Real Madrid y Barcelona, que se encuentran en Arabia Saudía para disputar la Supercopa, ya tienen rival para los octavos de la Copa de Rey. Los madrileños jugarán contra el Albacete y los catalanes contra el Racing de Santander. Por su parte, el Atlético de Madrid jugará contra El Deportivo de la Coruña.
También jugarán el Athletic contra la Cultural Leonesa, el Burgos contra el Valencia, el Betis contra el Elche, la Real Sociedad contra el Osasuna y el Alavés contra el Rayo.
Esta ronda sigue siendo a partido único, en campo del equipo de menor categoría, cuando se da el caso, y en ella los equipos arbitrales tendrán ya la ayuda del VAR, que no había en las anteriores.
Los partidos de estos octavos de final se disputarán la próxima semana, entre el martes 13 y el jueves 15 de enero.
Jefté Betancor estuvo a punto de dejarlo todo, no lo hizo y unos años después fue pichichi en Grecia y eliminó al Real Madrid en la Copa del Rey. El resumen no hace justicia a la montaña rusa que ha sido la carrera futbolística de este canario de 32 años, pero explica que el destino del fútbol a veces es extremadamente caprichoso. Después de marcar el tanto que hizo hincar la rodilla a los blancos, Jefté y el Albacete reciben ahora al Barcelona en el Carlos Belmonte, un estadio convertido en matagigantes.
Lo de que el fútbol ha sido caprichoso con Jefté no es el clásico tópico del periodista, es que las últimas semanas del delantero han acumulado una serie de casualidades dignas de película. Un par de días antes del duelo de Copa contra el Madrid, Jefté tenía un billete de ida hacia Tailandia para fichar por el Buriram United. No estaba siendo indiscutible en el cuadro manchego y el equipo que le tiene en propiedad, el Olympiacos griego, había llegado a un principio de acuerdo con el Buriram para jugar en Asia el resto de la temporada.
La oferta le solucionaba muchos años de su vida, pero terminó diciendo «no» ante la ilusión de disputar una eliminatoria contra el Madrid y tras una conversación con el director deportivo del Albacete, Toché, otro delantero curtido en la Segunda División española y en Grecia. Las palabras del directivo, alentando al futbolista a disfrutar de la histórica ronda copera, tuvieron eco 48 horas después en el Belmonte, donde Jefté marcó dos goles en los últimos 10 minutos para tumbar al Madrid.
"Lo más grande"
«Esto es lo más grande que me ha pasado en el fútbol. Es lo que sueñas cuando eres pequeño. Hace años quise dejar el fútbol y hoy estoy soñando con esto», repetía en el césped, todavía sudando tras celebrar la victoria de su equipo ante los blancos.
Jefté es el fino ejemplo de un trotamundos del balón. Se formó en la cantera del Vecindario y en edad juvenil fichó por el Hércules, donde llegó a debutar en Segunda, pero a partir de ahí su fútbol fue más de barro que de joyas. Ontiyent, Tenerife B, Eldense, Viera, Badajoz, Las Palmas B, Arandina, San Fernando... Hasta que llegó un punto en el que pensó en la retirada.
«Hace nueve años quise dejar el fútbol, no tenía la cabeza bien amueblada y lo dejé por seis meses, empecé a trabajar, a entrenar en mi barrio con mis amigos... Me puse a trabajar de electricista para limpiar la cabeza porque no la tenía bien puesta. Recibí mucha ayuda, de mi familia, de mi psicóloga... Y hoy me veo muy recompensado», explicó después de ganar al Madrid.
De Austria a Grecia
El impulso de la carrera de Jefté llegó lejos de España. Decidió no colgar las botas y se fue a Austria para jugar en el Stadl-Paura de la Segunda División y después en el Mattersburg, Vorwärts Steyr y Sportvereinigung Ried, con el que consiguió ser Pichichi de Primera. Conseguido el galardón, voló a Rumaria, donde vistió las camisetas del Voluntari, el Farul Constana y el CFR Cluj.
Después de Rumania, tocó Chipre para jugar en el Pafos, que ahora está en Liga de Campeones. Y de su breve paso por la isla chipriota a Grecia, el lugar que le empujó de vuelta a España. Fichó por el Panserraikos, uno de los clubes más humildes de la Superliga, y terminó como máximo goleador de la competición, ganándose un nombre en el país hasta el punto de que el Olympiacos de Mendilibar le fichó en el mercado de invierno, dejándole en el equipo el resto de la temporada. En verano, y sin opciones con Mendilibar, escuchó al Albacete y volvió a España, con la casualidad, otra vez, de hacer historia contra el Madrid. Ahora le toca el Barcelona.
Parecía llamado a dominar la futura banda derecha del Real Madrid y a ser la puerta millonaria del club hacia el tan deseado mercado asiático, pero Takefusa Kubo (Kawasaki,, 2001) sigue sin pasar el umbral del vestuario local de Chamartín y cada vez está más lejos. Por él, cansado de esperar desde su fichaje en 2019, y por el propio conjunto madridista, confiado su carril diestro a Rodrygo, Brahim y Güler. Hoy vuelve a visitar la Castellana con la Real Sociedad, dueña de sus derechos federativos y del 50% de lo que genere la plusvalía de una futura venta. El otro 50% es del Madrid, que lo vendió por seis millones a los txuri-urdin y se guardó esa opción, esperando ahora un ingreso millonario cuando alguien se acerque a los 60 millones de su cláusula.
A sus 23 años, Kubo volverá al Bernabéu con el mismo ánimo de revancha y la misma rabia acumulada de siempre, amenazando futbolísticamente al equipo que un día llamó a Japón y le recuperó para el fútbol español después de haber abandonado las inferiores del Barça.
Y es que la historia de Kubo en la capital es la de la espera y el rechazo. Un «no» constante que ha condicionado la primera etapa de su carrera. Aterrizó en el verano de 2019, formando parte de una camada adolescente que era vista en la cúpula como la heredera de la época dorada. Por ahí estaban Vinicius y Valverde, firmados en 2018, más Brahim, Rodrygo y Kubo, cuyos fichajes llegaron en 2019 junto a Militao y Mendy.
El ejemplo de Odegaard
De todos ellos, sólo Kubo se ha quedado en la carretera, compartiendo con Martin Odegaard el foco de los proscritos. En su momento, el noruego decidió que no iba a esperar y el club le vendió al Arsenal por casi 40 millones, previo paso brillante por la Real Sociedad. Lo suyo fue rápido y ahora es el capitán de los gunners.
En el caso de Kubo, todo ha sido diferente. Una situación peculiar limitada desde el principio por su pasaporte extracomunitario. La acumulación de extranjeros en el Madrid, especialmente brasileños, obligó al conjunto blanco a elegir desde 2019 a varios descartes, y Rodrygo siempre le ganó la partida a Kubo en el extremo derecho. Mientras el brasileño crecía junto a Vinicius en el ataque madridista, el japonés vivía temporadas complicadas entre Mallorca, Getafe y Villarreal. Cuestión de elecciones y de destino.
Así que el Madrid ganó la Champions 2022 con Rodrygo como héroe de la eliminatoria contra el Chelsea y el City en el momento en el que Kubo terminaba su segundo paso por Mallorca. Antes, había pedido dejar el Villarreal a mitad de año porque Unai Emery no contaba con él, y acabó unos meses en el Getafe de José Bordalás. Un camino de espinas que le revolvía el estómago, presionado mediáticamente en Japón y con la obsesión de brillar en Europa.
Kubo, rodeado de jugadores del Valladolid, el sábado en el Reale Arena.EFE
De blanco sólo le hemos podido ver en una pretemporada, la de 2019, cuando fue uno de los protagonistas por la ilusión que despertaba su fichaje. Se fue a la gira americana con Zidane, tuvo minutos y volvió para ponerse a las órdenes de Raúl en el Castilla, donde compartió algún amistoso con el propio Rodrygo. Un casting que terminó ganando el brasileño, que aceptó jugar varios partidos oficiales con el filial.
El japonés, mientras, observaba la elite con ansia. «Era cabezota. Tenía mucha personalidad y muy claras sus decisiones», recuerdan en Valdebebas fuentes consultadas por este periódico. «Me estresaba muchísimo en cada entrenamiento porque quería demostrar mi valía», admitió hace unos meses en una entrevista.
No llegó a debutar en partido oficial con el Madrid porque salió cedido al Mallorca justo antes del inicio de aquella temporada. Una decisión que el club veía bien para su formación, pero que quizás llegó demasiado pronto y el foco, lejos del Bernabéu, se fue apagando. No volvió a jugar de blanco. La pandemia en 2020, los Juegos en 2021 y su fichaje definitivo por la Real en 2022 lo impidieron.
Retraso en las nacionalizaciones
En esa operación, el Madrid se guardó una opción preferencial para recuperarle y el 50% de la plusvalía de una futura venta a cambio de seis millones. Seguía gustando en Valdebebas, pero el retraso en las nacionalizaciones de Militao, Rodrygo y Vinicius lo alargaba todo. Tres años después, todo parece haber cambiado. El japonés renovó con la Real hasta 2029, aunque mantuvo la cláusula en 60 millones, una decisión que desliza la intención de una futura venta.
El Madrid tiene hueco para extracomunitarios, nacionalizados ya los brasileños, pero la nueva zurda joven se apellida Güler y el nombre de Kubo se ve más como fuente de ingresos que en la espalda de la camiseta, esperando en Valdebebas ese salto definitivo en la carrera del talento asiático. Hoy, en la vuelta de semifinales de Copa, nueva reválida.