El navarro Igor Arrieta se consagra en el Giro tras ganar una etapa caótica

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Entre los 201 kms. de Praia a Mare y Potenza, en un día de perros y de locos, el español Igor Arrieta, 23 años y un par de triunfos profesionales, consiguió la victoria más importante, extraña y merecida de su joven existencia. Puede que nunca gane otra carrera en circunstancias tan surrealistas y, a la postre, satisfactorias.

Rompió antes del puerto Grande di Viggiano, de 2ª, corto y duro 6,6 kms. al 9,1% de pendiente media y con un pico del 15%, una escapada trabajada de 12 hombres. Acabó uniéndosele el portugués Afonso Eulálio (Bahrain). Ambos, a 49 kms. de la llegada, coronaron en ese orden e hicieron camino mientras el pelotón, empapado, aterido, entregaba las armas y Ciccone, que fingía tirar para guardar las apariencias, y el Lidl-Trek el rosa.

Los últimos 13 kms., de asfalto acuoso y cielo ceniciento, fueron una sucesión de incidentes casi superpuestos, casi amontonados en los que el azar repartió cartas a voleo. Arrieta, ahora segundo en la general, tuvo perdida la etapa dos veces: cuando se cayó y cuando, tras atrapar al portugués, que también se cayó, se equivocó de trazada a sólo 2,1 kms. del final. La remontada del navarro en los últimos metros tuvo el aire de un momento inventado por los ojos cuando el cerebro se negaba a aceptarlo por imposible.

Pero era real. Cuando los ojos y el cerebro se pusieron de acuerdo, Arrieta había ganado la segunda etapa consecutiva del UAE, tras la victoria de Narváez y del desastre de Yates, Soler y Vine en los primeros compases de la carrera, y la trigésima del año para el equipo de los Emiratos.

Eulálio, de 24 años y una sola victoria profesional, se consolaba con una maglia rosa con la que probablemente ni siquiera había soñado en su vida. Tras ellos, los restos del naufragio inicial: Silvia, Milesi, Scaroni… El pelotón, a más de siete minutos.

Mañana será otro día.

kpd