Jódar, un brevísimo descanso y a por la hierba de Wimbledon, su nuevo desafío: "No sé muy bien qué me espera"

Jódar, un brevísimo descanso y a por la hierba de Wimbledon, su nuevo desafío: “No sé muy bien qué me espera”

El año pasado, pocos días después de su retirada, Rafa Nadal fue visto en las gradas del torneo ITF que se celebra en las instalaciones de su academia de Manacor animando a un tenista japonés llamado Naoya Honda. Honda era y sigue siendo hoy alumno suyo, llegó a Mallorca a los 14 años sin saber ni una palabra de inglés y ahora, a los 20 años, intenta saltar al circuito profesional de challenger en challenger. ¿A qué viene todo esto? Un momento.

Después de su excelente gira de tierra batida, culminada con sus cuartos de final en Roland Garros, Rafa Jódar ya está en la élite -alcanzó el número 23 del ranking ATP-, lo que quiere decir que ya no tiene descanso. De regreso a Madrid desde París, estuvo un par de días sin tocar la raqueta, pero justo después ya volvió a los entrenamientos para empezar a prepararse para los torneos que vienen. "¿Qué voy a hacer estos días sin entrenar? Ni idea, la verdad. Estaré en casa, en Madrid, descansando. Supongo que ni lo he pensado ni por un momento", aseguraba con una manera de vivir muy distinta a la que tenía Carlos Alcaraz incluso a su edad.

Al salir de la Philippe-Chatrier, Jódar ya pensaba en el siguiente reto que tenía por delante y, de ahí, nacía una preocupación: ¿dónde entrenar? Las próximas competiciones se celebran sobre hierba y en su club de toda la vida, el Club Tenis Chamartín, no hay pistas de hierba natural. Tampoco en cualquier otro club de Madrid ni en la península ibérica. Las únicas seis pistas de hierba natural que sobreviven en España están en el Mallorca Country Club y difícilmente Jódar podía acudir allí a prepararse. ¿Qué hizo? Apuntarse a todo.

Podía haberse consolado con una pista de césped artificial, como las que tiene el Club de Campo Villa de Madrid, o utilizar algún campo de fútbol, como hizo tiempo atrás Alcaraz, pero prefirió entrenarse en competición. Antes del primer Wimbledon de su vida, que se celebrará del 29 de junio al 12 de julio, disputará el ATP 500 de Queen’s que empieza mañana y el ATP 250 de Eastbourne, donde podría incluso optar al título. Su experiencia sobre la superficie es corta, pero siempre le quedará hacer memoria. ¿Cómo era aquello de jugar sobre hierba? Ah, sí, Naoya Honda.

La experiencia de niño

En toda su vida, Jódar solo ha jugado 10 partidos sobre césped y los 10 se disputaron prácticamente de manera consecutiva, en 12 días. En el verano de 2024, en su ascenso como júnior, Jódar viajó al Reino Unido para descubrir esta superficie y los resultados fueron más que notables. En el J300 de Roehampton, un barrio cercano a Wimbledon, en Londres, ganó en dos sets los seis encuentros que disputó y se proclamó campeón. Y en el Wimbledon júnior venció en las tres primeras rondas y cayó en cuartos de final. ¿Ante quién? Ante Naoya Honda, el pupilo de Rafa Nadal.

De todos sus rivales en aquellos torneos, solo dos -el marroquí Reda Bennani y el polaco Tomasz Berkieta- han debutado en el ATP, pero ninguno de los dos está entre los 500 primeros del ranking. Tampoco lo está Honda, que ahora mismo ocupa el puesto 872. Es difícil valorar la calidad de aquellos partidos, pero en todo caso Jódar salió airoso, y ese es el único precedente para valorar lo que le viene.

Thibault CamusAP Photo/Thibault Camus

"La verdad es que lo hice bien en aquellos torneos, pero era júnior y creo que no sirven como referencia. No sé muy bien lo que me espera en hierba porque apenas he jugado", contaba Jódar, que luego valoró sus opciones en la gira que viene. "Intentaré prepararme lo mejor posible para conseguir experiencia, simplemente. No tengo muchos objetivos, solo disfrutar de los torneos previos y de Wimbledon", aseguró sobre el próximo Grand Slam.

En el ATP 500 de Queen's, donde debutará este lunes o el martes, partirá como quinto cabeza de serie con pocos rivales ante los que sentirse intimidado. Pese a la solera del torneo, un clásico en la preparación para Wimbledon, sólo se ha apuntado un Top 10, Alex de Miñaur, en una profunda crisis esta temporada, y otros tres jugadores con mejor ránking que Jódar, Jiri Lehecka, Jakub Mensik y Alejandro Davidovich. El joven español debutará ante el peruano Ignacio Buse, se encontraría a De Miñaur en cuartos y a Mensik en semifinales.

Después viajará a Eastbourn y, pase lo que pase, al All England Lawn Tennis and Croquet Club llegará seguro como uno de los 32 favoritos, lo que le evitará una primera ronda contra Jannik Sinner, Alexander Zverev o Novak Djokovic; allí intentará volver a asombrar como hizo recientemente en Roland Garros. Su experiencia sobre hierba es corta y habrá que ver cómo lleva la adaptación, pero siempre podrá hacer memoria y recordar a Naoya Honda.

Rafa Jódar y la huella que deja en Roland Garros: fascinación con "the new Rafa", aumento de fans y el refugio de 'La casa de papel'

Rafa Jódar y la huella que deja en Roland Garros: fascinación con “the new Rafa”, aumento de fans y el refugio de ‘La casa de papel’

Un periodista estadounidense de uno de los medios más leídos se acerca a la larga mesa donde trabajan los enviados españoles en la sala de prensa de la planta baja de la Philippe-Chatrier con una teoría intrigante. «Oye, ¿sabes si a Jódar le pusieron Rafa por Nadal?», pregunta y la cuestión exige una aclaración: «¿Cómo?». «Claro. Nadal ganó su primer Roland Garros en junio de 2005 y Jódar nació justo un año después».

La realidad es menos novelesca. Rafa Jódar se llama Rafa igual que su padre, su abuelo y su bisabuelo -y otros 200.000 españoles-. Pero el interés de la prensa internacional por su nombre, su historia y todo lo que le rodea confirma la dimensión del fenómeno: este Roland Garros deja la locura por el nuevo Rafa.

«Meet the new Rafa planning to conquer Roland Garros», titulaba un reportaje de la BBC. «The new Rafa: Rafael Jódar is captivating the French Open crowds», destacaba ESPN. «Jódar, le nouveau Rafa de l'Espagne», subrayaba L'Équipe. Pese a su derrota este martes ante Alexander Zverev en cuartos, el español vivió su presentación con un nombre cargado de recuerdos y un tenis cautivador como argumento.

EFE

«Es la revelación de la temporada. Juega como un tornado. Al final le venció, pero estoy seguro de que Sascha [Zverev] se estremeció un poco cuando supo contra quién jugaba en cuartos. Era una auténtica prueba para él», analizaba Boris Becker, seis veces campeón de Grand Slam, que subrayaba la «agresividad» del juego de Jódar como «algo refrescante».

«Tiene algo único, bastante inusual. Ha cogido cosas de varios jugadores. Estos chicos jóvenes juegan con una potencia natural tremenda», añadía unos días atrás John McEnroe, siete veces campeón de Grand Slam, en conversación con EL MUNDO, en la misma línea.

Adiós al "arquetipo de tenista español"

Tanto sorprendió el estilo de Jódar en este Roland Garros que The Athletic, la sección de deportes de The New York Times, le dedicó ayer un análisis que concluía de la siguiente manera: «Ha demostrado al mundo del tenis que el arquetipo del tenista español, el jugador incansable que deja a sus oponentes exhaustos durante una tarde interminable, puede haber muerto y desaparecido para siempre».

En España, el interés por Jódar saltó las fronteras del tenis durante el Trofeo Conde de Godó primero y, sobre todo, en el Mutua Madrid Open. La lesión de Carlos Alcaraz hizo que los focos se dirigieran al joven, que vivió su primer pico de atención en su duelo ante Jannik Sinner en cuartos del Masters 1000 madrileño.

Pero fuera de España esa fascinación ha sido una bola de nieve que llegó relativamente pequeña a Roland Garros y fue creciendo a lo largo del torneo. En su debut ante Aleksandar Kovacevic, ya llenó la modesta pista 12 de aficionados que querían ver a ese nuevo portento de 19 años y progresivamente el interés fue en aumento. Llegó un momento que no hubo más remedio que programarle en pistas con mayor aforo.

Aurelien MorissardAP Photo/Aurelien Morissard

En segunda ronda jugó en la pista 7; en tercera, en la Simonne Mathieu, la tercera pista en importancia del Grand Slam francés; y su partido de octavos de final ante Pablo Carreño se disputó en la Suzanne-Lenglen, con capacidad para más de 10.000 espectadores. Los cuartos de este martes ante Zverev, por supuesto, tuvieron lugar en la pista central, con sold out.

Su forma de surfear la ola

Reclamado por los fans al final de cada encuentro, Jódar ha agradecido esas muestras de cariño, esa atención, esas ganas de saber de él, aunque a su edad todavía está aprendiendo a gestionarlas. Durante el torneo se ha parado siempre que le han pedido fotos y autógrafos, pero también ha buscado la calma.

Todos sus entrenamientos han sido en pistas reservadas, lejos de los aficionados, al contrario de lo que suele hacer Carlos Alcaraz, a quien le gusta prepararse ante el público y apenas ha salido de su hotel.

Aurelien MorissardAP Photo/Aurelien Morissard

«En los torneos no me distraigo mucho. Voy de las pistas al hotel y del hotel a las pistas. Dedico las horas a descansar, hablo con mis amigos por teléfono y, si eso, veo alguna serie. En este Roland Garros he empezado la nueva temporada de La casa de papel. Me gusta el profesor», contaba el tenista a la prensa española.

Pese a su derrota ante Zverev, el mundo ya conoce al new Rafa, un fenómeno que ha dejado huella en París. Ahora, el futuro es suyo.

Zverev despierta a Jódar de su sueño en Roland Garros

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Al salir aplaudido de la Philippe-Chatrier, Rafa Jódar se permitía un repaso a las gradas y un último vistazo a la pista. Pertenezco a este sitio, se leía en sus ojos. Este martes se fue con una derrota en cuartos de final de Roland Garros ante Alexander Zverev por 7-6(3), 6-1 y 6-3 y con algo más valioso: la confianza de que volverá. Durante semana y media ha confirmado que los Grand Slam son su lugar en el mundo y que disfruta entre tanta grandeza.

A sus 19 años ha podido comprobar que sus golpes son efectivos, que resiste remontadas a cinco sets y sobre todo que tiene las agallas necesarias para crecerse en estas plazas. Debe mejorar su físico y trabajar en aspectos de su juego como el saque o la variedad, pero tiene la potencia, la cabeza y la valentía. En unos años, tan excelente debut sólo será visto como el prólogo de algo mucho más grande.

Se recordará la frescura en su debut ante el estadounidense Aleksandar Kovacevico la lucha para remontar en cinco sets ante Pablo Carreño en octavos, pero también debería quedar en la memoria su primera hora ante Zverev.

Aurelien MorissardAP Photo

El marcador final resume con crueldad, pero al inicio el miedo recorrió los brazos del alemán, todo un número tres del mundo, desde los hombros hasta las puntas de los dedos y fue mérito de Jódar. Zverev nunca fue un tenista especialmente valiente; ya le advirtió Toni Nadal que, si quería ganar por fin un Grand Slam, tendría que atreverse más. Pero durante un rato, ante el español, estuvo encogido. La lesión de Carlos Alcaraz y las eliminaciones de Jannik Sinner y Novak Djokovic han colocado todos los focos sobre él -más presión para un jugador arrastra un saco de dudas e inseguridades-, pero además delante tenía un chaval sin miedo.

Durante el primer set, Zverev se refugió en la prudencia. Ni un paso adelante en los segundos saques de Jódar, no aceleraba la derecha, no buscaba las líneas, ni se planteaba abrir la pista con ángulos agresivos. Bolas lentas, cortas y casi siempre al centro. Su plan consistía en proteger su poderoso servicio y esperar a que el joven le regalara la victoria a base de errores. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.

El 'break' de Jódar

Pese a la grandilocuencia de la pista, con 15.225 aficionados en las gradas y una placa de Nadal en el costado, Jódar salió a golpear con todo y con todo golpeó. Un zambombazo. Y otro. Y los intercambios eran suyos. En el primer set consiguió un break a favor, con 5-3 llegó a sacar para llevarse el periodo y pudo haberlo hecho si Zverev no hubiera despertado. Con su pose melancólica de siempre, su mirada al suelo y sus indescifrables gestos costaba leerlo, pero en cuanto sufrió la rotura de servicio liberó su tenis. Se metió en la pista y ya no perdonó ni una. 11 puntos consecutivos ganó. De derechazo al fondo en derechazo al fondo, de revesazo desde el fondo en revesazo desde el fondo, hasta la victoria final.

Aurelien MorissardAP Photo

En el tie-break del primer set, Jódar perdió sus oportunidades por culpa de dos errores con su drive y luego ni en el segundo ni en el tercer set pudo sostener el ritmo de su rival. Zverev se enfrentará el viernes al vencedor del duelo entre Jakub Mensik y Joao Fonseca, es decir, otro joven, y deberá ser más osado desde el principio si quiere ganar por fin, de una vez, su primer Grand Slam.

Jódar, por su parte, podrá -también por fin- marcharse a descansar. En su primera temporada como profesional ha encadenado una increíble racha de 29 partidos en sólo tres meses y en Roland Garros lo ha notado. En su estreno mantuvo aquella alegría con la que asombró en el Trofeo Conde de Godó y el Mutua Madrid Open, pero en las últimas rondas ya se podía observar que las piernas le pesaban. Normal. Pese a ello se plantó en cuartos de final en su primer Roland Garros. De su estreno en París se llevó un puñado de puntos que le aupan al número 23 del ranking mundial, se lleva la experiencia de atemorizar a Zverev y se lleva la confianza de que volverá.

El año que cambió a Jódar: un ex entrenador de Nadal, las reuniones con su padre y su “seriedad nunca vista” en la Universidad de Virginia

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Hace justo un año, Rafa Jódar ocupaba el puesto 671 del mundo y lamentaba una derrota en el challenger de Tyler, Texas, un torneo tan modesto que no instala gradas ni mantiene página web oficial. Este martes (sobre las 16.00 horas, Eurosport), ya en el puesto 23 del ranking ATP, juega los cuartos de final de Roland Garros en la Philippe-Chatrier contra Alexander Zverev. Aquí sí hay gradas e incluso web. El contraste es tan delirante que merece una explicación.

El resumen es que pasó un año estudiando Economía en la Universidad de Virginia, compitiendo en la liga universitaria NCAA, y apenas podía participar en competiciones menores en Estados Unidos cuando no había clases. Pero ¿qué hacía Jódar en la universidad? Ya había sido campeón del US Open junior, conocía a entrenadores de renombre, le cortejaban las marcas comerciales; ya tenía abiertas las puertas al profesionalismo.

Pero tanto él como su padre estaban convencidos de que ese año en la universidad completaría una formación aún inconclusa, y así fue. «Esa etapa me ayudó mucho a desarrollarme como persona y también a convertirme en mejor jugador. Fueron meses muy importantes en el proceso», comentaba Jódar la semana pasada sobre un camino insólito -el suyo- para ascender a la élite. No fue miedo; no era estudiar una carrera por si el tenis fallaba. No fue desconocimiento. Fue la certeza, compartida por padre e hijo, de que era mejor crecer lejos de los focos de los Grand Slam y los Masters 1000. Hubo quienes insistieron a ambos en que se hiciera profesional. Hubo llamadas, reuniones... y nada.

La convicción de su padre

Para comprender la historia hay que remontarse un año más, a la primavera de 2024. Como jugador del Club de Tenis Chamartín de toda la vida había sido campeón de España júnior y la Federación Española de Tenis le quiso impulsar a la cima. En cuanto acabó los exámenes de Bachillerato en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de Leganés, dejó Madrid y se instaló en Sant Cugat, cerca de Barcelona, para entrenar en la prestigiosa academia BTT bajo las directrices de Francis Roig, exentrenador de Rafa Nadal.

«Vivía junto al resto de jugadores jóvenes en una casa que tenemos alquilada y cada día se subía a la furgoneta como uno más. Le asignamos un entrenador, Harrison Lambe, un joven australiano formado por nosotros, bajo la supervisión directa de Francis. Y junto a él hizo octavos de final en Roland Garros júnior, ganó en Rockhampton en su categoría de edad, llegó a cuartos en Wimbledon junior y, al final, se alzó con la victoria en el US Open júnior», recuerda Jordi Vilaró, director de la academia BTT, que añade: «Era delgado, pero ya tenía buenas cualidades físicas, pegaba muy bien y muy limpio, y sobre todo era muy sólido. Los juniors suelen tener muchos altibajos y él no los tenía».

Jódar, con Lambe, en Roland Garros 2024.

Jódar, con Lambe, en Roland Garros 2024.H.L.

Por eso, desde la academia catalana lo intentaron todo para que comenzara a participar en los grandes torneos. «Junto a Francis Roig y Javier Soler, director deportivo de la Federación, hicimos varios intentos de convencer al padre para que apostara por el mundo profesional. Incluso Francis viajó a Madrid para reunirse con él. Pero tenía muy claro que su hijo iría a la universidad y no hubo manera de hacerle cambiar de opinión», cuenta Vilaró, que a finales de 2024 tuvo que despedirse de Jódar. Al final, adiós al circuito ATP: se marchaba a la Universidad de Virginia.

La vida universitaria

«Rafa se unió a nosotros en enero de 2025. Nos habíamos conocido en el US Open júnior que ganó y ya teníamos buena relación. Entró a vivir en la residencia de tenistas con nueve compañeros de equipo y pasaba con ellos su tiempo fuera de la pista», narra Brian Rasmussen, entrenador de Jódar en Virginia, con quien mantiene una estrecha amistad. Tanto que en el pasado Open de Australia viajó a Melbourne para sentarse junto a su padre en el palco. Al español le pusieron como compañero de habitación al coreano Kim Jangjun y entre sus compañeros también estaban los estadounidenses Roy Horovitz, Keegan Rice o James Hopper. De momento ninguno de ellos ha debutado en ATP.

¿Ya era tan bueno Jódar cuando llegó?
En los primeros meses le ayudamos mucho con su condición física y su saque. Luego fue añadiendo más variedad a su juego. Pero ya llegó con las herramientas necesarias para ser un muy buen tenista. Creo que aquí se adaptó a la intensidad de jugar ante grandes públicos, porque la NCAA suele despertar mucho interés. Lo mejor que tenía era que siempre lo daba todo en la pista. Tenía una seriedad que nunca había visto a su edad. Nunca tuve que pedirle que se esforzara más.

Rasmussen confiesa que una de las cosas que más le asombraron del español fueron sus notas. «Hizodos semestres increíbles. Viniendo de fuera y con el tenis, en su primer año mantenía un expediente de 3,5 sobre 4 en el sistema Grade Point Average (GPA), es decir, sacó sobresaliente en casi todas las asignaturas. Dedicaba gran parte de su tiempo a ser el mejor estudiante posible. Era muy importante para él y para su familia», concluye Rasmussen sobre el chico que el año pasado competía por ser el Rookie of the Year de la NCAA -y lo fue- y hoy disputa los cuartos de final de Roland Garros.

Jódar y el misterio de la soledad de su padre en el palco: “Es el único que se puede sentar ahí”

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Tres filas de seis asientos: 18 en total. El palco de los jugadores es un espacio amplio, muy amplio, que normalmente está abarrotado. Allí se sientan entrenadores, preparadores físicos, fisioterapeutas, mánagers, médicos, padres, madres, hermanos, primos e incluso amigos e invitados VIP. Por poner un ejemplo: si al tenista le viste Nike o Adidas, el responsable de esa marca también suele tener su hueco reservado. Pero en cada partido de Rafa Jódar en este Roland Garros el palco está prácticamente vacío. Solo, y normalmente en una esquina, se sienta su padre, Rafael. Nadie más.

Es una rareza, algo insólito en el tenis de élite, que incluso provoca equívocos. En tercera ronda ante Alex Michelsen, Jódar tuvo que detener el partido en un par de ocasiones para pedir a unos aficionados que se habían sentado allí por error que abandonaran su zona. «Los jugadores tenemos el derecho de decidir quién se sienta en nuestro 'box' y el único que puede hacerlo en el mío es mi padre. Supongo que esos aficionados debían tener sus asientos muy cerca y se equivocaron, y yo solo se lo recordé», se defendía el español, con toda la razón.

«Él siempre ha estado conmigo, ha sido mi mayor apoyo desde que soy niño», reivindicaba este domingo Jódar tras derrotar a Pablo Carreño en octavos de final. En su primer partido en una de las dos pistas centrales de París, la Suzanne-Lenglen -con capacidad para 10.000 espectadores-, la soledad de su padre quedaba aún más acentuada, sobre todo teniendo en cuenta que varios amigos de Jódar habían llegado desde Madrid para apoyarle y optaron por sentarse fuera del palco.

En realidad, en esa decisión de que el padre esté solo hay mucho simbolismo. Desde que empezó en el garaje de su casa en Leganés, Jódar siempre ha seguido sus directrices, aunque a lo largo de los años ha contado con la opinión de múltiples entrenadores: los del Club de Tenis Chamartín, los de la Universidad de Virginia e incluso algunos externos a ambas instituciones, como Fernando Varela. Él y su padre, contra el mundo. Era así en la infancia, también en la adolescencia, y quieren que siga siendo así ahora, en su asalto a la élite y en los grandes escenarios.

Los buenos y malos ejemplos

Según explica a EL MUNDO su entorno, la intención es que «como mínimo» este año la estructura se mantenga intacta; el futuro ya se verá. Jódar ya cuenta con ayuda en la gestión de prensa y valora la contratación de un fisioterapeuta, pero de momento nadie acompañará a su padre en el palco. En el Trofeo Conde de Godó y en el Mutua Madrid Open lo hizo puntualmente el doctor Ángel Ruiz-Cotorro, médico de la Federación, «por si pasaba alguna cosa», y en este Roland Garros se ha sumado David Ferrer, capitán de España en la Copa Davis, a quien no se le puede negar un lugar. Pero ya está.

La relación de Jódar con su padre es muy particular; desde fuera resulta difícil de descifrar. En el Masters 1000 de Roma, Jódar le lanzó algunos reproches antes de caer derrotado ante Luciano Darderi, pero fue una excepción. A sus 19 años, el tenista no duda en reclamar soluciones cuando las cosas se tuercen, y lo que recibe son directrices crípticas, breves y en voz baja. Entre ambos no hay un intercambio continuo ni un toma y daca, como ocurre con otros tenistas. «Tenemos una conexión muy especial. Fuera de la pista se ven cosas que no se ven desde dentro y me ayuda mucho», comentaba este domingo.

La figura del padre-entrenador empezaba a estar pasada de moda en el tenis, aunque siguen existiendo ejemplos en ambas direcciones. Alexander Zverev, el rival de Jódar en cuartos de final, siempre ha sido entrenado por su padre, al igual que Casper Ruud o Flavio Cobolli, modelos de éxito; el caso de Stefanos Tsitsipas ilustra, en cambio, que la fórmula no siempre funciona. Jódar, de momento, triunfa con la única ayuda de su padre.

Jódar supera a Carreño y llama a la puerta de los grandes en cuartos de Roland Garros

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Hay un conocimiento que solo nace de la vivencia. Rafa Jódar ya ganó un título profesional, ya asombró al público, ya desafió al número uno del mundo en aquella tarde para el recuerdo en Madrid. Pero el próximo martes, a sus 19 años, jugará sus primeros cuartos de final de Roland Garros; un éxito y una oportunidad. Ante Alexander Zverev, máximo favorito en el torneo, se presentará en la Philippe-Chatrier ya sin nada que perder para cruzar al siguiente umbral. Al acabar, pase lo que pase, no será el mismo. Será mejor. Aprenderá cuánto pesa la cercanía de un título así, qué ruido hace una pista así, cómo se respira cuando el mundo te mira así. Así se construye un campeón.

Mil estadísticas asombrosas rodean al español en su ascenso, su precocidad, su rapidez, pero no hay que olvidar la más obvia: está disputando su segundo Grand Slam. Y en el primero, el pasado Open de Australia, apenas jugó un par de encuentros. Que con esa experiencia se plante entre los ocho mejores del torneo resulta asombroso. Más aún que lo haga sin haber necesitado su mejor tenis.

Este domingo, en octavos de final, venció a Pablo Carreño por 4-6, 4-6, 6-1, 6-2 y 6-2 en tres horas y 41 minutos de un duelo extraño, marcado por cambios tácticos, dolores e interrupciones. Un único momento lo definió todo. A mediados del tercer set, Carreño notó un tirón en el hombro derecho -un chasquido, un algo- y a partir de entonces el partido cambió de naturaleza. Hasta ese instante había empujado a Jódar fuera de la pista con el revés cruzado y le había generado dudas, muchísimas dudas. Después del susto dejó de aguantarle los intercambios. Carreño fue atendido por el fisioterapeuta, se medicó y esperó que con el paso de los minutos la molestia remitiera. No ocurrió. A sus 34 años, suficiente había aguantado ya.

El dolor de Carreño

Llevaba más de un año fuera del circuito por una lesión en el codo y había caído más allá del puesto 100 del ranking ATP. Esta semana se sorprendía de su propio estado físico, pletórico en las tres rondas previas, especialmente en la victoria ante Jiri Lehecka; la semana pasada se había retirado del challenger de Valencia por dolor en ese mismo hombro. "Estoy disfrutando mucho, espero que el hombro aguante y que mi cuerpo me deje jugar", pidió en la previa. No pudo ser. Su primera hora contra Jódar fue un clínic de cómo se juega en tierra batida: con inteligencia, con aguante, con fuerza. Después ya no pudo hacer nada.

Aurelien MorissardAP Photo/Aurelien Morissard

Se marchó triste, aunque algo se llevó: la lección ofrecida. Porque Jódar venció ayudado por las molestias de Carreño, sí, pero sobre todo gracias a su propia evolución dentro del partido. En París se le ve más cargado que en el Conde de Godó y el Mutua Madrid Open, y durante los dos primeros sets no supo qué hacer ante la solidez del veterano. Se entregaba al intercambio sin más, sin encontrar la manera de salir del revés de Carreño ni de generar ganadores, y los errores se acumulaban. Luego cambió.

A partir del tercer set, Jódar se metió más dentro de la pista para presionar los servicios de su rival y empezó a variar su juego. No se trataba de asumir más riesgos, pero tampoco de repetir una y otra vez el mismo golpe. Si no movía del sitio a Carreño, un jugador quince años mayor que él, no lo iba a derrotar. Y el cambio surtió efecto. Bajo la amenaza de lluvia, que obligó a interrumpir el juego en un par de ocasiones, Jódar fue adueñándose del partido y con Carreño ya mermado no hubo color.

Una tradición asombrosa

«Quiero felicitar a Pablo porque ha hecho un gran torneo y espero que le vaya muy bien esta temproada. Es difícil jugar contra él porque tiene un gran revés y cuesta cambiarle. He intentado no precipitarme, estar ahí, no fallar mentalmente y no sumar muchos errores. En los primeros sets no me ha salido bien, pero luego he mejorado», analizaba Jódar al acabar el partido, antes de agradadecer el apoyo a los aficionados españoles presentes, heredero de una tradición. En los últimos 30 años -¡30 años!-, España siempre ha tenido a un tenista en cuartos de Roland Garros. Empezó Bruguera en 1997, siguieron Mantilla, Corretja, Moyà, Costa, Ferrero y así hasta Alcaraz pasando por Nadal, por supuesto, o Ferrer, Robredo, Almagro, Ramos, Davidovich y el mismo Carreño.

A sus 19 años, en su segundo Grand Slam, Jódar ya se ha apuntado a esa lista y mañana aprenderá qué se vive en un escenario así.

El ayudante que se convirtió en rival, la historia detrás del duelo entre Jódar y Carreño: “Era muy delgadito, sigue siéndolo”

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A Rafa Jódar se le veía en una nube a los 17 años cuando, recién proclamado campeón del US Open junior, recibió la llamada de David Ferrer para ser el 'sparring' del equipo español de la Copa Davis. Le tocó hacer de ayudante, pasar bolas en los entrenamientos para que sus referentes practicaran, pero él estaba encantado. Era septiembre de 2024, era la fase de grupos de Valencia, y allí estaba Carlos Alcaraz, por supuesto, junto a Roberto Bautista, Pedro Martínez y Pablo Carreño.

"Era muy delgadito y lo sigue siendo, aunque ya ha echado un poco más de cuerpo. Ya veíamos que jugaba muy bien, con esas palancas que tiene, con esos golpes tan fuertes, con esa manera de no perder la pista ni un momento", analizaba este viernes el propio Carreño después de confirmarse un reencuentro solo un año y medio después. Este domingo, en octavos de Roland Garros, habrá duelo español: Jódar, aquel adolescente que echaba una mano a los mayores, se enfrentará ahora a uno de ellos, Carreño, por un puesto en cuartos.

"Recuerdo hacerle de 'sparring' y será un partido especial. Para mí será un reto y una oportunidad para seguir mejorando", comentaba Jódar sobre el encuentro. Para los dos será una oportunidad única, aunque los dos llegarán con el cansancio en las piernas.

El triunfo de Jódar

Jódar se la ganó aprendiendo una lección: la resistencia. Su victoria ante el estadounidense Alex Michelsen fue un ejercicio de pura supervivencia que se extendió durante cuatro horas y cinco sets (7-6, 6-7, 4-6, 6-3 y 6-3). Los dos rivales se parecían demasiado -misma generación, mismo metro noventa y tres, mismo tenis plano y agresivo, misma formación universitaria en Estados Unidos- y esa simetría condujo a un partido larguísimo. En los momentos más duros, cuando ya se asomaba al abismo de la eliminación, el español se pasó el cuarto set levantando los brazos para animarse, para despertar a su afición. Funcionó.

ALAIN JOCARDAFP

En el quinto, más lúcido, más entero, empezó a mover mejor a Michelsen, a gestionar los puntos con mayor criterio, y fue imponiendo su peso físico y mental sobre un rival que se desvanecía. "Estoy supercontento por estar en octavos, es un sueño hecho realidad. He tenido que luchar mucho y me quedo con mi mentalidad", proclamó ayer al terminar.

La victoria de Carreño

Horas antes, Carreño llegó al mismo destino desde la orilla opuesta: el disfrute de quien ya no tiene presión. A sus 34 años, después de una larguísima recuperación de una lesión en el codo y de una reciente dolencia en el hombro, venció al argentino Thiago Agustín Tirante por 7-6(0), 7-5, 3-6 y 6-4 y se metió en octavos por primera vez desde 2021.

EFE

Lo hizo con un juego completísimo, variado e inteligente, capaz de frenar el ímpetu de su rival desde el fondo de la pista, y también con carácter: en el tercer set, con más de dos horas ya en las piernas, se pegó un sprint de camino al banquillo, mensaje claro para Tirante de que si quería ganar tendría que hacerlo con tenis. Y con tenis, Carreño mandó.

La semana pasada ni siquiera podía coger la raqueta; ayer se echaba las manos a la cabeza sin dar crédito. Ahora le tocará vencer a aquel chavalín que hace no tanto se ilusionaba por hacerle de ayudante: "Rafa se fue a la universidad en Estados Unidos y le vino muy bien. Creció apartado de los focos, un poquito escondido y este año ha dado un salto grandísimo de nivel, ha cogido confianza muy rápido. No le tembló la mano ni en Barcelona, ni en Madrid, ni en Roma y no le está temblando aquí. Será bonito enfrentarme a él".

Jódar aclara su incidente con una recogepelotas: “No la he tocado, nunca haría eso”

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Una hora después de su victoria ante Alex Michelsen por 7-6(0), 6-7(3), 4-6, 6-3 y 6-3, Rafa Jódar entró en la sala de prensa de la Philippe-Chatrier con la preocupación reflejada en el rostro. De alegría, ni rastro. Ya clasificado para los octavos de final de Roland Garros, donde se enfrentará a Pablo Carreño, sabía que llegaría una pregunta incómoda, sabía que tendría que responderla de la mejor manera posible y sabía que su imagen pública estaba en juego.

Al término del encuentro, en las redes sociales -especialmente en Twitter- comenzó a viralizarse un episodio de apenas unos segundos que podría cambiar la percepción que los aficionados tienen de él. Entre el cuarto y el quinto set, Jódar se dirigió decidido hacia el vestuario y mantuvo una conversación a distancia con su padre y entrenador, que se encontraba en su palco. Por el camino, se cruzó con una recogepelotas y, en el encuentro fortuito, ella tropezó con la lona y estuvo a punto de caerse.

En las imágenes de la retransmisión internacional no quedaba claro si había existido contacto entre ambos ni si Jódar la había empujado. Las conclusiones de muchos usuarios ya condenaban al español, pero este quiso aclarar lo que realmente había ocurrido.

"Cuando ha acabado el set me he ido al baño, porque tengo derecho a cinco minutos de pausa, y en ese momento mi padre me iba a dar algo que tomo durante los partidos. Le dije que no, que me lo diera después, y justo en ese instante me encontré con la chica: ella intentó apartarse, se echó hacia atrás y resbaló. No la toqué. Nunca le haría nada a una recogepelotas", relató Jódar, quien añadió una defensa del colectivo para reforzar su argumento: "Sé lo que sufren en la pista porque hace mucho calor, y aprecio todo lo que hacen por nosotros. Nos ahorran mucho esfuerzo. Nunca les haría nada".

Jódar remonta para vencer a Michelsen y aprende una valiosa lección en Roland Garros

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Cuatro horas de lección. Un partido para el futuro. A sus 19 años, Rafa Jódar sigue construyendo su tenis y en esa construcción habrá pocos momentos como su victoria este viernes ante Alex Michelsen. En su primer Roland Garros ya está en octavos de final, pero sobre todo ha ido aprendiendo las exigencias de un Grand Slam, cómo aferrarse a una pista para que nadie le saque de allí, un ejercicio de pura supervivencia. Quizá no fue su triunfo más lúcido; sin duda fue el más importante. Con un marcador de 7-6(0), 6-7(3), 4-6, 6-3 y 6-3 cruzó una ronda más -ya le espera Pablo Carreño- después de una jornada durísima.

Porque este viernes Jódar se descubrió ante Michelsen frente a un espejo. Las coincidencias eran muchas, exageradas. Los dos son de la misma generación. Los dos miden 1,93 metros. Los dos son hijos de maestros. Los dos se han formado en el tenis universitario estadounidense. Los dos visten igual en este Roland Garros, con un conjunto blanco y negro de Adidas. Y, lo más importante, los dos juegan el mismo tenis. Como Jódar, Michelsen exhibió agresividad a raudales, golpes muy planos, restos directos y presencia dentro de la pista; como Jódar, Michelsen padeció en los movimientos laterales y mostró su escasa variedad táctica. Las similitudes entre ambos invitaban a la igualdad, marcaron el encuentro hasta el quinto set y condujeron a una conclusión ajustada.

EFE

Para Jódar, acostumbrado a adversarios más defensivos, Michelsen supuso todo un reto. Desde el inicio se le vio incómodo, como delataban sus numerosas dobles faltas, aunque mantuvo su carácter y su prodigiosa serenidad. Cedió el primer set en el tie-break, cuando el estadounidense dudaba menos en los momentos decisivos. Pero en el segundo y tercer set Michelsen tomó la iniciativa gracias a su potente saque, a su buen juego en la red y a la incorporación de efectos en sus golpes de derecha. El desconcierto cambió de lado y, en ciertos momentos, Jódar se asomó al abismo, cerca de la eliminación. Tan serio como es, se pasó todo el cuarto set levantando los brazos para animarse y, de paso, avivar a los aficionados españoles que le acompañaban en la preciosa pista Simonne-Mathieu.

Un cambio táctico

Y de alguna manera funcionó. Mientras Michelsen empezaba a acusar el cansancio, Jódar multiplicó el riesgo buscando algunos ángulos, moviendo un poco a más a su rival por la pista, y así fue encontrando las preciadas oportunidades. Romperle el saque al estadounidense seguía siendo dificilísimo, pero fueron apareciendo bolas de break, y más bolas de break, y otra bola de break más.

En el quinto set todo ese trabajo floreció. Como si el partido le hubiera enseñado algo en tiempo real, Jódar empezó a leer mejor el juego de su rival, a gestionar los puntos con mayor criterio y a no dejarse arrastrar por el intercambio frenético que tanto había beneficiado a Michelsen durante los sets anteriores. Más entero, más dueño de sí mismo, fue imponiendo su peso físico y mental sobre un rival que se desvanecía. El éxito final no fue un regalo: fue el resultado de un jugador que, en el momento más exigente, encontró dentro de sí la versión que necesitaba. A los 19 años, Rafa Jódar ya sabe lo que cuesta ganar en un Grand Slam. Y también que cómo hacerlo.

"Estoy super contento por estar en octavos, es un sueño hecho realidad. He tenido que luchar mucho y me quedo con mi mentalidad. Alex ha jugado muy bien y yo he sabido dar batalla", proclamó Jódar que fue a celebrar con un grupo de aficionados que le habían estado animando todo el partido y cerró su presencia deseando suerte al PSG en la final de la Champions de este sábado.

Rafa Jódar, un niño "no especialmente bueno" que ya es una estrella: "Me despertó sonámbulo para decirme que me había ganado"

Rafa Jódar, un niño “no especialmente bueno” que ya es una estrella: “Me despertó sonámbulo para decirme que me había ganado”

La noche antes de la final del Torneo Nacional Sub-15 de 2021, en un hotel de Cartagena, Rafa Jódar y Luis Llorens compartían litera. Eran los dos finalistas del torneo, amigos íntimos y compañeros en el Club de Tenis Chamartín. A mitad de la noche, Llorens se despertó sobresaltado. Jódar estaba sonámbulo junto a su cama, con la raqueta en ristre.

"Me dijo: 'Luis, Luis, dame la mano, que te he ganado'. Yo estaba flipando. El tío había visualizado tanto la victoria durante el día que también lo estaba haciendo dormido", recuerda Llorens, que al día siguiente cayó ante Jódar por 6-1 y 6-4. "Me enchufó lo que quiso. Lo mejor es que al despertar no hablamos de lo que había pasado, porque ninguno de los dos sabíamos si había sido real o un sueño. Hasta después de la final no sacamos el tema. Por encima de todo, de Rafita siempre me ha sorprendido su competitividad".

El mismo chico que aprendió a golpear una pelota en el garaje de su casa en Leganés es hoy la nueva sensación del circuito mundial a sus 19 años, cuartofinalista en el Mutua Madrid Open y en el Masters 1000 de Roma, y uno de los aspirantes al Roland Garros, donde hoy (sobre las 13.00 horas) disputa la tercera ronda contra Alex Michelsen. EL MUNDO ha hablado con quienes le han acompañado en el camino para contar cómo se construyó un fenómeno.

El padre que marcó el camino

Todo empieza por el padre. En todas las conversaciones aparece el padre. Detrás de Rafa Jódar, Rafael Jódar. "Yo estoy en un segundo plano y me gustaría seguir así", responde cuando se le pide una entrevista, y ahí está su carácter reservado, discreto.

Licenciado en INEF y profesor de Educación Física, cuentan quienes le conocen que llegó al tenis por descarte. Fue una coincidencia. Antes de sentarse en el banquillo de su hijo por los torneos del mundo, fue preparador físico de atletismo y baloncesto y, de hecho, descubrió la élite con un equipo de baloncesto femenino. Entre 2007 y 2014 formó parte del cuerpo técnico del Rivas Ecópolis, club con el que ganó una Liga Femenina, una Copa de la Reina y rozó el título de la Euroliga.

El Rivas Ecopolis, con Jódar en el centro, atrás.

El Rivas Ecopolis, con Jódar en el centro, atrás.Benito Pajares

Entre sus pupilas de aquella época estaba Amaya Valdemoro, una de las mejores jugadoras españolas de la historia. "Era un tío muy trabajador, que te decía siempre las cosas claritas y un amante del deporte", recuerda Valdemoro. "Hablábamos mucho del atletismo, que nos encantaba a los dos. Y ya por entonces andaba su hijo por allí, con la raqueta a cuestas". Pero aquello acabó de golpe: el Rivas cayó en bancarrota, Valdemoro se retiró y Jódar padre tuvo que reinventarse. Así llegó al tenis. De aquellas ruinas, este imperio.

Rafa hijo nació el 17 de septiembre de 2006 en el Hospital Universitario Severo Ochoa de Leganés, creció sin hermanos en el barrio de Arroyo Culebro de la ciudad y desde pequeño compartió con su padre la misma pasión por el deporte. Pudo haber sido futbolista -jugó varios años en el Santa Bárbara de Getafe- o incluso jugador de baloncesto, dado sus 1,91 metros, pero eligió el tenis.

Los primeros golpes, en el garaje de casa

Los primeros golpes los dio en el garaje de casa, con su padre lanzándole pelotas, y el salto a la pista llegó cuando Rafael padre encontró trabajo como preparador físico en la escuela de tenis del Complejo Deportivo del RACE de Ciudalcampo. Allí conoció a Fernando Varela, entrenador que se convertiría en la voz técnica más influyente de su primera etapa como tenista.

"En la escuela de RACE contrataron a Rafa padre como preparador físico y empezó a traer al niño, que era muy pequeñito, a recibir alguna clase el fin de semana", rememora Varela. "Así empezamos a trabajar juntos, pero la escuela cerró y tuvimos que buscar soluciones. Conseguí que me cedieran unas pistas en mi urbanización, también en Ciudalcampo, y allí entrenaba dos días a la semana a Rafa junto a otros niños. Luego, en el Chamartín, donde era socio, repetía y repetía todo lo que habíamos ensayado con su padre".

Jódar, con Varela, después de un entrenamiento.

Jódar, con Varela, después de un entrenamiento.CEDIDA

Esa dinámica -Varela como guía técnico, el padre como entrenador diario- definiría la formación de Jódar, junto a sus ganas de jugar. En sus muchas horas en el Chamartín peloteaba con quien se pusiera por delante -"hasta con las veteranas", apuntan- e incluso hubo una época en la que se acercaba a las pistas municipales del Polideportivo Olimpia, en su Leganés, para sumar más sesiones. Allí entrenaba Lolo Pastrana, que hoy precisamente es director deportivo del Club de Tenis Chamartín.

Un ecosistema único

"Tanto él como su padre han sabido empaparse del entorno. Rafa siempre ha peloteado con todo tipo de socios del Chamartín y ha escuchado sus consejos. El club tiene un ecosistema muy particular y por eso han salido de aquí Rafa, Martín Landaluce, Dani Mérida, Jessica Bouzas...", se enorgullece Pastrana, que destaca el trabajo de Jódar como jugador de club y el trabajo con su padre: "Es como el padre de las Williams en positivo: es muy metódico, incluso contaba las bolas que su hijo pegaba en cada sesión, pero al mismo tiempo respetuoso con la figura de los entrenadores".

Jódar, junto a Llorens y Cristina Ramos, del Chamartín

Jódar, junto a Llorens y Cristina Ramos, del ChamartínCEDIDA

Del Jódar niño cuesta encontrar referencias porque entonces no era una promesa, como admite todo su entorno. "No destacaba", define Pastrana. "No era un niño especialmente bueno", confirma Varela, su técnico. "Tardó muchos años en ganarme", añade Llorens, su amigo y compañero. Mientras otros jugadores de su generación marchaban a academias de élite en Barcelona o Valencia y se apuntaban a institutos online para poder entrenar más horas, el ahora número 29 del mundo crecía en Madrid sin expectativas, como un adolescente más. Bajo la influencia de unos padres maestros -su madre también es profesora-, se sacó el bachillerato de Ciencias, con Biología y Química, de manera presencial en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de Leganés, y nunca renunció a la normalidad.

En ese tiempo, además, Jódar arrastraba un defecto que con el tiempo ha convertido en virtud. En su niñez y preadolescencia era un tenista lento, incluso muy lento. Quienes se enfrentaban a él sabían que si le movían le podían ganar, y por eso él empezó a jugar como juega ahora. Si hoy resta tan bien, si golpea con tanta velocidad, si es letal al revés es porque años atrás necesitaba acortar los intercambios. ¡Boom!, y se acababa el problema. Así, de hecho, empezó a asomar entre los mejores del país.

De la promesa al fenómeno mundial

Después de la victoria en el Torneo Nacional Sub-15 de 2021 de la somnolencia, Jódar volvió a estar bajo el radar hasta su segundo año como junior, en 2023. Aquella temporada empezó con una victoria en el J200 de Valencia y ahí despegó. "Tenía 16 años y ese torneo le catapultó. Tuvo que empezar en la fase previa porque antes no había jugado mucho. Se perdía muchos torneos porque le coincidía con clases o exámenes y sus padres nunca quisieron que se saltara ni uno", cuenta Álvaro Ribes, entrenador del Chamartín que le acompañó en muchos torneos y que recuerda cómo le favoreció el estirón. A partir de entonces el ascenso: en 2024 ganó el US Open para menores de 18 años, en 2025 se fue a la Universidad de Virginia y este 2026, ya como profesional, la eclosión.

"Siempre estaba en el Chamartín con su padre a pico y pala, con una disciplina, una seriedad y una profesionalidad increíble. Yo entonces entrenaba a una jugadora estadounidense, Peyton Stearns, que ahora está entre las 50 mejores del ranking WTA, le pedí si podía hacer de 'sparring' y lo hizo encantado", recapitula Pato Clavet, que fue Top 20 del mundo y ganador de la Copa Davis de 2000, ahora entrenador en el Chamartín. Admiten quienes vieron aquellos encuentros entre el Jódar junior y Stearns que el español ganaba "siempre y sin pisar el acelerador". "Rafa es muy educado, un chico muy correcto", le define Clavet en la misma línea de todos los entrevistados.

Jódar, en el centro de sus amigos, con la camiseta de España.

Jódar, en el centro de sus amigos, con la camiseta de España.CEDIDA

"Es un chaval de esos que te puedes llevar a cualquier lado y siempre te va a hacer quedar bien. No es muy extrovertido, pero siempre sabe qué decir", precisa el técnico Ribes. "Es un poco hermético, pero es muy amable y, sobre todo, muy inteligente. Entiende todo lo que está ocurriendo a su alrededor, eso no le va a despistar. Y tiene claro lo que quiere", apunta Pastrana, director deportivo. "Tiene la virtud del trabajo. Incluso diría que es un superdotado cuando hay que acumular volumen de entrenamiento", comenta Varela, que fue su entrenador. "Nosotros la liamos más y él es el tranquilo del grupo, pero no es un tío callado ni serio. Se ríe como todos, pero simplemente es más tranquilo", finaliza su amigo, Llorens.

Según cuenta, Jódar no es muy de móviles ni videojuegos y el hobby al que dedica más horas es el fútbol. Seguidor del Real Madrid, no se pierde un partido, más ahora, que ha hecho amistad con Jude Bellingham. Rafita Jódar, el adolescente que hace cinco años le despertó sonámbulo con la raqueta en ristre, es ahora una estrella mundial.