambre. Ni De Jong ni Pedri podían con las botas. Raphinha, cansado y Lamine Yamal, tan ineficaz como casi siempre, inútil para hacer un gol en su vida.

Ese minuto era decisivo, porque hasta Rodrygo y Vinicius pudieron poner al Madrid por delante en el marcador, pero erraron. En ese momento, sacas a Mbappé, ya que ha jugado al gato y al ratón dantescamente y le metes un susto al Barça y le das lo del cachetero en los toros.

El precario Xabi, que había planteado un partido como ya le hizo al Bayern, cuando era entrenador del Leverkusen, no sacó Mbappé y dio la suerte que una jugada de Raphinha de churro, media manga y mangotero, propició que el Barcelona, con la misma suerte de siempre, se pusiera por delante. Sí, digo la suerte, porque se ha cambiado de bando, el Madrid ya no la tiene. Ya es un poco cenizo.

Sacar a Mbappé a los 78 minutos. ¿Para qué? Sólo propició que al despótico De Jong le expulsaran. Desde hace 20 años, el árbitro pita algo en contra del Barça y los azulgrana se comen al juez. No le tienen miedo. Viven en la impunidad desde hace tantos años.

Curiosamente, tengo apuntadas más jugadas de gol para el Madrid que para el Barcelona. Las dos primeras en el primer tiempo de Vini y Gonzalo, aunque luego el brasileño hiciera una obra maestra.

En el segundo tiempo, de Rodrygo, pero le pegó muy flojo y mientras que al final, el Madrid se tiraba de los pelos y se oía el crujir de dientes, Carreras falló el gol del empate y, más tarde, Asencio, con la cabeza tenía también el 3-3. Un gol a las nubes y se acabó.

Hay misterios todavía por descubrir que acaba de suceder en el Madrid. Primero, el de Mbappé, con ese viaje fantasma o esa disponibilidad. Siempre se pone malo en los grades partidos.

El otro misterio fue el de Arda Güler, que estaba previsto que jugara de inicio y alguien dijo que jugara Gonzalo, no el turco. No hace falta tener mucha imaginación para saber de quién era el dedo del destino. Ya dije que el Madrid tiene una crisis más profunda de lo que se creen la Casa Blanca. Y Xabi Alonso no manda nada.

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

Raphinha hace supercampeón al Barça en un clásico de oxígeno y piernas ante un Madrid peleón

El Barça, dominante con balón, contundente en el área de Courtois y afortunado en el gol decisivo, reinó en la calurosa batalla de Yeda ante un Madrid peleón, con más entrega y corazón que fútbol, y se llevó una nueva Supercopa de España en suelo saudí. El caos de la primera parte, con dos goles para cada equipo, dejó paso al frenético final después del tanto de Raphinha, con los blancos perdonando el empate ante 10 futbolistas tras la expulsión de De Jong. [Narración y estadísticas (3-2)]

Xabi Alonso se jugó su destino en el Madrid con una carta inesperada. El técnico vasco asumió las condiciones de su equipo, lastrado físicamente por las lesiones en defensa y la duda de Mbappé, y condicionó su once al Barcelona de una manera tan descarada como por momentos efectiva. Contuvo la constante posesión culé (80% en la primera parte) con un muro de tres centrales, con Tchouaméni entre Asencio y Huijsen, dos carrileros en Valverde y Carreras, un doble pivote clavado delante (Camavinga y Bellingham) y Gonzalo suelto entre líneas para tapar todo lo que pudiera. Sólo Vinicius respiró para los contraataques.

La carta del de Tolosa fue conservadora, pero surtió efecto el tiempo que duró la solidaridad defensiva de los suyos, lo que Bellingham aguantó detrás de Pedri y Gonzalo a la sombra de De Jong. Mientras eso duró, el clásico saudí tuvo más miedo en la portería de Joan García que en la de Courtois a pesar del dominio azulgrana del balón.

Pérdida letal

Vinicius, en su mejor partido de la temporada, lo fue todo en el ataque del Madrid. Su arranque fue el de los blancos, que perdonaron varias ocasiones antes de la media hora en las botas del brasileño y de Gonzalo, flojos en el remate ante el guardameta catalán.

Pero a partir de la media hora, el Madrid tembló y el Barça lo aprovechó. Una pérdida de Rodrygo en salida pilló a sus compañeros lejos de su marca y Fermín encontró a Raphinha, que había perdonado tras una pérdida de Valverde un minuto antes, al espacio, amagó el brasileño y definió cruzado ante Courtois para el 1-0.

El Madrid se tambaleó durante unos minutos y el belga tuvo que aparecer ante Fermín y Lamine para evitar el segundo mientras su equipo se mareaba. Con el físico al límite, no buscaba, esperaba demasiado, y el Barça, con el viento a favor, terminaba encontrando un espacio.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.

Vinicius conduce el balón ante Koundé y Pedri.AFP

Hasta que una contra madridista descubrió a Vinicius en la izquierda y el brasileño volvió a mayo de 2024. Encaró a Koundé hasta el área, le tiró un caño extraordinario cuando venía la ayuda de un compañero, evitó la llegada de Cubarsí y empató el duelo ante Joan. Era el minuto 47 de un final de primer tiempo que entró en caos.

En la jugada siguiente, Lewandowski aprovechó las dudas de Tchouaméni y Huijsen en el marcaje, recibió de Pedri, siempre atento, dentro del área y picó la pelota ante la salida de Courtois. Era un posible golpe anímico al que el Madrid respondió de inmediato en un córner, ya en el 50. Huijsen cabeceó al palo y Gonzalo aprovechó el rechace para mandar el clásico a vestuarios con empate.

El descanso construyó las ideas del Barça, consciente de su superioridad física en Arabia ante un Madrid limitado que creyó en el título todo lo que confió Vinicius. El brasileño dio sus últimos suspiros en el inicio del segundo tiempo, fabricando las opciones blancas y perdonando el tercero ante Joan García. Tampoco estuvo fino Rodrygo, definiendo flojo ante el portero tras otra buena jugada de Vini.

Dos ocasiones clarísimas

Con los minutos, el Madrid desfalleció. Valverde, lesionado, pidió el cambio, Courtois salvó una mano clara ante Lamine y la suerte se alió con el Barça cuando Asencio desvió un disparo de Raphinha mientras el belga ya se vencía hacia un lado. Era el minuto 72 la orilla parecía lejos para el Madrid de Alonso, que recurrió a Mbappé e incluso a Alaba, único central disponible para sustituir a un Huijsen que tampoco pudo seguir.

Mastantuono y Ceballos fueron soluciones de emergencia ante el evidente cansancio de Vinicius y Camavinga, y el Madrid murió como pudo. Compitió, que era lo que la zona noble pedía en estas condiciones al equipo, pero le faltaron piernas y fútbol para aprovechar la superioridad numérica tras la expulsión de De Jong por una entrada con los tacos a Mbappé. Aun así, Carreras y Asencio tuvieron dos ocasiones clarísimas dentro del área para provocar los penaltis decisivos, pero remataron flojo, casi sin fuerza, a las manos de Joan García.

El Barça volvió a conquistar Yeda y la entrega del Madrid en cuanto a las sensaciones y lo apretado del marcador otorgan a Alonso su continuidad en el banquillo del Bernabéu.

¿Alguien puede parar a Raphinha? Valverde se presume como su opositor, con las alternativas de Carvajal y Trent

¿Alguien puede parar a Raphinha? Valverde se presume como su opositor, con las alternativas de Carvajal y Trent

Actualizado

"Siempre voy a tratar de alcanzar mi mejor nivel, nunca diré que ya estoy ahí. Siempre voy a intentar hacer una temporada si no perfecta, casi perfecta, buscando en todo momento lo mejor para el equipo". Así de contundente se mostraba Raphinha tras alzarse con el MVP de la semifinal de la Supercopa de España que disputaron el Barcelona y el Athletic el pasado miércoles. El brasileño, de nuevo, volvió a ser determinante: marcó dos goles y dio una asistencia. A pesar de que este curso se vio obligado a estar varias semanas en el dique seco por una lesión a la que le siguió una aparente recaída, ahora mismo parece realmente difícil de parar. Siempre y cuando arranque desde la banda izquierda del ataque azulgrana.

En los últimos cuatro partidos que ha jugado con el Barcelona, Raphinha suma cinco goles. En la Liga, marcó dos ante Osasuna en el nuevo Spotify Camp Nou y anotó uno en El Madrigal frente al Villarreal, pero no vio portería frente al Espanyol. En Cornella-El Prat, Hansi Flick lo situó como mediapunta por el centro, y desde allí sus características aparentemente se resienten. Si arranca desde la izquierda del ataque barcelonista, las cosas son muy diferentes, como demostró ante el Athletic.

Quién sería el jugador ideal para frenarlo será uno de los rompecabezas que tendrá que afrontar este domingo Xabi Alonso para preparar la final de la Supercopa. Una alternativa sería volver a apostar por Valverde, que ya jugó de lateral derecho ante el Atlético. Una posición que al uruguayo no le gusta, pero desde la que trata de cumplir de la mejor manera posible. Otras opciones serían apostar por la veteranía de Dani Carvajal o por la explosividad de Trent Alexander-Arnold.

Experiencia frente a carácter

Carvajal está encarando la recta final de su carrera en la élite y cuenta con experiencia más que de sobra para frenar las acometidas de Raphinha. El inglés, pese a que acaba de salir de una lesión, puede que tenga algo más de físico, pero su tendencia a subir al ataque y descuidar un tanto su zona defensiva puede abrir vías de agua que el brasileño no dudará ni un momento en aprovechar. Sus números, ahora mismo, son algo peores en comparación con los de una temporada 2024-25 en la que se perfilaba por lo menos entre los tres primeros clasificados para el Balón de Oro, pero no hay que olvidar su prolongada ausencia. A estas alturas, el delantero azulgrana sumaba el curso pasado 16 goles y 10 asistencias en 26 partidos. Ahora, acumula nueve tantos y cuatro asistencias en 16 encuentros.

La competición en la que Raphinha se mostró más acertado a estas alturas de la campaña pasada fue la Champions. En esa cita firmó seis tantos en seis encuentros, con un hat-trick frente al Bayern. En la presente, en cambio, aún no ha visto puerta en Europa, si bien solo ha jugado tres duelos en la máxima competición continental y en uno, de hecho, contó con menos de media hora. Si nos centramos únicamente en la Liga, las cosas han empezado a pintar mejor con su última racha, que le permite sumar siete goles en 12 partidos.

La temporada pasada, mientras, acumulaba antes de la final de la Supercopa de España 11 en 19 encuentros, un número de duelos que demuestra lo imprescindible que fue entonces para las estrategias de Hansi Flick. En la final del año pasado, el brasileño fue capaz de marcar dos de los cinco tantos que consiguieron los azulgrana, precisamente, en un duelo que fue también otro clásico, en el que se impusieron por 2-5, pese a jugar varios minutos con uno menos por la expulsión de Szczesny. Por lo pronto, el brasileño ya está con el cuchillo entre los dientes para el desafío de esta noche.

Una bronca a Simeone y una defensa a Vinicius para reconectar a Xabi Alonso y al vestuario del Madrid: “Es un maleducado”

Actualizado

Salió de su área técnica y avanzó hasta la de Simeone para recriminarle su actitud con Vinicius: «¡Tú a lo tuyo, Cholo!», le gritó. «¡Tú a lo tuyo!», repitió. Fue la primera vez desde que es entrenador del Real Madrid en la que Xabi Alonso rompió el molde. Unos minutos más tarde, ya en sala de prensa, acusó al técnico argentino de no ser ejemplo «de buen deportista». «No todo vale», añadió. Una crítica que dentro del club vieron como «necesaria» tras las palabras de Simeone hacia Vinicius. «Es un maleducado», se repetía ayer desde el club. Esas palabras reflejaron el cambio del de Tolosa en el último mes, mucho más cercano al brasileño y al vestuario, más pasional y menos científico en su manera de llevar a la plantilla, camino ahora de su primera final en el Madrid.

Y es que Xabi Alonso ha sustituido su manual de instrucciones por un manual de resistencia. En el Mundial de clubes, el vestuario del Madrid hablaba de un técnico «muy exigente», «intenso» y que metía «mucha caña táctica». En Estados Unidos, el equipo se plantó en las semifinales del torneo a base de finos cambios tácticos, de una presión alta sobre la salida de balón rival y de una construcción del ataque a través de la posesión.

Esa forma de actuar, especialmente la del día a día en Valdebebas, no terminó de cuajar en el grupo a la vuelta del verano, agrietado el vestuario con el paso de los meses, y ha desembocado en la solución final del último mes. El técnico vasco se ha adaptado y reencontrado con el vestuario a partir de la famosa charla en Atenas antes del duelo ante el Olympiacos. Ha bajado la exigencia táctica y las horas de vídeo, ha modificado el estilo para no morder tanto y sí esperar más atrás y la plantilla ha respondido elevando la actitud y la intensidad en la mayoría de los partidos.

Cambios futbolísticos

La constante serie de ultimátums a los que se ha enfrentado a Alonso desde la derrota contra el Celta, con la final de mañana como último y definitivo punto de inflexión, le ha obligado a confiar más que nunca en los métodos de su plantilla, en alienarse con ellos. Ante el Atlético, el vasco tenía claro el plan: balones largos a Gonzalo y Bellingham para tratar de ganar segundas jugadas, intensidad en los duelos individuales, poca salida de balón en corto y aprovechar las ocasiones. El resto, defender lo mejor posible y contener al rival. Sufrió el equipo y distó mucho de lo visto en el Mundial de clubes, pero funcionó, como le funcionó a Ancelotti.

La angustia de las últimas semanas ha terminado por reconectar al entrenador con el vestuario. Y ahí reside también su relación con Vinicius, cuya cronología han ido leyendo estos meses. El ímpetu de Alonso ante Simeone para defender a su futbolista en el césped y en la sala de prensa es el último ejemplo de esa cercanía. El brasileño, que sigue lejos de su mejor nivel, está algo más implicado en defensa, a lo que Xabi ha respondido con los aplausos públicos en mitad de los abucheos del Bernabéu y con elogios ante los medios. «Le volverán a aplaudir, estoy seguro», dijo tras el duelo ante el Betis. El vestuario también ha cambiado el todo. «Estamos a muerte con el entrenador», dijo Bellingham en la previa de la semifinal. «El entrenador estuvo con una energía positiva para cambiar las cosas cuando no estaban bien, lo importante es que ahora tenemos claro lo que quiere el técnico y el cuerpo técnico y tenemos que defenderlo», reflexionó Valverde en zona mixta.

La gestión con Mbappé

En esa reconexión con el vestuario también está la gestión del último mes de Mbappé, piedra angular del proyecto. El francés no jugó contra el City en Champions por unas molestias en la rodilla y después forzó contra Alavés, Talavera y Sevilla para intentar batir el récord de Cristiano. Todo bajo el permiso de Alonso, que el martes le dejó en Valdebebas y no le llamó para Arabia porque el delantero no podía jugar. Ahora, sólo tres días después, Mbappé llegó ayer en vuelo privado a Yeda para sumarse a la final al estar «recuperado» para el clásico.

Concesiones o no, el Madrid de Xabi, todavía en duda, suma cinco victorias seguidas.

El calor mató el fútbol

El calor mató el fútbol

Actualizado

El Madrid ganó de milagro. No lo mereció. El Atlético no debió de perder. Tuvo más el balón, hizo más acciones de gol y se fue de la semifinal sin pena ni gloria. El equipo rojiblanco no ha encontrado a Julián Alvarez, que parece otro jugador y Llorente no puede ser siempre el milagro. Simeone no da para más.

Da igual, porque los dos equipo estaban muertos de calor, hastío, cansancio y apenas podían con esa asesina humedad que acaba a cualquier deportista. Es un sitio nefasto para jugar. Es inaudito que el fútbol español sufra por dos aventureros -por no decir otra cosa- como el ex-presidente, el del piquito y el pesetero Piqué.

Son culpables de que nos tengamos que tragar un partido anodino, sin fe ni fiebre, porque las condiciones de juego son criminales. Los árabes acabarán con el fútbol tal como lo entendemos.

El Madrid sobrevivió en la primera parte gracias al golazo de Valverde y los milagros de Courtois. Y poco más. Así que no jugó a nada, con una inacción obsesiva. Sobre todo para el plano mediocre de Alonso, que no puede con el síndrome de Ancelotti, de cuando no se tiene ventaja siempre hay que echarse para atrás.

El Atlético, con Llorente y Baena fue más lascivo en ataque que el Madrid. Los brasileños perdieron dos ocasiones de gol meridianas, aunque el que más se desesperaba era Vinicius, que dejaba a Llorente llegar hasta la meta y estaba allí, casi sentado, como un convidado de piedra.

El Madrid jugaba andando, como es habitual en la personalidad deficiente de Alonso. Ni Bellingham ni Tchouaméni ni Camavinga juegan con inteligencia en el centro del campo. Además, Camavinga casi regaló un gol por esa manía que tiene de conducir el balón, personalmente, algo que también es facultativo de Bellingham.

¿Por qué se lesionan tanto los defensas del Madrid? Porque están vendidos, al no existir un centro del campo que proteja y organice. Es un puñetero escándalo que habla de la plantilla y de ese aprendiz que es Alonso. El trabajo de Asencio y Rüdiger fue estajanovista. No había centro del campo. Nadie ordenaba. Ni sufría.

Al final, es el chutazo de Valverde y su gran pase para la buena definición de Rodrygo sirvieron para una final injustamente conquistada. Da igual, con el cansancio y la mezquindad del equipo de Alonso, el Madrid será carne de cañón ante el hambres azulgrana.

El caso de Vinicius sobrepasa la indignación. Ni jugó ni peleó y sólo intentó que perdiera el Madrid. Simeone -qué odio tiene al Madrid- le decía que Florentino le iba a echar y el brasileño picaba. Es imposible que Vinicius siga jugando de blanco. Es un escarnio. Lo malo es que su papá Florentino no le va a sacar ni un euro por quitárselo de encima.

La victoria del Madrid del Paleolítico

La victoria del Madrid del Paleolítico

La victoria del Paleolítico lleva al Madrid a la final. No es extraño que la represente Valverde, futbolista de empuje y fuerza, condensadas en el misil que las baterías antiaéreas del Atlético midieron mal. El primero, Oblak. El uruguayo ha pasado de ser un futbolista con dificultades para adaptarse a lo que quería Xabi Alonso a una pieza clave, aunque sea como lateral, para un entrenador que lo que quiere, hoy, es sobrevivir. La fuerza siempre ayuda, aunque no deja de ser un síntoma de que la evolución pretendida por el tolosarra se ha detenido. El otro es observar los saques en largo de Courtois en busca de Gonzalo y la segunda jugada, un argumento primario, lejos del fútbol sofisticado que busca quien pretende confeccionar equipos de autor, como el Bayer Leverkusen.

El paso a la final mantiene la débil línea de crédito de Alonso, pero le aboca a un duelo terrorífico contra el Barça. Ninguno de los dos finalistas son actualmente los del clásico del Bernabéu. El domingo, en Yeda, estará expuesto al tremendo fuego enemigo, recuperado en la medida en la que lo ha hecho Raphinha, y muy pendiente del fuego amigo.

Las bajas en defensa, que obligaron al Madrid a acabar con Tchouaméni y Carreras como centrales, no excusan al Madrid de los problemas que atravesó en la salida de balón. No es únicamente una cuestión de piezas, sino de juego, voluntad y seguridad. La presencia de Güler en el banquillo era, asimismo, otra prueba de que los principios de Xabi Alonso han cambiado o se han adaptado a las circunstancias. Mal asunto.

El Madrid resistió, muy cerquita de Courtois, porque al Atlético le faltó calidad para definir ante portería y llevar su dominio, total, al marcador. Para eso no bastaba la energía de Marcos Llorente, incansable. Necesitaba al Julián Álvarez de verdad, no al que saltó al terreno de juego, o más tiempo a Baena, sustituido por Simeone, desesperado y desesperante.

El mesías del Atlético, que juega todos los partidos, intentó desestabilizar a Vinicius desde la banda, pero el brasileño no necesita ayuda. Esta out. Muy lejos de Oblak, era un futbolista sinsentido: no tenía capacidad para salir a la contra y no sabe presionar. El día sin Mbappé y sin los pitos del Bernabéu, ante una grada mitómana que todo lo aplaude, era su oportunidad. La aprovechó Rodrygo. La siguiente, el domingo.