El dilema de Alcaraz entre pelear el número uno o reservarse para Roland Garros: "Si Miami hubiera ido mejor, se habría saltado Montecarlo"

El dilema de Alcaraz entre pelear el número uno o reservarse para Roland Garros: “Si Miami hubiera ido mejor, se habría saltado Montecarlo”

El pasado domingo de Ramos Carlos Alcaraz pisó de nuevo la tierra batida del Real Club de Campo de Murcia. Las mismas pistas donde aprendió a jugar de niño, la gente de toda la vida paseando por allí. Fue un momento simbólico. Aquí empieza todo. Otra vez. La gira europea de arcilla arranca este martes en el Masters 1000 de Montecarlo para elevar al español en la historia o ahondar en su crisis y lo hace con un dilema: ¿Jugar cuatro torneos consecutivos o reservarse para Roland Garros? La duda ronda a Alcaraz y a su equipo con argumentos para ambas opciones.

«En principio, siempre partimos con la idea de jugarlo todo, de hacer la temporada completa. Si las cosas hubieran ido mejor en Miami, se habría saltado Montecarlo», reconoció su entrenador, Samu López, días atrás en una entrevista concedida a Eurosport y admitió así que el calendario ideal no es el actual. Ahora mismo el número uno está confirmado para jugar esta semana en Mónaco, la semana próxima en el Trofeo Conde de Godó de Barcelona, las dos siguientes en el Mutua Madrid Open y dos más en el Masters 1000 de Roma. Un mes y medio sin descanso, hasta el 17 de mayo. Nadie nunca lo ha ganado todo, pero si lo hiciera jugaría 22 partidos en 40 días. Una barbaridad, más teniendo en cuenta los precedentes.

«Internamente sabíamos cómo llegábamos a Miami. [Alcaraz] tiene que tratar de controlar esos impulsos que él tiene, pero más allá de eso, es una forma de expresarse y quitar tensiones. No hay que darle más importancia», comentó López sobre la desesperación de Alcaraz en su último partido, la derrota ante Sebastian Korda, que mostró la necesidad de parar más. Si el español intenta disputar las cuatro competiciones podría agotarse mentalmente de nuevo de camino al segundo Grand Slam de la temporada o, lo que es peor, romperse.

La presión de Sinner

El año pasado venció en el Masters 1000 de Montecarlo, llegó al límite a la final del Godó y allí sufrió un tirón en el muslo derecho ante Holger Rune que le impidió jugar en Madrid. Para su fortuna después pudo encarar Roma y Roland Garros, pero el riesgo asumido fue alto. Un año antes, en 2024, solo pudo jugar en el Mutua por culpa de una lesión en el brazo derecho, en 2023 renunció a Montecarlo y en 2022 no fue a Roma. Esta temporada la idea era no presentarse en el Principado, pero la derrota en Miami le obliga a hacerlo y a mantener la incertidumbre. Sobre la mesa, ahora, están las opciones de saltarse el Godó para descansar pronto o de esperar a ver qué pasa y apartarse más tarde de Roma.

EFE

La aritmética del ranking ATP es despiadada. En esta gira de tierra batida, si se cuenta Roland Garros, Alcaraz defiende 4.330 puntos por los 1.950 de Jannik Sinner y actualmente cuenta con 1.190 puntos de ventaja. El margen de error es mínimo. Después de vencer en los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, Sinner depende de sí mismo para volver al número uno en Montecarlo, donde reside. Si es campeón del torneo regresará a la cima haga lo que haga Alcaraz. Para llegar a París como el mejor tenista del planeta, el español necesita retener el título y seguir adelante; un torneo más, un partido más.

En toda la gira, Alcaraz solo puede sumar puntos en el Conde de Godó por su derrota en la final del año pasado y en el Mutua, por su ausencia. El resto es defender lo conquistado en el extraordinario 2025, es decir, Montecarlo, Roma y Roland Garros. Pero ser número uno no sirve de nada si se lesiona antes incluso de presentarse en la pista central Rafa Nadal de París.

Los cuatro Grand Slam de este año

Bien lo sabía precisamente Nadal. El ganador de 20 Grand Slam pudo dominar la gira de tierra batida al completo, pero también tuvo que parar. En 2010, ganó Montecarlo, Madrid, Roma y Roland Garros. Cuatro títulos sobre arcilla en una misma temporada. Nadie lo ha repetido desde entonces. De hecho, nadie lo había logrado antes: es el único jugador en ganar los cuatro grandes torneos de tierra batida en la misma temporada. Pero incluso él afrontó renuncias. Ese año se saltó el Godó -donde fue 12 veces campeón- para preservar su cuerpo.

La ambición de Alcaraz, que estando sano rara vez ha desistido de nada, empuja a jugarlo todo, pero su técnico, Samu López desveló cuál es el objetivo de máximos este curso: «Soñar es legítimo, siempre con los pies en la tierra. El sueño sería ir a por los cuatro Grand Slam en una misma temporada. Es ambicioso, pero posible». La gira de tierra batida empieza este martes en Mónaco para Alcaraz, pero el dilema ya ha empezado.

Rafa Jódar conquista su primer título ATP a los 19 años: "No me quiero comparar con nadie"

Rafa Jódar conquista su primer título ATP a los 19 años: “No me quiero comparar con nadie”

Hace justo un año era el 1.771 del mundo; apenas existía en el tenis profesional. Este domingo ha levantado su primer título ATP y se ha colocado a las puertas del Top 50 del ranking. Rafa Jódar aterrizó el lunes en el ATP 250 de Marrakech sin haber disputado ni un solo partido en la élite sobre tierra batida y se fue con el trofeo bajo el brazo. En la final ganó al argentino Marco Trungelliti por 6-3 y 6-2 en una hora y ocho minutos. Primera experiencia. Primer éxito. Ya es algo más que esperanza para el futuro del tenis español.

«Sabía que estaba haciendo las cosas bien, que estaba trabajando muy bien», comenta el madrileño en conversación telefónica con varios medios, entre ellos EL MUNDO. No hay euforia en su hablar. Tampoco urgencia. En él hay algo más raro en un chaval de 19 años: calma. Mucha calma. «Los resultados no dependen solo de mí. Hay factores que no puedes controlar. Las cosas han dado sus frutos».

Le preguntan si la presión de jugar su primera final le afectó. Sonríe. «Soy muy joven, me quedan muchos partidos para mejorar, tengo mucho margen», cuenta y luego admite algo de nervios. «A medida que se desarrollaba el partido me he sentido mejor».

La comparación con Alcaraz

Jódar es el décimo jugador en activo de la historia en ganar un título ATP antes de los 20 años. El sexto español de la Era Open en lograrlo, en una lista que incluye a Nadal, Alcaraz, Moyá, Ferrero y Robredo. Pero no se deja llevar por esa lista de nombres. «Yo sigo mi camino. No me tengo que comparar con nadie. Es lo que yo hago, seguir a lo mío», cuenta quien sabe que va a vivir en una comparación continua.

Junto a Dani Mérida, coetáneo que este domingo jugó su primera final ATP en Bucarest -perdió ante el argentino Mariano Navone por 6-2, 4-6 y 7-5- o Martín Landaluce forma una generación con talento y un techo tan alto, tan alto que da vértigo. Jódar no se asusta. «Cada uno tiene que seguir su camino. Me da motivación que haya muchos jugadores buenos en el circuito como Carlos que te planteen dificultades durante los partidos», cuenta Jódar que siempre esquiva aquello de nombrar a un ídolo, sea quien sea, para que no le igualen: «Los consejos que me da Rafa o Carlos en los torneos que estamos juntos siempre los tomo muy bien».

Campeón del US Open junior de 2024, después de pasar un año en Estados Unidos, en la Universidad de Virginia, Jódar se hizo profesional en diciembre, es decir, apenas lleva tres meses en el circuito. En ese tiempo ganó su primer partido en un Grand Slam —en el Open de Australia—, llegó a tercera ronda en el Masters 1000 de Miami y este lunes amanecerá como número 57 del mundo. Por delante, sólo tiene tres compatriotas: Alcaraz, Davidovich y Munar. «He ido torneo a torneo», explica. «Siempre pienso que quiero más, que quiero ser mejor jugador, que quiero mejorar cada día que entreno. Ponerse un objetivo nunca es bueno. No es bueno ponerse esa presión».

Sin cambios en su equipo

«Cuando era muy pequeño me gustaba jugar a todos los deportes. Al final pensé que en el tenis podía pasármelo muy bien», recuerda sobre sus tiempos entrenando en el garaje de sus padres en Leganés, que siempre mantiene la diversión como máxima: «El tenis no es un trabajo para mí. Siempre que juego es para divertirme. Eso es lo que he hecho esta semana».

Por ahora viaja con su padre. Sin entrenador del circuito -le ayudan los técnicos de la Universidad de Virginia-, sin equipo técnico ampliado. «Lo que llevo de temporada está funcionando muy bien. Estoy muy a gusto en el ambiente en el que estoy». La temporada es larga, dice. Ya habrá tiempo. Mientras tanto, sigue. Torneo a torneo. Día a día. Sin compararse con nadie.

Feliz y Len reviven al Madrid de un espantoso inicio ante el Andorra

Feliz y Len reviven al Madrid de un espantoso inicio ante el Andorra

Ganó el Real Madrid. Sin brillo, también sin aparentes problemas, su 23º victoria en esa Liga Endesa que domina con mano de hierro, la 11ª consecutiva. Ganó con solvencia y protagonismo de los menos habituales (Andrés Feliz, Alex Len, David Kramer, Gabriele Procida) a un digno MoraBanc Andorra y tomó aliento para lo que le viene en Europa, que no es poco. Un partido que podría ser uno más pero que contó con su propia intrahistoria: a los ocho minutos de comenzar los andorranos campaban por el Palacio con 18 puntos de ventaja. [97-90: Narración y estadísticas]

No es la primera vez que el Real Madrid tiene que revivir tras un comienzo de partido horrible. Esta vez fue el Andorra, un equipo en plena pelea por el descenso, el que le zarandeó de mala manera durante más de ocho minutos. Como si siguieran aturdidos los blancos después de la pesadilla del Buesa Arena, esa derrota del viernes ante un Baskonia en cuadro que trastocó todos sus planes en el final de la temporada regular de la Euroliga.

Otro traspié a domicilio y van unos cuantos. Demasiados. Otro tramo de partido espantoso, un 12-30 que dejó boquiabiertas las tribunas recelosas del Palacio. Cierto es que los de Zan Tabak lo metían todo, especialmente el espectacular Yves Pons (11 puntos con tres triples sin fallos en ese tramo, acabó con 20), pero no había alma ni espíritu de esfuerzo en un Madrid que dejó fuera de la convocatoria a Abalde, Maledon y al tocado Lyles y en el que Usman Garuba no jugó.

Tras el 0-14 de parcial, con contragolpes sonrojantes, la cosa ya no podía ir a peor. Era como si estuviera aguardando a tocar fondo para emerger e imponer la lógica de un equipo que suele arrasar en el Palacio y que apenas falla en ACB (sólo dos derrotas). Un triple sobre la bocina del primer acto de Andrés Feliz fue el inicio de la remontada.

Llull, Len y un buen Kramer, tres de los menos protagonistas, siguieron tocando a rebato. Y antes de llegar al descanso ya había igualado el Madrid (44-44) -pese a los triples de Xabier Castañeda-, que culminó la remontada a la vuelta de vestuarios.

Ya lanzado, el Real Madrid tumbó al Andorra por KO. Andrés Feliz fue un demonio sobre la cancha (15 puntos, seis asistencias...), dominando cada resquicio del juego. Se echó el equipo a la espalda y disparó a su equipo con un parcial de 21-4 ya sin vuelta atrás.

El Morabanc Andorra, con un extraordinario Pons, lo intentó hasta el final, pero no le dio para volver a inquietar al líder. No será fácil su pelea por esquivar al descenso, aunque en ella tenga varios compañeros (Gran Canaria, Burgos, Zaragoza...). El Madrid, con el domino en la pintura de Alex Len (17 puntos y cinco rebotes) en el que no volvieron ya a pista ni Hezonja ni Tavares, tomó impulso para lo que le viene. Quizá la semana más áspera del año, con todo en juego en la Euroliga para intentar acabar la temporada regular entre los cuatro primeros y gozar de factor pista en los cuartos de final. Dos visitas con mayúsculas: el martes al Olympiacos y el jueves al Fenerbahçe.

El Celta frena en seco las aspiraciones del Valencia y el Getafe se mete en la pelea europea

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El Celta vio por el retrovisor cómo le pisaban los talones y aceleró para remontar en Mestalla y despertar al Valencia de la ensoñación de pelear por Europa. No le alcanza a un equipo instalado en la irregularidad que, siempre que ambiciona algo, acaba en tierra de nadie. Sí dio ese paso al frente, con contundencia, el Getafe, que tonteó con el peligro al inicio de la temporada, pero sumó ante el Athletic la sexta victoria en ocho jornadas y atrapa a la Real.

En Mestalla, el duelo tuvo dos escenarios bien distintos en cada tiempo. En el primero, pareció que Guido Rodríguez guiaba al Valencia por el camino de la ambición. El argentino ha caído de pie, quizá porque hacía demasiado tiempo que la parroquia no veía con el escudo del murciélago a un futbolista de esa jerarquía, sobre el césped y en el vestuario. Es la sombra del entrenador, que ordena al resto de compañeros y que siempre sabe dónde tiene que estar. Pero solo no puede, aunque se responsabilizara de dos de los goles celtiñas y volviera a marcar en el 93. Para entonces, el partido estaba imposible.

Al Valencia le esperaba un partido incómodo ante un Celta acostumbrado a manejar los tiempos, por mucho que mirara de reojo a su duelo de Europa League. Sin embargo, bien plantados, los valencianistas, con un estadio a rebosar, aguantaron sin descomponerse que el rival hiciera circular la pelota sin encontrar grietas por dónde dañarles. Jutglà probó con un zurdazo tímido desde la medialuna en el minuto dos de juego, y nada más. No volvió a acercarse con peligro al área de Dimitrievski. El plan valencianista estaba muy claro: robos y carreras, con Ramazani al mando. Eso fue lo que hizo el belga, apoyándose en la incorporación por la derecha de Javi Guerra que le puso un centro preciso forzando a Radu. Fue un latigazo sin continuidad hasta que en tres minutos, el Valencia inclinó el partido.

Una falta por manos de Aidoo en el lateral izquierdo de su área la teledirigió Almeida buscando la escuadra del segundo palo. Salvó el gol una estirada magistral de Radu, pero el juego no se fue de ese área. Con el Valencia volcado, Javi Guerra filtró balón a Ramazani en el punto de penalti, no pudo sacar limpio el remate, pero el rechace acabó en la frontal donde Guido lo enganchó para marcar su primer gol como valencianista. Desde ese momento, el Celta, con tres partidos sin ganar a sus espaldas, se bloqueó. Volvió a tener el control, no mostraba colmillo ante una defensa bien plantada que ya solo volvió a crear una ocasión: un disparo lejano de Cömert.

Nada de eso se repitió tras el descanso. Fue como si Claudio Giráldez, con una varita mágica y tres decisiones, hubiera hecho desaparecer al Valencia. Reactivó a su equipo con la entrada de Fer López, Williot y El-Abdellaoui, buscando un todo o nada para darle la vuelta al marcador. En cinco minutos, lo logró. En el 55, Fer López se coló entre Gayà y Cömert para asistir a Williot. El remate del sueco solo pudo despejarlo Dimitrievski, pero lo cazó Ilaix Moriba para empatar el duelo. En el siguiente ataque, fue Williot quien burló al lateral derecho para encontrar solo a Fer López y que la pusiera a la escuadra.

No reaccionaban los valencianistas ni con los cuatro cambios de una tacada de Corberán, que volvió a escuchar gritos de dimisión cuando sus jugadores temblaban. A puro corazón buscaron el empate y, en una transición, se encontraron con el tercero, de Williot, que le podía aun más difícil lo que era una proeza porque al Celta le impulsa la mirada hacia la Champions. El segundo gol de Guido en el 90+3 solo sirvió para calmar a una grada que se olvidó de protestar para empujar.

Satriano catapulta al Getafe

No hubo sufrimiento en el Coliseum porque el partido se le puso muy de cara al Getafe en el minuto 14 con el gol de Luis Vázquez y el Athletic, desdibujado incluso con el regreso de Nico Williams, no encontró la manera de buscar el empate. Apenas creó ocasiones de peligro ante la portería de David Soria y el castigo se lo amplió Satriano con su gol en el 90. El uruguayo ha resultado una pieza perfecta en el engranaje de Bordalás desde que llegó en enero, tanto que el club lo ha comprado. Suyos han sido cuatro goles de esta racha que les ha permitido echarle el guante a la Real Sociedad y dejar atrás a Espanyol y Athletic. Una victoria tan cómoda como ilusionante.

Un triunfo por tortura: Pogacar es el rey de Flandes

Un triunfo por tortura: Pogacar es el rey de Flandes

A Tadej Pogacar es la historia lo que le lleva a explorar sus límites, a querer seguir ampliando un palmarés que ya sólo se sólo se puede comparar con el de Eddy Merckx. El rey del Tour quiere ser también el rey de las clásicas. Y lo es, puro empeño en esos terrenos que le pudieran ser tan ajenos. Los adoquines y las colinas de Flandes se rinden al esloveno, como lo hace Mathieu Van der Poel. En la tercera y última ascensión del Viejo Kwaremont claudicó el neerlandés, rendido a la evidencia del más fuerte, el que le iguala con tres victorias en De Ronde.

Un triunfo, como los últimos, por aplastamiento. Por tortura. Una determinación implacable. Es su segunda victoria consecutiva en el Tour de Flandes, la tercera en total (añadiéndose al grupito que de reyes: Achiel Buysee, Fiorenzo Magni, Eric Leman, Johan Museeuw, Tom Boonen, Fabian Cancellara y el propio Van der Poel). Es su cuarto Monumento de carrerilla, algo que nadie hizo jamás. Ya son 12, con 27 años, superando a Roger De Vlaeminck, ya únicamente el Caníbal con más. Es, también, el anticipo de lo que pretende, ganar los cinco el mismo año. Siguiendo por la París-Roubaix del próximo domingo, el más difícil todavía para Tadej, su sueño hasta ahora prohibido.

Fue, también, una edición marcada por el debut de Remco Evenepoel, al fin donde tantos le sitúan y él se resistía, empeñado en ser el ciclista que no es. Con evidentes dificultades en los muros de pavé, pese a su pasaporte belga (ahí donde son reyes, 69 victorias, aunque la última hace nueve años, Gilbert), fue un esperanzador amanecer. Acabó tercero (a 1:10), sólo por detrás de los dos colosos, con los que peleó desde la distancia, desde que le dejaron a 50 kilómetros de meta, en uno de los pasos por el Paterberg.

Pogacar, ganador en San Remo (al fin), y rey de las Ardenas Flamencas. En solitario en la meta de Oudenaarde tras 280 kilómetros y casi seis horas y media. Con el maillot arcoíris y sin guantes, de los que se desprendió antes del ataque final para tener el detalle de regalárselos a un pequeño espectador.

La calma se había roto de repente. Casi sin avisar. Había avanzado la mañana desde Amberes con un buen puñado de anécdotas. La tonta caída en la zona neutralizada de Ivo Oliveira, compañero de Pogacar, la polémica por el corte en un paso a nivel que dividió al pelotón (con el reglamento en mano, los que no pararon, entre ellos el esloveno, deberían haber sido descalificados), la lluvia que iba y venía, dándose relevos con el sol y la escapada del día, con 13 corredores, entre ellos dos rarezas, dos pioneros, el uruguayo del Burgos Burpellet Eric Fagúndez y el mongol Sainbayar.

Pero en la ratonera del Molenberg, todavía con más de 100 kilómetros por recorrer y la mayor parte de las 18 colinas aún por escalar, Pogacar mandó a su principal gregario a acelerar. Incluso asumiendo el riesgo de quedarse sin el resto de sus compañeros, Florian Vermeersch destrozó la tranquilidad. Dejó el asunto en 17 hombres, tan temprano, todos los favoritos ahí. Van der Poel, Van Aert, Pedersen... También el debutante Evenepoel, tan atento. Cuatro campeones del mundo. Ningún español. Ningún Movistar. Se vieron ahí y decidieron que ya no había que mirar atrás.

Mathieu van der Poel y Tadej Pogacar, durante un momento del Tour de Flandes.

Mathieu van der Poel y Tadej Pogacar, durante un momento del Tour de Flandes.DAVID PINTENSAFP

Avanzaron con más o menos colaboración, ampliando la distancia con un pelotón atónito y conformista. Atraparon a los fugados y ya sólo era cuestión de saber cuándo llegaría el zarpazo de Pogacar. Cuándo y dónde. Y quien sería capaz de seguirlo.

Y el lugar fue el Oude Kwaremont, el segundo paso por la colina en la que ya hace un año nadie fue capaz de seguirle. Ni un instante de duda, un ataque que liberaba el ansia de Pogacar. Todavía con 55 kilómetros hasta la meta de Oudenaarde, Tadej aplicó su tortura. Primero quedaron cinco, qué cinco. Junto al esloveno, Van der Poel (tardó un poco más en reaccionar), el atentísimo Van Aert, Remco y Pedersen. Pero pronto, en la cima, fueron tres. Y un poco más allá, en el siguiente Paterberg, ya cedió Evenepoel, aunque iba a seguir persiguiendo a la pareja de forma tortuosa, cerca y lejos, pero sin llegar a atraparlos. "No quería esperar a Remco después de Koppenberg, porque su resistencia es muy buena, puede ganarte al final", aclaró el ganador.

La batalla a dos estaba servida, pero ahora las distancias entre ambos se han ampliado. Como en San Remo, no hubo respuesta de Van der Poel (quizá demasiado generoso en los relevos) al ataque final de Pogacar. Le cedió el trono. Ellos, desde 2024, han ganado los últimos 11 Monumentos, los 15 de los últimos 17.

El fútbol como lastre

El fútbol como lastre

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La tetracampeona Italia no estará en el Mundial de fútbol de este verano, como faltó en los dos anteriores. Fue incapaz de ganarse la plaza en la generosa fase regular de clasificación y sucumbió en la amable repesca ante Bosnia, la 66ª en el ránking FIFA. Una vergüenza (Capello dixit) más que un fracaso. Un "Triple Apocalipsis", según tituló "La Gazzetta dello Sport".

Para saber más

La crisis del fútbol nacional italiano también alcanza individualmente a los jugadores, que año tras año no figuran entre los candidatos al Balón de oro. Y a los clubes, que no ganan la Champions desde 2010. Sus plantillas trufadas de extranjeros, como en todas las principales Ligas, los convierten en representantes de sí mismos en sus respectivos entornos, no del país. Sin embargo, forman parte del entramado conjunto y contribuyen a dibujar su imagen completa. Que la "azzurra" se apuntara la Eurocopa de 2020 se explica porque, aunque no creamos en los milagros, haberlos, haylos.

A medida que el fútbol, por estructuras o coyunturas, ha ido perdiendo lustre, el resto del deporte italiano lo ha ido ganando de modo equivalente. Vive una Edad de Oro reflejada en los resultados de los Juegos Olímpicos de Tokio y París, de los recientes de invierno de Milán-Cortina y, en general, de cualquier competición a lo largo del calendario.

Como causa o como consecuencia, o tal vez sólo por casualidad, el deporte italiano se beneficia de la contingencia del fútbol, cuyas modernas y universales características empresariales, transformadas en los nuevos pecados, proceden de su separación del deporte para formar un planeta exterior, fuera de la galaxia común. Podemos aventurar la teoría de que en cuanto ha decaído el fútbol, se ha producido en Italia un crecimiento proporcional en esos otros deportes mediante un automático proceso mixto de sustitución y conquista.

En España, un país con una cultura muy inferior desde siempre a la italiana y con una dimensión históricamente menor, se produce un fenómeno inverso. El fútbol escamotea espacio y escatima oxígeno a los demás deportes. Los relega en los medios, regateándoles presencia y restándoles protagonismo. Serían parientes pobres si el fútbol no hubiera renunciado hace tiempo a la casa común para irse a vivir solo en un palacio demasiado grande y costoso de mantener como para no tener goteras y desconchones. Ya no hay consanguinidad entre él y sus familiares, cada vez más arrinconados en las páginas e informaciones especializadas y, por lo tanto, en la atención y el aprecio de la gente.

No nos faltan estrellas, hasta ahí podíamos llegar. Pero, a tenor de los resultados globales en los últimos tiempos, da la impresión de que España está menguando deportivamente en la medida en la que el fútbol va creciendo y derivando de afición a pasión, y de pasión a adicción. Nos gusta el fútbol, cómo no. Pero gozándolo sin tasa hasta elevarlo a exclusivo y excluyente, soportamos un lastre, arrastramos una rémora y, en definitiva, arrojamos balones contra nuestro propio tejado.

Aday Mara se doctora y mete a Michigan en la final del 'March Madness' contra UConn

Aday Mara se doctora y mete a Michigan en la final del ‘March Madness’ contra UConn

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Los Michigan Wolverines de Aday Mara se clasificaron este sábado para la final del baloncesto universitario tras pasar el rodillo ante los Arizona Wildcats, a los que derrotaron por 91-73 con 26 puntos del jugador zaragozano.

Mara, pívot de 20 años y 2,21 metros, se convertirá en el primer español en jugar una final universitaria tras haber hecho historia como el primero en disputar una Final Four.

El aragonés se adueñó de la pintura con una actuación estelar en el Lucas Oil Stadium de Indianápolis, escaparate perfecto para su probable salto a la NBA. Firmó 26 puntos, 9 rebotes, 3 asistencias y 2 tapones, para cerrar el duelo como máximo anotador.

Los Arizona Wildcats son un equipo especialista en desgastar al rival cargándolo de faltas y en generar ventajas desde las penetraciones y el tiro libre.

Así arrancaron hoy: provocaron dos faltas de Yaxel Lendeborg, el otro pilar de Michigan junto a Mara, en un lapso de cinco segundos que le enviaron al banquillo a las primeras de cambio.

Pero Michigan liderado por Mara, arrancó con un 10-1 en un abrir y cerrar de ojos del que Arizona nunca se pudo recuperar.

Cuando Landeborg volvió a la pista, puso un triple para el 22-10, que en ese momento era la máxima diferencia del partido. El puertorriqueño, de origen dominicano, se dobló el tobillo minutos después abandonando el partido rumbo a vestuarios.

Arizona amagó con una remontada con un parcial de 0-9 que les colocó 28-23, pero fue solo un espejismo, el único del partido.

Al descanso, el marcador era de 48-32, con Arizona 16 abajo. Hasta ahora, su mayor desventaja al descanso esta temporada había sido de siete puntos.

Lendeborg salió en el segundo tiempo cojeando, anotó dos triples y volvió al banquillo. Michigan, con un dominio insultante, simplemente no dio opciones a Arizona, incapaz de desplegar las armas que le han hecho temible esta temporada.

La fuerza de Mara en la pintura y el 44% de acierto de Michigan desde el perímetro fueron una combinación letal para los Wildcats.

Los Wolverines se convirtieron en el primer equipo de la historia en anotar 90 puntos o más en los cinco partidos rumbo a la final. Todos ellos, ganados por dobles dígitos. El lunes, buscarán el segundo título de su historia tras el logrado en 1989.

Se medirán en la final del lunes a los UConn Huskies, que también este sábado se impusieron por 71-62 a los Illinois Fighting Illini.

UConn figura entre los programas más laureados del baloncesto universitario, con un total de seis títulos, incluidos los conquistados en 2023 y 2024.

"Tienen ADN de campeón", dijo Dusty May, entrenador de Michigan, preguntado sobre qué le preocupa de UConn.

La experiencia de los Huskies pondrá a prueba el dominio abrumador y la tremenda capacidad de adaptación al juego del adversario que han exhibido los Wolverines hasta ahora.

Un enfado monumental del Atlético con el árbitro en el día que un hombro aclara la Liga: "Cuando la jugada es tan clara, prefiero no hablar"

Un enfado monumental del Atlético con el árbitro en el día que un hombro aclara la Liga: “Cuando la jugada es tan clara, prefiero no hablar”

"Cuando la jugada es tan clara no hace falta ni hablar", sentenciaba, muy caliente, Diego Simeone en la entrevista postpartido acerca del lance entre Gerard Martin y Almada. El argentino tiraba de hemeroteca y recordaba una jugada similar en el Betis - Rayo, de la jornada 25 de la Liga.

En ese lance en el que estaban involucrados Valentín Gómez y Ratiu, el bético impactó en el tobillo del rumano tras despejar un balón. Según el Tiempo de Revisión, ese programa en el que el CTA analiza los errores arbitrales, hablaron de que el toque del esférico es irrelevante frente al "juego brusco grave". El bético tampoco fue expulsado lo que costó la corrección del máximo organismo arbitral.

"No me han perjudicado, se han equivocado, como lo hacen los entrenadores y los jugadores", explicó luego el técnico argentino en rueda de prensa. Y pedía al CTA a que la volviera a ver para aclarar a futuro ese impacto en la pierna de un rival.

No consideró tampoco la expulsión la sala VOR en el Metropolitano, después de que Gerard Martín hiciera lo propio con el tobillo de Almada. Una imagen horrorosa y violenta. "No vi lo de Gerard en la televisión. Lo que yo veo en directo es que él saca la pelota primero y para mí no es tarjeta roja", respondió por su parte el técnico azulgrana, Hansi Flick.

Así, tras la expulsión de Nico en el primer tiempo, el Barça pudo disfrutar de 45 minutos con un jugador más. Medio tiempo en los que los rojiblancos aguantaron a pie quieto las embestidas de los azulgranas. Gracias, en parte, al buen hacer de Juan Musso, MVP del partido. "La roja nos penalizó. Es muy difícil con uno menos. También creo que era roja para ellos. Lo vio el árbitro en la cancha. Eso podía haber hecho que el partido fuese más real. Pero bueno, a seguir", apuntó por su parte el guardameta.

El portero, al que ya no se le puede llamar suplente de Oblak, lo sacó casi todo hasta que Lewandowski se encontró un rechace en su hombro. El polaco, bien colocado, lo metió por inercia. Y con ese tanto la liga perdía color y fuste. Siete puntos son un abismo pese a que queden 24 en juego.

Flick salió sin nueves de inicio y fue el polaco el que le solucionó la papeleta. "Esto es mirar muy lejos ahora mismo. Tenemos ocho partidos para jugar de LaLiga, tenemos que estar centrados y preparados", apuntó el técnico germano cuando le preguntaron sobre la renovación de su ariete.

Llega la Champions

El siguiente episodio entre ambos será dentro de sólo dos días. La Champions espera. El Atlético pudo reservar a muchos titulares. No así Giuliano, incombustible y goleador de la noche. "Todos los partidos son importantes. Los jugamos al cien por cien", expresó el argentino.

En Champions, el hijo del Cholo se imagina una eliminatoria cambiante que puede ir de momentos en "bloque bajo", de "presión alta" o de "correr a los espacios". "Iremos al Camp Nou a correr y jugar igual que acá. Luego tendrán que venir aquí, con nuestra gente, que es el número doce. Podemos soñar", concluyó.

El enfado de Lamine y la polémica por la no expulsión de Gerard Martín: "Despejó el balón, no era roja"

El enfado de Lamine y la polémica por la no expulsión de Gerard Martín: “Despejó el balón, no era roja”

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Lamine Yamal ni siquiera celebró un gol de Robert Lewandowski que, además de darle la victoria al Barça en el Metropolitano, les permitió a los barcelonistas aprovechar la derrota encajada por el Real Madrid en Son Moix para marcharse a siete puntos de distancia de su más directo perseguidor en la tabla. Hansi Flick, pese a todo, quiso restarle importancia a la reacción del joven crack azulgrana. "No sé que pasó. Trató de marcar goles, de dar el último pase, pero no salió. Fue un partido cargado de emociones. Lo intentó todo y no tuvo la suerte de marcar, pero creo que volverá", apuntó el técnico en declaraciones a DAZN nada más acabar el partido.

Para saber más

"No sé exactamente que pasó, pero creo que fue un partido cargado de emociones. Lamine lo dio todo. No todo fue perfecto, pero lo intentó todo. Creo que es por eso por lo que estaba enfadado. Ahora, tenemos tres días para preparar el partido de Champions y llegar a él de la mejor manera posible", abundaría el técnico en la sala de prensa. En su opinión, además, el VAR acertó al avisar al árbitro del duelo para que diera marcha atrás a la roja mostrada a Gerard Martín. "Para mí, toco el balón, por eso creo que no era ni falta. El VAR actuó y fue una buena intervención para nosotros. Para mí, él despejó, no era roja", apuntó el entrenador azulgrana, quien valoró mucho el triunfo logrado en el Metropolitano, pero sin tirar las campanas al vuelo pese a la derrota encajada por el Real Madrid en Son Moix.

"No hay nada decidido en la Liga, tenemos que estar centrados, hacer nuestro trabajo y después ya veremos qué pasa", aseveró un Flick que procura siempre no vender la piel del oso antes de cazarlo. "Estamos contentos, son tres grandes puntos y el partido fue muy importante, pero todo el mundo sabe que el trabajo no está hecho aún y que el miércoles tenemos otro partido muy importante frente a un rival fantástico. Estamos contentos, pero tampoco lo hemos celebrado mucho", recalcó el preparador azulgrana, quien aseguró además que ni siquiera había visto el duelo entre el Mallorca y el Madrid. "No miro los otros equipos, me centro en el nuestro. Tras el parón, todos sabemos que no es fácil volver a jugar un primer partido. No lo fue para nosotros, para el Atlético, para el Madrid... Pero es nuestro trabajo y tenemos que adaptarnos", aseguró el alemán, quien quiso mostrarse esperanzado con los problemas físicos de un Marc Bernal y un Ronald Araujo que se someterán a pruebas médicas este domingo. "Espero que no sea mucho", zanjó.

Eric García, por su parte, sí admitió que en el vestuario eran muy conscientes de lo que había pasado en Mallorca antes de que el balón empezara a rodar sobre el césped del Metropolitano. "Está claro, al final todos sabíamos lo que había pasado. que si ganábamos, podíamos dar un salto muy importante. Creo que lo hemos dado y estamos muy contentos", aseguró el central azulgrana en unas declaraciones a DAZN en las que quiso elogiar también la resistencia de los rojiblancos. "En la primera parte nos buscaban la espalda todo el rato. Luego, se defienden muy bien atrás. Los que han estado en este partido son jugadores de muy alto nivel. Algunos dirán que han salido a regalarnos el partido, pero ha tocado sufrirlo", sentenció el defensa, quien empezó el partido reforzando el centro del campo azulgrana y acabó recolocado en la banda derecha a causa de las molestias del zaguero uruguayo.

El Barça acaricia la Liga en el Metropolitano

El Barça acaricia la Liga en el Metropolitano

Los ensayos tienen cosas traicioneras. Inesperadas. Como las balas de fogueo antes de meter los cartuchos en la escopeta. Suenan mucho, pero uno nunca sabe cómo va a salir. El Barça, claro, venía con la media sonrisa de la derrota del Real Madrid tras el almuerzo. Se le atragantaron los postres a los blancos y los culés lo aprovecharon con un atropello arbitral al Atlético. Se terminó la Liga. Lewandowski la acercó para el Barça, que remontó el tanto inicial de Giuliano. [Narración y estadísticas, 1-2]

El público dentro y fuera en el Metropolitano no sabía qué esperar en su feudo después del último vendaval con el que arrastraron al equipo culé. La motivación, claro, no es la misma en un torneo del ko que en uno en el que estás lejos de la meta, pero oye, siempre da gusto meter presión para batallas venideras y la del miércoles, se antoja dura. Así son los sueños. No se alcanzan sólo cerrando los ojos.

Aprendidos los errores, los blaugrana no vinieron de vacaciones al feudo rojiblanco. Y es que cuando el general de tu ejército es Pedri, la vida se ve de otra manera. Te faltaba el coronel, Raphinha, lesionado con Brasil, pero el que marca el tempo es el canario que ya avisó en el primer minuto con un pase a Rashford para que Musso oliera ya sudor azulgrana cerca de su marco. Lamine terminó la jugada estrellando el balón en la espalda de Nico.

Estuvo activo el inglés por banda izquierda. La espalda de Nahuel es un espacio muy jugoso para cualquier rival de los rojiblancos. Aunque la primera gran oportunidad de los azulgrana fue la de Fermín que desbarató Musso después de que el barcelonista dejara a sus espaldas a un Nico González que el Cholo quiso meterle de lateral para dar descanso a Ruggeri para la Champions. Tres minutos después, Lamine volvió a habilitar al interior barcelonista, pero esta vez fue Molina el que le cerró el espacio y provocó que su disparo se fuera.

Sorprendió Flick sin un nueve en el Metropolitano y hubo pasillos para que varios jugadores llegaran en segunda línea sorprendiendo a la pareja de Le Normand y Lenglet. Fermín fue el que más apareció por esos lares. Ya lo hace cuando están Ferran o Lewandowski, con más razón si no hay nadie fijo que cargue el área defendida por el arquero argentino, con un Oblak apurando los últimos días de du recuperación.

El partido esperaba al mago del bando contrario. Tardó en aparecer, pero lo hizo en el diez con un caño y un amago que terminó en las manos de Joan García. Es un jugador que "baila", según le concedió Hansi Flick, que va de puntillas, se suele decir. La segunda terminó en el limbo, un cuarto de hora después. El Atlético necesita más apariciones de su estrella, aunque esté en el ocaso de su etapa.

Se tiró a por la puerta de Joan García el equipo de Simeone a la media hora de juego. Quizás el periodo de mayor dominio claro de uno de los dos contendientes, con hasta tres acercamientos peligrosos casi consecutivos. Si tenía que haber liga, no sería por el Atlético. Pero siempre estará Lamine, que con una picadita tras una pared en el borde del área pegó con su balón en el palo y silenció el Metropolitano. Pero cinco minutos después, el estadio rojiblanco rugiría tras el tanto de Giuliano con un pase medido de Lenglet. El control orientado del argentino fue maravilloso y la definición certera. Lástima que la alegría apenas durara tres minutos, porque una pared entre Olmo y Rashford terminaría con el empate del británico.

Giuliano, tras el primer tanto.

Giuliano, tras el primer tanto.EFE

Disparidad del VAR

Justo antes del descanso se dio una jugada que cambiaría el encuentro. Nico, con amarilla por intentar coger un balón en la mano de manera infantil, entró a Lamine por detrás y Busquets Ferrer expulsó al argentino. Entró el VAR, pero no fue para salvar al jugador, sino para expulsarlo por roja directa, un doble castigo absurdo y arbitrario. Los errores se pagan y nadie se quiere imaginar la charla del Cholo en el vestuario. Con la Champions el miércoles, esta tontería cuesta minutos y sobreesfuerzo a los compañeros. Pero al rojiblanco le pudo salvar un rival. Fue Gerard Martín el que se jugó la roja con una entrada criminal a la tibia de Almada. El videoarbitraje, en cambio, entendió que con hueso intacto se puede seguir jugando al fútbol.

El partido se endureció con ese impasse, aunque el Barça intentó alejarse de eso por sus intereses y por su integridad. Tenían que ganar y para eso sacó Flick a Ferran al descanso, para buscar el gol que sentenciara la liga. Simeone respondería con la entrada de Sorloth. El poco balón rojiblanco, debía ganarlo el noruego en largo viniera por alto o por bajo. Junto a él salió también Morcillo, inédito con el primer equipo. Una marcianada de Simeone o un mensaje contra el agravio sufrido desde Las Rozas.

Con 10, y medio equipo suplente, era tiempo de Musso. El argentino sacó unas manos monumentales a disparo de Ferran tras una pared con Olmo. No parece un segundo portero el argentino. Serio, sobrio y con grandes actuaciones en momentos clave. Volvió a responder ante Ferran poco después. Resulta increíble que el Atlético cuente con estos dos porteros.

Nada pudo hacer el argentino al hombro circunstancial de Lewandowski. A veces, saber estar en el lugar es suficiente. La jugada y el disparo fueron de Cancelo, pero lo que cuenta es quien la mete en la red. Esas cosas tiene el polaco y tiene el Barça. La Liga está casi hecha. La Champions espera.