Acostumbrados a que la natación nos regale récords del mundo con pasmosa frecuencia, casi sorprendió que, ya en el primer día de competición, no se batiera ninguno. Mejor. Los récords tienen que hacerse esperar y darse a valer. Deben responder a lo excepcional y no a lo rutinario para mantener su prestigio. Ninguna máxima competición carece de interés porque no registre récord alguno. Al contrario. Plantea un desafío y un aliciente futuros cercan
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La fortuna sonríe también a veces a los mejores. Alexia Putellas, la encargada de romper la férrea defensa de Nigeria con un lanzamiento de falta envenenado, que tomó completamente por sorpresa a la portera rival, Chiamaka Nnadozie, puede atestiguarlo de primera mano. Su gol plástico a la par que afortunado, sirvió para que España sumara su segunda victoria (1-0) en París y tenga ya el pase a cuartos en la punta de los dedos. Brasil, sorprendida a última hora por una correosa selección de Japón, capaz de remontar en los instantes finales para vencerla por 1-2, será la última prueba de fuego en esta primera fase del torneo para asegurar completamente su presencia en los cuartos. Por ahora, quizás con más efectividad que brillantez, el camino está siendo del todo impoluto.
España prácticamente monopolizó el control del balón a lo largo de una primera parte en la que Nigeria mostró claramente sus cartas: mantener juntas sus líneas y tratar de hacer daño con transiciones rápidas. Y a punto estuvo de lograrlo hasta en dos ocasiones. La primera, por medio de Esther Okoronkwo, cuyo remate fue perfectamente respondido por Cata Coll. La segunda, en una acción de uno contra uno de Rasheedat Ajibade con la guardameta donde la mallorquina también se llevó la partida, con Laia Aleixandri estorbando quizás un poco al límite a la jugadora del Atlético.
Al conjunto de Montse Tomé, mientras, le costó encontrar ocasiones claras en los primeros 45 minutos, a pesar de su mayor posesión. Y, en cuanto sus aproximaciones parecían tener algo más de peligro, se encontraron con el acierto bajo los palos de Nnadozie. Con esas premisas, no fue excesivamente sorprendente el empate sin goles al descanso. Un resultado que amenazó muy seriamente con mantenerse hasta el final, por mucho que España saltara más convencida si cabe de sus posibilidades en la reanudación.
Gol anulado a Salma
Las constantes llegadas no estuvieron siempre acompañadas de buena puntería. También alimentó malos presagios el hecho de que el tanto logrado por Salma Paralluelo, cuando apenas se habían jugado 10 minutos de la segunda parte, fuera finalmente invalidado por fuera de juego. Y Nigeria, agazapada esperando su oportunidad para dañar a la contra, estuvo también a punto de lograr su objetivo con varias llegadas culminadas con remates demasiado desviados.
Los minutos caían inexorables y España no lograba romper la igualada. Hasta que Alexia Putellas, con el partido ya en su recta final y con un lanzamiento de falta tan vistoso como cargado de buena fortuna (la propia capitana azulgrana así pareció confirmarlo con sus gestos en cuanto el balón se estrelló en el fondo de la red) materializó finalmente el 1-0 que le sirvió a la vigente campeona del mundo para sumar su segunda victoria en los Juegos y poner así la directa hacia los cuartos.
Un resultado que Cata Coll, una vez cumplido ya el tiempo reglamentario, se encargó también de refrendar con otra buena intervención ante una llegada más que peligrosa de Chinwendu Ihezuo. El miércoles que viene, a las 17.00 horas, frente a una Brasil muy irregular, tocará refrendarlo.
La piscina de La Defénse Arena no le gusta a Hugo González, clasificado para la final 100 espalda con el octavo mejor tiempo de los participantes. No es el único. El nadador español no suele morderse la lengua cuando algo no le gusta, implique a su propia federación, como en el pasado, o a la organización de los Juegos. La razón es la profundidad del vaso instalado en un pabellón multiusos, donde habitualmente juega el equipo de rugby Racing 92. "La piscina no cumple las reglas", afirma.
La piscina, en realidad, cumple con las normas técnicas de la Federación Internacional de Natación (FINA), pero la controversia es que éstas cambiaron a primeros de julio para establecer que la profundidad para competiciones oficiales debe ser de 2,50 metros. Para entonces, la de la Défense ya estaba construida con una profundidad de 2,15. Cuanto menor es, mayor es el movimiento del agua y eso genera resistencia para los nadadores, hecho que puede reflejarse en un aumento de sus tiempos.
Marchand y Ledecky
Hugo no es el primero que lo dice, aunque otros lo han hecho de forma más diplomática. Es el caso de Leon Marchand, estrella local. "Tiene menos profundidad que otras", dijo primero, para después matizar: "De la A a la Z, es top". Para Katie Ledecky, "La instalación es magnífica, pero, francamente, la piscina es de talla humana, no es muy profunda".
La estadounidense, tercera en los 400 libre, estuvo muy lejos de sus registros, al nadar por encima de los cuatro minutos. No ha habido por ahora récords del mundo, pero el propio Marchand, en los 400 estilos, completó, casi en solitario, la prueba más rápida en unos Juegos, más veloz que Michael Phelps en la cita, lo mismo que ha ocurrido ya en 100 mariposa y el relevo femenino de 4x100.
Tanto los organizadores de París como la empresa contratada para la instalación, la empresa italiana Myrtha Pools, defienden sus garantías. "Cumple todas las normas. En los últimos 15 años hemos dado soporte a la mayoría de organizadores de competiciones de natación", afirma Roberto Colletto, presidente de Myrtha Pools.
Las primeras sensaciones de algunos nadadores generan dudas, por lo que será necesario esperar al resto de las jornadas para comprobar si ha producido un efecto real sobre los registros. Hugo fue lento en las primeras series (53.68), lo que le llevó a entrar como decimocuarto entre los 16 semifinalistas. Necesitaba mejorar y lo hizo, pero lejos de los mejores.
Con 52.95, fue quinto en la primera semifinal, en la que partió por la calle uno, lejos de las referencias y no estuvo en ningún momento de la prueba en posición de los primeros puestos. Sin embargo, le sirvió para entrar en la final con el octavo mejor tiempo. La medalla pide más rapidez, porque, como dijo Hugo, "la profundidad es igual para todos".
Y en la última pregunta, Maialen Chourraut se rompió. A sus 41 años, en la que probablemente fue su última bajada en slalom en unos Juegos Olímpicos, tocó una puerta, "la maldita puerta 2", acabó última y pese a ello se animó para aguantar el tipo ante las cámaras y los micrófonos. Si tan serena mantuvo en todas sus victorias, su bronce en Londres 2012, su oro en Río 2016 y su plata en Tokio 2020, ¿Por qué no hacerlo en la derrota?
Durante más de media hora, desde que se bajó del kayak hasta que se marchó a los vestuarios, Chourraut sonrío para agradecer a todos los que le ayudaron, celebrar la notable presencia de público en las gradas e incluso elogiar la belleza del canal de Vaires-Sur-Marne, al este de París, cerca de Disneyland. "He vivido esta experiencia gracias a muchísimas personas que dan lo mejor para que yo esté aquí. No he sido capaz de poner la guinda al pastel y con eso me tengo que ir, pero estoy emocionada por toda la afición que ahí aquí, por haber competido en este canal tan bonito y volver a vivir la experiencia de unos Juegos", repitió y repitió, pero en la última pregunta, Chourraut se rompió.
Su hijastro de 23 años, Pau Echaniz, hijo de su marido y entrenador Xabi, compite martes y miércoles en su misma especialidad y al ser preguntada por sus opciones de medalla, se le enrojecieron los ojos y empezó a llorar. "Le deseo lo mejor. Estoy deseando verle en el agua, al pobre le ha tocado sufrir hoy conmigo...", comentó y su discurso se perdió.
Un paso imposible
Demasiado había contenido la decepción sufrida al perder la oportunidad, seguramente la última. A sus 41 años, aunque no se retirará todavía y aunque el próximo viernes disputará la nueva modalidad cross, Chourraut sabía que ya no volverá a vivir la emoción olímpica del K1, su prueba, y eso se notaba. "Estar aquí era un regalo que nos había hecho la vida, ya era suficiente, pero una vez aquí quieres hacerlo mejor. Ha sido una oportunidad perdida y, bueno, ahí se ha quedado", resumía el técnico Xabi Etxaniz que maldecía la puerta 2. "¡La maldita puerta 2!", gritaba.
Desde el día anterior, en las primeras rondas, Chourraut se enredó con la segunda puerta de las 25 que componía en el circuito y cada vez que pasaba por allí, un error, otro error, un error. En los entrenamientos practicó todas las trazadas posibles, buscó soluciones, estudié los detalles del movimiento del agua, pero igualmente esa puerta le amargó los Juegos Olímpicos. En las semifinales un fallo casi le cuesta el pase a la final y en el momento decisivo, un toque con la cabeza, el palo que se va por el otro lado y 50 puntos de castigo, la penalización máxima.
"No me salía, no me salía. A todo el mundo le salía y parecía que era sencilla, pero a mí no me salía, no sé qué pasaba. En algunos momentos parecía que ya la tenía, sabía lo que tenía que hacer, pero nada. Antes de la puerta miraba para abajo y el agua me afectaba mucho en la cola de la piragua y no sé por qué no encontraba la solución", analizaba Chourraut, que en ningún momento se despidió.
De retirada, nada
"No lo he vivido como mi retirada. Seguramente no podré volver a unos Juegos, pero el viernes tengo la prueba de cross y después ya veré qué haré", aseguraba la palista que después de los Juegos de Tokio 2020 pensaba en dejarlo, no lo hizo, y ahora disfruta el doble. De ahí que ahora vaya «día a día». En este ciclo olímpico se agudizó una lesión en el hombro izquierdo, tuvo que pasar por el quirófano y con su edad y su palmarés la rehabilitación parecía un tormento innecesario. Pero Chourraut encontró dos motivaciones para pelear este domingo cerca de París.
En primer lugar, la posibilidad de compartir unos Juegos con su hijastro Pau, de ahí su emoción, y en segundo lugar, la opción de disputar esa prueba de cross, que puede acabar en su cuarta medalla olímpica y, sobre todo, en un disfrute. Porque son carreras eliminatorias de cuatro palistas que bajan juntas por el canal y normalmente hay de todo, vuelcos, golpes... "Es como humor amarillo, divertidísimo", describía Etxaniz, aunque antes de poner gozárselo, Chourraut deberá rahacerse después de haberse roto.
La Philippe Chatrier se puso en pie como horas antes lo había hecho la grada de La Defénse Arena cuando apareció el nadador Leon Marchand. Rafa Nadal no es un héroe nacional francés, pero es un héroe de París, la ciudad de un amor esta vez correspondido. La central de Roland Garros, donde el español es capaz de moverse como en su habitación a oscuras, lo quiere en todos los idiomas, en el ¡Olé! como en el 'Allez!' El sitio donde tanto ha ganado descubrió que el Nadal olímpico es el mismo Nadal en espíritu, sufriente, aunque su cuerpo no le lleve donde lo hace su mente, y fiel a la victoria y a París con una pasión desmedida. Le aguarda Novak Djokovic en la segunda ronda, después de vencer al húngaro Marton Fucsovics por 1-6, 6-4, 4-6. Un regalo para estos Juegos, una final de Grand Slam bajo los aros.
La entrada en pista fue pletórica, con un Nadal poderoso y seguro que buscaba las líneas para mover a su oponente, desbordado y sin la convicción necesaria. Tenía más tenis el húngaro, 83 del mundo, y lo había a demostrar a partir del segundo set. Nadal ganó su servicio para abrir el partido y logró el 'break' en el segundo juego. Lo repitió en el sexto para colocarse 5-1, después de haber permitido a Fucsovics ganar únicamente uno. Un set en 31 minutos, con un 77% de primeros servicios, en el que se observó al Nadal que conoce la gente de la central, aunque el público en los Juegos no sea precisamente el mismo.
Un partido corto
Al mallorquín le convenía un duelo exprés, dado su estado físico, en duda hasta horas antes del debut, y sus reservas físicas, maltratado y gastado su cuerpo de 38 años. Finalmente, y después de probarse en la pista junto a Carlos Moyà y David Ferrer, y ante la mirada de su médico, tomó la decisión de jugar. El primer set le había permitido cumplir con la hoja de ruta que se habían marcado. Faltaba que Fucsovics pusiera en marcha la suya.
El húngaro subió el nivel de riesgo, la única opción que tenía, para igualar la eficacia de los golpes de Nadal. La bola le corría como al español, en especial en los golpes de derecha. Alternó el juego de fondo de pista con la movilidad y las dejadas que mortificaban a Nadal, para hacer correr todo lo posible a su oponente. De ese modo invirtió el arranque del primer set, al ganar su primer servicio y lograr un 'break' en el segundo. Hasta el 4-1 no reaccionó Nadal, capaz de jugar sus mejores puntos bajo presión, pero donde llegaba su mentalidad no lo hacían siempre sus piernas, con algunas dificultades de movilidad. Con un 4-1 abajó levantó un 15-40 y un 40-0 en contra para remontar hasta el 5-4, pero acabó por perder con su servicio al errar una dejada. Su porcentaje de primeros servicios bajó al 64%, mientras que había doblado sus errores no forzados, de seis a 12.
Un 'break' decisivo
El tercer set empezó, pues, desde el nuevo equilibrio del partido, consciente Nadal de que debía subir el umbral de su juego, regresar al principio. Tanto el español como el húngaro mantuvieron su servicio hasta que Nadal consiguió el 'break' decisivo en el quinto juego, después de superar en el cuarto un 40-0. Insistió el español en el revés de su rival, posiblemente el golpe más débil, y de ese modo evitar la fuerza de sus golpes de derecha. En el desenlace, menos exigido que en el segundo juego, impuso una competitividad única.
La central de Roland Garros, repleta, estalló, porque cada partido de Nadal es esperado como el de uno de los suyos, sea de forma individual o en el doble junto a Carlos Alcaraz, una pareja de tenis de Disney. La ceremonia de apertura lo demostró, al convocar al español en un lugar de privilegio, y Nadal exprime su físico ajado para que ese idilio no se acabe, para que el amor sea eterno. Lo será. En la victoria como en la derrota.
Los organizadores de los Juegos Olímpicos de París se disculparon este domingo con cualquiera que se haya sentido ofendido por una escena que para muchos evocó a 'La Última Cena', de Leonardo da Vinci, durante la glamurosa ceremonia de inauguración.
La pintura de Da Vinci representa el momento en que Jesucristo declaró que un apóstol lo traicionaría. La escena durante la ceremonia del viernes presentó a la DJ y productora Barbara Butch, un icono LGBTQ+, flanqueada por artistas drag y bailarines.
Los conservadores religiosos de todo el mundo condenaron el segmento, y la conferencia de obispos de la Iglesia Católica francesa deploró las "escenas de burla" para el cristianismo, un sentimiento del que hizo eco la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zajarova. La Comunión Anglicana en Egipto expresó su "profundo pesar" y dijo que la ceremonia podría hacer que el COI "pierda su identidad deportiva distintiva y su mensaje humanitario".
El director artístico de la ceremonia, Thomas Jolly, había dicho que el objetivo era celebrar la diversidad y rendir homenaje a la fiesta y la gastronomía francesa.
La portavoz de París 2024, Anne Descamps, fue consultada sobre las protestas durante una conferencia de prensa del Comité Olímpico Internacional el domingo.
"Claramente, nunca hubo la intención de mostrar falta de respeto a ningún grupo religioso. Al contrario, creo que (con) Thomas Jolly, realmente intentamos celebrar la tolerancia comunitaria", dijo Descamps. "Al observar el resultado de las encuestas, creemos que este objetivo se logró. Si la gente se ha sentido ofendida, por supuesto, lo lamentamos mucho, mucho".
Jolly explicó sus intenciones a The Associated Press después de la ceremonia. "Mi deseo no es ser subversivo, ni burlarme ni escandalizar", dijo Jolly. "Sobre todo, quería enviar un mensaje de amor, un mensaje de inclusión y para nada dividir".
A falta de 12 vueltas, los ingenieros de Mercedes preguntaron con total honestidad, para que George Russell decidiera por sí mismo. En ese momento, el líder de la carrera tenía seis segundos de ventaja sobre Lewis Hamilton, pero la frescura de sus neumáticos en nada se parecía a la de los de su compañero. Si Toto Wolff contaba con un caballo ganador en Spa, ese era Hamilton. En cualquier caso, por la radio volvieron a insistir a Russell, que optó por continuar con las gomas viejas. Debería resistir hasta la bandera a cuadros para, al menos, asegurar el doblete de las Flechas de Plata, dado que por detrás acechaba Oscar Piastri con su McLaren.
Russell, sexto en la parrilla, se apuntó su segunda victoria del año tras un ejercicio de angustiosa agonía. Nada menos que 33 giros con el neumático duro, hasta cruzar la meta con sólo 52 décimas sobre Hamilton. Piastri, a 1,17 segundos, completaría el podio de una carrera sin una sola interrupción por el safety car. La igualdad entre Mercedes, McLaren, Red Bull y Ferrari se iba a concretar con otro dato: Max Verstappen, quinto tras partir undécimo, sólo cedería 9,2 segundos frente al vencedor.
Otra victoria, a su manera, para el líder del Mundial, de nuevo por delante de un errático Lando Norris. Ni siquiera en el tramo final, el piloto de McLaren pudo adelantar al tricampeón. Ni en el cuerpo a cuerpo, ni en el aspecto emocional, Norris se siente ahora a la altura. Su frustración se le pinta en la cara cada vez que se detiene ante los periodistas para ofrecer explicaciones.
Hamilton levanta el pie
En Mercedes, por contra, deben ahora contener la euforia, porque todo les sale de cine. Tras una evolución infructuosa y el regreso a las especificaciones de Hungaroring, rubricaron su primer doblete desde 2021. Al coraje de Russell para agarrarse a la pista con los duros hubo que añadir la cabeza fría de Hamilton, que en la penúltima vuelta levantó el pie a su llegada a Les Combes. En caso de haber asumido ese riesgo, quizá el triunfo hubiese pasado a Piastri.
De esa fe para llevar el plan hasta sus últimas consecuencias deberían tomar nota en Ferrari, donde Carlos Sainz acabó séptimo pese a asomar muchos minutos por la cabeza. Fernando Alonso, noveno por detrás de Sergio Pérez, bien pudo sentirse feliz por llegar con esa estrategia a una sola parada. Con un ritmo similar al de Esteban Ocon y Daniel Ricciardo, el Aston Martin sigue estancado en esa zona de nadie.
La primera mitad de carrera, teñida por las precauciones, resultó decepcionante. En la tercera vuelta, Hamilton tomó el liderato con total facilidad en la recta de Kemmel. Nada podía hacer Leclerc ante un Mercedes que volaba con el DRS. En esos compases iniciales, Verstappen había ganado tres posiciones para instalarse séptimo a prudencial distancia de Norris.
El error de Norris
Los 76 puntos de ventaja en el liderato del Mundial permitían a Mad Max tomárselo con calma. Norris, al contrario, se sintió incómodo desde su error en la salida, cuando cedió tres posiciones tras pisar la grava a la salida de La Source. Sobre un asfalto a 42ºC, Sainz era el único de los favoritos con gomas duras. Verstappen, a diferencia de sus rivales, únicamente contaba con un juego de ese mismo compuesto. Nada pasaba por delante, porque todos se mostraban precavidos.
El primer turno de paradas lo inauguraron Russell y Verstappen en la undécima vuelta. Casi de inmediato, Hamilton, Pérez, Piastri y Leclerc, hasta dejar a Sainz como líder provisional, por delante de Norris y Alonso. De la lentitud del Aston Martin en las rectas se quejaba Lance Stroll, mientras el asturiano hacía equilibrismos para sujetarse en la zona de puntos.
La hipótesis de alcanzar la bandera a cuadros con una sola parada sobrevoló durante buena parte de la tarde. En Ferrari lo pensaron con Sainz, a punto de quedarse atrapado en la grava de Stavelot en la vuelta 16. Ese fallo pareció cambiar los planes de Fred Vasseur, que detuvo por segunda vez al madrileño, perdido desde entonces en una zona intrascendente.
Ni siquiera había entrado aún en el estadio. Estaba con la chaqueta de entrenamiento puesta, sentada, esperando a que dieran la orden al equipo para acceder. Seria, llevaba la pierna izquierda vendada, pues había sufrido molestias. Cuando su imagen se proyectó en las pantallas, comenzó la ovación, la primera de muchas, a Simone Biles. Cuando entró, el estadio retumbó. Ella lo agradeció, abriendo su sonrisa poderosa y saludando con la mano. El gesto fue recibido con otra aclamación aún mayor.
La mejor gimnasta de todos los tiempos ha vuelto por todo lo alto al pabellón olímpico, tres años después de su retirada en los Juegos de Tokio por problemas de salud mental. Su retorno generaba mucha expectación y Biles ya marcha por delante en la general individual, en barra, en suelo y en salto, y solo en las asimétricas, el único aparato en el que nunca ha ganado una medalla olímpica, fue superada por varias rivales.
Su metro 42 centímetros explosivos y su sonrisa radiante tienen un efecto imán. Las cámaras siguen todos sus movimientos, cada gesto es aclamado e interpretado. Si está seria o sonríe. No llevo el moño perfectamente recogido, como sus compañeras, sino desordenado. Se recoloca las horquillas antes de comenzar. Arranca en la barra, el mismo aparato donde acabó su experiencia olímpica en Tokio.
"Es impresionante haber podido estar aquí y ver la vuelta de la mejor atleta de todos los tiempos", dice Joe, que ha venido desde San Francisco exclusivamente para ver el retorno de la americana en París. "Es curioso, porque es diminuta, pero es poderosa, es una auténtica diosa", señala su mujer.
Biles entró al estadio con su maillot radiante y su coleta desordenada, hizo sus marcas en la barra antes de la competición y saludó a la grada. La atracción es tal que eclipsa al resto: Cuando ella entrenaba en la barra y la atleta del equipo italiano estaba realizando su prueba de suelo, a quien aplaudía el público era a Biles. "Ha sido un espectáculo. Es como ver a Taylor Swift en concierto", dice Laure, una francesa que viene a verla con su hija, ambas con la cara pintada con los colores de la bandera francesa.
Tom Cruise (derecha) viendo a Biles este domingo en París.EFE
En el estadio, además de la estrella Biles, había otras que querían ver su regreso al olimpo. Estaban Tom Cruise, Jessica Chastain, Ariana Grande, Snoop Dogg o Anna Wintour, la directora de Vogue. "La he seguido desde siempre. Era un sueño para mí poder verla en estos Juegos, me quedé muy triste cuando se retiró en Japón", explica Julia, que ha venido desde Kentucky con su marido y sus hijas para ver a la gimnasta.
En el ejercicio de suelo, danzó en el aire al ritmo de Taylor Swift. Las asimétricas es el único aparato en el que Biles no tiene medalla. Era el último en la rotación: Biles entró y realizó sus piruetas con seguridad. Al acabar su ejercicio se giró y miró a la grada, llena de banderas de EEUU, luego levantó los brazos y sonrió. El público tronó. Se abrazó a sus compañeras y a su entrenadora, la francesa Cecile Landi.
Una legión de medios americanos la seguía al irse al vestuario. Su entrenadora salió a hablar y los periodistas se agolparon. Justo al lado, una de las gimnastas chinas que acababa de competir hacía declaraciones a dos o tres periodistas, pero la legión no estaba con la atleta, sino escuchando lo que tenía que decir Cecile Landi.
La gimnasta Simone Biles, tras realizar su ejercicio en barra este domingoCharlie RiedelAP
"No puedo expresarlo (la alegría), estoy muy orgullosa de ella, de lo que ha pasado y de lo que está mostrando al mundo que es capaz de hacer", señaló. Biles no dará ninguna rueda de prensa hasta que no acaben las competiciones.
La atleta se retiró en los Juegos de Tokio en 2021 por problemas de salud mental. Al hablar abiertamente sobre el tema ha visibilizado este problema en los deportistas. Tras un tiempo de pausa, retomó los entrenamientos y volvió en el Mundial de 2023 de Bélgica, donde ganó cuatro oros.
En total, tiene 37 medallas (entre Mundiales y Juegos) y podría sumar seis más en las pruebas por equipos del martes, el concurso general individual del jueves y en las finales, el 3, 4 y 5 de agosto. Además, Biles, que tiene cinco movimientos propios, busca en París sumar un sexto con su nombre, esta vez en las asimétricas, ese aparato donde aún no ha conseguido la gloria.
Acostumbradas a las hazañas, la selección femenina lo volvió a hacer. A falta de 25 segundos, como golpearse contra un muro, las jugadoras de Miguel Méndez lo tenían imposible, cinco abajo antes las gigantes chinas, favoritas a medalla olímpica, actuales subcampeonas del mundo. Cualquiera hubiera pensado en lo siguiente. No ellas. Primero Queralt Casas con un improbable dos más uno y después, más difícil todavía, Leo Rodríguez con un triple con falta (falló el tiro libre después). En la prórroga, evidentemente, ya nada las iba a detener.
No puede abrir mejor sus Juegos España que con esta remontada, la que le despeja el camino a cuartos con todavía dos partidos de la primera fase por jugar (Puerto Rico y Serbia). Así lo reflejaban sus sonrisas con el bocinazo final, un triunfo para espantar males. Porque nada ha sido sencillo para ellas. La grave lesión de Raquel Carrera, la de Silvia Domínguez después, las molestias que impiden participar a María Conde. Sin tres pilares pero sin miedos.
Fue toda la batalla una agonía, porque enfrente había talento y, sobre todo, centímetros. Xu Han es la jugadora más alta del torneo, 2,05. Yueru Li, 2,00. Fue una pesadilla (31 puntos, 15 rebotes), pero ni eso acaba con la competitividad española, que forzó la máquina con su energía (23 pérdidas rivales), se entregó a la calidad de Megan Gustafson (29 puntos) y no perdió la fe. Y, además, tuvo a sus propias heroínas.
A falta de 27 segundos, Liwei Yang erró su segundo tiro libre. Queralt Casas atrapó el rebote y corrió la cancha con celeridad. Cinco segundos después había anotado, también el tiro libre posterior (73-75). Ella fue la primera protagonista. Pero lo mejor estaba por llegar.
Leo Rodriguez celebra la victoria.Michael ConroyAP
A punto estuvo de robar España, y con 15 segundos por jugar, Laura Gil cometió falta. Meng Li sólo acertó con uno y llegó el turno de Leo Rodríguez, un triple para el recuerdo, para el éxtasis no culminado cuando erró desde el 4,70. Acabó con 25 puntos.
Pero la selección ya era un ola imparable, y no iba a perdonar en la prórroga. Ahí, dos triples de María Araujo y todo el despliegue de Gustafson para un impresionante triunfo y medio billete hacia los cuartos de final en París.
Nuevo debut con victoria para la delegación española. Liliana Fernández (Benidorm, 37 años) y Paula Soria (Orihuela, 31 años), pareja en voley playa, se han llevado la victoria en su debut en el los Juegos Olímpicos ante las italianas Marta Menegatti y Valentina Gottardi por 24-22, 9-21 y 16-14.
En un encuentro muy disputado desde el inicio, la pareja española comenzó muy sólida, con un gran bloqueo de Fernández. Aun así, las italianas pronto cogerían el ritmo para ponerse por delante, pero una serie de errores en los servicios permitió a las valencianas equilibrar de nuevo el marcador. Una buena defensa y varios bloqueos espectaculares de Soria impidieron a la pareja italiana cerrar el primer set y todo se quedó con un ajustado 22- 22 en el luminoso. La balanza podía caer de cualquier lado, pero un error de las italianas lo aprovechó España para llevarse finalmente la primera manga por un 24-22.
El segundo set comenzó de nuevo con ventaja para Italia, que pronto se situó con un parcial 19-8. Con todo de cara, bastó con un saque de Menegatti para igualar de nuevo el encuentro (21-9).
Un regalo al sacrificio
Todo se decidía en el último parcial, que comenzaría muy disputado ambos países. Con empate a 12 en el marcador, Fernández puso por delante a España con un decisivo remate. Solo quedaba entonces cerrar el partido con un preciso toque y un buen saque que la pareja italiana no pudo defender.
Tras la victoria y en lo que son sus cuartos Juegos Olímpicos, Liliana Fernández ha declarado que no quería retirarse de competición sin ver a su compañera competir en París. "Estoy muy feliz por Paula y por mí. Este es un regalo al sacrificio de estos últimos años. No me quería retirar sin que Paula viviera esto, y hoy cumplimos ese sueño juntas", ha afirmado.
Además, también quiso destacar el nivel de las italianas y la importancia de mantener la calma: "Entre el segundo y el tercer set, hablamos de tranquilizarnos y jugar nuestro juego y eso fue clave para darle la vuelta al partido".