La Federación Francesa de Tenis ha impuesto una multa de 65.000 euros al tenista paraguayo Adolfo Daniel Vallejo, de 21 años, la más alta jamás aplicada en Roland Garros. El dinero se retendrá directamente de los 130.000 euros que cobró el jugador por superar la primera ronda del torneo.
La sanción llega después de que Vallejo, tras caer en segunda ronda ante el joven francés Moïse Kouamé, afirmara en una entrevista en castellano en el medio Clay que “ese tipo de partidos debería arbitrarlos un hombre“, porque a una mujer le resultaría demasiado difícil imponerse ante un público tan intenso. Las palabras iban dirigidas a la juez de silla del partido, la brasileña Ana Carvalho.
El contraste con su rueda de prensa en inglés, celebrada momentos antes, fue llamativo: allí, Vallejo había reconocido la influencia del público y se había mostrado deportivo. El jugador alegó posteriormente que sus palabras habían sido sacadas de contexto y pidió disculpas públicas, pero no logró ninguna rebaja en la sanción.
Amélie Mauresmo, directora del torneo, aplicó mano dura. La Federación calificó los comentarios de inaceptables y dejó claro que la competencia arbitral no depende del género sino de la profesionalidad.
Elegido por los dioses que reparten el talento y ahora ya maestro de todos los golpes, el desafío de Carlos Alcaraz en los próximos días, en los próximos meses y en los próximos años no es mejorar un determinado aspecto técnico, ni tan siquiera leer mejor la táctica. A los 21 años, con cuatro Grand Slams en sus vitrinas, ya ha demostrado que en sus mejores días es casi imposible derrotarle; si acaso puede hacerlo un rival de altura de Novak Djokovic en misión histórica, como pasó en los Juegos Olímpicos de París. Pero en la extensa carrera que le queda por delante a Alcaraz se le presenta un reto que es más difícil, mucho más difícil, que sacar más fuerte, golpear a la línea o ajustar más una dejada.
Hay un aspecto casi sobrehumano que diferencia a las leyendas de los mejores, a aquellos tenistas que celebran más de 10 títulos 'grandes' de los que no los tienen: ganar sin ganas. A su edad se le presume una hambre infinita, una voracidad violenta, pero no deja de ser una persona, un joven, un chaval como cualquier otro.
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Y no es difícil entender que después de ganar Roland Garros y Wimbledon de forma consecutiva y de alcanzar una final olímpica necesite más descanso que tres días en barco por Mallorca con su hermano mayor, Álvaro, y un par de amigos.
Su peor partido en un Grand Slam
"He estado jugando muchos partidos en los últimos meses, con Roland Garros, Wimbledon y los Juegos Olímpicos, pero no quiero ponerlo como excusa. Me tomé un descanso después de los Juegos que posiblemente no fue suficiente, pero también debo aprender de ello. Quizá soy un jugador que necesita parones más largos para afrontar los torneos importantes. Tengo que reflexionar sobre ello", comentaba este jueves después de caer en segunda ronda del US Open contra el neerlandés Botic van de Zandschulp por 6-1, 7-5 y 6-4.
Desconectado, desganado y desacertado vivió su peor partido en un Grand Slam, aunque no fue más que la confirmación de su crisis. En las entrañas de Roland Garros, mientras se disputaban los Juegos, ya se le veía hastiado de la rutina de la competición -los partidos, los entrenamientos, los calentamientos, las entrevistas, los estiramientos, las comidas...- y en la gira estadounidense sólo ha acentuado ese cansancio. De la raqueta rota en el Masters 1000 de Cincinnati a la desazón este jueves en la Arthur Ashe.
Durante el partido, de hecho, señalaba a su equipo con gestos que su cabeza no funcionaba, que no había manera de recuperar su nivel. Está agotado y requiere un tiempo. En las próximas semanas ha prometido su presencia en la fase de grupos de la Copa Davis, la Laver Cup, el ATP 500 de Pekín, el Masters 1000 de Shanghai, un torneo de exhibición en Arabia Saudí, el Masters 1000 de París-Bercy, las ATP Finals y las finales de la Davis, pero raramente seguirá ese plan. Al fin y al cabo la temporada pasada ya le pasó algo parecido, ya intentó jugarlo todo y sufrió dos meses para el olvido.
El ejemplo del 2023
Después del US Open, Alcaraz desconectó, olvidó su juego y llegó a encadenar tres derrotas seguidas, lo nunca visto, para olvidarse del número uno del ranking ATP y acabar el 2023 con las peores sensaciones Como explicaba su equipo a EL MUNDO, después de unas vacaciones ya se presentó a la pretemporada con la mejor de las predisposiciones y así construyó el camino que le llevó a este verano glorioso, pero aquella racha ya señaló un punto débil.
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El propio Alcaraz lo trabajó con su psicóloga, Isabel Balaguer, y lo asumió como una de sus tareas pendientes. "Debo crecer en 2024. Darme cuenta que la temporada sigue hasta noviembre. He trabajado con un profesional que me ha ayudado en ello", declaraba el español en México, donde pasó parte del invierno. En esos mismos días su entrenador, Juan Carlos Ferrero, incidía en esa misma consideración y le pedía más: "Tiene que aprender que la temporada es larga, que es su trabajo y no puede tener tantos descansos como le gustaría. Si quiere ser el mejor tiene que actuar como el mejor y ser profesional todo el año". Ganar sin ganas, el desafío que debe afrontar Alcaraz en los próximos días, en los próximos meses y en los próximos años.
Samu López, el nuevo entrenador de Carlos Alcaraz, reúne a los seis medios españoles desplazados a Melbourne, entre ellos EL MUNDO, en una salita de entrevistas del Open de Australia. Acostumbrado a un trato relajado con la prensa desde que dirigía a Nicolás Almagro o Pablo Carreño, se ofrece a hablar de todo, aunque pide que no haya confrontación. Ferrero fue su compañero en la academia Equelite de Villena, su pupilo y su amigo, y un enfrentamiento sería desagradable.
"Esto es un juego, no nos va la vida en ello", afirma, y subraya así su manera de ver las cosas. Si Alcaraz, ya en semifinales del Grand Slam, ha encontrado en él al aliado perfecto es por su conocimiento del tenis, pero también por su carácter. Hombre afable y tranquilo, amante del running y de la pintura, apenas se altera ante la presión de dirigir al número uno del mundo.
Alcaraz, el otro día, reivindicó su trabajo. ¿Cree que no se valora al entrenador?
Es normal. Pasa en todos los deportes. No es lo mismo que Zidane entrene al Real Madrid a que lo haga un entrenador de la base. Se valora más a un gran exjugador que a un técnico sin nombre. A mi modo de ver, eso tiene ventajas e inconvenientes. No he vivido lo que es jugar la final de un Grand Slam, pero llevo muchos años trabajando en el circuito, aprendiendo de todo el mundo y esforzándome para ser uno de los mejores.
Su actual posición es una victoria para los currantes.
Esa es una de las mayores satisfacciones que tengo. El otro día me lo decía un amigo. Pongo en valor que se puede llegar con trabajo, sin haber sido antes un megacrack como jugador. He currado en todos los peldaños del tenis, del minitenis a los aficionados, y ahora estoy aquí arriba. Siempre he tenido mucha pasión, he buscado mi camino y me ha sonreído la suerte. Hay entrenadores que saben muchísimo, pero nunca tienen una oportunidad como esta.
¿Dudó cuando le ofrecieron ser entrenador principal?
Tuve que reflexionar, está claro. Tengo una mujer y dos hijos y, antes de nada, hablé con ellos para valorar si valía la pena. Ahora tengo que viajar muchas más semanas; ese es el cambio principal. Pero es muy complicado que aparezca una oportunidad así para un entrenador sin renombre. Viajar con Carlos, con lo que es Carlos, con lo que mueve Carlos, es algo que quizá nunca más se me iba a plantear.
James D. MorganMUNDO
¿Cuánto ha cambiado su rol?
No ha cambiado nada. Ya lo teníamos todo planificado, lo habíamos hecho en conjunto, y he ido siguiendo el plan, añadiendo algunas cosas. Para mí no ha cambiado nada. Quizá tengo más responsabilidad, pero todo lo demás, prácticamente nada. Para Carlos, el cambio es que intento que sea más partícipe.
¿Cómo?
Carlos está madurando. Al tenista, desde pequeño, le crían en la disciplina: le dicen lo que debe hacer y él hace, sin preguntas. Pero llega un momento en el que quiere participar en el aprendizaje, incorporar sus reflexiones. Y Carlos está en esa fase. Ahora el mensaje es bidireccional: él da su opinión, lo hablamos y llegamos a un acuerdo.
Se nota la complicidad entre ambos. Incluso en los partidos le suelta alguna frase y él se ríe.
Siempre he sido así. Me gusta comunicarme con el jugador con palabras o frases que solo él entiende, porque han surgido de los entrenamientos o de la convivencia. Es mi forma de dar instrucciones, de una manera un poco alegre, quitándoles importancia. Al final, esto es un juego, no nos va la vida en ello. Todos queremos que Carlos gane y Carlos quiere ganar, pero si no lo hace no se va a acabar el mundo. Incluso con Nico [Almagro], que tenía mucho carácter, ya le mandaba mensajes así para destensar.
Hollie AdamsMUNDO
Es un juego, pero hay mucha gente pendiente. ¿Siente ahora una mayor presión como entrenador?
Yo busco hacer todo lo que pueda, dar mi 100% y llegar hasta donde llegue. En las primeras rondas de este Grand Slam quizá sí sentía algo, por la situación con la que veníamos. Pero día a día me he ido sintiendo más cómodo. Hay presión, sería estúpido decir que no la hay, pero me concentro en hacer todo lo que pueda y disfrutar del camino.
Está preparado, sobre todo mentalmente. Está listo para aceptar si las cosas van mal. Tiene que jugar como le gusta jugar. El otro día se puso la camiseta de la selección brasileña de fútbol y es un poco eso: jogo bonito, dar espectáculo. Así es él. Con su tenis, si tiene buena actitud, las cosas le van a salir.
Decía que el resto de uno y otro será la clave.
El que pega primero, pega dos veces. Carlos no es un jugador que dependa del saque, tiene muchas más armas, pero para Zverev va a ser importante. Dependerá de su porcentaje de primeros. Luego, el resto marcará quién domina.