Precocidad ciclista

Precocidad ciclista

Festín de clásicas de categoría World Tour. Luego de la Amstel Gold Race de este domingo, con la 74ª victoria de Remco Evenepoel, el miércoles llega la Flecha Valona. Y el próximo domingo espera la Lieja-Bastoña-Lieja, cuarto de los cinco Monumentos que el ciclismo nos regala y con los que se engalana.

Para saber más

En Lieja volveremos a ver a Tadej Pogacar, primero en San Remo y Flandes y segundo en Roubaix, propietario de 12 Monumentos, en la estela aún lejana de los 19 acaparados por Eddy Merckx. Si bien ahora mismo el referente próximo de Pogacar es, todavía, Bernard Hinault (cinco Tours, tres Giros, dos Vueltas y 136 triunfos en total), ya hace tiempo que glosamos las actuales hazañas del esloveno en función de las antiguas del belga, que pedalea en el horizonte. Se trata de una carrera de persecución, en un espacio por encima de las distancias y en un tiempo más allá de las épocas. Una caza emprendida en los Monumentos, en las grandes y medianas rondas, en la contabilidad total y parcial de las victorias y en la forma de lograrlas.

Para acercarse a Merckx, y no digamos para superarlo, es imprescindible empezar a ganar desde muy joven. Así ha hecho Pogacar, que saltó con acné al profesionalismo y ayudó más que nadie a abrir el ciclismo a una precocidad contractual y exitosa de sucesivos “teenagers” como Remco Evenepoel, Juan Ayuso y Paul Seixas, que llegaron a los triunfos de fuste antes de la veintena. O Isaac del Toro, otro mozalbete que ahora, a los 22 años, posee mejor palmarés que Pogacar a esa edad. Datos así sugieren sin afirmar. Para muestra de artista adolescente, Seixas se convirtió, con 19 años, en el corredor más joven en ganar una carrera World Tour por etapas al imponerse hace 10 días en la Itzulia. Desbancó en ese récord a Pogacar, ganador con 20 del Tour de California en 2019. Otros chavales procedentes de los equipos de desarrollo pisan también el World Tour en una especie de “Quinta del Biberón”. Pensemos en Alessandro Pinarello y Jorgen Nordhagen, hoy con, respectivamente, 22 y 21 años, que nos han encantado en O Gran Camiño.

En medio del asombro y la admiración, y sabiendo que, en la vida, lo precoz conspira contra lo longevo y lo anticipatorio va en perjuicio de lo perdurable, la pregunta que se hace el ciclismo es cuánto y a qué altura durará la trayectoria de estos, digamos, prototipos que muestran hechuras de maestros a edades todavía de aprendices. Seguirán aprendiendo, qué duda cabe, pero han adelantado cursos y circulan por atajos que se abren ante sus ruedas.

También la pregunta se la formulan ellos mismos, desconocedores y curiosos de sus límites porque aún están descubriendo sus capacidades mientras las aprovechan. No existen precedentes de tanta cantidad temprana a tales niveles. Suponen una incógnita mayor que las habituales y una realidad distinta de la lógica. Dignos de estudio, son especímenes experimentales que hacen de cobayas a la vez que ofician de campeones.

El ciclismo evoluciona, transformándose, en todos los aspectos. Ellos lo reinventan.

kpd