Jhonatan Narváez suma, en los impresionantes muros de Fermo, su segunda victoria

Jhonatan Narváez suma, en los impresionantes muros de Fermo, su segunda victoria

Una etapa corta (156 kilómetros), relampagueante (en su ecuador volaba a 51 por hora), hermosamente soleada y llena en su parte final de esas cuestas escuetas y verticales que el ciclismo llama muros, saludó, en Fermo, la segunda victoria de Jhonatan Narvaéz y la 32ª en la temporada para el UAE. Con cinco elementos en carrera tras la temprana, triple y simultánea desdicha de Yates, Soler y Vine, el equipo de Emiratos honra a sus caídos y homenajea a sus supervivientes. [Así lo hemos contado]

Luego de infinidad de intentos abortados por la velocidad de un pelotón desencadenado que, vertiginosamente, proyectaba y consumía hombres al mismo tiempo, tardó en cuajar la escapada. Prácticamente la única que pudo separarse unos sostenidos metros de la jauría. En todo caso, la buena y reducida. La formaron sin sangre ni lágrimas, pero con sudor en la atmósfera templada de las orillas del Adriático, Narváez, su compañero y escolta Mikel Bjerg y Andreas Leknessund (Uno-X).

Hicieron camino y juntos se enfrentaron a las cotas, puntuables o no, del día. Una sucesión en tobogán de cortas y afiladas “tachuelas”. Por detrás, una cuarentena de hombres con Scaroni, Milesi, Romo, Silva, Arrieta, Beloki, Juanpe López, Christen, etc. pugnaba por acercárseles. Más atrás aún, el pelotón principal en razón del número e importancia de sus componentes: Eulálio, Vingegaard y el resto de la selecta compañía, de los notables de la tribu.

El trío coronó Montefiore DellAsso, de 3ª por tendido, pero que se agarraba a las piernas con sus 10 kms. al 3% de porcentaje medio. Coronó también Monterubbiano, de 4ª por corto, no por blando: 4,7 kms. al 5,8% de media. En la subida a Capodarco, de 4ª por breve, no por suave, 2,5 kms. al 6,3% de media, con la cima a 7,4 kms. de la llegada, atacó, decidido, Narváez. “La commedia e finita”, se dijo a sí misma la etapa. Y tenía razón.

El ecuatoriano eliminó en el acto a Bjerg, y poco después a Leknessund, más pesado, menos escalador. Y se enfrentó a los últimos cuatro medievales y adoquinados kilómetros de la subida, mejor, la escalada, a Fermo. Una pared al 10% de media con tramos, sobre todo al principio, del 183% y el 227%. En esa “stairway to heaven” a la italiana remachó su victoria, con Leknessund a, en números redondos, medio minuto, y a 45 segundos las avanzadillas del deslavazado primer grupo. La tropa selecta apareció a casi dos minutos. Eulálio, que mantiene el rosa, intentó valerosamente picar unos segunditos que dieron un poco más de lustre a su luminosa “maglia”. Vingegaard y los demás no le dejaron.

En el ciclismo hay etapas reina, etapas de transición y etapas de reflexión. Esta octava del Giro, entre Chieti y Fermo, era de transición y de reflexión entre la séptima del viernes (Blockhaus) dominada por Vingegaard, y la novena del domingo (Como alle Scale), que ya veremos. Dos de las cinco con llegada en un puerto de primera. El Giro se ha tomado un respiro transitorio, pero esforzado, entre dos jornadas trascendentes. Y reflexiona acerca de que la carrera, salvo accidente, enfermedad o giro copernicano, frecuente por otra parte en la historia del ciclismo, pueda estar liquidada y, mirando al danés, pontifique: “Y al séptimo día sentenció”.

kpd