Los detalles del interés de Sergio Ramos en comprar el Sevilla: más imagen que dinero y Monchi como figura clave

Los detalles del interés de Sergio Ramos en comprar el Sevilla: más imagen que dinero y Monchi como figura clave

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Tras las campanadas, el 2026 ha introducido un giro inesperado en el ya enrevesado proceso de venta del Sevilla FC. Sergio Ramos, el central de 39 años que acaba de cerrar su etapa en Rayados de Monterrey, ha alterado el escenario, situando su nombre en el centro de las negociaciones, respaldado por un nuevo grupo de inversores, según informaron Radio Sevilla y COPE. Ramos no aparecería como comprador principal, sino como el rostro visible de un proyecto mucho más complejo.

Según fuentes próximas a las negociaciones, se trata de una oferta económica relevante, que incluso superaría los 2.700 euros por acción planteados por el grupo estadounidense que había avanzado posiciones tras revisar las cuentas del club. Hasta hace apenas unos días, los norteamericanos eran considerados favoritos para hacerse con el control de la entidad, pero las conversaciones se enfriaron tras una due diligence -auditoría previa a la transacción-que subrayó la delicada situación financiera del Sevilla.

En las oficinas de Nervión se ha recibido con sorpresa el repentino interés de Ramos por entrar en la operación. Dentro del club se da por hecho que el central no actúa solo, sino como intermediario o figura de referencia de un grupo inversor de envergadura. Más como símbolo y elemento de vinculación emocional de la futura propiedad que como empresario, un papel que aporta legitimidad social al proyecto, aunque no borra del todo la relación ambigua que sigue manteniendo con parte de la grada.

El volumen económico que se maneja -cifras que podrían situarse cerca de los 300 millones de euros necesarios para sanear la deuda acumulada- queda lejos del patrimonio personal de un futbolista, por muy consolidados que estén sus negocios. Se trataría, en definitiva, de capital exterior que busca una cara reconocible, capaz de generar confianza y de añadir un garabato sentimental a un proyecto eminentemente financiero.

Monchi, la clave

La entrada de Ramos adquiere una dimensión aún mayor por su vínculo con Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, figura capital en la historia reciente del Sevilla tras sus dos etapas como director deportivo (2000-2017 y 2019-2023). Ramos es vocal del CD San Fernando 1940, el club fundado hace apenas seis meses y presidido por Monchi tras la desaparición del anterior San Fernando CD. Su hermano, René Ramos, también forma parte de la estructura directiva. Un entramado que no es casual y que conecta con otros intentos de articular una alternativa sevillista a las ofertas de capital extranjero. Ese mismo entorno ya había sido señalado en anteriores movimientos para impulsar una vía de capital local, con el empresario Antonio Lappi y el periodista Fede Quintero entre los nombres que orbitaban alrededor de esa opción.

El ex portero sigue teniendo ascendencia sobre la grada blanquirroja y su figura -y su legado- amortiguaría la llegada de una propiedad ajena al ecosistema tradicional del club. Con Monchi se aspira a reconstruir un Sevilla sostenible, ambicioso y competitivo, lejos de la precariedad institucional y deportiva actual; con un entrenador, Matías Almeyda, que trata de sostener sobre el césped un proyecto frágil con una plantilla cogida con alfileres.

La cercanía de la familia Ramos con Monchi dibuja un escenario en el que el central podría convertirse en la palanca definitiva para facilitar su regreso al Sevilla o, al menos, para integrarlo en un proyecto que aspire a recuperar la estabilidad institucional de un club instalado desde hace años en la melancolía.

Desde dentro del consejo de administración, el anuncio de que Ramos presentaría una oferta formal ha generado desconcierto. Su retorno como futbolista en 2023 no limó por completo las asperezas entre el jugador y la grada. Su salida al Real Madrid y determinados gestos en el Ramón Sánchez-Pizjuán siguen presentes en la memoria colectiva del sevillismo.

Monchi, ex director deportivo del Sevilla.

Monchi, ex director deportivo del Sevilla.AFP

El club que Ramos estaría en disposición de heredar, si los accionistas aceptan la oferta, es una entidad debilitada y con un rumbo incierto. La última junta de accionistas, celebrada el pasado 16 de diciembre, reveló pérdidas de 54 millones de euros. La deuda reconocida ronda los 70 millones, aunque hay quien la duplica e incluso triplica. La fragmentación accionarial -con la familia del Nido, José Castro junto al Grupo de Utrera, la familia Alés, la familia Carrión y el denominado Grupo de los Americanos- ha marcado los últimos años del club, agravada por el enfrentamiento público entre padre e hijo Del Nido, con episodios judiciales y cruces de reproches en redes sociales.

Pese a este contexto, el Sevilla conserva activos de enorme valor. Un estadio como el Ramón Sánchez-Pizjuán, situado en el corazón de la ciudad, una ciudad deportiva recientemente remodelada y una masa social fiel y exigente, parte esencial del éxito de un club que durante años fue modelo de gestión, heptacampeón europeo y dinamizador de la competición doméstica. La recuperación de ese estatus continúa siendo un proyecto atractivo para inversores con una mirada a largo plazo.

Los próximos días serán determinantes. La venta del Sevilla, que hace apenas una semana parecía encaminada hacia manos estadounidenses, ha vuelto a abrir un abanico de escenarios. Y Sergio Ramos, el sevillista pródigo, se ha convertido en un factor inesperado en un proceso que parecía decidido, capaz de reabrir un corazón que el sevillismo daba por cerrado.

Xabi Alonso ya no tiene vida en el Madrid

Xabi Alonso ya no tiene vida en el Madrid

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Vale ya de tanta guillotina perpetua para el Madrid por culpa de su entrenador. Dije antes de que llegara Xabi Alonso que no daba la talla. Pero ahora es una realidad. No tiene más perdón.

La duda ahora es si Florentino Pérez se va a atrever o escucha al nuevo secretario técnico Jose Ángel Sánchez. Pero de no acabar esta agonía, el Madrid se expone a una temporada grotesca. No se puede jugar con tanta duda.

El técnico vasco ya no tiene defensa de ningún tipo. El Madrid es la nada. Sólo vive del increíble Courtois, que salvó una derrota. Y de algunas dentelladas de Rodrygo o Bellingham. Sí, porque Mbappé jugó todo el partido tan sólo para él. Quería goles, sin tener al equipo en su cabeza. Sí que empató al final con Cristiano, de penalti, pero no lo mereció. Hizo un partido horrible.

Luego, en televisión vi la cara del presidente blanco cuando Alonso se atrevió y volvió a quitar a Vinicius. Hubo expectación y en la pequeña pantalla se pudo ver que al presidente no le gustaba nada. Pero Rodrygo le dio la razón a Xabi, porque por la izquierda es mucho mejor que Vinicius, que no hizo absolutamente nada, borrado de la lista de goleadores, mientras su compatriota provocó un penalti y casi dos. No hay más que hablar.

Puede que Vinicius fuera una llamada para la despedida de Alonso, pero el nene del presidente es nada ahora mismo. Y no lo puede vender, porque el mercado del astro está muy a la baja.

En resumen, el partido del Madrid fue un esperpento, frente a un rival rabioso con uno menos.Alonso no sirve ni para animar al equipo, por su exquisita frialdad. Sólo jugó uno de los fichajes de han costado más de 250 millones de euros. Y fue Huijsen, que fue una puñetera vergüenza.

Lento, sin enterarse ni de un maravilloso jugador de casi 40 años como Alexis Sánchez y de la rapidez de Isaac Romero. Huijsen es una farsa como central sin protección. Tantos millones por ese jugador es una barbaridad de las mentes pensantes de la Casa Blanca.

Así que con un endiablada, mediocre y deslavazada plantilla y un errático entrenador, sólo se salva por dos fenónemos: Courtois y Mbappé. Y el último cuando no tiene miedo al error en partidos importantes.

El Madrid es un horror, el futuro es lo peor y lo que faltaba por decir es que se oye en nombre de Davide, el hijo de Ancelotti, justo el que llevó a su padre a los infiernos. En fin, crisis muy profunda en el Madrid, más de lo que ellos creen.

Una vez más el estado del césped del Bernabeú era pésimo. Se pasaron con el riego y destrozaron a los jugadores, que se resbalaban constantemente. Con la famosa lona del cielo del Bernbaeú, la pradera ni se corta ni se engrandece. Es una pesadilla.

Es un estadio sólo de fútbol. No es para la NFL, ni para sala de conciertos, ni para espectáculos pugilísticos u otras habilidades circenses. Es el Bernabéu. No un circo.

Justo desde la NFL, con el retraso de jugar en casa más partidos, el resto ha sido sólo una rémora el Madrid. Sobre todo para Alonso, con angustia perpetua. Sólo porque al presidente no le gusta, no le soporta. Si no les gustó desde el 4-0 del PSG en el Mundialito, debió despedirlo tras el bochornoso 5-2 del Metropolitano. Era el momento para despejar sus inquietudes. No lo hizo y desde aquello el Madrid va de zozobra en zozobra.

Alexis Sánchez regresa al Bernabéu: cuando el ímpetu no tiene edad

Alexis Sánchez regresa al Bernabéu: cuando el ímpetu no tiene edad

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Bela tiene tres días. Su madre, la modelo rusa Alexandra Litvinova, anunció su nacimiento subiendo un par de fotos en blanco y negro a su Instagram. En una de ellas, su pareja y papá de la recién nacida, el futbolista Alexis Sánchez (Tocopilla, Chile, 1988), tomaba con suavidad el tobillo de la bebé, como a una espartana. El chileno está feliz en Sevilla. Sentía que le quedaba fútbol que regalar a Europa. Que su ciclo no había terminado.

Tras su último y poco lucido paso por el Udinese, club en el que brilló cuando desembarcó en el continente, eran muchos los equipos sudamericanos que lo querían de vuelta. Pero prefirió aceptar la extraña oferta de Antonio Cordón, recién nombrado director deportivo nervionense. No acostumbraba el Sevilla a fichar a veteranos, no al menos con Monchi o Víctor Orta. El chileno se plantaba en la capital andaluza con 36 años y aspecto de turista en un bufet libre.

"Nos puede dar mucho con su experiencia, puede enseñar a muchos jugadores jóvenes", dijo Cordón. Pero su concurso está yendo más allá de la ejemplaridad. Tiene talento y ganas, cuando participa da alegría y profundidad al juego ensimismado del Sevilla; aún precario. Con jugadores o desenchufados o abizcochados. Con Matías Almeyda rozando la afonía cada jornada, intentando mantener tenso al equipo desde el grito, la pizarra y la convicción.

Alexis fue casi todo antes de llegar a Nervión. Se ganaba unas monedas limpiando coches en el cementerio de su ciudad cuando tenía siete años, para ayudar en casa mientras soñaba con vivir del balón. Niño maravilla en Cobreloa, campeón precoz con Colo Colo y River, deslumbrante en el Udinese, figura en el Barça de Guardiola y tótem del Arsenal. En Italia volvió a levantar títulos con el Inter y en Francia fue importante con el Olympique de Marsella, mientras con Chile se convirtió en máximo goleador histórico y líder del bicampeonato de América en 2015 y 2016. También conoció el reverso: el paso decepcionante por el Manchester United, la deriva posterior, el desgaste de casi 800 partidos y más de 200 goles que parecía empujarlo hacia la categoría de vieja gloria en gira de despedida.

Un equipo en el alambre

Cierto que aterriza en un Sevilla necesitado, con una situación muy compleja en las oficinas, más de 50 millones en pérdidas y un divorcio evidente entre club y afición, cansada de delirios, promesas y balances en rojo. El Sevilla está en modo supervivencia, aguantado por Almeyda, que exprime recursos, recompone desde el carácter y compite mejor de lo que juega, mientras la planta noble del Pizjuán le pide milagros y la grada sólo quiere dejar de sufrir.

En ese contexto, Alexis es estímulo. Ha jugado una docena de partidos, suma pocos goles pero cada aparición entre líneas cambia el pulso del equipo. No se le pide que lo haga todo, sino que haga lo suyo: recibir de espaldas, girar, ordenar ataques y contagiar ambición a quienes se miran demasiado los pies.

Almeyda le ha reservado un lugar entre los líderes silenciosos del vestuario, junto a los capitanes, como ese veterano que asume responsabilidades cuando la pelota quema, que alivia el juego de un equipo lleno de chicos que debutan. Sevilla sigue siendo un buen lugar para los grandes futbolistas incluso en tiempos de estrechez. El chileno responde con carreras cortas pero llenas de intención y fe, con una agresividad que desmiente el tópico del jugador de paso. De mercenario.

Alexis Sánchez se niega a convertirse en pieza de museo. Si marca en el Bernabéu, pensará en su recién nacida, en Bela. Porque los goles siempre son una suerte de afectos.

Hugo Duro rescata un punto agónico ante el Sevilla que no saca al Valencia de la agonía

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Es difícil imaginar que hubo un tiempo en que Valencia y Sevilla fueron equipos fieros capaces de amenazar a la oligarquía de la Liga. Nada queda de aquello después de haberlos hecho jirones la mala gestión en el césped y los despachos. En Mestalla solo se les vio intentar sobrevivir, con mejores intenciones que acierto. Ambos más preocupados en abrir hueco con la cola de la clasificación que en alzar la mirada hacia las plazas europeas a las que un día fueron candidatos imprescindibles. El Sevilla fue capaz de generar peligro, pero el gol que durante muchos minutos le puso los tres puntos en el bolsillo, lo marcó Tárrega en propia puerta. El Valencia, incapaz de crear fútbol, tiró de corazón y de Hugo Duro para rescatar un empate en el tiempo añadido. Demasiado pobre para lo que un día fueron. [Narración y estadísticas: 1-1]

Llegó Almeida a Mestalla con muchas bajas, lo que no le impidió enseñar colmillo en el primer tiempo. En el minuto 3, con un centro larguísimo de Mendy desde el carril izquierdo al punto de penalti, donde Peque, en disputa con Copete, cabeceó ajustando al palo para que Agirrezabala luciera su primera mano salvadora. La respuesta la dio Danjuma, con una carrera en la banda izquierda para pisar área e ir buscando hueco de disparo.

Daba la impresión de que el Valencia dominaba y trataba de mover la pelota buscando cómo deshacer el musculoso centro del campo sevillista, arropado por cinco defensas. Sin embargo, no hubo ventaja ni capacidad de atosigar por la precipitación que conducía a imprecisiones. Corberán buscaba calma pero nadie era capaz de lograrla. De hecho, cuando el Valencia trataba de estirarse, aunque fuera a base de carreras estériles, faltas o saques de esquina, el Sevilla se relamía.

Volcado en Vlachodimos, el Sevilla recuperó un balón larguísimo a Akor Adams, que cuerpeó con Tárrega, último hombre, y encaró al guardameta valencianista con la fortuna de que en el mano a mano su disparo se fue por encima del larguero. Ya eran dos las ocasiones en que el Valencia había salvado el empate a cero, aunque también reclamó un penalti de Carmona a Hugo Duro por un codazo en el área que Guillermo Cuadra no vio y el VAR, tampoco.

La grada, que se acordó de Lubo Penev y su grave enfermedad, al inicio del partido, se impacientaba al ver a su equipo incapaz de salir de la tela de araña que tejió Almeida. Y cuando lo lograba, era con la pólvora mojada. Pasada la media hora, un robo del impreciso Javi Guerra, esta vez acertado, dio alas a Danjuma en el carril derecho del Sevilla para pisar área y reclamar penalti cuando cayó, de maduro, sin haber encontrado pase. El esfuerzo hace que se apague su brillo. Aún así, el neerlandés no dejó de bailar una y otra vez con Carmona, y del último al filo del descanso, sacó un pase tenso a corazón del área que Hugo Duro remató al aire. Sin lucimiento, el Sevilla estaba sujetando a un equipo que era incapaz de hacerle daño pese a que la soga de la clasificación la tiene alrededor del cuello.

Al inicio de la segunda parte, el nudo se apretó. El Sevilla ni siquiera necesitó intimidar porque fue el Valencia mismo quien, al trantán, incapaz, espeso, le dio alas. Primero, cediendo un disparo, lejano, a Agoumé. Después, haciéndoles hasta su gol. Oso, con el carril izquierdo para él y sin la presión de Thierry, puso un balón tenso buscando a Akor, pero llegó antes a rematar a bocajarro Tárrega. Un palo que castigaba a un Valencia sin plan.

No tenía más remedio Corberán que mover el banquillo. Recurrió a Ugrinic en la sala de máquinas -lo que provocó la pitada a Guerra-, la aceleración de Ramazani y la imprevisibilidad de Jesús Vázquez para hacer desdobles con Diego López, que consiguió asistir a Lucas Beltrán para un remate tan fácil que Mestalla se llevó las manos a la cabeza cuando el argentino lo falló.

Nada funcionaba. El Valencia no consiguió domar de nuevo el partido y se entregó a los arreones tirando de corazón. La revolución como único argumento. Cuando el duelo se moría, fue Ugrinic quien sacó el coraje para rescatar una pelota en el costado izquierdo del área y entregársela a Hugo Duro para que, entre los centrales, rescatara un empate.

Se volcó el Valencia, pero ya era tarde y Guillermo Cuadra pitó el final cuando acababa de ganar un córner, lo que provocó un aluvión de tarjetas. Se tuvo que conformar con un punto que sirve, pero no salva.

Raphinha-Flick: plena sintonía, fruto del agradecimiento y la confianza recíproca

Raphinha-Flick: plena sintonía, fruto del agradecimiento y la confianza recíproca

Actualizado Lunes, 1 diciembre 2025 - 23:22

La imagen de Raphinha consolando a Hansi Flick mientras el técnico exhibía su tristeza en el banquillo tras la poco convincente victoria frente al Alavés se ha convertido en viral. Hay un agradecimiento recíproco de gran calado entre ambos. El brasileño ha alcanzado su máximo rendimiento como profesional de la mano del técnico. Flick ha encontrado en él su aliado más comprometido y fiable.

La mejor noticia del sábado fue el regreso a la titularidad de Raphinha. El brasileño es el jugador que mejor interpreta y aplica esa presión asfixiante hasta lo indecible que tan buenos resultados le dio al conjunto azulgrana en la primera temporada del alemán en su banquillo. Y, también por eso mismo, está llamado a ser determinante en el duelo frente al Atlético que los barcelonistas disputan esta noche a las 21.00 (Movistar) en partido adelantado de la decimonovena jornada de Liga por la disputa de la Supercopa de España entre el 7 y el 11 de enero del año que viene.

En el campo, una vez superada ya la lesión que lo tuvo de baja durante casi dos meses, Raphinha exhibió a partes iguales ese perfil a veces un tanto anárquico con el que busca romper el orden de las defensas rivales como su capacidad para morder al adversario cuando este tiene el balón en sus botas con el objetivo de recuperarlo lo antes posible.

Seis partidos ausente

Raphinha sufrió una lesión en el bíceps femoral del muslo derecho el pasado 25 de septiembre, en el partido de Liga disputado en el Carlos Tartiere frente al Oviedo. En principio se estimaba que su baja sería de unas tres semanas, pero tuvo varias recaídas, en parte debidas a su propia ansiedad por regresar cuanto antes, según él mismo admitió. Se perdió seis partidos del torneo, entre ellos el del Sánchez Pizjuán, donde el Barcelona salió goleado frente al Sevilla (4-1) y el jugado en el Santiago Bernabéu, también saldado con derrota, 2-1. Su progresiva incorporación al equipo es una noticia esperanzadora para Flick en su deseo de recobrar el espíritu del colectivo la temporada pasada.

El brasileño confesaba ante las cámaras de DAZN que a veces se vuelve demasiado insistente a la hora de recalcarles al resto de jugadores que le acompañen en la presión. «Hay muchos momentos en los que mis compañeros pensarán que hablo demasiado, que soy un pesado, que les exijo mucho, pero así soy yo: exijo a las personas que sé que pueden dar mucho más», comentaba tras la victoria frente al Alavés.

Con números exorbitantes en el último curso, en este ejercicio ha disputado ocho partidos, seis como titular. Suma tres goles, tres asistencias y 15 disparos a portería. Menos cuantificable es su despliegue físico y su capacidad para tirar continuos desmarques. Dentro de lo intangible se encuentra su capacidad para revitalizar el compromiso de un grupo amenazado por la tentación de aburguesamiento y por la fractura de los egos, sobre la que ya alertó Flick.

El Atlético despierta al final y golea a un Sevilla inofensivo

El Atlético despierta al final y golea a un Sevilla inofensivo

En la hora de las siestas, dos equipos no quisieron despertar a los españoles en una costumbre sagrada hasta que apareció el jugador que no entiende de cabezaditas. Giuliano es como un coche de radiocontrol que pasa de cero a 100 en un instante. De la que despertó el argentino, se terminó la tranquilidad, aunque ya fuera ganando el Atlético por un penalti provocado por un fallo de Nianzou. Suyo fue el pase de gol a Almada y dio otro a Griezmann que no concretó, aunque anotara el francés dos minutos después para cerrar la goleada. [Narración y estadísticas, 3-0]

El duelo había empezado con una alineación arriesgada, en busca del toque perdido con la lesión de Barrios. Se la jugó el Cholo con Álex Baena como acompañante de Koke en el medio y el almeriense se lo tomó muy a pecho. Meritorias su carreras para tapar a Peque entrenado por el carril del 10. También verle basculando de banda a banda e intentando tapar huecos en fase defensiva. Pero faltaba algo.

Faltaba ése último pase que sólo un tipo como el de Roquetas puede dar en el Atlético de Madrid. Esa visión de Griezmann, que empezó en el banquillo y sería su recambio, se ha trasladado al 10 rojiblanco. Así, con el transcurrir de los minutos, se podía ver el tema de la manta que nunca cubre los pies y la cabeza a la vez. Pero, muy avanzado un atípico primer tiempo en el Metropolitano, donde la posesión fue del visitante y no del local, apareció la magia del centrocampista rojiblanco donde suele mostrarse.

El primer toque de varita fue un pase en profundidad desde la frontal a Sorloth que el noruego estrelló en el pecho de Vlachodimos. El segundo fue cinco minutos después y el destinatario fue el mismo. En esta ocasión, el ariete cedió de pecho a Nico para que el argentino reventara la base del palo. Ése es el Baena que quería el respetable, el que vale la entrada. Las habilidades del almeriense en campo rival no son ni parecidas a las de campo propio.

Salvados los últimos diez minutos, el primer tiempo fue bastante plomizo. El control correspondió al Sevilla. Puso más presión y control de pelota el conjunto de Almeyda que el del Cholo, pero no tuvo ninguna profundidad. No se le contaron paradas a Oblak y apenas cuatro disparos fuera, pero siempre lejanos y desde posiciones poco ventajosas salvo el de Vargas, casi al final. Poco antes, el guardameta sevillista sí tuvo que esforzarse cuando Sorloth peinó un balón para Nico que el argentino no logró acertar.

Nico remata ante Vlachodimos.

Nico remata ante Vlachodimos.FERNANDO VILLAREFE

Malas noticias para el Atlético es que Julián Álvarez apenas hubiera tocado el balón los primeros 45 minutos. Aunque las estrellas ya sabemos que aparecen cuando quieren, y cuando lo hacen, suelen modificar partidos. De hecho, ha tenido muy buenos encuentros por detrás del punta este curso. De hecho, tuvo un cabezazo recién iniciada la segunda parte con un gran centro de Sorloth. Respondió con otro similar poco después Isaac Romero. La igualdad se mantuvo a la salida de los vestuarios.

Despertar final

A la hora de partido, el diagnóstico era muerte por aburrimiento. Incluso el público estaba apagado hasta que Nianzou decidió despejar a Giménez y se encendieron las masas. Hernández Maeso necesitó del VAR, pero una vez en la pantalla no dudó tras ver el tatuaje que le hizo al uruguayo el sevillista. Julián Álvarez no perdonó, como habitualmente y Simeone respondió quitando a Sorloth por Almada y a Nico por Gallagher. Más control y menos vértigo.

Ese mensaje lo aceptó el Sevilla y al minuto ya respondió con un disparo de Gudelj que mandó Oblak a córner. Un espejismo. De hecho, ese pasito adelante, ese espacio atrás, lo quiso aprovechar un jugador que nunca duerme. Giuliano no acepta siestas, robo, diagonal, pase atrás y gol de Almada. Es increíble la capacidad del argentino para revolucionar partidos dormidos.

Con los suyos despiertos, el partido ya fue una cuesta abajo en la que Griezmann, que había salido por Baena, no quiso concretar otra asistencia de Giuliano, que le había dejado sólo ante Vlachodimos. Sin embargo, no perdonaría poco después el francés. Quiso el siete sumarse a la fiesta con un disparo cruzado tras una contra con el Sevilla ya volcado. Qué bien viene un hombre que nunca duerme.

El Sevilla pasa por encima del Barça en el Pizjuán

El Sevilla pasa por encima del Barça en el Pizjuán

Actualizado Domingo, 5 octubre 2025 - 18:40

El Sevilla pasó por encima a un Barça superado en todos los frentes. Alexis Sánchez, tras un penalti muy protestado por los azulgrana, Isaac Romero, con una acción precedida por una robo de balón a Koundé que el francés reclamó como falta, Carmona y Adams sentenciaron a un conjunto azulgrana poco o nada reconocible, resignado a devolver el liderato al Real Madrid. Un domingo de fiesta en el Sánchez Pizjuán, donde el Sevilla sólo había ganado uno de sus 12 útimos partidos previos. [Narración y estadísticas (4-1)]

En ataque, con la excepción de Rashford, el Barça se mostró incapaz de batir a un Odisseas Vlachodimos que, incluso, vio cómo Robert Lewandowski desaprovechaba desde los 11 metros la opción de poner el que habría sido el momentáneo 2-2. En defensa, mientras, se las vieron y desearon para frenar las internadas de los sevillistas, muy agresivos a la hora de ir al choque a lo largo y ancho del duelo. El guion, que superó seguramente lo previsto por Matías Almeyda, acabó por deparar un triunfo que los locales añoraban desde hacía 10 años.

El Sevilla se fue al descanso con una ventaja por 2-1 que podría haber sido incluso más ancha, por mucho que los azulgrana pudieran sentirse perjudicados por cómo llegaron esos tantos. El primero lo marcó Alexis Sánchez, de penalti, después de que el colegiado corrigiera su valoración sobre una acción entre Araujo e Isaac Romero que inicialmente había considerado como no punible a instancias del VAR.

Falta de mordiente

El segundo lo anotó el propio Romero, tras una recuperación en la que Koundé reclamó falta y que tanto el trencilla como el videoarbitraje no consideraron como tal a falta de poco más de 20 minutos para el final del primer tiempo. Entre medias, los locales podrían haberse marchado aún con más claridad en el marcador. Ante la falta de mordiente azulgrana en ataque y de intensidad a nivel defensivo, la poca puntería, en unas ocasiones, y las buenas intervenciones de Szczesny, especialmente tras un gran remate de Mendy, se encargaron de evitar que las distancias fueran aún más largas.

Y eso les costaría caro. Rashford, tras una buena asistencia de un Pedri incomodísimo a lo largo de toda la primera parte ante los pegajosos marcajes, se encargó de marcar el 2-1 en la prolongación de los primeros 45 minutos e inauguró así su cuenta anotadora en la Liga tras haberse estrenado ya en la Champions.

Visto lo visto, Flick buscó cambiar el devenir del duelo dando entrada a Balde y Eric por Gerard Martín y Araujo para empezar la segunda parte. Y lo cierto es que los azulgrana empezaron a ganar más duelos con un rival que, pese a todo, siguió insistiendo en sus llegadas al área barcelonista e incluso pidió penalti por una posible mano de Balde no considerado como tal ni por el árbitro ni por el VAR.

Akor Adams festeja el 4-1, el domingo en el Sánchez-Pizjuán.

Akor Adams festeja el 4-1, el domingo en el Sánchez-Pizjuán.EFE

Tal insistencia descentró el libro de ruta de un Barça que, pasados los apuros iniciales, encontró la forma de darles respuesta. Primero, con un Pedri que puso a prueba la seguridad de Odisseas Vlachodimos. Acto seguido, con un remate de cabeza de Eric tras el córner bien resuelto por el meta greco germano. La mejor opción la tendría Lewandowski, tras un penalti de Januzaj sobre Balde que el polaco, con su estilo desesperante tanto para propios como para extraños, mandó fuera.

Buscó Lewandowski resarcirse poco después con una buena asistencia para Roony Bardghji que el delantero sueco, con todo a favor para anotar su primer tanto oficial como jugador del Barça, culminó con un disparo que murió mansamente en las manos de Vlachodimos. El sueco también trató de redimirse cuando el partido moría, pero su disparo sería bien bloqueado por el arquero local en una acción que, de hecho, sería la antesala de la sentencia sevillista.

Carmona, en una salida a la contra, se encargó de marcar el definitivo 3-1 con un disparo cruzado que, pese al intento de Szczesny por desviarla con la punta de los dedos, acabó besando la red. Y Adams, en la prolongación, remató la faena con el 4-1 desatando el delirio de la grada de un Sánchez-Pizjuán muy poco acostumbrado en los últimos tiempos a hacerse con los tres puntos en casa.

Los secretos del 'laboratorio' de Sergio Ramos, un "purasangre" en México: sesiones voluntarias, cámara hiperbárica, luz roja...

Los secretos del ‘laboratorio’ de Sergio Ramos, un “purasangre” en México: sesiones voluntarias, cámara hiperbárica, luz roja…

Debutó un 22 de febrero después de nueve meses sin competir y con apenas unos días de puesta a punto en México, pero Rayados le entregó el brazalete y casi la ciudad entera a Sergio Ramos, número 93 en la espalda y en varios tatuajes a lo largo y ancho de su cuerpo, y el defensa se convirtió en referente del club desde el minuto uno. Martín Demichelis, por entonces entrenador del equipo, le había llamado hacía unos meses para River Plate, pero Ramos desestimó la oferta buscando el destino correcto. Lo encontró en Monterrey, la segunda ciudad más grande de México, y en el equipo que hoy debuta en el Mundial de clubes ante el Inter de Milán. Rival de Champions y competición fetiche para Ramos, que ganó cuatro de los antiguos Mundialitos vestido de blanco, metido ahora en su laboratorio personal el último año para aguantar el día a día del fútbol a sus 39 años.

Desde ese 22 de febrero han pasado muchas cosas en Rayados, donde Ramos comparte vestuario con viejos conocidos como Sergio Canales, Oliver Torres y Lucas Ocampos. Demichelis ya no es el entrenador, ahora manda Domènec Torrent, técnico catalán que fue durante años asistente de Pep Guardiola en el Barcelona y en el Manchester City. «No me sirve lo que he hecho anteriormente yo ni lo que ha hecho Sergio Ramos. Empezamos desde cero. Pero es un jugador top a nivel mundial. Me he enfrentado muchas veces a él y todo el mundo sabe que es un líder, un jugador profesional, que aprieta, en el buen sentido, a sus compañeros», explicó en su presentación el entrenador. «Vamos a ver», respondió el propio Ramos, cauto, cuando le preguntaron.

El equipo no ha cuajado una buena temporada, eliminado en octavos de la Copa de Campeones de la CONCACAF y lejos de los mejores en el Apertura y Clausura nacional, pero Ramos ha rendido. Ha marcado cuatro goles y no ha soltado el brazalete, que llevará también esta noche en el Rose Bowl de Pasadena, y hasta recibió una tarjeta roja. Cuestión de tradiciones.

«Ese ejemplo contagia»

Su secreto lleva de vuelta a su gran pasión: los caballos. «Es un purasangre», le definen en Monterrey, donde hace unos días se presentó de imprevisto y de forma voluntaria para entrenar antes del Mundial de clubes. La decisión sorprendió en las instalaciones de El Barrial, pero el de Camas quería tener sesiones personalizadas de entrenamiento antes del día marcado por el club para que la plantilla volviera de vacaciones. «Ese ejemplo contagia», dicen en el equipo.

Desde que dejó el Sevilla al final del curso 2023-24, ha entrenado como si estuviera en un equipo, con sesiones de mañana y tarde en gimnasio y con balón. Sin descanso, esperando la mejor oportunidad e invirtiendo miles de euros en personas y herramientas que le ayuden a mantener su puesta a punto: tratamiento con fisioterapeutas, baños de contraste entre frío y calor, baño turco, sauna, cámara hiperbárica... Cosas que ha repetido día tras día en sus épocas en Madrid, París y Sevilla. Incluso ha añadido la famosa luz roja que ha puesto de moda Marcos Llorente, una técnica terapéutica que se utiliza para estimular las células y promover una mayor regeneración de los tejidos.

Ramos, que ya lo ha ganado todo, todavía no observa el final de su carrera y quiere estirar lo máximo posible su etapa futbolística, pero Monterrey ha sido el primer riesgo para él, después de decisiones lógicas como firmar por el Real Madrid, irse luego a París y volver después a Sevilla para reconciliarse con el Sánchez Pizjuán. El caso de México, animado por el Mundial de clubes, por la cultura y el estilo de vida, ha sido su primera decisión incómoda.

Extremar la seguridad

«Tengo la suerte de haber estado muchos años en Madrid, después en París y en Sevilla, y era un paso importante, un cambio muy gigante en mi vida. Y me gustan los retos y conquistar nuevas cosas», dijo nada más llegar a Rayados.

Pero de momento es feliz. Su familia no se ha establecido en el país por las dificultades del año escolar, aunque ha ido a visitarle en varias ocasiones. Vive en una zona residencial con mucha seguridad, lógico en una ciudad de ese calibre que obliga a casi todo el mundo con cierto nivel económico a circular en coche blindado. Está cerca de la ciudad deportiva, evita pasear, algo que tampoco podía hacer en Madrid o París, y cuando va al campo como espectador le rodean varios miembros de seguridad, porque no hay un pasillo privado para acceder al palco y la gente le rodea para hablarle, pedirle fotos o simplemente tocarle.

«Sergio es un caso único, de laboratorio. Mantiene una fisiología pocas veces vista. Su masa muscular, su fuerza, su intensidad y rapidez son de primer nivel, pero destaco su ambición y su carácter competitivo», dijo sobre él Demichelis. Al llegar a Los Ángeles, Ramos concedió una entrevista a la FIFA en la que aseguró que quiere acabar sus últimos años de fútbol «ganando». «El equipo tiene facilidad para jugar este tipo de competiciones y a mi gen competitivo le gusta», explicó, siempre como capitán. «Los líderes los deciden los grupos, pero por mi carácter siempre tuve esa facilidad para tirar del carro cuando el equipo lo necesita, para aconsejar también por mi experiencia. Me siento bien con ello», finalizó. Inter de Milán, River Plate y Urawa Red Diamonds le esperan en el Mundial de clubes.

Un gol de García Pascual atenúa la grave crisis del Sevilla y le deja cerca de la permanencia

Un gol de García Pascual atenúa la grave crisis del Sevilla y le deja cerca de la permanencia

Actualizado Martes, 13 mayo 2025 - 23:35

En el descanso se habían revitalizado en la grada los gritos contra el presidente y el director deportivo. Al regreso de Vigo, donde el Sevilla perdió 3-2 ante el Celta, los jugadores durmieron en la ciudad deportiva debido a la amenaza de los ultras. La atmósfera en el Sánchez Pizjuán era de extraordinaria tensión después de que la amenaza de perder la categoría se hubiese hecho real. La llegada de Joaquín Caparrós no había frenado la caída: dos puntos de 12 posibles antes de la visita de la Unión Deportiva Las Palmas en la noche de este martes.

Los nervios dominaron a ambos conjuntos en la primera parte. Los canarios llegaban a Sevilla en una situación dramática, obligados a todo para no quedar casi sentenciados. Tras la derrota, si el Alavés vence al Valencia este miércoles, serán equipo de segunda división. El tanto salvador de los locales lo marcó de cabeza García Pascual en el minuto 58, tras un golpe franco lanzado por Suso que prolongó Agoumé de cabeza para que el goleador se elevase por encima de la defensa y enviase el balón a la red.

En el minuto 77 el árbitro anuló un gol a McBurnie por falta previa de Cardona sobre el guardameta Nyland, una decisión muy protestada por los jugadores de Las Palmas y su técnico, Diego Martínez.

Desenlace angustioso

El tramo final del encuentro se vivió con angustia entre los aficionados, que olvidaron por unos instantes la reprobación a la directiva por un fervoroso apoyo a su equipo. Los visitantes atacaban de manera desesperada. El Sevilla esperaba terminar de resolver el partido al contragolpe. Caparrós transitaba por la banda, con la lógica inquietud.

Fueron 12 minutos de prolongación. Sandro tuvo oportunidad de lograr la igualada con un lanzamiento de falta. Supo sufrir el Sevilla, que si el Villarreal gana al Leganés se asegurará continuar en primera después de una temporada muy convulsa que acabará dejando cicatrices. Tras la celebración, resurgieron los gritos de "¡Junior vete ya!", pidiendo la renuncia del presidente.

El reestreno de Caparrós en el Sevilla se queda en un discreto empate ante el Alavés

El reestreno de Caparrós en el Sevilla se queda en un discreto empate ante el Alavés

Actualizado Domingo, 20 abril 2025 - 21:04

Empezaron bien las cosas para el Sevilla en el reestreno de Joaquín Caparrós, que abrió su cuarta etapa en Nervión con el equipo sumido en una profunda crisis deportiva e institucional. El cabezazo de Peque en el minuto once, tras un magnífico centro de Agoumé desde la derecha, puso en ventaja al equipo local, al que se vio desde el inicio con un fútbol más directo, diferente al que postulaba Javier García Pimienta. Después de cuatro derrotas consecutivas y con la hinchada de uñas, el club buscó auxilio en un hombre de consenso que, además de espantar los fantasmas del descenso lograse atemperar la atmósfera en la grada.

Todo marchaba razonablemente bien en el Sevilla hasta que Kike García, tradicional azote de los andaluces, a los que ya ha marcado seis goles, apareció en el área para batir a Nyland en una acción que puso en evidencia a la zaga justo antes del descanso y supuso el 1-1 definitivo.

«No hemos jugado bien al fútbol Es difícil hacer frente al Alavés, pues juntan bien todas sus líneas. Nos hemos puesto por delante, que era complicado, pero nos ha faltado fluidez. Nos han metido un gol que no se puede encajar. Faltó comunicación, hay que hablar, abortar el juego y manejar los tiempos», lamentó Caparrós ante las cámaras de Dazn. El técnico de Utrera puso en valor haber sumado un punto, pero en sus palabras prevaleció la autocrítica. «Demasiado juego directo. Nos ha faltado combinar un poquito más. Hay calidad para ello. También tenemos que estar un poquito más juntos».

El Alavés dominó durante la segunda mitad, pero no logró ganar un partido que le hubiera sacado de los puestos de descenso. Tampoco faltó autocrítica en Kike García, que anotó su duodécimo tanto en el campeonato. «En la segunda parte deberíamos haber sido más verticales. Hemos podido sumar de tres. Tenemos que dar un paso adelante en Mendi [Mendizorroza] y dejar de tener dudas». El técnico, Eduardo Coudet, reiteró la necesidad de hacerse fuertes en casa.