Luis García Plaza, solución de emergencia al luto perpetuo del Sevilla

Luis García Plaza, solución de emergencia al luto perpetuo del Sevilla

Actualizado

Matías Almeyda es consecuencia y no causa. Es el fruto amargo de un árbol podrido. Es la herida y no el puñal. Si el Sevilla Fútbol Club vive en un luto perpetuo no es tanto por quienes están pasando por el banquillo, como por un cadalso, sino por quienes se siguen sentando en el palco. Suya es la inestabilidad, suyos son los oscuros intereses y suyo es el maltrato a una entidad que teme bajar a los infiernos. Porque una plantilla hecha con rotos y retales no puede vestir a ninguna afición exigente; nadie en su sano juicio culparía al costurero de semejante prenda. Almeyda intentó llenar con corazón los huecos que el talento iba dejando, pero no fue suficiente y ahora aterriza Luis García Plaza. El balón no se deja engañar tan fácilmente. Manda el pie y no la sangre.

José María del Nido Carrasco asumió la presidencia del Sevilla el 1 de enero de 2024, aunque llevaba tiempo moviendo los hilos en la sombra. La cuchilla no ha dejado de girar desde entonces en esa minipimer que es el Ramón Sánchez-Pizjuán. Para entonces, Monchi -la gran factoría de aciertos deportivos y pararrayos oficial del sevillismo- ya había hecho las maletas. «Si las personas que están por encima mía empiezan a dudar de que yo tengo que tener ese rol, no pasa absolutamente nada», dejó dicho antes de marcharse, como epitafio de una época de oro que la actual dirección decidió desmontar pieza a pieza, tornillo a tornillo, símbolo a símbolo.

Carrusel de entrenadores

Lo que vino después fue un casting de frustraciones: Diego Alonso, Quique Sánchez Flores, García Pimienta, el apagafuegos Caparrós, Almeyda... y ya asoma Luis García Plaza, especialista en salvar equipos que observan el abismo. Nueve entrenadores en cuatro años, una cifra desconcertante para un club que se acostumbró a medir su grandeza por finales europeas y no por vivir su propio Vietnam temporada tras temporada. Nervión es ahora un cementerio de esperanzas.


Víctor Orta, llamado a ocupar el hueco descomunal de Monchi, no encontró ni estabilidad, ni equilibrio en el vestuario, ni ilusión en la grada, ni puntería en los fichajes. Su relevo, Antonio Cordón -el hombre que habló del Sevilla como de un elefante arrodillado al llegar en junio de 2025-, tampoco está enderezando el rumbo del club pese a su experiencia. Eligió a Almeyda como pilar de un proyecto a tres años que se desmoronó en nueve meses. Llegaron futbolistas deficitarios, parche tras parche, cesiones de emergencia y apuestas de saldo para un equipo que había hecho del mercado su seña de identidad. Comprar barato, vender caro, decían antes. Lejos del lo que caiga que dirán ahora.

La temporada de Almeyda empezó con firmeza y pasión, pero duró poco el espejismo. Apenas dos victorias en 2026, una caída libre en la segunda vuelta y un equipo que empezó a competir para no perder, más que para ganar. Sus arengas motivadoras -virales como la que precedió a la goleada 4-1 al Barça en octubre de 2025- quedaron como su único legado, un destello de carácter en medio de la mediocridad colectiva. No se entendieron muchas de sus decisiones. Los futbolistas estaban con él, pero no movió las piezas con audacia. Gabriel Suazo como titular pese a su bajón de rendimiento, un Lucien Agoumé errático, Batista Mendy y Oso en el ostracismo, la desaparición de Akor Adams en momentos clave. Ante el Valencia, en su último partido, la perplejidad fue apabullante, con bandazos tácticos y errores no forzados que terminaron acelerando su salida. El Sevilla lo despidió tras 32 partidos oficiales, con el equipo tres puntos por encima del descenso y después de una derrota que vació completamente el crédito del argentino.

La derrota de Almeyda

Su despedida, con un «me voy con la tranquilidad de haberlo dado todo, con honestidad y respeto por este escudo», sonó a derrota íntima pero también a diagnóstico certero: el problema no está solo en la banda, sino más arriba. Almeyda se marcha sin haber cumplido la primera temporada de su contrato, engullido por una entidad que necesita un nuevo culpable cada primavera.

Y ahora aparece Luis García Plaza, un entrenador con oficio, de pizarra sobria, manos curtidas y poco confeti. Uno de esos técnicos que suelen llegar cuando el incendio ya ha devorado media casa. Tiene detrás una carrera larga, 229 partidos en Primera y aventuras en China y en Emiratos. Ha sido, sobre todo, un técnico de reconstrucción. Un hombre capaz de ordenar equipos, de endurecer pieles blandas, de hacer competir sin necesidad de artificios. Ascendió al Levante, devolvió al Mallorca a Primera y subió también al Alavés, al que luego sostuvo en la élite antes de su salida. Su fútbol no promete fantasía, pero sí rigor, sentido, disciplina táctica y una idea muy clara de lo que cada jugador debe hacer para que el equipo no se rompa. Un antídoto para el reciente barroquismo de Almeyda.

Pero ni siquiera un entrenador así puede garantizar la estabilidad institucional, principal tragedia de este club. Porque hay preocupación. Mucha preocupación. El descenso ladra al otro lado de la verja. Y la Segunda es un cepo para osos. Uno de esos artefactos brutales de los que muchos creen que saldrán enseguida por el peso de su historia, por el tamaño de su escudo o por la memoria de sus noches europeas. Pero luego resulta que no. Que el hierro se clava profundo, que el bosque se queda en silencio y que hay clubes que tardan años en entender que descender no siempre es un camino de ida y vuelta. García Plaza será el encargado de despertar de su pesadilla a los sevillistas. Y sólo nueve noches le quedan por delante para conseguirlo. Nueve jornadas de palcos, cuentas, sustos y pitadas.

Matías Almeyda, destituido como entrenador del Sevilla

Matías Almeyda, destituido como entrenador del Sevilla

Actualizado

El argentino Matías Almeyda fue destituido este lunes por el Sevilla como entrenador del equipo, al que sólo le separan tres puntos de los puestos de descenso tras su derrota el sábado ante el Valencia (0-2). Con 32 partidos oficiales dirigidos, 29 de ellos en LaLiga EA Sports y 3 en la Copa del Rey, el club anunció su 'adiós' en un comunicado.

Almeyda, quien llegó al club del barrio de Nervión el pasado verano, abandona el banquillo sevillista dejando al equipo en una delicada situación clasificatoria, decimosexto con 31 puntos tras 8 triunfos, 7 empates y 14 derrotas, con sensaciones muy negativas y una pésima imagen, en especial, en sus encuentros en el estadio Ramón Sánchez-Pizjuán.

García Plaza, opción con más peso

El Sevilla FC negocia con el técnico Luis García Plaza como posible sustituto del entrenador de Azul (provincia de Buenos Aires), aunque también sonado otros candidatos como Manolo Jiménez o Diego Martínez, con pasado en la entidad sevillista.

Almeyda, de 52 años, firmó en verano un contrato por tres años, hasta junio de 2028, para dirigir al conjunto sevillista e intentar que recuperara su nivel y el potencial que tuvo en este siglo XXI, después de cuatro temporadas -incluida ésta- en las que en LaLiga ha tenido que luchar por el objetivo de la permanencia.

Con el argentino en el banquillo, el Sevilla ha sumado 31 puntos, de ellos 16 en quince partidos en su estadio y 15 fuera en 14 encuentros, y es el equipo más goleado de Primera División con 49 goles encajados, uno más que el Levante (48) y dos más que el Mallorca (47), que ocupan zona de descenso, y tres más que el Elche (46), el rival que marca ahora la salvación.

"El Sevilla FC desea agradecer el trabajo de Matías Almeyda y su equipo en estos meses y le desea la mejor de las suertes en sus próximos retos profesionales", aseguró en su comunicado el club hispalense.

Un eficaz Valencia condena al Sevilla al sufrimiento

Un eficaz Valencia condena al Sevilla al sufrimiento

Quién está más lejos de lo que fue y quién más aclimatado a su realidad, por triste que sea. Esa era la respuesta que iba a dar el partido entre quienes tocaron la gloria y ahora están expulsados del paraíso. El Sevilla aún no lo ha asimilado. Sangra por la herida. El Valencia ya tiene cicatriz y, hasta por momentos, sabe cómo tratarla para que no duela. Por eso buscó dos zarpazos, de Hugo Duro y Ramazani, para enterrar a un rival sin constantes vitales, incapaces y jugando a nada a tres puntos del descenso. [Narración y estadística: 0-2]

El duelo ponía en problemas a quien lo perdiera y eso pesó como una losa al inicio. Los valencianistas quisieron ser intensos, pero el primer movimiento en ataque lo hizo el Sevilla con Vargas. Al remate lateral del suizo, buscando puerta o rematador, respondió bien Unai Núñez como lateral derecho de emergencia. Se fueron haciendo los andaluces con el control, pero sin saber qué hacer con él. Plano, sin ideas y sin poder llegar con peligro al área. Si era cuestión de coger ritmo, los dos parones por dos golpes en la cabeza de Gayà en pugna con Juanlu se lo rompieron. El capitán tuvo que salir del campo en el minuto 24 porque no veía bien y fue trasladado al hospital para someterlo a pruebas rutinarias. Antes, su equipo ya se había estirado y Guido probó a Vlachodimos en una buena recuperación a Almeida ante Vargas y con Ramazani culebreando en el área para habilitar el disparo del argentino en la frontal.

No reaccionaron los sevillistas, que solo buscaban a Vargas para generar zozobra. Y cada error encogía el corazón de la grada. Almeida filtró un pase de nuevo para Ramazani, pero se le fue el control y encaró forzado al meta griego. No había forma de detectar al belga, libre para aparecer por todo el ataque. Si ya le costaba al Sevilla, con la lesión de Azpilicueta se le complicó todo más. La decisión del Almeida sancionado y en la grada sobre cómo suplir la baja del navarro desorientó a su equipo. Y descolocados, vieron caer los goles.

El primero, en un error en la salida de balón del veterano Alexis. Se lo robó Unai para entregársela a Hugo Duro que, de tacón, asistió a Ramazani, pero su golpeo seco lo repelió Vlachodimos y lo cazó, de cabeza sin dejarla botar, el 9 del Valencia. Vuelta a la titularidad de Hugo Duro para marcar otro tanto más, el noveno en Liga.

Que el Valencia se adelantara descompuso al Sevilla... y la grada, harta de ver cómo su equipo se va cayendo en la tabla y puede meterse en problemas. Aún visualizaron más ese temor en el tiempo añadido de la primera parte cuando, a trompicones, el Valencia armó una jugada desde Dimitrievski hasta que la pelota cayó en las botas de Javi Guerra para abrir a Rioja que, casi desde la línea de fondo, trazó un centro al segundo palo que Ramazani solo tuvo que empujar. El Sánchez Pizjuán estalló en una protesta que había amasado viendo que su equipo ni remató a puerta.

Algo tenía que hacer el banquillo del Sevilla para reaccionar y buscó a Isaac Romero, Mendy y Carmona, a ver si conseguían, aunque fuera a empujones. Solo fueron capaces de inquietar con un potente disparo lejano de Isaac desde el pico del área. Eran los dueños de la pelota, con el Valencia replegado, pero la llevaban de orilla a orilla sin inquietar.

Buscó Corberán estirar a su equipo buscando la pólvora de Sadiq y el pulmón de Beltrán, a lo que el Sevilla respondió con Oso y Castrín para evitar una derrota que se asomaba ya peligrosamente. Eran incapaces de crear ocasiones para no irse del duelo sin disparar entre los tres palos. Un tiro de Isaac a las manos de Dimitrievski les libró de esa estadística.

Casi nada más cambió en el césped en los últimos 20 minutos, salvo un tiro de Mendy en el añadido que hizo estirarse al portero macedonio. Al Valencia no le hizo falta arriesgar. Fue sólido durante muchos minutos porque tuvo la victoria en el bolsillo ante un rival ofuscado y una grada que se incendió contra el palco.

Aplazan el Sevilla-Girona por el aviso naranja por lluvia y fuertes vientos causado por la borrasca Marta

Aplazan el Sevilla-Girona por el aviso naranja por lluvia y fuertes vientos causado por la borrasca Marta

Actualizado

El partido Sevilla-Girona, de la 23ª jornada de LaLiga y fijado para este sábado (18.30 horas) en el Ramón Sánchez-Pizjuán, ha sido aplazado por el 'aviso naranja' decretado en la provincia sevillana y otras andaluzas por fuertes lluvias y vientos a causa de la borrasca Marta.

Fuentes del club hispalense informaron a primera hora de la tarde de que el encuentro no se disputará y queda pendiente de jugarse en otra fecha, una petición que este sábado el Sevilla FC trasladó oficialmente a LaLiga y a la que también se sumaron la Subdelegación del Gobierno central en esta provincia y el Ayuntamiento de la capital andaluza.

Asimismo, el derbi regional entre el Cádiz CF y el UD Almería de la 25ª jornada de Segunda División ha quedado también suspendido a causa del temporal. El duelo debía disputarse a las 16.15 horas en el Nuevo Mirandilla.

La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha decretado aviso naranja por viento en la provincia hispalense y amarilo por lluvias y tormentas. En cambio, Cádiz se encuentra bajo alerta naranja por los tres fenómenos mencionados, así como en nivel amarillo por fenómenos costeros.

El Mallorca golea al Sevilla y Arrasate salva una situación crítica

El Mallorca golea al Sevilla y Arrasate salva una situación crítica

Actualizado

El Mallorca sumó un triunfo crucial contra el Sevilla y salió de la zona de descenso tras exhibir mucha puntería con los goles de Vedat Muriqi, Samú Costa, Sergi Darder y Pablo Torre, que neutralizaron el 0-1 del debutante Neal Maupay. Estos tres puntos sacan de una situación crítica a Jagoba Arrasate, ahora con el goal average ganado frante a los hispalenses, que ven quebrada su pequeña racha de dos jornadas sin conocer la derrota. [Narración y estadísticas (4-1)]

A pesar de la difícil situación de ambos equipos en la tabla, la valentía tiñó el arranque del partido, especialmente el de Matías Almeyda. Sin embargo, los bermellones también dieron guerra a la zaga rival y en el ecuador del primer tiempo se adelantaron.

Una acción individual de Jan Virgili fue detenida por José Ángel Carmona, quien zancadilleó sin intención al extremo y provocó un penalti señalado por Soto Grado tras la intervención del VAR. Muriqi transformó desde los 11 metros para certificar su decimoquinto tanto, que iguala su mejor temporada en la isla y ya piensa en grande con 16 jornadas por delante.

Otra vez Virgili

El Sevilla no bajó los brazos y apretó con una buena acción de Akor Adams que provocó una buena intervención de Leo Román, pero el protagonista sería el debutante Maupay. Al filo del descanso, firmó un disparo desde fuera del área que se coló por el ángulo.

Tras el paso por vestuarios, los locales mostraron una entereza pocas veces vista esta temporada tras recibir un golpe y lo devolvieron poco después de reanudar el juego. Otra vez fue Virgili el protagonista, quien llegó hasta la línea de fondo y, con un recorte, puso el balón al segundo palo para el remate definitivo de Samú Costa.

Ahí sí que le costó más al equipo andaluz, más nervioso y errático que en la primera mitad, intentando revertir la situación con la entrada de Alexis Sánchez y Chidera Ejuke, aunque poco le funcionó en la segunda mitad a Almeyda.

Mojica, frente a Ejuke, el lunes en Son Moix.

Mojica, frente a Ejuke, el lunes en Son Moix.EFE

Y en mitad de las dudas, el cuadro local convirtió el 3-1. El mediocentro portugués volvió a ser protagonista con un gran desmarque, que le propició una posición idónea para dar el pase de la muerte a Muriqi, quien se quedó con la miel en los labios porque su disparo rechazó en Sergi Darder y el gol se sumó a la cuenta de éste.

Siguió intentándolo el Sevilla, pero ni su ataque fue fluido ni el Mallorca concedió oportunidades tal y como viene acostumbrando en las últimas semanas. Incluso tuvo tiempo el conjunto de Arrasate para ampliar la renta. Tras un inicio de curso complicado, Pablo Torre cerró el resultado en el último suspiro para estrenarse como goleador con la elástica bermellona.

Los detalles del interés de Sergio Ramos en comprar el Sevilla: más imagen que dinero y Monchi como figura clave

Los detalles del interés de Sergio Ramos en comprar el Sevilla: más imagen que dinero y Monchi como figura clave

Actualizado

Tras las campanadas, el 2026 ha introducido un giro inesperado en el ya enrevesado proceso de venta del Sevilla FC. Sergio Ramos, el central de 39 años que acaba de cerrar su etapa en Rayados de Monterrey, ha alterado el escenario, situando su nombre en el centro de las negociaciones, respaldado por un nuevo grupo de inversores, según informaron Radio Sevilla y COPE. Ramos no aparecería como comprador principal, sino como el rostro visible de un proyecto mucho más complejo.

Según fuentes próximas a las negociaciones, se trata de una oferta económica relevante, que incluso superaría los 2.700 euros por acción planteados por el grupo estadounidense que había avanzado posiciones tras revisar las cuentas del club. Hasta hace apenas unos días, los norteamericanos eran considerados favoritos para hacerse con el control de la entidad, pero las conversaciones se enfriaron tras una due diligence -auditoría previa a la transacción-que subrayó la delicada situación financiera del Sevilla.

En las oficinas de Nervión se ha recibido con sorpresa el repentino interés de Ramos por entrar en la operación. Dentro del club se da por hecho que el central no actúa solo, sino como intermediario o figura de referencia de un grupo inversor de envergadura. Más como símbolo y elemento de vinculación emocional de la futura propiedad que como empresario, un papel que aporta legitimidad social al proyecto, aunque no borra del todo la relación ambigua que sigue manteniendo con parte de la grada.

El volumen económico que se maneja -cifras que podrían situarse cerca de los 300 millones de euros necesarios para sanear la deuda acumulada- queda lejos del patrimonio personal de un futbolista, por muy consolidados que estén sus negocios. Se trataría, en definitiva, de capital exterior que busca una cara reconocible, capaz de generar confianza y de añadir un garabato sentimental a un proyecto eminentemente financiero.

Monchi, la clave

La entrada de Ramos adquiere una dimensión aún mayor por su vínculo con Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, figura capital en la historia reciente del Sevilla tras sus dos etapas como director deportivo (2000-2017 y 2019-2023). Ramos es vocal del CD San Fernando 1940, el club fundado hace apenas seis meses y presidido por Monchi tras la desaparición del anterior San Fernando CD. Su hermano, René Ramos, también forma parte de la estructura directiva. Un entramado que no es casual y que conecta con otros intentos de articular una alternativa sevillista a las ofertas de capital extranjero. Ese mismo entorno ya había sido señalado en anteriores movimientos para impulsar una vía de capital local, con el empresario Antonio Lappi y el periodista Fede Quintero entre los nombres que orbitaban alrededor de esa opción.

El ex portero sigue teniendo ascendencia sobre la grada blanquirroja y su figura -y su legado- amortiguaría la llegada de una propiedad ajena al ecosistema tradicional del club. Con Monchi se aspira a reconstruir un Sevilla sostenible, ambicioso y competitivo, lejos de la precariedad institucional y deportiva actual; con un entrenador, Matías Almeyda, que trata de sostener sobre el césped un proyecto frágil con una plantilla cogida con alfileres.

La cercanía de la familia Ramos con Monchi dibuja un escenario en el que el central podría convertirse en la palanca definitiva para facilitar su regreso al Sevilla o, al menos, para integrarlo en un proyecto que aspire a recuperar la estabilidad institucional de un club instalado desde hace años en la melancolía.

Desde dentro del consejo de administración, el anuncio de que Ramos presentaría una oferta formal ha generado desconcierto. Su retorno como futbolista en 2023 no limó por completo las asperezas entre el jugador y la grada. Su salida al Real Madrid y determinados gestos en el Ramón Sánchez-Pizjuán siguen presentes en la memoria colectiva del sevillismo.

Monchi, ex director deportivo del Sevilla.

Monchi, ex director deportivo del Sevilla.AFP

El club que Ramos estaría en disposición de heredar, si los accionistas aceptan la oferta, es una entidad debilitada y con un rumbo incierto. La última junta de accionistas, celebrada el pasado 16 de diciembre, reveló pérdidas de 54 millones de euros. La deuda reconocida ronda los 70 millones, aunque hay quien la duplica e incluso triplica. La fragmentación accionarial -con la familia del Nido, José Castro junto al Grupo de Utrera, la familia Alés, la familia Carrión y el denominado Grupo de los Americanos- ha marcado los últimos años del club, agravada por el enfrentamiento público entre padre e hijo Del Nido, con episodios judiciales y cruces de reproches en redes sociales.

Pese a este contexto, el Sevilla conserva activos de enorme valor. Un estadio como el Ramón Sánchez-Pizjuán, situado en el corazón de la ciudad, una ciudad deportiva recientemente remodelada y una masa social fiel y exigente, parte esencial del éxito de un club que durante años fue modelo de gestión, heptacampeón europeo y dinamizador de la competición doméstica. La recuperación de ese estatus continúa siendo un proyecto atractivo para inversores con una mirada a largo plazo.

Los próximos días serán determinantes. La venta del Sevilla, que hace apenas una semana parecía encaminada hacia manos estadounidenses, ha vuelto a abrir un abanico de escenarios. Y Sergio Ramos, el sevillista pródigo, se ha convertido en un factor inesperado en un proceso que parecía decidido, capaz de reabrir un corazón que el sevillismo daba por cerrado.

Xabi Alonso ya no tiene vida en el Madrid

Xabi Alonso ya no tiene vida en el Madrid

Actualizado

Vale ya de tanta guillotina perpetua para el Madrid por culpa de su entrenador. Dije antes de que llegara Xabi Alonso que no daba la talla. Pero ahora es una realidad. No tiene más perdón.

La duda ahora es si Florentino Pérez se va a atrever o escucha al nuevo secretario técnico Jose Ángel Sánchez. Pero de no acabar esta agonía, el Madrid se expone a una temporada grotesca. No se puede jugar con tanta duda.

El técnico vasco ya no tiene defensa de ningún tipo. El Madrid es la nada. Sólo vive del increíble Courtois, que salvó una derrota. Y de algunas dentelladas de Rodrygo o Bellingham. Sí, porque Mbappé jugó todo el partido tan sólo para él. Quería goles, sin tener al equipo en su cabeza. Sí que empató al final con Cristiano, de penalti, pero no lo mereció. Hizo un partido horrible.

Luego, en televisión vi la cara del presidente blanco cuando Alonso se atrevió y volvió a quitar a Vinicius. Hubo expectación y en la pequeña pantalla se pudo ver que al presidente no le gustaba nada. Pero Rodrygo le dio la razón a Xabi, porque por la izquierda es mucho mejor que Vinicius, que no hizo absolutamente nada, borrado de la lista de goleadores, mientras su compatriota provocó un penalti y casi dos. No hay más que hablar.

Puede que Vinicius fuera una llamada para la despedida de Alonso, pero el nene del presidente es nada ahora mismo. Y no lo puede vender, porque el mercado del astro está muy a la baja.

En resumen, el partido del Madrid fue un esperpento, frente a un rival rabioso con uno menos.Alonso no sirve ni para animar al equipo, por su exquisita frialdad. Sólo jugó uno de los fichajes de han costado más de 250 millones de euros. Y fue Huijsen, que fue una puñetera vergüenza.

Lento, sin enterarse ni de un maravilloso jugador de casi 40 años como Alexis Sánchez y de la rapidez de Isaac Romero. Huijsen es una farsa como central sin protección. Tantos millones por ese jugador es una barbaridad de las mentes pensantes de la Casa Blanca.

Así que con un endiablada, mediocre y deslavazada plantilla y un errático entrenador, sólo se salva por dos fenónemos: Courtois y Mbappé. Y el último cuando no tiene miedo al error en partidos importantes.

El Madrid es un horror, el futuro es lo peor y lo que faltaba por decir es que se oye en nombre de Davide, el hijo de Ancelotti, justo el que llevó a su padre a los infiernos. En fin, crisis muy profunda en el Madrid, más de lo que ellos creen.

Una vez más el estado del césped del Bernabeú era pésimo. Se pasaron con el riego y destrozaron a los jugadores, que se resbalaban constantemente. Con la famosa lona del cielo del Bernbaeú, la pradera ni se corta ni se engrandece. Es una pesadilla.

Es un estadio sólo de fútbol. No es para la NFL, ni para sala de conciertos, ni para espectáculos pugilísticos u otras habilidades circenses. Es el Bernabéu. No un circo.

Justo desde la NFL, con el retraso de jugar en casa más partidos, el resto ha sido sólo una rémora el Madrid. Sobre todo para Alonso, con angustia perpetua. Sólo porque al presidente no le gusta, no le soporta. Si no les gustó desde el 4-0 del PSG en el Mundialito, debió despedirlo tras el bochornoso 5-2 del Metropolitano. Era el momento para despejar sus inquietudes. No lo hizo y desde aquello el Madrid va de zozobra en zozobra.

Alexis Sánchez regresa al Bernabéu: cuando el ímpetu no tiene edad

Alexis Sánchez regresa al Bernabéu: cuando el ímpetu no tiene edad

Actualizado

Bela tiene tres días. Su madre, la modelo rusa Alexandra Litvinova, anunció su nacimiento subiendo un par de fotos en blanco y negro a su Instagram. En una de ellas, su pareja y papá de la recién nacida, el futbolista Alexis Sánchez (Tocopilla, Chile, 1988), tomaba con suavidad el tobillo de la bebé, como a una espartana. El chileno está feliz en Sevilla. Sentía que le quedaba fútbol que regalar a Europa. Que su ciclo no había terminado.

Tras su último y poco lucido paso por el Udinese, club en el que brilló cuando desembarcó en el continente, eran muchos los equipos sudamericanos que lo querían de vuelta. Pero prefirió aceptar la extraña oferta de Antonio Cordón, recién nombrado director deportivo nervionense. No acostumbraba el Sevilla a fichar a veteranos, no al menos con Monchi o Víctor Orta. El chileno se plantaba en la capital andaluza con 36 años y aspecto de turista en un bufet libre.

"Nos puede dar mucho con su experiencia, puede enseñar a muchos jugadores jóvenes", dijo Cordón. Pero su concurso está yendo más allá de la ejemplaridad. Tiene talento y ganas, cuando participa da alegría y profundidad al juego ensimismado del Sevilla; aún precario. Con jugadores o desenchufados o abizcochados. Con Matías Almeyda rozando la afonía cada jornada, intentando mantener tenso al equipo desde el grito, la pizarra y la convicción.

Alexis fue casi todo antes de llegar a Nervión. Se ganaba unas monedas limpiando coches en el cementerio de su ciudad cuando tenía siete años, para ayudar en casa mientras soñaba con vivir del balón. Niño maravilla en Cobreloa, campeón precoz con Colo Colo y River, deslumbrante en el Udinese, figura en el Barça de Guardiola y tótem del Arsenal. En Italia volvió a levantar títulos con el Inter y en Francia fue importante con el Olympique de Marsella, mientras con Chile se convirtió en máximo goleador histórico y líder del bicampeonato de América en 2015 y 2016. También conoció el reverso: el paso decepcionante por el Manchester United, la deriva posterior, el desgaste de casi 800 partidos y más de 200 goles que parecía empujarlo hacia la categoría de vieja gloria en gira de despedida.

Un equipo en el alambre

Cierto que aterriza en un Sevilla necesitado, con una situación muy compleja en las oficinas, más de 50 millones en pérdidas y un divorcio evidente entre club y afición, cansada de delirios, promesas y balances en rojo. El Sevilla está en modo supervivencia, aguantado por Almeyda, que exprime recursos, recompone desde el carácter y compite mejor de lo que juega, mientras la planta noble del Pizjuán le pide milagros y la grada sólo quiere dejar de sufrir.

En ese contexto, Alexis es estímulo. Ha jugado una docena de partidos, suma pocos goles pero cada aparición entre líneas cambia el pulso del equipo. No se le pide que lo haga todo, sino que haga lo suyo: recibir de espaldas, girar, ordenar ataques y contagiar ambición a quienes se miran demasiado los pies.

Almeyda le ha reservado un lugar entre los líderes silenciosos del vestuario, junto a los capitanes, como ese veterano que asume responsabilidades cuando la pelota quema, que alivia el juego de un equipo lleno de chicos que debutan. Sevilla sigue siendo un buen lugar para los grandes futbolistas incluso en tiempos de estrechez. El chileno responde con carreras cortas pero llenas de intención y fe, con una agresividad que desmiente el tópico del jugador de paso. De mercenario.

Alexis Sánchez se niega a convertirse en pieza de museo. Si marca en el Bernabéu, pensará en su recién nacida, en Bela. Porque los goles siempre son una suerte de afectos.

Hugo Duro rescata un punto agónico ante el Sevilla que no saca al Valencia de la agonía

Actualizado

Es difícil imaginar que hubo un tiempo en que Valencia y Sevilla fueron equipos fieros capaces de amenazar a la oligarquía de la Liga. Nada queda de aquello después de haberlos hecho jirones la mala gestión en el césped y los despachos. En Mestalla solo se les vio intentar sobrevivir, con mejores intenciones que acierto. Ambos más preocupados en abrir hueco con la cola de la clasificación que en alzar la mirada hacia las plazas europeas a las que un día fueron candidatos imprescindibles. El Sevilla fue capaz de generar peligro, pero el gol que durante muchos minutos le puso los tres puntos en el bolsillo, lo marcó Tárrega en propia puerta. El Valencia, incapaz de crear fútbol, tiró de corazón y de Hugo Duro para rescatar un empate en el tiempo añadido. Demasiado pobre para lo que un día fueron. [Narración y estadísticas: 1-1]

Llegó Almeida a Mestalla con muchas bajas, lo que no le impidió enseñar colmillo en el primer tiempo. En el minuto 3, con un centro larguísimo de Mendy desde el carril izquierdo al punto de penalti, donde Peque, en disputa con Copete, cabeceó ajustando al palo para que Agirrezabala luciera su primera mano salvadora. La respuesta la dio Danjuma, con una carrera en la banda izquierda para pisar área e ir buscando hueco de disparo.

Daba la impresión de que el Valencia dominaba y trataba de mover la pelota buscando cómo deshacer el musculoso centro del campo sevillista, arropado por cinco defensas. Sin embargo, no hubo ventaja ni capacidad de atosigar por la precipitación que conducía a imprecisiones. Corberán buscaba calma pero nadie era capaz de lograrla. De hecho, cuando el Valencia trataba de estirarse, aunque fuera a base de carreras estériles, faltas o saques de esquina, el Sevilla se relamía.

Volcado en Vlachodimos, el Sevilla recuperó un balón larguísimo a Akor Adams, que cuerpeó con Tárrega, último hombre, y encaró al guardameta valencianista con la fortuna de que en el mano a mano su disparo se fue por encima del larguero. Ya eran dos las ocasiones en que el Valencia había salvado el empate a cero, aunque también reclamó un penalti de Carmona a Hugo Duro por un codazo en el área que Guillermo Cuadra no vio y el VAR, tampoco.

La grada, que se acordó de Lubo Penev y su grave enfermedad, al inicio del partido, se impacientaba al ver a su equipo incapaz de salir de la tela de araña que tejió Almeida. Y cuando lo lograba, era con la pólvora mojada. Pasada la media hora, un robo del impreciso Javi Guerra, esta vez acertado, dio alas a Danjuma en el carril derecho del Sevilla para pisar área y reclamar penalti cuando cayó, de maduro, sin haber encontrado pase. El esfuerzo hace que se apague su brillo. Aún así, el neerlandés no dejó de bailar una y otra vez con Carmona, y del último al filo del descanso, sacó un pase tenso a corazón del área que Hugo Duro remató al aire. Sin lucimiento, el Sevilla estaba sujetando a un equipo que era incapaz de hacerle daño pese a que la soga de la clasificación la tiene alrededor del cuello.

Al inicio de la segunda parte, el nudo se apretó. El Sevilla ni siquiera necesitó intimidar porque fue el Valencia mismo quien, al trantán, incapaz, espeso, le dio alas. Primero, cediendo un disparo, lejano, a Agoumé. Después, haciéndoles hasta su gol. Oso, con el carril izquierdo para él y sin la presión de Thierry, puso un balón tenso buscando a Akor, pero llegó antes a rematar a bocajarro Tárrega. Un palo que castigaba a un Valencia sin plan.

No tenía más remedio Corberán que mover el banquillo. Recurrió a Ugrinic en la sala de máquinas -lo que provocó la pitada a Guerra-, la aceleración de Ramazani y la imprevisibilidad de Jesús Vázquez para hacer desdobles con Diego López, que consiguió asistir a Lucas Beltrán para un remate tan fácil que Mestalla se llevó las manos a la cabeza cuando el argentino lo falló.

Nada funcionaba. El Valencia no consiguió domar de nuevo el partido y se entregó a los arreones tirando de corazón. La revolución como único argumento. Cuando el duelo se moría, fue Ugrinic quien sacó el coraje para rescatar una pelota en el costado izquierdo del área y entregársela a Hugo Duro para que, entre los centrales, rescatara un empate.

Se volcó el Valencia, pero ya era tarde y Guillermo Cuadra pitó el final cuando acababa de ganar un córner, lo que provocó un aluvión de tarjetas. Se tuvo que conformar con un punto que sirve, pero no salva.

Raphinha-Flick: plena sintonía, fruto del agradecimiento y la confianza recíproca

Raphinha-Flick: plena sintonía, fruto del agradecimiento y la confianza recíproca

Actualizado Lunes, 1 diciembre 2025 - 23:22

La imagen de Raphinha consolando a Hansi Flick mientras el técnico exhibía su tristeza en el banquillo tras la poco convincente victoria frente al Alavés se ha convertido en viral. Hay un agradecimiento recíproco de gran calado entre ambos. El brasileño ha alcanzado su máximo rendimiento como profesional de la mano del técnico. Flick ha encontrado en él su aliado más comprometido y fiable.

La mejor noticia del sábado fue el regreso a la titularidad de Raphinha. El brasileño es el jugador que mejor interpreta y aplica esa presión asfixiante hasta lo indecible que tan buenos resultados le dio al conjunto azulgrana en la primera temporada del alemán en su banquillo. Y, también por eso mismo, está llamado a ser determinante en el duelo frente al Atlético que los barcelonistas disputan esta noche a las 21.00 (Movistar) en partido adelantado de la decimonovena jornada de Liga por la disputa de la Supercopa de España entre el 7 y el 11 de enero del año que viene.

En el campo, una vez superada ya la lesión que lo tuvo de baja durante casi dos meses, Raphinha exhibió a partes iguales ese perfil a veces un tanto anárquico con el que busca romper el orden de las defensas rivales como su capacidad para morder al adversario cuando este tiene el balón en sus botas con el objetivo de recuperarlo lo antes posible.

Seis partidos ausente

Raphinha sufrió una lesión en el bíceps femoral del muslo derecho el pasado 25 de septiembre, en el partido de Liga disputado en el Carlos Tartiere frente al Oviedo. En principio se estimaba que su baja sería de unas tres semanas, pero tuvo varias recaídas, en parte debidas a su propia ansiedad por regresar cuanto antes, según él mismo admitió. Se perdió seis partidos del torneo, entre ellos el del Sánchez Pizjuán, donde el Barcelona salió goleado frente al Sevilla (4-1) y el jugado en el Santiago Bernabéu, también saldado con derrota, 2-1. Su progresiva incorporación al equipo es una noticia esperanzadora para Flick en su deseo de recobrar el espíritu del colectivo la temporada pasada.

El brasileño confesaba ante las cámaras de DAZN que a veces se vuelve demasiado insistente a la hora de recalcarles al resto de jugadores que le acompañen en la presión. «Hay muchos momentos en los que mis compañeros pensarán que hablo demasiado, que soy un pesado, que les exijo mucho, pero así soy yo: exijo a las personas que sé que pueden dar mucho más», comentaba tras la victoria frente al Alavés.

Con números exorbitantes en el último curso, en este ejercicio ha disputado ocho partidos, seis como titular. Suma tres goles, tres asistencias y 15 disparos a portería. Menos cuantificable es su despliegue físico y su capacidad para tirar continuos desmarques. Dentro de lo intangible se encuentra su capacidad para revitalizar el compromiso de un grupo amenazado por la tentación de aburguesamiento y por la fractura de los egos, sobre la que ya alertó Flick.