“Una vez cada 100 años surge una oportunidad como esta y tienes que aprovecharla. Yo no lo hice”, se lamentaba Alex de Miñaur; la puerta se le había cerrado, tardará en abrirse.
Lo que está ocurriendo en Roland Garros este año no tiene nombre todavía, pero lo tendrá: el milagro de… Pongan el nombre de quien quieran. El que quieran. Carlos Alcaraz no pudo participar por culpa de la muñeca; Jannik Sinner se derrumbó en segunda ronda bajo un calor sofocante; y Novak Djokovic cayó ante Joao Fonseca. En el pasado Open de Australia, siete de los ocho mejores tenistas del mundo llegaron a cuartos de final. Ahora, antes siquiera de haberse disputado los octavos de final, sólo quedan dos, Alexander Zverev y Félix Auger-Aliassime.
Un vistazo al cuadro obliga a frotarse los ojos. En octavos está Jesper de Jong, holandés número 101 del mundo que ni siquiera llegó a entrar en el cuadro principal: cayó en la última ronda de la fase previa y sólo la retirada de Arthur Fils le permitió recibir una invitación. En octavos está Zachary Svajda, un estadounidense en el puesto 83 del ranking ATP que sólo había jugado algún que otro US Open gracias a las ‘wildcards’. Y en octavos está, entre otros, Pablo Carreño, hoy el 89 del mundo, que a sus 34 años valoraba la retirada entre dolores antes de rejuvenecer en el más extraño de los torneos. Este domingo (13.00 horas, Eurosport) se enfrenta a Rafa Jódar, que no deja de ser un debutante en París, otra rareza.
En todo el cuadro no queda ningún campeón de Grand Slam y sólo quedan dos tenistas que saben qué es jugar una final ‘grande’, Zverev y Casper Ruud. Es una oportunidad “de las que se presentan cada 100 años”, como decía De Miñaur, pero también es una presión que aplasta.
El caso de Zverev
Especialmente para Zverev. Tres finales de Grand Slam ha jugado, tres derrotas. US Open, Roland Garros, Australia. Es ahora o nunca. Lo sabe él y lo sabe todo el público, que le señala como único favorito en pie. “Yo siempre me presiono muchísimo porque quiero ganar por fin mi primer título de Grand Slam, pero ahora la presión también viene de fuera. Sé que todo el mundo piensa que si no gano esta vez probablemente no lo haré nunca”, acepta el alemán que, si vence hoy a De Jong (no antes de las 15.30, Eurosport), se enfrentará en cuartos de final al ganador del duelo español. A los 28 años, con el cuadro más abierto de este siglo, es la suya porque…¿Si no es él, quién?
AFP
Como le pasó a De Miñaur, en general las piernas tiemblan, las manos sudan, las ideas se nublan. Después de su duelo de tercera ronda, por ejemplo, Ruud confesó que las circunstancias le pesaron y, de ahí, sus dos sets perdidos. “Es un torneo muy abierto y creo que eso es refrescante para todo el mundo, porque habrá un nuevo campeón de Grand Slam dentro de una semana”, comentó quien se quedó a un paso del título en 2022 y 2023 -ante Nadal y Djokovic- y después aseguró que lo tiene que ver como algo positivo: “Voy a intentar utilizar la experiencia que tengo de haber llegado lejos en Grand Slams y ver hasta dónde me lleva”.
Precisamente su rival en octavos será Fonseca, que como Jódar es uno de los jóvenes señalados para asaltar la historia. Los dos se han alejado de esa opción -“Sólo puedo ir partido a partido”, decía el español-, pero el brasileño además supe a quién arrojarle todo ese peso. “Con Jannik y Djokovic fuera la oportunidad es para los jugadores que llevan más tiempo en el circuito, como Zverev o Ruud. Yo solo estoy pensando partido a partido”’. Partido a partido. La frase que todos repiten esta semana como si pronunciarla en voz alta fuera la única manera de no pensar en lo que hay al final del camino.
Hay un Roland Garros al alcance de quien se presente ante la oportunidad. Antes de empezar la segunda semana, abundan los nervios, pero el próximo domingo alguien vivirá el mejor momento de su vida.






