Von Allmen conquista el supergigante y suma su tercer oro en los Juegos

Von Allmen conquista el supergigante y suma su tercer oro en los Juegos

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Franjo von Allmen es ya, tan temprano, uno de los reyes indiscutidos de los Juegos y un repentino ídolo en Suiza. Ha pasado de suscitar cariño a provocar adoración. Es, además, muy mediático, con un rostro simpático y siempre sonriente. ¿Quién no lo sería en sus circunstancias? Campeón del descenso y, junto a Tanguy Nef, de la combinada, le arrancó a la nieve, en el supergigante, su tercer oro.

Cuando Marco Odermatt, el primer espada suizo por esencia, presencia y potencia, tomaba la salida en décimo lugar, Von Allmen, que lo había hecho en séptimo, ya era líder, por delante del estadounidense Ryan Cochran-Siegle, segundo a 13 centésimas. Odermatt no logró superar a ninguno de los dos. Se quedó a 15 centésimas del estadounidense y a 28 de Franjo. Pero, al menos, mantuvo la tercera plaza.

Saldó en parte una deuda contraída consigo mismo y con el propio supergigante olímpico. El de Pekín 2022 no lo terminó. Pero esa deuda, decimos, está saldada solo en parte. Alguien como Odermatt solo puede satisfacerla con un triunfo, no con galas menores. Lidera la Copa del Mundo de la disciplina y ganó en Copper Mountain y en Kitzbühel, pero no alcanzó a hacerlo en la olímpica pista de Bormio. Puesto que no practica el eslalon, le queda una bala dorada: el gigante del sábado. Ha vencido en tres pruebas esta temporada. Aunque parece haber retrocedido ligeramente en su estado de forma, seguirá siendo el máximo favorito. Entre otras razones, porque ese no es territorio de Franjo.

FABRICE COFFRINIAFP

Von Allmen iguala los tres oros que conquistaron el austríaco Toni Sailer, también en Cortina en 1956, y el francés Jean-Claude Killy, en Grenoble en 1968. Pero aquellas fueron medallas individuales en descenso, eslalon y gigante. El supergigante no existía entonces. Se incluyó como modalidad del esquí en los años 80: en la Copa del Mundo, en 1983; en el Campeonato del Mundo, en 1987; y en los Juegos Olímpicos, en 1988, en Calgary.

El supergigante es una prueba fundamentalmente de velocidad. Los italianos la aguardaban con merecido optimismo. Giovanni Franzoni había conquistado la plata en el descenso y Dominik Paris, el bronce. Pero esta vez Franzoni acabó sexto. Paris, en un episodio poco frecuente, perdió el esquí derecho en un bache de la exigente pista y ahí terminó todo.

kpd